sábado, 27 de julio de 2019

El mejor país del mundo para ser niño

1. Frase afortunada     
    Una de las frases que más me llamaron la atención de entre las que pronunció Pedro Sánchez en su discurso de investidura del pasado día 22 fue esta cursilería: "Queremos que España se convierta en el mejor país del mundo para ser niño, desde el derecho a la educación hasta el derecho a jugar". No recuerdo si antes o después vino el anuncio de su propósito de aprobar una ley de protección a la infancia y a la adolescencia contra la violencia, cosa, evidentemente, con la que estaba vinculada. La frase es muy representativa del tono general del discurso, que para mí fue una clara muestra de la enorme deuda de Sánchez con el zapaterismo: el típico brindis al sol, el enunciar un deseo idílico y pretender hacerlo pasar como un planteamiento político razonable. Muy zapateristas fueron también otras dos cosas que esta articulación de propuestas conllevaba: el envolver en esos beatíficos tules una carga diabólica (y esa pretendida ley de protección de la infancia lo es o podría serlo) y el blindarla contra las posibles críticas en la excelsitud de los propósitos manifestados: ¿quién podría estar contra el paradisiaco bienestar de los niños? ¿Quién se podría oponer a que se les protegiera contra la violencia? Ante estas dos formidables barreras, haría falta tener muy claras las ideas y tentarse muy bien las ropas para atreverse a presentar objeciones a la iniciativa, pues se correría un serio riesgo de aparecer como un monstruo. Y no estoy frivolizando, porque este procedimiento, tan cómodo como cínico, se está usando de forma habitual desde las filas del progresismo en general y del PSOE en particular: si criticas ese carnaval conocido como Orgullo Gay o señalas los excesos en que están cayendo los movimientos LGTBI+, es que eres un homófobo; si señalas las grietas de la Ley contra la Violencia de Género (por las que se cuelan señoras como Juana Rivas o las de Infancia Libre), es que apruebas que se maltrate a las mujeres; si, a la vista de los planteamientos de Carmen Calvo o engendros similares, decides no comulgar con la rueda de molino de que todos deberíamos ser feministas, es que estas en contra de la igualdad de derechos de la mujer. Y así.
2. El niño de los balines
   Pero la realidad es muy tozuda y tiene la mala costumbre de poner en evidencia las falsificaciones, aun cuando se disfracen de bellos sueños. En lo relativo a estos planes enunciados por Sánchez, la gran objeción que se plantea es esta: ¿acaso son infelices o están desprotegidos los menores en España? Sería de un cinismo brutal afirmar lo primero y, en cuanto a lo segundo, se da el triste sarcasmo de que, desde hace mucho tiempo, está abierto en nuestra sociedad un serio debate acerca del hecho de que quizás nuestras leyes sean excesivamente protectoras con ellos cuando se inclinan por el gamberrismo o la delincuencia. La alarma social sobre este asunto es seria y muy fundada; el último caso de envergadura ha saltado a los medios precisamente por los días en que Sánchez formulaba su propuesta: el de ese adolescente de catorce años que hirió en Málaga a niños y adultos con una escopeta de balines, hecho criminal por el que, por razones de edad, resulta inimputable. Es innecesario hacer más leyes de protección a los menores en un país donde ya están sobreprotegidos. Protéjaseles firmemente contra la violencia y la pobreza con las que ya hay, pero además no quiero dejar pasar la ocasión de señalar que, en este de Málaga como en muchos otros casos, unos menores que han sido víctimas de otro menor han quedado desprotegidos, gracias, paradójicamente, a la normativa de protección del menor. ¿Qué resultado tendría crear esa ley que propone Sánchez? Mucho me temo que este: la proliferación de expertos en la materia, más observatorios y organizaciones; un nuevo campo de fiscalización para psicólogos, pedagogos y demás; una nueva esfera de lucimiento para esos espontáneos que viven de "ayudar" a quienes no los necesitan para nada. De esto ya hay mucho en España, creo sinceramente que por esta vez nos lo podemos ahorrar. 
3. ¿Los protegería también de los iluminados, tecnócratas que rinden culto a las finanzas, experimentadores varios y otros especímenes que los merodean?
    Y es que, en lo tocante a los niños y la educación, en cuanto te descuidas, te sale alguien que quiere sacar partido. ¿Los protegería Sánchez, que quiere que los nuestros jueguen más a gusto que ninguno del mundo, de innovadores que hacen cosas como birlarles la pelota? ¿O de los que se lanzan a la piscina haciendo alegres experimentos con algo tan importante como su educación? ¿O de tecnócratas como la señora Patricia Casado, que sale hoy en un suplemento de "El País" sosteniendo que educar en finanzas a los más pequeños es esencial, barbaridad cabalmente en la línea de las propuestas de la OCDE? Mucho me temo que no, porque todos estos vampirizadores de la infancia y la adolescencia están de lleno en la órbita educativa y cultural de su partido.
4. Yo soy Cora
    Y, hablando de "El País", y de su órbita cultural y educativa (que es la de Sánchez y su partido), y de los niños: os recomiendo que no os perdáis este artículo: Yo soy Cora, que trata sobre una niña transexual que debe de tener ocho o nueve años y que empezó a forjar su decisión de cambiar de sexo cuando tenía tres. Hay que leerlo, repito, porque es interesante y esclarecedor. De lo que yo pienso, me limitaré a proclamar que soy absolutamente contrario a que decisiones como la que tomó Cora se dejen en manos de personas de su edad, pero en nuestro país las leyes lo permiten, supongo que en nombre de la protección a la infancia.
5. Víctima silenciada     
   Terminaré con un asunto tremendamente serio. Ayer, en el informativo de las 14:00 de RNE, oí a una locutora decir que esta había sido una semana luctuosa en lo referido a la violencia... ¿cómo lo digo para no molestar a nadie? ¿Machista? ¿De género? ¿Contra la mujer y la infancia? ¿Familiar? Elija cada cual lo que le parezca y vamos a los hechos: la cuestión fue que RNE se lamentaba por la muerte de cuatro personas por esa violencia: las tres mujeres y el niño que podéis ver en esta noticia de 20minutos. Media hora después, en el informativo de Antena 3, expresaban el mismo lamento. El problema es el siguiente: en esta semana, no han sido uno, sino dos los niños asesinados por sus progenitores: el que fue acuchillado por su padre en Beniel (que es del que se acordaron RNE, Antena 3 y 20minutos) y el que fue ahogado por su madre en Azpeitia (que es el que esos medios parecen haber olvidado). Rechina que en una noticia se diga que la semana ha sido trágica por la muerte de tres mujeres y un niño y se omita mencionar a un segundo niño que en esa misma semana ha sido víctima de igual violencia. Quienes quieran defender a estos medios informativos, supongo que argumentarán que sus noticias versaban sobre violencia machista, de género o como la quieran llamar, en la que debemos entender que el niño de Azpeitia no se computa, pero, en ese caso, lo que salta a la luz es que algo no funciona en unas leyes y unos cómputos que se acuerdan de un niño al que mató su padre y se olvidan de otro al que mató su madre. Cuando se produce una discriminación así, yo diría que no estamos ante una discriminación positiva, sino ante una discriminación aberrante. ¿Habrá alguna que no lo sea?  
    Cosas de niños, ya veis: así de complicado anda el mundo de la infancia. 

martes, 23 de julio de 2019

Laura Borrás, Merche Aizpurúa y las mentiras en sede parlamentaria

   Me pongo a ver la sesión de hoy sobre la investidura (que parece problemática) de Pedro Sánchez y le llega el turno al grupo-menestra en el que conviven algunos de los partidillos de alcance regional que existen en España, lo que me brinda el dudoso placer de escuchar a Laura Borrás (Junts per Catalunya) y Merche Aizpurúa (EH Bildu). Entre la sesión de ayer y la de hoy, se han vertido en este debate intervenciones, frases y palabras que van de lo brillante a lo penoso, así como verdades y mentiras de diverso tamaño y condición. La intervención de Laura Borrás ha sido un discurso de tono soporífero salpicado de ridículas cursilerías, mientras que la de Aizpurúa, por sus palabras y por su ritmo, ha tenido las resonancias bélicas habituales en la parla del aberchalismo, que siempre parece tener como música de fondo tambores y trompas de batalla. Ahora bien, en una cosa han sido las dos iguales: sus intervenciones han rebosado de mentiras y han dado cabida a las más repugnantes y monstruosas que se han oído en este debate: las que han querido blanquear el odio, la discordia, el golpismo y hasta el asesinato. Quien quiera comprobarlo, que busque en los archivos digitales; yo voy a limitarme a dos ejemplos pequeños pero significativos.
   No sé si por cinismo, por torpeza o por ambas cosas, al principio de su intervención, la señora Aizpurúa ha dicho que EH Bildu es una formación que "pone la vida en el centro". ¿En el centro de qué? ¿De la diana? No sé, teniendo en cuenta la genealogía de este partido...
    Laura Borrás ha coronado su rosario de estupideces, delirios, tergiversaciones y mentiras diciendo que la justicia española ha acusado a esos golpistas a los que ella defiende por unos hechos que no están tipificados en nuestras leyes. Naturalmente, lo que quiere decir es, una vez más, esa mentira que el separatismo ha sembrado con contumacia: que a los procesados se les ha acusado de rebelión, pero los hechos que cometieron no se ajustan a la definición de ese delito en nuestras leyes.
   Si eso es verdad o no, puede comprobarse yendo al artículo 472 de nuestro Código Penal, que es el que define y delimita el delito de rebelión. Aquí lo tenéis:
Artículo 472.
             Son reos del delito de rebelión los que se alzaren violenta y públicamente para cualquiera de los fines siguientes:
            1.º Derogar, suspender o modificar total o parcialmente la Constitución.
            2.º Destituir o despojar en todo o en parte de sus prerrogativas y facultades al Rey o a la Reina, al Regente o miembros de la Regencia, u obligarles a ejecutar un acto contrario a su voluntad.
       3.º Impedir la libre celebración de elecciones para cargos públicos.
       4.º Disolver las Cortes Generales, el Congreso de los Diputados, el Senado o cualquier Asamblea Legislativa de una Comunidad Autónoma, impedir que se reúnan, deliberen o resuelvan, arrancarles alguna resolución o sustraerles alguna de sus atribuciones o competencias.
       5.º Declarar la independencia de una parte del territorio nacional.
       6.º Sustituir por otro el Gobierno de la Nación o el Consejo de Gobierno de una Comunidad Autónoma, o usar o ejercer por sí o despojar al Gobierno o Consejo de Gobierno de una Comunidad Autónoma, o a cualquiera de sus miembros de sus facultades, o impedirles o coartarles su libre ejercicio, u obligar a cualquiera de ellos a ejecutar actos contrarios a su voluntad.
       7.º Sustraer cualquier clase de fuerza armada a la obediencia del Gobierno.
               ¿Podría alguien negar que los autores del golpe separatista cometieron al menos lo señalado en los puntos 1º, 4º, 5º, 6º y 7º? Y todavía se atreven, por boca de la señora Borrás, a ponerlo en duda nada menos que en el Congreso de los Diputados. En cuanto al tan traído y llevado asunto de la violencia, como ha quedado demostrado en el juicio en el Tribunal Supremo, los golpistas la ejercieron en diversas formas, circunstancias y momentos, pero, como parece que algunos, con intención sesgada, usan de ella un concepto muy limitado, os dejo aquí unas definiciones sacadas del diccionario de la RAE, las cuales colocan el término en su alcance exacto:


Violencia: 1. Cualidad de violento. 3. Acción violenta o contra el natural modo de proceder.


Violento: 3. Que implica una fuerza e intensidad extraordinarias. 4. Que implica el uso de la fuerza física o moral.  
         La violencia, pues, puede ser moral, como, por ejemplo, cuando abusas de tu superior fuerza parlamentaria para dictar leyes que se salen de tus atribuciones y rompen la convivencia, o física, como cuando destrozas coches, pegas a los guardias, agredes o intimidas a quienes no piensan como tú o usas a miles de personas para rodear el edificio donde los agentes de la ley están hallando pruebas que te delatan. Todo eso lo hicieron los facciosos del bando de la señora Borrás y de nada servirán sus mentiras para ocultarlo.

viernes, 19 de julio de 2019

Nicolás Redondo se reúne con Tejero en la cárcel de La Palma

    Sí, señor, lo ha vuelto a hacer: el secretario general de la Unión General de Trabajadores (UGT), el sindicato socialista fundado en 1888 por Pablo Iglesias, se acercó el pasado miércoles a echarle una visita su amiguete Oriol Junqueras en la cárcel de Lledoners, donde está por lo que está, y espero que sea por muchos años (en esa o preferiblemente en otra donde sean inviables los privilegios que se le han dado allí), porque no me gustan nada los golpistas. ¿Os imagináis que en 1983 al entonces secretario general de UGT, Nicolás Redondo, se le hubiera ocurrido la chifladura de ir a visitar al golpista Tejero en el castillo militar donde estaba recluido? Habría sido impensable e imposible; de hecho, la mera formulación de un episodio así solo tiene sentido para fines como el que me propongo yo hoy: usarla como contraste para poner en evidencia lo disparatado y apestoso del acto nuevamente perpetrado por Pepe Álvarez. Si bien es verdad que tampoco es pequeño disparate comparar a este burócrata sindical con alguien de la talla de Nicolás Redondo, no por ello deja de ser gravísimo el hecho de que el mayor responsable de una organización como UGT se dedique a visitar a conspiradores contra la democracia, así pues, surge de manera inevitable esta pregunta: ¿a qué espera la Unión General de Trabajadores para darle una fulminante patada en el c _ _ _  al señor Álvarez? Porque hay una cosa que es evidente: la orientación institucional del sindicato está muy alejada y es muy distinta de las personales inclinaciones separatistas de su actual secretario general, quien, exhibiendo un vergonzoso despotismo, se está limpiando el c _ _ _  que le deberían patear con el prestigio de una organización a la que está instrumentalizando a su antojo.  
    Está claro que todo ha cambiado desde los tiempos de Redondo hasta los actuales y, en el terreno del tratamiento a los golpistas, parece por desgracia que para peor que mal. Si por supuesto hubiera sido impensable que Redondo visitara a Tejero, impensable hubiera sido también que la organización no hubiese actuado contra él de forma fulminante, o que no hubiera habido un tremendo terremoto entre sus afiliados, o entre las filas de la izquierda política, los medios de comunicación, la sociedad en su conjunto...: hubiera sido un escándalo una cosa así, mientras que ahora... Se me ocurre, y lo señalo con tristeza, que los españoles, a base de presenciar durante años y años auténticas enormidades que quedaban impunes, nos hemos acartonado y hemos perdido la sensibilidad, de tal modo que ya vemos con indiferencia y pasividad las mayores barbaridades: quizás sea esta la explicación de lo que está pasando con Pepe Álvarez: que es el secretario general indigno que tiene la UGT indigna (compárese lo que es hoy en militancia, peso y credibilidad con lo que era en la época de Redondo) de una época indigna. 
   A algunos, sin embargo, nos espanta vivir en una sociedad cuya coherencia se edifica sobre la indignidad y el disparate, y nos gustaría ver signos de que esto no es así; uno muy significativo y plausible sería que a Pepe Álvarez su organización le diera cuanto antes la patada en el c _ _ _  que vengo reclamando en este artículo.
   Terminaré con una observación hacia el modo en que eldiario.es nos transmite el hecho (podéis mirar el enlace de arriba), tan manipuladora como podía esperarse de este medio. El hablar de la visita de Álvarez a Junqueras se inscribe en su habitual política de blanqueo del golpismo separatista y, para hacer más blanco el blanqueo y darle a lo que en realidad es indecente un aire de normalidad, mencionan en la noticia que ya en una ocasión anterior Pepe Álvarez visitó a Junqueras acompañado de... ¡Juan Rosell!, al que el medio cita como Presidente de la CEOE, pero omitiendo que, en el momento de aquella visita, era de dominio público que estaba ya con un pie fuera de ese cargo. ¡Para partirse de risa!: el diario de la ultraizquierda utilizando como blanqueador al presidente de la gran patronal, y, para colmo, a uno tan antiejemplar como Juan Rosell, del que os dejo este viejo artículo mío en el que hablo de una mínima porción de sus andanzas. No sé qué intereses tendrá eldiario.es en el golpe separatista, pero, cuando se trata de darle sostén, cualquier cosa le vale.      

viernes, 5 de julio de 2019

Por una seria modificación de la Enseñanza Primaria

   Parece indiscutible que el bajo rendimiento de gran parte de nuestros estudiantes se debe a que suelen enfrentarse a un nivel de exigencia mucho menor de lo que se precisa para que una persona se esfuerce y aprenda. He hablado de ello muchas veces, sobre todo, para denunciar tres vicios que parasitan nuestro sistema causándole grave perjuicio: el excesivo recorte de los contenidos, la presión sobre la nota y el aprobado regalado. Resulta de una lógica aplastante, ya que la inmensa mayoría de los niños y adolescentes van a los centros por obligación, no por amor a la cultura (¿habrá psicopedagogo que se atreva a negarme que ellos preferirían estar jugando o divirtiéndose? Seguro que sí: estos señores rayan muy alto en materia de hipocresía), y por lo tanto solo estudian para conseguir ese aprobado que contente a sus familias y les libre de problemas, independientemente de que pueda haber materias que les gusten. Pero la enseñanza debe constituir un reto, así que, si queremos que funcione, cuando el alumno no tenga la motivación de aprender por sí misma una cosa que le atraiga, deberemos ponerle la motivación de conseguir o no el aprobado. Por esto es tan letal lo que entre los políticos, determinados padres y los pedagogos han conseguido que ocurra en los centros, pues los alumnos a los que solo les interesa aprobar, cuando descubren que eso lo van a lograr de todas formas, pierden todo interés y se desentienden del estudio, con la consecuencia de que no aprenden nada (¡y, para colmo, aun así, a menudo terminan aprobando!): de ahí han venido las pobrezas en los rendimientos del sistema que lamentamos hoy. 
    Sería interesante seguir con esto de los retos y la motivación. Si bien dos grandes enemigos suyos como la presión sobre el profesor o el aprobado regalado no son en rigor factores inherentes al sistema, hay otro mal que es también muy pernicioso y que sí pertenece plenamente a él: la escasez de filtros a que el alumno debe enfrentarse, gravísima carencia cuyos daños se han hecho especialmente patentes en la primaria o, para ser más exactos, en el balance entre la primaria y la secundaria. Uno de los cambios de la LOGSE que más prevenciones y críticas suscitaron fue la reducción de la primaria. En el anterior sistema, terminaba en 8º de EGB y cuando el alumno cumplía catorce años, mientras que en el actual termina en 6º de Primaria y cuando los alumnos tienen doce. Lo que en su día fueron 7º y 8º de EGB, últimos cursos de la primaria, con la LOGSE pasaron a ser 1º y 2º de ESO, es decir, los primeros cursos de la secundaria. Este cambio, que fue uno de los más drásticos del paso de la LGE a la LOGSE, tuvo una serie de consecuencias que ya el tiempo y la larga experiencia han demostrado efectiva e incontrovertiblemente que han sido negativas, dejo aquí las principales:
   -Desubicación. Recuerdo que, cuando se iba a implantar la LOGSE, incluso desde sectores de la inspección, se advirtió que los niños que salieran con doce años de un centro de primaria para ir a otro de secundaria llegarían a un entorno que todavía no era el suyo. Algo de esto ha habido, con consecuencias tan paradójicas o inesperadas como que los segundos de ESO acabasen resultando de los cursos más conflictivos. Dificultades han existido en los dos sistemas, pero, desde luego, hay una cosa que todos los que hayamos trabajado en EGB y en la ESO sostenemos de manera prácticamente unánime: esos chicos de entre 12 y 14 años estaban más centrados y mejor controlados en los centros de EGB.
   -Primaria pobre, inacabada. Los contenidos, los hábitos de trabajo e incluso los modales mínimos que se deben adquirir en una etapa primaria todavía no están suficientemente madurados en 6º. Con la EGB, los alumnos estaban hasta 5º en un sistema generalista y luego hacían 6º, 7º y 8º con división en asignaturas, pero todavía en primaria, mientras que ahora dan un salto demasiado abrupto de la primaria a la secundaria. Ese prematuro primer ciclo de ESO, complicado a pesar de que sus contenidos no son más duros que los de 7º y 8º, en el que además el paso del sistema generalista al de asignaturas específicas se da unido al cambio de centro, se sustancia en una especie de tierra de nadie que no es ni la primaria en que el alumno debería estar ni la secundaria para la que aún es pronto: un ámbito tremendamente confuso. La actual primaria es una etapa que se corta cuando aún está a medio hacer: ni la etapa ha madurado ni aporta a la siguiente alumnos con la adecuada maduración.
   -Carencia de filtros. He aquí la gran incongruencia estructural que demuestra que la primaria logsiana es un engendro truncado: ¿cómo es posible que un final de etapa se produzca sin una seria evaluación que represente una ruptura de la continuidad, algo que obligue al alumno a esforzarse para obtener la sensación de que ha subido un escalón o asegurarse una elección a su gusto? Aquí es donde cobra importancia la imperiosa necesidad de retos de la que antes hablaba. El alumno que terminaba 8º de EGB, si aprobaba, obtenía un título que le permitía optar entre el BUP o la FP, mientras que el que suspendía tenía cerradas las puertas al BUP, eso, como mínimo. En el sistema actual, en cambio, todos los alumnos, tengan el expediente que tengan, la edad que tengan y los rendimientos que tengan, una vez acabada la Primaria, acceden exactamente al mismo 1º de ESO. Por no tener, no tienen tampoco ni que demostrar grandes cosas, ni siquiera en lo que deberían ser destrezas mínimas: ¡cuántos alumnos de 1º y hasta 2º de ESO me habré encontrado que leían peor que muchos niños de nueve y diez años! Han sido demasiados, y es que, aunque me caigan mil palos, voy a tener que decir que desde hace demasiado tiempo nuestros centros de Primaria se han convertido en felices Arcadias donde se ha impuesto el no incomodar a los niños y el no frustrarlos, terreno abonado para que, a aquel que no esté dispuesto a aprender a leer, a escribir, a sumar o a lo que sea, se le deje "seguir su ritmo madurativo propio", no se le suspenda, no se le haga repetir salvo hecatombe y se le vaya pasando con su cinco curso tras curso, más aún, si se porta bien o sus padres son inclinados a dar problemas. Las consecuencias de esta práctica docente, en demasiados casos, son catastróficas, pero no hará falta que repita que está en plena consonancia con la filosofía educativa que se transmite a los futuros profesores en las escuelas de Magisterio y con la falta de exigencia que tanto parece agradar a la inspección educativa. Esto es letal para conseguir cualquier aprendizaje, incluidos los mínimos: a nuestra Primaria le ha resultado tremendamente perjudicial el que ni los niños ni los profesores hayan estado sometidos a presión alguna en cuanto a la adquisición de conocimientos. 
   Y esto afecta también a la Secundaria. Retomemos algo que he dicho antes: en 8º de EGB, el alumno se enfrentaba ya a una crucial diferencia según aprobase la etapa o no: nada menos que la posibilidad o imposibilidad de hacer bachillerato, un reto muy importante que le obligaba a tomarse las cosas muy en serio para superarlo y que era realmente benéfico de cara a los aprendizajes. Ahora bien: ¿cuál es el reto a que están sometidos los chicos que hoy en día tienen la misma edad que aquellos de octavo, es decir, los de 2º de ESO? Sencillamente, ninguno, salvo los que les imponga su propia responsabilidad, pues, hagan lo que hagan, más tarde o más temprano, acabarán todos en la misma estación: 3º de ESO (no hablo de casos extremos ni de la cuestión de que los que no se esmeren pasarán con asignaturas pendientes, asunto que... mejor dejaré para otro día). Resultado: el interés por el estudio solo se mantiene en los más responsables, bien sea por el deseo de aprender o el de aprobar; entre los restantes, muchos de los que hubieran podido sacar provecho en caso de haber tenido ante sí un reto explícito, se acabarán dejando llevar por la apatía.
    De todo lo que he dicho hasta aquí, se obtiene de forma contundente una conclusión: sería muy beneficioso para nuestra enseñanza que se reestructurase la etapa de Primaria, lo que inevitablemente llevaría a modificar también la de Secundaria. Cuando me decidí a escribir este artículo, no tuve más remedio que acordarme del Manifiesto de Maestros y Profesores, el cual, aunque es de 2010, mantiene intacta su vigencia (podéis verlo aquí: MMP), pues en aquel documento se decía ya negro sobre blanco que la Primaria es el escalón más importante del sistema educativo (mirad el punto 6). Como siempre he creído que la propuesta de aquel documento acerca del asunto del que trato aquí era muy acertada, voy a hacerla mía a través de una formulación que intentaré sucinta. Todo parte de conceptos que los deseducativos hemos defendido siempre como los ejes óptimos para una buena enseñanza: esfuerzo, mérito, motivación, conocimiento, superación de retos.
    La etapa de Primaria debería abarcar hasta los catorce años, por razones sobradamente expuestas. Los alumnos que la aprobasen, podrían elegir cualquiera de las tres vías que el sistema debería ofrecer: Bachillerato, Formación Profesional o una a la que llamaré Educación Secundaria Básica. Los alumnos que no aprobasen solo podrían acceder a la última, que sería obviamente menos exigente, pero también abriría puertas menos prometedoras. Es importante que las vías más atractivas, que requieren más conocimiento, estudio y preparación, tengan, en coherencia, un acceso más difícil, que no resulte que al final pueda conseguirlas tanto el que demuestra lo suficiente como el que no demuestra nada. Eso las hace realmente interesantes y ayuda a que el alumno y la sociedad las valoren como de verdad merecen, aparte de que es muy motivador para un estudiante el entender que ese valioso objetivo al que aspira tendrá que ganárselo con su esfuerzo. Aparte de esto, debo no obstante señalar que este sistema no sería bueno si no fuera flexible, por lo que debería contar con una adecuada red de pasarelas que permitiese, bajo las condiciones adecuadas, saltar de una opción a otra. Si se compara esto con la ausencia total de incentivos y el café para todos que ofrece el sistema actual para los alumnos de estos niveles, creo que, como mínimo, la propuesta que presento merecería siquiera algo de atención.
   ¿Qué vendría después? En lo referido al Bachillerato y la FP, por lo pronto, deberían dividirse en dos ciclos, el primero de los cuales se acabaría con dieciséis años y tendría el valor de Graduado en Educación Secundaria Básica, más las particulares diferenciaciones específicas (relativas a la FP o Bachillerato que se hubiera cursado) a que hubiera lugar. Por otra parte, otro de los inconvenientes que embutió la LOGSE en nuestra enseñanza fue que, al poner muy lejos el primer título obtenido (el Graduado en ESO, a los 16 años) por la injustificada hipertrofia de la ESO, retrasó perjudicialmente algunas cosas, como la decantación por el tipo de estudios a los que el alumno optaba o el comienzo del Bachillerato. En lo referido a este, en los últimos tiempos son muchas las voces que se quejan de que su duración de dos años es insuficiente, cosa que el sistema que propongo resolvería al permitir que durase cuatro. Algo similar ocurriría con la FP, que podría extenderse esos cuatro años, o, si se considerase oportuno, los cinco que duraba en el anterior sistema. Otra ventaja que tendría la presente propuesta para la FP es que, a pesar de los avances tecnológicos, en muchas de sus especialidades sigue teniendo bastante importancia lo manipulativo, y este tipo de aprendizajes se adquiere mejor cuanto antes se aborda.
   En cuanto a la Educación Secundaria Básica, duraría dos años y terminaría a los dieciséis, es decir, a la edad en que acaba la escolarización obligatoria. Si algo he aprendido en los muchos años que he pasado con alumnos de Compensatoria, o de Diversificación, o de esos matriculados en enseñanzas regulares pero estrellándose durante años contra unos programas que les aburrían y/o les resultaban abstrusos, ha sido que es estéril por completo intentar hacerles tragar con calzador contenidos que se salgan de lo esencial. Lo explicaré con un sencillo ejemplo: yo he sido el primero en ver que no tenía sentido hablarles de Quevedo a ciertos chicos que, con quince o dieciséis años, estaban metidos en un 3º de ESO que no era lo suyo, pero yo ni podía ni debía hacer otra cosa que dar el programa. De esto se deduce que creo que en esta propuesta los programas deberían ser muy fieles a su condición de básicos y ofrecer en las áreas y asignaturas que los compusieran lo más básico y práctico de las mismas. Atención: básico no tiene por qué ser sinónimo de inútil, facilón o rutinario: se pueden enseñar un montón de cosas que son básicas y resultan muy interesantes, sé lo que me digo, porque, como ya he dicho, he trabajado en EGB, en Diversificación y en Compensatoria. A última hora, los alumnos que entrasen en esta vía lo harían entre otras cosas por su falta de dominio de los contenidos básicos y fundamentales, así que el cubrir esta carencia debería ser el objetivo principal. Y, por supuesto, no sería buena idea afrontar estas enseñanzas con predisposición a la caridad y al regalo, porque eso sería una falta de respeto a unos alumnos que se merecerían, por muy básica que fuera, una enseñanza de calidad. Los objetivos de esta opción deberían ser los siguientes:
    -Culminar la educación de los alumnos hasta la edad marcada como límite de la escolarización obligatoria.
    -Dotar a los alumnos de los conocimientos adecuados al nivel del Graduado en Educación Secundaria Básica que obtendrían al acabar estas enseñanzas.
     -Suministrarles unos conocimientos mínimos para su inserción el mundo laboral.
     -Prepararlos para que pudieran afrontar con éxito las diferentes opciones educativas que se ofrecieran a su alcance, entre ellas, el acceso a la FP o al Bachillerato mediante las fórmulas que establecieran las pasarelas anteriormente mencionadas.
    Esto que acabo de bosquejar puede parecer el arbitrio de un chiflado ocioso, una utopía o una pérdida de tiempo, pero puedo asegurar que, para pérdida de tiempo, la que he visto padecer a muchos alumnos prisioneros de los fallos y contradicciones de nuestro sistema actual, fallos tales como la inapropiada duración de la Primaria, la desincentivación de los alumnos hasta al menos 2º de ESO, el demencial café para todos de la Secundaria Obligatoria y el absurdo retraso en la elección de opción educativa a que obliga esa exageración de situarla en los dieciséis años, retraso que para muchos, además de absurdo, es fatídico. Todas estas cosas que acabo de enumerar deben de parecer muy inteligentes y muy cuerdas, a juzgar por el hecho de que acompañan a un organigrama que lleva implantado veintisiete años sin que a nadie con mando en plaza o con aspiraciones serias a obtenerlo se le haya ocurrido siquiera mencionar la posibilidad de cambiarlo. Pienso que la reestructuración que propongo acabaría con ellas.