viernes, 16 de noviembre de 2018

Javier Orrico reseña "Lo que estamos constuyendo"

   Hoy aparece en el diario "La opinión" de Murcia una reseña de mi libro Lo que estamos construyendo firmada por Javier Orrico. Podéis leerla pulsando aquí.
    También publica una reseña en su blog, que podréis ver aquí
    Quiero agradecerle a Javier ambos artículos, en los cuales hace mención de los temas que nos preocupan a él, a mí y a tantos otros que queremos que, después de su paso por las aulas, nuestros jóvenes sepan más, sean mejores y estén mejor preparados, temas tales como el esfuerzo, la transmisión de conocimiento, el estudio, la consecución de los logros a través del mérito o los males con los que el sistema logsiano lleva años carcomiendo nuestra enseñanza.
     Para quienes lleguéis al conocimiento de mi libro a través de los artículos de Javier, dejo aquí estos enlaces:
    -Lo que estamos construyendo: el contenido.
    -Lo que estamos construyendo: venta por correo.
    A propósito de esta última, diré que algunos de los que han hecho uso de ella me han mostrado su satisfacción por el buen funcionamiento del sistema de compra y envío. 

jueves, 15 de noviembre de 2018

La manipulación del sexo y el género en la enseñanza

   Ayer tuvimos una jornada de huelga y manifestaciones en la enseñanza, convocada por el Sindicato de Estudiantes en favor de una educación sexual inclusiva y contra el machismo en las aulas. Os dejo aquí mayor información y, para los que queráis verla, incluyo abajo una nota sobre el Sindicato de Estudiantes.
  Y ahora, entro en materia. El invadir la escuela como campo de batalla de la ideología feminista no es cosa de hoy, pues recuerdo que hace ya más de treinta años empezaron a manifestarse los primeros síntomas. Entonces era básicamente el asunto del lenguaje inclusivo, que comenzaban a intentar imponer de manera muy suave algunas personas, básicamente, compañeras, a las que desarmábamos medio en broma con parodias del tipo: COMUNICADO DE LA DIRECCIÓN A TODOS Y TODAS LOS/LAS PADRES Y MADRES DE LOS/LAS ALUMNOS Y ALUMNAS INTRESADOS E INTERESADAS EN APUNTARSE COMO JUGADORES Y JUGADORAS AL EQUIPO DE BALONCESTO DEL CENTRO, pero ya sabéis en qué capítulo se encuentra ahora este chiste, con una vicepresidenta fundamentalista del feminismo atosigando a la RAE con este intento de neolengua. Y es que hoy en día la cosa ha dejado de ser un juego, porque, so capa de causas tan razonables como la igualdad de derechos entre hombres y mujeres o el respeto a las diversas opciones sexuales, cada vez son más abundantes y más desaforadas las muestras de que el feminismo radical y los sectores más agresivos del colectivo LGTBIQ pretenden imponer sus puntos de vista y sus opciones en la escuela. 
   Parecen tonterías, pero a menudo las tonterías las carga el diablo. Cada vez con mayor frecuencia me voy encontrado, en conversaciones normales con la gente o incluso en noticias de prensa, comentarios acerca de surrealistas episodios en los que, de repente y sin venir muy a cuento, un niño llega a su casa y les dice a sus padres que ese día ha ido a su colegio o instituto alguien que ha empezado a hablar de homosexualidad y les ha animado a que probasen, o  que han llegado unos expertos de no se sabe dónde y han dicho y hecho unas cosas un tanto extravagantes. De uno de estos últimos casos fui yo mismo testigo en cierta ocasión. En el instituto en el que estaba, se organizaron para los alumnos de 2º de ESO, unas charlas de educación sexual ofrecidas por un equipo externo de expertos. Como tutor me tocó asistir a una de sus sesiones, en la cual presencié un detalle de pésimo gusto que se convirtió en la rechifla durante varios días: en mitad de la charla -era la misma para todos los grupos-, para explicar las bondades y el uso de los preservativos, sacaron un pene de madera y le colocaron uno. No fue esta ridícula explicitud ante chicos de en torno a trece años lo peor, pues más lamentables aún fueron una serie de consejos preventivos acerca de las conductas a evitar muy inadecuados para la edad de los destinatarios, y además, tan torpes que muchos de ellos, aunque involuntariamente, eran más bien información susceptible de malos usos. Fuimos unos cuantos los profesores que advertimos a la dirección acerca de lo desafortunado de aquella actividad. 
    Y es que el campo de la libertad, los derechos y la educación sexuales está hoy en día expuesto a iniciativas y medidas muy desaconsejables. Está muy bien la libertad sexual y el hablar sin tapujos, pero para los adultos: con los menores, por su inmadurez, convienen mucho el recato y la prudencia; podemos y debemos hablarles de lo esencial del sexo y de cómo prevenirse contra su práctica irresponsable, pero es un disparate abrirles las puertas a una exposición descarnada de lo que hay o prevenirles contra las conductas de riesgo desplegándolas ante sus ojos con todo lujo de detalles morbosos: el ámbito de la escuela no está para esto, pero algunos como los que llevo citados hasta aquí no parece que lo tengan muy claro, mientras que otros nos demuestran que tampoco lo tienen claro intentando, como he dicho más arriba, imponer a todos solapadamente sus propias y particulares opciones, como en los casos ya tratados aquí de aquellas normas de la Generalidad valenciana que pretendían meter a todos los niños en los mismos aseos o la escuela feminista de las señoras Moreno y Penna
    En ambos casos, lo que dominaba era un muy totalitario propósito de imponer en la escuela de todos unos principios y normas tremendamente discriminatorios: no eran de recibo ni la inquisitorial vigilancia sobre la supuesta homofobia que proponía el primer documento ni la feroz heterofobia del segundo, entre otras muchas cosas, no solo esas, porque ambos documentos eran para echarse a temblar. Y ahora resulta que en la manifestación de ayer me encuentro con "tics" que me recuerdan, y mucho, a la propuesta de las señoras Moreno y Penna, cito algunos:
   -No existe ninguna necesidad hoy en día de una educación sexual inclusiva en España, ni siquiera entiendo muy bien por dónde va eso de "inclusiva", porque aquí no está excluido nadie: nos hallamos ante la creación de un falso conflicto, recurso que utilizaron de manera continua las señoras Moreno y Penna.
   -La exigencia de que la educación sexual se convierta en una asignatura obligatoria y de importancia está tal cual en su documento (y en unos términos que rebosan totalitarismo).
    -Una de las consignas de la manifestación era "Mi falda corta no provoca nada". ¡Qué casualidad!: en el decálogo de Moreno y Penna se hacían referencias muy explícitas a la cuestión del vestuario. Otra referencia al vestuario: se queja una manifestante de que a ella una vez una jefa de estudios la reprendió por llevar los hombros descubiertos. También se reprende a los chicos, sin ir más lejos, por entrar con las gorras puestas en clase. Esta chica está viendo discriminaciones donde no las hay. 
    -No hay machismo en las aulas españolas como fenómeno general, sino que, muy al contrario, podemos enorgullecernos de tener una enseñanza que lo combate con decisión: de nuevo nos hallamos ante la fea práctica de inventar un falso mal para montar bronca. 
    -Tampoco hay opresión contra las mujeres en nuestros centros: nuevo uso de una mentira de grandes dimensiones para crear la sensación de problemas donde en realidad no existen. La acusación implícita en esta reivindicación es gravísima, cada vez me preocupa más el uso demagógico de la mentira en nuestro país. 
    Demasiadas coincidencias, ¿no? ¿Se han embarcado los sectores progresistas de la educación en la imposición de sus particulares doctrinas en cuestiones de género y sexo? Hace unos meses, las señoras Penna y Moreno publicaban esa propuesta suya, que tiene un tufo a totalitarismo que espanta; después, CCOO les da su respaldo. Y el  14 de noviembre de 2018, el Sindicato de Estudiantes se echa a la calle vociferando y denunciando los mismos inexistentes males del decálogo de las dos militantes radicales feministas. 
   ¿Cuál es este nuevo juego? ¿El de la tiranía del feminismo radical y la heterofobia? ¿Cómo programa escolar obligatorio?
       Inquieta bastante. 

Sobre el Sindicato de Estudiantes
    Durante mi vida profesional, fueron muchas las ocasiones en que me tocó padecer convocatorias de movilizaciones del Sindicato de Estudiantes, a través de las cuales adquirí un concepto muy negativo de esta organización, del que paso a ofreceros algunos de los motivos.
   -Primero. Esta organización es una falsificación ya desde sus fundamentos. En primer lugar, al no ser el estudio una actividad profesional, no ha lugar a la existencia de sindicato de estudiantes alguno. En segundo lugar, este sindicato manipula y agita mucho en el mundo de los institutos de secundaria, cuyos alumnos son en su mayoría menores de edad, por lo que deberían estar fuera de las movilizaciones y acciones propias de una organización como este pseudosindicato, tanto las sindicales que predica como las políticas que en realidad practica. En tercer lugar, debería llamarse Sindicato de los Estudiantes que No Estudian, porque, como se ha demostrado en repetidas ocasiones, los personajes que lo lideran, o no están cursando ningún tipo de estudio, o están matriculados en centros a los que no acuden y en carreras que no terminan. Sobre esto podréis encontrar mucha información en internet.
   -Segundo. Unido a lo último que he dicho, está el grotesco asunto de la edad: al frente de las movilizaciones que convoca esta organización, están personas que superan muy de largo las edades adecuadas a esos estudios que deberían realizar: gente que supera los treinta años o los roza, veinteañeros al frente de una huelga de institutos... No son estudiantes, son gente a la que se ha pasado el arroz muy de largo y que se dedica a crear conflicto en ese mundo educativo al que no pertenecen.
    -Tercero. Es un sindicato sin bases ni afiliados: los escasísimos verdaderos estudiantes que a veces dicen pertenecer a él son en general colaboradores ocasionales. Bien es cierto, no obstante, que en esto difieren cada vez menos de los verdaderos sindicatos.
    -Cuarto. Las reivindicaciones que promueven o a las que se adhieren son falsos conflictos educativos, en los que esta organización actúa como fuerza de agitación en la calle a beneficio de otros intereses, que son en realidad políticos: así ocurrió con las famosas broncas en las que se hizo célebre Jon Manteca, o en la guerra contra la LOMCE, o en la de los deberes, o en este asunto de la educación sexual de hoy.
    -Quinto. Y es que este falso sindicato que vive del engaño de atribuirse una identidad que no le corresponde es un peón de las fuerzas políticas de la izquierda y del progresismo educativo, la fuerza de choque con la que estos sectores intentan legitimar sus filias o sus fobias creando la apariencia de que están respaldadas por los estudiantes. Acerca de esto, os dejo unos cuantos enlaces de gustos diversos:
    -Wikipedia.
    -Sexto. Representa un enorme cinismo llamar a la huelga a los menores de edad: como comprobé decenas de veces, cuando mis alumnos respaldaban las huelgas del Sindicato de Estudiantes, lo hacían para tomarse uno o varios días de asueto: así me lo confesaban cuando les preguntaba y, por supuesto, no tenían la más remota idea de las tablas reivindicativas por las que "se movilizaban". En estas condiciones, es también un enorme cinismo alardear luego de las cifras de seguimiento de las huelgas.
    -Séptimo. Y, por encima de todo, es una gran irresponsabilidad y una indecencia manipular a los menores como marionetas.  Esta irresponsabilidad y esta indecencia, lo mismo que el cinismo del apartado anterior, son extensivas a las organizaciones políticas o de otra índole que a su vez manipulan al Sindicato de Estudiantes. 

miércoles, 7 de noviembre de 2018

La evaluación de los profesores

    Ha saltado estos días a los medios la cuestión de la evaluación de los profesores como principal ingrediente de esa renovación de la enseñanza que los partidos políticos llevan lustros prometiendo. La ministra de educación, Isable Celaá, se ha expresado sobre el asunto como si fuera una cosa nueva o suya, lo cual no es así en ninguno de los dos casos, pues viene de lejísimos, de mucho antes incluso de que lo predicara el señor Marina allá por 2015, y en la actualidad se lo está soplando Marchesi en un documento del que la ministra lo toma todo. Creo necesarias algunas observaciones en torno a este asunto y me parece pertinente señalar que no las hago por miedo a las evaluaciones profesionales, primero, porque ya estoy jubilado; segundo, porque, estando en activo, me sometí a una sin el menor problema. 
    Todo este asunto de la evaluación del profesorado estaría muy bien si fuese una propuesta sincera, es decir, si se sostuviera en las razonables motivaciones con que se presenta, pero sucede que está fundamentado en realidad en una serie de motivaciones ocultas y en grandes tergiversaciones. La principal de las grandes motivaciones ocultas es que, desde hace ya muchos años, cuando se proponen cambios en torno al profesorado, se hace porque veladamente se le culpabiliza de los males que aquejan hoy a nuestra enseñanza, para enmascarar con ello la verdadera causa: el insostenible sistema educativo emanado de la LOGSE, que es el que la lleva hundiendo ya unos lustros, y también, ¡oh, casualidad!, el que defienden el PSOE creador de la LOGSE, los demás partidos por las razones que sea y la legión de expertos que han medrado durante décadas en torno al catastrófico modelo educativo que sustentaba esa ley. Ya es coincidencia que esta "novedad" de la evaluación se esté impulsando ahora que gobierna el PSOE desde un foro llamado Educar para el siglo XXI y en el que encontramos ponentes tan apolillados como Marchesi, Fernández Enguita, Marina o Miguel Soler, o sea, los Von Siempre, los novedosos de plantilla, ¡si tendrían que estar más jubilados que yo! Llevan años mareando de forma inmisericorde con unas propuestas irreales, rutinarias y burocráticas y encima las están vendiendo como superinnovadoras e infalibles. Y, por si fuera poco, llevan ya todo ese tiempo demostrando también que no tienen el menor inconveniente en apalear a los profesores: tiene delito que ahora sean ellos precisamente los impulsores de esta comedia de la evaluación y, para más inri, en algún momento se quieran hacer pasar por defensores del profesorado. 
    Entrando en el terreno de las tergiversaciones, algunas de las principales son estas: que los profesores no están sometidos a control (lo refuto aquí); que la formación de los profesores es deficiente (lo refuto aquí y en mi libro Lo que estamos construyendo); que el principal mal de la educación sean los profesores, cosa que refuto en ese mismo libro y en multitud de artículos, pero que se refuta solita a poco que se conozca bien la situación de la enseñanza actual: los males verdaderos son otros: la conflictividad, el aprobado regalado, la cruzada contra los contenidos, la descentralización de las competencias...
     Está claro, pues, que se trata de una ofensiva política, apoyada, para variar, en un fuerte despliegue mediático. Haría bien la ministra en ahorrarse frases desafortunadas como esa de evitar que lleguen a las aulas personas que acaban en ellas por los avatares de la vida, porque huele demasiado a acusación implícita a todo el colectivo y porque habrán sido millones las personas que han llegado por avatares de la vida a trabajos que luego han desempeñado espléndidamente; o esa otra que hace referencia a la carencia de procedimientos de evaluación de los profesores, entre otras cosas, porque a lo mejor resulta que la docencia es de las que más los tienen, incluidas esas entradas de inspectores en las aulas. Otro capítulo de la campaña mediática lo representa el aterrizaje del director de la OCDE, Paulo Santiago, para decir que "las oposiciones no sirven para asegurar una buena docencia", o sea, ¡precisamente!, lo que piensan los políticos y los expertos. Habría que preguntarle si la LOGSE, la LOE y la LOMCE servían para asegurar una buena docencia, pero es que la entrevista que le hace "El País" a este señor es de una torpeza abisal, empezando por que se ve claro que no es una entrevista, sino un cuestionario previo dirigido a ensalzar la política que ahora le interesa al Gobierno, aunque, aun así, el señor Santiago desliza algunas cosas interesantes.
    Terminaré con una precisión. La evaluación del profesorado no es mala en sí misma, pero en España, hoy en día, sería muy perjudicial, por el hecho de que, tanto por los vicios del sistema como por unas prácticas también viciadas y unos tópicos antiprofesorales muy arraigados, en nuestro país hay demasiada tendencia a la caza del profesor, véase mi artículo sobre la inspección. En estas condiciones, y dado que casos de actuaciones represivas contra el profesorado no escasean, estaría más que justificado el temor de que el procedimiento acabase convirtiéndose en un recurso para tapar las más que graves vergüenzas del sistema atribuyéndoselas a la supuesta ineptitud de los profesores. De hecho, es lo que se está haciendo hasta ahora, casualmente, a través de propuestas de los "expertos" y de planes como el actual. Por otra parte, yo a la señora Celaá no la veo en situación de marcarse planes a muy largo plazo y que requieren consensos muy amplios, qué queréis que os diga. ¿Quieren evaluar al profesorado? Háganlo, pero bien, y no olviden por el camino ocuparse de los verdaderos problemas de nuestra enseñanza. 

lunes, 5 de noviembre de 2018

Enseñanzas de Alsasua

   Ayer se celebró en Alsasua el acto que la organización España Ciudadana tenía anunciado desde hace varias semanas, en el cual intervino Albert Rivera. El evento ha contado con el apoyo de Ciudadanos, PP, Vox y diversas asociaciones, y a él han asistido personalidades señaladas de la resistencia contra la barbarie terrorista, entre ellas, Fernando Savater. Sobre este acto informa por extenso El Confindencial, y será en su reportaje en el que me basaré fundamentalmente para sacar algunas lecciones elementales.
   1.- En los días previos al acto, la presidenta navarra, Uxúe Barkos, solicitó a los habitantes de Alsasua que respondieran a él con una dignidad inteligente, argumentando que siempre se habían caracterizado por la defensa de la libertad, la pluralidad y la honradez. Dado el comportamiento anterior al acto de muchos alsasuenses y lo que hemos visto después, no cabe duda de que la señora Barkos tiene un curioso concepto de la defensa de la libertad y la pluralidad, aunque algo de esto venían señalando ya sus políticas.
   2.- Y es que no hará falta que recuerde la violencia con que una turba de totalitarios segregacionistas de aquel pueblo atacó a dos guardias civiles que iban de copas con sus parejas, ni el apoyo que dieron gran parte de sus vecinos a los agresores, hechos ambos que difícilmente se compaginan con la defensa de la pluralidad y la libertad. Ese indigno comportamiento se vio confirmado en los días anteriores a este acto, con repetidas advertencias de que no se iba a tolerar, y eso hemos podido verlo hoy, con actuaciones gangsteriles tales como lanzamientos de piedras, insultos, hostigamientos y hasta surrealistas boicoteos sonoros, como el repique permanente de campanas. Quienes queráis imágenes, podéis verlas aquí y aquí. A nadie debe sorprenderle: pensemos que quienes llevaron a cabo esas acciones eran partidarios del independentismo radical vasco y que su indignación procedía del hecho de que fueran a tomar la palabra en Alsasua quienes no pensaban como ellos, con lo que queda claro que esos censores son gente para la cual la libertad de expresión y de pensamiento de los demás pueden pisotearse; saquemos también nuevas conclusiones acerca de la señora Barkos.
     3.- Ha habido sin embargo en esta historia un hecho que me ha sorprendido, y diré que no gratamente: la reacción del PSOE, manifestada por una autoridad significada y significativa: la de Ánder Gil, nada menos que el portavoz de la formación socialista en el Senado. Podéis oírle aquí, pero yo os resumo lo más importante: ha venido a decir este señor que esos chicos tan odiosos de las tres derechas -PP, Ciudadanos y Vox- lo único que quieren es fastidiar al Gobierno de Sánchez y para eso lo que hacen es enturbiar la política y azuzar los conflictos. ¡Pues claro que sí! ¿Qué es eso de venir a molestar a los pobrecitos ultramontanos de Alsasua pretendiendo dar en su pueblo mítines que no son de su agrado? Los testimonios parecen demostrar que lo que hubo ayer en Alsasua fue un intento perfectamente legítimo de expresar unas ideas, que fue respondido a pedradas e insultos por unos trogloditas; pues bien, ahí el PSOE lo que percibe es una provocación de esos que solo iban a hablar, ¡vivir para ver! Y otro rasgo que los deslegitima es el solo hecho de ser de derechas; diré que no soy de derechas, pero esta costumbre a la que se están abonando el PSOE y Podemos de anatemizar por el solo hecho de ser de derechas me empieza a producir arcadas.
    ¿Qué lecciones podemos sacar de lo ocurrido ayer en Alsasua? Primera: que la libertad de expresión no rige en toda España, pues hay sitios como Alsasua donde ciertos vándalos la coartan. Segunda: que el independentismo radical vasco, esa bestia política capaz de llevar su violencia hasta el linchamiento, el apedreo, el acoso, la amenaza y hasta el asesinato, sigue vivo, ojito con esto, porque además en Cataluña hay ya demasiados que lo están imitando cada vez mejor. Tercera: que, al rebufo del desafío catalanista, se está construyendo un resurgir del separatismo, en zonas de siempre como Cataluña y el País Vasco (Pello Urizar, de EH-Bildu, también quiere un 1-O y el derecho a decidir) y otras como Valencia, Navarra, Baleares... Y, se pongan la piel que se pongan, yo no me creo que vengan a dialogar y repartir caramelos, a los hechos me remito: vienen crecidos y dispuestos a todo, ojito también con esto. Cuarta: que el PSOE y el Gobierno -parece ya innegable que con el exclusivo propósito de mantener el poder o el cachito que le dejan sus aliados- se están aferrando a tres parapetos bastante ridículos: uno: esa ocurrencia suya de que aquí la crispación la está provocando la derecha; dos: ponerse la venda en los ojos y creer que el diálogo con esos socios que se ha buscado va a producir frutos positivos; tres: pensar que con los violentos, los totalitarios y los prepotentes es buena política el intentar apaciguarlos, incluso haciendo como que no se ven sus ofensas o renunciando a los derechos propios, como parecía sugerir ayer don Ánder Gil. Son los tres a cual más inútil, pero produce particular perplejidad este último, porque fue el que se usó durante años con ETA y HB, y también, a menor escala, con el nacionalismo autodenominado democrático, con resultados en todos los casos bastante lamentables y que están a la vista, así que extraña bastante que el PSOE siga con esta letanía. Extraña y duele, porque, con lo que ha llovido, es difícil creer que lo haga por ignorancia y no por maquiavélico cálculo.      

viernes, 19 de octubre de 2018

Maite Pagazaurtundúa y Ángel Casas

   Hace unos días tuvimos noticia de un informe que la eurodiputada Maite Pagazaurtundúa ha elaborado en torno a las actividades de los CDR, esos grupos de activistas que están realizando la mayoría de las labores de acoso y violencia del separatismo catalán. El informe es extenso (como no podía ser menos, dados los ya muy numerosos desmanes de estos comandos), se basa sobre todo en fuentes policiales y periodísticas y sin duda va a suponer un perfecto retrato de la catadura totalitaria, teledirigida y perfectamente organizada de unos grupos que el cinismo independentista nos quiere presentar como un anecdótico fenómeno de pataleo inocuo, en lugar de lo que son: la fuerza de choque de un golpe de estado que en sus actos y sus intenciones es todo lo violento y segregador que asegura no ser. 
    Acerca de este informe, publica hoy La Vanguardia una columna de Ángel Casas titulada El demoledor informe Pagazaurtundúa que constituye un auténtico modelo de manipulación y un compendio de las trampas a las que suelen recurrir los nacionalistas para enturbiar los debates. En efecto: se trata de Ángel Casas, el gordito aquel que hace unos años nos aburría en la Televisión Española que no sé si ahora detestará con unos sobrevalorados programas que mezclaban entrevistas, destapes y no sé qué más, pulsad aquí para ver su página de Wikipedia. Si leéis la columna, veréis que en ella parte tomando el rábano por las hojas y magnificando lo que según él es una manipulación en ciertos titulares de "El Confidencial", que, en el caso de que lo fuera realmente, sería de un alcance mínimo y afectaría exactamente a un medio de comunicación. Con esto lo que pretende en realidad es empezar a descalificar el informe: ¿cómo va a decir la verdad sobre los CDR un documento del que se nos informa manipulando los titulares? Un procedimiento impecable, como veis. Acude después a otra vieja práctica tramposa: descalificar a su autora, cosa que hace mediante los siguientes recursos:
    -Decir que su página de Wikipedia (la tenéis aquí) está encabezada por un aviso acerca de su neutralidad, lo cual es cierto, pero... sucede que si nos vamos a la página que habla del señor Casas nos encontramos que en ella hay un aviso similar, relativo en este caso a la fiabilidad de las fuentes, con lo que tenemos que el columnista de La "Vanguardia" es partidario de la ley del embudo.
     -Minimizar el currículum de la señora Pagazaurtundúa (véase si esto se sostiene) y lanzar torpes insidias acerca de la intención electoralista de su informe. ¿Lo puede demostrar? En caso negativo, además de torpes, las insidias serán sucias.
      -Infravolarar el premio a la Tolerancia que tiene la autora del informe porque también se le dio a una serie de personajes a los que se despacha con un comentario despectivo. Ni uno solo de esos personajes tiene nada que envidiarle al señor Casas, pues son gente como Rosa Díez, Fernando Savater, Francesc de Carreras o Albert Boadella. 
     -Reprocharle que siendo vasca meta las narices en un asunto de catalanes, que, naturalmente, como foránea, no puede entender. Este es todo un clásico de los cacareos nacionalistas para quienes, sin oponérseles frontalmente, no les dan la razón: es que no les entienden: ¡la de veces que lo llegaron a utilizar gente como Arzallus o Anasagasti!
     -Acusarla de basarse, "siguiendo la ola cavernaria que ha maniatado al Estado para impedir desencallar el conflicto de Cataluña", en un informe de la Guardia Civil.
                   Como veis, ni una sola palabra acerca del contenido, que se despacha en tres líneas con el argumento de que no aporta novedades. El informe presenta acusaciones muy graves contra los CDR, pero eso el señor Casas se lo salta a la torera, no entra a demostrar que sea verdad o mentira: si los CDR constituyen una fuerza organizada con el fin de cargarse la democracia en España a base de sabotajes, limpieza étnica, acoso, violencia y agitación, contra eso el columnista de "La Vanguardia" no argumenta: el informe Pagazaurtundúa es condenable porque lo ha escrito una entrometida vasca amiga de Savater y basándose en datos de la odiosa Guardia Civil, con eso basta.
    Me gustaría saber qué entiende el señor Casas por "desencallar el conflicto de Cataluña", para qué ha sido maniatado el Estado por la ola cavernaria. Hoy he oído el discurso del Rey en la entrega de los premios Princesa de Asturias, discurso que en talante, contenidos, miras, propuestas y principios, si se compara con lo que dicen y hacen esa gavilla de conspiradores que le tienen en el punto de mira y hablan de echarle para implantar una república, está a una altura estratosférica. Mientras el rey habla de concordia, progreso, respeto, libertades, trabajo en común y valoración de las muchas cosas buenas que hemos construido, personajillos como Iglesias y el merecidamente encarcelado Junqueras se encierran para decirse cosas que luego no se atreven a repetir en público y se obstinan en propuestas inviables, disparatadas, segregadoras, injustas y sembradoras de discordia. ¿Esa es la república a la que aspiran? ¿Os imagináis una república con presidentes que han demostrado las virtudes y la talla de Iglesias, Junqueras o el valeroso Puigdemont? Al mismo tiempo, desde el separatismo, luminarias como Tardá y el propio Junqueras insisten en exigir al Gobierno que presione a los jueces para que no condenen a los golpistas: ¿qué sentido de la democracia tienen estos señores? ¿Qué sentido de la división de poderes? ¿Qué sentido de la igualdad ante las leyes y de la justicia? ¿Qué respeto a la ciudadanía, cuando, por millonésima vez, la insultan pidiendo en voz alta que se les privilegie groseramente? ¿Qué sentido del respeto a las restantes fuerzas políticas? ¿Esas serían las pautas por las que se regiría su república? ¿Es a esta penosa cadena de enjuagues a lo que Ángel Casas llama "desencallar el conflicto de Cataluña"? Mucho me temo que sí.  

domingo, 14 de octubre de 2018

Praxis educativa. 25: sobre las expulsiones

   Publicaba ayer "El Mundo" un artículo titulado Premio o castigo que se ocupa del asunto de las expulsiones escolares, concretamente, de esas que suponen la prohibición temporal de acudir al centro para el alumno sancionado. Antes de entrar en materia, quisiera hacer explícito mi aplauso para la autora, Berta García de Vega, pues, aunque parece claro que es partidaria de la tesis de que la expulsión temporal es una medida estéril, su artículo da un tratamiento muy razonable a las posturas contrarias. Este inciso no es en absoluto una superficial concesión a la cortesía, sino que representa una valoración positiva de lo que a mi juicio es el buen periodismo, que tiene sin excusa que ser independiente. A lo que me tienen acostumbrado el noventa y nueve por ciento de las producciones sobre educación que me encuentro en los medios informativos es a un servil y acrítico sometimiento a la tesis más innovadora, más progresista, más guay, menos tradicional y por tanto menos facha y represiva, que, tanto si es razonable como disparatada, jalean con vuelo de campanas mientras ridiculizan (en el caso de que las mencionen) las posturas contrarias. En lo que a estas últimas se refiere, la más venenosa y para nada inhabitual artimaña consiste en citar a alguno de sus defensores y, a renglón seguido de lo que dice, descalificarlo con alguna observación (siempre tan fulminante como sesgada y malintencionada) sobre la que no se le advirtió y a la que no se le da opción a replicar. ¿Cuántas veces le habrá ocurrido esto a Alberto Royo? ¿En cuántas celadas similares se habrá visto envuelto? Por suerte para él, en este artículo se le cita como inequívoco defensor de las ventajas de la expulsión sin someterle luego a la puñalada traicionera de una palabrita bien untada de anatema, tipo "facha", "tradicional", "anticuado", "inmovilista", "franquista" o cualquier otra sacada del arsenal de los periodistas a sueldo de la corrección política. Y es que, como ya digo, el artículo de la señora García de Vega presenta las posturas de unos y otros con sus ventajas e inconvenientes y sin la parcialidad ofensiva que tanto lamento, lo que es muy de agradecer, dado el sectarismo que hoy en día se está cargando el periodismo español.  
¿Expulsiones sí o no?
   Entrando ahora sí en materia, lo que como el título hace evidente se dirime en el artículo es si las expulsiones son o no positivas. La tesis que se defiende es la de que no lo son, para lo cual se recurre a una serie de argumentos que, a quienes nos hemos visto muy a menudo envueltos en la decisión de expulsar o no a un alumno, son casi todos conocidos. Los principales son estos: que no es una medida educativa, que es desmesurada y que en realidad solo supone concederles a los sancionados unos días de vacaciones. A ellos se añaden estos otros, algunos de los cuales, me resultan novedosos: que hay que tener en cuenta que, por diversas razones sociofamiliares, la expulsión supondrá que a veces esos niños van a estar solos en casa el tiempo que dure la sanción, que se les aboca a la contradicción de mandarlos a casa acompañados de unas tareas para el tiempo que estén expulsados cuando en general son alumnos que no las hacen ni cuando están en el centro y que, como expulsarlos es mandarlos a la calle, hacerlo equivale a empujarlos al inicio precoz en el consumo de drogas.
    Por contra, quienes defiendes la expulsión, aducen que estas cuestiones no les competen, ya que   los alumnos van al centro a instruirse y no a que se ocupen de sus problemas, y presentan los argumentos de que ayuda al sancionado a entender que incumplir las reglas tiene sus consecuencias (y, por tanto, a conocer una cosa que se llama responsabilidad) y de que sirve para proteger a los alumnos que sí quieren estudiar.
Cuando se dan las condiciones, expulsar es muy benéfico (esta es mi opinión)
    Se dice al principio del artículo que los alumnos problemáticos lo son "hasta que llega un profesor que los pone en la calle definitivamente".  También se dice esto otro: que los profesores "solo expulsan alumnos cuando no queda otro remedio. Al cuarto parte de disciplina en muchos casos. Pero, a estas alturas del curso, ya habrá alumnos que acumulen más de uno: porque no paren de hablar, porque jamás hagan los deberes, porque falten al respeto a sus compañeros y al profesor..." Supongo que a los docentes que hayáis leído esto que va ente comillas, como mínimo, se os habrá dibujado una sonrisa irónica, por lo que creo muy necesario hacer unas precisiones en torno a estas dos cosas, pues sientan unas premisas que dan una imagen muy falsa de lo que ocurre hoy con las expulsiones y, por tanto, pueden inducir a valorar erróneamente lo que se está haciendo con ellas y para qué sirven. En primer lugar -y hablo, como es pertinente, de lo que ocurre en España-, desde hace ya mucho, un profesor no tiene potestad para poner en la calle a ningún alumno, sino que eso es algo que corresponde a otros órganos y se hace siguiendo unos protocolos muy precisos, y conviene que añada además -ya que soy muy amigo de contar las cosas como son en realidad, y no en teoría- que la aplicación de esos mecanismos suele ponerse en marcha cuando el interfecto ha sobrepasado ya de muy largo las razones para actuar contra él. En segundo lugar y muy relacionado con esto, eso del cuarto parte de disciplina y lo de no parar de hablar y tal es un retrato absolutamente idílico: por esas cosas hoy en día no se expulsa a ningún alumno: tal medida solo se lleva a efecto cuando las motivaciones son tan graves que no hacerlo rayaría en la insensatez o en la grave ofensa a los afectados. Es imprescindible partir de una base: en la actualidad, cuando se expulsa a un alumno, es sin duda porque ha dado motivos más que sobrados, y se hace con un respeto a sus derechos más que sobrado también.
    Entrando en las razones que se aducen en contra de la expulsión, lo de que no tiene ningún valor educativo me he hartado de oírlo, siempre en boca de esos orientadores o directivos que, entre otras cosas, por no tener que sufrirlos, se permiten el lujo de defender a alumnos autores de graves faltas e incluso la hipócrita grosería de sentirse moralmente superiores por ello. Aprovecho para salir al paso de algo que alguien dice en el artículo: que hacen falta más orientadores. Estoy convencido de que en este asunto no mejorarían nada, pero el tema de los orientadores daría para otro artículo. Resulta cómico el hecho de que ese mismo argumento de la falta de valor educativo se lo he oído también a algunos padres de tales retoños, cuando han venido a la desesperada a intentar evitar la expulsión. Como tutor y jefe de estudios, he tratado con bastantes de estos padres, y diré que muchos de ellos eran unos auténticos jetas resabiados que pretendían engañarme manipulando esa retórica del buenismo pedagogista que habían conseguido aprenderse a base de reuniones y reuniones mantenidas durante años por culpa del mal comportamiento de sus hijos, mal comportamiento del que en general ellos eran responsables en gran parte. Todo esto da idea de con quién se alinean y el acierto que tienen los profesores que defienden a esos chicos con esa misma cantinela. Es absolutamente falso que la expulsión no tenga valor educativo, pues lo tiene, y mucho, porque, cuando un chico comete una falta grave y ve que por ello se le sanciona (pues que te echen del instituto es siempre un castigo, por razones que ya iremos viendo) aprende algo tan fundamental como esto: que quien la hace la paga, es decir, la lección número uno del código de la responsabilidad. Que haya incluso educadores que sostengan que esto no es educativo da idea de lo extendida que está la charlatanería en el mundo de la enseñanza. Algunos que van de alambicados filósofos aducen que eso es conductismo y que el conductismo es probadamente ineficaz, pero, creedme lo que os digo: los chicos, que no suelen ser tan profundos y complejos, entienden muy bien el mensaje y vuelven de las expulsiones bastante apaciguados.
     Con esto queda también en parte respondido eso otro de que los días de expulsión, en realidad, son unos días de vacaciones. Sorprende ver este argumento en boca de adultos e incluso de expertos educativos, pues los sitúa en un nivel de pueril ingenuidad, ya que es la bravata con la que muy a menudo se defienden los alumnos problemáticos cuando ven inminente la expulsión: "¡Pues que me expulsen, no te j _ _ _! Mejor, una semanita de vacaciones".  Ja - ja. En primer lugar, el mero hecho de la expulsión escuece mucho a su receptor, pues representa una bajada de humos, más aún si se trata de uno de esos individuos -que, por desgracia, nuestro actual sistema fomenta- que se regodean en sus gamberradas y se jactan de ser intocables, de que en el instituto les teme hasta el director. En segundo lugar, el alejamiento del centro y de sus coleguillas es de por sí un castigo, y bastante duro. Algunos de los que hablan de la enseñanza, o la desconocen por completo o lo aparentan. Para lo que viene a este caso, quienes afirman que expulsar a un alumno es premiarle parecen creer que los gamberros que muy a menudo son los destinatarios de las expulsiones están a disgusto en el instituto, cuando es todo lo contrario: ellos están encantados de ir a clase, como lo probaría el solo hecho de que muchas veces, cuando se expulsa a alguno, uno de los calvarios que le caen al centro es echarlos del patio, porque se saltan la valla constantemente para colarse. En tan acogedora institución como son los centros escolares de hoy, los gamberros se lo pasan en grande: pueden divertirse en los recreos, en las clases y en los pasillos, estar con los amigotes, dinamitar las clases (esto les encanta), ligar o intentarlo, intimidar a la gente de bien, gallear, vacilarles a los profesores o faltarles al respeto... Y todo esto, naturalmente, sin tener que trabajar apenas. Así pues, sacarlos de esa fiesta durante unos días es hacerles una terrible faena. Por último, está el hecho de la recepción en casa, porque hay padres que, ya desde la primera expulsión, se la toman muy a mal y se encargan de que sus hijos la lamenten con el fin de enmendarlos. Con estos padres las cosas van bien, pero hay otros a los que parece darles igual; ahora bien, contra lo que se pueda pensar, es con estos con los que la expulsión surte efectos más positivos. Os parecerá un poco cínico lo que voy a decir, pero, en mi época de jefe de estudios, tropecé con algunos de estos padres y, dado que mi deber era proteger la armonía en el centro, lo que hacía era "trasladarles el problema" a ellos y, tan pronto como sus hijos se hacían acreedores de una expulsión, la ponía en marcha. ¿Qué sucedía? Que a la segunda o como mucho la tercera, comprobaban en sus propias carnes la impertinencia de sus hijos, recapacitaban sobre las ventajas de que se los tuviéramos en el "cole" y, haciendo uso de esos mecanismos de persuasión que todo buen padre debe poseer, nos los devolvían ya bien aleccionados y convencidos de que había que ser buenos chicos. Fijaos en los logros: la paz escolar, el que un alumno aprendiera a comportarse y el que unos padres aprendieran a controlar a sus hijos: ¿puede pedirse mayor eficacia educativa? Con todo esto puede muy bien verse que las expulsiones no son ningún regalo.
    Lo de que son una medida desmesurada se responde con facilidad: ¿desmesurada con respecto a qué? Ya he dicho que hoy en día no se expulsa con facilidad y ahora os voy a exponer las causas de algunas de las expulsiones que he visto: robar un móvil, asociarse para hacer permanentemente imposibles algunas clases, intimidar y/o agredir a compañeros, subir a la red la filmación de una paliza, tener aterrorizados a los compañeros, estar durante un largo periodo robando cosas de las carteras de los compañeros, llamar hijo de puta a un profesor, romper a propósito un lavabo o un espejo... ¿Es desmesurado expulsar por esto? Pues bien, aún puedo añadir algo más: que lo normal es que los expulsados no lo sean por una sola cosa, sino por una reiteración de acciones a lo largo incluso de meses, acciones que a veces son tan graves como las que he enumerado o casi. Sostener que la expulsión es una medida desmesurada solo puede obedecer a un absoluto desconocimiento de la escuela o a un fariseísmo vomitivo.
    Están después los tres argumentos que he citado en último lugar. Lo de abocar al expulsado a la drogadicción me parece un auténtico disparate, pero en la escuela ya estamos acostumbrados a que se nos pida lo que no está en nuestra mano o se nos acuse de lo que no hacemos. Vincular expulsiones con caídas en la droga es una incongruencia que no merece ni ser contestada. Algo parecido sucede con lo de abocar a los expulsados hijos de divorciados o de padres que trabajan ambos a quedarse solos en casa: cuando un centro expulsa a un alumno, está realizando un acto que forma parte de sus potestades, que es educativo y se realiza en beneficio de la vida escolar: lo que pase en casa del alumno ya está fuera de su responsabilidad. Mayor reflexión merece la paradoja de expulsar con deberes a chicos que, en un alto porcentaje, no suelen hacerlos, pero eso los centros no lo hacen por capricho, sino porque la ley lo impone, y es una imposición sumamente razonable, ya que obedece a dos fines muy serios: que el expulsado tenga ocupación y que no se desvincule de los programas educativos.
    ¡Cuántas veces, cuando le he dado a un tutor trabajo para un expulsado, lo he hecho sabiendo que no iba a hacerlo! ¡Cuántas veces habré comentado u oído a compañeros comentar la inutilidad de ese acto! Y siempre hemos convenido en que, aun así, había que hacerlo, porque obedecía a una lógica aplastante. Pero es que además hay otra cosa: que muchos seamos partidarios de expulsar cuando conviene no quiere decir que rechacemos otras medidas. La más inmediata es el diálogo, ya sea con el alumno o con sus padres, y yo soy muy partidario de ella y la he practicado cientos de veces, pero ¿de verdad hay alguien que crea que se expulsa a un solo alumno sin haber dialogado -y mucho- antes con él o con sus padres? Incluso en esas expulsiones que son respuesta a un acto flagrante como un robo o una agresión grave, hay un trámite que lleva aparejado el diálogo con el sancionado y sus padres. Luego están algunas medidas relacionadas con la tarea y que se mencionan en el artículo y que serían, seguro, utilísimas, como el trabajo social o lo que en el texto se denomina aulas de convivencia y, dado el tema que nos ocupa y si no queremos ser hipócritas, deberíamos llamar aulas de sancionados o algo parecido. En cuanto a la primera, no hace falta señalar que, para llevarla a cabo, es imprescindible la implicación de los ayuntamientos y de la segunda, que se realiza en los centros, diré que sobre el papel puede estar bien, pero es una medida que he visto aplicar en la práctica y acabar convirtiéndose en una feria, en un vergonzoso simulacro de sanción mediante el que equipos directivos inoperantes se quitan de encima la para ellos antipática responsabilidad de expulsar.
Por qué son benéficas las expulsiones
   Una de las profesoras que intervienen en el artículo hace mención de un factor importantísimo:  que la mayoría de las expulsiones recaen sobre alumnos que ya desde cursos muy tempranos empiezan a ser problemáticos por una razón muy sencilla: lo que se dice en el aula no les interesa. Da pie con ello a señalar una gran verdad: que si la oferta educativa estuviese más diversificada y diversificada desde antes, podrían integrarse en ramas de estudio que les resultasen más atractivas y dejarían con ello de ser problemáticos. Esto es en general cierto y nos lleva a la conclusión de que parte de los alumnos que acaban entrando en el laberinto de las expulsiones son víctimas del sistema, pero tampoco conviene que nos llamemos a engaño, porque he tratado con alumnos de cursos que abarcaban un arco entre los doce y los veinte años, de niveles obligatorios y no obligatorios y con un espectro muy amplio de oferta y puedo decir que muchos chicos se portan mal aun estando en los cursos más apropiados. El problema del mal comportamiento es muy complejo y excede a cualquier organigrama educativo, por lo cual, siempre serán necesarios recursos para hacerle frente, y la expulsión es uno muy útil.
   He hablado ya de los beneficios que aporta al propio expulsado en el sentido de que le ayuda a entender que las normas hay que cumplirlas, a hacerse más responsable y a situarse mejor en el marco formativo y humano que es esa escuela de la que tantos beneficios puede sacar, y creo que ahora toca cambiar el enfoque. Generalmente, cuando en los medios de comunicación se habla sobre este asunto, se suele focalizar sobre la figura del expulsado y ello es debido a que las voces que suenan son las de expertos, pedagogos, psicólogos, orientadores, padres o los propios informadores, las cuales, aunque hay de todo, suelen lamentar samaritanamente el triste destino del pobrecito alumno al que se expulsa, esa víctima incomprendida a la que se destierra, total, por cosillas como tener aterrorizada a una compañera, haber robado seis móviles o hacer imposible la clase de Matemáticas. Faltan en este reparto dos actores: los alumnos y los profesores. No puedo hablar por los primeros, pero sí por los segundos y es significativo que en el artículo las dos únicas personas que se han acordado del centro o de los compañeros del expulsado sean dos profesores: el británico Tom Bennet y Alberto Royo, y ambos para decir lo que yo pienso: que probablemente el mayor beneficio que aporten las expulsiones es que alejan temporalmente del centro a personajes que se han portado como auténticos indeseables. Quienes contemplamos la escuela desde dentro tenemos muy claro que, a la hora de elegir entre treinta alumnos que no se meten con nadie y un alborotador que lo pone todo patas arriba, nos quedamos con los primeros, como también pospondremos al alborotador cuando sus ardores vayan dirigidos contra un profesor que lo que hace es cumplir con su trabajo. Porque, cuando se produce una expulsión, el verdadero perjuicio es el que previamente les ha producido a ellos el expulsado, y en los conflictos nunca debe perderse de vista a los verdaderos perjudicados.
    Resulta muy fácil pontificar y rasgarse las vestiduras contra esas almas de pedernal que defienden la expulsión de ese pobrecillo que no se merece tal tormento, pero yo he conocido muchos casos de expulsados y voy a terminar refiriendo algunos, a ver qué os parecen. Usaré nombres falsos, por supuesto.
     1.- Scarlett. Cuando aún estaba en EGB, tuve en un centro una alumna que empezó sin destacar demasiado, pero a las pocas semanas del comienzo de curso empezó a verse envuelta en peleas cada vez más frecuentes. Todas con chicos, a los que solía vapulear, porque las chicas le tenían auténtico pavor. Muy pronto pasó a hacer imposible la clase de Lengua y prácticamente imposibles casi todas las demás, con alborotos y continuas faltas de respeto a los profesores. La guinda la puso cuando la tomó con una de sus compañeras a la que perseguía, amenazaba y agredió en alguna ocasión: la tenía aterrorizada. A lo largo de dos cursos, a Scarlett tuvimos que expulsarla en múltiples ocasiones.
     2.- Brad. A este alumno lo tuve siendo tutor de un segundo de ESO.  En el curso anterior, había tenido tan aterrorizados a sus compañeros que en mis primeras semanas recibí la visita de varios padres para ponerme al corriente de la situación y pedirme que protegiera a sus hijos. Una madre me llegó a enseñar un certificado médico sobre las secuelas que estaba padeciendo su hijo. Brad era un alumno terriblemente violento que empezó hasta encarándose conmigo e intentando intimidarme (mido 1'80) y, a decir verdad, solo yo y otro profesor fuimos capaces de mantenerlo a raya. Me enorgullezco de haber sido muy firme con él y no haber permitido la actitud contemplativa de la dirección, gracias a lo cual, a Brad se le expulsó muchas veces, es decir, fueron muchos los días que sus compañeros no tuvieron que padecerlo, y digo lo de que me enorgullezco porque tendríais que haber visto las caras de satisfacción y alivio de esos chicos cuando vieron que yo le paraba los pies a Brad, y porque, todavía años después de ese curso, había padres que se cruzaban conmigo y me lo agradecían. Ese año tuve en otro grupo de segundo a George, un chico que se negaba en clase a tan siquiera coger un bolígrafo. Naturalmente, yo no se lo permití. A principios del tercer trimestre, las cosas se pusieron muy mal con ambos en las otras asignaturas; además de eso, un día a George se le ocurrió decirme a mí también que no iba a hacer nada. El incidente acabó en el pasillo, donde, cuando estábamos separados unos metros, me dijo: "Chúpamela"; me lancé enfurecido a por él y salió corriendo como un galgo. Los dos últimos meses del curso, estos dos alumnos se los pasaron aislados del resto y con una profesora especialmente asignada para ellos.
     3.- Leonardo. Este chico de tercero de ESO tenía tres vicios: reventar las clases, faltarles al respeto a los profesores y robar. Le llevaron a una larga serie de expulsiones. Al final del curso, ya escarmentado, entraba a las clases muy mansito.
     4.- Gary. Fui su profesor cuando hacía segundo de ESO en un instituto. Dos años después, llegué a otro centro y me lo encontré allí haciendo tercero (había repetido segundo). Era el permanente agitador a escondidas que tenía desesperados a compañeros y profesores. Suspendía siempre todas las asignaturas. Solo recuerdo en los dos años una expulsión: una vez que se le ocurrió lanzar un balón a propósito contra un fluorescente, que se rompió, lógicamente. Su padre acudió al centro con la pretensión de denunciarlo por tener los fluorescentes mal protegidos, con el consiguiente riesgo de que su hijo hubiera sufrido un percance cuando rompió aquel de un balonazo. Que este chico solo sufriera una expulsión en esos dos años demuestra lo mucho que hace falta para que te expulsen.   
     5.- Denzel. Con veintitrés años, este alumno estaba haciendo 1º de Bachillerato en un nocturno y pertenecía a un grupito de otros semejantes a él que hacían cosas como enjaularse en los huecos de las ventanas o boicotear las clases. Algunos de sus compañeros, gente adulta, manifestaron su queja, pero solo se le expulsó cuando llenó un examen de frases amenazantes contra una profesora a la que, en un primer momento, tuvo la osadía de denunciar ante la inspección por unas razones sin fundamento.
           ¿Qué me decís? ¿Os hubiera gustado que vuestros hijos hubieran tenido que aguantar a compañeros así? ¿Se ganó algo con expulsarlos?
     

viernes, 5 de octubre de 2018

Patio 23 de febrero

   23 de febrero de 1981, naturalmente. ¿Os imagináis que en 1982, o incluso en 1992 u hoy mismo, a algún director fanático, franquista e imbécil, secundado por un consejo escolar del mismo pelaje, se le hubiera ocurrido la genialidad de poner en el patio de su centro unas placas con esa denominación? Entiendo que vuestra imaginación, por fértil que sea, no llegue a esas estratosferas de surrealismo. Lo que sí está claro es que, de haberse producido un hecho así, cualquier gobierno lo habría atajado de forma contundente. 
   Pues bien: haciendo bueno el dicho aquel de que la realidad supera a la ficción, en el instituto "Narcís Oller" de Valls (Tarragona) han tenido la democrática ocurrencia de bautizar a uno de sus patios con el nombre de Pati U d'Octubre (aquí podéis ver la placa). Haciendo una vez más alarde del insultante cinismo que guía a los partícipes del golpe separatista, los directivos del centro y demás responsables de esta provocación la justifican con argumentos como los siguientes:
   -Es un reconocimiento a todas las personas que hicieron posible el referéndum de autodeterminación de Cataluña.
         -Es una manera de no olvidar los valores democráticos y de pacifismo que fomenta el centro.
     -Da respuesta a la represión mediática, policial y judicial que están padeciendo profesores y centros educativos.
     ¿Cuál ha sido la respuesta del Gobierno ante la apología del golpismo y la grave descalificación  de nuestro sistema democrático que representan este bautizo, esa sarta de mentiras calumniosas y esas motivaciones? A la ministra de Educación solo se le ha ocurrido esta: decir que no le parece un nombre adecuado y sugerir que se ponga otro. 
   Vuelvo al principio del artículo: lo mismo que sería inadmisible que ningún centro se despachase haciéndole homenajes al intento de golpe de estado del 23-F, es inadmisible este homenaje que el instituto "Narcís Oller" le ha hecho al intento de golpe de Estado del 1-O, agravándolo además con esas motivaciones, que son, además de cínicas, insultantes para España y sus ciudadanos. No me cabe duda de que, si alguien se hubiera atrevido a hacer esto con el 23-F, no se le habría permitido y los responsables habrían sido sancionados de forma tan merecida como fulminante, así que no entiendo por qué no se actúa de este modo con el "Narcís Oller", que, para más inri, es un centro público, aunque daría igual si fuera privado. Cada minuto que pase sin que, como mínimo, se expediente y se retire de su puesto al director de ese instituto arañará un poquito más la ya menguada credibilidad del actual Gobierno.
    Pedro Sánchez no es que nos tenga contentos con su permisiva actuación ante la amenaza del separatismo, y, en cuanto a su ministra de Educación, ya cometió una grave negligencia cuando descalificó y ninguneó un informe de la inspección educativa que dejaba constancia escrita de los gravísimos abusos que la Generalidad lleva años cometiendo en el ámbito de la educación, así que anda bastante justita de crédito, si es que le queda alguno. ¿Es una política inteligente el responder con indulgencia a todas las extralimitaciones del independentismo? ¿Va a aportar avances en la solución de tan grave problema? Tengo serias dudas de ambas cosas y, concretamente en el ámbito de la educación, donde los abusos y el adoctrinamiento son escandalosos, el Gobierno debería mostrar una firmeza absoluta, una firmeza que se echa en falta ya desde hace mucho tiempo.

martes, 2 de octubre de 2018

A ver cómo maquillan esto

     El actual presidente de la Generalidad, ante una audiencia de radicales partidarios de la violencia callejera, les animaba hace un par de días a presionar, es de suponer  que de la única manera que ellos saben:
Torra en un mitin el 30 de septiembre
      Y por si alguien no se cree eso de que la CUP y los CDR solo saben presionar con violencia, dejo aquí unos ejemplos:
       Acoso y agresión a personas que querían ejercer su derecho a manifestarse:
Manifestación de Jusapol el 29 de septiembre en Barcelona
    Acoso y agresión a un periodista que quería ejercer su derecho a informar:
Manifestantes acosan a Cake Minuesa el 1 de octubre
     Y el Gobierno, ¿qué dice? Oigamos al "cuñao" mayor del reino:
El ministro de Fomento se pronuncia sobre las incitaciones de Torra
   No dejaré de proclamarlo: José Luis Ábalos pasará a la historia como el mayor representante del cuñadismo en la política española. ¡Qué verbo!  ¡Qué lenguaje gestual!  ¡Qué autosuficiencia más convincente!  ¡Qué estilazo!  
   Ábalos no debería tomarnos por tontos a los ciudadanos. Solo porque él ponga cara de "cuñao" sabelotodo que nos descubre que las palabras de Torra no tienen importancia, no nos vamos a tragar esa píldora. También ha dicho que al Gobierno le "importan las acciones, más allá de los discursos". ¿Nos quiere convencer acaso de que las palabras nunca son acciones o no pueden ser tan peligrosas como las acciones? Pues debería saber que en muchos delitos, tales como la calumnia, la incitación o la apología de depende qué cosas, lo que se penaliza es la palabra; debería conocer el poder destructivo de las simples palabras de líderes como Hitler o algunos predicadores de ciertas mezquitas. Si el Gobierno quiere mirar para otro lado con respecto a su interlocutor Torra, que no se escude en esa niñería de que "son solo palabras", porque las de Torra son tan dañinas e incendiarias como sus actos, así que tampoco en esto nos puede engañar. Cuando uno oye estas cosas, se pregunta si el Gobierno y Ábalos no ven los gravísimos sucesos que están ocurriendo en Cataluña, e increíblemente parece que no los ven, a juzgar por estas otras palabras del artículo que os he enlazado: 
    Para el Gobierno, el 1-O es una fecha "para la concordia, el diálogo, la convivencia", que desea que se desenvuelva en un clima de "normalidad".
      No doy crédito, ya solo con mirar los vídeos de este mismo artículo, que no son más que una ínfima parte de lo que está sucediendo en Cataluña y que quizás dentro de unas horas ya nos parezcan pequeñeces, basta para entender que hace falta estar muy ciego o ser muy cínico para pronunciarse así. Si, con las cosas que están pasando en los últimos tiempos, el Gobierno creía esas palabras hace unas horas, debería irse por incapaz, y, si no se las creía, debería irse por mentiroso. Si se las sigue creyendo ahora mismo (a la 1:27 del 2 de octubre de 2018), con las cosas que han pasado en las últimas horas y que mañana veremos en todos los medios, entonces es que ya no merece el menor crédito. ¿Con qué cara nos contarán sus monsergas sobre el diálogo y nos dirán mañana la portavoz o el señor Ábalos que Torra es un tío sostenible?  ¿Qué pensarán hacer?




lunes, 24 de septiembre de 2018

¿Ministro de Fomento o "cuñao"?

   Sé perfectamente que en todos los partidos existe un personaje que ejerce el papel de malo, o sea, que es el que se encarga de lanzar los ataques y críticas más duros, las palabras menos amables y las alusiones a asuntos más intocables, así que no voy a rasgarme las vestiduras porque el actual Gobierno cuente también con esta figura, cuyo ejercicio ha recaído en don José Luis Ábalos. Entre los rasgos que en general debe poseer el "poli malo" se encuentran el tener arrestos y temple, no tener pelos en la lengua, tener una cierta audacia y mala uva, estar bien informado (sobre todo, de los puntos flacos del adversario) y gozar de cuanta más capacidad dialéctica, mejor. Luego existen otros que  son ya los que diferencian a los fuera de serie, me refiero a virtudes tales como la finura, la inteligencia, la cultura, la ironía y la extremada rapidez de reflejos. Personalmente, creo que en nuestra democracia no ha habido un "malo" más brillante que Alfonso Guerra, que me parece que será difícil de superar. Los "malos" tienen que tener cuidado también con ciertos rasgos que los pueden hacer odiosos incluso para los ciudadanos de su misma ideología, ya que esto a veces se vuelve en contra de su partido; así, tienen que tener cuidado con los excesos con la grosería, la bilis o la mentira. También les perjudica el estar permanentemente desencajados y con cara de odio, como ocurría con Álvarez Cascos o Neus Munté. 
    ¿Cuál sería el perfil de Ábalos como "poli malo"? No estoy en condiciones de negarle o atribuirle inteligencia, pero, desde luego, no le veo por ningún lado ninguno de los otros rasgos que he enumerado como propios de los fuera de serie: no demuestra tener unos reflejos particularmente rápidos, ni ser culto ni muy afortunado en la ironía. Ya lo de la finura... Creo que su rasgo más característico sería el cuñadismo,  como se aprecia muy bien en este vídeo:
José Luis Ábalos en Barcelona el pasado día 23
   Sin duda, para dirigirse a sus compañeros de partido en un mitin dominguero, el señor Ábalos optó por el recurso de la campechanía, pero se le fue la mano y, en lugar de hablarles como un ministro enrollado, les habló como un cuñao a la hora del café y la copa. Y este rasgo parece que es habitual en él, recuérdese cómo afrontó el conflicto de los taxistas, con qué alegre desparpajo se lo quiso quitar de encima despachándoselo a las comunidades autónomas.
   Un ministro no puede ejercer el cuñadismo, ni aun en los mítines. Quedan bastante penosos ese tono de barra de bar, esas hipérboles desafortunadas, ese final en el que se trabuca con las frasecitas sobre los cielos, de auténtica vergüenza ajena. Pero muchísimo peores fueron las cosas que dijo, fueron gravísimas y llegaron mucho más allá de lo que se ve en el vídeo, que no es que sea poco. Es una monstruosidad decir todo eso de que es el Estado el que se ha independizado de Cataluña, de que el Gobierno anterior no dialogó (omitiendo que las condiciones que pusieron Mas o Puigdemont eran inadmisibles) o de que los ministros no podían pisar Cataluña como si la culpa fuera de ellos. Supongo que querría halagarles los oídos a los separatistas con quienes negocia su Gobierno, o a Batet, o a Iceta, y seguro que lo consiguió, pero me parece que al alto precio de hacerles un flaco favor a España y a su ciudadanía. Es una estupidez y un insulto a la inteligencia de los españoles esa bobada que se soltó de que el apoyo de Cunillera a un indulto a los golpistas es un acto de humanidad; es una canallada el que lo defendiera hablando con desprecio de quienes criticaron semejante exceso, ahí estuvo muy "cuñao".
    Esos "cuñaos" que todo lo saben, todo lo arreglan en diez minutos y a los que nadie les tose, a la segunda copa de Veterano o de Chinchón, se remangan y no es raro que se líen a desbarrar ensalzando a canallas, defendiendo disparates o tomando por idiotas a los miembros de su familia, que les escucharán o fingirán escucharles, les mandarán a la m _ _ _ _ _ o discutirán con ellos, pero no importa, porque son cosas menores que se quedan en casa y al día siguiente ya nadie las recuerda. Pero un ministro no puede ir de "cuñao"; un ministro no puede decir frases del tipo "Y estos responden con una iniciativa para que estos reos no sean indultados", porque queda como un lerdo, un bravucón de plazoleta; un ministro no puede tomar por idiota a su audiencia, que es toda la nación; un ministro no puede pretender hacernos comulgar con ruedas de molino: todo eso, para los "cuñaos". Se da además la circunstancia de que, si analizamos las cosas que dijo ayer el "cuñao" Ábalos, son para poner los pelos de punta, porque revelan que su Gobierno se esta pasando con armas y bagajes a las pretensiones de los golpistas, mirad solo esa defensa de los indultos, por los que, además de Cunillera y Ábalos, parecen estar Batet, Carmen Calvo y... ya veremos lo que tarda en destaparse Pedro Sánchez.
    Con esos proyectos y sus maneras de "cuñao", preocupa que el señor Ábalos esté de ministro y no de tertulia en cualquier bar de su pueblo.
    

martes, 18 de septiembre de 2018

Donde estén los planes de Batet, que se quite la tesis de Sánchez

   Con el jaleo de la tesis doctoral de Pedro Sánchez -sobre la que se ha escrito mucho y yo recomiendo estos dos artículos: Usted no es una persona decente (de Arcadi Espada) y Antropología (de Jon Juaristi)-, pasó casi desapercibida una entrevista que el domingo 16 le hicieron en "El País" a doña Merichel Batet, la cual se encabezaba con este titular:
        Si esto no es presionar y demonizar al poder judicial, que venga Dios y lo vea. La entrevista es una operación de propaganda que solo puedo calificar con una palabra: sucia, y que cuenta con la complicidad del propio medio, el cual rema en la misma dirección que la entrevistada, como deja bochornosamente claro el entrevistador, Carlos Elordi Cué, ya desde la primera pregunta, que reproduzco a continuación:
        Parecía que el independentismo estaba dividido, débil, pero en la Diada volvió a llenar las calles de Barcelona reclamando independencia. ¿Ese movimiento es imparable?
        Ahí queda eso, para regocijo del separatismo y para abrirles la puerta de par en par a las propuestas cómplices y entreguistas de la señora Batet y su Gobierno. Creo que deberíais leer la entrevista completa, pero, para los que no tengáis tiempo, dejo aquí algunas de las cosas más notables que dice la ministra de... no sé muy bien de qué es ministra la entrevistada.
        -Percibo voluntad de diálogo (en el Gobierno catalán). Parece que la interlocutora de ese Gobierno tan "dialogante" no se ha enterado de lo que está impulsando en las calles de toda Cataluña, desconocimiento que resulta muy grave.
      -Sobre presos podíamos hacer una cosa y la hicimos, que fue trasladarlos. Ahora están en cárceles catalanas, cuya competencia es de la Generalitat. Esto es vender como un logro lo que es en realidad una claudicación vergonzosa.
        -Hay que hacer un referéndum sobre un acuerdo. El solo hecho de convocar un referéndum constituiría una importante victoria para los golpistas y no estará de más recordar que, hasta hace bien poco, la señora Batet era partidaria de eso que los separatistas llaman derecho a decidir, lo que hace que resulte inquietante que ocupe hoy el cargo que ocupa.
       -El señor Torra es president de la Generalitat. Es una institución democrática con la que tenemos que ser capaces de entendernos. La legitimación de un totalitario  como Torra que estas palabras representan no resulta un desliz sin importancia. Torra, además, no desperdicia una sola ocasión de ofender a España, a su sistema político, a los símbolos de todos, a los españoles y al rey. ¿De qué lado están la señora Batet y el Gobierno?
          -Se le pregunta si es partidaria de indultar a los políticos presos y responde: Soy partidaria de no hacer futuribles. No me quiero poner en ese escenario. Yo me ocupo de cuestiones sobre las que puedo hacer cosas. Si no se ha limitado a responder que no, entiendo que es partidaria de indultar a esos procesados, que lo están por querer dinamitar el país; la verborrea elusiva ya engaña a muy pocos, entre los que no me incluyo.
     Creo que lo que dice la señora Batet, la ministra que se ocupa de dirigir ese disparate de las negociaciones con los totalitarios, es alarmante, porque revela que los planes del Gobierno ante el golpismo separatista consisten simplemente en ponerse de rodillas. A mí por lo menos, esto me preocupa mucho más que el asunto de la tesis, que no va a servir para echar a Sánchez de donde está para mal de todos ni añade nada nuevo sobre lo que ya sabíamos que podíamos esperar de él. 

domingo, 16 de septiembre de 2018

Una guía sobre medicina y otra sobre música

   Los que leéis este blog sabéis que en la columna de favoritos de la derecha tengo enlazado desde hace mucho uno que se titula Medicina y Melodía, cuyo autor es José Manuel Brea Feijoo. José Manuel y yo somos amigos desde hace casi cuarenta años, pues coincidimos haciendo el servicio militar en Pontevedra. Entonces él era un joven médico y, entre las cosas que teníamos en común, estaba la afición a la música. Con el paso del tiempo, naturalmente, su trayectoria profesional se amplió y enriqueció y, en lo referido a la música, sus conocimientos se profundizaron hasta el punto de que aquella condición de aficionado quedó atrás y pasó a convertirse en un experto que ha colaborado en publicaciones, páginas de internet y programas radiofónicos. De esa doble pasión por la medicina y la música, nació hace muchos años ese blog en que tan interesantes cosas nos cuenta y ahora ha dado como fruto las dos guías de las que os voy a hablar en este artículo. 
   La primera de ellas se titula Guía de humanidades médicas. En más de una ocasión, habremos visto en los artículos de Medicina y Melodía esta frase de Edmund Pellegrino: "La medicina es la más humana de las ciencias y la más científica de las humanidades". Está también como cita liminar al principio del libro y da perfecta cuenta tanto de las inquietudes del autor como de la línea maestra de su contenido: presentar los campos de coincidencia entre estas dos importantes esferas de la actividad humana, campos que no son escasos ni intrascendentes. De manera ágil y amena, José Manuel Brea nos explica los conceptos esenciales en torno a temas como la bioética médica, el derecho sanitario o la eutanasia como problema médico, nos transmite un interesante caudal de reflexiones bajo el título común de "aforismos médicos" o nos da a conocer lo más importante de las biografías de grandes figuras que pertenecieron al mundo de la medicina, pero al mismo tiempo cuidaron una rica producción humanística, tales como Gregorio Marañón o Santiago Ramón y Cajal, entre otros.  
   La segunda se titula Sonoridades clásicas y representa un utilísimo compendio de una serie de conocimientos básicos sobre la música, especialmente, la clásica: formas musicales, elementos fundamentales, historia, periodos principales o figuras más importantes y sus obras. Es ameno e instructivo y su lectura resulta agradable. 
   Desde aquí felicito a mi amigo José Manuel -al que ahora que me despido me permitiré la informalidad de llamarle Pepe- por la publicación de ambos libros.  

lunes, 10 de septiembre de 2018

Móviles en las aulas: ni Delibes, ni Celaá, ni "ná de ná"

   Después de estar hace unos días a punto de sufrir un ataque cardiaco por el precedente ataque de risa que me produjo la ministra de Educación con su anuncio de que el Gobierno estudiaba la posibilidad de prohibir los móviles en las aulas, hoy han estado a punto de salírseme los ojos de sus albacetes, digo de sus cuencas, cuando he leído una columna de "El Mundo" titulada Estudiar a otra Delibes, en la que su autora, Berta González, presentaba a la que fuera viceconsejera de Educación de Lucía Figar entre 2007 y 2015 como el modelo a seguir en materia de legislación educativa. ¿En qué se fundamenta? En un hecho innegable: que la señora Delibes impulsó en la comunidad de Madrid una normativa que ya en 2007 prohibía el uso de los móviles en las aulas. Pero este mérito debe ser analizado más a fondo, porque a menudo sucede que detrás de unos hechos innegables vienen otros hechos también innegables que los anulan, los invalidan o los pervierten, y así ha ocurrido en este caso, vayamos por partes.
   En lo tocante al anuncio de la señora Celaá, me voy a extender poco, ya que hay poco que decir en materia educativa cuando se habla del PSOE, el partido que es con diferencia el que más daño le ha hecho a la enseñanza española, especialmente (pero no solo), por la catastrófica LOGSE y el discurso contrario al conocimiento, el esfuerzo, la cultura, el respeto y el juego limpio que esa ley impuso en ella como marco referencial y de corrección política. Que ahora el PSOE venga diciendo que a lo mejor prohíbe los móviles para disminuir la adicción digital de los estudiantes cuando hace no tanto, con el nefasto Zapatero, impulsó una demencial invasión de ordenadores y tabletas en las aulas, es algo que produce repugnancia, pero el Gobierno no se queda ahí en su escalofriante frivolidad, sino que reconoce que estudia esa medida siguiendo el ejemplo de Francia. Uno podría preguntarse: ¿y qué narices importa Francia? La enseñanza francesa tiene sus circunstancias y nosotros tenemos las nuestras, y son estas las que el Gobierno debería conocer y tomar como motivación de sus actuaciones: si se decidiera a hacerlo, vería que además de los móviles hay otras cosas que se deberían eliminar de la enseñanza, tales como la indisciplina, la grosería o la falta de estudio. A este Gobierno infantil que padecemos podría decírsele aquello que nos decían nuestras madres cuando éramos niños: ¿y si Macron se tira a un pozo vosotros y vosotras os tiráis a un pozo?
    Tampoco habrá mucho que decir en torno al almibarado artículo de doña Berta González, que apostaría algo a que de vez en cuando merienda con Alicia Delibes. El Decreto 15/2007 de la Comunidad de Madrid es, en efecto, una excelente norma para la defensa del orden y la buena convivencia en los centros educativos y en algún artículo de este blog se lo agradecí a doña Esperanza Aguirre, como aprovecho ahora para agradecérselo a las señoras Figar y Delibes. Voy más lejos: cuando se implantó, el equipo directivo del centro en que yo estaba entonces, que era tan progre que no podía soportar la existencia de una norma tan facha, tan sancionadora de los gamberros y tan del PP, tuvo la progresista ocurrencia de intentar hurtar al profesorado la información sobre esta medida a la que la ley le obligaba, lo cual me forzó a impugnarles el claustro más vergonzoso al que he asistido en mi vida, una cosa bolivariana, lo menciono en Lo que estamos construyendo, ese librito del que acabaré comiéndome con patatas un buen montón de ejemplares. ¿Cuál es el problema, entonces? Uno muy típico en nuestra España querida: que esa estupenda norma los encargados de aplicarla se la pasan por el c _ _ _. Así lo hicieron en ese centro y en otro en el que estuve después: durante los diez años que van de 2007 a 2017, sus equipos directivos, ante constantes y numerosos actos de gamberrismo, indisciplina y, muy especialmente, falta de respeto a los profesores, se inhibieron en la aplicación de la norma sancionadora, aplicaron paños calientes en defensa de los infractores y dejaron a los perjudicados en la absoluta desprotección. Lo he visto y lo he padecido en múltiples ocasiones concretas, ante alumnos cavernícolas y padres más cavernícolas aún, y no solo eso, sino que no han sido pocas las ocasiones en las que he visto a directores y jefes de estudios no ya "ser comprensivos" con los energúmenos, sino ponerse abiertamente de su lado. En cuanto al tema concreto de los móviles, recuerdo una anécdota realmente chusca en un claustro de inicio de curso, hará tres o cuatro años: un jefe de estudios dijo que tendríamos que "aprender a convivir con ellos". Los profesores nos quedamos con cara de idiotas, hasta que alguien le pidió que aclarase lo que quería decir, pero no voy a castigaros con la "aclaración". Doy por supuesto que todos sabréis muy bien que estas cosas pasan y han pasado en muchos centros de Madrid, y no solo en los míos.
   ¿Y la inspección qué hacía? Me da la risa amarga. ¿Y la Administración? Ídem, y si alguien duda de su abandono en este terreno, que consulte los múltiples estudios que hay, las denuncias ante los sindicatos o incluso ante la propia Administración, pero ya señalo otro secreto a voces: que, en el caso de los profesores, estas últimas serán muchas menos de las que debieran, pues han estado restringidas por el hecho de que los despachos les inspiraban más miedo que confianza, también hablo de ello en mi librito. Este es, en conclusión, el inconveniente que descalifica a Alicia Delibes como referente en materia de disciplina escolar: su discurso era impecable, pero ha sido sistemáticamente traicionado por la Administración en la que ella misma ha ocupado un altísimo cargo durante ocho años. No basta con predicar, hay además que dar trigo, así que el articulito de doña Berta González es pura inconsistencia.
    En conclusión, cuando desde cualquier instancia política española se me habla de controlar el mal comportamiento en los centros, no me creo ya ni una sola palabra: ni Delibes, ni Celaá, ni "ná de ná"; el actual sistema educativo y sus valedores no me inspiran la menor confianza y solo empezaré a prestar atención a quien haga algo (HAGA, no diga) que vaya en la línea de fomentar el trabajo, el respeto, el estudio, el esfuerzo y el recompensar a cada cual según sus méritos.    

domingo, 9 de septiembre de 2018

Un mindundi

   Aun en el supuesto de que Pablo Casado no hubiera incurrido en ninguna irregularidad con el famoso asunto de su máster en Derecho Autonómico y Local (está bastante bien explicado en este artículo), parece bastante claro que le va a representar un pesado lastre en su carrera política, por motivos tan contundentes como estos: le ha llevado a estar investigado en los tribunales; es el mismo esperpéntico máster que desató la caída de Cristina Cifuentes; es, por tanto, un máster bajo la sombra de la sospecha y que pone a Casado en relación muy directa con personajes tan oscuros como el exrector Fernando Suárez o Enrique Álvarez Conde (director de ese pseudomáster) y, por último y lo más grave, es sin la menor duda un máster fraudulento, un simulacro de mérito educativo por el que se pagaba un título sin haber aprendido ni haberse cualificado nada, lo que representa que Casado, de manera consciente, ha incluido en su ejecutoria una falsedad. Sabemos que, inexplicablemente, España sigue siendo un país que perdona estas cosas a sus políticos, pero también sabemos que ahora les pasan alguna factura, siquiera mínima.
   Aunque de momento para Casado parece que no es muy alta, a juzgar por su victoria en las primarias del PP. Cuando, a pesar del asunto del máster, se presentó a la carrera por el liderazgo de su partido, me pareció que era muy temerario, estaba huyendo hacia delante o las dos cosas y dudé de que tuviera la menor opción de ganar; cuando, con todo y con eso, ganó, entendí que se había beneficiado de que el equilibrio entre sus dos rivales -cualquiera de ellas, de una talla infinitamente mayor que la suya- había imposibilitado que ninguna de las dos se impusiera sobre la otra y había terminado beneficiándole a él; no obstante, me pareció que el PP había cometido un error colectivo un tanto inexplicable a la vista de lo que había, error colectivo que tampoco sorprendía si se miraba hacia lo ocurrido en las filas del PSOE con Pedro Sánchez, a quien Casado se parece en que es también un profesional de la política con más deméritos que méritos: estos son los perfiles que se están imponiendo en nuestros tiempos, habremos de aceptarlo. 
   ¿Qué ha hecho Pablo Casado hasta ahora? Básicamente, hablar: decir lo que no le gusta o sí le gusta, exigir cosas al Gobierno y presentar las líneas maestras de las políticas que algún día, si ese día llega, aplicará. Es lo normal cuando se está en la oposición, pero desde hace algún tiempo se ha dedicado a hacer algo que me parece inaceptable: atacar a Ciudadanos por su participación activa en batallas como la retirada de lazos amarillos en Cataluña. El pasado 18 de agosto, se pronunció contra ello diciendo que "El PP no va a ir a las calles de Cataluña a generar crispación" y ayer mismo, en una Junta Nacional de su partido con unas ausencias que deberían preocuparle, insistió en esa misma idea, esta vez de forma más indirecta, comparando lo de hoy en Cataluña con lo de antaño en el País Vasco, y dejando una frase que merece la pena reproducir:
   No da igual cómo recuperemos los espacios públicos […], tenemos que hacerlo a través de las instituciones. No habríamos ganado nada entrando en las herriko tabernas para enfrentarnos a ellos.
   Que Casado haya  dicho que los que quitan lazos amarillos generan crispación es una bajeza de gran calibre, porque representa que es capaz de cualquier cosa con tal de descalificar a quien cree que le va a quitar votos. La crispación no la generan quienes quitan lazos amarillos, sino quienes los ponen (y hacen además otras cosas mucho peores, como debería saber el señor Casado), esos separatistas a quienes él da munición con declaraciones así. Es una triste ironía, por otra parte, eso de que el PP no vaya a ir a las calles de Cataluña a generar crispación, porque la realidad es que el PP a Cataluña no va a ir ni a eso ni a nada, ya que en aquella región está prácticamente barrido, y quizás sea porque ha estado muchos años pasivo ante los abusos que se cometían allí, y por eso ahora les está sobrepasando un partido que, como Ciudadanos, ha decidido no quedarse callado ni de brazos cruzados. 
   Luego está la frasecita relativa al País Vasco, que hace pensar que quizás Pablo Casado no tenga mucha idea de lo que ocurrió allí durante los trágicos años del terrorismo, ya que con ella defiende sin duda la pasividad ciudadana, cuando precisamente esa pasividad se está señalando desde hace mucho como uno de los factores que favorecieron a ETA, a Herri Batasuna y a todos sus cómplices, ya fueran movedores de árboles o recogedores de nueces. Antes de hacer esa frasecita y esa desafortunada exageración de las herriko tabernas, debería haber pensado en el colectivo Basta Ya o en María San Gil (que es de su partido), o haberse dado un paseo por las hemerotecas, o haber leído Patria. El callarse la ciudadanía y dejar las cosas en manos de las instituciones durante años no ayudó nada, aparte de que fue una lacra, entre otras cosas, porque las instituciones, en el País Vasco y más aún en Cataluña, con más frecuencia de la razonable fueron muy poco diligentes o mostraron una pasividad cómplice. Después de haber visto durante décadas como los gobiernos del PP y del PSOE dejaban hacer en asuntos como la inmersión lingüística, la rotulación de establecimientos, la manipulación informativa, el destierro de gente que estorbaba al nacionalismo, el adoctrinamiento educativo, desafíos como los de 2014 y 2017 o el hostigamiento a los no nacionalistas, demuestra un enorme cinismo (porque ignorancia no es) el señor Casado cuando condena a quienes quitan lazos amarillos o dice esa bobada de que los espacios públicos se recuperan a través de las instituciones. Y lo dice, para colmo, en un acto en el que reclama la aplicación del 155 con una dureza que su partido evitó. El de 2017 fue lo que fue porque lo decretó el timorato Rajoy cercado por un PSOE acomplejado y calculador; cuando se aplique en 2018 -que habrá que aplicarlo más pronto que tarde, a lo mejor dentro de tres días- ya veremos lo que sale, con Sánchez y Casado a los mandos y Podemos en la vicepresidencia virtual. 
   El máster y su currículum hacían de Pablo Casado un político que generaba desconfianza, pero este postureo de los lacitos y de pedir a los demás dureza mientras él se limita a mirar lo retrata como un mindundi de la política.

jueves, 30 de agosto de 2018

Aplausos para Arcadi Espada y Troqueliano

   Empezaré con Arcadi Espada. A través de un brillante artículo de Cayetana Álvarez de Toledo titulado Nada más que hacer, me enteré de que, en un encuentro radiofónico entre el señor Espada y Albert Rivera, al reconocer este que no había quitado ningún lazo amarillo, el escritor le hizo ver la incongruencia que existía en ser el líder de la formación que llama a quitar esos lazos y no haber quitado ni uno. Tenía toda la razón Arcadi Espada, sobre todo si se piensa en la gravedad de la guerra en que está inscrita esta rebelión contra los lazos y en que es una acción que el totalitario Torra ha convertido en clandestina y peligrosa, no en vano los que la llevan a cabo ocultan su identidad. Esto ha movido a Rivera a ponerse las pilas y hoy, acompañado de Inés Arrimadas, ha quitado públicamente unos cuantos lazos. ¿Qué se gana con esto? Mucho, porque la guerra de los lazos tiene una fuerte dimensión simbólica y el hecho de que ese símbolo, personalizado en dos políticos con tanta aceptación, haya aparecido hoy en todos los medios escritos y televisivos lo ha sacado de ese medio anonimato de la lucha clandestina y nocturna y lo ha hecho visible para millones de personas de España y el mundo entero que lo desconocían. Se daba por hecho que esto no iba a gustar al independentismo, pero no estaba claro que fuera a desagradar en otros sectores, como el PSC (véase aquí la equidistancia de Jaume Collboni) o la izquierdísima (véase aquí cómo da la noticia eldiario.es). Es bueno que algunos se vayan retratando. ¡Ah!, por cierto: el artículo de la señora Álvarez de Toledo me parece brillante sobre todo por una cosa: califica a Iceta de "gran burro de Troya de la democracia". No puede estar más acertada.
   Por todo esto, ¡UN FUERTE APLAUSO PARA ARCADI ESPADA!
   Vamos ahora con Troqueliano, o, para ser exactos, @troqueliano, personaje del que solo sé dos cosas: que es profesor de francés y que ha sido quien ha pillado a Puigdemont en su enésima canallada: la de manipular en la traducción las palabras del juez Llarena sobre las que ha basado su querella en Bélgica. Esta historia ya es bien conocida: lo que ha hecho el equipo del ¿Honorable? fugado en un maletero ha sido transformar una condicional en una afirmación categórica, para convertir en punibles unas palabras de Llarena, pero esto está mejor explicado en este enlace: traducción falseada. En él puede no solo verse el proceso de manipulación en el vertido de una lengua a otra, sino también el valioso juicio de Troqueliano, quien, como experto en la materia, dictamina que un error así no puede ser involuntario, sino que de hecho es más fácil traducir bien esas palabras que enredarse en la manipulación presentada por el equipo del Hombre del Maletero. El hallazgo de Troqueliano, este sagaz ciudadano anónimo, es importantísimo, por las siguientes razones:
   -Pone de manifiesto que en la vida hay que estar muy atentos. No sé exactamente a quién corresponde esto en el entorno del juez Llarena, pero es evidente que alguien en ese ámbito tenía que haber descubierto esta trampa sin tener que llegar a la afortunada y diligente intervención de Troqueliano: si él no hubiera estado ahí, Pigdemont nos habría dado a los españoles una nueva puñalada impregnada de su odio demencial. Está visto que con los independentistas no se puede bajar la guardia ni un segundo, porque te colocan la manzana agusanada al menor descuido.
    -El intento de echar m_ _ _ _ _ sobre España que representaba esta querella se ha frustrado,  y no solo eso, sino que se ha vuelto contra su firmante: ahora ya hay el mundo más gente que sabe que Pigdemont es un embustero miserable y sus propuestas son un miserable montón de embustes.
    -La cosa puede tener una deriva mayor, porque, si realmente hubiera justicia en el mundo, puesto que esta jugada encaja dentro del delito tipificado de la estafa procesal, al ¿Honorable? debería abrírsele un nuevo frente en los tribunales.
         Por todo esto, ¡UN FUERTE APLAUSO PARA TROQUELIANO!
            Está claro que muchas veces se dan pasos importantes gracias a personas con coraje que se deciden a actuar por su cuenta, riesgo y responsabilidad.