domingo, 11 de septiembre de 2016

Astracanada institucional en Barcelona

   Vean esta imagen, que es una prueba de que "El Mundo", a pesar de los pesares, es un gran medio de comunicación, pues una regla de oro de los grandes medios de comunicación es tener el colmillo muy retorcido y un buen depósito de mala leche:
   Patético, ¿no? Ahí tienen al primer ciudadano de Cataluña, rodeado de figurantes sacados de un carnaval de barrio, en una foto que ilustra la noticia de un acto en el cual ese señor, que ostenta un cargo de altísima responsabilidad dentro de las jerarquías políticas españolas, ha lanzado una nueva amenaza de segregación de Cataluña, que habría de perpetrarse por las santas narices del separatismo. Siguiendo su estrategia de jugar a la confusión, destinada a despistar al adversario y, sobre todo, a salvarse las espaldas -o esas partes de la anatomía donde pierden su digno nombre- ante previsibles consecuencias legales de sus actos -porque, que no se engañen: aunque pretendan aparentar prepotencia, todos sabemos que estos enanos de la venta del separatismo tienen muchísimo miedo-, Puigdemont ha lanzado su provocación de forma sesgada, declarando que espera estar en funciones para la próxima Diada, porque ya Cataluña se encontrará en el tránsito entre la postautonomía y la preindependencia: galimatías, cortinas de humo, gilipolleces...: en definitiva, cautela temblona, una prueba palmaria de que ni él mismo se cree las mentiras venenosas que va sembrando. 
   Vuelvo a la foto: lo que nos quiere decir "El Mundo" -y sin duda que lo ha conseguido- es que las instituciones no pueden ridiculizarse ni arrastrarse, porque quien lo hace ridiculiza a la propia institución y a lo que representa, cosas ambas gravísimas, de manera que hoy, Puigdemont, presidente de la Generalitat, al prestarse a la bufonada de esa foto, no solo se ha puesto en ridículo él (a fin de cuentas, eso es cosa suya), sino también a la Generalitat y a Cataluña, lo cual es imperdonable. No sé si el señor Puigdemont tiene sentido de la dignidad propia, pero su cargo sí que la tiene, y mucha: ¿qué hace el presidente de Cataluña rodeado de ese Dick Turpin cutre de la espingarda y todos esos tipos de los pelucones que parecen sacados de un espectáculo de drag queens? ¿Qué pinta una alta magistratura institucional en semejante mascarada? Este señor debería tenerles más respeto a Cataluña y a los catalanes.    

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