jueves, 19 de octubre de 2017

El camino más fácil

   Como en los viejos dramas, no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague. El plazo ya se ha cumplido: pasaron ya las famosas 10:00 de la mañana del jueves 19 de octubre de 2017 y, fiel a su estilo, Carles Puigdemont, en lugar de responder con la claridad nada esperable en un sujeto que ha dado sobradas muestras de inconsistencia personal, de estupidez y de fanatismo, ha intentado una vez más reírse de España entera con una serie de dislates. Así pues, ha llegado el momento de que se pague la deuda.
   A eso de las 10:45, después de que el ministro portavoz anunciase que el Gobierno seguía adelante con la aplicación del 155, oigo a un tal Carles Campuzano, del PDeCAT y muy a la altura de semejante organización, proferir una serie de amenazas contra España por negarse a aceptar eso que los independentistas están llamando oferta de diálogo de Puigdemont y que no es más que uno sucio chantaje burdamente maquillado. 
   Parece claro, ante tales muestras de fanatismo, que la mejor solución sería el camino más fácil: coger a ese golpista que preside la Generalitat y mandarlo cuanto antes a Soto del Real a hacer compañía a ese otro par de incendiarios conocidos como los Jordis. Cuanto antes se le encierre, antes dejará de conducirnos a todos a la ruina. De hecho, es lo que debió hacerse hace ya tres años, pero con Artur Mas. Y no habríamos llegado hasta aquí. Y, naturalmente, detrás de él tendrán que ir sus cómplices más señalados.
   Sé que esto asusta y que va a ser complicado que el Gobierno se atreva a hacerlo, y más, si se tiene en cuenta que está obligado a pactar nada menos que con Pedro Sánchez, pero me temo que, aunque quiera demorarlo, no va a tener más remedio que hacerlo en algún momento.
           Malos tiempos nos han llegado.

lunes, 16 de octubre de 2017

¡Pero si Trapero es un "mandao"!

   Leo la noticia de que la  Fiscalía ha pedido prisión incondicional para José Luis Trapero, mayor de los Mozos de Escuadra, en la causa que se le sigue por sedición a raíz de la espectacular pasividad e incluso colaboración de los Mozos en toda esta conspiración para segregar Cataluña. Lo encuentro muy lógico, dado que el señor Trapero -a quien para esta citación de hoy se le advirtió que no fuera de uniforme, una forma de señalarle que se acabó el guiñol- parece haberse tomado sus obligaciones de defensa de la legalidad demasiado a la ligera, con lo que demuestra que ha sido una víctima más del espejismo en que han caído todos los artífices del prusés, sus secuaces y sus comparsas: el de tomarse como un festivo cachondeo lo que en realidad era algo tan grave como una rebelión separatista. Vuelvo a utilizar la palabra guiñol: uno de los pecados más graves que han cometido los nacionalistas ha sido el de la soberbia: durante años, han estado siguiendo una estrategia saturada de trampas, engaños, simulaciones y tergiversaciones con las que imaginaban que eran unos chicos listísimos que estaban burlándose de la legalidad, del estado de derecho, del Gobierno y de esos millones de españoles que no pensaban como ellos y que eran tan cretinos que no se daban cuenta. Parecían decirse: "¡Qué imbéciles son!  ¡Nos estamos riendo de ellos, estamos instrumentalizando sus leyes y sus principios para pisotearlos y no se dan ni cuenta!"
    Quien no me crea, que repase las risillas, los desprecios y las jocosas ocurrencias al hacer declaraciones de sujetos como Homs, Turull o Bosch, o el cínico aplomo de Neus Munté para presentar lo negro como si fuera blanco o viceversa, o todo el rosario de extralimitaciones sustentadas en argumentos insostenibles llevados a cabo por Mas, Junts pel Sí o Puigdemont. Es innegable: el referéndum de 2014, las leyes (?) dictadas por el Parlamento catalán en septiembre de 2017, el referéndum de 2017 y todas aquellas bobadas de las urnas y las papeletas, la inmensa manipulación informativa sobre la actuación policial del 1 de octubre, la declaración/suspensión de la independencia, la absurda respuesta que el supuesto presidente Puigdemont ha dado hoy a un gravísimo ultimátum...: tremendos actos cuyos artífices han estado llevando a cabo con estúpida ligereza, persuadidos de que los conducían como habilísimas estratagemas con las que iban a ganar y a eludir sus responsabilidades. Y me temo que las triquiñuelas de Trapero -su ambigüedad, eso de presentarse en el juzgado vestido de uniforme- formaba parte de este decorado.
    Pero parece ser que el guiñol se ha acabado. Que ni ellos eran tan listos ni los demás éramos tan tontos. Que se está empezando a pasar lista para rendir cuentas. Que ya va en serio.
    En este contexto, a la vista de que a Trapero se le está calificando de mando superior de los Mozos, creo que habría que hacer una precisión: operativamente, Trapero es un mando, de acuerdo, pero, políticamente -y lo más gordo de lo que aquí se cuece es político- es un "mandao": por encima de él está el agresivo y desaparecido Pere Soler, ese al que le damos pena los españoles, y más por encima aún, el consejero Forn, que tampoco se ha distinguido por su moderación: ¿qué hay de estos dos altos cargos? Si a Trapero se le acusa de sedición, ¿qué va a pasar con ellos? Porque supongo que a estas alturas nadie pretenderá que creamos que Trapero iba por libre y que estos dos superiores suyos no le transmitían ningún mandato. Y ya que hablamos del consejero, ¿qué hay del Gobierno catalán? ¿No tiene nada que ver en esa sedición de la que se acusa a Trapero? ¡Este Trapero, la que ha montado él solito! A ver si va a ser porque rima con Tejero. ¿Y del señor Puigdemont, que ha conducido toda la política que ha desembocado en el 1 - O y declaró la independencia de Cataluña, si bien la suspendió medio minuto después? ¿Y de Artur Mas, que puso en marcha la conspiración y convocó el referéndum de 2014? ¿Y de la señora Forcadell, que ha pasado como el caballo de Atila por encima de todas las normas y garantías parlamentarias? ¿Y de los parlamentarios que han votado leyes, referendos e independencias que sabían que vulneraban la legalidad?  
    ¿Qué hay de todos estos? ¿Es que tienen menos responsabilidad que Trapero? ¿Los llamará también un juez? Tendría gracia que los que están en un grado mayor de jerarquía o los que han violado las leyes de manera flagrante fuesen a salir mejor parados que el "mandao", a no ser, repito, que todo esto haya sido tan solo una conspiración de los Mozos, lo cual no parece ser el caso.
     Se acabó la feria: esto no era un guiñol, así que ahora... A la vista de todo esto, se me ocurre, además, una cosa: cuando las aguas vuelvan a su cauce y se aborde esa reforma constitucional por la que tanto suspiran el PSOE y su líder, ¿en qué va a consistir? ¿En buscar el encaje de Cataluña? Sinceramente, creo que eso sería como si, después del golpe de Tejero, se hubiese emprendido una reforma constitucional para buscar el encaje de los pronunciamientos militares.     

miércoles, 11 de octubre de 2017

El país del esperpento

   Que no es otro que España, ya que esa técnica literaria fue creación de  Valle-Inclán. Como sabéis, consiste en una deformación grotesca de la realidad, pero, como ya advirtió el propio Valle, con el paradójico fin de reflejar la realidad tal y como es cuando uno se encuentra en una realidad absurda hasta la náusea. Y esa era la situación en que se encontraba el genial escritor gallego cuando, hacia 1920, inventó el esperpento: ante una España tan ridículamente absurda que solo podía retratarse  con realismo mediante la deformación grotesca. Parece que, un siglo después, nos vamos acercando. 
    La declaración/suspensión de la independencia de Cataluña que presenciamos ayer es el último capítulo del esperpento español. De camino, hago esta observación: el primer Estat Catalá duró once horas; el segundo no ha llegado al medio minuto: ¿no bastaría esto para hacer recapacitar a cualquier persona sensata? Nuevamente Puigdemont nos ha hecho hacer el ridículo internacional: ¿qué estarán pensando a estas alturas sobre España los ciudadanos inteligentes de otros países? Les tendrá que parecer de chiste un país con gobernantes que declaran una independencia y acto seguido la suspenden, un país donde los poderes locales se constituyen en contrapoder estatal, un país donde el Gobierno central no fulmina de inmediato a sujetos que, como Mas en 2014 y Puigdemont en 2017, pretenden romper su integridad, un país donde se puede estar ¡diez días! con dos poderes contrapuestos mandando en una de sus regiones, un país donde se alza una conspiración golpista y no solo no se frena con contundencia, sino que hay partidos supuestamente constitucionales (PSOE, Podemos, PNV) que consideran al líder del golpismo un interlocutor válido para una negociación.
      Sin duda, el prestigio de España está hoy por los suelos, debemos de parecer un país esperpéntico en el que cualquier aventurero puede burlarse de las leyes y de los ciudadanos de bien. Un país con un sistema legal incapaz de autodefenderlo.
    Y eso no es nada: ¿qué pensarían en el mundo si conocieran la larga historia de abusos permitidos que han conducido durante más de 30 años a que el independentismo catalán haya llegado hasta donde está hoy? 
     La palabra esperpento se quedaría corta.
     Puigdemont, la CUP, la ANC y demás golpistas se han estado riendo de España durante mucho tiempo y la declaración/suspensión de ayer fue la última burla. Pero cualquiera puede entender que sus chistes tendrían muy poca gracia si no les hiciesen pagar, sobre todo, para los propios catalanes.
     Hoy, Rajoy ha puesto en marcha el 155 y Sánchez ha dicho que le ha arrancado el compromiso de reformar la Constitución; ya pueden tener mucho cuidado con lo que hacen, porque la credibilidad del sistema está bajo cero y me temo que no seríamos pocos los que no llevaríamos bien que se convirtieran en cómplices del cachondeo independentista. Esperpentos, los justos.

domingo, 8 de octubre de 2017

No es la economía, estúpido

Vista de los participantes en la manifestación.
    ¿Habrán visto esto en el palacio de la Generalidad? Puesto que lo han sacado en TV3, no me cabe la menor duda de que sí, por lo que el ilustre inquilino de aquella casa y sus aliados, aun con toda su cerrilidad a cuestas, por fuerza tienen que tener muy clara una cosa: han perdido.
     La verdad es que evidencias tenían ya en cantidad y contundentes, y en los últimos días se ha hablado mucho de una: la hemorragia de bancos y empresas que se está produciendo en Cataluña por temor a una hipotética independencia, a lo que se está dando una gran importancia. No voy a negar que la tenga, pero a mí me parece que hay cosas que están por delante: Cataluña no puede independizarse porque política, geográfica, histórica, estratégica y socialmente es parte de España; porque lo de la pertenencia social es clarísimo y delicadísmo, como se ha visto hoy: independizar Cataluña sería romperla, como está siendo un malvado empeño en romperla todo el plan indepedentista de los últimos años; porque culturalmente es muy española, como es muy catalana y como es muy universal, tal y como ha señalado hoy muy bien Vargas Llosa, y esas facetas catalana, española y universal no solo no son incompatibles, sino que son inseparables y la engrandecen, cosa que también ha dejado claro el sensacional escritor peruano (que me juego el cuello a que no le hace ascos a sentirse también un poquito español y catalán). Ante esto, la economía es un tanto secundaria, por lo que ha estado muy fino José Borrell cuando les ha dirigido a las empresas que ahora se van esta pregunta: "¿No lo podíais haber dicho antes?". Impecable: de hecho, la reptiliana conducta de la economía en este golpe de Estado de 2017 a mí me recuerda a la de aquellos generales que en el anterior, el del 23 de febrero de 1981, estuvieron desaparecidos durante las horas comprometidas y solo se manifestaron cuando vieron que la intentona había fracasado. ¡Qué mal quedaron, exactamente igual de mal que ha quedado ahora el siempre miserable mundo del dinero!
    Pues eso: no es la economía, estúpido, es la vida de las personas: ¿hasta cuándo vais a seguir jodiéndola tú y los tuyos? 

viernes, 6 de octubre de 2017

Manifestación contra la declaración de independencia

   Aunque sería raro que no lo supierais, os informo de que, para el próximo domingo 8 de octubre, Sociedad Civil Catalana, la agrupación cívica que más resueltamente se ha pronunciado en Cataluña contra los planes del independentismo, ha convocado una manifestación contra la declaración de independencia y en favor de cosas como como la democracia, la convivencia o el pluralismo. Será a las 12:00 en la plaza de Urquinaona de Barcelona. Más información, aquí:

              Todo el apoyo para esta organización, modelo de civismo, coraje y sensatez.

jueves, 5 de octubre de 2017

Aún podría dimitir

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   El personaje que sucedió a Artur Mas en la presidencia de la Generalidad y que ostenta la difícil hazaña de haberle superado en ineptitud, chifladura y, quizás, falta de principios protagonizó ayer una esperpéntica escenificación del parto de la montaña. Iba a desvelar el día en que anunciaría al mundo la independencia de Cataluña desde el balcón de la plaza de Sant Jaume, pero, fiel a su trayectoria de recurrir al engaño, al victimismo y a la finta cínica, ha pronunciado un discursete llorón en que se ha dedicado a culpar al rey (como si fuese Felipe VI el que llevase a sus espaldas una pila de desprecios a las leyes) y a hablar de mediaciones y diálogos. Causa estupor esta frase: "Gent que esperava de vostè un altre to i una apel-lació al diàleg i a la concòrdia". ¿Se atreve a hablar de concordia la cabeza visible del movimiento que ha convertido Cataluña en una revuelta permanente y ha pisoteado cien leyes que debía obedecer? ¿Es Puigdemont tan estúpido y tan cínico de dirigirle esas palabras a un jefe de Estado al que el independentismo que él lidera lleva años ultrajando con pitadas y encerronas como la de la manifestación del pasado agosto?
   Algunos tramos del discurso dan la impresión de que a este prusés y a su líder les ha fallado el cálculo: esperaban con sus mentiras y amenazas, más el concurso del coro de  tontos útiles, crear un clima que obligase al Estado a ponerse de rodillas y negociar, pero no les ha salido. Y ahora se dan cuenta de que la han liao parda y se han metido ellos y nos han metido a todos en una situación muy delicada, porque han llegado ya al callejón sin salida de tener que declarar la independencia en virtud de su referéndum grotesco e insostenible. A una elección muy cruda. ¿Por qué no ha anunciado hoy Puigdemont la fecha? Me temo que porque se ha visto ante el abismo y se ha dicho: "Y ahora, ¿qué?" Y ha pensado en la aventura demencial, en el golpe de Estado impresentable que han puesto en marcha y, ante el último paso, se ha preguntado: "¿Qué vendrá después?" Y no se ha atrevido a darlo, lo que quizás represente que no es tan memo y tan fanático como ha demostrado ser hasta ahora, pero digo solo "quizás", porque este personaje no anima al optimismo.
   Naturalmente, ya sabe muy bien que ha perdido, el problema es que parece que está dispuesto a morir matando y además tiene detrás a muchos a los que ya no les puede fallar, pero debería recapacitar, porque el daño que ha hecho hasta ahora puede ser cosa de risa comparado con los que aún pueden venir. No obstante, tampoco es él el único culpable, aunque sea el máximo responsable: ¿qué me decís de esos ultramontanos de la CUP, de esos fanáticos de la ANC con la Forcadell a la cabeza, de esa víbora apellidada Jonqueras, de ese genio de Tardá, de ese envase de rencor reconcentrado de Rufián? ¿A qué lugar se puede ir con esta tropa sino al desastre? 
   Y luego están los del diálogo y la mediación: Iglesias, Podemos, el PNV, la Coláu, esa perla importada llamada Albano Dante Fachín, ETA, la ultraderecha europea...: ¿puede alguien creer que uno solo de estos esconde una buena intención para nada? Y está también La Sexta, cómo no: ayer, a las 20:55, vi a un comentarista de esa cadena referirse a Felipe VI y Puigdemont como dos jefes de Estado frente a frente, lo juro: ¿qué diablos pasa con La Sexta? Será cosa de Roures, supongo. ¡Ah!, se me olvidaba el PSOE, que aún parece obstinarse en lo del diálogo: ¿cómo han podido, aún hasta ayer, Iceta y Sánchez pretender que Rajoy negociase con Puigdemont? ¿Tanto han tardado en entender que este señor lleva ya mucho tiempo deslegitimado? ¡Vaya linces! Otra escuadra hacia la muerte: con compañías como estas, ¿qué otra cosa podía hacer el president, sino estrellarse?  El problema radica en su empeño en que los demás nos estrellemos con él. 
    Antes de suicidarse y arrastrarnos a los demás, le quedaría otra salida: dimitir. Eso seguro que le ahorraría unos cuantos años de cárcel. 
    Mañana será otro día, a ver qué pasa. 

miércoles, 4 de octubre de 2017

O con el golpe o con la Constitución: se acabó el postureo

   Cinco minutos de mensaje del jefe del Estado han sido suficientes para dejar las cosas muy claras: como no podía ser de otra forma, las instituciones estatales van a situarse del lado de la ley, y no hará falta que os recuerde que la ley en esta España democrática -la que representa indiscutiblemente, como han señalado muchas voces dignas de crédito, la mejor época de nuestra historia- emana de la Constitución. La Constitución establece un marco legal que de ninguna manera permitía los atropellos antidemocráticos que el nacionalismo catalán lleva cometiendo durante décadas y que han culminado con la verdadera orgia totalitaria de los últimos meses.
   Se acabaron, pues, los penosos miramientos que durante demasiado tiempo se han tenido con el fascismo nacionalista, miramientos que han resultado tan dañinos como muchos veníamos señalando desde hace años. A lo que ahora se hace frente es a un golpe de Estado, y hay que ser consecuentes; tantos años de cataplasmas y titubeos han llevado a demasiados a una especie de síndrome de Estocolmo, solo de este modo me explico que muchas mentes lúcidas se hayan dejado contagiar por los hipócritas lloriqueos de los golpistas ante la actuación policial del pasado día uno, que fue incluso tímida, si se tiene en cuenta que esos festivos votantes querían nada menos que romper el país. ¿Violencia policial? Que le pregunten a Ester Quintana por la violencia policial y la moderación de los mozos de escuadra. Tan estúpidos como para dejarnos embaucar por los plañidos de los responsables de aquella carga de 2012 en que la dejaron sin un ojo no podemos ser.
   Las reacciones ante el discurso de Felipe VI han sido las esperables: están muy claras las que eran a favor, por lo que solo daré algunas pinceladas acerca de otras.
   En primer lugar, hablaré del PNV, partido cuya hipocresía es un eficacísimo emético. El verdadero problema de la España democrática ha sido y es el nacionalismo, no las fábulas que puedan tener en la cabeza los señores Ortuzar y Urkullu, a quienes les recomiendo que lean "Patria": lleva 40 años produciendo zozobra, es insaciable e insolidario, ha producido dolor, división y fractura social, es probadamente totalitario y segregacionista, está hoy en día detrás de un golpe de Estado y, por último, la organización nacionalista ETA, esa que tanta comprensión suscita en el PNV, es responsable de más de 800 muertes. Que el PNV esté contrariado con lo que ha dicho Felipe VI es una razón más para ponerse del lado del rey. El nacionalismo lleva la marca de Caín.
   En lo que dicen Pablo Iglesias y Podemos no hará falta que me detenga mucho: detrás de esas bobadas altisonantes que podéis leer en "La Vanguardia" (que, curiosamente, las resalta mucho), no se esconde más que lo de siempre en este partido: el intento de desestabilizar el país, propósito para el cual no tiene inconvenientes en apoyar al golpismo o a la aberración que haga falta. Podemos huele a podrido desde hace ya mucho.
   Y mucho también me preocupa el PSOE: que Pedro Sánchez eche en falta en el discurso del rey las menciones al diálogo representa que o este señor no se entera o es un arribista carente del menor escrúpulo, porque ese diálogo hoy en día habría que mantenerlo con el golpista Puigdemont y su partida: ¿es eso lo que quiere el aspirante a gobernar España llamado Pedro Sánchez? Pues espero que jamás pase de aspirante; por suerte para su partido, Susana Díaz ha tenido más sensatez y mejor visión del grave momento en que nos hallamos y se ha puesto del lado de la legalidad sin ambigüedades.
    Ese momento es el de la amenaza de un golpe de Estado y fractura del país, cosas gravísimas. Voy a decir por primera vez en público algo que hasta ahora solo he dicho en privado, con el resultado de que me decían que deliraba: esto puede acabar en guerra civil. De hecho, la retórica de los nacionalistas es claramente guerracivilista desde hace mucho tiempo: el guachimán ya lo señaló hace cinco años, no me explico cómo nunca se le ha dado importancia a este detalle.
    Lo dicho: ya no es momento de postureos.

domingo, 1 de octubre de 2017

Este canalla tiene que acabar en la cárcel

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   Y, naturalmente, solo puedo referirme al de la foto, este Carles Puigdemont que ha ensuciado el cargo que se le confió. Y, ya de manera inexcusable, deberán acompañarle a ese destino todos sus cómplices en el bochornoso golpe de estado del referénum: méritos les sobran. No se puede sembrar la discordia y el conflicto, abusar del poder, extralimitarse en las atribuciones y, sobre todo, llevar a cabo acciones para cargarse una nación (la española, que no les quepa duda a estos insensatos de cuál es su nacionalidad) sin pagar las consecuencias de tan tremendos actos. 
     Ayer se lamentaba este señor de que Europa le había fallado, hoy descalificaba a la democracia española por el hecho de que las fuerzas policiales hayan tenido que obrar con contundencia frente a algunos que se empecinaban en incumplir las leyes: el cinismo de este tipo (exhibido por él y por muchos de sus colaboradores de forma machacona durante los últimos tiempos) no conoce límites: enciende una rebelión contra el orden de un país libre y democrático y luego finge una remilgada desaprobación cuando la víctima de sus excesos se defiende. 
     No ha podido quedar más clara una cosa: que el verdadero objetivo de este miserable y sus compinches era cargarse el prestigio internacional de España, hacernos quedar ante el mundo, con sus manipulaciones, como un país sin libertades, cuando cualquiera que esté un poco al tanto de lo que ha estado pasando en Cataluña en los últimos años sabe que lo que en realidad ocurre es que el nacionalismo ha atentado despiadadamente contra los derechos de los que no piensan como ellos. No tienen escrúpulos, principios ni límites: con tal de obtener sus fines, tan demenciales como inviables, no les ha importado ejercer el abuso, manipular o atraer la ruina, la violencia y el descrédito, descrédito nada merecido para un país que, si de algo ha pecado con los nacionalistas, es de haberles permitido demasiado.
     Otra cosa que no puede estar más clara es que ya nada podrá ser igual. Hemos asistido al insólito espectáculo de cinco años de acoso a la unidad del país, con insultos y excesos sin cuento, y con dos convocatorias de referéndum secesionista, una en 2014 y otra en 2017, que se dejaron crecer y crecer. No me explico cómo Artur Mas y Puigdemont no fueron depuestos y encarcelados ipso facto nada más hacerlas públicas, me niego a creer que vivo en un país cuyo sistema legal es tan débil que no tiene mecanismos para detener fulminantemente semejantes atentados contra su propia integridad y la convivencia; si de verdad es así, eso tiene que cambiar.
    Se lleva desde hace ya algunos días hablando de que, a partir de mañana, habrá que dialogar. En efecto, es así, pero me temo que, a la vista de lo que ha estado pasando en Cataluña desde al menos 2012 (aunque el mal es mucho más viejo), debemos de ser millones los españoles que pensamos que la cosa no podrá ser tan sencilla como parecen imaginar los políticos y los tertulianos: una vez se les pase el berrinche a los revoltosos, a ver qué quieren y qué se les puede dar. Si se hace eso, será el adiós definitivo a la credibilidad de nuestra democracia; habrá que negociar oyendo las voces de todos y equilibrando y quizás eliminando abusos ya viejos. ¿Por qué no se va a poder hablar del sistema de conciertos, o de las inmersiones lingüísticas, o de las policías autonómicas, que acabamos de ver que son de dudosa fidelidad a la nación (además de carísimas, porque los nacionalistas han privilegiado a los afines que han ido colocando en ellas), o de esas competencias educativas cuya posesión por las autonomías ha servido para que algunos hayan estado décadas usando las escuelas para adoctrinar en el odio y sembrar sus mentiras? Habrá que dialogar, claro, pero no solo acerca del encaje de Cataluña, como no dejan de repetir ciertos mentecatos, sino sobre muchas cosas. Los problemas son numerosos y, en cuanto al encaje de Cataluña, a lo mejor los que no encajan en realidad son unos cuantos fanáticos segregacionistas, lo cual va a representar un serio obstáculo, ya que, con gente así, llevamos muchos años viendo que resulta complicado razonar.  

viernes, 29 de septiembre de 2017

Parecidos surrealistas razonables

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                 Cubo de basura barato                       Urna del referéndum segregacionista                                        

jueves, 21 de septiembre de 2017

Praxis educativa. 23: el crimen del calendario

   Siguiendo los pasos de Valencia y Cantabria, la comunidad de Madrid (y creo que algunas más, pero no sé cuáles) se ha decidido por fin en su calendario escolar para el curso 17 - 18 a perpetrar el crimen de trasladar a junio las pruebas extraordinarias que de toda la vida se han celebrado en septiembre. Como establece el artículo 3 de ese calendario oficial, en los IES, centros de FP y similares, las actividades lectivas terminarán el 22 de junio de 2018 y la evaluación final ordinaria deberá estar concluida antes del 8 de junio. En el lapso que queda entre las dos fechas, lo que habrá que hacer será lo siguiente: 
   -Con los alumnos que ya estén aprobados desde el día 8, tenerlos dos semanas entretenidos con lo que la norma llama "actividades de ampliación".
    -Con los que estén suspensos, desbrozando la hojarasca terminológica de la norma, una preparación para las pruebas extraordinarias y esas mismas pruebas, que podrán alargarse hasta el día 26.
    Llevo mucho tiempo previendo que nuestros "responsables" políticos acabarían perpetrando este atropello y señalando que no hay razones pedagógicas para llevar a cabo una medida así, la cual solo se sustenta en motivaciones de cálculo político, en especial, la de colgarse la medalla de haber acabado con esas impopulares vacaciones de los profesores (pues, con reclamaciones y demás, a muchos les va a tocar perder días de julio), para apuntarse un tanto demagógico en la eterna campaña electoral en que viven nuestros políticos. Hace unos días, me comentaba una amiga que este cambio también podría perseguir un ahorro en los sueldos vacacionales de los interinos, no lo sé, pero tampoco sería extraño. Frente a esto, se me ocurren unas cuantas objeciones muy serias que paso a referir: 
    1.- Representa un auténtico despropósito condenar a un alumno que ya lleva encima la saturación de todo un curso a afrontar esos exámenes extraordinarios dos semanas después del final de la actividad regular, semanas que se nos quieren colar como un periodo de preparación, pasando por alto que este, dadas las circunstancias en que se sitúa, va a ser en realidad una tortura de eficacia nula, lo afirma alguien que lleva décadas viendo la desgana con que los alumnos llegan al mes de junio. ¿Cree acaso el legislador que, porque él lo diga en una orden oficial, los alumnos van a estar superenérgicos, motivadísimos e inmunes al calor entre los días 8 y 22 de junio? Mucho confía en sus virtudes y en las de los boletines oficiales. ¿Por qué tenemos que sufrir en la enseñanza que se legisle con absoluto desprecio de la realidad y de las personas? 
    2.- Por lo mismo, siempre he defendido la idoneidad de las pruebas de septiembre, porque dejan al alumno tiempo suficiente para tres cosas muy importantes: descansar del curso, preparar sus pruebas extraordinarias y reflexionar sobre sus errores. Esto último lo podrá hacer reforzado además por la visión de ese verano descargado de responsabilidades de que disfrutan los compañeros que lo han aprobado todo.
    3.- Esa visualización de que le va mejor al que estudia, la vamos a perder con el nuevo calendario. Como (por desgracia) parece norma en este sistema educativo nuestro, nos hallamos nuevamente ante una penalización disparada contra los alumnos que han cumplido con sus obligaciones: ¿por qué se les toma como rehenes y se les obliga a estar dos semanas en el centro aunque ya hayan aprobado su curso? Eso de las "actividades de ampliación" es una sandez insultante: ¿para qué las quieren? ¿Acaso no han realizado ya las que debían? ¿O es que el legislador está mandando el mensaje subliminal de que aquí se programan cursos de contenidos insuficientes? ¡Con qué facilidad castiga nuestro sistema al que no lo merece y desalienta así al que demuestra mérito, seriedad o esfuerzo!  ¿Se imaginan en la Consejería el agrado con que van a recibir esos alumnos esta absurda medida, esta penalización gratuita e injusta? Deberían entender los responsables de educación que nuestros alumnos ni son idiotas ni se merecen zarandeos caprichosos. 
    4.- Tómese además en consideración el desbarajuste en que se va a convertir el final de curso: a 8 de junio, tendrán que estar resueltas las evaluaciones ordinarias, lo cual representa que, hacia finales de mayo, se harán las últimas pruebas regulares de la tercera evaluación; en la primera semana de junio, los exámenes globales de suficiencia para quienes hayan suspendido (supongo que el legislador no habrá contado con que esto se quite) y, por último, a partir del 22, las pruebas extraordinarias. Resultado: en un mes o menos, los alumnos con asignaturas suspensas tendrán que hacer frente a tres tandas de exámenes: ¿a nadie en la Consejería se le ha ocurrido que esto es una locura? ¿De verdad creen que este calendario ofrece el menor beneficio educativo? ¿Y los sindicatos, qué opinan? Al principio de la orden que establece este calendario, se dice que "han sido oídas las organizaciones representativas del profesorado": ¿es que no han tenido nada que decir, es que han estado de acuerdo o es que no se les ha hecho ni el menor caso? Ya me gustaría saberlo. 
    Sería deseable que, por una vez en la vida, hubiera gobernantes que reflexionasen y, para el curso 18 - 19, volviéramos a las pruebas de septiembre. Ya veremos dentro de un año.   

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Apollardats y renegats

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    Me entero a través de un artículo de Muñoz Molina titulado Los impuros de que han aparecido por Cataluña fotos de Juan Marsé adornadas con la palabra "renegao". Este feo atentado estigmatizador y segregador del nacionalismo catalán me recuerda un par de episodios de la vieja mili.
   El primero me ocurrió a mí. Estaba un día hablando con un compañero que era catalán y otro que era riojano y les contaba que yo había nacido en Barcelona, pero vivía en Madrid. El riojano resumió mi trayectoria con un chiste ácido: "O sea, que eres un catalán renegat". Nos echamos los tres a reír.
   El segundo es una anécdota que me contó un amigo. En su cuartel había un sargento un tanto guasón que, a los que eran particularmente idiotas o estaban particularmente descolocados, los llamaba apollardaos, salvo si eran catalanes: a estos los diferenciaba con la denominación de apollardats.  
   Parece ser que la actual Cataluña ya está acuartelada y con los papeles repartidos: a personajes tan dignos como Marsé, uno de nuestros mejores escritores vivos, alguna capillita inquisitorial les ha colgado el cartelito de renegats, mientras que el de apollardats se lo han reservado para sí mismos el cóctel de energúmenos, manipuladores, incendiarios, iluminados y  corruptos que navegan en la nave de los locos separatista.  

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Juana no está en mi casa (por fortuna)

   Me resultaría increíble que alguien no recordara la que a mi juicio ha sido la serpiente de este verano: el asunto de Juana Rivas, la mujer granadina que, cuando tenía la obligación legal de devolver sus dos hijos a su expareja, que tiene la custodia legal, escapó con ellos y se ocultó nadie sabe dónde, alegando que los niños corrían peligro si retornaban con su padre. Naturalmente, esto pudo suscitar en la ciudadanía muchas reacciones, entre las cuales era una posibilidad razonable hacerse estas preguntas: ¿puede alguien desobedecer un mandato judicial? ¿No es lo que ha hecho esta señora un secuestro o algo equivalente?  Estas preguntas resultaban muy pertinentes, dado que, en lugar de activarse una diligente búsqueda de Juana Rivas, lo que se produjo fue una especie de relajada pasividad, envuelta en una insólita feria de concentraciones de apoyo (aquellos cartelitos y aquellos gritos de "¡Juana está en mi casa!"), ruedas de prensa en las que una tal Francisca Granados la defendía con sobreactuada agresividad, reacciones de apoyo de políticos y famosos y una respuesta especialmente desafortunada, la de Mariano Rajoy, quien por aquellos días, a propósito del desafío soberanista, no paraba de decir que las leyes hay que cumplirlas, de manera que no debió contestar eso de "A las personas hay que comprenderlas" cuando le preguntaron por una Juana Rivas que estaba desobedeciendo un mandato judicial. En este contexto, acabó resultando también muy pertinente hacerse esta otra pregunta: ¿qué habría pasado si Juana Rivas hubiera sido Juan Rivas? Nadie puede negar que la violencia de género es un asunto delicadísimo, pero la ley que la afronta en España tiene notables grietas, eso lo han dicho muchas voces muchísimo más autorizadas que la mía. 
 Resultado de imagen de juana rivas
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    El resultado fue este: un lamentable esperpento en el que, a una persona que se había fugado con unos menores, la sociedad española la arropaba y jaleaba, los medios de comunicación sin duda la apoyaban (mírese el eco que le daban a la señora Granados) y muchos mandatarios le transmitían su solidaridad o su comprensión. ¡Qué imagen dimos! ¡Debimos de quedar como un país en el que las normas no valen para nada! Nos faltó frialdad y seriedad, racionalidad; una vez más, como ya viene siendo demasiado habitual y conducidos por unos medios de comunicación que parecen encontrarse comodísimos instalados en la demagogia, la corrección política y el sensacionalismo, nos dejamos arrastrar por la irreflexión. Desconozco lo que habrá de realidad y de mentira en los respectivos relatos de Arcuri y Rivas, pero nada justificaba tanta benevolencia y tanto respaldo para esta: era ella quien incumplía las normas, era ella quien arrebató a los niños; por otra parte, su conducta incluía cosas que no eran coherentes: después de la sentencia de maltrato de 2009, ¿por qué volvió con ese hombre e incluso tuvo otro hijo con él? Tampoco parece que hablasen en su favor el espectáculo que montó o su histrionismo: mirad las fotos que adjunto: ¿cuál es la verdadera Juana Rivas? Desde luego, rara vez la vimos serena ante las cámaras.
   Pero la cosa no ha terminado. Hoy se publica la noticia de que Francesco Arcuri, que durante todo este jaleo se mantuvo bastante discreto, ha decidido por fin pronunciarse, pero ya en serio, y no en la prensa rosa, y lo que piensa hacer tiene bastante enjundia. Si leéis la noticia que enlazo, su abogado afirma que Arcuri considera que en España fue zarandeado y difamado por medios de comunicación y políticos, así que piensa poner una demanda exigiendo una elevada indemnización. Otra cosa que piensa hacer es denunciar ante los tribunales europeos la ley española de violencia de género, a la que considera vulneradora de los derechos humanos de los hombres que viven en España, cosa con la que estoy absolutamente de acuerdo, y añadiría además que es terriblemente discriminatoria, algo bastante incomprensible. La noticia es interesante, os recomiendo leerla. ¿Acabará resultando que este carnaval de Juana Rivas es la vía por la que accedemos a la derogación o la reforma de la ley contra la violencia de género que tenemos en España, que tiene importantes defectos? Entonces, habrá merecido la pena pasarse el mes de agosto con este culebrón. 

Llevo dos horas mirando...

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...y no veo ninguna diferencia.