sábado, 3 de diciembre de 2016

Praxis educativa. 21: nuevos criterios de calificación

   Como parece claro que está en marcha el proceso para alcanzar un gran pacto sobre la educación, he decidido aportar mi granito de arena a tan crucial iniciativa. Visto, además, que esta tiene ya trazado un esbozo de hoja de ruta bajo la forma de los quince puntos anunciados por el ministro Íñigo Méndez de Vigo, como quiero ser realmente útil, voy a proponer una serie de ideas exclusivamente prácticas en un capítulo importantísimo, acerca del cual, en la tabla del señor Méndez, no aparecen referencias, al menos, explícitas: el de la evaluación.
   Aunque, bien mirado, hablar de evaluación sería hablar de valoración de aprendizajes y aquí lo que a la gente le importa no es lo que los alumnos aprendan, sino las notas que saquen, o sea, la calificación. Y como el clientelismo ante los padres hace tiempo que se ha adueñado de la escuela, los menos remilgados acuden ya a presionar por el aprobado sin el menor pudor, pues que el alumno lo merezca o no es algo que no cuenta: en los últimos años, con más frecuencia de la que me hubiera gustado, me he visto frente a padres que, aun delante de exámenes desastrosos, se quedaban con gesto de disconformidad, o padres que me discutían la idoneídad de las preguntas, los contenidos o la forma de corregir. Situaciones como estas me han acarreado algunas discusiones fuertes y algún que otro conflicto, uno de ellos, muy grave. 
    En este marco, creado por una doctrina complaciente que durante años han ido segregando las corrientes pedagógicas más fashion y la propia administración educativa, si queremos estar en la onda, forzoso será que nos dejemos de evaluación, pasemos a hablar directamente de calificación, enunciemos los criterios por los que de verdad se está rigiendo y, finalmente, nos ajustemos a ellos. A esos criterios el guachimán les viene siguiendo la pista desde hace tiempo. Aquí los tenéis:
    1.- Derecho fundamental a protestar. La Santísima Iglesia de la Pedagogía, ciertos padres en posesión del diploma de Abogao de Secano, la Confederación de Asociaciones de Expertos de Cola de la Pescadería y otras acreditadas fuentes de jurisprudencia educativa sostienen que es no solo un derecho, sino incluso un deber. La práctica docente también apunta en esa dirección: en los últimos años, se está haciendo cada vez más usual a la hora de entregar exámenes ya corregidos que los alumnos suspensos pasen por alto si sus respuestas están bien o mal y te sometan a un bombardeo de protestas disparatadas, por la obviedad de sus fallos. Decenas de veces he tenido alumnos que me han preguntado por qué estaba mal una respuesta cuando ya se lo había dejado claramente explícito en el propio examen; más de una vez alguno, con gesto de fastidio, me ha preguntado: "¿Había no se escribe con "v"?", o bobada semejante, habida cuenta, además, de que era su profesor de lengua el que le había corregido el error: no les ha importado, tan empecinados han estado en negarse a admitir que se les suspendiera un examen que traían mal preparado que no se han parado a pensar en lo ridículo y prepotente de su pregunta. El ejemplario de protestas sin fundamento podría ocupar páginas y páginas. Este vicio procede de un mal bastante extendido: muchos padres endiosan a sus hijos, les dicen sí a todo y acaban convirtiéndolos en pequeños monstruos de soberbia que creen que todo les está permitido y tienen cerradas a cal y canto las puertas a la menor corrección. Esto tiene unas consecuencias bastante desastrosas, y no solo para la escuela. Ni que decir tiene que el derecho a protestar por este tipo de "injusticias" alcanza también a los padres.
   Criterio inferido del apartado 1: será mejor que apruebes a todo el mundo, de lo contrario, te freirán a protestas. 
    2.- Derecho inalienable a no reconocer nunca. En el ámbito de las protestas por las calificaciones de los exámenes, es frecuente encontrar alumnos que, cuando les explicas dónde estaba el fallo que han cometido, se obstinen en no verlo. En estos casos, suelo acabar invitándoles a que vengan durante el recreo a mi departamento para que se lo explique con tranquilidad, y he de decir que son poquísimos los que acuden, porque la mayoría de las veces, en realidad, saben muy bien que habían respondido mal. Una variante de este derecho se da en las situaciones de conflicto, o sea, en esas situaciones en las que te ves obligado a llamar la atención a un alumno por su mal comportamiento y, antes que admitir que estaba haciendo algo mal y obedecerte sin más, ese alumno se inventa unos malos modales de tu parte para agarrarse a un cínico: "Dígamelo de buenas maneras"; en otras palabras: no es que él se haya portado mal, es que el profesor le ha faltado al respeto. Para mayor ironía, no es inusual que esta exigencia de buenas maneras venga formulada de muy malas maneras.
   Criterio inferido del apartado 2: será mejor que apruebes a todo el mundo y no llames nunca la atención a nadie, pues lo que pasa es que o has calificado como mal algo que estaba bien, o has ofendido a un pobrecillo que no estaba haciendo nada.
    3.- Despenalización de la mentira y la manipulación. En el ámbito de las motivaciones alegadas contra los suspensos en los exámenes o las conductas indebidas, cada vez oigo con mayor frecuencia entre el profesorado quejas contra la abierta utilización de la mentira. Soy un maniático de la puntualidad y el primero en practicarla; por otra parte, jamás pongo en un examen nada que no haya sido tratado y explicado en clase, y además, con reiteración. Pues bien, alguna vez me he encontrado quejas del tipo: "Llegaste tarde y por eso no dio tiempo", o "Eso no se explicó en clase", aunque reconozco que han sido muy muy infrecuentes. Donde la mentira hace estragos es en casa: buena parte de los conflictos que he tenido con padres han procedido de mentiras que sus hijos les han contado sobre lo que yo hacía y... los padres las han creído y han venido predispuestos contra mí sin preguntar. De nuevo la ultraprotección de los hijos resulta desastrosa. Una variante de la mentira es la inasistencia a exámenes por enfermedades falsas, recurso cada vez más utilizado, lo que nos ha llevado a muchos a no creer más que en justificantes de médicos, hospitales o cualquier institución externa, nunca de la familia, ya que son cada vez más los padres que se prestan a colaborar con sus hijos en esto.
    Criterio inferido del apartado 3: cuando un alumno se queje de que su suspenso se debe a algo que tú hiciste, apruébale aunque estés seguro de que no lo hiciste. Si un alumno falta a un examen por enfermedad, apruébale directamente, no seas tan inhumano de encima suspender o ponerle el examen a alguien a quien le dolía la tripa.   
    4.- Principio de la relatividad funcional. Lo que el profesor y/o los libros digan no tiene por qué ser la única verdad. Si un alumno sostiene que La Celestina la escribió Gonzalo de Berceo, ¿por qué no va a ser así? Él tiene derecho a pensarlo y tú no tienes derecho a suspenderle por eso, ¿o es que estabas allí para ver quién escribió el libro? Cada cual tiene su opinión de las cosas y debe respetarse por encima de todo, como consagra la Constitución.
    Criterio inferido del apartado 4: cualquier cosa que diga o escriba un alumno debe ser considerada desde múltiples perspectivas, miles, quizás. No te molestes en analizarlo desde todas y apruébale directamente, porque seguro que habrá alguna desde la cual tenga razón.
    5.- Principio de presunción de culpabilidad del profesor. Aunque en algunas comunidades existen leyes que consideran que la palabra del profesor, por principio, debe prevalecer ante la del alumno, este disparate entra en abierta contradicción con una enseñanza moderna, democrática, libre, progresista e innovadora, como se desprende del solo hecho de que las comunidades que lo tienen son las más fachas. Si el pacto educativo quiere avanzar de verdad hacia una enseñanza integrada en el siglo XXI, deberá incluir normas que establezcan de forma explícita la presunción de culpabilidad por parte del profesor.
    Criterio inferido del apartado 5: debes suspender a todo el mundo, esperar al inevitable escándalo que eso producirá y, cuando merecidamente te echen la culpa, poner sobresaliente a todos. Otra cosa que puedes hacer es declararte de antemano culpable de lo que sea y poner el sobresaliente directamente  (la formulación de este criterio está pendiente de consenso entre los expertos).   
    6.- Cláusula de "tenía que intentarlo". En ocasiones (escasísimas) he tenido alumnos a los que he pillado intentando copiar. Otras veces, he recibido solicitudes de revisión de exámenes por parte de alumnos que tenían un 1 o un 2, las cuales no han prosperado. En ambos casos, ante la tentativa fallida, la disculpa más frecuente por parte del alumno ha sido decir después: "Tenía que intentarlo, profe".
    Criterio inferido del apartado 6: Cuando un alumno se acoja a la cláusula de "tenía que intentarlo", recibirá automáticamente la nota de aprobado precisa para superar el periodo evaluado.
    7.- Ley de prioridad de los tantos por ciento. Ocurre en ocasiones que hay grupos que jamás estudian para un examen y se dan por ello casos de que alguna clase suspenda en su totalidad uno, varios o todos los que se les ponen y que incluso parte de sus alumnos los entreguen en blanco nada más recibirlos del profesor. Muy a menudo (por no decir siempre), los componentes de estos grupos son conscientes de que a los profesores les da miedo suspender a un porcentaje demasiado alto de sus alumnos (véase también el apartado 5), con lo que practican una falta de estudio generalizada, en espera de que sea el profesor quien habilite fórmulas para aprobarles sin tener que hacer nada.
    Criterio inferido del apartado 7: aprueba directamente a todos tus alumnos mediante el procedimiento de poner pruebas facilísimas y evitarás enojosos problemas de porcentajes.
    8.- Ley de la igualdad docente universal. Muy relacionada con el apartado 4, esta ley está destinada a consagrar de manera definitiva el derecho que tienen -y ejercen- algunos padres que, cuando van a protestar ante un profesor -generalmente, sin tener el menor conocimiento de la materia que este imparte-, deciden poner en duda sus correcciones y valoraciones, la oportunidad de las pruebas que ha puesto y hasta sus conocimientos sobre la materia o, preferentemente, su solvencia didáctica, amparándose en el conocido hecho de que los profesores de instituto sabrán mucho de sus asignaturas, pero no saben enseñarlas.
    Criterio inferido del apartado 8: dado que, en efecto, tienes que reconocer que, como han demostrado multitud de expertos y pedagogos, tu capacidad para enseñar esa asignatura que das es muy limitada (véase además el apartado 5), lo más justo y sensato que puedes hacer es no suspender jamás a nadie.
    9.- Ley del inalienable derecho a denunciar. En última instancia, España no deja de ser el país de la Inquisición y, si uno puede reclamar por lo que sea y sin tener que dar argumentos muy sólidos, las cosas no son muy distintas cuando se trata de denunciar ante escalones superiores: cualquiera puede entrar en el despacho de un jefe de estudios, un director o un inspector, contar lo que le parezca y poner con ello en marcha un proceso de averiguaciones. Sean o no fundadas sus demandas, el denunciante queda al margen de toda consecuencia, pero, para el que se ve metido en ellas, las tribulaciones pueden llegar a ser de intensidad muy diversa, y casos de denuncias sin razón no han faltado.
    Criterio inferido del apartado 9: joder, ¿es que aún te lo tenemos que decir más claro? ¡Aprueba a todo el mundo ya y déjate de complicaciones!
             Supongo que en su momento se creará la debida rueda de comisiones para establecer los contenidos del acuerdo educativo; espero que esta modesta aportación mía en lo que toca al asunto de la calificación pueda resultarles útil. No creo estar exagerando si afirmo que incluir estos criterios en la futura ley acordada y experimentar un subidón en PISA va a ser todo uno.

martes, 15 de noviembre de 2016

Petición a IKEA de que retire su anuncio de los deberes

   Hola, amigos:
   Acabo de crear una petición en change.org para pedir a IKEA que retire el anuncio ese que juega con el asunto de los deberes y termina diciendo: "Menos deberes y más cenas".  A lo mejor el anuncio puede tener su gracia, pero no en un momento como el actual, en el que parece que todo vale contra la escuela, se ataca sin demasiado fundamento a los deberes, se convocan huelgas contra ellos y los profesores que nos decidimos a defenderlos a menudo recibimos el pago de inmerecidas descalificaciones.  Creo que la enseñanza española no se encuentra hoy para estas alegrías, así que hay que empezar ya a hablar muy en serio. 
    Este es el enlace para firmar la petición:

miércoles, 9 de noviembre de 2016

La guerra de los deberes: dos cartas en "El País"

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Homework War.  Episode 100.000: La CEAPA contraataca
   En el contexto de esta saga en que se ha convertido la cruzada que algunos paladines han desatado contra los deberes, últimamente ha publicado "El País" dos cartas, una ayer de un firmante llamado Gabriel Moisés y otra hoy de vuestro amigo el guachimán. Paso a reproduciros ambas, empezando por la del señor Moisés, que se titula Deberes sí, deberes no:
   Quisiera hacer una pregunta desde mi ignorancia sobre el tema. Se trata de los deberes escolares: ¿tanto ha cambiado la educación?  Yo fui estudiante y no recuerdo que los deberes pesaran tanto. Recuerdo que los profesores explicaban la lección y la preguntaban aclarando dudas e incluso en la clase siguiente se hacía un examen. Y todo durante unas clases que duraban 40 minutos. Con esto quiero decir que los padres en lo único que se tenían que implicar en la educación de sus hijos era en motivarlos y animarlos a que cada día aprendieran algo nuevo.
   Con esto quiero decir que al colegio se va para aprender, que es esa pequeña obligación que debemos inculcar desde casa. Que no se pierda esa competitividad del saber.
    En cuanto a la mía, la titulé ¿Huelga de deberes o huelga general?, pero voy a reproducir la versión que yo mandé, ya que el diario la ha sometido a recortes ligeros pero significativos, empezando por el título, que ellos reducen a ¿Huelga de deberes? Aquí la tenéis:
    A juzgar por el eco que los medios de comunicación le están dando a la convocatoria de huelga de deberes lanzada por la CEAPA, se diría que lo que se convoca es una movilización de la que va a depender el destino del país. Particularmente las televisiones, llevan ya varios días sin dejar de concederle una considerable atención y, además de ello -siento decirlo-, en general lo han hecho de una manera tan parcial, tan proclive a la huelga, que a veces uno no sabía si informaban o animaban a secundarla; una cadena de gran difusión ha llegado a relacionar el abandono escolar con el supuesto exceso de deberes. Como profesor, solo puedo decir una cosa: si queremos una enseñanza de calidad, los deberes son imprescindibles, en nuestra mano está. Extraña, además, otra cosa: después de siglos haciendo deberes, ¿ha hecho falta llegar a 2016 para descubrir que eran letales para la vida familiar? Algo no cuadra, por lo que sería deseable un poco de racionalidad y yo creo que no la hay en una ¿huelga? convocada por los padres para que la efectúen los hijos, bastantes de ellos, de edades que convierten este asunto en un auténtico disparate.
    Don Gabriel Moisés, en su breve y atinada carta, incide en algunas ideas esenciales y de sentido común, ese preciado bien que cada día escasea más: que a la escuela se va a aprender, que eso cuesta esfuerzo y que a eso es a lo que tienen los padres que animar a sus hijos, por bien de estos. En todo ello estoy con él al cien por cien y ambos coincidimos en negar la mayor: eso de que los deberes representen un cataclismo en la vida de escolares y familias: es sencillamente una mentira, una interesada manipulación sobre la que gente como doña Eva Bailén (B1, B2) o el señor Pazos y la CEAPA (Hoguera) han montado contra los deberes (y, en parte, contra el profesorado) una cruzada tan furibunda y perjudicial como carente de fundamento, ellos sabrán por qué lo han hecho, a ver si algún día tenemos la suerte de que encuentran una causa a la altura de su enconado celo (una buena causa, como el control de natalidad de las hormigas o la recogida de firmas contra el tupé de Donald Trump) y dejan en paz a la escuela.
    Agradezco a "El País" el espacio que nos ha dado a un par de voces críticas con este penúltimo sarao antiescolar; le agradezco también a este como a otros medios (por ejemplo, "El Mundo") que, particularmente tras el recrudecimiento de las pretensiones de la CEAPA, se hayan pronunciado en contra de su aberrante propósito; agradezco igualmente al señor Méndez de Vigo que también lo hiciera muy claramente, aunque esperase para manifestarse a pasar de ministro en funciones a ministro a secas, pero me pregunto una cosa: ¿tan difícil de ver era que esto constituía un colosal despropósito? Esta hidra no hubiera crecido sin el apoyo de los medios de comunicación en los que germinó, los cuales han estado meses poniendo alfombra roja a sus impulsores; también la ha favorecido mucho el silencio de los políticos o incluso el apoyo de grupos como Ciudadanos y el PP de Madrid, que incluyen en su propuesta educativa para Madrid un demagógico guiño a los que se rasgan las vestiduras por el problemón de los deberes. ¡Qué decir de los sindicatos, de los que solo ANPE se ha manifestado inequívocamente en contra de los ataques a los deberes! ¡Nunca sabrá la escuela pública lo mucho que tiene que agradecer a las ñoñerías de CCOO, UGT y demás progresismos escolares!
   Sería bueno que medios de comunicación, gobiernos, partidos y organizaciones ciudadanas actuasen mirando más a la racionalidad y sensatez y menos a los "megustas" de las redes diversas. Por internet circulan centenares de propuestas, muchas de las cuales resisten un análisis y son sólidas y por tanto merecedoras de apoyo, pero hay también un buen número que son majaderías, trampas o engaños estúpidos, peligrosos o ambas cosas a la vez. Nada impide que a estas se les adhieran un millón de seguidores, lo cual, desde luego, no las hace buenas, acordémonos de aquel chascarrillo que decía: "Cien millones de moscas no pueden equivocarse, ¡coma m _ _ _ _ _!"
     

miércoles, 2 de noviembre de 2016

La cobra de Bisbal y algunos asuntillos menores

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La cobra de Bisbal haciéndole los coros a su jefe
   Por pura casualidad, el reencuentro de los triunfitos que Televisión Española nos endilgó el pasado lunes me pilló cenando con unos amigos y familiares, y todos los presentes coincidimos en dos cosas: primera: que aquello era una birria; segunda: que tal calificativo se amplificaba si se tenía en cuenta además la inmisericorde machaconería con que se había anunciado el evento. Al día siguiente, gran parte de los medios de comunicación coincidían con nosotros, pero lo estropearon sacándose de la manga otro suplicio inane con el que marearnos: la cobra de Bisbal. Que nadie espere que explique en qué consiste esto, porque, además de que me niego, voy a dar un dato: la imagen de ahí arriba la he sacado de Google - imágenes: he escrito la palabra "cobra", he pulsado BUSCAR y... adivinad quiénes salían en seis de las ocho primeras imágenes. No tenemos arreglo.
    Parece ser que, dos días antes de que tengamos por fin el Gobierno que se ha demorado casi un año, aquí lo que importa son cosas como la cobra de Bisbal, los disparates de Rufián (a cuyo demencial discurso alguien le ha puesto un cuatro en gramática) o el simpático intercambio de tuits entre parlamentarios de esa izquierda que me temo que no va a tardar en saborear los amargores de la automarginación a la que se ha arrojado ella solita.
    Con mi enfermiza obsesión por lo educativo, yo le concedería más importancia, por ejemplo, a lo que dice Alberto Royo en ABC:
                        Solo el esfuerzo en el aula puede compensar la desigualdad social.
     O a lo que señala Xavier Massó en sus dos últimos e interesantísimos artículos sobre ese pacto educativo (¿qué nueva catástrofe nos estarán preparando mientras nos hallamos hipnotizados por los ofidios?) que se nos viene encima, de uno de los cuales entresaco esta cita:
        Pero no asistiremos, mucho me temo, a ningún debate sobre la mercantilización de la enseñanza, o sobre el engaño de la escuela inclusiva, o sobre la cultura del esfuerzo, o sobre los charlatanes educativos...  Esto, todo esto, ya está tácitamente consensuado y, perdón por la expresión, "maricón el último".
    Perdonado, Xavier, y me temo yo también que, en efecto, no asistiremos a ningún debate sobre esas cosas, faltaría más, teniendo como ya tenemos la cobra de Bisbal para entretenernos. Otro debate al que no asistiremos, quizás por aquello que mencionas tú de la mercantilización, es el del papel real de las nuevas tecnologías en la educación, sobre el que pone el dedo en la llaga Manfred Spitzer, otro señor al que quizás deberíamos prestar alguna atención, quien dice:
                               Móviles y ordenadores en las aulas dificultan el aprendizaje.
   Son cosas serias, sí, pero, no seamos cenizos: ¿a quién le va a interesar lo que decís tú, Alberto o el señor Spitzer en un país que ya tiene la cobra o se halla empeñado en una cruzada que cuatro irresponsables han levantado para acabar de una vez con los deberes? Y ya sabes el respaldo que les están dando los medios comunicativos más poderosos: hoy mismo, en el telediario de TVE 1, ha vuelto a salir pontificando el señor ese de la CEAPA, que sin duda es quien más sabe del tema. La noticia la han cerrado con una frase que, sesgadamente, ponía el abandono escolar en relación directa con la cantidad de deberes, una manipulación sonrojante.
    La cobra de Bisbal, las insensateces de Rufián, los tuits envenenados y la cruzada contra los deberes: ¿no nos estaremos pareciendo cada vez más a la España de Goya? O a lo mejor es que nunca habíamos dejado de parecernos: seré yo el que, como siempre, se equivoca.
         

domingo, 23 de octubre de 2016

Maestros y petimetres

   Dado que me hallo en una coyuntura de nostalgias y revisiones, me acordaba ayer de un episodio de cuando saqué mi primera oposición, la de profesor de EGB. A todos los que la habíamos aprobado y éramos licenciados y no graduados en Magisterio, ya que se suponía que no poseíamos la sapiencia pedagógica que estos últimos obtenían en sus asignaturas de psicología y  pedagogía, se nos obligó a hacer un curso acelerado que duró dos o tres semanas, el cual consistía básicamente en pasarnos las mañanas y alguna tarde asistiendo a unas ponencias que organizaba la inspección.
   El día en que se nos informó de cómo iba a organizarse esto, se nos dividió en grupos de trabajo para uno de los apartados del curso y se nos dijo que al final cada grupo debía presentar una especie de memoria. Fue en ese momento cuando se dio a conocer un compañero a quien llamaré Aquiles, por la cólera con la que tomó entonces la palabra y se opuso a la obligatoriedad de hacer el trabajo. Su salida nos resultó sorprendente y un tanto fastidiosa al resto de los presentes, primero, porque no tenía sentido perder tiempo protestando contra algo que estaba estipulado en la convocatoria de la oposición; segundo, porque, a la vista de cómo se nos explicó el asunto, todos nos habíamos olido que la memoria tenía que ser más bien una "memoria" para salir del paso: ¿qué otra cosa podía pedirse en pleno verano y con las oposiciones ya resueltas? Naturalmente, sus quejas no sirvieron de nada, pero lo mejor vino al final: el día en que presentamos las famosas memorias, todos los grupos entregamos la esperable chapucilla de trámite, todos menos el de Aquiles, que se descolgó con un desproporcionado trabajo de extensión muy superior a las de los demás y fashionablemente encuadernado. La incoherencia de aquel furibundo protestón nos dejó a los demás bastante perplejos, más aún, al pensar que su rechazo del primer día había tenido tintes de invitación a secundar una rebelión.
   El curso siguió su andadura. La mayoría de las ponencias consistían en charlas que nos daban personas que acudían allí para contar su experiencia en algo. Muchas de ellas eran inspectores y os aseguro que de lo que dijeron aprendí bastantes cosas que luego me fueron muy útiles, como me ocurrió también con lo que dijo un ponente que representaba una figura muy peculiar: la del maestro que se había pateado mil pueblos en escuelas rurales de los años 50, 60 y 70. Se trataba de un profesor que había sido miembro de uno de los  tribunales, a quien llamaré don Pedro. Estaba ya a punto de jubilarse y la escuela que había conocido era muy diferente de la que ya despuntaba en aquellos años 80 de mis oposiciones, de modo que su visión era también muy distinta de la imperante en el momento. Pudo así, entre las sabrosas anécdotas en que consistió su charla, que fue la más informal de todas, deslizar un comentario que no he olvidado a pesar de los años; hablando de lo que aprenden los chicos, dijo: "A algunos habría que abrirles la cabeza y meterles el libro dentro, y aun así, muchos de ellos seguirían sin aprender". Dicho en el ámbito de unas oposiciones a EGB y de unas charlas organizadas por la inspección, en aquellos años 80 de fervoroso paidocentrismo, esas palabras eran una auténtica irreverencia, hacía falta un buen par de narices para pronunciarlas, y yo creo que don Pedro tuvo entre sus motivaciones la de hacernos un favor: el de advertirnos a aquel puñado de jovenzuelos la mayoría convencidos de las bondades del paidocentrismo que no todas las prédicas del buenismo imperante eran ciertas, que los niños no son ángeles perfectos y que había, como ha habido y habrá siempre, muchos que no pueden o no quieren aprender. Fue muy honesto: la finalidad de aquellas charlas era ponernos en contacto con lo que nos íbamos a encontrar y él se atrevió a hacerlo aun rompiendo un tabú de los más sacrosantos. A la hora de las preguntas, Aquiles le enderezó algunas bastante malintencionadas y luego, en los pasillos, se dedicó a criticarle por tener un discurso plano y poco científico (Aquiles era psicólogo). La advertencia de don Pedro se confirmó y me fue muy útil al empezar pocos meses después a dar clase, y es que don Pedro, fuera o no científico, no se podía negar que era un maestro, de modo que Aquiles, cuando quiso dar lecciones a un maestro sin serlo él, quedó como lo que era: un petimetre.
    Pocos años después, en 1988, entré en un centro en el que ejercía de director uno de los compañeros de los que más he aprendido en la vida, mi amigo Rodrigo (nombre falso, como acostumbra a ocurrir en los artículos del guachimán), al que entonces me unía la coincidencia de pertenecer al mismo sindicato, Comisiones Obreras, yo como feliz novato de épocas plácidas y él como viejo militante que había saboreado circunstancias peores, en las que le había tocado sufrir muchos palos, uno de ellos, un esperpéntico destierro... a Ávila. El caso es que era uno de  aquellos tipos que, desde una épica huelga de 1978, habían llevando sobre sus hombros la movilización entre el profesorado madrileño y, el año en que nos conocimos, estaba muy ilusionado por la creación del comité de CCOO en la zona en la que trabajábamos, cosa que, en efecto, llevamos a cabo. Rodrigo era otro tipo con un par de narices, y no solo por lo que llevo contado. El año en que trabajamos juntos, era director del colegio en que coincidimos y tenía allí un fuerte conflicto con la mayoría de los profesores de plantilla del centro, de hecho, estaban todos contra él, el jefe de estudios y el secretario (un par de elementos difíciles de intimidar, dicho sea todo), así que les vino muy bien que los recién llegados, que ese año éramos muchos, tuviéramos la lucidez de entender que, aunque estaban en minoría, tenían toda la razón del mundo, y rompiéramos el aislamiento en el que estaban. El conflicto era muy sencillo: sus oponentes querían cuidar el comedor y cobrar por ello, pero eso suponía trabajar en el comedor de una a dos, cosa que era imposible, porque esa era la hora de la dedicación exclusiva, obligación que no podían saltarse y por la que cobrábamos todos una sustancial parte del sueldo. Qué fácil hubiera sido resolver esto por parte de la Administración, ¿verdad? Pues bien, lo tuvo que resolver el equipo directivo de Rodrigo, a base de coraje, honestidad, tenacidad, desvelos y desgaste en un absurdo cruce de escritos con los otros profesores ante la Administración, que, en lugar de cumplir con su obligación (por parte de la inspección o de quien fuera), adoptó una equidistancia abandonista e hipócrita.
   Muchos habréis pillado ya que, para mí, Rodrigo era un auténtico maestro. Aprendí mucho de él acerca de la lidia sindical y del trabajo con profesores, padres, niños y Administración. En aquel 1988 se produjo la última gran huelga de la enseñanza en España. Rodrigo y los de su generación, un manojo de cincuentones que habían llevado la movilización de todas las zonas de Madrid  y a los que en las asambleas (entonces las había, y muy concurridas) conocíamos todos por su nombre, ya no estaban en la dirección del sindicato, pero fueron los que organizaron el trabajo en las distintas zonas. Uno de los primeros actos de aquella gran huelga fue una asamblea general y unitaria de todo el profesorado de Madrid. No recuerdo por qué, aquella asamblea fracasó y se convirtió en un auténtico caos del que conservo la imagen de una enorme barahúnda de gente, creo que en la plaza de Colón, con un compañero de CCOO subido en una especie de pedestal ejerciendo de Lenin a grito pelado y sin que nadie le hiciera ni puñetero caso. Al día siguiente, lo comentábamos Rodrigo y yo en el colegio. Él era muy crítico con la organización y con la imagen que dieron los sindicatos, en especial, CCOO. Recuerdo que me dijo: "Y luego el compañero, allí subido dando gritos...".
    Sí, lo habéis adivinado: el compañero era Aquiles. Unos pocos años después de sacar la oposición, cuando todos los demás estábamos aún dando bandazos y sin plaza fija, él ya había huido del aula y se había encaramado a la cúpula del sindicato más importante. Seguía siendo un petimetre, pero eso sin duda era un inconveniente para ser maestro, pero no lo era para ser sindicalista: algo me dice que, en el sector de la enseñanza, fue entonces cuando empezó a ser así.
   Don Pedro tal vez se jubiló el mismo año en que nos desveló aquel secreto; Rodrigo se ha jubilado también, hace ya bastante, aunque en 2011 me lo encontré casualmente en el metro: veníamos los dos de una manifestación contra los recortes, estábamos los dos sintomáticamente escépticos; del amigo Aquiles dudo mucho que siga en la enseñanza y estoy convencido de que, si sigue, no será dando clases a grupos de treinta niños... Lo veo -insisto: si no se ha mudado a nidos mejor amueblados- como asesor, como orientador, como formador de formadores, como director con muy poquitas horas... Que siguiera aún como sindicalista sería espeluznante, pero no imposible. En todo caso, dudo mucho que haya dejado de ser un petimetre.
   ¿Y por qué te permites dudarlo?, diréis algunos. Pues porque, me vais a perdonar el pesimismo, corren mejores tiempos para los petimetres que para los maestros. Es más cómodo, tienen más garantías de una existencia sin sobresaltos, por no hablar de que, como el mismo caso de Aquiles demuestra, aquí -y quizás en todas partes-, los petimetres, por su falta de escrúpulos y su inconsistencia, lo tienen mejor para ascender; los tipos sólidos como Rodrigo, aun con su honestidad a prueba de bomba y su labor impecable -o me temo que por culpa de ellas- hacen poca gracia en las altas esferas; por ejemplo, en el caso de su disputa con los jetas que querían cuidar en el comedor y dejar de hacer la exclusiva pero sin dejar de cobrarla, es muy probable que, para esas altas esferas, pesase más el fastidio que les producía el cruce de papelotes inducido por los otros que su ejemplar persistencia en defender el buen uso del dinero de todos: ¿por qué no me dejan ya en paz? -se diría quien fuese en el despacho que fuese- ¿al pelma este qué le importa si cuidan o dejan de cuidar el comedor? Y estoy tan convencido por una cosa: porque a esas altas esferas les hubiera resultado muy fácil resolver el asunto, y no lo hicieron, luego está claro que lo hubieran dejado correr de no haber estado ahí Rodrigo.
    Lo dicho: si sigue en este mundillo, Aquiles estará cómodamente situado, seguro que es orientador, o director. Un dato: cuando Rodrigo dejó la dirección de su centro, pasó a ocuparla uno de sus oponentes, un perfecto petimetre capaz de protestar con cólera homérica -yo lo vi una vez- por "agravios" como que le pusieran clase a última hora con un 8º de EGB, con lo insoportables que, según él, se ponían. Esa es la gente que triunfa, petimetres sin carácter que digan que sí a todo lo que venga de arriba o a la menor queja de los padres, por descabellada que sea. Y el que sean unos jetas no es un obstáculo, al contrario, es una ventaja, porque los jetas son más dóciles con los que tienen la vara. Los que les perturban la siesta, por el contrario, molestan, por muy rectamente que actúen,  mucha razón que tengan o muy maestros que sean.
      

martes, 11 de octubre de 2016

Reacción histérica... ¿de quién?

   Entre las decenas de estrategias perversas del independentismo figura la de trivializar o ningunear al adversario, y no está de más recordar aquí que el nacionalismo es una ideología tan excluyente que convierte al que es distinto en adversario y al adversario, en enemigo. Pongo algunos ejemplos: el que no es uno de los nuestros es un maketo o un charnego, o sea, un personaje de calidad inferior; la bandera que no es la nuestra se puede quemar; al himno que no es el nuestro se le puede silbar y abuchear; a la selección que no es la nuestra se la puede censurar o podemos mentir sobre sus triunfos; a sus aficionadas, las podemos moler a golpes y robarles el bolso; a la lengua que no es la nuestra, la podemos echar a coces de las escuelas o de los parlamentos, o expulsarla de la rotulación comercial... Todos estos hechos reales que menciono son repugnantes, pero se quedan en juego de niños si se comparan con la máxima expresión del ninguneo, o sea, la aniquilación, que fue practicada durante años y con centenares de víctimas por el nacionalismo radical vasco, conviene que no olvidemos la historia.
    Nunca dejará de sorprenderme la enorme paciencia (por no decir repulsiva pasividad) que durante años y años han tenido la sociedad y las autoridades españolas con estos abusos, paciencia que en algunos sectores ideológicos progresistas ha llegado incluso a una estulta compresión: parece ser que, si el que aporrea a una señora lo hace en nombre de la estelada, la cosa puede perdonarse.
    Por lo dicho hasta aquí, podréis entender que haya visto con satisfacción que se haya puesto coto a la penúltima extralimitación del independentismo: la estúpida y provocadora decisión de declarar no festivo en Badalona el 12 de octubre, día de la fiesta nacional, y solo me molesta que se haya tenido que recurrir a la decisión de un juez, porque es elemental y de sentido común que lo que se marca como calendario estatal por el Gobierno de la nación no pueden cargárselo un alcalde y cuatro concejales borrachos de poder, no es de su menguada competencia, aunque por lo visto estas cosas los podemitas y los nacionalistas no las entienden, no sé si por ser muy revolucionarios, por ser muy ignorantes o por las dos cosas juntas.
    Leo en "El País" una noticia sobre Dolors Sabater, la alcaldesa de Badalona y por tanto principal artífice de esta alcaldada, que se queja con estas palabras: "Nunca ha habido una reacción histérica de la caverna mediática como ahora", y lo dice porque el jueguecito este de ningunear la fiesta nacional ya se había practicado antes (y se sigue practicando) en Cataluña sin que pasase nada, entre otros, por el personaje que hoy preside esa comunidad, a la que veremos a dónde lleva entre sus prudentes manos, miedo me da. ¿Reacción histérica de quién, señora Sabater? ¿De las autoridades estatales que por una vez se han decidido a impedir un desmán del nacionalismo o de ese nacionalismo que no tiene más perspectiva que la marcada por sus (muy discutibles) objetivos? ¿Con qué derecho llama usted histéricos o cavernícolas a quienes desean que se respete la legalidad de su país? ¿Acaso la razonable es usted, que se ha extralimitado en sus potestades y se ha querido saltar los derechos de los ciudadanos apoyándose en algo tan sólido como la ocurrencia esa de "12 de octubre, nada que celebrar"?  ¿O me va a decir ahora que su "inocente" medida no tenía para nada la intención de ser un acto más de esa memez tan cómica (y esperemos que no pase a tragicómica) de la "desconexión con España", que no aspiraba usted a ser tan guay como Ada Colau en eso de despreciar lo español? Apelo directamente a la señora Sabater, aunque ya sé que no va a leer este artículo, es solo una licencia artística. 
    Así gobiernan los nacionalistas y estos recién llegados del mundo alternativo: en cuanto agarran "cacho", ya parecen tener la conciencia de que su poder es absoluto, de que si uno es presidente en Cataluña o alcalde en Badalona, en Cataluña o en Badalona puede hacer lo que le dé la gana, que para eso es el que manda, sin demasiadas limitaciones y por su sola posesión de la verdad. Sería este un motivo para la reflexión, ya que estamos hartos de ver cómo, de una forma tan paradójica como cínica, cada vez que hacen alguna de las suyas, en cuanto alguien muestra la menor objeción, le lanzan una batería de descalificaciones ya consabida: retrógrado, inmovilista, facha, antidemócrata, cerrado al diálogo... Y suelen tener mucho éxito con algunos medios de comunicación, particularmente, los que se han adueñado de la patente de progresismo, ya he hablado antes de esto. Pero a mí se me ocurre una cosa: ¿qué pensaría la señora Sabater si el día 13 el director del colegio de sus hijos, sobrinos o nietos lo cerrase fundamentándose en su autoridad como director? Seguro que en algún momento pensaría que los cargos tienen límites. Lógico: eso también la alcanza a ella, a Ada Colau, al señor Puigdemont...: a cualquiera que no tenga un poder omnímodo y tiránico. ¿Qué pasaría si el próximo 11 de septiembre al alcalde de cualquier localidad catalana le diera por decir que no había nada que celebrar y que, por tanto, ese día no sería festivo? ¡Pobre de él, no me gustaría estar en su pellejo!, pero he de reconocer que sí que me gustaría una cosa: reírme un poco con los "argumentos" para crucificarle que iban a tejer Puigdemont, Forcadell, la señora Sabater, Iceta, Ada Colau... más un montón de medios, asociaciones y partidos "progresistas".       

sábado, 8 de octubre de 2016

Significativa objeción al bilingüismo: tres hurras por el "Palomeras Bajas"

   Siguiendo con mi popósito de ocuparme hoy de cosas importantes que tenía pendientes, voy ahora con el bilingüismo. Leí en "El Confidencial" un artículo sobre la implantación del bilingüismo en la educación madrileña que es de esos alegatos que, aun presentándose como una vocecilla perdida en la inmensidad de un océano de silencio cómplice y vergonzoso, tienen la virtud de dejar con las vergüenzas al aire a uno más de esos reyes que se pasean por el mundo pomposamente desnudos, en este caso,  su Majestad don Bilingüismo I de las Canalladas Educativas. No voy a extenderme mucho, sino que voy a limitarme a recomendaros la lectura del artículo y a entresacaros algunas de las cosas más notables que dicen en él los padres y profesores del Colegio Público "Palomeras Bajas" de Madrid:
   -Empecemos por una frase del titular: "Es muy difícil explicar la fotosíntesis en inglés". Lo es en general (añado), y ya, obligar a hacerlo en una lengua ajena cuando los niños aún no dominan siquiera la propia es un crimen.
    -"La forma de implantar el bilingüismo es agresiva y muy dañina para un grupo muy importante del alumnado".
   -Una madre afirma que inscribió a su hija mayor en un colegio bilingüe "fruto del engaño por el que han pasado muchas familias". Incontrovertible: la implantación de este programa ha sido un engaño a la sociedad perpetrado por los gobernantes, con la complicidad y/o el silencio de partidos y sindicatos. Incontrovertible y vergonzoso.
    -Conocimiento del Medio ha sido el área más perjudicada. Los alumnos que la han estudiado en el sistema bilingüe la han aprendido peor que los demás (la han aprendido muy mal, me temo, si es que la han aprendido).
    -Como los niños no pueden con esta carga ellos solos, el bilingüismo se lo está sacando adelante a la Comunidad de Madrid la ayuda de los padres. Eso es trampa.
    -El bilingüismo se ha implantado en Madrid a base de imposición, chantajes a los centros (y casi casi a las familias) y falta de debate. O sea, por puros bollocks, o just because, I say.
     -Y termino con esta frase para enmarcar:
                Por mucho que lo llamen "bilingüe", es falso, es imposible que un niño redacte y hable en inglés igual que en castellano.
          Ahí queda, y no son diatribas del guachimán, es lo que piensan (y se atreven a decirlo) un puñado de padres y profesores cuyos hijos o alumnos están padeciendo el bilingüismo a la madrileña. Tres hurras por ellos.

Pública: pierde 23.416 profesores; privada: gana 9.091

   Una serie de circunstancias me han impedido en los últimos 20 días hablar aquí de algunas cosas que resultaban muy interesantes, una de ellas, un informe de CCOO que suministra datos concretos acerca de cómo en los últimos años nuestros gobernantes se han dedicado a perjudicar a la enseñanza pública mientras favorecían a la privada, o, dicho en otras palabras, de cómo los que mandan, en lo relativo a la enseñanza, han volcado los recortes y el pago de la crisis sobre la enseñanza pública. El dato más escandaloso es el que revelo en el título: así trata el PP a la enseñanza pública, pero no solo el PP, porque en Cataluña, donde han gobernado los independentistas con sus diversas quinielas, hay 90.000 alumnos (el 9% del total) escolarizados en barracones; eso sí, dinero para financiar sus mil disparates secesionistas ha habido de sobra. 
   La noticia es clara, breve, precisa y muy reveladora, os recomiendo su lectura. Ni que decir tiene que lo que destapa es mucho peor que la LOMCE y poco tiene que ver con ella.