viernes, 14 de junio de 2019

La ramplona demagogia de Rafael Van Grieken

   Por razones de muy diversa naturaleza, a pesar de estar ya jubilado, mantengo muy vivo el contacto con el mundo de la enseñanza, lo que me permite estar bastante al día de lo que ocurre tanto en la Primaria como en la Secundaria y, muy especialmente, en los institutos de la comunidad de Madrid. Se da la casualidad de que últimamente he hablado con compañeros de muchos de ellos y en todos se está dando un problema: el caos absurdo que se ha formado por la disparatada medida de suprimir los exámenes de septiembre y colocarlos en junio. Los males son muchos y graves: al reducirse el número de días lectivos, en el último trimestre se han hecho extremadamente escasos los que quedan para dar clase, ya que las últimas semanas se han convertido en una agotadora maratón de exámenes acumulados; los alumnos suspensos llegan al examen extraordinario cansados, saturados y hartos; los alumnos que han aprobado en el periodo ordinario ni entienden ni aceptan que se les encierre como rehenes de un calendario estúpido cuando para ellos el curso ya ha terminado; es complicado dar clase con todos los alumnos agotados y con parte de ellos enrabietados porque están allí para nada y, por consiguiente, quejándose sin parar. Este panorama me lo han descrito muchos profesores y algunos padres: para ellos también es absurdo, así que, una vez más, los responsables (?) políticos están vendiendo una moto que no quieren ni sus potenciales compradores.
   Ante este colosal despropósito, don Rafael Van Grieken, el consejero de Educación, en lugar de hacer lo que le correspondería como máxima autoridad del sector, es decir, analizar la situación, detectar el problema (que es tan clamoroso que podría ahorrarse el previo paso del análisis) e implementar soluciones (entre las que, en este caso, la revocación de la desafortunada medida implantada el año pasado no debería ser una posibilidad sino la única posibilidad), ha optado por refugiarse en la propaganda demagógica. Hace falta tener un respeto muy escaso hacia los alumnos, los profesores y la inteligencia de la ciudadanía para defender el paso de los exámenes de septiembre a junio por estas dos "grandes ventajas":
    -Que los alumnos de ESO y Bachillerato con todo aprobado emplean los últimos días de curso en talleres formativos. 
     -Que el porcentaje de alumnos aprobados a final de curso es mayor.
    En lo referido a la primera, me temo que cualquiera de esos alumnos que haya oído esto habrá pensado que el consejero puede quedarse para él sus cursos de rap, ajedrez y lectura, así como ese "taller de violencia de género, que se hace con Cruz Roja" (sic), actividades todas ellas que pueden estar muy bien como opción voluntaria, pero que resultan una broma de pésimo gusto cuando se imponen como relleno de un calendario necio y vacío a chicos que lo único que quieren es disfrutar de sus MERECIDÍSIMAS vacaciones.
   La segunda es igualmente bochornosa y un alarde de cinismo aún mayor. En el último de los muchos artículos que llevo escritos sobre este despropósito (y abuso) del adelanto de las convocatorias de septiembre, señalé una vez más el verdadero y oculto objetivo de esta medida: el constituir una nueva intimidación sobre el profesorado para que pusiese aún más facilitos los aprobados, ya que, al quedar los exámenes extraordinarios a las puertas del mes de julio, bastaría una reclamación, por estúpida que fuera, para recortar las vacaciones (también merecidísimas, por cierto, y absolutamente legítimas, al contrario de lo que pregonan unos cuantos ignorantes) no solo del docente al que fuera dirigida la reclamación, sino incluso de compañeros del departamento y del grupo al que perteneciera el alumno reclamante. ¿Quién no va a pensarse dos veces el suspender a nadie ante tales perspectivas? Para quien no me crea, dejo en la nota 1 los dos documentos que regulan en Madrid el procedimiento de reclamación, que puede alargarse varios días, o muchos, si la reclamación es de esas que se complican. Y ahora sale el señor Van Grieken felicitándose por el aumento de los aprobados. ¡Normal, señor consejero, eso ya sabíamos que iba a suceder, ahí están los enlaces para demostrar que no miento! Pero también sabíamos la razón: no era que los alumnos fuesen a aprobar más gracias al adelanto a junio por una mejora en el aprendizaje (cosa imposible con una medida así, se cae por su propio peso), sino, una vez más, por medio de una de las trampas más características de nuestro actual sistema, una de las más perjudiciales y odiosas, pero, lamentablemente, muy del gusto de los políticos: la presión sobre los profesores para que pongan el aprobado más fácil de lo que debieran.
    Quiero dejar por enésima vez constancia de una cosa: cuando un político se cuelga medallas hablando de resultados educativos, no está hablando de aprendizajes, sino de calificaciones, por lo que siempre en estos casos deberemos preguntarnos si no las han amañado.

(1) Estos son los  documentos, ambos de gran importancia y que a todo docente madrileño le conviene conocer:
 -Normativa para la ESO: Orden 2398/2016 de 22 de julio:
Lo relativo a las reclamaciones aparece en el art. 42. También se incluye ahí lo de la petición de fotocopias de exámenes, otro asunto que está empezando a ser problemático.
   -Normativa para Bachillerato: Orden 2582/2016 de 17 de agosto (actualizada a 9 de abril de 2018):
Lo de las reclamaciones está en el artículo 35. También se incluye ahí lo de la petición de fotocopias de exámenes, otro asunto que está empezando a ser problemático.

lunes, 10 de junio de 2019

Praxis educativa. 30: estudiantes ejemplares y cultura del esfuerzo

   Apareció ayer en el Telediario de las tres de TV1 un reportaje sobre Lia Motrechko, una adolescente ucraniana que llegó hace unos meses a Sevilla procedente de Crimea sin saber nada de español, pero, aun así, a lo largo del poco tiempo transcurrido desde su llegada hasta el final de curso, ha tenido una aplicación tan extraordinaria que ha obtenido el mejor expediente de 4º de ESO de todos los alumnos de Sevilla, donde reside. Que Lia debe de ser una persona de gran talento es algo que queda fuera de toda duda y por lo que merece una felicitación, pero también habría que felicitarla no solo por el esfuerzo que habrá hecho, sino por mostrar un talante contrario a que se le concedieran facilidades, pues, como cuenta ella misma (podéis verla en el noticiario que enlazo, a partir de minuto 27:00), se le ofreció darle las clases en inglés, lengua que ella ya manejaba, pero prefirió afrontar sus estudios en español, a pesar de que lo desconocía. Y, aun así, ahí está el resultado, reitero mi felicitación.
   Los tres ingredientes del éxito de Lia han sido sin duda estos: capacidad, ganas de aprender y esfuerzo. Voy a detenerme algo en este último, porque desconozco personalmente a esta joven, pero sí sé que en los países del Este de Europa, de donde ella procede, todavía existe la cultura del esfuerzo, lo que representa una diferencia sustancial con el nuestro, en el que reina la cultura del apoyo y la facilidad, lo que ha ocasionado un perjuicio no pequeño al propio sistema, a los resultados que podría obtener y a los alumnos a cuyo servicio está puesto, los cuales -estoy absolutamente convencido- sacarían mayores beneficios de su educación si no tuviesen las altísimas expectativas que hoy tienen de que el aprobado que solo debería ser fruto del esfuerzo lo pueden obtener sin molestarse, a base de facilidades, rebajas, presiones y protestas.
   Lia me ha recordado mucho a Anka, una alumna polaca también de 4º de ESO que tuve hace algunos años. Llegó de su país en abril y sin saber español, pero, al acabar el curso, manejándose ya muy bien en nuestra lengua, aprobó todo con unas notas excelentes, en un grupo en el que en torno al 50% de sus compañeros las sacaron muy malas. No obstante, también me ha recordado a otros alumnos extranjeros que, independientemente de que no procedieran de esos países, se esforzaban mucho: hablo, por ejemplo, de Samira, una alumna de origen marroquí que en su grupo (un 1º de Bachillerato), a pesar de las dificultades con el idioma, fue la mejor: yo le puse un 9 y todos los profesores estábamos encantados con ella. O de Ashkan, mi alumno iraní de un 1º de FP1 que, con solo dos años en España, se expresaba muy bien en nuestra lengua y era el mejor de su clase.
  Los tres, aparte de sus aptitudes, compartían con Lia la disposición a ganarse las notas y el conocimiento con su esfuerzo. Pero... ¿y sus compañeros españoles? En la clase de Anka había una buena estudiantes más, mientras que el resto eran mayoritariamente de esos que se presentan a los exámenes sin haber tocado un libro; en la de Samira, había unas cuantas alumnas tan capacitadas como ella, pero, a la hora de los exámenes o de la lectura de libros, acreditaban una aplicación muy por debajo de la que demostraba ella, aunque lo peor no era eso, sino que se reunía allí un no pequeño número de esos alumnos que solo se explica que hayan podido entrar en Bachillerato por las aberrantes lagunas de nuestro sistema, alumnos de muy bajo conocimiento y nulo trabajo, que encima se permitían el lujo de indignarse cuando se les suspendía. En cuanto a la de Ashkan, estaba compuesta por treinta chicos y una chica, y solo aprobaron mi asignatura esta última y él, y en las demás la cosa no fue mucho mejor. Cuando hablaba con ellos sobre mi asignatura, solía decirles que habían tenido muy mala suerte con Ashkan (con el que se llevaban muy bien), ya que por su culpa no podían achacar a mi supuesta dureza sus malos resultados, pues, si él, con sus desventajosas condiciones, estaba sacando bien el curso, cualquiera de ellos podía hacerlo también a poco que se lo propusiera: era la prueba de contraste que ponía en evidencia su dejadez.
    Todos esos alumnos (y notemos que hablo ya de hace mucho, pues el grupo de Ashkan era de los últimos años del anterior sistema) estaban atrapados en la funesta corriente que el pedagogismo y ciertas concepciones desastrosas de la enseñanza han introducido en nuestra educación: la de que a los alumnos hay que darles las mayores facilidades para que puedan aprobar. Con la aplastante lógica de la ley del mínimo esfuerzo, un gran número de nuestros estudiantes (aunque lo sean solo de forma nominal), han llegado a esta conclusión: si me van a aprobar de todas formas, ¿para qué me voy a esforzar? Y es que no todo el mundo es como Lia, Anka, Samira o Ashkan, sino que hay mucha gente que solo se esfuerza cuando no queda otro remedio. Un sistema que no obliga al alumno a esforzarse es mediocre y embrutecedor. 

domingo, 2 de junio de 2019

Los derechos de Latifa y los de quienes votaron en su mesa

   En las pasadas elecciones, saltó a los medios una incidencia ocurrida en un colegio electoral de Ceuta, la cual consistió en que la presidenta de una de las mesas, una joven musulmana llamada Latifa Dailal, ejerció su responsabilidad ataviada con un niqab, una prenda femenina que lo único que deja visible de la cabeza de su portadora son los ojos. Esto produjo roces con algunas personas, en especial, el secretario general de Vox en Ceuta, que finalmente obligaron a la intervención de las fuerzas de orden público.
   Quizás por la señalada intervención de un representante de un partido (en este caso, Vox),  algunos han enfocado este asunto desde las perspectiva de las libertades políticas, cosa que creo desacertada, ya que en él poco importa que los implicados sean de derechas, de centro o de izquierdas, pues a mi juicio está relacionado con un ámbito más esencial y más amplio: el de los derechos civiles, desde el cual lo han interpretado la mayoría de los medios y también debieron de hacerlo esas autoridades que zanjaron las diferencias, ya que lo hicieron determinando que la señora Dailal podía ejercer como presidenta amparada para vestir como quisiera por el respeto al intocable mandato de sus convicciones religiosas, aunque esto representara que su identidad apareciese encubierta. 
   De nuevo creo que se cometió un desacierto, pues, si bien se respetó el derecho indumentario de la señora Dailal, se vulneró de forma lamentable el de los votantes y demás participantes en la importantísima ceremonia ciudadana, política y democrática que representan unas elecciones a conocer algo tan primordial como la identidad de quien ejercía la presidencia de su mesa, identidad que quedaba oculta por un procedimiento tan primario y expeditivo como la ocultación de su rostro. ¿Tenían los votantes del colegio de la señora Dailal, los policías y responsables administrativos, los interventores y apoderados o los miembros de las mesas derecho a conocer ese rasgo elemental de su identificación? ¿Tenían derecho a sentirse intrigados, inseguros o incluso discriminados por el hecho de que se le permitiese ocultarlo? A no ser que se haga un enorme alarde de candidez, estupidez o cinismo, en ambos casos la respuesta solo puede ser un sí rotundo, así que la razón que se adujo para permitir que lo siguiera ocultando (que ya se lo había mostrado en secreto a la vicepresidenta de la mesa) es un disparate tan monumental que no voy a detenerme en desmontarlo por no alargarme demasiado. 
    Hace algunos años, con ocasión de un sainete similar, publiqué un artículo titulado Malala y los burkas de Lérida, en el cual utilicé los mismos argumentos que voy a usar a partir de aquí, pues no han perdido ni un miligramo de vigencia. ¿Qué habría sucedido en el colegio ceutí donde presidió una mesa Latifa Dailal si se hubiese presentado un votante con la mascara de Darth Vader, otro con un pasamontañas, otro -recién llegado de un campeonato de esgrima- con su rejilla de espadachín y un cuarto que llegara de una urgencia laboral tapándose la cara, por su amor al trabajo, con la protección de soldador? ¿Les habrían dejado no ya votar, sino tan siquiera acceder al colegio en tales condiciones de encubrimiento de su identidad? Mira que lo dudo. ¿Le habrían dejado a un pastafari presidir la mesa de Latifa con un colador de pasta como sombrero, o a un entusiasta de los carnavales con máscara de peliqueiro o a un nudista en pelota picada? No lo veo probable. Y me parecería lo adecuado: razones de seguridad, respeto al acto y a los presentes o decoro habrían hecho muy razonable que ninguno de estos excesos se permitiera. 
   Pues no creo que Latifa Dailal presentara el menor motivo para que con ella se hiciera la injustificable excepción que se hizo. Las manidas razones de tipo religioso que en su caso se impusieron no pueden de ningún modo convertirse en el salvoconducto para tener más derechos que los demás, porque las sociedades se rigen por normas de justicia, civiles y generales que envuelven a todos, y la convivencia no funciona si se privilegia a algunos por razones de creencia, personales o particulares, como son las religiones. En las sociedades civilizadas y democráticas, que han demostrado ser las que mejor funcionan, hay que ser muy cuidadosos con la igualdad, cosa sobre la que hoy en día reina en España una gran confusión, por lo que a las instituciones les toca una enorme responsabilidad clarificadora. El pasado día 26, en cierto colegio electoral de Ceuta, no estuvieron muy finas.

domingo, 26 de mayo de 2019

El hombre que mató a Liberty Valance y el 1-O

   Han producido un notable revuelo estos días unas declaraciones de Manuel Cruz, el presidente del Senado, sobre todo por una de las varias cosas irritantes que deja caer: la advertencia de que, si los procesados por el 1-O no son absueltos, "los sectores independentistas reaccionarán". El señor cruz, sibilinamente, no dice cómo, así que me voy a tomar la libertad de suponerlo yo: enfadándose mucho, diciendo que España es una dictadura, tratando todavía más de cargarse nuestro prestigio en el mundo, montando manifestaciones con tractores y todo, poniendo más lazos amarillos, asfixiando aún más a los que no piensan como ellos... El revuelo de la entrevista se ha montado especialmente por esto: ¿estaba el señor Cruz tan solo avisando de lo que iba a pasar o pretendía sugerir que mejor sería absolver a los golpistas para que no pasase? A quienes han creído esto último, no les ha hecho gracia que el presidente del Senado se permita tales sugerencias.
   No más afortunada ha estado Marichel Batet, presidenta del Congreso, con su renuencia a cumplir su obligación de suspender automáticamente como diputados a los cuatro presos independentistas una vez estos habían prometido sus cargos, con fórmulas esperpénticas y de dudosa validez, por cierto.  Ha forzado una absurda confusión entre la ciudadanía y un lamentable choque entre el Tribunal Supremo y las Cortes, todo para llevar al exceso el respeto de los derechos de unos personajes que han pisoteado los de mucha gente y las leyes de su país.
   No pasemos por alto que Unidas Podemos se ha opuesto rotundamente a la suspensión, incluso en la mesa del Congreso, donde votó en contra. Sus representantes en ese órgano, Gloria Elizo y Gerardo Pisarello, no podían ignorar que, de haber hecho todos los miembros lo que ellos, probablemente la mesa habría incurrido en prevaricación, con lo que podemos sacar conclusiones acerca del respeto por la ley de estos dos representantes del pueblo.
    Y es que parece ser que, para el podemismo, los derechos de los independentistas, libres o presos, son de una calidad especial, como muy bien se demuestra en el artículo titulado El peligro se llama Manuel Marchena, que hace nada publicó Carlos Elordi en eldiario.es. Entre las muchas insensateces que ahí se acumulan, se halla esta hipótesis del autor: según él, el presidente del tribunal que juzga a los conjurados está predispuesto a condenarlos con dureza, lo cual para Elordi sería malísimo, porque cerraría la puerta a una negociación del Gobierno con los elementos más moderados del separatismo. Es decir, que este periodista y el órgano de Podemos para el que trabaja aún predica la vieja fórmula de la cesión ante los nacionalistas para apaciguarlos, fórmula apolillada y desastrosa que no ha tenido más resultado que este: hacerlos cada vez más fuertes y chulescos a ellos y más excesivas a sus pretensiones. 
   Cruz, Batet, Pisarello, Elizo, Elordi, el PSOE y Podemos caen en estos episodios en la misma vileza: la de pretender que se juzgue a los presos del 1-O y al separatismo no por sus actos, sino por ser quienes son. Eso es, sencillamente, apisonar la democracia, la igualdad y la justicia: la indecencia de mirar hacia otro lado cuando los violentos o los fuertes cometen abusos. De eso sabemos mucho en España: se hizo en el País Vasco durante los años de ETA y se está haciendo ahora en Cataluña. No se puede decir que hay democracia en un país mientras se dé una situación semejante; es como en aquella famosa película de John Ford, El hombre que mató a Liberty Valance: mientras en el pueblo haya un tipo que se impone con un látigo y un revólver, que destroza la redacción del periódico, que le da una paliza al periodista, o... que echa mierda en los juzgados o en la casa de sus adversarios políticos, da una paliza a los guardias por ser guardias, se adueña de la calle y la llena con sus símbolos mientras quema los de los demás, acosa a los políticos de otros partidos o pega a los que acuden a sus actos, no podremos decir que vivamos en un país civilizado. Dar un trato de privilegio a quienes han querido romper el país solo para que sus seguidores no se indignen es exactamente lo mismo que admitir que Liberty Valance tenía derecho a ir por la vida arreando zurriagazos con su látigo.    

viernes, 17 de mayo de 2019

Las fantasías de los expertos educativos. 4: el "cole" que les birló la pelota a los niños

   El pasado 12 de mayo, publicaba "El País" un artículo de Ana Torres Menárguez con este titular: El colegio público que ha desterrado la pelota. Donde el guachimán habla  de birlar, ella habla de desterrar, pero en el inmediato subtitular despeja todas las dudas sobre su aprobación de ese destierro:
   El Martinet, un centro público de Ripollet, tiene un proyecto pedagógico innovador sin asignaturas ni balones y lucha contra la Administración para eliminar la cancha de su patio.
   Nos hallamos sin duda ante un episodio más de ese curioso Juego de tarimas que la señora Menárguez y "El País" tienen montado, en el que se relata la épica lucha de la luminosidad de la innovación educativa contra las tinieblas pavorosas de la carcundia escolar, que es lo que ellos consideran que es la labor eficaz, sensata, constante, con sólidos fundamentos y cero aspavientos que lleva a cabo la escuela de toda la vida. Desmenucemos la semántica velada del subtitular del artículo:
Términos positivos, chachiguay y de salerosa pedagogía innovadora:
Proyecto: todo proyecto es bueno per se, sobre todo en la educación actual, donde son el moderno, dinámico y divertido invento que se va a cargar a las apolilladas asignaturas. ¡Hay que trabajar por proyectos! ¿Para enseñar qué? ¡Hombre!, si nos ponemos pijoteros...
Pedagógico: de pedagogía, ya se sabe, el arte de convertir a los niños en lumbreras jugando. 
Innovador: hay que pasarse la vida siendo innovador y novedoso; si no es nuevo, no vale, es facha y huele a lista de los reyes godos.
Lucha: heroico empeño de los innovadores contra las conspiraciones del mundo conjurado contra ellos.
Términos negativos, casposos y de odiosa instrucción facha y anticuada: 
Asignaturas: eso tan aburrido y antiguo con que se tortura a los niños a base de lecciones magistrales.
Balones: torpedos de forma esférica que los nazis dejaron sin usar y que el fascismo ha sembrado en los patios de las escuelas para esclavizar y embrutecer a los alumnos y las alumnas con juegos violentos, machistas y que monopolizan los espacios.
Administración: ¡ese monstruo burocrático que persigue a los heroicos innovadores y no les deja sembrar su salvífico evangelio! Uno de sus mayores vicios es el de crear normas y pretender que se cumplan.
Cancha: territorio donde predominan la violencia y el machismo y se realizan prácticas aberrantes como el fútbol, el balonmano, el balonvolea o el baloncesto, todas las cuales, como se ve, utilizan el balón como arma de destrucción masiva.
   Será difícil encontrar un maniqueísmo más barato y pueril, pero todos sabéis que este lenguaje simplón es uno de los instrumentos más eficaces de que se sirve la innovación educativa para sembrar sus embustes. Y quiero señalar que, en este caso, en lo referido a la Administración, se está usando con un hipócrita cinismo, ya que la realidad es que está invadida y controlada por partidarios de las disparatadas propuestas a que la autora del artículo acostumbra a dar cobertura. Uno de los peligros que amenazan a la escuela actual es la multitud de disparates innovadores que pretenden tomarla al asalto, pero lo hacen bajo el paraguas de las actuales líneas de la Administración educativa: es un alarde de cinismo presentarlos como perseguidos, más aún, cuando son mimados no solo por la Administración, sino por los medios, como demuestra el artículo de la señora Menárguez.
   No voy a poder rebatirlo punto por punto, porque es muy largo y está plagado de aberraciones, así que me limitaré a una valoración general. El proyecto del colegio "Martinet" es un caos donde se han suprimido cosas tan esenciales en la enseñanza como el orden, la organización y la posibilidad de verificar no ya lo que los alumnos aprenden, sino tan siquiera que aprendan algo: no hay asignaturas, no hay clases, no hay exámenes: no hay nada. Que no haya canchas ni balones es lo de menos, es tan solo un síntoma de que cierto fanatismo pedagógico actual no tiene el menor empacho en llevarse por delante hasta el pavimento cuando se trata de poner en marcha sus delirantes utopías. Síntoma muy preocupante, ni que decir tiene, porque es el síntoma del radicalismo de quienes se creen en posesión de la verdad. La retórica en que se sustenta la eliminación de canchas y balones está plagada de mentiras, porque no es cierto que las pelotas monopolicen los patios de los colegios ni que el fútbol sea machista ni agresivo, lo señalé ya cuando analicé la propuesta de las señoras Moreno y Penna, aquella propuesta respaldada por CCOO y que transpiraba un feminismo enfermizamente dogmático y un encarnizado odio a la heterosexualidad. Esa propuesta asustaba, como asusta ver un centro donde parece que se ha implantado algo parecido. 
    Por nada del mundo llevaría a mis hijos al colegio "Martinet", no solo por su fuerte sesgo ideológico, sino porque leo el artículo y acabo preguntándome: y los alumnos de este centro ¿qué hacen? Da la impresión de que nada concreto: pasear por el campo, mirar, esperar a que abran el comedor, jugar con juegos de construcciones de madera... o lo que les dé la santa gana. ¿Todo el curso en ese plan? ¿De verdad que así se aprende? Mirad que lo dudo. Y esto es muy grave, porque, como ya he dicho muchas otras veces, al final el que está es siempre el mismo: el alumno, que es el que aprende o no aprende. Y, si lo que sucede es esto último, no está nada bien que sean ellos quienes paguen los platos rotos de los delirios de nadie, de los experimentos de algunos que juegan a sentirse los que un día revolucionaron el mundo porque, donde había un colegio, pusieron un salón de juegos... en el que se podía jugar a todo menos a la pelota.

Si desea conocer más fantasías pedagógico-psicodélicas, pulse aquí.

jueves, 9 de mayo de 2019

"Cuaderno de un profesor", por Alberto Royo

   Después de Contra la nueva educación y La sociedad gaseosa, libros en los que  abordaba los problemas de nuestra educación actual (en un sentido estricto en el primero y con una óptica más amplia en el segundo), ha publicado recientemente Alberto Royo un nuevo libro sobre educación, Cuaderno de un profesor, el cual está obteniendo la excelente acogida que se merece. 
    Es este de la acogida un motivo por el que debemos felicitar a Alberto y felicitarnos también todos aquellos que estemos interesados en que se sepan y se digan altas y claras dos cosas: que la verdadera educación consiste en la transmisión de conocimientos por aquellos que realmente los poseen y que el sistema educativo español actual tiene algunas cosas que necesitan serias mejoras, particularmente, una: los recursos y mecanismos para hacer frente al mal comportamiento de esos alumnos que un buen día deciden olvidarse de que existen el respeto y las obligaciones. Dado que en este libro lo que Alberto nos cuenta es su labor diaria como docente (ya sé lo que habréis pensado los de ese sector que lleva años madurando una moción de censura para arrebatarme las riendas de este blog: ¡pues claro, guachi, lumbrera: es un diario, lo dice el título), nos hallamos ante el vehículo adecuado para reflejar el daño que esos alumnos hacen al proceso educativo: daño a sí mismos por lo que poquito a poco se van hundiendo sin saberlo y creyendo hacer otra cosa; daño a esos profesores y a esa actividad a quienes a menudo ofenden; daño a esos compañeros cuya formación entorpecen y a quienes someten a intolerables conflictos; daño a ese sistema cuya eficacia empeoran...: ¿hacen falta más argumentos para sostener que es imprescindible poner los medios para cortarles las alas a esos alumnos "disruptivos"? Bien, pues, aun así, los responsables político-educativos de este país de paisitos llevan lustros sin enterarse. Y, por si esto fuera poco, cada vez parecen más empeñados en lastrar la ya de por sí complicada tarea docente con una carga burocrática que cada curso es más absurda y voluminosa que el anterior, cosa de la que a menudo me hablan mis amigos aún en ejercicio y de la que también hay unos cuantos testimonios en este libro. 
   Ahora bien, en el retrato que Alberto hace de su cotidiano quehacer, no solo da cuenta de los obstáculos, sino que también presta atención a lo bueno: a lo que va enseñando y sus alumnos con más o menos dificultades van aprendiendo, a la superación paulatina, al interés que sus enseñanzas despiertan en algunos desde el principio o van despertando progresivamente en otros, al surgimiento casi inesperado de los primeros brotes verdes y a su posterior e imparable progresión... Porque la enseñanza no es fácil, pero sus frutos, sea cual sea la generosidad de la cosecha, son siempre gloriosos. Mirad, si no me creéis, este del que no hace ni diez días nos daba cuenta el propio Alberto en su blog:
   Bello fruto para un profesor de música, y nada fácil: solo sabiendo mucho de música podría un profesor alcanzar algo así y en el tiempo en que se ha hecho. Sabiendo mucho de música y sabiendo cómo enseñarla a base de dar muchas clases, porque, como Alberto dice en la página 195 del libro, a enseñar se aprende enseñando. No se deje engañar: eso de los cursitos, de los expertos y del aprender a aprender son fraudes y tonterías. Pero, si esto aún no os convence, id a un pequeño episodio que culmina en la página 138, cuando, después de que él, músico, profesor y guitarrista, les ha dado algunas clases sobre la materia y un buen día se le acerca un alumno y le dice: "Profe, me he apuntado a guitarra".  Creo que sobran comentarios. 
    Estas son las cosas que os encontraréis en ese diario del profesor llamado Alberto Royo. Un último consejo: a lo largo del libro, se citan multitud de obras musicales concretas de autores concretos. Yo lo he leído con un folio al lado apuntando las que por uno u otro motivo me parecía que tendría que oír. Me salen unas cuantas, y creo que muy interesantes. 

sábado, 4 de mayo de 2019

Praxis eductiva. 29: kit para entrevistas con padres

   Repasando viejos papeles, me he encontrado con una guía de consejos para las entrevistas con los padres que escribí hace algunos años. Parte de la base (realista al máximo, piensen lo que piensen los hipócritas o los ingenuos) de que la inmensa mayoría de las entrevistas con los padres se producen por motivaciones problemáticas, de ahí que no haya incluido entre los consejos las marcas de té más aconsejables, el tipo de porcelana para las tazas ni observaciones sobre la música de fondo. Creo que aún pueden ser útiles, así que aquí os dejo lo que, a mi modo de ver, debería llevar un profesor a toda entrevista con padres:
            1. Información de sobra acerca del asunto que se va a tratar.
            2. Bastante información acerca de otros asuntos que puedan relacionarse con él.
            3. Un buen conocimiento del hijo de esos padres y de su situación en el centro en todos los aspectos.
            4. Predisposición al diálogo (en cantidades industriales).
            5. Disposición para escuchar (en la misma dosis).
            6. Disposición a ayudar (toda la posible) y propuestas y/o soluciones concretas aplicables a los problemas del alumno.
            7. Seriedad y honestidad.
8. Respeto para los presentes y los ausentes.
            9. Sinceridad y realismo: lo más catastrófico que se puede hacer es percibir o reflejar las cosas distintas de como son. Particularmente peligrosa (por su atracción y por sus resultados) es la tentación de pintar bonito lo feo: aunque al principio rinde beneficios, suele llevar a finales pésimos y llenos de desencanto. Engañarse uno mismo es una majadería y engañar a los demás, en este contexto, una falta de profesionalidad.
            10. Perspicacia. A veces, se nos pasan por alto aspectos claves de lo que estamos tratando, o las personas te ocultan deliberadamente parte de lo que te deberían contar.
            11. Una dosis razonable de optimismo: hasta en la peor situación, existe algún aspecto o alguna posibilidad positiva que deben señalarse. Nunca hay que cerrar la puerta a la hipótesis de una solución, aunque sea remota, ni percibir las cosas más feas de lo que en realidad son, error tan nocivo como su contrario. Por otra parte, muy a menudo me he encontrado con padres a los que les venía fantásticamente un poco de apoyo moral, que se podía conseguir con solo desmontar los excesos de pesimismo con que se presentaban (disculpad que me meta a psicólogo, no lo volveré a hacer más, os lo prometo).
            12. Flexibilidad y sentido autocrítico: el profesor o el centro pueden estar tan equivocados como cualquier otro.
            13. Firmeza. Debes tener claro hasta dónde puedes o debes llegar y hasta dónde no. No hay por qué aguantar excesos verbales (o de otra índole) que a veces se producen; no hay por qué ceder ni comprometerse ante posiciones o peticiones extralimitadas, irrealizables, presumiblemente perjudiciales o absurdas.
            14. Cordialidad y calidez, siempre que no sean artificiales ni estén fuera de lugar (si alguien viene con el hacha levantada, la ley no te obliga a recibirle con una sonrisa de oreja a oreja).
            Este "kit" no te lo entregan cuando entras en el oficio, sino que lo vas adquiriendo tú poco a poco con la experiencia y el paso del tiempo. A mí me ha servido bastante, porque, usándolo, creo haber sido de utilidad a la mayoría de los padres con los que he tratado, lo cual me produce una gran satisfacción. Os diré además que con frecuencia me encuentro con padres de ex-alumnos míos que se dirigen a mí de forma afectuosa, lo cual está muy lejos de deprimirme. La gente, cuando viene al instituto, suele hacerlo para resolver problemas que conciernen a sus hijos y la mayoría se presentan con una disposición positiva y saben apreciar tus esfuerzos por ayudarles; ahora bien, es cierto que hay una minoría de personas que irrumpen avasallando, faltando al respeto o pidiendo la Luna: frente a estos, resulta siempre muy útil una buena dosis de recurso número 13 del "kit".
  

jueves, 2 de mayo de 2019

La bella y las bestias (2)

Resultado de imagen de nuria de gispert
                                                    Núria de Gispert e Inés Arrimadas
   Siempre he considerado que a las personas hay que valorarlas por sus capacidades y sus virtudes morales, de ahí que generalmente me abstenga en mis artículos de hacer consideraciones en torno a la apariencia física, a no ser que haya razones que lo hagan adecuado. Y, mirad por dónde, hoy viene en la prensa una noticia que lo hace muy adecuado. Según leo en "El Confidencial", Núria de Gispert, que en su día fue presidenta del Parlamento catalán y a la que Torra acaba de conceder la Cruz de Sant Jordi, un importantísimo galardón oficial catalán, se ha despachado llamando cerdos a Juan Carlos Girauta, Enric Millo, Dolors Montserrat e Inés Arrimadas. Estilazo el de la señora Gispert: del "ganao" al que se condecora hoy en día en Cataluña, podemos deducir a qué nivel de desquiciamiento han llegado las cosas por allí. 
   Si he empezado el artículo con unas consideraciones acerca de la imagen física, es porque esta señora parece tener una especial fijación con Inés Arrimadas, contra quien ya ha arremetido en más de una ocasión, e incluso hubo una famosa en la que la conminó a volverse a Cádiz (se menciona en la noticia que enlazo). ¿Cuál puede ser la razón de tal ensañamiento? Creo que se puede decir alto, claro y negro sobre blanco, pues salta a la vista: la envidia recocida que un callo malayo como Nuria de Gispert siente hacia una mujer como Arrimadas, que une a su talento una belleza celebrada por propios y extraños. Y parece que entre las filas femeninas del totalitarismo separatista está muy extendido este sentimiento hacia Arrimadas, basta con recordar a Rosa María Miras, la mujer que le deseó una violación en grupo. Dejo aquí una imagen suya, por si no la conocíais:
Resultado de imagen de la mujer que deseó a Arrimadas una violación múltiple
   Estas solo son las muestras más notorias de lo que ha tenido que aguantar Inés Arrimadas en este capítulo, pero hay bastante más, tanto que podría considerarse representativo y simbólico de la suciedad que se esconde en lo más profundo del alma separatista. Y es que la envidia es muy fea, más aún que las señoras Miras y Gispert, que ya es decir. No podría acabar este artículo sin imitar a aquella genial sección final de la revista "Hermano lobo", la que se titulaba Siete preguntas al lobo
   Pregunta: ¿Cuándo condenará el feminismo radical y mayormente izquierdista el acoso a que es sometida Inés Arrimadas?  
   Respuesta del lobo: Auuuuuuuuuuuuuuu.

Móviles - niños - sexo

   Ha creado alarma en los últimos días la noticia del descubrimiento de una bolsa de vídeos sexuales que procedían de ciento diez niños que se grababan ellos mismos y luego subían a la red lo grabado. Hoy da una responsable policial una serie de advertencias y datos sobre esta operación. Por mi parte, ya sabéis que la problemática relación entre los móviles y los niños es objeto de mi atención y crítica desde hace mucho, os dejo abajo algunos enlaces.
   Os voy a presentar una relación de los asuntos más graves en los que hubo móviles involucrados que ocurrieron en centros en los que yo estaba:
   -Tremendo lío en un 1º de ESO. Un día, tres niñas de la misma clase que estaban en casa de una de ellas se pusieron a jugar a esto: grabarse con los móviles con menos ropa de la conveniente. A una se le ocurrió mandar alguna de las imágenes de otra a sus amiguitos, que rápidamente las difundieron. Niñas de 12 años, insisto. Acabaron pringando al instituto y se montó una feria de reuniones con padres y alumnos. No llegó a los juzgados de milagro. Y es de hace unos quince años, o sea, que esto no es nuevo.
   -Intento de copiar con ayuda externa en un examen mío (ver nota 1). No fue el único caso por aquellos años en mi centro.
   -Robo visto y no visto (en un cambio de clase) de un móvil de cuatrocientos euros.
   -Agresión callejera de varios atacantes a un chico en un callejón solitario. Aún fueron tan estúpidos y prepotentes de subirla a las redes y por ahí los pillaron. Eran de mi centro (ver nota 3).
   -Reiterados intentos de los alumnos de un grupo de grabar a hurtadillas a una profesora a la que estaban sometiendo a un verdadero acoso.
   -Expulsión múltiple que implicó a varios chicos de 2º y 3º de ESO, es decir, de entre 13 y 16 años. ¿Motivo? Uno de ellos había sido novio de una niña de su clase, había conseguido imágenes indecorosas de ella y luego las había divulgado. No sé si llegó a los juzgados.
    No son cosas extraordinarias, como veis, por eso mismo las pongo aquí: porque es tremendo que episodios tan graves se hayan hecho ya habituales, tan habituales que me temo que seremos legión los profesores que podamos contar que hemos padecido unas cuantas experiencias así o convivido con ellas. Son casos por desgracia no ya típicos, sino tipificados, como se desprende de los artículos policiales que enlazo. Llego a la misma conclusión de siempre: la sociedad española no ha sabido encauzar la relación de niños y adolescentes con los móviles: se los damos con demasiada ligereza, a muchos y desde muy pequeños. Y, con toda lógica, escapan de control, por la sencilla razón de que son unos aparatitos que dejan muchas vías de fuga.  La cantidad y peligrosidad de sus potenciales usos indebidos deberían habernos obligado a ser responsables, pero la responsabilidad escasea más de lo deseable entre nuestros adultos (¡si hasta hay padres que suben fotos de sus hijos a las redes, para regocijo de pederastas y similares!), de modo que no debemos extrañarnos si a nuestros chicos de muy pocos años les da por exhibirse desnudos, divulgar fotos íntimas de otros, aficionarse a la pornografía (cuyo uso por menores parece estar alarmantemente extendido) o intentar imitar lo que ven en ella.
   La solución no parece fácil, pero se me ocurre proponer una herramienta que podría ser útil: replantearnos a la baja la libertad que les estamos dando a los menores, que me temo que está muy por encima de la que les corresponde y son capaces de digerir una buena parte de ellos. ¡Ah!, y reflexionar sobre la posibilidad de que no todo "juguetito" que nos pidan nuestros hijos es adecuado y debe comprárseles. Bueno, ya sabíais lo facha que soy, ¿no? No obstante, me concederéis que en la actualidad ocurren cosas que aconsejan que no nos pasemos de liberales con los menores. 

ARTÍCULOS MÍOS SOBRE MÓVILES

lunes, 29 de abril de 2019

Más Sánchez y más fuerte

   Con el 99'9% de los votos de las generales escrutados, el PSOE ha ganado las elecciones del 28-A, por lo que empiezo este artículo felicitándole. A continuación, os pondré un enlace a la fuente de la que sacaré los datos con los que voy a trabajar: 
  A partir de estos datos, voy a arriesgarme a descubrir el Mediterráneo con una afirmación: la fórmula de reparto de escaños de nuestra ley electoral ha sido decisiva y, puesto que la considero muy injusta, tendré que decir una vez más que debería cambiarse. Hasta tal punto es esto cierto, que hoy, uno de sus perjudicados, Pablo Casado, se ha quejado amargamente de ello y no he tenido más remedio que acordarme de las muchísimas veces que su partido se ha visto beneficiado por la regla D'Hont y de los años que llevan PP y PSOE no queriendo ni oír hablar de cambiarla. Os voy a poner un cuadrito en el que esto se refleja muy bien. De cada partido os voy a facilitar los votos, el porcentaje que representan, el número de escaños y, entre paréntesis, la cantidad de votos que ha necesitado para cada escaño. Lo organizaré además en una triple tabla PSOE-Podemos / PP-C's-Vox / Formaciones de alcance regional. Aquí la tenéis:
Partido
Resultados particulares
Resultados por bloques
PSOE
7.475.980 (28’7%) – 123 (60.780)
Izquierda
11.206.325 (42'5%) – 165 (67.917)
Podemos
3.730.345 (14’3%) – 42 (88.817)
PP
4.352.545 (16’7 %) – 66 (65.947)
Derecha
11.161.023 (42'3%) – 147 (75.925)
Ciudadanos
4.133.198 (15’9%) – 57 (72.512)
Vox
2.675.280 (10’3%) – 24 (111.470)
ERC
1.015.128 (3’89%) - 15 (67.675)
Regionales
2.634.778 (10%) – 38 (69.336)
JperCAT
497.536 (1’91%) - 7 (71.076)
PNV
394.627 (1’51%) – 6 (65.771)
EH-Bildu
258.840 (0’99%) – 4 (64.710)
CCA-PNC
136.923 (0’53%) – 2 (68.461)
Navarra+
107.124 (0’41%) – 2 (53.562)
Compromís
172.403 (0’66%) – 1 (172.403)
PRC
52.197 (0’20%) – 1 (52.197)
    Creo que su sola visión resulta muy elocuente, y eso que en estas elecciones, al no existir en el ámbito nacional ninguna formación con el voto excesivamente disperso, no se han dado perjuicios escandalosos, como ha sucedido muchas otras veces, por ejemplo, en 2011, cuando a UPyD le costó cada uno de sus cinco diputados 228.645 votos, por los 64.863 que le fueron necesarios al PNV para cada uno de los cinco que sacó igualmente. Pero, aun así, el injusto privilegio que nuestra ley da a la concentración del voto ha vuelto a producir alguna situación aberrante, que señalo con las gamas de colores: ¡qué baratitos les han salido los diputados a Navarra+ y al PRC!, compárese con la tinta que han tenido que sudar Compromís, Vox y, en menor medida, Unidas Podemos. No me cansaré de decir que esto es una estafa: los votantes de las formaciones perjudicadas tienen todo el derecho a considerarse ciudadanos de segunda, por lo que se debería implantar un sistema que compensase estos desequilibrios, ya que lo que hay ahora representa un innegable déficit de democracia. Es ya discutible que se pretenda favorecer a las mayorías, como siempre se ha dicho que busca nuestro sistema, pero las cifras dejan muy claro convocatoria tras convocatoria que otra cosa que favorece son los regionalismos, lo cual, habiendo como ya hay una cámara territorial (echadle un vistazo al Senado: Ciudadanos tendrá allí cuatro representantes, o sea, los mismos que Navarra+ y cinco menos que el PNV) y viendo el comportamiento histórico de los partidos nacionalistas, resulta insostenible. 
   Por lo demás, aunque por razones diversas el coste escaño/número de votantes no está tan alejado a la hora de hacer la operación por bloques, esa ventaja de 18 que obtiene el de izquierdas sobre el de derechas es a todas luces excesiva, si se considera que la diferencia en votos es de solo 45.302: más de lo mismo.
   De cualquier modo, el sistema es el que es y los resultados dan una correlación de fuerzas a la que las distintas opciones se tendrán que acoplar. El PSOE ha ganado, el PP ha sufrido un terrible correctivo, Unidas Podemos ha perdido 29 escaños, Ciudadanos ha ganado 25 y Vox ha entrado en el Congreso con 24: cifras, lo más indiscutible. Decía en el título del artículo que Sánchez está ahora más fuerte, 38 escaños más fuerte, pero su situación es bastante complicada. El mayor aliado que ha tenido en los últimos meses ha perdido casi lo que Sánchez ha ganado, lo que le va a obligar a buscar más pactos, con fuerzas tales como Ciudadanos (oído Albert Rivera y lo que gritaban en Ferraz los simpatizantes del PSOE, parece difícil), el PNV (no sería suficiente, por no hablar de los precios que cuesta su alquiler) o... ¿O quién? ¿ERC? ¿Cuál sería el precio, con el embolado del juicio y el empecinamiento de esta formación en no reconocer que el prusés fue una catástrofe y una derrota? ¿JperCAT? Lo mismo que ERC, más Cocomocho. ¿Bildu? Echar gasolina al fuego, a mi modesto entender. Y es que la realidad, como los resultados de las elecciones, es la que es, y está muy condicionada por el juicio del 1-O, con el que todo el nacionalismo está dispuesto a llegar hasta donde sea, pero que es un asunto muy delicado con el que supongo que hasta Sánchez se habrá dado cuenta de que no conviene andarse con juegos, porque se da la circunstancia de que el trifachito ese con el que tantas risas ha habido no está por la labor de plegarse a ese tipo de juegos, ya que detrás de ellos hay situaciones tan serias como la que atraviesa hoy Cataluña, y  la derecha trifálica (en afortunada expresión de una señora que era ministra) tiene mucha fuerza social, casi tanta como el bloque de izquierdas, miremos de nuevo el cuadro.  
   No lo tiene fácil Sánchez, precisamente porque no ha querido darle a lo de Cataluña la importancia que tiene y solo lo ha sacado durante la campaña cuando otros le han obligado. Pero tiene tanta que es lo que está detrás del ascenso de Vox, ya tiene narices que haya tenido que venir Fukuyama a decírselo a la izquierda española. Pues vayamos con Vox, cuyos resultados no voy a repetir. Hoy, ante la sede de Ferraz, he visto banderas españolas y he oído cánticos dando vivas a España: que me maten si esto no es nuevo en el PSOE, y que me maten si en esta moda no ha tenido nada que ver Vox. Con este partido, el PSOE y la izquierda en general han tenido la absurda ceguera que están teniendo con el asunto catalán: están afrontándolo con la táctica del avestruz y despachándoselo con despectivas descalificaciones, como acusarlos de fachas. Si es así, todavía está por responder la pregunta que formulé ante esas reacciones tras las elecciones andaluzas: ¿de verdad hay en Andalucía 395.114 fascistas? Pues ahora el problema está en España entera, porque a Vox le han votado 2.675.280 electores: ¿tantos fascistas hay en España? Y, por cierto, en los cuatro meses que han transcurrido desde las andaluzas, sus votantes allí han pasado a ser 611.220, es decir, 216.106 más: ¡a qué ritmo se incrementan los fachas en este país! A ver si es que no van a ser fachas y la cosa tiene otros motivos. ¿Tendrá que ver con las alarmas antifascistas de ese Pablo Iglesias que se ha pegado el segundo mayor batacazo de estas elecciones? ¿O con las descalificaciones fáciles? ¿O con esa violencia que hemos visto en estas elecciones y llevamos viendo ya desde hace tiempo? No dejará de asombrarme la postura del Gobierno y de cierta izquierda ante un hecho tan preocupante como los repetidos actos de violencia política que hemos presenciado en la reciente campaña electoral de un país que se supone democrático como España: indiferencia, restar importancia a los ataques o culpar a los agredidos. Si algún día esto para en catástrofe, esos sectores tendrán que hacer examen de conciencia. ¿Tendrá que ver el ascenso de Vox con estas cosas? ¿Tendrá que ver con el golpe que sigue vivo en Cataluña? A ver si va a tener razón Fukuyama, que es un señor muy listo. Pedro Sánchez debería molestarse en averiguarlo, porque en campaña ha podido omitir este asunto, pero, en la realidad alejada de los actos electorales, volverles la cara a los problemas no garantiza que se resuelvan.   

sábado, 27 de abril de 2019

Presidentas

Inés Arrimadas y Cayetana Álvarez de Toledo
   Uno de los grandes pasos que quedan por dar en la política española es la llegada del día en que la presidencia del Gobierno la ocupe una mujer. Han pasado por nuestra política unas cuantas que, por capacidad y/o por encontrarse en puestos, partidos o situaciones oportunas, podrían haberlo sido y, a riesgo de que me llaméis ingenuo, ignorante o chiflado, diré que yo durante algún tiempo pensé que Soraya Sáenz de Santamaría tenía muchas bazas para haberse colgado la medalla, pero las malograron lastimosamente entre ella y Mariano Rajoy.
   Hoy pongo en este artículo a dos mujeres que, por talento, carácter e indicios de que podrían tener el liderazgo necesario para ser presidentas del Gobierno de la nación, me animan a apostar por ellas como serias candidatas a ocupar un día ese cargo. También actúa en su favor el requisito de la edad. Ya sé lo que estaréis pensando los del sector crítico de los suscriptores a este blog: "Las dos son de derechas, guachi, ¡qué facha te estás volviendo!" Rotundamente, NO: el guachimán es, ha sido y será siempre un observador objetivo, desapasionado y distanciado de la realidad española y mundial. Si hoy pintan bastos para la izquierda, qué le vamos a hacer, ellos se lo han buscado, mirad en el archivo y veréis las decenas de artículos que tengo sacándole los colores a la derecha. Es lo que hay: en la izquierda actual, solo encuentro a una mujer que da pero que muy bien la talla en el capítulo del liderazgo: Irene Montero, pero, por razones que serían largas de exponer, no la veo como futurible para presidenta. A Inés Arrimadas y a Cayetana Álvarez de Toledo, sí.