sábado, 18 de noviembre de 2017

Pinocho revisitado: cuando la nariz les crece a los adultos

   Cuando en enero de 2016 El Vaticano, en un alarde de acomodaticio puritanismo, decidió tapar las estatuas desnudas de su colección con el fin de no herir la sensibilidad del presidente iraní, Hasan Rohani, que estaba allí de visita, en nuestro país se levantó una ola de general rechazo por la hipocresía y la falta de entereza del estado papal. Otro aspecto muy criticado fue la traición que se cometía contra el patrimonio cultural: ¿acaso esas excelsas obras de arte no habían sido concebidas y creadas como tales incluyendo entre sus virtudes esa desnudez tan mezquinamente censurada solo por no colisionar con los gustos de un señor un tanto estrecho de ideas? Las obras de arte -¿quién puede dudarlo?- se crean como se crean en el momento en que se crean y se inscriben en la historia de la humanidad tal y como son, y así debe respetarlas, asumirlas, interpretarlas y entenderlas la posteridad: ofendería a la inteligencia, la sensatez, la honestidad, la comprensión hacia nuestro pasado y la sensibilidad artística pretender modificarlas siquiera en un átomo en virtud de los particulares gustos o pareceres de cualquier época. Prueba de lo que digo es que, cuando se ha hecho -porque, por desgracia, más de una vez se ha hecho- nos ha parecido aberrante: aberrantes han sido los irreparables estragos que los talibanes o ISIS han hecho en grandes testimonios del arte antiguo, pero también aberrantes han sido, aunque no alcanzasen tal envergadura, actos como la censura y prohibición que durante siglos sufrió el Lazarillo de Tormes o aquellos grotescos cortes con que los censores franquistas mutilaban los inocentes besos de las películas.
    Sospecho, no obstante, que el gusano de la censura y del desprecio del arte anida en todas las épocas y culturas, incluso en una tan supuestamente liberal como la nuestra, en la cual se materializa bajo los ropajes de esa nueva inquisición llamada corrección política. Y parece que sus dómines la tienen especialmente tomada con los cuentos infantiles, a los cuales algunos se empeñan en mutilar y tergiversar so capa de que son excesivamente crueles o abundan en ellos reprobables conductas que no pueden reproducirse ante nuestros tiernos infantes, pues corremos el riesgo de traumatizarlos. La última andanada nos la obsequia la editorial Cuatro Tuercas, que ha lanzado una colección llamada Érase dos veces, en la que aborda una temible tergiversación -ellos la presentan como una actualización- de algunos de los más famosos cuentos clásicos, con este resultado: el protagonista de La bella y la bestia es un maltratador, El patito feo es una víctima de acoso, La ratita presumida es lesbiana y, por lo que parece, el príncipe de La bella durmiente, cuando la besa al final (sin su consentimiento, argumentan los editores), lo que está cometiendo es un abuso sexual.  
    Escandaliza semejante orgía de bobadas y manipulaciones; independientemente de los innegables horrores que encierran los cuentos clásicos (propios de la época en que fueron producidos), sus mensajes no esconden para nada la sordidez que repulsivamente les encasqueta la editorial Cuatro Tuercas con el fin de reducirlos a su conveniencia: La bella y la bestia es una historia en la que se ensalza el poder del amor, la virtud y la paciencia, mediante las cuales se consigue hacer bondadoso a un ser malvado y violento; en El patito feo no hay acoso, sino exclusión y rechazo, y estos no son el eje principal de la historia, la cual gira en realidad en torno a la idea de que las personas, aunque se encuentren excluidas y perseguidas, deben confiar en las virtudes que es posible que oculten sin sospecharlo y que quizás algún día serán sus poderosas alas; lo del lesbianismo de La ratita presumida es una memez oportunista como un piano y, por último, resulta una auténtica vileza atribuir lascivos móviles sexuales al príncipe de La bella durmiente, el cual lo que hace es besar a la mujer que ama para liberarla de un hechizo y, si la cosa tiene efecto, es porque la ama de verdad (¡y bonita estupidez es esa del no permiso, teniendo en cuenta que ella está con su voluntad anulada!). Estos son los verdaderos mensajes de esos cuentos, que se reducen a lo que se han reducido siempre las moralejas de los relatos infantiles clásicos: el triunfo del bien, faltaría más, a ver si ahora va a resultar que unos actualizadores advenedizos les van a dar lecciones de moral a la tradición centenaria o a los autores clásicos.
    Pero lo que realmente me deja perplejo es el sesgo que se da a Pinocho, en el que se da la vuelta a la tortilla y es a los adultos a quienes les crece la nariz. Ni conozco ni me importa la versión que la editorial Cuatro Tuercas hace de este relato, pero aquí sí que es de rigor reclamar un respeto, no solo porque nos hallamos ante un gigantesco clásico de la literatura infantil universal, sino porque difícilmente se le pueden poner objeciones a la enseñanza moral de Pinocho, que es un resuelto alegato nada menos que contra la mentira y una seria advertencia que ha sido, es y será siempre crucial para niños y adolescentes: cuidado con tus compañías, porque, si las eliges mal, podrán hacerte mucho daño; cuidado con tus actos, porque todos tienen sus consecuencias. Llevo años poniendo este libro como lectura obligatoria a mis alumnos de segundo de ESO, a los que creo que les benefician mucho esos consejos y a los cuales, puedo garantizarlo, les encanta esta historia de ritmo cautivador y plena de aventuras, de fino humor y de fantasía: no frivolicemos con algo de tan alto valor educativo. 
    Si la editorial Cuatro Tuercas quiere escribir cuentos contra el maltrato o el acoso, no seré yo quien le ponga la menor objeción, pero creo que debería tener la sensatez de dejar en paz a los clásicos: que hagan el esfuerzo de inventar ellos sus propias historias, que tengan la honestidad de no explotar los argumentos ajenos y de no falsear su interpretación. Aquí cabemos todos; si quieren sacar a la luz sus ideas, háganlo, pero que dejen en paz las ajenas; está muy mal dar una interpretación torcida del discurso de los clásicos para desacreditarlo y hacer así brillar el propio, eso se llama manipulación ideológica. Por otra parte, los clásicos son imperecederos y es por algo: en el momento actual, no solo es por su calidad literaria o por la vigencia de sus advertencias, sino también porque, al contrario de las ñoñas producciones de la corrección política, no tienen reparos en mostrar el lado malo de la realidad, la violencia, la mentira, el dolor, la muerte, el peligro, pero siempre con el ánimo de resaltar cuáles son los caminos rectos. Siempre será mejor hacerlo sin ocultar una parte de las cosas que uno puede encontrarse por el mundo. 

domingo, 12 de noviembre de 2017

Hit the road, Jack

   Como ya estoy de prusés hasta los..., hoy voy a hablaros de música, y voy a hacerlo con una canción de 1961 que yo conocí algo así como diez años después y que es de esas tan buenas y pegadizas que te enganchan desde el primer momento y ya no las olvidas jamás, me refiero a Hit the road, Jack, ese temazo popularizado por Ray Charles que en realidad es obra de Percy Mayfield, como muy bien se explica en el blog Historias de una canción. Si veis la letra de la canción (aquí en inglés y aquí traducida al español), comprobaréis que la cosa consiste en una escena de pareja de lo más corriente: una mujer está hasta la coronilla de su compañero sentimental y le dice no precisamente con cortesía que desaparezca, a lo que el hombre responde de forma bastante plañidera. Esta es la razón por la cual Hit the road, Jack siempre se interpreta con unas voces femeninas haciendo la parte de jitderoud (o sea, ¡¡¡Lárgate!!!) propiamente dicha y otra masculina interpretando la del apaleado (seguramente, por sus propios méritos) Jack. Voy a poneros tres versiones, empezando, como no podía ser menos, por la del colosal Ray Charles, a cuyos acordes fueron muchas las mañanas que, entre 1971 y 1974, me desperté cuando estaba en la Universidad Laboral de Córdoba. En cuanto pude, me compré el disco, así que tan mala no sería la experiencia. Vamos con Ray:

   ¿Y que me decís de esta orientalizante de Bizimkiler? A mí me parece sencillamente genial.

   Dejo para el final esta de Sweet Sisters, en la que solo aparecen las Furias ofendidas, mientras que el mísero Jack queda omitido por una sonora bofetada que lo expulsa de la escena casi desde el principio, aunque tiene una representación en esos atónitos espectadores masculinos del bar.

   Esto es lo que pasa cuando te portas tan mal como Jack: se cansan de ti y te mandan al cuerno. Hay que reconocer, eso sí, que las chicas de estos vídeos lo hacen con mucho salero.

viernes, 10 de noviembre de 2017

¿Declaración simbólica? ¡Ja, ja, ja ja!

   He aquí una de las mil muestras de prepotencia fanática con que doña Carme Forcadell nos ha estado obsequiando en los últimos años:

  Parece que hoy a esta rrrrrevolucionaria tan tremenda y castigadora, delante del juez, se le han bajado los humos y se ha despachado con esta colosal estupidez: que la declaración de independencia fue solamente simbólica. Me temo que va a tener complicado explicar toda su trayectoria, este "símbolo" y todas las aberraciones segregacionistas que se vieron en él:

Pleno de declaración de la independencia de Cataluña (27 - X - 2017)
    La orgía de abusos e irresponsabilidades que llevaron a esta declaración tiene un precio, como lo tiene esa misma declaración y la catarata de males que ha traído detrás en apenas dos semanas. Esos que como Forcadell han estado cinco años llevando el prusés adelante con insultante arrogancia ahora no quieren pagarlo. Última táctica de ratonil escape: decir con humillante cobardía que todo ha sido una broma o poco menos, un montaje teatral al aire libre. Están empezando a resultar patéticos, pero más patético aún es comprobar el daño que pueden llegar a hacer un puñado de idiotas inconsistentes.    

viernes, 3 de noviembre de 2017

Ley del embudo

   Ha tenido hoy cierto eco en la prensa un vídeo en el que se oyen los comentarios de algunos policías acerca de Junqueras y otros exconsejeros cuando salían trasladados desde el juzgado hacia la prisión, helo aquí:

   Ciertamente, las frases que les dedican no son un modelo de urbanidad, consideración ni respeto, por lo que no pueden defenderse en absoluto, ahora bien, como en otras ocasiones ha sucedido, debo señalar que este tipo de conversaciones y frases groseras, si se producen en el ámbito particular (y está claro que los policías estaban hablando entre ellos) no pueden extrapolarse a la categoría de la injuria. Si las vejatorias expresiones se han hecho de dominio público, es culpa del que se afanó en grabarlas y difundirlas sin permiso, no de quienes las pronunciaron. Si quien hizo esto no se hubiera tomado esa molestia, hoy no podrían darse por ofendidos ni los exconsejeros ni sus defensores, entre ellos, La Vanguardia, diario del que saco este vídeo.
    ¿Quién podría negar que las ofensas y los desprecios duelen? Por esta razón, es una elemental ley de prudencia, inteligencia, civismo, educación y talante democrático el no recurrir demasiado alegremente al uso de la ofensa. ¿Cómo se ha conducido el independentismo en lo referido a este principio? Creo que no cabe el menor asomo de duda de que sencillamente lo ha ignorado siempre de la manera más grosera y ultrajante, por lo que, ahora, las quejas que por este irrelevante asuntillo de los policías se lanzan desde sus filas y las del penoso coro de papagayos que las apoyan son una muestra más de cínica aplicación de la ley del embudo, manipulación y (en el ridículo caso de sus tontos útiles) aquilatada estupidez. 
    No es ocioso recordar aquí que en España el independentismo tiene muchas marcas, y no solo la catalanista, pues independentistas son también, si no me equivoco, el PNV, ETA y su versallesco entorno batasuno, en consecuencia, ¿qué habrán pensado las víctimas de ETA y sus familiares cuando hoy hayan visto en los medios el horrorizado pesar que los comentarios de los policías han producido en las tiranizadas filas del catalanismo? Sin duda lo habrán entendido, habrán pensado que ese choteo es de largo mucho peor que la muerte, la mutilación, la amenaza, la extorsión o la vida truncada, ¡dónde va a parar! ¿Y los exiliados del aberchalismo, que se cifran entre 100.000 y 300.000? Es obvio que habrán añorado el fair play y la empatía de esos borrokos y batasunos que los sometieron a un acoso algo pasado de vueltas.  Etarras, batasunos y borrokos formaban el engrasado equipo que zarandeaba el árbol para que cayeran las nueces que recogía el PNV, siempre tan piadoso, el partido del hoy tan celebrado Íñigo Urkullu, sedicente mediador. Y ya que hablamos de exiliados del independentismo, no caigamos en el error de omitir que el catalán también tiene los suyos y que es incontrovertible que no son pocos, se está haciendo ya necesaria una cuantificación y que se proclame a los cuatro vientos su resultado. Lo que durante décadas se ha ejercido con ellos y con los cientos de miles de exiliados interiores que el catalanismo arrincona dentro de la propia Cataluña es violencia pura, dura y permanente, parece mentira que, ante las hipócritas acusaciones de violencia que, especialmente desde el 1-O, han prodigado contra España los independentistas y sus esbirros, los medios de comunicación y los partidos no hayan sabido o no hayan querido esgrimir este argumento, pues creo que es muy contundente, y es necesaria la contundencia frente al desprestigio sistemático de España que se está ejerciendo desde el segregacionismo. 
    La atrabiliaria violencia intimidatoria de los cavernícolas independentistas viene de muy lejos y de ella han participado los del País Vasco y los de Cataluña, con igual saña. Echar a gritos, insultos y hostigamiento al que osaba no ser de los suyos es una práctica que tiene treinta años o más, como demuestra el artículo de Antonio Muñoz Molina titulado La patria gutural, un auténtico clásico, un impecable testimonio que os recomiendo leer de arriba abajo y tener siempre muy presente, porque la memoria es el peor enemigo de los totalitarismos. Ahí se habla de los gritos a medio metro, de las caras enrojecidas de odio, de los mueras, de las banderas y símbolos quemados, esas festivas manifestaciones del "pacifismo" separatista de tradición ya muy larga. Pero todavía duran, aún están ahí, y elevadas al rango de normalidad y de actos justísimos mediante la silenciosa y machacona perfidia con que los separatistas legitiman sus infamias. Es increíble que seamos tan desmemoriados y tan descuidados a la hora de plantear la batalla de la controversia, que es muy importante para crear una buena imagen y ganarse la condición de poseedor de la causa justa, batalla crucial que pocos podrán dudar de que el independentismo está ganando con su machacona propaganda plagada de mentiras. ¿Se quejan ahora de lo malos y lo zafios que han sido esos policías con sus ofensas en privado? Pues bien, no hace falta irse muy lejos para aplastar esas cínicas quejas con muestras de ofensas suyas mucho más graves y hechas además a la luz pública, aquí dejo unas cuantas:

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Empar Moliner quema en TV3 la Constitución Española

Pulsando aquí podéis ver el vídeo completo de esta farsante. Su retractación cobarde aquí

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Quema de la bandera española


Pitada al himno de España

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Hostigamiento al Gobierno y al rey en una manifestación antiterrorista

    ¿Hacen falta más muestras? Pues las hay por decenas. El odio sistemático a España, vertido durante décadas con la permisividad que al final ha resultado cómplice de los sucesivos gobiernos de la nación, tiene el caudal de un río como el Amazonas, más o menos. Es además agrio, violento y regido por un estudiado propósito segregacionista. Ya he dicho lo que tenía que decir acerca de esos comentarios de los policías elevados hoy a la celebridad. No caigamos en la trampa de los que condenan con hipócritas alaridos a quienes hacen una vez en privado lo que ellos llevan años y años haciendo de manera habitual, pública e infinitamente más grave. No nos dejemos enredar en su pervertido abuso de la ley del embudo. 

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Ratas

1. Ratas de alcantarilla


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 Josep Dencás
    Seguramente, muchos conoceréis la historia de la proclamación del Estat Catalá en 1934, aquel que duró 11 horas y terminó con el Gobierno catalán entre rejas, como podéis ver en algunas fotos de este artículo, una de las muchas fuentes en que se cuenta ese episodio. Ahí se relata también lo gloriosamente que concluyeron la gesta dos de sus máximos instigadores, Miquel Badía (más conocido como el Capitá Cullons) y Josep Dencás, que era consejero de Gobernación: ambos huyeron literalmente por las alcantarillas, las cuales estaban conectadas con el palacio de la Generalidad mediante un túnel que a propósito se había hecho en las semanas previas al pronunciamiento. Mientras ellos defendían así sus ideales, otros, como su subordinado Enric Pérez i Farrás, jefe de los Mozos de Escuadra, se quedaron luchando y acabaron en la cárcel o muertos.

2. Rata en busca de agujero
   En nuestros días, ese nuevo héroe llamado Carles Puigdemont ha optado también por salir pitando después de haber proclamado una insostenible independencia catalana y provocado con ello un conflicto gravísimo y de considerables consecuencias. Parece ser que el actual autopresidente de Cataluña, como los señores Dencás y Badía, tampoco es amigo de pagar los platos que rompe. Como con este señor nunca se sabe (durante unas horas, La Vanguardia estuvo anoche asegurando que volaba de vuelta hacia Barcelona) y lo único claro es que anda por ahí escondido, creo que se ha hecho merecedor de un homenaje sacado del séptimo arte:

Sal, ratita...

3. La megarrata
   Y, mientras tanto, el que puso en marcha el invento, el verdadero responsable del desastre...
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...va a salir, como todos los indicios parecen señalar, muy bien librado. Sí, ya sé que le han puesto una buena multa, pero ¿qué es eso comparado con lo que se les puede venir encima a las marionetas que él -marioneta a su vez- ha movido? Y además, ya sabéis que está remoloneando o apañándoselas para que se la paguen otros: rata por tacaño y rata -este también- por intentar escabullirse de sus responsabilidades, o sea, doble rata: la megarrata.

    Es curioso: la rebelión independentista de 1934 fue contra la república de 1931 y la de 2017, contra la monarquía constitucional de 1978, es decir, los dos periodos más nítidamente democráticos de la historia de España: está claro que este tipo de roedores le tienen una especial fobia a la democracia. A los que se han pasado años hablando de negociaciones, encajes, consultas pactadas, diálogos y naciones de naciones mientras se gestaba un golpe de estado de las dimensiones que están saliendo a la luz, esto debería hacerles reflexionar muy en serio.