martes, 27 de diciembre de 2016

La Generalitat valenciana y la identidad de género

   Llega a mis oídos y me produce una gran preocupación una reciente medida del Gobierno de la Comunidad Valenciana, cuya consejería de Educación ha dictado unas instrucciones "para garantizar el derecho a la identidad de género, la expresión de género y la intersexualidad". Pulsad este enlace si queréis conocer el texto original:
    Lo primero que le llama la atención al guachimán es un detalle trivial: la norma está publicada a dos columnas, una en catalán (al que en Valencia llaman valenciano, que es como si en Cáceres llamaran cacereño al castellano) y otra en español. Os reproduzco aquí los encabezamientos, que es donde está lo que me llama la atención:
Columna en catalán
Columna en castellano
Conselleria d’Educació,
Investigació, Cultura i Esport
Conselleria de Educación,
Investigación, Cultura y Deporte
    No tengo nada que comentar a lo escrito en catalán, pero, en lo que se refiere al castellano, ¿alguien podría decirme lo que es una conselleria? Aunque, bien mirado, también yo es que me paso de meticuloso: ¿a quién se le ocurre esperar cuidado en formalidades como esta, que son lo de menos, cuando estamos hablando de una ley que disparata en sus disposiciones, que son lo importante?
    Porque estas instrucciones son un pavoroso disparate en su conjunto, en su intención, en su concepción: leedlas y lo veréis, porque, al contrario de lo que suelo hacer, en este caso, no voy a entrar en una disección a fondo del documento, pues me saldría un artículo demasiado largo.  Garantizar los derechos que pretende amparar este texto me parece una intención encomiable, pero eso se hace actuando contra los que los ataquen o los impidan, no creando un protocolo ultraprotector e inquisitorial. Pongo un ejemplo: desde la misma Constitución, los españoles tenemos garantizado el derecho a la libre circulación: ¿acaso hace falta un protocolo especial para ampararlo? Naturalmente que no: basta con que se apliquen las leyes ordinarias.
    La corrección política, esa colosal invención del ingenio humano que sirve en la actualidad para ejercer un control totalitario en países que son o pretenden ser democráticos, tiene (al menos en España) en lo relativo a los derechos de las minorías, un suculento filón por el que hincarnos el diente a todos con el fin de convertir sociedades libres en inquisitoriales sociedades de la vigilancia: siempre diré que la corrección política es la Santa Inquisición de nuestros tiempos. Este documento de la consejería valenciana es una prueba palmaria de ello: a remolque de amparar unos derechos que en España hoy están muy consolidados, se saca de la manga un protocolo de 17 páginas en el que exhaustivamente establece: un muy ideologizado vocabulario de términos relativos a la identidad sexual (sesgado punto de partida que ya pone en duda toda la norma), unas serias responsabilidades, una descripción de las actuaciones, un organigrama, unos registros, unos indicadores: ¡a ver quién se escapa! ¡Una apabullante máquina de vigilar edificada sobre la discriminación en materia de orientación sexual, pasando por alto el hecho de que, por fortuna, en la mayoría de los centros no va a haber nada que vigilar!
   ¿O sí?
   Echadle un vistazo al protocolo y veréis lo terrible que puede llegar a ser la vigilancia por la vigilancia. Encontraréis en él la obligación impuesta a todos de estar vigilantes al más mínimo indicio, so pena de incurrir en responsabilidades, de buscar tanto al divergente como al que lo rechaza (con lo que ya es la propia norma antidiscriminatoria la que empieza por discriminar al "diferente"), de incluir la intersexualidad en los programas educativos hasta unos extremos de ridiculez a la altura del puritanismo monjil (apartado 6.3.3)... En la página 36049, podemos leer como estas instrucciones otorgan a los centros educativos una nueva función, feliz y muy acorde con su naturaleza: la de vigilar si las familias son diligentes o tibias en materia de inclusión sexual, ¡cuidado!, con potestad de denunciar ante las autoridades pertinentes: si esto no es inquisición, se le parece bastante. Pues sí, amigos, hay algo que vigilar: tenemos que vigilarnos todos a todos.
   Ahora se han puesto de moda este tipo de protocolos, muy en especial, para casos de acoso. Cabría preguntarse una cosa: ¿por qué? Sí, claro, es alarmante la cantidad de casos de acoso que se detectan, pero también diré una cosa: casos de acoso los ha habido siempre, y los resolvíamos sin protocolos. En el año 1990, participé en la resolución de un caso bastante grave. Durante dos o tres meses, un chico estuvo amenazando a otro con matarles a él y a toda su familia si no le daba todo lo que le pedía; consiguió sacarle mucho, en dinero y diversos bienes, hasta que la víctima no pudo más, nos  contó lo que le ocurría al equipo directivo y el asunto acabó con una expulsión fulminante del acosador durante dos semanas y una severísima vigilancia a partir de entonces. A la familia de la víctima, le dijimos que nosotros solo podíamos llegar hasta ahí, pero que para mayores reclamaciones, estaban los juzgados. Veinte años después, la cuestión es que alguien, no diré quién, introdujo en los centros la práctica de ser benevolentes con los acosadores y, por supuesto, nada de recomendar eso de ir al juzgado: ¿será esta una de las causas de que hayan ido proliferando y hayamos llegado a casos tan dramáticos como algunos que por desgracia hemos visto?
    Muy típico de ciertos sectores seráficos es repartir las culpas: después de décadas de roussoniana benevolencia con los energúmenos, ahora se pone de moda la crudeza, pero no con ellos, sino repartida y ejercida, vía protocolo, con los nuevos depositarios de la responsabilidad: padres, profesores, directores... El niño -aun el que estigmatiza, acosa o pega- sigue siendo eufemísticamente intocable; hacia esa angelical abstracción en que lo hemos convertido solo se dirigen propósitos expresados bajo untuosidades como "medidas correctoras", "actuaciones reeducadoras", etc. Nada de sanciones patentes y perceptibles, todo se envuelve en una hojarasca de protocolos pseudopreventivos. Muy típico de burócratas y políticos hipócritas. Buenismo, burocracia, demagogia, hipocresía: corrección política. Inquisición destinada a amordazar al que señala las disfunciones antes que a resolver los problemas: esto impera en la enseñanza desde hace treinta años o más.
   Termino con una reflexión acerca de uno de los puntos más patéticos de este superprotocolo valenciano, que ha sido resaltado por los medios de comunicación y que quizás a algunos les haga gracia por lo ridículo, pero que puede encerrar su peligro, me estoy refiriendo al apartado que dice: "conviene estudiar y repensar la disponibilidad y distribución de lavabos de chicos y chicas, o la posibilidad de que sean mixtos".   Cuando uno ve -y plasmado en una norma legal- una estupidez, un despropósito de las colosales dimensiones de este, no tiene más remedio que preguntarse quién ha podido redactar este engendro, qué poderosísimo compromiso tendrá con la intersexualidad, tan grande que le lleva al punto de arriesgarse en su nombre a disponer que los chicos y las chicas vayan a los mismos servicios. Está claro que le importan mucho los derechos de los intersexuales, pero minimiza los riesgos de que en los lavabos puedan ocurrir cosas muy lamentables entre chicos y chicas. Porque ese tipo de cosas pueden darse (¿o ese alguien es tan simple que piensa que no?), sería un auténtico crimen facilitarlas, aunque ya me imagino que, para esa eventualidad, la conselleria valenciana ya tendrá pensados los pertinentes protocolos. No doy crédito; asquea pensar que gente con responsabilidades de gobierno pueda llegar a tal nivel de frivolidad y falta de perspectiva.  

viernes, 23 de diciembre de 2016

Las verdaderas motivaciones de Eva Bailén

   Para quienes no lo recordéis, comenzaré por aclarar que Eva Bailén es la persona que inició la virulenta cruzada contra los deberes que actualmente padecemos. Los despropósitos y mentiras de sus planteamientos los he desmenuzado -y creo que desmontado- en estos dos artículos: 
    Sobre todo el vídeo que comento en el segundo, rezuma un resentimiento contra el profesorado que por sí solo bastaría para desacreditar el discurso de esta señora y deja claro que ese resentimiento es una de las grandes motivaciones de su campaña. Yo siempre había sospechado que había otra: su incapacidad de organizar sus propios asuntos, de la que sencillamente ha optado por autojustificarse culpando a los deberes, a los profesores, al empedrado, al mundo mundial. Hoy, hojeando el libro que ha publicado recientemente (que, por supuesto, no he comprado), he encontrado unas palabras referidas a los profesores que me confirman esa sospecha, aquí las tenéis:
    Pero otras veces la presencia nos resulta incómoda. Especialmente cuando habías hecho planes y te recuerdan que no puedes salir porque tu hijo tiene que hacer un trabajo en equipo y vienen sus compañeros a casa, o porque tiene que hacer un montón de deberes o leer por obligación un libro que no le gusta nada
    El libro se titula Cómo sobrevivir a los deberes de tu hijo y estas palabras están en la página 100, en el capítulo 8, titulado "La posición de los docentes". Más claro no puede estar: ¿qué es lo que resulta incómodo del docente y de los deberes? Que chafan los planes. Razones pedagógicas o educativas: cero, toda la reflexión (?) gravita en torno al impacto de los deberes sobre sus planes corrientes. Fiel a su costumbre, la señora Bailén recurre a la manipulación más grosera: con este ejemplo pobre y superficial, quiere darnos a entender que SIEMPRE que hay planes se frustran con un inexcusable trabajo en equipo para ese día. Pero no funciona así, y cualquiera con dos dedos de frente lo sabe: nunca un trabajo en equipo es de un día para otro, nunca ese montón de deberes es tan grueso como para no poder acomodarse en un hueco para no estropear los planes y, sobre todo y lo que más la delata: la lectura de libros se manda siempre con mucho tiempo de antelación, luego si a ella se le ha dado el caso de que le han estropeado planes, es porque o ella o sus hijos los han dejado para el último momento: como yo decía, esto es descargar sobre los demás las negligencias propias. Y me quedo con una duda: ¿seremos capaces esta gavilla de inútiles que somos los profesores de recomendar un solo libro que guste? 
    Muchos de los que hemos reaccionado contra esta insensata y aberrante campaña contra los deberes hemos señalado la mayor de sus inconsistencias: que no resulta creíble eso de que absorban la vida familiar. Deberes se han hecho siempre, durante siglos, y esto nunca se había dicho: ¿qué es lo que está pasando ahora en realidad? Algo que también ha sido señalado desde muchos ámbitos: que a demasiadas familias les "resultan incómodos" (por usar las palabras de doña Eva), pero por razones ajenas a los deberes: por horarios laborales aberrantes (¿por qué no se encaran con sus jefes, ya que tan rebeldes son?), por vidas sociales demasiado intensas, por demasiado smartphone (¿por qué no se lo quitan al niño?), por demasiado tenis, por divorcios mal resueltos... 
    En nuestra sociedad actual, abundan los niños caprichosos de entre 0 y 90 años, niños caprichosos que no aguantan la menor frustración y llevan malamente las obligaciones. En este asunto de los deberes, estamos comprobando que algunos de ellos, desde particulares hasta asociaciones y partidos políticos, están dispuestos a arremeter contra el buen desempeño de la educación de nuestros hijos con tal de que no los saquen de la sala de juegos. Mal asunto en los adultos, y peor aún en quienes rigen la vida de todos. Una vez más, quiero hacer patente mi agradecimiento a Íñigo Méndez de Vigo, quien en reiteradas ocasiones se ha pronunciado en contra de este demencial acoso a los deberes, pero me pregunto: ¿servirá de mucho? Sabemos por experiencia de años que aquí en España, en educación y en muchas otras materias, la voz de la sensatez, aunque salga de la boca de un ministro, suele ser aplastada por la demagogia halagadora de los gustos más disparatados, y esa demagogia está del lado de la rebelión contra los deberes, como se prueba por el apoyo que ha tenido en los medios comunicativos más poderosos o por el hecho de que el librillo de la señora Bailén lo haya publicado nada menos que Planeta. 
   En España estamos mercantilizando la educación hasta unos extremos vomitivos  y me temo que lo estamos pagando ya desde hace mucho.    
    

sábado, 3 de diciembre de 2016

Praxis educativa. 21: nuevos criterios de calificación

   Como parece claro que está en marcha el proceso para alcanzar un gran pacto sobre la educación, he decidido aportar mi granito de arena a tan crucial iniciativa. Visto, además, que esta tiene ya trazado un esbozo de hoja de ruta bajo la forma de los quince puntos anunciados por el ministro Íñigo Méndez de Vigo, como quiero ser realmente útil, voy a proponer una serie de ideas exclusivamente prácticas en un capítulo importantísimo, acerca del cual, en la tabla del señor Méndez, no aparecen referencias, al menos, explícitas: el de la evaluación.
   Aunque, bien mirado, hablar de evaluación sería hablar de valoración de aprendizajes y aquí lo que a la gente le importa no es lo que los alumnos aprendan, sino las notas que saquen, o sea, la calificación. Y como el clientelismo ante los padres hace tiempo que se ha adueñado de la escuela, los menos remilgados acuden ya a presionar por el aprobado sin el menor pudor, pues que el alumno lo merezca o no es algo que no cuenta: en los últimos años, con más frecuencia de la que me hubiera gustado, me he visto frente a padres que, aun delante de exámenes desastrosos, se quedaban con gesto de disconformidad, o padres que me discutían la idoneídad de las preguntas, los contenidos o la forma de corregir. Situaciones como estas me han acarreado algunas discusiones fuertes y algún que otro conflicto, uno de ellos, muy grave. 
    En este marco, creado por una doctrina complaciente que durante años han ido segregando las corrientes pedagógicas más fashion y la propia administración educativa, si queremos estar en la onda, forzoso será que nos dejemos de evaluación, pasemos a hablar directamente de calificación, enunciemos los criterios por los que de verdad se está rigiendo y, finalmente, nos ajustemos a ellos. A esos criterios el guachimán les viene siguiendo la pista desde hace tiempo. Aquí los tenéis:
    1.- Derecho fundamental a protestar. La Santísima Iglesia de la Pedagogía, ciertos padres en posesión del diploma de Abogao de Secano, la Confederación de Asociaciones de Expertos de Cola de la Pescadería y otras acreditadas fuentes de jurisprudencia educativa sostienen que es no solo un derecho, sino incluso un deber. La práctica docente también apunta en esa dirección: en los últimos años, se está haciendo cada vez más usual a la hora de entregar exámenes ya corregidos que los alumnos suspensos pasen por alto si sus respuestas están bien o mal y te sometan a un bombardeo de protestas disparatadas, por la obviedad de sus fallos. Decenas de veces he tenido alumnos que me han preguntado por qué estaba mal una respuesta cuando ya se lo había dejado claramente explícito en el propio examen; más de una vez alguno, con gesto de fastidio, me ha preguntado: "¿Había no se escribe con "v"?", o burrada semejante, habida cuenta, además, de que era su profesor de lengua el que le había corregido el error: no les ha importado, tan empecinados han estado en negarse a admitir que se les suspendiera un examen que traían mal preparado que no se han parado a pensar en lo ridículo y prepotente de su pregunta. El ejemplario de protestas sin fundamento podría ocupar páginas y páginas. Este vicio procede de un mal bastante extendido: muchos padres endiosan a sus hijos, les dicen sí a todo y acaban convirtiéndolos en pequeños monstruos de soberbia que creen que todo les está permitido y tienen cerradas a cal y canto las puertas a la menor corrección. Esto tiene unas consecuencias bastante desastrosas, y no solo para la escuela. Ni que decir tiene que el derecho a protestar por este tipo de "injusticias" alcanza también a los padres.
   Criterio inferido del apartado 1: será mejor que apruebes a todo el mundo, de lo contrario, te freirán a protestas. 
    2.- Derecho inalienable a no reconocer nunca. En el ámbito de las protestas por las calificaciones de los exámenes, es frecuente encontrar alumnos que, cuando les explicas dónde estaba el fallo que han cometido, se obstinen en no verlo. En estos casos, suelo acabar invitándoles a que vengan durante el recreo a mi departamento para que se lo explique con tranquilidad, y he de decir que son poquísimos los que acuden, porque la mayoría de las veces, en realidad, saben muy bien que habían respondido mal. Una variante de este derecho se da en las situaciones de conflicto, o sea, en esas situaciones en las que te ves obligado a llamar la atención a un alumno por su mal comportamiento y, antes que admitir que estaba haciendo algo mal y obedecerte sin más, ese alumno se inventa unos malos modales de tu parte para agarrarse a un cínico: "Dígamelo de buenas maneras"; en otras palabras: no es que él se haya portado mal, es que el profesor le ha faltado al respeto. Para mayor ironía, no es inusual que esta exigencia de buenas maneras venga formulada de muy malas maneras.
   Criterio inferido del apartado 2: será mejor que apruebes a todo el mundo y no llames nunca la atención a nadie, pues lo que pasa es que o has calificado como mal algo que estaba bien, o has ofendido a un pobrecillo que no estaba haciendo nada.
    3.- Despenalización de la mentira y la manipulación. En el ámbito de las motivaciones alegadas contra los suspensos en los exámenes o las conductas indebidas, cada vez oigo con mayor frecuencia entre el profesorado quejas contra la abierta utilización de la mentira. Soy un maniático de la puntualidad y el primero en practicarla; por otra parte, jamás pongo en un examen nada que no haya sido tratado y explicado en clase, y además, con reiteración. Pues bien, alguna vez me he encontrado quejas del tipo: "Llegaste tarde y por eso no dio tiempo", o "Eso no se explicó en clase", aunque reconozco que han sido muy muy infrecuentes. Donde la mentira hace estragos es en casa: buena parte de los conflictos que he tenido con padres han procedido de mentiras que sus hijos les han contado sobre lo que yo hacía y... los padres las han creído y han venido predispuestos contra mí sin preguntar. De nuevo la ultraprotección de los hijos resulta desastrosa. Una variante de la mentira es la inasistencia a exámenes por enfermedades falsas, recurso cada vez más utilizado, lo que nos ha llevado a muchos a no creer más que en justificantes de médicos, hospitales o cualquier institución externa, nunca de la familia, ya que son cada vez más los padres que se prestan a colaborar con sus hijos en esto.
    Criterio inferido del apartado 3: cuando un alumno se queje de que su suspenso se debe a algo que tú hiciste, apruébale aunque estés seguro de que no lo hiciste. Si un alumno falta a un examen por enfermedad, apruébale directamente, no seas tan inhumano de encima suspender o ponerle el examen a alguien a quien le dolía la tripa.   
    4.- Principio de la relatividad funcional. Lo que el profesor y/o los libros digan no tiene por qué ser la única verdad. Si un alumno sostiene que La Celestina la escribió Gonzalo de Berceo, ¿por qué no va a ser así? Él tiene derecho a pensarlo y tú no tienes derecho a suspenderle por eso, ¿o es que estabas allí para ver quién escribió el libro? Cada cual tiene su opinión de las cosas y debe respetarse por encima de todo, como consagra la Constitución.
    Criterio inferido del apartado 4: cualquier cosa que diga o escriba un alumno debe ser considerada desde múltiples perspectivas, miles, quizás. No te molestes en analizarlo desde todas y apruébale directamente, porque seguro que habrá alguna desde la cual tenga razón.
    5.- Principio de presunción de culpabilidad del profesor. Aunque en algunas comunidades existen leyes que consideran que la palabra del profesor, por principio, debe prevalecer ante la del alumno, este disparate entra en abierta contradicción con una enseñanza moderna, democrática, libre, progresista e innovadora, como se desprende del solo hecho de que las comunidades que lo tienen son las más fachas. Si el pacto educativo quiere avanzar de verdad hacia una enseñanza integrada en el siglo XXI, deberá incluir normas que establezcan de forma explícita la presunción de culpabilidad por parte del profesor.
    Criterio inferido del apartado 5: debes suspender a todo el mundo, esperar al inevitable escándalo que eso producirá y, cuando merecidamente te echen la culpa, poner sobresaliente a todos. Otra cosa que puedes hacer es declararte de antemano culpable de lo que sea y poner el sobresaliente directamente  (la formulación de este criterio está pendiente de consenso entre los expertos).   
    6.- Cláusula de "tenía que intentarlo". En ocasiones (escasísimas) he tenido alumnos a los que he pillado intentando copiar. Otras veces, he recibido solicitudes de revisión de exámenes por parte de alumnos que tenían un 1 o un 2, las cuales no han prosperado. En ambos casos, ante la tentativa fallida, la disculpa más frecuente por parte del alumno ha sido decir después: "Tenía que intentarlo, profe".
    Criterio inferido del apartado 6: Cuando un alumno se acoja a la cláusula de "tenía que intentarlo", recibirá automáticamente la nota de aprobado precisa para superar el periodo evaluado.
    7.- Ley de prioridad de los tantos por ciento. Ocurre en ocasiones que hay grupos que jamás estudian para un examen y se dan por ello casos de que alguna clase suspenda en su totalidad uno, varios o todos los que se les ponen y que incluso parte de sus alumnos los entreguen en blanco nada más recibirlos del profesor. Muy a menudo (por no decir siempre), los componentes de estos grupos son conscientes de que a los profesores les da miedo suspender a un porcentaje demasiado alto de sus alumnos (véase también el apartado 5), con lo que practican una falta de estudio generalizada, en espera de que sea el profesor quien habilite fórmulas para aprobarles sin tener que hacer nada.
    Criterio inferido del apartado 7: aprueba directamente a todos tus alumnos mediante el procedimiento de poner pruebas facilísimas y evitarás enojosos problemas de porcentajes.
    8.- Ley de la igualdad docente universal. Muy relacionada con el apartado 4, esta ley está destinada a consagrar de manera definitiva el derecho que tienen -y ejercen- algunos padres que, cuando van a protestar ante un profesor -generalmente, sin tener el menor conocimiento de la materia que este imparte-, deciden poner en duda sus correcciones y valoraciones, la oportunidad de las pruebas que ha puesto y hasta sus conocimientos sobre la materia o, preferentemente, su solvencia didáctica, amparándose en el conocido hecho de que los profesores de instituto sabrán mucho de sus asignaturas, pero no saben enseñarlas.
    Criterio inferido del apartado 8: dado que, en efecto, tienes que reconocer que, como han demostrado multitud de expertos y pedagogos, tu capacidad para enseñar esa asignatura que das es muy limitada (véase además el apartado 5), lo más justo y sensato que puedes hacer es no suspender jamás a nadie.
    9.- Ley del inalienable derecho a denunciar. En última instancia, España no deja de ser el país de la Inquisición y, si uno puede reclamar por lo que sea y sin tener que dar argumentos muy sólidos, las cosas no son muy distintas cuando se trata de denunciar ante escalones superiores: cualquiera puede entrar en el despacho de un jefe de estudios, un director o un inspector, contar lo que le parezca y poner con ello en marcha un proceso de averiguaciones. Sean o no fundadas sus demandas, el denunciante queda al margen de toda consecuencia, pero, para el que se ve metido en ellas, las tribulaciones pueden llegar a ser de intensidad muy diversa, y casos de denuncias sin razón no han faltado.
    Criterio inferido del apartado 9: joder, ¿es que aún te lo tenemos que decir más claro? ¡Aprueba a todo el mundo ya y déjate de complicaciones!
             Supongo que en su momento se creará la debida rueda de comisiones para establecer los contenidos del acuerdo educativo; espero que esta modesta aportación mía en lo que toca al asunto de la calificación pueda resultarles útil. No creo estar exagerando si afirmo que incluir estos criterios en la futura ley acordada y experimentar un subidón en PISA va a ser todo uno.

martes, 15 de noviembre de 2016

Petición a IKEA de que retire su anuncio de los deberes

   Hola, amigos:
   Acabo de crear una petición en change.org para pedir a IKEA que retire el anuncio ese que juega con el asunto de los deberes y termina diciendo: "Menos deberes y más cenas".  A lo mejor el anuncio puede tener su gracia, pero no en un momento como el actual, en el que parece que todo vale contra la escuela, se ataca sin demasiado fundamento a los deberes, se convocan huelgas contra ellos y los profesores que nos decidimos a defenderlos a menudo recibimos el pago de inmerecidas descalificaciones.  Creo que la enseñanza española no se encuentra hoy para estas alegrías, así que hay que empezar ya a hablar muy en serio. 
    Este es el enlace para firmar la petición:

miércoles, 9 de noviembre de 2016

La guerra de los deberes: dos cartas en "El País"

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Homework War.  Episode 100.000: La CEAPA contraataca
   En el contexto de esta saga en que se ha convertido la cruzada que algunos paladines han desatado contra los deberes, últimamente ha publicado "El País" dos cartas, una ayer de un firmante llamado Gabriel Moisés y otra hoy de vuestro amigo el guachimán. Paso a reproduciros ambas, empezando por la del señor Moisés, que se titula Deberes sí, deberes no:
   Quisiera hacer una pregunta desde mi ignorancia sobre el tema. Se trata de los deberes escolares: ¿tanto ha cambiado la educación?  Yo fui estudiante y no recuerdo que los deberes pesaran tanto. Recuerdo que los profesores explicaban la lección y la preguntaban aclarando dudas e incluso en la clase siguiente se hacía un examen. Y todo durante unas clases que duraban 40 minutos. Con esto quiero decir que los padres en lo único que se tenían que implicar en la educación de sus hijos era en motivarlos y animarlos a que cada día aprendieran algo nuevo.
   Con esto quiero decir que al colegio se va para aprender, que es esa pequeña obligación que debemos inculcar desde casa. Que no se pierda esa competitividad del saber.
    En cuanto a la mía, la titulé ¿Huelga de deberes o huelga general?, pero voy a reproducir la versión que yo mandé, ya que el diario la ha sometido a recortes ligeros pero significativos, empezando por el título, que ellos reducen a ¿Huelga de deberes? Aquí la tenéis:
    A juzgar por el eco que los medios de comunicación le están dando a la convocatoria de huelga de deberes lanzada por la CEAPA, se diría que lo que se convoca es una movilización de la que va a depender el destino del país. Particularmente las televisiones, llevan ya varios días sin dejar de concederle una considerable atención y, además de ello -siento decirlo-, en general lo han hecho de una manera tan parcial, tan proclive a la huelga, que a veces uno no sabía si informaban o animaban a secundarla; una cadena de gran difusión ha llegado a relacionar el abandono escolar con el supuesto exceso de deberes. Como profesor, solo puedo decir una cosa: si queremos una enseñanza de calidad, los deberes son imprescindibles, en nuestra mano está. Extraña, además, otra cosa: después de siglos haciendo deberes, ¿ha hecho falta llegar a 2016 para descubrir que eran letales para la vida familiar? Algo no cuadra, por lo que sería deseable un poco de racionalidad y yo creo que no la hay en una ¿huelga? convocada por los padres para que la efectúen los hijos, bastantes de ellos, de edades que convierten este asunto en un auténtico disparate.
    Don Gabriel Moisés, en su breve y atinada carta, incide en algunas ideas esenciales y de sentido común, ese preciado bien que cada día escasea más: que a la escuela se va a aprender, que eso cuesta esfuerzo y que a eso es a lo que tienen los padres que animar a sus hijos, por bien de estos. En todo ello estoy con él al cien por cien y ambos coincidimos en negar la mayor: eso de que los deberes representen un cataclismo en la vida de escolares y familias: es sencillamente una mentira, una interesada manipulación sobre la que gente como doña Eva Bailén (B1, B2) o el señor Pazos y la CEAPA (Hoguera) han montado contra los deberes (y, en parte, contra el profesorado) una cruzada tan furibunda y perjudicial como carente de fundamento, ellos sabrán por qué lo han hecho, a ver si algún día tenemos la suerte de que encuentran una causa a la altura de su enconado celo (una buena causa, como el control de natalidad de las hormigas o la recogida de firmas contra el tupé de Donald Trump) y dejan en paz a la escuela.
    Agradezco a "El País" el espacio que nos ha dado a un par de voces críticas con este penúltimo sarao antiescolar; le agradezco también a este como a otros medios (por ejemplo, "El Mundo") que, particularmente tras el recrudecimiento de las pretensiones de la CEAPA, se hayan pronunciado en contra de su aberrante propósito; agradezco igualmente al señor Méndez de Vigo que también lo hiciera muy claramente, aunque esperase para manifestarse a pasar de ministro en funciones a ministro a secas, pero me pregunto una cosa: ¿tan difícil de ver era que esto constituía un colosal despropósito? Esta hidra no hubiera crecido sin el apoyo de los medios de comunicación en los que germinó, los cuales han estado meses poniendo alfombra roja a sus impulsores; también la ha favorecido mucho el silencio de los políticos o incluso el apoyo de grupos como Ciudadanos y el PP de Madrid, que incluyen en su propuesta educativa para Madrid un demagógico guiño a los que se rasgan las vestiduras por el problemón de los deberes. ¡Qué decir de los sindicatos, de los que solo ANPE se ha manifestado inequívocamente en contra de los ataques a los deberes! ¡Nunca sabrá la escuela pública lo mucho que tiene que agradecer a las ñoñerías de CCOO, UGT y demás progresismos escolares!
   Sería bueno que medios de comunicación, gobiernos, partidos y organizaciones ciudadanas actuasen mirando más a la racionalidad y sensatez y menos a los "megustas" de las redes diversas. Por internet circulan centenares de propuestas, muchas de las cuales resisten un análisis y son sólidas y por tanto merecedoras de apoyo, pero hay también un buen número que son majaderías, trampas o engaños estúpidos, peligrosos o ambas cosas a la vez. Nada impide que a estas se les adhieran un millón de seguidores, lo cual, desde luego, no las hace buenas, acordémonos de aquel chascarrillo que decía: "Cien millones de moscas no pueden equivocarse, ¡coma m _ _ _ _ _!"
     

miércoles, 2 de noviembre de 2016

La cobra de Bisbal y algunos asuntillos menores

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La cobra de Bisbal haciéndole los coros a su jefe
   Por pura casualidad, el reencuentro de los triunfitos que Televisión Española nos endilgó el pasado lunes me pilló cenando con unos amigos y familiares, y todos los presentes coincidimos en dos cosas: primera: que aquello era una birria; segunda: que tal calificativo se amplificaba si se tenía en cuenta además la inmisericorde machaconería con que se había anunciado el evento. Al día siguiente, gran parte de los medios de comunicación coincidían con nosotros, pero lo estropearon sacándose de la manga otro suplicio inane con el que marearnos: la cobra de Bisbal. Que nadie espere que explique en qué consiste esto, porque, además de que me niego, voy a dar un dato: la imagen de ahí arriba la he sacado de Google - imágenes: he escrito la palabra "cobra", he pulsado BUSCAR y... adivinad quiénes salían en seis de las ocho primeras imágenes. No tenemos arreglo.
    Parece ser que, dos días antes de que tengamos por fin el Gobierno que se ha demorado casi un año, aquí lo que importa son cosas como la cobra de Bisbal, los disparates de Rufián (a cuyo demencial discurso alguien le ha puesto un cuatro en gramática) o el simpático intercambio de tuits entre parlamentarios de esa izquierda que me temo que no va a tardar en saborear los amargores de la automarginación a la que se ha arrojado ella solita.
    Con mi enfermiza obsesión por lo educativo, yo le concedería más importancia, por ejemplo, a lo que dice Alberto Royo en ABC:
                        Solo el esfuerzo en el aula puede compensar la desigualdad social.
     O a lo que señala Xavier Massó en sus dos últimos e interesantísimos artículos sobre ese pacto educativo (¿qué nueva catástrofe nos estarán preparando mientras nos hallamos hipnotizados por los ofidios?) que se nos viene encima, de uno de los cuales entresaco esta cita:
        Pero no asistiremos, mucho me temo, a ningún debate sobre la mercantilización de la enseñanza, o sobre el engaño de la escuela inclusiva, o sobre la cultura del esfuerzo, o sobre los charlatanes educativos...  Esto, todo esto, ya está tácitamente consensuado y, perdón por la expresión, "maricón el último".
    Perdonado, Xavier, y me temo yo también que, en efecto, no asistiremos a ningún debate sobre esas cosas, faltaría más, teniendo como ya tenemos la cobra de Bisbal para entretenernos. Otro debate al que no asistiremos, quizás por aquello que mencionas tú de la mercantilización, es el del papel real de las nuevas tecnologías en la educación, sobre el que pone el dedo en la llaga Manfred Spitzer, otro señor al que quizás deberíamos prestar alguna atención, quien dice:
                               Móviles y ordenadores en las aulas dificultan el aprendizaje.
   Son cosas serias, sí, pero, no seamos cenizos: ¿a quién le va a interesar lo que decís tú, Alberto o el señor Spitzer en un país que ya tiene la cobra o se halla empeñado en una cruzada que cuatro irresponsables han levantado para acabar de una vez con los deberes? Y ya sabes el respaldo que les están dando los medios comunicativos más poderosos: hoy mismo, en el telediario de TVE 1, ha vuelto a salir pontificando el señor ese de la CEAPA, que sin duda es quien más sabe del tema. La noticia la han cerrado con una frase que, sesgadamente, ponía el abandono escolar en relación directa con la cantidad de deberes, una manipulación sonrojante.
    La cobra de Bisbal, las insensateces de Rufián, los tuits envenenados y la cruzada contra los deberes: ¿no nos estaremos pareciendo cada vez más a la España de Goya? O a lo mejor es que nunca habíamos dejado de parecernos: seré yo el que, como siempre, se equivoca.
         

domingo, 23 de octubre de 2016

Maestros y petimetres

   Dado que me hallo en una coyuntura de nostalgias y revisiones, me acordaba ayer de un episodio de cuando saqué mi primera oposición, la de profesor de EGB. A todos los que la habíamos aprobado y éramos licenciados y no graduados en Magisterio, ya que se suponía que no poseíamos la sapiencia pedagógica que estos últimos obtenían en sus asignaturas de psicología y  pedagogía, se nos obligó a hacer un curso acelerado que duró dos o tres semanas, el cual consistía básicamente en pasarnos las mañanas y alguna tarde asistiendo a unas ponencias que organizaba la inspección.
   El día en que se nos informó de cómo iba a organizarse esto, se nos dividió en grupos de trabajo para uno de los apartados del curso y se nos dijo que al final cada grupo debía presentar una especie de memoria. Fue en ese momento cuando se dio a conocer un compañero a quien llamaré Aquiles, por la cólera con la que tomó entonces la palabra y se opuso a la obligatoriedad de hacer el trabajo. Su salida nos resultó sorprendente y un tanto fastidiosa al resto de los presentes, primero, porque no tenía sentido perder tiempo protestando contra algo que estaba estipulado en la convocatoria de la oposición; segundo, porque, a la vista de cómo se nos explicó el asunto, todos nos habíamos olido que la memoria tenía que ser más bien una "memoria" para salir del paso: ¿qué otra cosa podía pedirse en pleno verano y con las oposiciones ya resueltas? Naturalmente, sus quejas no sirvieron de nada, pero lo mejor vino al final: el día en que presentamos las famosas memorias, todos los grupos entregamos la esperable chapucilla de trámite, todos menos el de Aquiles, que se descolgó con un desproporcionado trabajo de extensión muy superior a las de los demás y fashionablemente encuadernado. La incoherencia de aquel furibundo protestón nos dejó a los demás bastante perplejos, más aún, al pensar que su rechazo del primer día había tenido tintes de invitación a secundar una rebelión.
   El curso siguió su andadura. La mayoría de las ponencias consistían en charlas que nos daban personas que acudían allí para contar su experiencia en algo. Muchas de ellas eran inspectores y os aseguro que de lo que dijeron aprendí bastantes cosas que luego me fueron muy útiles, como me ocurrió también con lo que dijo un ponente que representaba una figura muy peculiar: la del maestro que se había pateado mil pueblos en escuelas rurales de los años 50, 60 y 70. Se trataba de un profesor que había sido miembro de uno de los  tribunales, a quien llamaré don Pedro. Estaba ya a punto de jubilarse y la escuela que había conocido era muy diferente de la que ya despuntaba en aquellos años 80 de mis oposiciones, de modo que su visión era también muy distinta de la imperante en el momento. Pudo así, entre las sabrosas anécdotas en que consistió su charla, que fue la más informal de todas, deslizar un comentario que no he olvidado a pesar de los años; hablando de lo que aprenden los chicos, dijo: "A algunos habría que abrirles la cabeza y meterles el libro dentro, y aun así, muchos de ellos seguirían sin aprender". Dicho en el ámbito de unas oposiciones a EGB y de unas charlas organizadas por la inspección, en aquellos años 80 de fervoroso paidocentrismo, esas palabras eran una auténtica irreverencia, hacía falta un buen par de narices para pronunciarlas, y yo creo que don Pedro tuvo entre sus motivaciones la de hacernos un favor: el de advertirnos a aquel puñado de jovenzuelos la mayoría convencidos de las bondades del paidocentrismo que no todas las prédicas del buenismo imperante eran ciertas, que los niños no son ángeles perfectos y que había, como ha habido y habrá siempre, muchos que no pueden o no quieren aprender. Fue muy honesto: la finalidad de aquellas charlas era ponernos en contacto con lo que nos íbamos a encontrar y él se atrevió a hacerlo aun rompiendo un tabú de los más sacrosantos. A la hora de las preguntas, Aquiles le enderezó algunas bastante malintencionadas y luego, en los pasillos, se dedicó a criticarle por tener un discurso plano y poco científico (Aquiles era psicólogo). La advertencia de don Pedro se confirmó y me fue muy útil al empezar pocos meses después a dar clase, y es que don Pedro, fuera o no científico, no se podía negar que era un maestro, de modo que Aquiles, cuando quiso dar lecciones a un maestro sin serlo él, quedó como lo que era: un petimetre.
    Pocos años después, en 1988, entré en un centro en el que ejercía de director uno de los compañeros de los que más he aprendido en la vida, mi amigo Rodrigo (nombre falso, como acostumbra a ocurrir en los artículos del guachimán), al que entonces me unía la coincidencia de pertenecer al mismo sindicato, Comisiones Obreras, yo como feliz novato de épocas plácidas y él como viejo militante que había saboreado circunstancias peores, en las que le había tocado sufrir muchos palos, uno de ellos, un esperpéntico destierro... a Ávila. El caso es que era uno de  aquellos tipos que, desde una épica huelga de 1978, habían llevando sobre sus hombros la movilización entre el profesorado madrileño y, el año en que nos conocimos, estaba muy ilusionado por la creación del comité de CCOO en la zona en la que trabajábamos, cosa que, en efecto, llevamos a cabo. Rodrigo era otro tipo con un par de narices, y no solo por lo que llevo contado. El año en que trabajamos juntos, era director del colegio en que coincidimos y tenía allí un fuerte conflicto con la mayoría de los profesores de plantilla del centro, de hecho, estaban todos contra él, el jefe de estudios y el secretario (un par de elementos difíciles de intimidar, dicho sea todo), así que les vino muy bien que los recién llegados, que ese año éramos muchos, tuviéramos la lucidez de entender que, aunque estaban en minoría, tenían toda la razón del mundo, y rompiéramos el aislamiento en el que estaban. El conflicto era muy sencillo: sus oponentes querían cuidar el comedor y cobrar por ello, pero eso suponía trabajar en el comedor de una a dos, cosa que era imposible, porque esa era la hora de la dedicación exclusiva, obligación que no podían saltarse y por la que cobrábamos todos una sustancial parte del sueldo. Qué fácil hubiera sido resolver esto por parte de la Administración, ¿verdad? Pues bien, lo tuvo que resolver el equipo directivo de Rodrigo, a base de coraje, honestidad, tenacidad, desvelos y desgaste en un absurdo cruce de escritos con los otros profesores ante la Administración, que, en lugar de cumplir con su obligación (por parte de la inspección o de quien fuera), adoptó una equidistancia abandonista e hipócrita.
   Muchos habréis pillado ya que, para mí, Rodrigo era un auténtico maestro. Aprendí mucho de él acerca de la lidia sindical y del trabajo con profesores, padres, niños y Administración. En aquel 1988 se produjo la última gran huelga de la enseñanza en España. Rodrigo y los de su generación, un manojo de cincuentones que habían llevado la movilización de todas las zonas de Madrid  y a los que en las asambleas (entonces las había, y muy concurridas) conocíamos todos por su nombre, ya no estaban en la dirección del sindicato, pero fueron los que organizaron el trabajo en las distintas zonas. Uno de los primeros actos de aquella gran huelga fue una asamblea general y unitaria de todo el profesorado de Madrid. No recuerdo por qué, aquella asamblea fracasó y se convirtió en un auténtico caos del que conservo la imagen de una enorme barahúnda de gente, creo que en la plaza de Colón, con un compañero de CCOO subido en una especie de pedestal ejerciendo de Lenin a grito pelado y sin que nadie le hiciera ni puñetero caso. Al día siguiente, lo comentábamos Rodrigo y yo en el colegio. Él era muy crítico con la organización y con la imagen que dieron los sindicatos, en especial, CCOO. Recuerdo que me dijo: "Y luego el compañero, allí subido dando gritos...".
    Sí, lo habéis adivinado: el compañero era Aquiles. Unos pocos años después de sacar la oposición, cuando todos los demás estábamos aún dando bandazos y sin plaza fija, él ya había huido del aula y se había encaramado a la cúpula del sindicato más importante. Seguía siendo un petimetre, pero eso sin duda era un inconveniente para ser maestro, pero no lo era para ser sindicalista: algo me dice que, en el sector de la enseñanza, fue entonces cuando empezó a ser así.
   Don Pedro tal vez se jubiló el mismo año en que nos desveló aquel secreto; Rodrigo se ha jubilado también, hace ya bastante, aunque en 2011 me lo encontré casualmente en el metro: veníamos los dos de una manifestación contra los recortes, estábamos los dos sintomáticamente escépticos; del amigo Aquiles dudo mucho que siga en la enseñanza y estoy convencido de que, si sigue, no será dando clases a grupos de treinta niños... Lo veo -insisto: si no se ha mudado a nidos mejor amueblados- como asesor, como orientador, como formador de formadores, como director con muy poquitas horas... Que siguiera aún como sindicalista sería espeluznante, pero no imposible. En todo caso, dudo mucho que haya dejado de ser un petimetre.
   ¿Y por qué te permites dudarlo?, diréis algunos. Pues porque, me vais a perdonar el pesimismo, corren mejores tiempos para los petimetres que para los maestros. Es más cómodo, tienen más garantías de una existencia sin sobresaltos, por no hablar de que, como el mismo caso de Aquiles demuestra, aquí -y quizás en todas partes-, los petimetres, por su falta de escrúpulos y su inconsistencia, lo tienen mejor para ascender; los tipos sólidos como Rodrigo, aun con su honestidad a prueba de bomba y su labor impecable -o me temo que por culpa de ellas- hacen poca gracia en las altas esferas; por ejemplo, en el caso de su disputa con los jetas que querían cuidar en el comedor y dejar de hacer la exclusiva pero sin dejar de cobrarla, es muy probable que, para esas altas esferas, pesase más el fastidio que les producía el cruce de papelotes inducido por los otros que su ejemplar persistencia en defender el buen uso del dinero de todos: ¿por qué no me dejan ya en paz? -se diría quien fuese en el despacho que fuese- ¿al pelma este qué le importa si cuidan o dejan de cuidar el comedor? Y estoy tan convencido por una cosa: porque a esas altas esferas les hubiera resultado muy fácil resolver el asunto, y no lo hicieron, luego está claro que lo hubieran dejado correr de no haber estado ahí Rodrigo.
    Lo dicho: si sigue en este mundillo, Aquiles estará cómodamente situado, seguro que es orientador, o director. Un dato: cuando Rodrigo dejó la dirección de su centro, pasó a ocuparla uno de sus oponentes, un perfecto petimetre capaz de protestar con cólera homérica -yo lo vi una vez- por "agravios" como que le pusieran clase a última hora con un 8º de EGB, con lo insoportables que, según él, se ponían. Esa es la gente que triunfa, petimetres sin carácter que digan que sí a todo lo que venga de arriba o a la menor queja de los padres, por descabellada que sea. Y el que sean unos jetas no es un obstáculo, al contrario, es una ventaja, porque los jetas son más dóciles con los que tienen la vara. Los que les perturban la siesta, por el contrario, molestan, por muy rectamente que actúen,  mucha razón que tengan o muy maestros que sean.
      

martes, 11 de octubre de 2016

Reacción histérica... ¿de quién?

   Entre las decenas de estrategias perversas del independentismo figura la de trivializar o ningunear al adversario, y no está de más recordar aquí que el nacionalismo es una ideología tan excluyente que convierte al que es distinto en adversario y al adversario, en enemigo. Pongo algunos ejemplos: el que no es uno de los nuestros es un maketo o un charnego, o sea, un personaje de calidad inferior; la bandera que no es la nuestra se puede quemar; al himno que no es el nuestro se le puede silbar y abuchear; a la selección que no es la nuestra se la puede censurar o podemos mentir sobre sus triunfos; a sus aficionadas, las podemos moler a golpes y robarles el bolso; a la lengua que no es la nuestra, la podemos echar a coces de las escuelas o de los parlamentos, o expulsarla de la rotulación comercial... Todos estos hechos reales que menciono son repugnantes, pero se quedan en juego de niños si se comparan con la máxima expresión del ninguneo, o sea, la aniquilación, que fue practicada durante años y con centenares de víctimas por el nacionalismo radical vasco, conviene que no olvidemos la historia.
    Nunca dejará de sorprenderme la enorme paciencia (por no decir repulsiva pasividad) que durante años y años han tenido la sociedad y las autoridades españolas con estos abusos, paciencia que en algunos sectores ideológicos progresistas ha llegado incluso a una estulta compresión: parece ser que, si el que aporrea a una señora lo hace en nombre de la estelada, la cosa puede perdonarse.
    Por lo dicho hasta aquí, podréis entender que haya visto con satisfacción que se haya puesto coto a la penúltima extralimitación del independentismo: la estúpida y provocadora decisión de declarar no festivo en Badalona el 12 de octubre, día de la fiesta nacional, y solo me molesta que se haya tenido que recurrir a la decisión de un juez, porque es elemental y de sentido común que lo que se marca como calendario estatal por el Gobierno de la nación no pueden cargárselo un alcalde y cuatro concejales borrachos de poder, no es de su menguada competencia, aunque por lo visto estas cosas los podemitas y los nacionalistas no las entienden, no sé si por ser muy revolucionarios, por ser muy ignorantes o por las dos cosas juntas.
    Leo en "El País" una noticia sobre Dolors Sabater, la alcaldesa de Badalona y por tanto principal artífice de esta alcaldada, que se queja con estas palabras: "Nunca ha habido una reacción histérica de la caverna mediática como ahora", y lo dice porque el jueguecito este de ningunear la fiesta nacional ya se había practicado antes (y se sigue practicando) en Cataluña sin que pasase nada, entre otros, por el personaje que hoy preside esa comunidad, a la que veremos a dónde lleva entre sus prudentes manos, miedo me da. ¿Reacción histérica de quién, señora Sabater? ¿De las autoridades estatales que por una vez se han decidido a impedir un desmán del nacionalismo o de ese nacionalismo que no tiene más perspectiva que la marcada por sus (muy discutibles) objetivos? ¿Con qué derecho llama usted histéricos o cavernícolas a quienes desean que se respete la legalidad de su país? ¿Acaso la razonable es usted, que se ha extralimitado en sus potestades y se ha querido saltar los derechos de los ciudadanos apoyándose en algo tan sólido como la ocurrencia esa de "12 de octubre, nada que celebrar"?  ¿O me va a decir ahora que su "inocente" medida no tenía para nada la intención de ser un acto más de esa memez tan cómica (y esperemos que no pase a tragicómica) de la "desconexión con España", que no aspiraba usted a ser tan guay como Ada Colau en eso de despreciar lo español? Apelo directamente a la señora Sabater, aunque ya sé que no va a leer este artículo, es solo una licencia artística. 
    Así gobiernan los nacionalistas y estos recién llegados del mundo alternativo: en cuanto agarran "cacho", ya parecen tener la conciencia de que su poder es absoluto, de que si uno es presidente en Cataluña o alcalde en Badalona, en Cataluña o en Badalona puede hacer lo que le dé la gana, que para eso es el que manda, sin demasiadas limitaciones y por su sola posesión de la verdad. Sería este un motivo para la reflexión, ya que estamos hartos de ver cómo, de una forma tan paradójica como cínica, cada vez que hacen alguna de las suyas, en cuanto alguien muestra la menor objeción, le lanzan una batería de descalificaciones ya consabida: retrógrado, inmovilista, facha, antidemócrata, cerrado al diálogo... Y suelen tener mucho éxito con algunos medios de comunicación, particularmente, los que se han adueñado de la patente de progresismo, ya he hablado antes de esto. Pero a mí se me ocurre una cosa: ¿qué pensaría la señora Sabater si el día 13 el director del colegio de sus hijos, sobrinos o nietos lo cerrase fundamentándose en su autoridad como director? Seguro que en algún momento pensaría que los cargos tienen límites. Lógico: eso también la alcanza a ella, a Ada Colau, al señor Puigdemont...: a cualquiera que no tenga un poder omnímodo y tiránico. ¿Qué pasaría si el próximo 11 de septiembre al alcalde de cualquier localidad catalana le diera por decir que no había nada que celebrar y que, por tanto, ese día no sería festivo? ¡Pobre de él, no me gustaría estar en su pellejo!, pero he de reconocer que sí que me gustaría una cosa: reírme un poco con los "argumentos" para crucificarle que iban a tejer Puigdemont, Forcadell, la señora Sabater, Iceta, Ada Colau... más un montón de medios, asociaciones y partidos "progresistas".       

sábado, 8 de octubre de 2016

Significativa objeción al bilingüismo: tres hurras por el "Palomeras Bajas"

   Siguiendo con mi popósito de ocuparme hoy de cosas importantes que tenía pendientes, voy ahora con el bilingüismo. Leí en "El Confidencial" un artículo sobre la implantación del bilingüismo en la educación madrileña que es de esos alegatos que, aun presentándose como una vocecilla perdida en la inmensidad de un océano de silencio cómplice y vergonzoso, tienen la virtud de dejar con las vergüenzas al aire a uno más de esos reyes que se pasean por el mundo pomposamente desnudos, en este caso,  su Majestad don Bilingüismo I de las Canalladas Educativas. No voy a extenderme mucho, sino que voy a limitarme a recomendaros la lectura del artículo y a entresacaros algunas de las cosas más notables que dicen en él los padres y profesores del Colegio Público "Palomeras Bajas" de Madrid:
   -Empecemos por una frase del titular: "Es muy difícil explicar la fotosíntesis en inglés". Lo es en general (añado), y ya, obligar a hacerlo en una lengua ajena cuando los niños aún no dominan siquiera la propia es un crimen.
    -"La forma de implantar el bilingüismo es agresiva y muy dañina para un grupo muy importante del alumnado".
   -Una madre afirma que inscribió a su hija mayor en un colegio bilingüe "fruto del engaño por el que han pasado muchas familias". Incontrovertible: la implantación de este programa ha sido un engaño a la sociedad perpetrado por los gobernantes, con la complicidad y/o el silencio de partidos y sindicatos. Incontrovertible y vergonzoso.
    -Conocimiento del Medio ha sido el área más perjudicada. Los alumnos que la han estudiado en el sistema bilingüe la han aprendido peor que los demás (la han aprendido muy mal, me temo, si es que la han aprendido).
    -Como los niños no pueden con esta carga ellos solos, el bilingüismo se lo está sacando adelante a la Comunidad de Madrid la ayuda de los padres. Eso es trampa.
    -El bilingüismo se ha implantado en Madrid a base de imposición, chantajes a los centros (y casi casi a las familias) y falta de debate. O sea, por puros bollocks, o just because, I say.
     -Y termino con esta frase para enmarcar:
                Por mucho que lo llamen "bilingüe", es falso, es imposible que un niño redacte y hable en inglés igual que en castellano.
          Ahí queda, y no son diatribas del guachimán, es lo que piensan (y se atreven a decirlo) un puñado de padres y profesores cuyos hijos o alumnos están padeciendo el bilingüismo a la madrileña. Tres hurras por ellos.

Pública: pierde 23.416 profesores; privada: gana 9.091

   Una serie de circunstancias me han impedido en los últimos 20 días hablar aquí de algunas cosas que resultaban muy interesantes, una de ellas, un informe de CCOO que suministra datos concretos acerca de cómo en los últimos años nuestros gobernantes se han dedicado a perjudicar a la enseñanza pública mientras favorecían a la privada, o, dicho en otras palabras, de cómo los que mandan, en lo relativo a la enseñanza, han volcado los recortes y el pago de la crisis sobre la enseñanza pública. El dato más escandaloso es el que revelo en el título: así trata el PP a la enseñanza pública, pero no solo el PP, porque en Cataluña, donde han gobernado los independentistas con sus diversas quinielas, hay 90.000 alumnos (el 9% del total) escolarizados en barracones; eso sí, dinero para financiar sus mil disparates secesionistas ha habido de sobra. 
   La noticia es clara, breve, precisa y muy reveladora, os recomiendo su lectura. Ni que decir tiene que lo que destapa es mucho peor que la LOMCE y poco tiene que ver con ella.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

En defensa de Moreno Castillo

   Leí ayer un artículo titulado El lamento de los necios, el cual ciertamente me produjo una gran sorpresa, dado que en él se lanzan sobre Ricardo Moreno Castillo una serie de descalificaciones que no le corresponden en absoluto. El artículo es una reseña de La conjura de los ignorantes y su autor se llama Juan José Romera López. Puesto que lo he enlazado y es bastante largo, no lo voy a analizar de forma minuciosa, sino que voy a hacer sobre él unas consideraciones de carácter general.
    A lo largo de todo el texto, el señor Romera no solo ataca las propuestas de Moreno Castillo y las refuta o intenta refutarlas, cosa a la que tiene todo el derecho, sino que además utiliza contra su propia persona un tono muy hostil, el cual se concreta en un agrio sarcasmo y en no pocas descalificaciones, algunas de ellas, muy ofensivas, cosa esta ya que no resulta ni apropiada ni admisible. Desde el mismísimo título del artículo podríamos deducir que Moreno Castillo es necio, tiene mala fe, no entiende lo que lee o es un reaccionario. Si para reseñar un libro recurrimos a insultar a su autor, nos desacreditamos a nosotros mismos y a lo que decimos.
   Ya en las primeras líneas, el autor hace explícita la principal acusación que lanza sobre Moreno Castillo: la de que para él, "la pedagogía es una suerte de pseudociencia, vacía de contenido y conjurada en pervertir la educación a nivel global". Conozco a Moreno Castillo desde hace bastantes años y he leído sus libros, así que no puedo negar su aversión hacia la pedagogía y los pedagogos, pero ya me parece más discutible el matiz siniestro, fanático y obsesivo que, de la lectura del artículo del señor Romera, podría deducirse que envuelve a esa aversión. Moreno Castillo es una persona sencilla, amable y jovial: no es de ningún modo un personaje inclinado a esas pasiones siniestras. Y tampoco sus escritos encierran esa ferocidad. Si tuviera que valorar su posición hacia la pedagogía, me parece la de un profesor normal que un buen día, harto de ver que demasiadas cosas fallaban en la enseñanza desde la implantación de la LOGSE, se rebeló contra muchos de los principios en que se sostenía esta ley, los cuales eran y son defendidos por sectores -de esto él no tiene la culpa- que se definen como pedagógicos o innovadores. Citaré algunos de esos principios, solo unos cuantos, por no aburrir: se puede aprender jugando y sin esforzarse, el profesor está en el mismo nivel que el alumno y debería ser su coleguilla, los contenidos no son importantes en la educación, la memoria es prescindible y hasta perjudicial...  Solo estas cuatro cosas (y hay unas cuantas más) han hecho un enorme daño a la enseñanza. Y, disguste a quien disguste, llevan el sello de la LOGSE, del pedagogismo y de los que se presentan como innovadores, lo que no se puede pretender es que ahora miremos para otro lado. Esta es la esencia de la aversión que siente Moreno Castillo hacia la pedagogía. No hace falta decir que yo estoy de acuerdo con él, y muchísimos profesores lo están también, como se demuestra por la excelente acogida que tuvo desde el principio el Manifiesto antipedagógico, a pesar incluso de los precarios medios con que se difundió. Es así de simple, razonable y contundente, no tiene nada que ver con las elucubraciones del señor Romera.  
    Por todo ello, me parece una gran extralimitación descalificar a Ricardo Moreno como lo ha hecho Juan José Romera: está claro que ni es un necio, ni es un conspiranoico obsesivo, ni tiene mala fe contra nadie, ni es un reaccionario. Yo no he visto nada de eso en sus escritos, y algo me dice que no soy el único. Lo he podido comprobar también personalmente, pues somos amigos y coincidimos con cierta frecuencia: es un tipo normal, tirando a encantador. Y, por supuesto, entiende muy bien lo que lee, esta última imputación ya no sé de dónde podrá haberla sacado el señor Romera. Bueno, ni esta ni las demás, la verdad es que no se entienden ni la deforme caricatura que hace de Moreno Castillo ni la saña con que lo trata.
     Inevitablemente, he sentido curiosidad por saber quién es Juan José Romera López. Buscado en Internet, he encontrado esta entrevista que le hacen en "La Opinión de Málaga", con lo que he podido averiguar, entre otras cosas, que es profesor de instituto y que ha escrito un libro titulado Retrato canalla del malestar docente. Leo la entrevista y encuentro en ella cosas con las que estoy de acuerdo, como cuando sostiene que la queja sobre la bajada de los niveles es absurda, porque siempre ha existido, o cuando afirma rotundamente que "el profesor nunca puede ser amigo de su alumno": comparto al cien por cien lo que dice acerca de eso.
    Hay, sin embargo, otras cosas sobre de las cuales no puedo decir lo mismo. Está en primer lugar su opinión en torno a la violencia escolar: aun reconociendo que existe, afirma que hay que quitarle dramatismo y a continuación viene más o menos a sostener que esa violencia es lógica, a causa de la gran cantidad de alumnos que se escolarizan hoy en día. No me parece sostenible: a la violencia hay que darle la importancia que se merece: él mismo, como docente, debería saber muy bien que ese "quitarle dramatismo"  ha sido precisamente una de las aberraciones que han traído la impunidad, el confusionismo acerca de cuándo la violencia es condenable y cuándo no y, a última hora, su aumento. Tampoco veo por qué el que haya cien o cien mil alumnos escolarizados tenga que hacernos más o menos comprensible la violencia: a la violencia no debe concedérsele nunca el menor respiro ni comprensión.
    Dice en otro momento, cuando habla de los problemas del ejercicio de la docencia, que el profesor lo que tiene que hacer es adaptarse: ¿quién no lo hace? Quiero señalar, sin embargo, que me gustaría creer  que su concepto de adaptación no incluye el mimetizarse con los problemas y plegarse ante ellos, cosa que nunca debería hacer un profesor. Recomienda a continuación "cambiar el método docente, porque hay que reconocer que, a veces, nuestras clases son muy aburridas". ¿Las de todos? Las mías le aseguro que no lo son y así sucede con miles de profesores. ¿Por qué receta tajantemente cambiar el método? ¿Acaso conoce los de todos, acaso está seguro de que ese es siempre el problema? Por lo demás, yo pienso como Moreno Castillo: que a menudo tenemos que enseñar cosas que no son divertidas, y en ese momento tendremos que anteponer las enseñanzas a la diversión, la cual no aparece en los programas, al contrario que los contenidos, y estos son sagrados, al igual que los programas, seamos profesionales serios.
   Por último, y dejándome en el tintero alguna cosilla, quiero referirme a una serie de consejos que da cuando se le pregunta sobre PISA. Recomienda abandonar unos modelos que no funcionan, entre los que cita el aprendizaje memorístico, la clase tradicional y los contenidos. ¿Por qué no funcionan? ¿Porque lo dice él? ¿Porque nos han estado machacando con ello durante décadas esos sectores a los que tan justamente critica Moreno Castillo? Llevo más de treinta años contando con la memoria y los contenidos y puedo decir bien alto que me han funcionado y he recibido el reconocimiento de muchos alumnos y padres, alumnos que me han dicho: "Con usted aprendí mucho", padres que me han dicho: "Mi hijo dice que es usted el mejor profesor". Y esto es verdad, no lo cuento por tirarme faroles, lo cuento porque me parece un argumento en favor de la memoria y los contenidos infinitamente más sólido que el vacío que suelen aducir quienes los critican. En cuanto a la clase tradicional, ¿qué es eso? Yo en mis clases incorporo elementos como: respeto, orden, trabajo, clima apropiado, transmisión y ejercitación de los conocimientos, jerarquías claras, participación, exigencia de estudio... ¿Es eso la clase tradicional? Pues me apunto a ella, me ha dado, en una carrera de más de tres décadas que se acerca ya a su final, unos excelentes resultados, y a mis alumnos, también, a los que han querido, claro, a los que han respondido con lo que debe poner el alumno: respeto, estudio, trabajo, participación, interés, atención...: esas tonterías "tradicionales" que, por cierto, aparte de ser de sentido común, están en muchas leyes, por algo será. Y no soy ni el único que se apunta a estas cosas ni el único al que le han dado unos excelentes resultados en eso de conseguir que sus alumnos aprendan, que es de lo que se trata.
   Me dejo, ya lo he dicho, algunas cosas, tampoco me quiero alargar demasiado, y creo que con esto hay ya suficiente. De las cosas con las que manifiesto desacuerdo, puede deducirse cuál es la visión de la educación que tiene el señor Romera. Es muy dueño de mantenerla, con sus errores y sus aciertos, que los tendrá, como los tenemos todos. A lo que no le da derecho es a tratar a Ricardo Moreno Castillo como lo ha tratado en su artículo. 

lunes, 26 de septiembre de 2016

Sobre la indigna gestión de Lucía Figar

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   Como ya sabéis, saltó hace unos días a los medios de comunicación la noticia de que, según un informe de la Guardia Civil, Lucía Figar desvió fondos públicos para desprestigiar a los profesores durante los conflictos de  2011. Quiero con este artículo sola y brevemente recordar una cosa: en el contexto de los conflictos de aquel año, cuando se destapó todo el pastel de la crisis y el choriceo generalizado, tanto los funcionarios como los profesores recibimos nuestra ración de abuso e injusticia bajo la forma de severos recortes. Como se nos ocurrió protestar, desde el lado de los dirigente políticos, se lanzó una feroz campaña de desprestigio contra ambos colectivos. Concretamente desde el PP madrileño, que es el que ahora nos ocupa, os recuerdo las malintencionadas intoxicaciones de Esperanza Aguirre, los insultos desvergonzados de Granados (que nos llamó obscenos, ese señor tan limpio) y alguna que otra indecencia más de las muchas que nos cayeron. El brutal torrente de calumnias produjo un linchamiento mediático y social del que aquí os dejo una muestra. Por aquellos días, yo solía meterme en los foros periodísticos que abundaban sobre el candente tema: ¡no os imagináis las mentiras, los insultos, los ultrajes que arrojaba sobre nosotros un nutrido rebaño de trolls escudados siempre en el anonimato! Siempre estuve convencido de que, aparte de los inevitables resentidos y energúmenos, aquella mara contaba con un buen número de elementos organizados por alguien políticamente interesado, y ahora esta noticia parece venir a confirmar mis sospechas. 
    Lucía Figar era la consejera de Educación de Madrid cuando a la escuela y a los profesores se nos arrebataron sustanciales cantidades económicas; de la política educativa del PP y de la suya en particular, pocos se atreverían a discutir que ha partido un despiadado intento de hundir la enseñanza pública madrileña, que la ha empeorado sensiblemente, sobre todo, en la disposición de medios; Lucía Figar concibió sus políticas de forma arbitraria para favorecer a los sectores próximos a sus intereses; Lucía Figar puede acabar resultando autora de la utilización de fondos públicos para atacar al profesorado, es  decir, al personal que dependía de ella: ¿es posible una gestión más lamentable?
    Para mayor información sobre este tema, podéis ver este artículo de mi amigo José Almeida.

viernes, 23 de septiembre de 2016

¡A la hoguera con los deberes!

   Decididamente, confluyendo a velocidad de cohete por sendas como la superficialidad, la ignorancia, la frivolidad, la irresponsabilidad, la irreflexividad y el seguidismo, los españoles hemos decidido despeñarnos en masa por el barranco de la estupidez. Cualquiera que en esta nación enarbole un estandarte insensato que prometa Jaujas, prebendas o beatitudes, aunque a poco que se rasque tales Jaujas, prebendas y beatitudes aparezcan como inviables, injustas o perjudiciales, tiene asegurado el seguimiento de las masas y el aplauso de los medios de masas, que llevan ya tanto tiempo afanados en promocionar las iniciativas más entontecedoras que uno ya empieza a sospechar -y hablo completamente en serio- que estamos atrapados en una colosal operación de alienación de la ciudadanía, fíjense en las palabritas que me veo obligado a rescatar del ostracismo. 
       En los últimos años, España ha sufrido males colectivos como: una corrupción generalizada entre sus dirigentes políticos (en complicidad con poderosos sectores económicos), el ver como muchos de ellos robaban literalmente a manos llenas, una crisis económica que nos llevó a cotas de más de seis millones de parados, una crisis bancaria debida a la rapiña de los sectores financieros, una destrucción de un sistema de cajas de ahorros que había durado dos siglos y que ha sido expoliado por una turba de gestores "democráticos", un rescate bancario de 100.000 millones de euros que estamos pagando entre todos, un funcionamiento de la justicia cada vez más deficiente, unos recortes brutales en servicios públicos, unos recortes considerables en libertades cívicas, una reforma laboral que ha adelgazado al máximo los derechos de los trabajadores, un preocupante agotamiento del sistema político, una permanente amenaza secesionista... No digo que no haya habido reacciones en contra de todo esto, pero ¿de verdad podemos presumir de haber dado a tamaños desmanes una respuesta ciudadana a la altura de su magnitud? Naturalmente que no, ¿por qué? Muy sencillo: porque estábamos reservando nuestras energías contra el verdadero enemigo de nuestra convivencia, el cáncer que ha destruido el país: LOS DEBERES
      Hoy ha saltado a los medios de comunicación una noticia de esas que producen una seria preocupación, ya que la CEAPA propone nada menos que la insumisión ante los deberes, ahí queda eso. A propósito de este asunto, veníamos ya aguantando groseras manipulaciones o desafortunadas trivializaciones, pero resulta en verdad descorazonador el ver que, sin debate ni reflexión, sin la menor consulta a quienes digo yo que algo tendrían que haber manifestado acerca de esto, o sea, los profesores, al menos dos consejerías autonómicas, la de Cantabria y la de Madrid, se hayan mostrado receptivas a esta moda. Las administraciones no pueden actuar de manera frívola, no pueden permitirse, como las tiendas, llenar los escaparates de pantalones verdes si con ello siguen el gusto del público: no se gobierna con clientelismo barato, sino con conocimiento, responsabilidad y reflexión, o así debería hacerse. En estas circunstancias, si ya los propios gobernantes se han retratado acerca de este asunto, ¿qué más da que una confederación de padres se haya lanzado también al ruedo del disparate? Pues da mucho, porque además el apoyo mediático ha sido tan potente que no va a ser fácil desmentir la serie de incongruencias que se están derramando en torno a este asunto: una vez más, a la escuela le tocará lidiar con la confusión vertida por otros: el que cualquier abogado de secano pueda pontificar sobre educación tiene estas cargas.
      Y el pontificado esta vez lo ha ejercido don José Luis Pazos, presidente de CEAPA, y respaldado además  por un ministerio, cosa gravísima,  porque una institución así no puede pronunciarse en un asunto como este solo por los datos de una encuesta, menos aún, si esta presenta la endeblez de la esgrimida por el señor Pazos. La muestra en la que se basa no permite extrapolar conclusiones de alcance general y el preguntar cosas como las que parece que se han preguntado en esa encuesta no tiene más remedio que dar un resultado sesgado: ¿qué se entiende por "demasiados deberes", quién tiene la vara de medir?¿Qué tipo de respuesta puedes esperar si preguntas si a tu hijo le perjudicó no llevar los deberes o si quiere un niño pasar más tiempo con sus padres? No le veo ninguna credibilidad, por no hablar de otra cosa: ¿son los deberes los únicos "culpables" de que los hijos y los padres pasen poco tiempo juntos? ¿Qué hay de la videoconsola, de las actividades deportivas, de las actividades lúdicas y del smartphone? ¿Ha hecho CEAPA encuestas sobre eso?   
      Que el señor Pazos y su organización se echen al monte y lancen a la escuela amenazas como esas de promover el negarse a hacer los deberes y respaldarlo con papelitos es, sencillamente, el descrédito para esa organización y su líder; que detrás de esta pantomima haya habido un ministerio corrobora que España no está en manos de los mejores gobernantes; que se haya declarado una rebelión explícita y con esos convocantes precisamente contra el trabajo escolar, es decir, contra algo que, a la postre, va en beneficio de la educación de los niños, deja una imagen paupérrima de nuestra sociedad. Los deberes son inexcusables para una buena educación, aunque es verdad que el profesor debe administrarlos con conocimiento y prudencia -eso llevo yo haciéndolo y viéndolo hacer toda la vida-, pero es, insisto, en manos de los profesores donde debe quedar esa administración, no de las algaradas apaches y las amenazas de la CEAPA. Suprimir los deberes o dejar que los mangonearan los padres sería un duro golpe para la enseñanza -si es que queremos una buena enseñanza- y, en concreto para la primaria, sería letal. Toda la vida hemos hecho todos deberes, y ahora no se hacen más que antes: ¿no estará ocurriendo que, como ahora hay muchos que ya no valoran tanto eso de la cultura, se esté magnificando interesadamente el tiempo que se les dedica? Voy a hacer una demostración.
      Todos los años, al empezar el curso, para hacer ver a mis alumnos que tienen tiempo para todo, incluido estudiar, les hago en la pizarra esta operación: multiplico 7 por 24, y me salen las 168 horas que tiene una semana. Empiezo entonces a restar: dormir, 56 horas; instituto, 30; desplazamientos al instituto, 5; comidas, 14; deportes y actividades, 6; colaboración en casa, 2. Estas cifras -generosas-, por poner un ejemplo. Sumamos y nos salen 113 horas, las cuales, restadas a las 168, arrojan un resultado de 55, es decir, una media de casi ocho horas diarias para jugar, los amigos, los papás... y el estudio. A ver si va a resultar que los deberes no son tan fieros como los pintan algunos.    

domingo, 18 de septiembre de 2016

Una gratificante sorpresa

   El pasado día 16, publicaba "El País" un artículo titulado La excusa del pacto educativo, el cual me resultó sorprendente por defender unos puntos de vista diametralmente opuestos a los que en materia de enseñanza suele mantener este medio. Su autor se llama Benito Arruñada y es catedrático de Organización y empresas en la Universidad Pompeu Fabra. En los últimos años, estamos acostumbrados a que personas relacionadas con el mundo de la economía emitan advertencias, análisis o propuestas sobre la educación en España, y en su inmensa mayoría lo hacen defendiendo posturas de esas que se autoproclaman "innovadoras", o sea, con mucho learning by doing, mucho experimento no contrastado, mucha pirotecnia de metodologías milagro, pero el señor Arruñada, no predica nada de eso, sino que sostiene que el pacto educativo ese que ha de venir a salvarnos de todos los males no va a aportar grandes beneficios, debido principalmente a las siguientes razones:
   -El pacto será un producto que se adapte a las demandas de la ciudadanía, que ve en la educación más un bien de disfrute que una inversión, lo que implica que suministrará autocomplacientes aprobados fáciles de conseguir, pero vacíos (lo que hay ahora, vamos) y no sólidos conocimientos de esos que hay que ganarse con esfuerzo pero que sirven de fundamento a posteriores éxitos laborales.
   -Nuestros jóvenes están ya muy acostumbrados a la falta de esfuerzo y exigencia que durante décadas les han servido servilmente (valga la redundancia) unos padres, una escuela y una sociedad que los han acostumbrado a tener todos los caprichos, a ser adulados, a que se les jaleasen como maravillosos logros mediocres, a mimarles, a no exigirles sacrificio, a no tolerar la crítica, a no ejercer la autocrítica, a no valorar la excelencia y a que no se les exigiera, a hacerles creer que tienen derecho a todo lo que se les ocurra solo por desearlo, a no someterse a normas...: va a ser muy difícil romper esta inercia en jóvenes y adultos. 
    -Los indicios que se perciben como adelanto de la filosofía del famoso pacto apuntan en la dirección del punto anterior, valga como ejemplo el cada vez más extendido disparate de la condena de los deberes, que incluso se ha colado en propuestas oficiales, como las de Cantabria y Madrid.
    Todos estos elementos, a mi juicio, componen un análisis muy lúcido del actual estado de nuestra educación, tan lúcido como poco lisonjero, y justifican el pesimismo del señor Arruñada en torno a las perspectivas del pacto educativo, pero os recomiendo que leáis su artículo, ya que contiene puntos y matices que me he dejado en el tintero por no extenderme demasiado.    

miércoles, 14 de septiembre de 2016

La transformación educativa que se proyecta en Madrid

   Queridos amigos, si sois docentes y trabajáis en Madrid, os recomiendo que leáis este artículo, porque de lo que habla no es de divagaciones o extravagancias de iluminados, sino de un documento al que se acaba de dar publicidad por parte del Gobierno comunitario y que dice cosas que van a afectar de manera muy real a la educación madrileña. Este documento se llama ACUERDO POR LA TRANSFORMACIÓN EDUCATIVA y es la plasmación de lo que el Gobierno del PP planea para la educación madrileña de cara a los próximos años. Se presenta bajo la forma de un borrador propuesto a la sociedad y a la comunidad educativa, pero, no nos engañemos, porque está tan elaborado y tan en la línea de gran parte de los bulos-estrella con los que se nos viene bombardeando últimamente que, a poco que nos descuidemos y en el plazo de un suspiro, lo que hoy se califica como borrador lo acabaremos viendo como propuesta definitiva y después como ley. Para los que sintáis la curiosidad que sensatamente deberíais sentir, voy a dejar dos útiles enlaces. El primero lleva al documento completo y me ha llegado a través de CCOO, mientras que el segundo lleva a un extracto (hecho por ANPE) de las medidas de ese mismo documento, helos aquí:
   Cada uno tiene su utilidad: mientras que el de CCOO sirve para darnos una idea exacta no solo de las medidas que pretende implantar el PP sino de  otras cosas como el marco, la inspiración y los inspiradores o la trayectoria del documento, el de ANPE, que es mucho más breve (16 páginas), permite ir más directamente a las cosas concretas que quienes están detrás de la propuesta quieren hacer.
   Os confieso que aún no he mirado esto a fondo, pero lo pienso hacer, pues, de hecho, ya me he fotocopiado el documento de ANPE, porque en papel se puede revisar mejor y se pueden hacer anotaciones al margen. No voy a negar que este documento, que presenta 93 medidas (a las que llama "actuaciones"), pueda tener cosas buenas, pero ya en un vistazo somero he visto algunas que inquietan mucho, vayan algunos ejemplos:
   -El objetivo 5.1 persigue "racionalizar el calendario escolar y los tiempos escolares", lo que el PP piensa hacer a través de la actuación 40: "adelantar al final de cada curso las pruebas extraordinarias a los alumnos con materias pendientes de la ESO y Bachillerato, precedido de una fase de refuerzo y recuperación que les permita recuperar dichas materias". Dicho en román paladino, esto significa: poner los exámenes de septiembre en julio y dar en junio (y puede que en julio) clases de recuperación, lo que implicaría, además de cargarse (¡por fin!) las vacaciones de verano, aumentar el número de días lectivos, es decir, disparate sobre disparate. ¿Tenía o no razón el guachimán con sus sospechas expresadas aquí, aquí y aquí? Y es que, así como nuestros políticos ya han perdido todo recato a la hora de hacer populismo, nuestros medios de comunicación, en lo de hacer propaganda de los planes de los que mandan, se parecen cada vez más a la prensa del Movimiento.
   -La actuación 41 pretende "promover que los centros educativos, en el marco de su autonomía, informen a las familias del plan de trabajo y planificación anual de los deberes y tareas escolares, haciendo compatible la conciliación con otro tipo de actividades". Esto es una estupidez tan colosal como inviable, que únicamente representará una carga burocrática más para los profesores, aparte de un mayor sometimiento a los padres con vocación de inquisidores, y todo para satisfacer la cruzada contra los deberes llevada a cabo por doña Eva Bailén, a quien anteayer mismo vi pontificar nada menos que en el telediario de la Uno: ya ha sido elevada al Olimpo de los expertos. Proponía, pasmaos, que los deberes los decidiesen entre padres y profesores, como se deciden entre los viajeros y el piloto las rutas de los aviones. La actuación 41 representa que hoy se gobierna a capricho de las firmas de internet, de las pataletas de quienes meten las narices en lo que desconocen y de la cada vez mayor desconfianza en el profesorado. Una muestra de superficialidad y clientelismo tan pavorosa pone muy en evidencia a esta propuesta del PP madrileño.
    -Lo referido a la convivencia se trata en el objetivo 7, el cual se concretará en nueve actuaciones, cinco de las cuales se refieren al acoso y una a la violencia de género y la homofobia. Nada que objetar en cuanto a esto, pero sí en cuanto a la vaguedad y falta de compromiso en lo referido a la conflictividad del día a día, esa que no es tan dramática (aunque a veces, sí), pero que constituye el grueso de los problemas de la convivencia y la disciplina en la escuela de hoy. El documento se va por las ramas hablando de observatorios y de internet, sin pararse a pensar que los problemas donde se producen es en las aulas, en los pasillos y en los patios reales: ¿tan pronto le ha cogido respeto la señora Cifuentes al tabú de la disciplina, palabra que tanto disgusta a expertos y pedagogos? Pues con vaguedades no va a resolver nada: ¿a qué se refiere la actuación 47 con eso de "fomentar la resolución pacífica de conflictos", a que se va a rehuir el castigar a los que se porten mal? Pues eso se hizo durante mucho tiempo y se sigue haciendo en bastantes centros, y no sirve para resolver los problemas, sino para agravarlos, que se anden con cuidado los patrocinadores de este documento, porque este es un asunto crucial.
    -Lo relativo al profesorado se trata sobre todo en las actuaciones 56 a 70, quince nada menos, pero con menos sustancia que el caldo del dómine Cabra, echadles un vistazo y veréis. En lo relativo a formación, un buen detalle sería derogar la injusticia y felonía que cometió Aguirre con pasar de 100 a 250 las horas necesarias para perfeccionar un sexenio, pero no parece que haya intención de ello. Deberían tenernos un poco más de respeto, ningunearnos queriendo aparentar que nos tratan maravillosamente es tomarnos por bobos. Tampoco se dice nada de reducción de ratios o de volver a las 18 horas lectivas, cosas ambas que beneficiarían a alumnos y profesores: menos coba y más mejoras reales.
           Encuentro, en suma, que se trata de un documento muy decepcionante, demasiado atento a caer bien en superficialidades demagógicas como lo de los deberes o con medidas drásticas como lo referido a julio, que está destinado a granjearse el aplauso grosero de la gente irreflexiva, pero que es un "acto de justicia" destinado a cercenar las impopulares vacaciones de los docentes (porque está claro que se trata de eso) sin pararse a pensar que no hace sino empeorar algo que no necesita cambiar y va a perjudicar también a los alumnos y a bastantes familias. En cosas problemáticas, cosas de esas en las que hace falta mojarse, la propuesta escurre el bulto, y voy a decir unas cuantas: el buenismo o inconcreción en materia de disciplina, la omisión del asunto del fracaso escolar, el no plantear un debate acerca del insatisfactorio sistema actual o sobre los currículos, que está llenos de fisuras, el no pronunciarse acerca del acoso al que están siendo hoy sometidas las humanidades... En la línea de la ideología educativa dominante en los últimos treinta años, parece dar por óptimas las recetitas del pedagogismo, sin ver los muchos males que han creado; se apunta a la moda del innovar por innovar, que tanta morralla ha traído a la escuela, da pasos agigantados en el sentido de aumentar la sumisión ante los padres, se refiere al bilingüismo como si fuera un programa venturoso, cuando tiene un buen puñado de problemas... Es un documento que habla de transformación, pero no puede haber transformación sin debate y no hay debate cuando se pretende ignorar los problemas o las discrepancias de fondo.
    Las páginas de CCOO y ANPE que presentan los documentos animan a los profesores a mandar sus aportaciones a las propuestas; creo que deberíamos hacerlo, tal vez así consigamos evitar algún que otro desastre. 

domingo, 11 de septiembre de 2016

Astracanada institucional en Barcelona

   Vean esta imagen, que es una prueba de que "El Mundo", a pesar de los pesares, es un gran medio de comunicación, pues una regla de oro de los grandes medios de comunicación es tener el colmillo muy retorcido y un buen depósito de mala leche:
   Patético, ¿no? Ahí tienen al primer ciudadano de Cataluña, rodeado de figurantes sacados de un carnaval de barrio, en una foto que ilustra la noticia de un acto en el cual ese señor, que ostenta un cargo de altísima responsabilidad dentro de las jerarquías políticas españolas, ha lanzado una nueva amenaza de segregación de Cataluña, que habría de perpetrarse por las santas narices del separatismo. Siguiendo su estrategia de jugar a la confusión, destinada a despistar al adversario y, sobre todo, a salvarse las espaldas -o esas partes de la anatomía donde pierden su digno nombre- ante previsibles consecuencias legales de sus actos -porque, que no se engañen: aunque pretendan aparentar prepotencia, todos sabemos que estos enanos de la venta del separatismo tienen muchísimo miedo-, Puigdemont ha lanzado su provocación de forma sesgada, declarando que espera estar en funciones para la próxima Diada, porque ya Cataluña se encontrará en el tránsito entre la postautonomía y la preindependencia: galimatías, cortinas de humo, gilipolleces...: en definitiva, cautela temblona, una prueba palmaria de que ni él mismo se cree las mentiras venenosas que va sembrando. 
   Vuelvo a la foto: lo que nos quiere decir "El Mundo" -y sin duda que lo ha conseguido- es que las instituciones no pueden ridiculizarse ni arrastrarse, porque quien lo hace ridiculiza a la propia institución y a lo que representa, cosas ambas gravísimas, de manera que hoy, Puigdemont, presidente de la Generalitat, al prestarse a la bufonada de esa foto, no solo se ha puesto en ridículo él (a fin de cuentas, eso es cosa suya), sino también a la Generalitat y a Cataluña, lo cual es imperdonable. No sé si el señor Puigdemont tiene sentido de la dignidad propia, pero su cargo sí que la tiene, y mucha: ¿qué hace el presidente de Cataluña rodeado de ese Dick Turpin cutre de la espingarda y todos esos tipos de los pelucones que parecen sacados de un espectáculo de drag queens? ¿Qué pinta una alta magistratura institucional en semejante mascarada? Este señor debería tenerles más respeto a Cataluña y a los catalanes.