miércoles, 21 de marzo de 2018

"Lo que estamos construyendo" en las revistas de ANPE

   En el presente mes de marzo, el sindicato de profesores ANPE ha tenido la gentileza de publicar reseñas sobre Lo que estamos construyendo en dos de sus revistas, la de ANPE - Nacional (Nº 591) y el Buzón de Alcance que edita ANPE - Madrid (Nº 197). Deseo desde este artículo expresar mi agradecimiento a las dos secciones de esta organización sindical.
   En la revista de ANPE - Nacional, la reseña consiste en un breve comentario acompañado de una imagen de la cubierta del libro. Todavía no está publicado en internet el número 591, por lo que la única referencia que puedo añadir es que la nota se encuentra en la última página de la edición en papel, en la sección Biblioteca del docente
  Por lo que se refiere a ANPE - Madrid, el artículo incluido es ya más extenso y aparece en la sección Libros. Presenta, como el anterior, una fotografía de la cubierta, pero profundiza más en los contenidos del libro y añade una semblanza del autor y un enlace a la información sobre los puntos de venta. Podéis consultarlo aquí:
   Una vez concluido y publicado, reflexionando sobre este libro, veo que lo más contundente en él es la defensa de la figura del profesor, cosa que no extraña, pues el principal motivo que me impulsó a escribirlo fue el hartazgo ante el bombardeo de tergiversaciones que padecemos sobre la formación del profesorado y las metodologías usadas en la escuela, campos en los que se dicen muchas mentiras, las cuales, unas veces de forma explícita y otras de forma implícita, nos señalan injustamente como los causantes de los problemas de la enseñanza actual. Esa defensa de la figura del profesor es sin discusión posible una prioridad en los objetivos de ANPE, y quizás sea esta coincidencia lo que les ha animado a publicar las reseñas. Me despido reiterándoles mi agradecimiento. 

viernes, 16 de marzo de 2018

Sobre la escuela feminista de Yera Moreno y Melani Penna

   El pasado 15 de febrero, publicó la revista T. E. (=Trabajadores de la Enseñanza), órgano de la federación de educación de CCOO, un artículo que se titulaba Breve decálogo de ideas para una escuela feminista, en el cual sus autoras, doña Yera Moreno y doña Melani Penna, explicaban cómo quieren ellas que sea una escuela feminista. Como este artículo ha sido la inspiración de un documento titulado Ideas para una escuela con perspectiva de género: haciendo de la escuela un espacio feminista, el cual está editado por una secretaría de políticas de igualdad de CCOO y realizado por su gabinete de comunicación, no puede quedar la menor duda de que esta organización respalda las propuestas de las señoras Moreno y Penna. Creo imprescindible que todos leamos ambos documentos y conozcamos la explosiva carga que portan, porque, si temible me parece que el modelo de estas dos señoras pueda llegar algún día a implantarse en la escuela, alarmante me parece que lo respalde una organización con la importancia, el peso político y la influencia social de Comisiones Obreras.
   El estupor se produce ya desde el mismo título: ¿qué es eso de una escuela feminista? La escuela no puede ser "-ista", no puede tener ninguna orientación ideológica, no puede ser feminista del mismo modo que no podría ser masculinista, ni comunista, ni fascista, ni panteísta, ni islamista, ni metodista, ni papista: ya bastante nos chirría a algunos en España, donde teóricamente es aconfesional, que incluya en sus programas la asignatura de religión, sea la católica o la que sea, pero, aun con eso, ni es la nuestra una escuela cristiana ni sería de recibo pretender que lo fuera. Estamos, además, en plena visualización del desastre que representa el que en algunos lugares, como Cataluña o el País Vasco, se haya convertido en una escuela nacionalista con lamentables muestras de adoctrinamiento, conque por fuerza tendremos que dar la más rotunda negativa a este nuevo invento ideologizador de la escuela feminista. Muy convencidas de su credo tienen que estar las señoras Moreno y Penna para atreverse a proponer su imposición en toda la escuela, pero esa convicción raya en el fanatismo, lo cual, si en ellas no deja de ser un posicionamiento personal para el que son muy libres, en CCOO es inadmisible: esa pretensión de hacer de la escuela un espacio feminista asombra en una organización de carácter público que se define como democrática, porque -repito y no me cansaré de repetir- en una democracia la escuela no puede llevar etiquetas ideológicas y, les guste o no a las señoras Moreno y Penna y a la Secretaría de Mujer, Políticas de  Igualdad y Políticas de LGTBIQ de la Federación de Enseñanza de CCOO (órgano autor del segundo documento), el feminismo no es una verdad absoluta, es solo una ideología más.
   Para empezar a analizar el documento de las señoras Moreno y Penna, señalaré que comienza indicando cómo enseña la escuela. Según ellas, es así:
    Y lo hace bajo esos mismos parámetros sociales que legitima y reproduce, y que, por tanto, son sexistas, racistas, clasistas, colonialistas, capacitistas.
    Desde luego, en lo tocante a la escuela en la que he estado enseñando en los últimos treinta y cuatro años, decir esto es un disparate y un insulto. Esto, atribuido a nuestra escuela, ES MENTIRA, por lo que poco bueno podremos esperar de una propuesta que se basa en tan disparatados fundamentos. Si hay un tema que conozco a fondo -porque lo llevo observando desde hace años-, es el del alud de malintencionadas descalificaciones con que se maltrata a la escuela, siempre con fines inconfesables, y puedo decir que he visto pocas veces que, en tan solo dos líneas, se hayan lanzado tantas injurias y de tal envergadura. Desalienta pensar que tengan el respaldo de un sindicato educativo, haría muy bien CCOO en reconsiderar estos documentos, y sin lanzar cortinas de humo como la que publica eldiario.es, las cuales quedan desmentidas por el segundo de los documentos que enlazo. Creo sinceramente que esa injustificable virulencia procede de que las autoras de esta propuesta están muy convencidas de hallarse en posesión de la verdad, pues solo así se explica que sostengan que el que no entienda o no comparta sus ideas será porque no ha leído a determinadas autoras que ellas recomiendan, y que, si después de haberlas leído sigue sin entender, es que tiene prejuicios sexistas. En pocas palabras: si usted no está conmigo, o es que no ha leído lo que hay que leer o es que tiene prejuicios. Lo dicho más arriba: una autoconvicción que raya en el fanatismo.
    Y si pasamos a los objetivos, resulta que la propuesta está puesta al servicio de una finalidad: convertir la escuela en un espacio para la revolución social, a lo que solo se me ocurre una respuesta: la escuela es un espacio para aprender, no para revolver, dejémosla en este humilde servicio y no pretendamos instrumentalizarla para ninguna cruzada iluminista. Porque, además, si echamos un vistazo a los diecinueve puntos de ese ¿decálogo?, veremos que el puente hacia la revolución social  anhelada lo componen unas medidas que ponen los pelos de punta, señalaré algunas, sin ser demasiado exhaustivo: adoctrinamiento del profesorado en la ideología feminista (punto 1), creación de una neolengua no machista (2), condicionar los programas de literatura, filosofía, historia, arte, música y ciencias por razones de género (3, 4, 5, 6, 15, 17), censurar a escritores (7). En pocas palabras: una manipulación totalitaria de las cosas que se enseñan y hasta de las mentes de quienes deben enseñar de colosales dimensiones. Todo habrá de verse bajo una óptica feminista exclusiva y excluyente. Asusta, de verdad, uno no da crédito a que propuestas así se formulen en la España de 2018, quizás deberíamos hacer una seria reflexión acerca de nuestros fundamentos democráticos.
    Pero no es esto solo, porque eso era nada más que lo referido a las enseñanzas, y queda todavía un aspecto muy preocupante, el que de una forma muy amplia podríamos definir como el de la cuestión del género. Este manifiesto parece un tanto obsesionado con eliminar las diferencias de género: el punto 8 propone "no separar los baños entre hombres y mujeres", disparate contra el que ya me pronuncié en otro artículo cuando la Generalidad valenciana propuso implantarlo en un documento en el que parecía estar muy preocupada por la identidad sexual; resulta curiosa esta obsesión de algunos por defender la identidad sexual a base de difuminar y de meternos a todos en el mismo saco. No creo que sea el camino y repito lo que ya dije en aquel artículo: ojo con meter a niños y niñas en los mismos baños, porque en los baños a veces han pasado cosas, no los convirtamos en juguetes de ninguna revolución social ni sexual, que, como ya he dicho, la escuela no está para eso. Luego, en el punto 9, se propone desheterosexualizar la escuela. ¿Por qué? ¿Existe esto como problema o alguien quiere crearlo? No seré tan malpensado de creer que aquí alguien está intentando convertir la escuela en su particular campo de batalla, pero a veces me da por pensar que algunos muy a gusto prohibirían la heterosexualidad. Vuelvo a pedir respeto para la escuela, a la que, no olvidemos, quienes acuden van para aprender, sin que su condición sexual sea para nada relevante. En este empeño por eliminar diferencias a base de pasarles el rastrillo por encima, insiste también el punto 13, que voy a reproducir completo:
   Eliminar los códigos de vestimenta. Enseñar, mediante talleres y en las clases, tanto al profesorado como al alumnado, a respetar a las personas, independientemente de cómo vayan vestidas. Desechemos ese prejuicio misógino de pensar que ciertas personas visten para provocar a otras. Entiende que la vestimenta, y lo que hagamos con nuestros cuerpos, forma parte de la libertad individual de cada cual, y no tiene nada que ver contigo. Asúmelo.
    Sinceramente, espero que no llegue el día en que haya talleres donde se enseñe a los profesores a respetar la vestimenta de la gente. ¿Será esta la formación por la que claman ciertos sectores innovadores? Sospecho que sí, así que no me extrañaría que, a no mucho tardar, las autoras de esta propuesta alcancen la condición de formadoras de formadores. Quiero llamar la atención también sobre esa paranoia de que el criticar a la gente por su vestimenta sea un prejuicio misógino. Nótese, por último, el tono panfletario de las dos líneas finales: parece que estén abroncando a alguien.
    Pero, en todo caso, intranquiliza mucho el tratamiento del género que se capta en este documento, muy parecido al que impera en el de la Generalidad valenciana que he citado antes. Me temo que en ciertos sectores educativos existen ya grupos muy ideologizados que están llevando a cabo un abordaje de la escuela para practicar un claro adoctrinamiento en materia de hábitos y posicionamientos sexuales. Bajo el paraguas de defender el derecho a la identidad sexual, observo inquietantes propósitos de condicionar conductas como la aversión a la heterosexualidad o la creación de una confusión tendente a la identificación total. Conviene que seamos serios en esto: en la escuela como en la calle, estamos obligados a respetar el género y las preferencias sexuales de cada cual; esto significa que somos todos idénticos en cuanto a derechos, pero no en cuanto a identidad: cada uno tiene la suya y nadie tiene derecho a entrar a la escuela con impulsos desheterosexualizadores o metiendo a todos en el mismo servicio: eso sería una intolerable manipulación de la escuela, y muy sesgada contra la heterosexualidad, que ya sabemos que por algunos es percibida como "lo establecido", es decir, eso que invariablemente quieren cargarse las revoluciones. Insisto en que esto es un asunto serio; imaginemos que un día en la escuela se implantara este decálogo para convertirla en feminista y no olvidemos que, además de los puntos 8, 10 y 13 ya mencionados, está el punto 11, que dice esto:
   Tener asignaturas específicas de educación sexual, así como de equidad de género en todos los cursos de todas las etapas. Estas asignaturas específicas contemplarán, además, la formación obligatoria del profesorado en estas materias. Porque los prejuicios y los estereotipos también nos atraviesan en tanto que docentes. Porque somos parte fundamental en la perpetuación y legitimación de un sistema patriarcal y heterosexista.
   Sigamos imaginando: imaginemos que cuando esta escuela se implante, por algún milagro, yo tengo hijos en edad escolar; pues bien, os aseguro que me echaría al monte: por nada del mundo dejaría la educación sexual de mis hijos en manos de una escuela así. La redacción de este punto delata una mentalidad groseramente totalitaria: esa asignatura se la darían a los niños desde los cuatro a los 16 años y los profesores estarían obligados a formarse en ella, pero no me queda muy claro si esa formación obligatoria no sería más bien adoctrinamiento. El lenguaje de este punto no resultaría extraño en Corea del Norte y no pasemos por alto que de nuevo aparece el sesgo de fobia a la heterosexualidad. Cosas muy serias, ya digo, pero para que nos echemos unas risas, voy a terminar con el punto 12, el que habla de fútbol, que ha sido quizás el más resaltado por los medios, a pesar de las enormidades que había en bastantes de los otros, y quiero llamar la atención sobre este hecho, porque esos medios son los mismos que están condicionando a la opinión pública acerca de lo que es bueno y lo que es malo en materia educativa, así nos luce el pelo. El punto dice esto:
   Prohibir el fútbol en los patios de recreo. Hagamos del patio un espacio amigable, donde todo el mundo pueda ocupar, transitar y habitar ese espacio común. Dejemos fuera esos juegos competitivos que monopolizan los espacios y excluyen a quienes no participan en ellos. ¿Por qué pistas de fútbol y no pistas de baile?
   ¡Prohibir el fútbol en España! Si algo no puede negárseles a Yera Moreno y Melani Penna, es valor. Como suele ocurrir con los innovadores, basan esta propuesta en una mentira: no es cierto que los campos de fútbol monopolicen los espacios comunes de los centros. Los patios de recreo suelen tener unas canchas polivalentes en las que, en todo caso, se puede jugar a fútbol siete, pero la gran y radical verdad es esta: a la hora del recreo, hay en todos los centros espacio y espacios para que todos los alumnos se entretengan como les dé la gana: paseando, charlando, leyendo, estudiando, jugando a juegos tradicionales, practicando mil deportes y no solo el fútbol o... bailando. ¿Por qué, una vez más, han recurrido a demonizar algo que solo es diabólico para ellas? Eso es hacer trampa, y lo hacen a lo largo de todo el documento. Y luego, esto otro: "Prohibir": ¿es que estas señoras tenían ganas de provocar o es que han sido tan necias de no darse cuenta de que prohibir un juego es la cima más alta del talante totalitario? La frase "Prohibir el fútbol en los patios de recreo" no se le ocurriría ni al dictador más adusto, solo con ella, se han desacreditado.
   Parece, en definitiva, un asunto trivial, pero no lo es, primero, por lo descabellado y totalitario de la propuesta en sí; segundo, porque forma parte de una corriente que está ya arraigada y me temo que no es débil. Y repito, además, que asusta: los procedimientos de esta propuesta para hacer su revolución social -mírese su lenguaje- consisten básicamente en eliminar o prohibir lo que disgusta a sus autoras e imponer lo que les gusta por el solo hecho de que es eso, su opción particular: no son modos en una sociedad como la que aspiramos a tener, avanzada y democrática. Hagamos una reflexión: viendo lo que desde determinados sectores se ofrece para la escuela, la sociedad española tendrá que estar muy atenta si no quiere que algunos, envolviendo sus desafueros bajo el aspecto de demandas muy legítimas, le impongan un modelo educativo embrutecedor y adoctrinador, y con esto no me estoy refiriendo solo a esta propuesta, sino a la mayor parte de las que proceden hoy de la innovación y la política.
   No puedo terminar sin una pequeña referencia a CCOO: ¿este tipo de ideas están entre sus convicciones o es que está esa organización trufada de radicales que la utilizan como plataforma de sus planes? Lo primero sería horrible, pero lo segundo no es mucho mejor. 

miércoles, 14 de marzo de 2018

¿Y si todos nos pusiéramos a quemar fotos?

   Saltaba ayer a los medios la noticia de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo ha condenado a España por la sanción que en 2007 impusieron nuestros tribunales a unos independentistas (cómo no) que quemaron la foto de los reyes Juan Carlos y Sofía. 
    Según establece en su sentencia el alto tribunal, quemar fotos no es un delito, sino una forma de libertad de expresión política. Añade además precisiones como que la libertad de expresión acoge también a informaciones e ideas que ofenden, chocan o molestan y es una de las condiciones de pluralismo, tolerancia y amplitud de miras sin las cuales no hay una sociedad democrática. Así, esto de quemar la foto de los reyes lo han entendido como un acto que entra dentro de la esfera de la crítica política o la disidencia. 
     Si esto es así, debemos entender que el derecho a quemar fotos como particular apartado de la libertad de expresión nos ampara a todos los ciudadanos europeos, pues, en esas sociedades democráticas a las que se refiere el TEDH, no se entenderían tales derechos si no tuvieran un alcance universal. 
     En consecuencia, el guachimán, movido por su derecho a la crítica política o a la disidencia, va a realizar un experimento de quema de fotos,  ahí va:

Quema de la foto de Marta Rovira



Quema de una ikurriña (con llama de gas)



Quema de la foto de Roger Torrent



Quema de la foto de Carles Riera
   Basta de quemas, aunque sean experimentales.
   En virtud de mi derecho a disentir con las destructivas ideas políticas de los señores Riera, Torrent y Rovira, ejerzo mi derecho a quemar sus fotos; en virtud de mi indignación por los cientos de veces que he visto a partidarios de la ikurriña quemar la bandera española, ejerzo mi derecho a quemar una ikurriña. Seguro que los habituales quemadores, si vieran sus fotos o sus banderas como combustible, pensarían que eso de quemar es una conducta intolerable, cosa de fachas, y no de demócratas como ellos.
   La quema en efigie fue una práctica muy utilizada por la Santa Inquisición: en los autos de fe, se quemaba de verdad a los condenados que habían tenido el infortunio de haber sido atrapados y en efigie (bajo la forma de burdos muñecos de palo) a los que habían conseguido escapar. Como práctica política moderna, la ejercieron con asiduidad o la siguen ejerciendo los nazis, los radicales vascos que apoyaban (y aún apoyan) a ETA o los cada vez más energuménicos independentistas catalanes. 
  No voy, pues, a discutirle al TEDH su carácter de derecho inalienable, pero tanto por su innegable trasfondo violento como por la catadura de sus ejemplares usuarios, todos ellos modelo de pluralismo, tolerancia y amplitud de miras, no me va a colar nadie la rueda de molino de que sea una forma democrática, racional y humanitaria de expresar las opiniones.
   Quemar fotos o banderas es un acto vandálico que ahora el TEDH parece haber santificado como un derecho: ¿y si todos nos pusiéramos a ejercerlo? ¿En qué quedaría convertido el debate político?  

jueves, 8 de marzo de 2018

El timo del pacto educativo

   El primer artículo que escribí en este blog (pero tengo algún otro anterior ya perdido) sobre pactos educativos es uno de septiembre de 2009 que titulé Sobre el arte de no decir nada con grandiosas palabras, que versaba en torno a un artículo escrito por un coloso de ese arte: José Luis Rodríguez Zapatero. La mayor parte de mis planteamientos de ese artículo serían válidos hoy por muchas razones, las principales de las cuales son dos que han estado presentes en todos y cada uno de los simulacros de llamada al pacto que se han producido en los últimos años: el proponer vaciedades o disparates absurdos aunque vistosos y la disposición de partidos y demás comensales implicados no a arreglar los problemas reales de la educación (que son bien visibles), sino a procurar su particular ganancia. Acerca de la actual edición de esta cansina comedia, dije hace unos días que nacía muerta, pero me equivoqué: ni siquiera llega ni llegará nunca a la categoría de cadáver: nunca será nada.   
   La frivolidad de nuestros partidos nos ha hecho mucho daño y me temo que nos va a seguir haciendo mucho más. Cada vez se muestran más incapaces de afrontar una tarea de manera seria y constructiva, de anteponer el bien común, de asumir un riesgo, de tomar una decisión responsable, de dialogar, de elaborar en nada un discurso sólido y bien fundamentado y defenderlo, parecen más bien estar abonados a la gesticulación, el enrocamiento y la bronca. Un ejemplo: ¿qué se puede esperar de este pacto educativo si el PNV afirma que asiste a los trabajos con distancia y ERC que lo hace como observador crítico? Nada: porque es de sobra conocida la capacidad de obstruir y destruir de estas dos formaciones: o sale un plan con el que se puedan llevar algo suculento entre las fauces o lo dinamitarán. Si la iniciativa fuera seria y creíble, a estos grupos se les habría dicho: o dentro con todas las consecuencias o fuera, pero ¿quién en este país de chiste es capaz de asumir la  firmeza necesaria para esto? ¡Si hasta pasamos por alto el absurdo de que se permita esta prepotencia fiscalizadora del pacto sobre la educación española a partidos que han dejado muy claro su propósito de segregarse de España!
    Pero, sin meternos en el cada vez más insostenible universo de las incongruencias y excesos del nacionalismo, tenemos ya dos partidos que han manifestado su propósito de abandonar el pacto: el PSOE y Unidos Podemos.
    Los socialistas fundamentan su distanciamiento en su disconformidad con la financiación propuesta por el PP, que es de suponer que no alcanza el 5% del PIB que el PSOE defendía como inversión mínima. Desconozco la mecánica de los pactos políticos, pero me parece que, antes de fijar el gasto, sería lógico decidir o al menos aproximar lo que se va a hacer, para fijar sobre ello una previsión de gasto. Si esto aún no se sabe, aunque comparto el deseo del PSOE de que no se escatime con la inversión, creo que este partido ha estado muy ligero en su decisión de levantarse: no se trata de decir "Vamos a gastar 15.000 o 50.000 millones", sino más bien "Vamos a acordar un plan eficaz y realista y luego fijemos la inversión adecuada". ¿Por qué se ha dado tanta prisa el PSOE en romper la baraja? ¿Estaremos aún con el "no es no"?
   La motivación aducida por Unidos Podemos es esta: lo hace a petición de la comunidad educativa. Si leemos el artículo enlazado, comprobaremos quién es para esta formación la comunidad educativa: el Sindicato de Estudiantes, Europa Laica, los MRP y el STE. Aclaración políticamente incorrecta: echando un vistazo a sus dirigentes y cuadros, el Sindicato de Estudiantes debería llamarse Sindicato de Cuarentañeros Ultrarrepetidores; Europa Laica es una entidad que ni me suena; los MRP (=Movimientos de Renovación Pedagógica) son la ruina encanecida de algo que nació hace 50 años, justo los que llevan "renovando" la educación y, por último, el STE, aunque de fachada sea un histórico sindicato, es en realidad un grupúsculo radical que defiende también a ultranza las momificadas propuestas "innovadoras". Después de reunirse ¡durante una hora! con unos interlocutores tan representativos de la comunidad educativa, Unidos Podemos ha decidido obedecer a su llamada, júzguese la seriedad de la formación podemita, que hace bueno lo que he dicho más arriba acerca de los comensales que se van a guisar y zampar el pacto educativo. Y hago una advertencia: esta coalición se ha autoproclamado portadora de los ideales de la marea verde, espero que, por una vez, EL PROFESORADO NO VAYA A SER TAN TONTO DE DEJARSE  ARRASTRAR POR UNA SUPUESTA IZQUIERDA A MOVILIZACIONES EN LAS QUE ÚNICAMENTE IRÁ A SERVIR DE COMPARSA... Y GANARSE UNOS DESCUENTOS. Cada cual sabrá lo que le conviene.
   A la espera de la próxima ocurrencia, quiero terminar proclamando una vez más esta gran verdad: en contra de lo que sostienen desde el PP hasta Podemos, los actuales problemas de la educación no son ni la deficiente formación del profesorado ni el uso de metodologías inapropiadas, sino el vaciado de los programas, el aprobado regalado y la cada vez más disparada conflictividad de los centros. Si no se tiene esto en cuenta, se escucha solo la voz de los expertos, se desoye al profesorado y los partidos se mantienen en su clamorosa ignorancia sobre temas educativos, jamás se arreglará nada en la educación española. Y,  como está claro que los tiros no van por ahí, tampoco debemos preocuparnos si, como parece más que probable, el famoso pacto educativo se queda una vez más en una columna de humo disipada por el viento. 
      

jueves, 1 de marzo de 2018

L´home provisional

   El hombre que declaró la independencia de Cataluña para ponerla en suspenso a los ocho segundos, acaba de renunciar de manera provisional a ser investido presidente de la Generalidad. Como parece ser que su residencia en Waterloo es también temporal como fue la de Bruselas y cualquier día termina en Ginebra, Caracas, Moscú o... Estremera, habrá que concluir que su estado natural es la provisionalidad. Tanta inconsistencia me recuerda a aquel "home dibuixat" de Jaume Sisa, ya sabéis, el que no te carn ni cos. Salerosa canción esta, la verdad es que, en su conjunto, hace pensar difusamente en Puigdemont, aquí os la dejo:

   Con una pequeña modificación cromática (he cambiado vermell por groc), estos versos de la canción le vienen que ni pintados al incendiario que un día independizó Cataluña (en suspenso), no me digáis que no:
                                                             Penja-li un llaç groc,
                                                             dibuixa-li dents d'or
                                                             y al l'esquena un cartell
                                                            que digui:
                                                            No estic mort.

   ¿Le harán caso y nombrarán presidente a ese home engabiat de Jordi Sánchez? La inviabilidad del prusés se vio clarísima con el resultado de las elecciones del 27 de septiembre de 2015, pero el independentismo, en lugar de aceptarlo, se lanzó a una demencial radicalización que ha tenido las catastróficas consecuencias que todos sabemos, demostrando con ello su estupidez, su fanatismo y su iniquidad. ¿Volverán a hacerlo intentando elevar a la presidencia a ese espantajo de Sánchez, que tiene todas las trazas de ser más fundamentalista, más ignorante, más inútil, más petulante,  muuuuuuuuuuuuuuucho más tonto y quién sabe si aún más peligroso que Puigdemont? En tal caso, exactamente igual que hasta hoy, de los males que vengan serán ellos los únicos responsables.