domingo, 28 de junio de 2020

A cantazo limpio

    Como sabréis todos los que tengáis la sana costumbre de diversificar vuestras fuentes informativas, la diputada de Vox Rocío de Meer recibió el pasado viernes una pedrada en el transcurso de un mitin de su partido que fue boicoteado por una horda de energúmenos, como puede verse en este enlace de "El Mundo". Os dejo a continuación una imagen de la piedra que le produjo la herida:
Rocío de Meer: Herida una diputada de Vox por el impacto de una ...
El argumento que los "antifascistas" vascos usaron para rebatir a Rocío de Meer
    Esta noticia, que está siendo tratada como un asunto casi trivial, es a mi juicio gravísima. En España tenemos un régimen democrático desde 1978, el cual, con los defectos e imperfecciones que queramos, no solo constituye una auténtica democracia, sino que, si hemos de creer las valoraciones internacionales que se realizan, es uno de los de mayor calidad del mundo en eso de hacer efectivo el Estado de derecho. Ahora bien, ante hechos como el que ahora nos ocupa, cabe hacerse estas preguntas: ¿es igual la calidad democrática en toda España? ¿Lo que ha habido en la comunidad vasca desde el 6 de diciembre de 1978 ha sido de verdad una democracia plena? Está claro que no, como está clara la razón: la violencia de ciertas facciones del separatismo ha impuesto en aquella región un régimen de brutal mutilación de los derechos. De las 854 víctimas mortales de ETA, 715 fueron posteriores a ese año y a ellas hay que añadir los miles de heridos, lesionados y aterrados, más los no pequeños daños materiales. No paso por alto, naturalmente, que esto en buena parte afectó al resto de España, pero en este artículo me refiero solo a lo ocurrido en la comunidad vasca. Y luego está el azote de la kale borroka, más otro dato importantísimo: los exiliados de la violencia política vasca, cuya cifra, en la que no hay acuerdo, establecen en 100.000 los cálculos más razonables de los muchos que andan por ahí dispersos, aunque quizás sean bastantes más. Aparte de la bestial muestra de totalitarismo que representa, este factor tiene otra importante repercusión: si el terror de ETA y su entorno (contemplado con pasividad por el PNV) no hubiese expulsado de su tierra a toda esas personas, no hay duda de que la hegemonía electoral del nacionalismo en aquella región no habría existido jamás. 
    Está clarísimo, pues, a pesar de las idílicas fabulaciones de los peneuvistas, que en la comunidad vasca la permanente violencia ha hecho imposible no solo el divino paraíso que ellos pintan a base de omitirla en sus discursos, sino también la humana democracia. Que esa violencia persiste, pero larvada y contenida solo porque los trogloditas que la ejercen ya no son tan poderosos, queda demostrado por testimonios como los sucesos de Alsasua, los homenajes a terroristas asesinos o los recibimientos violentos a partidos non gratos
    Y ahora viene lo de la pedrada a Rocío de Meer, condenada por el tartufo de Urkullu de un modo que en realidad la aplaude, lo que hace que me ratifique: es un hecho gravísimo, una noticia de envergadura, porque revela algo tan escandaloso como que en una región de la democrática España unos energúmenos totalitarios siguen cargándose a cantazo limpio el pluralismo político, la libertad de expresión y la propia democracia. Llevamos así desde 1978: ¿cuándo cesará esta situación? No podemos ser optimistas, a la vista de su persistencia en la comunidad vasca y de su gravísima intensificación y extensión en Cataluña. ¿Cuándo querremos darnos cuenta de que el totalitarismo separatista es una amenaza cada vez más agresiva para la democracia?
   Para remate, tenemos a algunos que están encantados con ello, como el entorno podemita, que se está dedicando a segregar porquería en las redes acerca de la agresión a De Meer, porquería que sostiene que no hubo tal pedrada y que es todo un montaje de Vox. Esto es lo que dice Pablo Echenique (que nadie olvide que este envenenador es diputado de uno de los partidos que gobiernan hoy en España): "Solo hizo falta un poco de ketchup para que se tragaran un bulo como una catedral". Resulta genial lo de la izquierda y sus amigos separatistas: si un partido que no les gusta obtiene un buen resultado, se le estigmatiza con una alerta antifascista; si los que incendian Barcelona son partidarios de la independencia, no es violencia, es libertad de expresión; si le endiñan una pedrada a una candidata de un partido que les estorba, es un montaje de la receptora del cantazo. En la época de Franco, cuando moría alguien de un disparo en una protesta, las fuentes oficiales y sus esbirros periodísticos hablaban de tiros al aire... que desdichadamente acababan matando a algún manifestante volador: ¡cómo me lo han recordado estas indecencias de Echenique! Sabíamos que la izquierda del siglo XXI tenía una especie de fijación con el franquismo, y ahora empieza a entenderse por qué: es el modelo que copia, con que se mide y al que aspira. 

viernes, 12 de junio de 2020

Cuatro puntos de la ley de protección a la infancia

   Se aprobó hace unos días la remisión a las Cortes del Proyecto de Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (1) y encuentro en ella cuatro puntos que me producen ciertas dudas, os los presento a continuación.
1.- Se generaliza el deber de comunicar cualquier situación de violencia sobre niños, niñas o adolescentes a la autoridad competente aun cuando no sea constitutiva de delito. Este deber de comunicación se configura de forma más exigente para aquellos colectivos profesionales que tengan un contacto habitual con personas menores de edad. 
Mis dudas. En las leyes españolas ya está regulada de manera firme la obligación de denunciar delitos (2), cosa digna de aplauso, pero ya no me lo parece tanto el saltar a la obligación de "comunicar" (¡vivan los eufemismos!) situaciones de violencia aunque no constituyan delito. ¿En qué consiste esto exactamente? ¿No podría este mandato abrir la puerta a un indeseable estado policial, al obligarnos a vigilar al prójimo sin motivos que lo justifiquen? ¿No caeríamos en el riesgo de abonarles el terreno a esos inquisidores vocacionales que existen en toda sociedad? Hace no mucho critiqué que la Comunidad de Madrid pretendiera penalizar a los alumnos que no denunciasen una situación de acoso (3), barbaridad que finalmente no cuajó, por fortuna, pues habría tenido múltiples consecuencias negativas.
2.- Se obliga a denunciar al cónyuge y a los familiares cercanos de la persona que haya cometido un hecho delictivo cuando se trate de un delito grave cometido contra una persona menor de edad. 
Mis dudas. En este caso son profundas. Imaginemos que el señor Pepe se va una tarde de su casa y su esposa, la señora Pepa, en su ausencia, le da al hijo de ambos, de dos años, una paliza monumental. Los vecinos, que han oído los ruidos, ¿están obligados a denunciar al señor Pepe? Imaginemos que la señora Paca es hermana del señor Juan, el cual utiliza a su hijo de seis años para pedir limosna por las calles. Si alguien lo descubre, ¿está obligado a denunciar a la señora Paca? Y lo más gordo: ¿el hecho de ser cónyuge o familiar cercano de un delincuente te convierte en directamente denunciable? Esto apesta a tiranía medieval, espero que el Parlamento lo fulmine. ¿Quién estará detrás de esta obsesión por denunciar a toda costa? 
3.- De forma coordinada con la reforma de la Ley de Educación, se crea la figura del coordinador o coordinadora de bienestar y protección en los centros educativos y se definen sus funciones básicas para garantizar el adecuado funcionamiento de los protocolos de actuación frente a indicios de acoso escolar, ciberacoso, acoso sexual, violencia de género y cualquier otra forma de violencia. 
Mis dudas. ¿Pero realmente hace falta una nueva figura para vigilar que no haya violencia en los centros? ¿No es suficiente con el profesorado que ya hay y con cargos como los tutores, jefes de estudios o directores? Mis certezas. Esto es meter más burócratas en los centros para que ejerzan de comisarios políticos, se desprende de la mera terminología usada en la redacción. Saldrán favorecidos los grupos políticos que quieren apoderarse de la escuela a base de vigilar ciertas ortodoxias hoy muy de moda y los peones de su cuerda a quienes beneficien con el carguete, que, lógicamente, serán sus agradecidísimos lacayos.
4.- Se crea la figura del delegado de protección en las entidades que realizan actividades deportivas o de ocio con personas menores de edad para informar y apoyar a los niños, niñas y adolescentes para el cumplimiento de los protocolos de actuación frente a la violencia en este ámbito.
Mis dudas y certezas. Las del punto anterior, pero referidas a las entidades de que aquí se trata. Recalco una cosa: me temo que, bajo la piel de corderito que ejerce protecciones innecesarias, algunos lobos se quieren colar en diversos centros para fiscalizarnos a todos (y, de paso, sacar provecho colocando a sus incondicionales). Cuidado con estos benefactores de la humanidad.
    Terminaré formulando una duda general: ¿no habrá por ahí algunos aprovechados que estén intentado instrumentalizar la protección a la infancia en beneficio (político y material) propio? Sería una jugada muy ruin.  

1.- Dejo aquí un enlace a la página de La Moncloa que ofrece un extracto de los puntos más interesantes de la norma:
2.- Aquí tenéis información acerca de la obligación de denunciar delitos en la legislación española:
3.- Lo hice en una carta publicada en "El País" el 11 de abril de 2019, que salió con el título de "Violencia escolar: entre dos miedos". Aquí os dejo un enlace:
Advertencia: es probable que no la podáis leer (yo no he podido entrar), porque ahora, para hacerlo, hay que estar suscrito al periódico. Cosas de "El País". 

miércoles, 3 de junio de 2020

Hay que ver a Gabriel Rufián para entender en qué estamos metidos

   Hoy, por primera vez en mi vida, he visto completa una intervención de Gabriel Rufián. A los pocos minutos, tenía clara una cosa: es necesario ver a este señor para entender lo que se cuece hoy en España, así que, para quien me crea, dejo aquí un enlace con esa intervención. Dura 16:44 minutos.
   Llamo la atención sobre un detalle: HAY QUE VERLO, no basta con escucharle, porque, además de oír lo que dice y el tono amenazante y chulesco con que lo dice, es necesario contemplar su gestualidad facial y corporal para no perderse una parte importante del vomitivo nivel de chulería y autosuficiencia de este parlamentario que, no es la primera vez que lo digo, envilece el Congreso.
    Esa es la primera razón por la que hay que verlo: por fuerza ha de haber algún fallo importante en un país que eleva a diputado a un sujeto como este. Yo he vivido y trabajado en unos cuantos barrios pobres e incluso de los llamados bajos, donde os aseguro que mora mucha gente dignísima y alguna que no lo es tanto, por ello me es fácil reconocer en Gabriel Rufián el repulsivo estilo canalla que he visto muchas veces en la peor gentuza que habita esos barrios, esa a la que tenemos que agradecerles la existencia del lamentable término "barriobajero": no se deja ni un matiz, porque incluso, al igual que todos y cada uno de los chulos patéticos con que me he cruzado en la vida, Rufián está encantado de haberse conocido y se cree el colmo de la gracia y el poderío.
   La segunda razón es lo que dice y el tono amenazante: este señor se presenta abiertamente como un independentista, es decir, como alguien dispuesto a cargarse el país. Se muestra prepotente, embustero, manipulador y excluyente, al mismo tiempo que hace gala de un irrisorio complejo de superioridad: es un enano convencido de ser un gigante, llega al delirio de decir que su partido ha ganado las elecciones generales. Se autoproclama vacuna contra el fascismo, lo cual, en boca de alguien de ERC, partido implicado en un intento de golpe de Estado, produce estupefacción.
   La tercera razón es quizás la más grave: resulta que este señor es aliado del Gobierno. Rufián, cuyo partido está detrás del caos y la violencia, se ha permitido lanzar advertencias acerca de un tiempo de construcción y otro de destrucción, dando a entender, claro, que la destrucción son los demás. Ha insistido en que el precio de su apoyo es la reapertura de la mesa de diálogo y, en este contexto, les ha dicho al PSOE y a Podemos: "Dime con quién pactas y te diré lo que pactas". Hay que reconocerle al menos que no se anda con engaños, pero, como los otros sí que son unos embusteros redomados, no estará de más recordar que, cuando pactas con él en esa mesa...,
ERC espera la propuesta del PSOE para encarrilar el acuerdo
...estás pactando la independencia de Cataluña. 
   Lo dicho: hay que ver a Rufián, por él y por saber con quién pacta nuestro Gobierno. Y lo que pacta. Conviene tener las cosas muy claras.
   

sábado, 30 de mayo de 2020

Trece razones por las que Pablo Iglesias me parece un personaje tóxico

    Lo que salió de las elecciones del pasado 19 de noviembre es un Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos, sustentado en una mayoría suficiente para formar gobierno pero precaria para ejercerlo, dado el balance de fuerzas representadas en el Parlamento. Prescindiendo de otras consideraciones, voy a dedicar este artículo a Pablo Iglesias, un señor que, como consecuencia de ese pacto, es hoy vicepresidente del Gobierno. Si definimos como personaje tóxico a aquel que por sus actos, palabras y proyectos envenena la convivencia en su entorno o empeora las vidas de los que le rodean, no me cabe duda de que Pablo Iglesias lo es, por razones como las siguientes:
    1.- Se dedicó a censurar la libertad de expresión en la universidad. Y lo hizo usando la fuerza bruta. Él movía ladinamente los hilos y una turba de estudiantes con maneras de hinchas violentos actuaba de brazo ejecutor. Así fue el famoso boicot que promovió contra Rosa Díez (pulsar aquí), cuya libertad de expresión Iglesias y sus zombis pisotearon. El enlace es breve y, aunque las imágenes no son muy buenas, recomiendo verlo, porque:
    -En él sale Iglesias exponiendo su famosa definición del escrache como jarabe democrático.
   -Se le ve muy bien participando en el escrache y dirigiéndolo.
   -Luego aparece negando cínicamente ese participación de la que hay imágenes.
          Echar a patadas de la universidad a alguien que va allí exponer sus ideas es envilecerla.  
    2.- Tiene una gran responsabilidad en la implantación del escrache como arma política. Puede verse lo dicho en el punto anterior, que no es ni una milésima parte de lo que se podría decir, porque hay muchísimo más. A partir de 2010 o 2011, nos hartamos de ver casi a diario en los medios imágenes de escraches promovidos por Podemos (donde Iglesias es el amo) o grupos afines. Llevándolo a la más alta expresión, ¿qué fue el "rodea el Congreso" de 2012 (pulsar aquí), sino un gran escrache a la sede de la soberanía nacional? Y ya en 2016, a cara descubierta, Podemos se permitió convocar otro "rodea el Congreso" contra la investidura de Rajoy (pulsar aquí). Hoy ya solo los  podemitas, los separatistas, algunos grupúsculos ultraderechistas o unos cuantos despistados son capaces de negar que el escrache es un método violento de intimidación totalitaria. No olvidemos, por tanto, que gente como Iglesias o su amiga Coláu fueron los pioneros. 
    3.- Practica en su partido una distribución del poder en la que tienen demasiado peso lo familiar o lo sentimental. Se me podrá objetar que esto no es ser tóxico, pues a las concernidas no se las perjudica, sino, que, todo lo contrario, se las beneficia, pero hay que mirarlo en perspectiva de política general, y en ese ámbito este comportamiento no es sostenible en un país avanzado. Ved una buena síntesis en este artículo: El cardenal Iglesias
    4.- Ha exportado al Gobierno de la nación el modelo clánico de su partido. Aunque se me acuse de subjetivo o suspicaz, voy a permitirme dudar que Irene Montero hubiese llegado a ministra de no haber sido la pareja sentimental de Iglesias. No es simplemente que me parezca impropio de un país moderno y democrático, sino que resulta una muestra palmaria de que en España ya estamos tan acostumbrados a los despropósitos que no nos escandalizamos ni por cosas tan graves como esta, con lo que dejamos vía libre a que las haga cualquiera con la suficiente falta de escrúpulos. Esto es patético por dos razones muy serias: por representar un nepotismo norcoreano y porque los méritos de Irene Montero brillan por su pobreza.
    5.- Sus vínculos ideológicos y económicos con países como Irán o Venezuela. Puede parecer surrealista que un megaprogre como Iglesias coloque su Fort Apache en Hispán TV, la cadena-topo (pulsar aquí) de la teocracia iraní en el mundo de habla hispana, pero no lo es, porque los dos parecen tener la misma fobia a las democracias occidentales. En cuanto a Venezuela, es un asunto que ha tenido muchas idas y venidas por acusaciones ante los tribunales y otros lances, lo cual ha llegado a veces a ocultar el hecho capital e innegable: que Iglesias trabajó para la dictadura de Chávez (pulsar aquí), a quien admira. Échele quien quiera sacar conclusiones un vistazo a los logros del régimen para el que trabajó el señor Iglesias y al que asesoró y pasó facturas.
    6.- Se relaciona muy bien con personajes y partidos de inclinaciones violentas. Hay gran cantidad de ejemplos. Iglesias da a veces la impresión de sentir nostalgia de una conquista del poder digna de la cámara de Eisenstein, por lo que no oculta su admiración hacia los que por aquí se han colgado la vitola de revolucionarios. El problema es que estos han usado la violencia, el crimen y el asesinato como "argumentos" políticos. Pulsar aquí: Otegui, partidarios de ETA.
  7.- Sus propuestas y maniobras son contrarias a la unidad de España (aunque a veces lo disimula malamente por electoralismo). No solo muestra una gran conexión con los golpistas que quisieron segregar Cataluña por la fuerza, sino que los venera y defiende de forma servil. Pulsar aquí: Junqueras, los Jordis. Ver también lo dicho en el punto 6, aunque ni que decir tiene que hay mucho más. 
    8.- Sus ataques a la monarquía son penosos en las formas y explosivos en la intención. Desde la estupidez aquella de Juego de tronos (pulsar aquí) hasta la seria extralimitación del pasado abril (pulsar aquí), todos hemos podido presenciar el rosario de ataques a la monarquía y de desaires a Felipe VI procedentes de Pablo Iglesias. Sería erróneo considerar esta personalización como un elemento más del republicanismo del que hablo en el siguiente punto, porque, aun siéndolo, es también un rasgo de la envergadura suficiente como para darle un capítulo aparte. En primer lugar, demuestra que Iglesias se merece un cero en modales, porque estas bufonadas la mayoría de las veces han llevado implícito un nulo respeto a la persona del rey o a entornos protocolarios. En segundo lugar, representa algo que no por sabido es menos inquietante: que Iglesias tiene también un nulo respeto a ese marco institucional en que Felipe VI es el jefe del Estado, ese Estado democrático en que se desenvuelve nuestra convivencia actual. En tercer lugar, y esto es gravísimo, al dedicarse a disparar contra el rey, Iglesias se sitúa en la misma línea de los francotiradores políticos que tienen el mismo blanco: los nostálgicos de ETA, los golpistas del separatismo catalán..., es decir, una serie de camarillas siniestras que odian al rey precisamente porque lo ven como alguien que obstaculiza sus planes totalitarios. Dime con quién andas y te diré quién eres.   
    9.- Sus ataques a lo que él llama "el régimen del 78" parecen más bien ataques a la democracia. Se puede ver muy bien en el punto 6, en el enlace "partidarios de ETA". También esta relacionado con este punto el anterior. Esos ataques están enmarcados en sus habituales profesiones de fe republicana, incluso siendo vicepresidente de una monarquía. Pulsar aquí: en plena pandemia, un régimen que se derrumba. La guinda de este pastel es la fabulación de que, en realidad, la democracia constitucionalista no es más que una continuación del franquismo. A este inicuo montaje se han agregado los sectores más sombríos: antisistemas varios, proetarras, conspiradores del 1-O...
   10.- Sus incongruencias habitacionales. No soy de los que critican que Iglesias viva en un gran chalé en Galapagar (que viva donde quiera, mientras se lo pague con su dinero ganado honradamente), pero se cae con todo el equipo quien hoy se compra una vivienda de 600.000 euros y ayer censuró a otro por hacer eso mismo (pulsar aquí). Si eso no es incongruencia política, que venga Dios y lo vea, y es que, la verdad, todas sus proclamas sobre la casta a los podemitas se les están viniendo encima como un techo mal construido. En lo tocante a la vivienda, Iglesias, Colau y el podemismo, que impulsan políticas que favorecen una práctica tan abyecta como la okupación, tienen un discurso abominable. Si encima lo adornan con incongruencias personales...
   11.- La famosa "alerta antifascista". No hay que extenderse mucho: cuando te estrellas en unas elecciones y tu respuesta es calificar de fascista a un partido que obtuvo más de un 10% de los escaños (395.114 votos), has dicho en voz alta que no crees en la democracia. Cuando además lanzas contra ese partido y por televisión una inicua "alerta antifascista" (pulsar aquí), eres un totalitario. Después de ese gesto demencial, hubo agresiones contra simpatizantes de Vox, lo cual es un hecho que habla de las peligrosas consecuencias de la irresponsabilidad de Pablo Iglesias. 
   12.- Su facilidad para llamar golpistas (en sede parlamentaria o donde haga falta) a sus adversarios políticos. Y es que parece que el señor Iglesias tiene el hierro de marcar fachas. Recientemente, ha acusado al PP de llamar a la insubordinación de la Guardia Civil (pulsar aquí) y a Vox de querer dar un golpe de Estado (pulsar aquí). Es necesario verlo (pulsar aquí), para entender los niveles de cinismo de nuestro vicepresidente y de algún otro. Lo dicho: los que no le gustan, es que son fachas y golpistas, y proclamado en sede parlamentaria por alguien que es vicepresidente del Gobierno. Compárese lo dicho en este punto y el anterior con las inclinaciones de Iglesias que se señalan en los puntos 5, 6 y 7 y se entenderá la magnitud de la incongruencia o la hipocresía de este líder político.
   13.- El pequeño predicador que no sabíamos que llevaba dentro. Habíamos visto que a Iglesias de vez en cuando se le escapa la vena sentimental o que, cuando quiere aparentar que está por encima del bien y del mal, baja la voz y pone un tonito melifluo-pringoso con registros que van de lo admonitorio a lo victimista, pero, con las recientes sesiones parlamentarias en torno a la pandemia, ha alcanzado unos niveles que nos han ayudado a descubrir el extraordinario predicador que es. ¿Sermones hipócritas y flagelatorios en un Parlamento del siglo XXI? No, gracias. 
     Si repasamos esta lista, veremos que las razones que aporto, además de indiscutibles, representan vicios inadmisibles en el plano personal, pero son muy inquietantes cuando se da la circunstancia de que se encarnan en alguien que es vicepresidente del Gobierno, y eso es lo que me preocupa: que el señor Iglesias sea así en su casa o en su partido, pase, pero que lo sea también en un puesto desde el que puede decidir sobre nuestras vidas, pues no. Pero es ineludible señalar una cosa: para que Iglesias sea vicepresidente, ha tenido que ser nombrado por el presidente. No extraña que el actual presidente del Gobierno haya nombrado vicepresidente a alguien como Iglesias. Ya veremos dónde acabamos con este equipo.   

domingo, 24 de mayo de 2020

El PNV y la lealtad (la frase del siglo)

    Publica hoy El Diario Vasco una entrevista con el lendacari Íñigo Urkullu cuyo titular es una frase que, sinceramente, procediendo de un alto representante del PNV, no me queda más remedio que reproducir en negrita, y porque en mi ordenador no existe la opción negraza, que si no... Aquí la tenéis:
    El acuerdo con Bildu para la reforma laboral no ha sido leal y Sánchez se arriesga a una quiebra de confianza.
    ¡Ja, ja, ja, ja, ja!  ¡¡¡Lealtad!!!   ¡¡¡Confianza!!!   ¡En alguien del PNV! Me resultaría más coherente si lo hubiera dicho Al Capone y a los que penséis que me estoy pasando os sugeriría que os acordaseis de Mariano Rajoy, de la moción de censura de Sánchez y del papel del PNV en aquel episodio histórico, donde demostró su lealtad y lo digno que es de confianza. Os dejo aquí un enlace mío de 2018 sobre ese momentazo, en el cual hay una frase que es la enésima demostración de los poderes proféticos del guachimán, esta, que también pongo en negrita, por no ser menos que Urkullu en mi propia casa:
    Y es que en política hay que tener muy presentes dos cosas: que lo que puede salir mal siempre saldrá mal y que hay que elegir muy bien los compañeros de viaje. Dado que tengo esto por muy cierto, no le veo un futuro muy prometedor a la presidencia de Pedro Sánchez
    No solo es que se cumpliera, sino que además, como seguimos con Sánchez y él con su fea costumbre de elegir los peores compañeros de viaje, sigue valiendo como profecía, igual no tardo ni un año en recordároslo.
    La contumacia del PNV en la traición  es la pura desvergüenza; que luego sus líderes sean capaces de acusar a otros de desleales es algo para lo que no existe definición, se rompen los límites del diccionario. 
     

sábado, 16 de mayo de 2020

El guachimán consigue la conversión (parcial) de Isabel Celaa

   Sí, amigos, sí, como lo leéis, el guachimán lo ha logrado, así que los que no creíais en milagros ya podéis ir modificando vuestra imagen del mundo. Publica hoy "El País" una entrevista con la ministra de Educación, de la cual reproduzco estas palabras: 
   La educación presencial es insustituible, así de rotundo. Ahí es donde se recibe un mayor valor en términos cognitivos y emocionales. Lo que sí es cierto es que en un contexto de economías digitalizadas nos sentíamos tremendamente poderosos como sociedad y esta pandemia ha puesto de manifiesto que no lo éramos tanto, dejando al descubierto varias necesidades, en particular en los ámbitos sanitario y educativo. 
    Compárese con esto otro que decía el guachimán en su artículo de hace dos días:
   En un artículo de hace un par de semanas, señalé que una de las cosas que ha demostrado la pandemia es que la enseñanza presencial es insustituible
     Y, ya puestos, mirad lo que decía en ese artículo de hace un par de semanas
   Han quedado en evidencia las debilidades de las nuevas tecnologías. [...] Las nuevas tecnologías no son capaces de responder por sí solas a todo lo que la educación demanda y constituyen tan solo un instrumento para la educación.
    Ya me imagino que os estaréis haciendo todos la misma pregunta: ¿será la señora Celaa lectora de La garita del guachimán? Yo solo puedo decir que, si lo es, le alabo el gusto, y si no lo es, no se explica en alguien que ocupa su cargo. Si leéis la entrevista, veréis que es una pena que a lo largo de ella, junto a estas luces que señalo, haya aún bastantes sombras de error innovacionista, motivadas, está claro, por el hecho de que el artículo es un pregón de lo que nos espera con la LOMLOE, pero no seáis pesimistas, porque nunca se ha visto un pecador que se convierta en santo de la noche a la mañana y además hay un momento en que la ministra se pronuncia de manera inequívoca en defensa del profesorado español, lo cual es muy de agradecer.  
    Solo me resta para terminar añadir una cosa: hermana Isabel, bienvenida a la verdadera fe educativa.
    

jueves, 14 de mayo de 2020

Castells, las becas y la evaluación

   Ahora que Alejandro Tiana cabalga de nuevo y, después de que hace unos años nos asestase la LOE, el PSOE lo ha rescatado para ponerlo al frente de la LOMLOE con el fin de que nos garantice nuevos estragos educativos, el ministro de Universidades, Manuel Castells, se pronuncia en unas declaraciones hechas al diario Público que dejan algunos motivos de inquietud. No acabo de ver claro al ministro Castells: aterrizó como una eminencia, pero me llama la atención que todos los currículos resalten que es el autor más citado en no sé qué ámbitos, como si el que te citen mucho sea garantía de algo; empezó su mandato con una espantada que dio mucho que hablar y ha estado desaparecido a lo largo de toda la pandemia, pero se permite el lujo de iniciar esta entrevista dando a entender que ha estado ahí en primera línea todo el tiempo, y, por último, se marcó una ronda de consultas con el pomposo nombre de El ministro escucha, de la que excluyó a los estudiantes antiseparatistas, cosa muy sospechosa en un declarado independentista como él, otra de sus virtudes. 
    En las declaraciones que enlazo, los asuntos por los que me alarma lo que dice son dos: los exámenes y las becas. Con respecto a los primeros, demuestra una frívola despreocupación hacia el temor tan justificado como extendido en estos días de que muchos alumnos copien en sus pruebas de evaluación. Empieza por advertir que habla como profesor y no como ministro y luego declara que eso de que un alumno copie no tiene importancia, que los temores son cosas de una pedagogía anticuada y que, si se copia bien y demostrando que se entiende, es todo un mérito. ¡Olé su excelencia el señor ministro! Habría que responderle que, como profesor, puede hasta cierto punto sostener los disparates evaluativos que le dé la gana, pero, como ministro -y ahora se le entrevista, nos importa y debe hablar como ministro, y no como profe guay y enrollao-, tiene un inexcusable deber de responsabilidad que le obligaba sin licencia ninguna a condenar tajantemente el hecho de copiar, porque copiar es hacer trampas para demostrar unos conocimientos y cualificación de que se carece, y no quiero pensar que un eminente sociólogo temporalmente descendido a ministro vería bien que en España se concediesen los títulos universitarios sin demostrar la debida cualificación. 
     Con respecto a las becas, dice: "Nuestra política, que está en blanco sobre negro (sic), consiste en ampliar el número de becados, eliminando el criterio del mérito académico en favor de la necesidad económica y afirmando la beca como un derecho subjetivo para que toda persona pueda ir a la universidad". Y, después de una serie de consideraciones muy innovadoras entre las que anuncia medidas correctoras relativas a la desigualdad de género (este señor se trae el catecismo muy bien aprendido, porque es insostenible que en la enseñanza española de 2020 haya discriminaciones de género), añade: "El control de los precios públicos es para todo el mundo porque consideramos la universidad pública un servicio público que ya está pagado por los impuestos de los ciudadanos, como la sanidad pública". 
     Empezaré por esto último. Estoy muy de acuerdo con Castells en su razonamiento sobre la igualdad de precios para todo el mundo, pero creo que debería tener cuidado al equiparar sanidad pública y educación pública, porque no son servicios de igual naturaleza. Ante la sanidad, el ciudadano acude como paciente y no está obligado a demostrar nada, mientras que, ante el sistema educativo, el alumno puede exigirle a ese sistema unas prestaciones adecuadas, pero el sistema a su vez puede y debe exigirle a él una demostración de su nivel de aprovechamiento. Esto es particularmente delicado en el ámbito de las enseñanzas no obligatorias y en el asunto de las becas, porque en estos terrenos el dinero público debe ser bien utilizado y se debe invertir para el buen fin de formar estudiantes que culminen sus estudios con éxito, y no para financiar la vagancia y/o la incompetencia. Puede sonar duro, pero eso que dice Castells de que las becas son un derecho subjetivo del becado no es cierto, porque son también un derecho colectivo de la sociedad que las concede como parte de un dinero que podría invertirse en otros becados o en otros fines, de manera que quien recibe una beca está obligado a responder con unos buenos resultados o a perderla, pues sería una injusticia y un despilfarro seguir concediéndosela. Cuando Castells afirma que dará las becas por razones económicas y eliminando el criterio de mérito, está pervirtiendo el concepto de beca (=ayuda al talento que no puede florecer por cuestión de dinero) y convirtiéndolas en una caridad que puede tener consecuencias tan indeseables como el fomento de la vagancia o la creación de una universidad mediocre, pues contribuye a masificarla, es decir, hacerla peor, pagándosela a alumnos entre los que quizás algunos,  por su falta de esfuerzo o capacidad, no deberían estar en ella. Esto es hipocresía en lo social y mala gestión del dinero público en lo económico.
     En un artículo de hace un par de semanas, señalé que una de las cosas que ha demostrado la pandemia es que la enseñanza presencial es insustituible, y la razón principal es la evaluación: un sistema razonable y honesto tiene que volcarse en una evaluación rigurosa y fiable de los conocimientos adquiridos y la solvencia del alumno, y una evaluación así, hoy por hoy, solo la garantiza plenamente un sistema presencial, sin perjuicio de que haya algún tipo de prueba que pueda hacerse de forma no presencial. El gran problema de la izquierda en sus propuestas educativas  es que menosprecia la evaluación. Lo hemos visto durante la pandemia, pues se ha alineado con todas las ocurrencias que despreciaban la correcta evaluación, particularmente, con esa campaña a favor del aprobado general; lo llevamos viendo durante décadas desde la LOGSE, con unas leyes empeñadas en vaciar de contenidos las enseñanzas y regalar los aprobados; lo vemos hoy no solo en las propuestas paternalistas del ministro Castells (que pertenece a la cuota podemita), sino también en el tono general de la entrevista, publicada en un medio señaladamente de izquierdas, pues quien hace las preguntas parece obsesionado con todo aquello que signifique dar ayudas y facilidades. La izquierda ha confundido la justicia social en la enseñanza con su empobrecimiento. El desprestigio e intento de destierro del esfuerzo y la exigencia en nuestro sistema educativo le han hecho un daño enorme a este, a muchos de los alumnos que han pasado por él y a la sociedad. Y esto es responsabilidad de la izquierda, que fue quien implantó este guion y lo sigue defendiendo a capa y espada, como podemos ver, pero no puedo dejar de señalar que la derecha, cuando alcanza el poder, da más muestras de aceptarlo que de rechazarlo. 

jueves, 7 de mayo de 2020

La Generalidad de Cataluña y la violencia política

   Como es de dominio público, Joan María Piqué, uno de esos fanáticos imbéciles que por solo estos dos méritos tienen halagüeñas perspectivas de éxito en el separatismo catalán, es un individuo que hace unos días se permitió publicar un tuit que era una incitación a la insurrección armada. Por si esto fuera poco, lo hizo ocupando un cargo político (jefe de prensa de la consejería de Interior), pero ningún poder público regional o nacional ha mostrado la menor intención de proceder legalmente contra él, cosa que no extraña en este país enloquecido (aunque por suerte otras organizaciones sí se han ocupado de hacerlo, concretamente, SCC, a quien aplaudo), como tampoco extraña que este fenómeno cobre casi 70.000 euros por cumplir tan delicadas tareas, pues de todos es sabida la generosidad con que la Generalidad tira del dinero público para recompensar a sus esbirros, o el guerracivilismo expresado sin complejos por cargos públicos nacionalistas, cosa que ya se conoce al menos desde 2012 y por boca de un consejero de Interior, Felip Puig. 
     Y es que el separatismo catalán es tan obscenamente inclinado a la violencia que no solo la practica desde el vandalismo callejero, sino que además la fomenta desde cualquier poder institucional que ocupe, como deja muy claro una noticia un tanto extensa que viene hoy en El Confidencial, cuya lectura os recomiendo. En ella se da cuenta de un informe recién publicado por el Observatorio Cívico de la Violencia Política en Cataluña, que revela que esta se concretó durante los últimos seis meses de 2019 en 977 actos, de los que el 96'22% fueron obra de independentistas. Insisto en que leáis la noticia, porque aporta datos y matices muy significativos; yo me voy a limitar a reproducir aquí un párrafo que me parece sencillamente genial.  Por lo visto, la Generalidad tiene un observatorio similar (la Oficina de Derechos Civiles y Políticos, creada por el Honorable Quim Torra), el cual tiene registrados solo 283 actos, que atribuye en su mayoría a españolistas y extremistas de derecha. Esta sensible diferencia la explica José Domingo, uno de los impulsores del Observatorio Cívico, dando cuenta de ciertas particularidades metodológicas del estudio de Torra:
    No considera como episodios violentos las duras manifestaciones de octubre. Por ejemplo, el hecho de arrojar una bengala contra un helicóptero [episodio por el que hay un imputado], tirar adoquines a la policía o incendiar contenedores no están considerados actos violentos por el Govern, sino que entran dentro de la libertad de expresión. En cambio, computa como agresión el hecho de retirar lazos amarillos o pancartas políticas de las fachadas de edificios públicos, que no deben contener propaganda partidista. E incluso llega a calificar de violencia simbólica el hecho de que en un encuentro de la liga femenina de balonmano el Hércules de Alicante se negó a disputar el partido si las jugadoras catalanas mantenían el lazo amarillo colgando en sus camisetas. Es incomprensible. Nosotros, en cambio, computamos todos los incidentes habidos
    Estos son los criterios con los que la Generalidad determina lo que es o no es violencia política. Saque cada cual sus conclusiones. 

martes, 28 de abril de 2020

Yo no aplaudo

   Así es, queridos amigos, lo digo abiertamente: cuando llegan las ocho de la tarde, yo no aplaudo. Pues muy bien, diréis algunos, yo sí lo hago, con lo que quedará constatado que cada cual, dentro de los límites del respeto a la convivencia, puede hacer lo que le dé la gana. Comparto el reconocimiento a la labor de los sanitarios que con ese aplauso quieren expresar muchos españoles, a su sacrificio y a su esfuerzo, y hasta me pareció una buena idea ese gigantesco símbolo que representó toda una nación unida en un aplauso, pero creo que tuvo sentido el primer día, o, a lo sumo, los tres o cuatro primeros. Una vez el mensaje quedó con ello expresado, no le veo ninguna lógica a la exagerada reiteración en que hemos caído: llevamos casi cincuenta días aplaudiendo a los sanitarios: ¿qué objeto tiene seguir? ¿Cómo se sentiría un futbolista que hubiese marcado un gran gol y, cincuenta días después, la gente le siguiera aplaudiendo por la calle? ¿No tendría razones para estar harto? ¿No es posible que haya ya algunos o quizás muchos sanitarios que se sientan igual?  De hecho, ya he oído a más de uno pronunciarse en el sentido de que preferiría más mascarillas y menos aplausos, y los que lo han hecho, naturalmente, no lanzaban el dardo contra los bienintencionados ciudadanos, sino contra ese Gobierno que ha fallado en el suministro de adecuados equipos de protección pero fomenta desde sus televisiones (yo lo he visto más de una vez) el aplauso de las ocho. Aceptaré que me llaméis suspicaz, pero me temo que esas convocatorias televisivas hechas como quien no quiere la cosa son en realidad muy  intencionadas, pues soy de los que piensan que el Gobierno está utilizando esto de los aplausos y otras pintorescas maneras de elevar la moral pública como uno más de sus procedimientos para tapar los errores imperdonables que ha cometido (los perdonables no necesita taparlos, porque está claro que los ciudadanos se los perdonamos, del mismo modo que reconocemos los aciertos que ha tenido). 
     Por otra parte, en mi época nos educaron contra el exceso en el aplauso: se consideraba vanidad el perseguirlo y adulación el aplaudir de más, y creo que en esto segundo en la actual crisis nos estamos pasando, lo digo no solo por cosas como la antes mencionada cincuentena de días, sino por otras como el bochornoso espectáculo que pudimos contemplar cuando el general Santiago fue aplaudido por el resto de los portavoces después de dar ciertas explicaciones en una rueda de prensa. Me pareció una trivialización, no era ocasión ni personaje para un aplausito, y es que otra de las cosas que constato con esto de los aplausos es eso: se está frivolizando. Por donde yo vivo, entre las ocho y las ocho y diez, el momento del aplauso se compone de: el aplauso multitudinario en sí, una caravana de vehículos de servicio público con las sirenas en marcha y la reproducción a volumen atronador de alguna canción festiva puesta por no sé quién, hace un par de días tocó "Ojalá que llueva café". Haga y crea cada cual lo que quiera, pero yo tengo razones para pensar que estamos convirtiendo esto en una feria, y está claro que no lo es. 
    Y por esto mismo, yo no acabo de entender que los informativos dediquen un tiempo de quince o veinte minutos a noticias "graciosas" o simpáticas, o a la explotación de lo entrañable. Entiéndase: me alegro como el que más de que a un enfermo de coronavirus se le dé de alta y hasta comprendo que se emita de vez en cuando una noticia sobre alguno por cualquier razón especial, pero ni me parecen hechos noticiables la mayor parte de las escenas graciosas o "entrañables" que se emiten en esos lapsos ni me explico que se les dedique tanto tiempo. Este artículo parte de mi inquietud hacia el trato que los medios de comunicación están dando a la ciudadanía; parece que de alguna parte ha surgido la convicción de que estamos aterrados y traumatizados y de que por eso ellos están obligados a tranquilizarnos pintando una realidad alegre. Yo en cambio veo que no se nos está tratando como a adultos, sino como a idiotas infantilizados que no van a ser capaces de hacer frente a una realidad dura. Agradecería que no fuese así, Gobierno y medios deberían respetarnos más. Por otra parte, nuestra realidad actual es muy problemática y a lo mejor el tiempo que se dedica a este tipo de "noticias" se está restando a otras informaciones que podrían interesarnos más.
    Y, como no acepto que nos infantilicen, yo no veo bien que en las ruedas de prensa gubernamentales insistan tanto en decirnos a los españoles lo bien que nos estamos portando, vicio en el que es particularmente contumaz Salvador Illa, ministro de Sanidad. No somos niños ni bobos como el Patán aquel de Los autos locos, que se pasaba la vida reclamando medallas, por no hablar de lo que he dicho antes sobre la indeseable relación entre el exceso de aplauso y la adulación. 
     Ni que decir tiene, además, que yo no creo que esto sea una guerra. Resulta curioso que, desde el Gobierno y los medios que por un lado nos proponen risas y aplausos, por otro se nos maree tanto con esto de la guerra, a veces parece que nos quieren volver locos. Lo que estamos pasando es una emergencia sanitaria, no una guerra: ni es acertado magnificarla con hipérboles, porque es de por sí lo suficientemente grave, ni es justo con quienes han sufrido las tremendas catástrofes que son las guerras el utilizarlas para hacer retórica por sabe Dios qué razones. Piense usted en Siria, piense usted en nuestra guerra civil, piense en el horror, las bombas, las víctimas sin número, la violencia, las ciudades reducidas a escombros, la ruina, el hambre, la crueldad... Entenderá entonces que, en efecto, estamos muy mal, pero hay cosas mucho peores, una de ellas, la guerra. 
    Por último, yo no me río con Diarios de la cuarentena. Esto creo que no necesita explicación.
     

domingo, 19 de abril de 2020

Educación y coronavirus: siete breves conclusiones

    Nadie puede discutir que la situación que atravesamos es muy difícil y que, por tanto, ni para todos los problemas que afrontemos habrá soluciones óptimas ni debemos extrañarnos de que se cometan muchos errores, así que es prudente ser generosos y comprensivos con ellos, aunque solo sea porque todos los hemos cometido. No obstante, esto no representa que renunciemos al deber de criticar lo que está mal, ni, lamentablemente, va a impedir que algunas de las valoraciones que voy a formular a continuación sean un poco duras, pues se volcarán sobre inexplicables reiteraciones en el error o sobre conductas que, además de ser muy reprobables, no tienen en la actual crisis sanitaria ningún apoyo que las justifique. 
    1.- Isabel Celaa no está a la altura del cargo que ocupa.- La verdad es que esto se sabía ya de antes (Celaa1, Celaa2, Celaa3, Celaa4), pero lo ha confirmado ella irremisiblemente cuando, después de apostar de forma sibilina por el aprobado general, finalmente lo ha hecho efectivo con un acuerdo presentado a las autonomías que lo impone sin nombrarlo y con el que la ministra, contraviniendo leyes de rango superior, hace papel mojado de su deber de fijar los límites para la repetición de curso y los criterios de concesión de títulos. Después de casi treinta años de desastre logsiano, no es buena para ministra una persona que se ha limitado a ejercer como neutra transmisora de sus peores males.
    2.- El aprobado general era evitable y siempre será nefasto.- El aprobado general que de facto se podrá efectuar con el plan de la señora Celaa podría evitarse, y así lo harán algunas comunidades, a las que aplaudo. Ya he dicho en otra parte por qué considero muy desaconsejable ese camelo con el que algunos engatusan a los alumnos y les perjudican fingiendo favorecerles.
    3.- Se ha usado la enseñanza como campo de batalla política.- Empezando, cómo no, por el Gobierno regional catalán, que se ha precipitado a pregonar que su intención era dar el aprobado general ya de antes: vamos, que la patente era suya. No obstante, la muestra más inicua ha sido un editorial de "El País" del pasado día 18, que acusaba de sucio partidismo a las comunidades que no aceptaban el penoso pacto de Celaa, siguiendo el inquisitorial guion que han adoptado los medios afines al Gobierno: estigmatizar con la marca de traidores a quienes no acaten sin rechistar hasta la menor de sus consignas o decisiones.
    4.- El pedagogismo ha demostrado su vileza y la inconsistencia de sus "soluciones".- En estos días hemos presenciado cómo una avalancha de innovadores irrumpían en los medios para promocionar sus recetitas como el remedio infalible para la delicada situación actual: aparte de la insistencia en el ya mencionado aprobado general, los hemos visto aconsejar la suspensión de la selectividad o intentar colar la normalización del trabajo escolar en julio. Todo ello se revela a simple vista como una colección de disparates, pero que los "expertos" hayan aprovechado una dramática emergencia para promocionar sus productos de mercadillo intelectual los deja en muy mal lugar.
    5.- Los alumnos "socialmente desfavorecidos" han sido miserablemente manipulados.- Dentro de este capítulo de las argucias de los innovadores, ha quedado patente una de las más aborrecibles: la instrumentalización que hacen de los económicamente más débiles para sostener sus propuestas, es decir, su particular interés. Llevamos décadas contemplando la vileza de que, para sustentar el empobrecimiento educativo del sistema logsiano, se apelase al argumento de la segregación: desde los mandarines hasta los monaguillos de esta calamidad se han hinchado a predicar que un sistema exigente sería segregacionista y discriminatorio con los más pobres, mentira en la que se han apoyado con contumacia para defender el aprobado regalado y que ahora les ha servido para el aprobado general. Nunca les han importado lo más mínimo esas personas, se han limitado a tomarlas, en un alarde de hipocresía, como rehenes de sus montajes.
    6.- Han quedado en evidencia las debilidades de las nuevas tecnologías.- Ha resultado particularmente divertido el ver como los innovadores, tradicionalmente defensores a capa y espada de las nuevas tecnologías (para algunos, una clase de internet supera a una presencial), han usado como pretexto precisamente a los alumnos que no podían acceder a ellas para abogar por el aprobado general, tomando una vez más como rehén a un colectivo minoritario y desfavorecido, sin pararse a pensar que para estos alumnos se podían encontrar otras soluciones. Pero lo que importa para este apartado es esto: por lo dicho y por otros importantes motivos, ha quedado probado (para los que lo dudasen) que las nuevas tecnologías no son capaces de responder por sí solas a todo lo que la educación demanda y constituyen tan solo un instrumento para la educación, de colosales prestaciones, nadie lo discute, pero un instrumento, un medio, no la panacea ni el objetivo en sí de la enseñanza, como literalmente sostienen muchos de los pedagogistas más destacados. 
    7.- Ha quedado demostrado que la enseñanza presencial es, muy por encima de las demás, la mejor opción.- Después de muchos años oyendo monumentales estupideces que menospreciaban a la enseñanza en el aula, a la relación directa entre el alumno y el profesor, pronunciadas por verdaderos catetos tecnocráticos y endiosados y aplaudidas por unos medios de comunicación demasiado inclinados a la frivolidad sensacionalista, se me ha puesto mil veces la sonrisa sarcástica cuando he visto como algunos de estos medios eran los primeros en hacer lo que he mencionado arriba: usar como pretexto las deficiencias de esas nuevas tecnologías. Yo -y no por haberme ganado la vida como profesor- he tenido siempre la convicción de que la mejor enseñanza (la verdadera, lo demás son sucedáneos) es la directa entre las personas del alumno y el profesor, sin mediaciones, y no voy a perder el tiempo en argumentarlo, porque las cosas que se caen por su propio peso se demuestran solas. Ahora bien, si después de lo que llevamos visto en unas cuantas semanas de suspensión de las clases, todavía hay alguien que no lo reconoce, habrá que aplicarle una vieja máxima del magisterio: enseñar al que no entiende es difícil; enseñar al que no quiere es imposible. 

miércoles, 15 de abril de 2020

El CIS, la lógica de enunciados y la manipulación

   Me entero por una columna de Vozpópuli de que el barómetro especial que acaba de presentar el CIS incluye una pregunta (la número 6) con el siguiente enunciado:
    ¿Cree Ud. que en estos momentos habría que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación social, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales, o cree que hay que mantener libertad total para la difusión de noticias e informaciones? 
       Con las respuestas que registra el CIS y unos datos sobre cómo se reparten en los diferentes partidos que facilita Vozpópuli, os he elaborado este cuadrito:

Total
PSOE
Podemos
PP
Vox
Cree que habría que restringir y controlar las informaciones, estableciendo solo una fuente oficial de información
66’7%
76’1%
De 62’2% a 73’1 %
57’4%
56’7%
Cree que no debe restringirse ningún tipo de información
30’8%
22’1%
-
40%
42’3%
No lo sabe, duda
2’0%
-
-
-
-
N. C.
0’5%
--
-
-
-
      En lo relativo a Podemos, Vozpópuli solo aporta datos relativos a la primera respuesta y los reflejo como aparecen porque se refieren a ese partido y sus confluencias. Bastaría un somero vistazo para sacar claramente conclusiones muy interesantes. Primera: los españoles somos por mayoría de dos tercios favorables a que se controle la información sobre el coronavirus y se canalice solo a través de una fuente, que además será oficial; segunda: que esta posición es mayoritaria entre los votantes de los partidos con más apoyo parlamentario; tercera: que el apoyo es notablemente superior entre los votantes de izquierdas, con diferencias de alrededor de 20 puntos. Si os soy sincero, me llama la atención -sobre todo, en los descamisados de Podemos- este repentino furor del progresismo por el control informativo. Naturalmente, sacar esas conclusiones requiere admitir que los datos de la encuesta son un fiel reflejo de la realidad y extrapolarlos a ella. Si siguiésemos jugando a extrapolar, de esas conclusiones podríamos sacar una metaconclusión: que el Gobierno español, obedeciendo el sentir mayoritario de su pueblo, debería erigirse en fuente única de información sobre el coronavirus. Ante esta monstruosidad totalitaria que, naturalmente, está muy lejos de los deseos de los señores Tezanos, Iglesias y Sánchez, se hace necesaria una reflexión acerca de cómo está planteada esta pregunta del CIS, la cual constituye una grosera manipulación. 
     -La primera objeción que puede presentarse a esta pregunta es previa a su formulación: ¿es de verdad pertinente en una encuesta sobre los efectos del coronavirus en España? ¿Se refiere a un problema que esté produciendo un efecto real sobre la lucha contra la pandemia y al que por tanto haya que buscar una solución? Creo que no es así, de modo que la pregunta carece del interés general que justificaría su presencia en la encuesta. Ciertamente, se están produciendo indeseables noticias falsas sobre el coronavirus, pero los perjuicios que causan, más que al plano sanitario, están afectando al político: en su mayoría, no son noticias que entorpezcan la lucha contra la epidemia, son noticias que están embarrando el debate político, con ataques y efectos contrarios a los actos y propuestas del Gobierno, cierto, pero también a los de sus adversarios, en un fuego cruzado que deja muy mala imagen de quienes las difunden. Y como estos son de sectores afines y contrarios al Gobierno, esta propuesta que patrocina el CIS solo sería viable en la lógica del totalitarismo.
       -Consecuentemente con lo anterior, no hay más remedio que preguntarse por qué, en tal caso, se ha colocado ahí la pregunta, y no resulta muy difícil llegar a una lamentable conclusión: para el Gobierno son molestas muchas de esas informaciones, bastantes de las cuales dan fe de sus errores, por lo que ha decidido tomar como pretexto las que son falsas para llevarse por delante esas y las verdaderas, mediante el brutal expediente de erigirse en fuente única de información. Horripilante.
       -Encajada en este plan, la pregunta número 6 de este CIS pretende montar la coartada de presentar tan tremenda medida como un clamor ciudadano, pero lo ha hecho de una forma muy burda: a través de una falsa alternativa que busca condicionar una respuesta pervertida, que ha disfrazado bajo el aspecto de una elección con apariencia de sensatez, veamos esta en primer lugar. Tal y como está redactada la pregunta, se da a los ciudadanos a elegir entre estas dos opciones, que presento en orden inverso al que se usa en la encuesta (esa es otra):
        a) Mantener la libertad total para la difusión de noticias.
        b) Dejar la información en manos exclusivamente del Gobierno (¡tiene narices ese eufemismo de las "fuentes oficiales"!), debido a la profusión de bulos y noticias engañosas.
       Decirle al ciudadano que elija entre la libertad total (¡que adjetivación más artera!) o el control gubernamental destinado a frenar la dañosa mentira es ponérselo fácil para que renuncie a sus libertades, por lo que bien podemos afirmar que la gran trampa de esta pregunta está en este planteamiento que apela a la sensatez presentando un falso dilema, el cual está claro: no se trata de elegir entre libertad o censura para controlar la mentira: primero, porque entre las noticias que se censurarían muchas son ciertas, y, segundo, porque el control gubernamental no garantizaría el cese de las mentiras, ya que, como está comprobado, el Gobierno también miente. Si el problema son las mentiras y los bulos, lo que debe hacer el Gobierno es luchar contra eso y únicamente eso: las informaciones falsas (incluidas las suyas o las de sus voceros). Sostener que para hacerlo el único camino es que el Gobierno monopolice la información -y con ello prohíba las informaciones de otras fuentes, tanto las falsas como las verdaderas- es mentir una vez más y asomar una fea patita totalitaria; someter a los ciudadanos a la falsa alternativa que se les ha planteado es faltar al respeto a la opinión pública y manipularla zafiamente. 
       -Es clamorosamente falsa la alternativa entre libertad total y control del Gobierno bajo el supuesto de que solo las fuentes oficiales dicen la verdad. ¡A estas alturas y con lo que llevamos visto, por favor! ¿Es que no mienten nunca los gobiernos? ¿No ha manipulado nunca Tezanos? ¿No ha mentido nunca Sánchez? ¡Menudos valedores le están saliendo últimamente a la verdad! La mentira (al igual que la verdad) está dentro y fuera del Gobierno y la mejor manera que tendría este de luchar contra ella (aparte de perseguirla con rigor, cosa a la que le animo y en la que el actual y los anteriores nunca han sido muy diligentes) sería no practicarla nunca; el camino jamás sería hacerse amo absoluto de la información, eso sería la dictadura: ¿se ha creído el señor Tezanos que disfrazándolo de mayoría abrumadora en una encuesta nos lo va a colar? Pues más le valdría no tomar por idiotas a los ciudadanos, porque esa manipulación constituye ya una penosa manera de mentir: ¿así piensan acabar con los bulos las "fuentes oficiales"?