jueves, 28 de noviembre de 2019

Por mandato de las bases

   Otra virtud no seremos capaces de encontrarle, pero el gobierno que se está gestando será tan democrático que difícilmente se podrá por los siglos de los siglos encontrar ninguno que lo supere, pues, como es de todos conocido, no hay nada más democrático que la voluntad popular y la decisión de las bases consultadas directamente en referéndum, cosa que han hecho el PSOE, IU y Podemos para ratificar o revocar el acuerdo de gobierno firmado por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, y de dichas consultas han obtenido las tres formaciones un abrumador respaldo. Aún más: como ese gobierno, para llegar a felice alumbramiento, habrá de contar en su día con la luz verde parlamentaria de ERC, también los dirigentes de este partido han consultado a sus bases, de las que han obtenido respuesta similar a las de IU, PSOE y Podemos. En las semanas precedentes, ha habido en los medios políticos e informativos una densa atmósfera de suspense: ¿lograrían el PSOE, IU, Podemos y ERC la aprobación de sus bases? ¿Nos veríamos, por el contrario, ante el rechazo para alguno de ellos o los cuatro y abocados a un bloqueo en el avance de la vida política nacional? ¿O tal vez obtendrían la aprobación, pero con un margen tan estrecho y disputado que supusiera el lastre de la escasa representatividad? Finalmente, los contundentes resultados afirmativos que se han registrado revelan que en los cuatro partidos existe una sana conexión entre sus líderes y sus bases, síntoma de su fortaleza. Y, lo que es más importante: que las políticas que van a seguir son acertadas, porque unas bases que se pronuncian por mayoría abrumadora no pueden equivocarse. Vayamos a los resultados. 
   El PSOE formulaba a sus afiliados la siguiente pregunta: "¿Apoyas el acuerdo alcanzado entre PSOE y Unidas Podemos para formar un Gobierno progresista de coalición?" De los 178.651 militantes que podían participar, lo hicieron 103.718 (63'01%), de los que 95.421 (92%) dieron su conformidad.  
   En IU contaban con un censo de 37.416 personas, de las que han participado un 31%. 10.281 votos (88%) han sido afirmativos. La pregunta era: "En base al preacuerdo programático de 10 puntos y el último acuerdo de Presupuestos Generales del Estado, ¿está de acuerdo con que miembros de Izquierda Unida participen en un Gobierno de coalición entre Unidas Podemos y el PSOE?"
   En cuanto a ERC, cuyo censo es de 8.500 militantes, han participado 5.935 (70%), de los que han dicho sí 5.634 (94'6%). Esta era la pregunta:  "¿Está de acuerdo con rechazar la investidura de Pedro Sánchez si previamente no hay un acuerdo para abordar el conflicto político con el Estado a través de una mesa de negociación?"
   La última formación que se ha pronunciado ha sido Unidas Podemos. La pregunta formulada era esta: "¿Estás de acuerdo con que participemos en un Gobierno de coalición en los términos del preacuerdo firmado por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias?" Sobre 523.807 inscritos, participaron 134.760, y respondieron afirmativamente 130.150, lo que representa un 96'8%.
    Tenemos, por tanto, poderosas razones para sentirnos optimistas. Desde diversos sectores se venía clamando insistentemente por un Gobierno sólido y, tras el pronunciamiento libre y universal de las bases de los partidos implicados, nadie podrá discutir que el respaldo que obtengan sus políticas será no ya mayoritario, sino masivo. Dados los excelentes resultados de este procedimiento, se está estudiando implantarlo en sustitución del caduco sistema electoral. 

lunes, 18 de noviembre de 2019

Si por llevarles la contraria te queman vivo...

    Una de las escenas más crudas de Ágora, la excelente película de Alejandro Amenábar que retrata la figura de Hypathia de Alejandría y la sitúa en el centro de las disputas religiosas de su época, está relacionada precisamente con estas, las cuales, debo recordar, experimentan una escalada de violencia que acaba explotando y llevándose por delante la vida de la propia Hypathia. La escena de la que hablo es la que presenta los inicios de esta violencia de los cristianos de la ciudad. Uno de ellos, en una de las controversias que mantienen con los paganos para demostrar la superioridad de su religión, atraviesa sin quemarse una alfombra de carbones encendidos; cuando alguien del otro bando inicia una crítica burlesca de lo que ha visto, sin darle tiempo a reaccionar, los cristianos le empujan sobre las ascuas, donde muere abrasado. De manera brusca, el espectador se ve ante una muestra de impresionante horror, con la que empieza a entender el fanatismo criminal de sus causantes.
     Hace unos días, el mundo entero pudo contemplar una escena en la que se producía prácticamente el mismo horror, pero con la trágica y notable diferencia de que esta era real, podéis verla en esta noticia del diario argentino Clarín:
     La historia es sencilla. En Hong Kong, un hombre se enfrenta verbalmente a un grupo de manifestantes contrarios al régimen chino. Habla de forma enojada, pero de ningún modo amenazante ni violenta (empieza por estar él solo frente a muchos), por lo que causa estupor ver la fría naturalidad con la que uno de sus interlocutores lo rocía de repente con un líquido inflamable y, acto seguido y sin dar a la víctima tiempo para más cosa que sorprenderse, algún otro desalmado que sin duda actúa en complicidad con el primero le arrima un mechero encendido y el hombre queda fulminantemente envuelto en llamas. Su acción es tan fulgurante, injustificada, inesperada y traicionera que deja a su víctima sin la menor oportunidad de reaccionar y los retrata a ellos como unos asesinos de insondable repugnancia. 
     Encuentro en esta escena una serie de claves que me ayudan a entender el confuso y un tanto perverso concepto de la violencia y la no violencia que impera en nuestra época, en la que se está dando más importancia a la imagen (a menudo manipulada, incompleta o sacada de contexto) que a los hechos reales. Lo que prevalece ahora no es desenmascarar la violencia real, sino usar los poderosos medios de reproducción de que cualquiera dispone para crear una imagen violenta (verdadera o falsificada) y atribuírsela a quien no nos gusta. Se me dirá que esto se ha hecho siempre, pero creo que solo se atrevían a hacerlo los medios de comunicación más canallas, mientras que en la actualidad puede hacerlo cualquiera que no ande muy sobrado de decencia, y gente así no escasea, este es el problema. 
     Con estas precisiones, volvamos a Hong Kong. En el vídeo, conforme el hombre se va exaltando, van apareciendo jóvenes fríos como autómatas que le rodean y le hacen fotos con sus móviles. No me cabe la menor duda de que su intención era la de posteriormente colgar esas fotos en internet como prueba de la violencia de los contrarios a su movimiento: miren cómo grita este energúmeno; vean qué cara desencajada por el odio... Ahora bien, el hecho de que estos filmadores -seguramente, sin saberlo- estén siendo a su vez filmados, los desenmascara y los coloca en el bando de la abyección, que es el que les corresponde, al menos, en esta historia: hemos visto previamente que ese hombre estaba ensangrentado (lo que hace entender que había sido agredido); transmite mayor violencia el grupo de silenciosos fotógrafos hostigando a un solo adversario que los gritos de este y, para acabar de dejarlos inequívocamente en el lado de la basura moral, es de su grupo de donde salen los criminales que acaban abrasándolo sin piedad.
       Produce espanto ver la causa por la que estos monstruos han quemado vivo a un semejante: simplemente, porque les llevaba la contraria. Por hablar. Por expresar ante ellos su discrepancia. No menos espanto produce la cobarde y alevosa insensibilidad con que lo hacen: uno lo empapa a fondo y el otro le acerca el mechero. Como quien se enciende un cigarrillo, así queman vivo a un ser humano: he visto el vídeo cinco o seis veces y aún no me lo acabo de creer. ¿Estos son los que defienden la democracia en Hong Kong? ¿Así las gastan? ¿Así entienden la libertad de expresión: quemando al que exprese ideas contrarias a las suyas? ¿Esa va a ser su democracia?
       Este episodio es tremendamente grave, así que me sorprende la escasa proyección que se le ha dado: no he visto un solo medio que haya hecho referencia a la bestial crueldad de sus autores, y me pregunto por qué. ¿Será porque se presentan a sí mismos como demócratas? ¿Será porque los están presentando como los buenos de su película? La crueldad no se justifica nunca, ni por proclamarse cristianos en el siglo IV ni por declararse salvadores de la democracia en el siglo XXI.
   

lunes, 11 de noviembre de 2019

Hoy hay que empezar con un aplauso para Albert Rivera

   Con los resultados de las elecciones de ayer prácticamente cerrados, sabemos ya que Ciudadanos ha sufrido un tremendo descalabro que le ha llevado a perder 47 de los 57 escaños que obtuvo en la contienda del 28 de abril, lo cual constituye sin duda una de las consecuencias más notables de la presente cita electoral. Quiero empezar manifestando mi admiración hacia Albert Rivera por su reacción, pues ha comparecido sin tardanza ante las cámaras y, con naturalidad y gesto tranquilo, ha asumido la responsabilidad  de esta derrota y ha anunciado medidas que suponen la autocrítica en su partido y, tal vez, su propia dimisión. Como él mismo ha recordado, lo usual en la política española es que los líderes no dimitan  cuando se hallan en circunstancias como la suya de hoy, no admitan las derrotas, las oculten tras justificaciones las más de las veces absurdas o incluso lleguen, como el propio Pedro Sánchez hizo en memorable ocasión, a colocarse ante las cámaras con una sonrisa de oreja a oreja intentando colar un colosal batacazo como una gran victoria, por lo que la elegante respuesta de Rivera se hace aún más digna de elogio. 
   Pienso que Albert Rivera no se merecía esta suerte, porque es un político honesto que ha luchado con valentía por causas tan honorables como la defensa de la democracia y la unidad de España frente a los energúmenos del catalanismo; a este propósito, me ha producido especial repugnancia ver a un par de pirómanos como Pere Aragonés y Gabriel Rufián celebrar exultantes su triunfo sobre Ciudadanos, y no solo porque ni ellos ni su formación valgan ni la décima parte que una alpargata vieja de Rivera, sino porque los planes que han anunciado y los amiguetes a los que han felicitado hacen entender que piensan tratar a España como sus congéneres de los CDR han tratado en las últimas semanas a Barcelona. La política ha sido excesivamente severa con él y su formación: que que C´s tenga 10 escaños mientras ERC, con algo más de la mitad de sus votos, tenga 13 es un disparate producido por la demencial ley electoral que tenemos y que habría que cambiar; que Sánchez, artífice de la caprichosa repetición electoral y autor de unas poíticas deplorables haya perdido solo tres escaños y Ciudadanos haya pagado los platos rotos de sus manipulaciones es una injusticia dramática. No puedo dejar de señalar, no obstante, que a Rivera le ha costado muy caro el error de no haber pactado con el PSOE y su jefe de filas el pasado mes de mayo, como le aconsejaban muchas voces de su entorno. 
   A la vista de los resultados de ayer, una pregunta que me hago es esta: ¿será la España de 2019 algo así como la Alemania de los años treinta? Dado que Vox ha obtenido 3.640.063 votos y a juzgar por las enormidades que se han lanzado contra este partido desde diversos sectores del progresismo supuesto o real, tendríamos que concluir que sí, pero yo sigo planteándome una duda, y no es la primera vez que lo hago, ni siquiera la segunda: ¿de verdad hay en España tantos fascistas? Pues, si se miran los enlaces que adjunto, estamos ante una horrible emergencia, porque no han parado de crecer, y a considerable ritmo. ¿O será más bien que, como señala nada menos que Fukuyama (ver el último enlace), tenemos en efecto una horrible emergencia, pero no es Vox, sino el prolongadísimo, irresuelto y cada vez más violento golpe de estado en Cataluña? La última evidencia podría ser la intervención de Rufián y Aragonés que enlazo más arriba. Y, aun así, desde Pedro Sánchez, pasando por Pablo Iglesias (¿cuántos votos ha perdido desde la temeraria alarma antifascista que lanzó en diciembre de 2018? Millones, sin duda; se lo tendría que hacer ver.), hasta el más matao de los comentaristas y "expertos" a sueldo, han estado agitando sin parar el espantajo del supuesto fascismo de Vox, ¿para qué?: para maquillar su injustificable propósito de gobernar con el apoyo de PNV, Bildu, ERC, Junts o como se llame ahora y todo ese abanico de formaciones con probados y destructivos planes separatistas. A eso le llaman mayoría progresista, o sea, la Angélica Alianza del Bien y el Progreso que nos librará de la amenaza del trifachito, con Vox como bestia negra. 
    Cualquiera que se pare a pensar solo un poco, se tendrá que preguntar dónde está el progresismo de los chupópteros del PNV, de los proetarras de Bildu o de los golpistas de ERC y Junts (a los que ahora mucho me temo que se va a unir también la CUP, que es demencia política pura y dura); pues bien, a pesar de eso y del carácter desintegrador de todos ellos, a pesar de que no hace falta ser muy listo para entender que, cuanto más poder tengan, más nos acercamos al desastre, un deplorable batallón de tertulianos de la izquierda no ha dejado de presentar la opción de pactar con ellos como si fuese no solo inocuo, sino ventajoso, por el simple hecho... de ser "progresista". Hasta las 0:15 horas de hoy, he estado viendo el programa sobre las elecciones que había en TV1. Con los resultados a la vista, Pedro J. Ramírez sostenía que la forma más segura de desatascar la actual situación y poder tener ya un gobierno sería una gran coalición entre el PSOE (120 escaños) y el PP (88), a la que podría unirse Ciudadanos (10) como tercer integrante de lo que él  considera el actual centro político. Esos 218 diputados de fidelidad constitucional tendrían fuerza más que sobrada para pactar medidas de gobierno y un plan destinado a desactivar el desafío del separatismo. De las muchas combinaciones posibles, a mí esta me parecería muy razonable, pero... Pero tiene un problema: ¡que no es progresista!, como se ha encargado repetidamente de indicar otro de los comentaristas presentes en el programa, Arsenio Escolar. Según él, la opción más adecuada sería una fuerza gobernante progresista compuesta por el PSOE (120) más Unidas Podemos (35) y Más Pa Mí (3), apoyada por PNV, Bildu, ERC, etc., etc., etc., es decir, ese arco tan progre, a juicio del veterano periodista, el cual viene a sumar unos 35 escaños. 
   Ramírez le ha señalado lo que yo he dicho más arriba: que esas fuerzas son separatistas e incluso golpistas, lo que haría inviable o catastrófico gobernar con ellas, pero no parece que Escolar se haya quedado muy convencido, lo cual debe llevarnos a una reflexión: que el progresismo español, en su absurda y totalitaria autoconvicción de hallarse en posesión de la verdad y la superioridad moral porque sí, está completamente momificado y se ha quedado anclado en los años 70, pues no ha sabido darse cuenta de que esos partidos, que entonces parecían demócratas, hoy se han quitado la careta y ya está muy claro que la democracia la quieren exclusivamente para cargársela. 
    La batuta para dirigir lo que se haga está una vez más en manos de Pedro Sánchez, pero ahora tiene tres escaños menos que en abril y su "socio preferente" ha perdido siete: como el propio Iglesias se ha apresurado a señalarle, son diez escaños más débiles. La irresponsable aventura de la repetición de elecciones a Sánchez le ha salido bastante desastrosa. Y, para su satisfacción, Vox ha pasado de 24 a 52 escaños. Seguro que ya se habrá dado cuenta de que este partido no le va a poner fáciles ni sus chanchullos con Torra ni frivolidad ninguna con esos nacionalistas tan "progresistas". ¿Se habrá dado cuenta también de que despreciarlos y calificarlos de fachas tampoco es un gran negocio?  
   Le conviene hilar muy fino a Sánchez, dejarse de cambalaches y alejarse de las malas amistades, por el bien de España y por el suyo propio, porque puede seguir el mismo camino que ese ZP al que tanto se parece: empezar creyéndose que tiene baraka y acabar dándose un castañazo monumental contra el duro suelo de sus disparates. Para ello, le resultaría de la mayor urgencia no hacer caso de "la calle", si entendemos que esa calle es la turba de radicales asilvestrados que se dan cita ante el balcón de Ferraz cada vez que él gana unas elecciones, colectivo que sería digno de un serio estudio. Esa "calle" fue la que en la madrugada del 29 de abril le lanzaba el ya histórico grito de "¡Con Rivera, no!", y hay razones más que sobradas para pensar que tanto él como más aún Rivera estarán hoy lamentando que esa exigencia se acabase cumpliendo; esa "calle" le conminaba anoche, en un confuso griterío, a hacer realidad el famoso pacto "progresista". Debe tomar buena nota el señor Sánchez no solo de la naturaleza de los consejos de esa "calle", sino de un detalle que puede parecer anecdótico, pero que yo juzgo esclarecedor: de todos los líderes que salieron a hablar con sus seguidores, Pedro Sánchez fue el único que no pudo hacerlo, pues no fue capaz de hacer callar a los que estaban ahí supuestamente para escucharle, pero que pasaron olímpicamente de sus repetidas peticiones de silencio; tuvo que meterse de nuevo en la sede a los tres minutos, sin conseguir hilvanar un mensaje medio enjundioso y visiblemente contrariado. ¡Qué escena, qué simbolismo! Me recordó algo que conozco muy bien: esos ciudadanos que componían "la calle", a cualquiera de esos grupos gamberriles de la ESO en plena ebullición, y Pedro Sánchez, a uno de esos profesores de buen rollito estampándose de narices contra el fruto de sus ensoñaciones y no sabiendo cómo pararlo. Esperemos que saque conclusiones y no caiga en la tentación de gobernar al dictado de los berridos de quienes ni se molestan en escucharle.

martes, 5 de noviembre de 2019

Leonor de Borbón, que es, en principio, la futura reina

   Durante el juicio del procés, fue Xavier Vidal-Folch el comentarista de cabecera de "El País", por lo que, dado el importante rango de este periodista en el influyente medio, de la lectura de sus crónicas puede extraerse cuál es su postura ante el golpe de Estado aún vivito y coleando en aquella región de España. Quien no esté de humor para repasárselas todas, encontrará una versión abreviada pero bastante significativa en el artículo Manipular a la jefa del Estado, que se publicó ayer y del que saco la frase que da título a esta entrada. Si nos paramos a analizar algunas de las cosas que ahí se dicen, tendremos razones para sentirnos inquietos, paso a comentar las que me parecen más relevantes.
   -Manipular a la jefa del Estado. Cuando Vidal-Folch dice eso de "la jefa del Estado", se está refiriendo a Leonor de Borbón, un niña de catorce años que, como corresponde a su edad, hoy en día no es jefa de nada. ¿Por qué, pues, el señor Vidal-Folch le atribuye tan hiperbólica responsabilidad? Muy sencillo: para atacar a Pablo Casado y apuntarle una a Pedro Sánchez, el líder del partido al que sirve "El País", ya que, en los días anteriores a la intervención de Leonor en Barcelona, el líder del PP insistió en que, si ocurría algo durante la visita real a Cataluña, el responsable de ello sería Pedro Sánchez; así pues, al no haber ocurrido nada (cosa más que discutible), el periodista se encarga de señalar que habría que adjudicarle eso como mérito al presidente del Gobierno. ¿Existe en realidad tal mérito? Sorprende para empezar que Pablo Casado haya sido tan ingenuo de hacer esa advertencia: primero, porque siempre es arriesgado poner la venda antes de la herida; segundo, porque estaba claro que el separatismo iba a hacer durante la visita real exactamente lo que ha hecho: unos aspavientos testimoniales para dar la apariencia de rebelión, pero, en el fondo, nada de profunda gravedad. La razón es muy sencilla: si hubieran hecho algo gordo, eso se habría vuelto sin duda contra Pedro Sánchez, y a Pedro Sánchez no le piensan tocar un pelo, ya que es el caballo por el que apuestan: descalabrado su intento de imponerse por lo criminal, ya solo les queda la salida de salvar los muebles por lo civil, y ello pasa inexcusablemente por alcanzar un pacto con Sánchez, enjuague del que incluso podrían sacar más beneficios que de la locura del referéndum, que se lo pregunten al PNV. Esto es lo que hay tras la supuesta ausencia de incidentes: un nuevo acto de dosificación por parte de las mentes retorcidas que manipulan el procés, que no lo aderece el señor Vidal-Folch como un triunfo de Pedro Sánchez.
   -Pero ¿realmente la visita ha sido "de un pasar más que correcto"? Cuando sostiene tal cosa, el señor Vidal-Folch manifiesta una visión distorsionada equivalente a aquella famosa de don Quijote con los molinos que él tomaba por gigantes. Don Felipe de Borbón, rey de España, ha ido a una ciudad española acompañado de su hija y sucesora a entregar unos premios institucionales llamados Princesa de Gerona, y he aquí algunas cosillas que han rodeado a este acto: los premios no se han podido entregar en la ciudad que les da nombre porque esta es un polvorín contra nada menos que la jefatura del Estado; algún que otro cavernícola extraído de las filas del golpismo separatista ha sugerido que se le negasen locales apropiados para ubicar el acto; se registraron concentraciones e incidentes violentos contra este, que incluyen agresiones a invitados a los que se impidió el acceso por parte de ciertos energúmenos (a los que Vidal-Folch llama "supuestos catalanes", ya nos explicará lo que quiere decir con eso); hubo también tensiones, hogueras y quema de fotos del jefe del Estado (aquí dejo una muestra de ello, ofrecida por el diario del que el señor Vidal-Folch es director adjunto); las sobrerremuneradas autoridades locales desairaron al rey de todos los españoles con su inasistencia al acto, una inaudita conducta de rebeldía institucional que solo se permite en España...: si debemos entender que todo esto es "un pasar más que correcto", una de dos: o vivimos en un país que es un cachondeo o el señor Vidal-Folch quiere convencernos de que el desgobierno es aceptable en las sociedades civilizadas. Algo hay de ambas cosas, pero ni lo uno ni lo otro lo podemos admitir quienes no gozamos de la manga ancha que parece adornar a este periodista.
    -Las ensoñaciones de Vidal-Folch. A estas alturas de mi artículo, habréis captado que lo que sospecho es que el director adjunto de "El País" pertenece a ese nebuloso segmento político que se conoce como catalanismo, el cual engloba una compleja gama de asociados que van desde los energúmenos como Torra hasta los angelicales defensores del diálogo... incluso con Torra, pero que tienen todos un rasgo común: su convicción de que los creyentes en la sacrosanta identidad catalana jamás deben pagar ni uno solo de los platos que rompen. Esta problemática creencia les lleva a construir una realidad lo suficientemente obnubilada como para darle encaje (perdón por la palabrita), realidad en la que caben cosas como estas: que lo expuesto en el punto anterior pueda considerarse "de un pasar más que correcto" (transpóngase a Alemania, Francia, Reino Unido o EEUU y se entenderá lo que quiero decir); que lo que mola para España es el plurilingüismo, entendido, faltaría más, como la tiranía del catalán y el apaleo del español en Cataluña; que un galardonado con un premio oficial de un Estado acuda a recogerlo portando ante el jefe de ese Estado un símbolo que proclama que encabeza una dictadura con presos políticos. Esto último merece una consideración un poco más extensa, ya que, por mucho que Vidal-Folch y otros nos lo estén vendiendo como un síntoma de normalidad, es una desvergonzada provocación y una ofensa al rey y a la nación que da el premio, que sin duda al señor Ros-Otón solo le habrían permitido en este país de "normalidad" chachiguay que nos hemos montado en España, ya que los restantes del mundo empiezan por respetarse a sí mismos. Es también algo muy importante: un valiosísimo ejemplo de la cínica cobardía con que está operando esta gavilla de revolucionarios de opereta que participan en el procés. Si Xavier Ros-Otón tuviera dignidad (cosa que nos ha demostrado que no tiene), se habría negado en redondo a recibir un premio de manos del déspota que regenta la odiosa dictadura española, pero ha hecho lo que todos los cínicos rastreros de su cuerda: abusar de la mezcla de debilidad y buena fe de nuestras instituciones y jugar con dos barajas, me explicaré. Xavier Ros-Otón: para hacerse el héroe, ponerse el lacito por el que nada le iba a hacer esa supuesta tiranía; para sacar provecho, trincar el premio, la pasta y el prestigio; Torra: para cargarse el país, cortar carreteras y sembrar odio; para salvar el trasero, gozar de su sueldazo, culpar a otros y medir al milímetro hasta dónde llega con sus acciones; Junqueras y sus cómplices: para dar el golpe de Estado, no respetar ni una sola ley; para salvar las posaderas, ser unos yonquis del garantismo; los CDR: ellos pueden tirar adoquines, pintura, ácido o rodamientos, prender fuego, arrasar una ciudad o saquear, pero ojito con tocarles un pelo, que eso es violencia policial. Y así hasta el infinito. Esta es la normalidad actual en Cataluña y la que al parecer no extraña al señor Vidal-Folch. No todos pensamos igual, aunque seguramente sea porque somos unos fachas.
    -Leonor de Borbón, que es, en principio, la futura reina. Os pido disculpas: ha sido necesario largaros el tostón precedente para que entendierais que, cuando leí el artículo de Vidal-Folch esta mañana, se me pusieran los pelos de punta al llegar a esta frase, muy especialmente, por eso de "en principio". Ahora, como ya supondréis que me resultan muy inquietantes los planes a futuro de este señor, no os extrañará que me pregunte qué significa ese "en principio" y que me parezca que solo puede interpretarse de una manera: que para Xavier Vidal-Folch está por ver que Leonor de Borbón llegue algún día a ser la reina de España. En abstracto, debería darme igual, porque este señor es muy libre de pensar eso, que la Luna está habitada por duendes o cualquier otra cosa que le apetezca, pero se da la circunstancia de que este señor no es cualquiera: es el director adjunto de un medio poderosísimo, participa por tanto en una potente máquina de creación de opinión y las posturas que sostiene ni las comparto ni creo que puedan traernos ningún beneficio: me parecen espeluznantes esas cosas de los dos puntos anteriores que él ve normales o encantadoras y, en la situación actual, desconfío automáticamente de quienes ponen en duda la monarquía, una institución que ha dado sobradas muestras de solvencia frente a los que se quieren cargar nuestra nación y nuestro sistema democrático, o sea, los separatistas (y no solo los catalanes)  y los podemitas y demás antisistemas que están empeñados en convencernos de que España está aún bajo el franquismo. Y, casualmente, todos esos tienen al rey puesto en su punto de mira, queman sus fotos, lo someten a constantes ataques y se muestran fervientes partidarios de la república. ¿República? ¿Qué república? ¿La de ERC y su Junqueras, los golpistas encarcelados, el héroe que se fugó en un maletero, la CUP, Ada Coláu, Errejón, Iglesias, Torra y los niñatos que, escudándose cínicamente en esa impunidad que conocían, se han dedicado a quemar Barcelona mientras proclamaban que se iban a cargar el régimen del 78? Yo esa república peor que bananera no la quiero ni en pintura, esperemos que nunca nos caiga encima.
   La pregunta es: este Xavier Vidal-Folch, director adjunto de "El País" que dice que Leonor de Borbón es futura reina de España solo en principio, ¿piensa así porque se encuentra también entre los que suspiran por la república? Pues entonces, a los motivos de inquietud ya expresados, habría que añadir uno más: al final de su artículo, elogió a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias por pronunciarse en el debate electoral de ayer a favor del diálogo como medio de resolver los problemas de Cataluña. ¿Diálogo por qué y con quién? ¿Con Torra? ¿Con Junqueras? ¿Con Torrent? ¿Con Pujol y familia? ¿Con Puigdemont? ¿Con la ANC y Ómnium? ¿Con las CUP? ¿Con la "conciliadora" Ada Coláu? O sea, con los republicanos. Luego dirán algunos que la propuesta sensata es el diálogo.
    Y a propósito: Pedro Sánchez ¿qué piensa de esto? ¿Es también republicano?