viernes, 1 de diciembre de 2017

Sanchiceta

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   ¿De qué se compone la pólvora? De azufre, salitre y carbón, lo aprendíamos de pequeñitos -al menos, en mis tiempos- generalmente en algún tebeo, con advertencia de los letales efectos de este producto. ¿Y la nitroglicerina? Esta se consigue mezclando debidamente ácido nítrico, ácido sulfúrico y glicerina, pero era cosa que ya aprendíamos en clase de Química, porque esto ya eran palabras mayores en lo que a peligrosidad se refiere, tanto por su tremendo potencial explosivo como por su inestabilidad: la nitroglicerina puede pegar un pedo importante al menor meneíllo, como, quien más quien menos, habremos visto todos en alguna película.
    Pues bien, amigos míos, lamento daros una pésima noticia: en el mundo de la pirotecnia política acaba de aparecer una nueva fórmula que deja a la nitroglicerina al nivel de las pompas de chicle: la sanchiceta. Y lo peor es que es muy fácil de conseguir: tómese a Pedro Sánchez como secretario general del PSOE, tómese a Miquel Iceta como sumo pontífice del PSC, únanse sus particulares intereses y ya tenemos una carga de sanchiceta, tan apocalíptica que haría relamerse al mismísimo Kim Jong-un.  
    Cuando, al aplicarse el famoso 155 en Cataluña y en los días previos y posteriores, Pedro Sánchez empezó a poner cara de tipo responsable y a lanzar mensajes cuerdos que hacían pensar en su lealtad a la Constitución, a España y a la estabilidad política, los que a fuerza de desengaños hemos alcanzado un olfato hipersensible a la demagogia, comprendimos sin resquicio para la duda que estaba fingiendo, porque esa pose entraba en abierta contradicción con todo lo que anteriormente había ido revelando acerca de él y de sus intenciones: su propósito de desbancar a Rajoy para alcanzar su puesto a cualquier precio, que le ha empujado a adoptar ciegamente hasta las posturas y políticas más disparatadas; su cerril encastillamiento en disparates como aquel de "No es no"; su incompetencia y su falta de visión política, tan desmesuradas que hacen entender que muy mal tiene que estar el PSOE para tener semejante secretario general; la insensatez aquella de la nación de naciones... Se veía claramente que sus pronunciamientos contra el independentismo eran postizos, que seguramente los había adoptado a regañadientes poco menos que obligado por imposición de los sectores sensatos de su partido, porque él ha dado ya sobradas muestras de ser incapaz de entender por sí solo hasta evidencias como la gravedad del momento político que actualmente atraviesa España. ¿Qué decir de Iceta? El oportunismo, la falsedad, la carencia de principios y la vaciedad personificadas, lo ha retratado a la perfección en frase muy escueta Inés Arrimadas, quien, me figuro que no con placer, debe de conocerlo muy bien: Iceta solo es fiel a sí mismo. 
   Y, para corroborarlo, el propio Iceta nos ha fulminado con las dos primeras andanadas de su propuesta electoral, de las que Sánchez no se ha desmarcado: condonación de parte de la deuda catalana y la creación de una Hacienda particular para aquella comunidad: parece ser que su plan es reconducir la intentona separatista a base de premiar a quienes la respaldaban. Hay, eso sí, un dato en su descargo, y muy importante: mientras existan los privilegiados sistemas fiscales vasco y navarro, a las propuestas como la suya les quedará abierta la puerta a argumentar que buscan el desagravio, no el abuso. Eso hay que replantearlo y solo se me ocurren dos vías: la recentralización o un nuevo pacto fiscal en el que entren todas las autonomías, incluidas esas a las que se les dieron privilegios pensando que con ello se tranquilizaría a los del tiro en la nuca. Nada fue como se pensó, esto hace tiempo que chirría. 

2 comentarios:

  1. Iceta, apologeta, menos Apolo que geta, predica una política de esteta, por su bonita geta, seguir mamando de la española teta, y seguir traicionando, a los que le sigan votando, mientras se van quejando, de que no se los comprende, son especiales aunque no sean nada, y si no, siempre les quedará Ada!..

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    1. El fiel de la balanza en las elecciones y la política catalanas puede ser (o, más bien, es) el PSC, que está claro que es un fiel más bien infiel. Preocupa.

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