domingo, 29 de marzo de 2020

El aprobado general causaría un grave perjuicio

    Me quejaba hace nada de "El País" por la ligereza con que sirve de plataforma a propuestas educativas disparatadas, pero ¡anda que el ABC...! Hace pocos días, se despachó dando apoyo a una insensatez que viene circulando desde que se suspendieron las clases: la de que este curso debería darse un aprobado general, y lo hizo en una entrevista al sociólogo Jaume Carbonell, un veterano del pedagogismo que incluso ha sido miembro del Consejo Escolar de Estado: uno no se explica que alguien con este historial defienda semejante despropósito. Lo que sí se explica, cuando el director incombustible de Cuadernos de Pedagogía cae en semejante ligereza y se queda tan ancho, es el frívolo desparpajo con que el pedagogismo lanza al mundo sus ensoñaciones: está claro que no reflexionan ni un segundo sobre las consecuencias que puedan tener sobre sus potenciales receptores, esos alumnos de carne y hueso que estudian en los colegios, institutos y universidades. 
      Antes de escribir una línea más, quiero decirlo bien alto: el aprobado general sería un disparate que haría mucho daño a sus supuestos beneficiarios y espero que las autoridades educativas no caigan en la tentación de decretarlo. El señor Carbonell lo defiende manipulando cínicamente argumentos como que hay que vivir la vida con más calma, máxima con la que estoy de acuerdo al cien por cien, pero que en nada se vería perjudicada por hacer a los estudiantes una evaluación equilibrada y razonable al final de curso, cosa que los profesionales al cargo de los diversos niveles están muy capacitados para preparar, que no lo dude el señor Carbonell. Toma luego como rehenes a las familias más desfavorecidas y hasta los ERTES: ¡basta ya de proteccionismo hipócrita! Los alumnos más pobres no necesitan para nada que se les anule permanentemente con una caridad babosa, ya que pueden y deben hacer frente a las dificultades, eso es aprender en la vida. En esta misma estela, habla también de que quienes no tienen fácil acceso a internet estarán en desventaja, pero yo creo que eso no debería preocuparle, porque existen formas de cubrir las carencias de esas nuevas tecnologías que tanto venera el pedagogismo, que también las tienen. Produce además indignación ver como, a todo lo largo de la entrevista, este sociopedagogo no desprecia una sola ocasión de sacar provecho de la dramática situación actual para hacer propaganda de los supuestos beneficios de la innovación pedagógica, un oportunismo de absoluta bajeza moral. Para que veáis hasta qué niveles alcanza el cinismo de este señor, os reproduzco dos citas literales. Acerca de los alumnos de Bachillerato que se hayan esforzado más y crean que el aprobado general les premiará igual que a los que no han estudiado, dice:
     Lo entiendo y es razonable. Nos hemos obsesionado con las notas. Pero ahora es el momento de otros valores que estamos aprendiendo: solidaridad, empatía, generosidad... Si ese otro compañero no ha querido o no ha podido, es otro debate.
     Me pregunto con desolación: ¿y este señor, con estos planteamientos, fue durante cinco años miembro del Consejo Escolar de Estado? Llamo la atención además sobre cómo practica la empatía que predica: la incoherencia es muy típica de los innovadores educativos. Ved ahora lo que dice acerca del aprobado general en la universidad:
      Pongamos un ejemplo: aprobado general en la universidad. El que esté en primer curso, tendrá que currárselo más en los próximos años.
       Qué propuestas, qué superficialidad, qué lenguaje. Se comenta solo. 
      Conclusión: las notas... ¡a la basura!, es lo que le dice el entrevistador (que también tiene lo suyo) a este septuagenario que tiene que hacer frente a cero responsabilidades en la escuela y por eso se permite ir soltando insensateces. Debería avergonzarse un diario como ABC de servirles de altavoz.
       Es inexcusable que en este curso haya calificaciones, porque, digan lo que digan ABC y ciertos pedagogos, no hay nada más estéril y desaconsejable en educación que la perspectiva de que el aprobado se va a obtener se haga lo que se haga: conduce inevitablemente a que la mayoría de los alumnos no hagan ni aprendan nada, es decir, al curso perdido. Huelga decir que las especiales circunstancias deberán condicionar que los instrumentos y procedimientos de evaluación hayan de ser también especiales, pero quienes mejor saben cuáles habrán de ser y a buen seguro ya estarán meditándolos son los propios profesores, que, a diferencia de don Jaume Carbonell, son conscientes de que eso constituye una responsabilidad que no pueden eludir, y sabrán hacerle frente con éxito, no me cabe la menor duda, pues estoy hablando de un colectivo de probada profesionalidad. En el fondo, toda esta absurda y demencial especulación sobre el aprobado general obedece a algo muy típico de los pedagogos como el señor Carbonell: su desprecio hacia el profesorado, pues parece que ni por un instante se le haya pasado por la cabeza que tenga capacidad para resolver este problema. Todo esto vale para Primaria y Secundaria, pero, si hablamos de la Universidad, cabe además preguntarse: ¿en qué concepto tiene el señor Carbonell a las personas adultas que estudian en esa etapa? ¿Los considera unos menguados o unos inconscientes incapaces de comprender la delicadeza de la situación y la necesidad de su compromiso personal para hacerle frente? Ya le digo yo que no son así. Os contaré además una anécdota: en el curso 1974-75, hacía yo primero de mi carrera y hubo un prolongado cierre que nos hizo perder muchas clases. Solo los más irresponsables o los pescadores de río revuelto dieron la matraca con el aprobado general, que, por supuesto, no se concedió: en julio (si la memoria no me falla) tuvimos que hacer frente a los exámenes programados por los profesores. Los que iban preparados los aprobaron y los que no habían estudiado o los jetas los suspendieron, como debe ser. También hubo unos pocos que suspendieron porque no tuvieron su día, qué se le va a hacer, para eso está septiembre. Y a nadie se le ocurrió reaccionar con lloriqueos o sandeces como las de esta entrevista: la formación universitaria es tarea seria y de personas maduras, no un jueguecito de currárselo el año que viene y ocurrencias por el estilo. 
        

viernes, 27 de marzo de 2020

Las cifras de China: o gran esperanza o gran mentira

   Hoy ha vuelto a crecer el número de fallecidos en un solo día por coronavirus en España. Hemos alcanzado la cifra de 769. Casi a diario, echo un vistazo a los cuadros y gráficos de la evolución de la enfermedad y esta mañana, al mirar el que publicaba El Español (también hay uno en la noticia de El Confidencial que os he enlazado antes, y aquí tenéis un buen mapa mundial), he pensado de nuevo algo que me está dando vueltas en la cabeza en los últimos días y que os explicaré con este cuadro:
País
Infectados
Fallecidos
(con % sobre el total)
Curados
(con % sobre el total)
Total
542.417
24.354 (4’49%)
124.164 (22’89%)
China
81.894
3.296 (4’02%)
74.720 (90’87%)
Italia
80.539
8.215 (10’20%)
10.361 (12’86%)
E.E.U.U.
85.749
1.304 (1’52%)
1.868 (2’17%)
España
64.059
4.858 (7’58%)
9.357 (14’60%)
Irán
29.406
2.234 (7’59%)
10.457 (35’56%)
Alemania
43.646
262 (0’60%)
5.673 (12’99%)
Corea Sur
9.332
139 (1’49%)
4.528 (48’52%)
   Ya sé que en este cuadro no se tienen en cuenta muchos factores importantes, como el total de población de cada país, el total real de infectados en cada uno de  ellos (desconocido en general), el tiempo que llevan luchando contra la epidemia o la virulencia con que se declaró, por citar algunos de los más señalados, pero me voy a permitir alguna reflexión. Como puede verse, hay algunos países, como Alemania o, más aún, Corea del Sur (que incluso ha tenido éxito al contener la propagación de la infección) que deberían servirnos como ejemplo, tanto por el bajo índice de mortalidad (1) como por el alto porcentaje de recuperaciones, pero, si nos fijamos en los datos de España, aunque podemos ya empezar a congratularnos de un porcentaje de recuperaciones bastante significativo, dados los altísimos índices de infección y de mortalidad, creo que los modelos deberíamos buscarlos en los países que ya hayan pasado por una situación crítica y ahora estén mejor que nosotros. Si admitimos esto, nuestros ojos deben dirigirse hacia Irán y hacia China. Irán empezó con un régimen de contagio alarmante, que, si la memoria no me falla, alcanzó al principio una mortalidad superior incluso a la de Italia, pero después, tras un periodo en que hemos dejado de oír hablar de este país, reaparece con una cifra de contagiados muy inferior y unas cifras y porcentajes de fallecidos y recuperados muy halagüeñas. En cuanto a China, sorprende (por lo menos, a mí) que el país foco de la epidemia y con un respetabilísimo número de habitantes se haya quedado en poco más de ochenta mil infectados. Si miramos el número y porcentaje de fallecidos (más aún, unido al hecho de que hace días que está prácticamente estancado) y las espectaculares cifras de recuperados, tendremos que concluir que sus registros son jubilosos y que los chinos pueden afirmar que han superado la epidemia. 
    No voy a ocultar que a mí, por algunos factores que ya he señalado, las cifras de China me producen dudas, pero, si mis dudas son infundadas y esas cifras (o las de Irán) no son una gran mentira, entonces constituyen una gran esperanza, por lo que creo que en España deberíamos preguntarnos qué han hecho en esos dos países que empezaron peor que nosotros y ahora están mejor para seguir su ejemplo. 

1. Aunque en este dato los alemanes, alejándose de toda ejemplaridad, parecen estar dando cifras más bajas de las reales. 

lunes, 23 de marzo de 2020

Neolengua gubernamental: mensaje imprescindible, gramática improcedente

    Dentro de la tremenda emergencia a la que España está haciendo frente en la actualidad, ya sea en el plano individual, en el colectivo, en el asociativo o en el institucional, la inmensa mayoría de los ciudadanos estamos haciendo lo que podemos para colaborar en la lucha contra la pandemia del coronavirus, aunque ya sabemos también que algunos están por su parte aprovechando la ocasión para demostrar su indecencia y hasta qué punto están podridos de odio. Dado que el informar y concienciar a la población es un objetivo importante, desde el Gobierno se ha puesto en marcha una campaña institucional con unos mensajes destinados a tal fin, campaña que me parece digna de aplauso. Ved aquí uno de esos mensajes, que por su contenido, me satisface incluir en este blog:
Resultado de imagen de detener el coronavirus es responsabilidad de todos y todas
    Ahora bien, como, contra viento y marea, la vida sigue, creo que el hecho de estar afrontando una grave emergencia médica no tiene por qué implicar que no prestemos atención a otras cosas menores, tales como, en este caso, la gramática y el uso del lenguaje como arma política, y es aquí donde tengo que hacerle serias objeciones a este anuncio y señalar su incongruencia. Las objeciones son estas:
      -En el terreno de la gramática, como de manera contundente, reiterada y sólidamente razonada ha establecido la RAE, la forma correcta y adecuada para el plural inclusivo, es decir, para el que engloba la referencia a personas de género masculino y femenino, es el masculino, que en este caso se entiende como género no marcado, por lo que no es correcta esa frase del cartel que dice: "Detener el coronavirus es responsabilidad de todos y todas", la cual debería tener esta forma: "Detener el coronavirus es responsabilidad de todos". Las razones son estas: es más simplificada, cumple nuestra norma gramatical y evita una absurda -y cacofónica- reiteración, con lo que se inscribe en una de las leyes lingüísticas universales (es decir, uno de esos rasgos que se encuentran mayoritariamente en los millares de lenguas que existen en el mundo): la economía del lenguaje. El Gobierno de España debería hacer un correcto uso de la lengua española, más aún, cuando en este asunto particular el último y claro pronunciamiento de la RAE se produjo a petición suya.
      -Esto me lleva al segundo terreno, el del uso del lenguaje como arma política, pues la redacción de esa frase que está mal no es inocente, menos aún, cuando esa respuesta de la RAE de que hablo arriba iba dirigida a una petición de la vicepresidenta Carmen Calvo, señalada militante de un feminismo de trinchera y que ahora es la coordinadora del plan de lucha contra el coronavirus, o algo así. Frases como esa que está mal se rigen por la gramática incorrecta que desde hace años quiere imponer ese feminismo radical de las vicepresidentas Calvo o Montero, argumentando que con ello se incluye y visibiliza a la mujer, memez de un calibre comparable solo al de su mala intención, pues la lengua española ni excluye ni invisibiliza a nadie. Con una gramática así, solo se visibilizan los postulados febriles de un feminismo rencoroso, lo cual se hace a base de torturar el lenguaje, por lo tanto, esa gramática torturadora y tortuosa -que hemos visto usar a Pedro Sánchez en sus mensajes recientes, siguiendo la demagógica estela de todos los políticos- forma parte de una neolengua que, por higiene política, debería empezar ya a desterrarse de los mensajes oficiales, como es el caso de este cartel. 
      Vistas las objeciones, paso ahora a señalar la incongruencia. Si los demagogos y/o ignorantes que usan o promueven este lenguaje pseudoinclusivo valorasen su propia lengua y se parasen a pensar solo un poquito, repararían en que una gramática es antes que nada un conjunto de reglas (en nuestro caso, las que sirven para componer mensajes comprensibles y admisibles dentro del sistema de comunicación que es la lengua española), y que unas reglas usadas arbitrariamente (es decir, a veces sí y a veces no) ni son reglas ni pueden servir para fundamentar sistema alguno. Pues bien, sin salir de este cartel que os incluyo, que se compone exactamente de veintidós palabras, esa incongruente regla del plural que tanto gusta a Carmen Calvo, a Irene Montero o a Pedro Sánchez (y también a una legión de políticos de casi todos los partidos, no se olvide), se usa una vez, pero se desprecia dos, pues, si se usase todas las veces, el mensaje habría quedado así:
Este virus lo paramos unidos y unidas.
Detener el coronavirus es responsabilidad de todos y todas.
Si te proteges tú, proteges a los demás y las demás. 
       ¿Puede alguien negar que este galimatías estúpido y ridículo ejemplifica una regla inviable que nos obligaría a componer mensajes kilométricos, abstrusos y pesados por despreciar ese universal del lenguaje -y de todo en la vida- que es la economía de medios o ley del mínimo esfuerzo? Llevo décadas haciendo esta refutación del "lenguaje no sexista", tan contundente como sencilla. La regla del género con la que tan alegre como demagógicamente nos machacan nuestros políticos, como se ve, no tiene ninguna entidad ni viabilidad gramatical, por esta sencilla razón: no es una regla de lengua, es decir, de sistema comunicativo, sino de neolengua, o sea, de instrumento propagandístico al servicio de un proyecto totalitario.   


viernes, 20 de marzo de 2020

Nueva andanada de "El País" contra las vacaciones de verano

    Desde hace ya algún tiempo, cada vez que abro "El País" y me encuentro con un titular que implica una sugerencia educativa, me invaden unos sudores fríos que más de una vez me han hecho terminar en urgencias. Las páginas de este diario han dado voz e impulso a los personajes más dañinos para la escuela, a las ocurrencias más disparatadas, a las iniciativas más desaconsejables... Solo en lo referente al tema de hoy, es decir, el recorte de las vacaciones de verano, os recuerdo que este medio sirvió de plataforma a Ramón Ruiz (1), el consejero cántabro que, sobre la base de una interpretación falsificada de los periodos escolares, fue el profeta de una medida que linda con él: la supresión de las pruebas de septiembre y su adelanto a junio, un disparate cada vez más extendido que no ha producido más que perjuicios para alumnos, profesores y desarrollo de los programas, pero que, por una mezcla de incompetencia y molicie, nuestros responsables educativos tardarán mucho en revertir, si es que lo hacen. Atención a esto: con aquel asunto dije que iban a por septiembre, y acerté, y ahora digo que el proyecto, no a largo, sino a medio plazo, es teneros en julio o puede que todo el verano de "profes" on line. ¡Quien desoye las profecías del guachimán lo acaba pagando!
     Y es que, en materia pedagógica, "El País" hay que leerlo como las entrañas de las aves o los posos del café: como señales de lo que el futuro nos depara. En un artículo publicado hoy bajo este temible titular: Hay que reducir las vacaciones escolares de verano, un señor llamado Miquel Ángel Alegre propone eso mismo, aparentemente, como una medida excepcional motivada por la suspensión de clases a que nos ha forzado la alerta sanitaria, pero la cosa, sobre todo por sus planteamientos generales y lo dicho en la introducción de la entrevista, queda bastante ambigua, da la impresión de que ese acortamiento del (para los gustos el señor Alegre) pernicioso paréntesis veraniego debería ser norma habitual. No quiero pasar adelante sin señalar una cosa: hace falta ser rastreros (tanto el medio como el "experto") para aprovechar el actual drama que atravesamos como aderezo que convierta en verdades necesarias sus estupideces y falsedades. 
     Por si no lo sabíais, el señor Alegre ha estudiado "el llamado summer lost, la constatada pérdida de competencias lingüísticas y matemáticas que los alumnos sufren durante los largos periodos de vacaciones". ¡Hay que joderse con el señor Alegre! ¿Para estudiar eso ha gastado su tiempo y el dinero suyo o de quien le haya subvencionado? ¿Y nos lo tiene que decir en inglés? ¿Tanto le costaba decir "pérdida veraniega"? ¡Ah!, claro, no me acordaba: es que el señor Alegre es uno de esos "expertos" que salen en nuestra prensa (no solo en "El País"), y a esta grey le gusta mucho presentar sus vaciedades con términos en inglés, para que veamos lo viajaos que están, lo que molan y que leen a autores que dicen sandeces en inglés de las que luego ellos sacan las suyas en español (o en catalán, como parece ser el caso del señor Alegre: pinchen ustedes). Pero la pérdida veraniega tampoco necesitaba tanto estudio: con once años, mis compañeros del "cole" y yo ya sabíamos que llegábamos después del verano sin tener ni p _ _ _ idea de nada, pero no habían pasado ni dos meses y nuestros "profes" ya se habían encargado de refrescarnos la memoria. ¿No ha estudiado el señor Alegre este otro fenómeno? ¿O es que se lo calla porque le tira por tierra la gilipollez esa del summer lost? Porque, como ya he dicho, ni siquiera hace falta ser docente o un supersociólogo como él para saber que los chicos no es que tengan pérdidas esenciales en el verano, sino que vuelven bajos de forma, como les pasa a los adultos. Y, por cierto, el cuento no vale ni para "los que proceden de familias socioculturalmente desfavorecidas", porque he conocido a muchísimos alumnos de esa franja (entre los que me conté en su día) que superaban perfectamente ese bajón veraniego que afectaba a todos.
     Así pues, nos hallamos ante uno de los trucos más habituales de los "expertos" educativos: montar teorías y proponer soluciones sobre y para problemas inexistentes. La explotación del falso problema, vamos, un clásico. 
     Confieso que las cosas que dice el señor Alegre me han parecido especialmente deplorables. Además de crear un falso problema, pretende algo tan ruin como robarles a niños y adolescentes algo sagrado: las gloriosas vacaciones de verano. Digo lo que en otras muchas ocasiones: ya estoy jubilado, ya no soy sospechoso de defender mi interés, así que puedo proclamarlo: las vacaciones son sagradas. Todas, pero, en especial, las de verano. Los escolares no son máquinas de aprender o producir, son personas que tienen mucho que disfrutar. Pueden hacerlo durante el curso si se saben organizar, y es una aberración estorbárselo para los periodos de vacaciones. Cada vez que veo a un tecnócrata, a un amargado o a un iluminado que se las quiere dinamitar, me hago la misma pregunta: ¿pero es que usted no fue niño? ¡Lo que se goza, lo que se sueña, lo que se vive en unas vacaciones! Muchos de los mejores recuerdos de la mayoría de la gente están ligados a unas vacaciones de verano, ¿no tendrán nada mejor que hacer los que se las quieren chafar a los demás? Hace muchos años, en un centro de EGB, cuando se acercaban las vacaciones, en una reunión, la directora, una auténtica workoholic, nos dijo que les teníamos que poner tarea a los chicos, porque, al fin y al cabo, los ministros en vacaciones también trabajaban. Me levanté y le dije que no pensaba ponerles trabajo a mi alumnos, porque eran niños, no ministros. En las propuestas de este señor Alegre, se respira además una especie de miedo, una latente obsesión por tener a los chicos bajo control y protección, monitorizados por los tutores. ¡Déjeles vivir, déjelos que crezcan y disfruten sus propias experiencias! Es verdad que la vida tiene peligros, pero eso no debe llevarnos a encerrar a nadie en una burbuja. Es en este capítulo donde suelta la perla más preciosa y resplandeciente de la entrevista. Como esa vigilancia intensiva la ejercerán los tutores por WhatsApp, el periodista le pregunta si aceptarán los profesores dar sus números particulares, a lo que él responde:  
          Hay que ir tan lejos como se pueda para garantizar que los chavales no se descuelguen.
    ¡Genial! Otro como el Toni Comín, que piensa ganar las guerras imponiendo sacrificios a los demás. Así suelen ser los napoleoncillos que predican catecismos infalibles para cambiar la escuela, y don Miquel Alegre no es muy distinto de los demás ni en este desprecio al profesorado ni en el que dedica a "las escuelas con un modelo más magistral". 
     Pero esto no es todo lo que hay. Dije al principio que me producían escalofríos las propuestas apoyadas por "El País" no tanto por ser disparates como por el hecho de que se terminan imponiendo, así que ya me he echado a temblar. No contribuye a disminuir mis temblores el más señalado de los méritos con que presenta al señor Alegre: el ser jefe de proyectos de la Fundación Jaume Bofill, y esta vez no lo digo solo por los proyectos, sino también y muy especialmente por la institución, que se presenta con el propósito de impulsar la transformación de la educación en Cataluña. Conocido, reconocido y muy justificado es mi miedo a los que van de transformadores de la educación, pero ahora diré que, teniendo en cuenta lo que está pasando en el sector educativo catalán, siempre tengo dudas ante los sectores activos relacionados con él y que reciben ayuda de la Generalidad (como es el caso de esta organización). No necesito buscar mucho para que mis temores se confirmen: en la página de la Jaume Bofill no es difícil encontrar algo que me temo que les produce orgullo: un enlace que lleva a este documento en apoyo de los golpistas del 1-O. Las motos que vende "El País" son cada vez más infumables.


1. Para información sobre el señor Ruiz y otras catástrofes para la escuela, ya sabéis que podéis mirar aquí: https://papabloblog.blogspot.com/2018/11/las-fantasias-de-los-expertos.html. 

miércoles, 18 de marzo de 2020

Canciones para una mala época

    En la dramática circunstancia en que un virus ha colocado al mundo entero, desde sectores diversos y cada uno en su particular grado de responsabilidad, autoridad y capacidad de acción, se está haciendo lo más apropiado: actuar para detener la catástrofe o hacerla más llevadera. En estos días estamos viendo como algunos han revitalizado vídeos, escenas o canciones que estaban especialmente indicadas para levantarnos el ánimo a todos y mantener la moral, cosas en absoluto secundarias. En lo referido a las canciones, por lo buenas que son y por lo apropiadas al momento, han sido muy bien recibidas Resistiré, del Dúo Dinámico, I will survive, de Gloria Gaynor y Sobreviviré, de Mónica Naranjo. 
        Son estupendas canciones que ponen el énfasis en la hoy apremiante necesidad de aguantar el vendaval para superarlo. En este artículo quiero dejaros un mensaje que creo que también viene a cuento, pero con un matiz ligeramente distinto: el subrayar lo inapreciable y bella que es la vida, incluso en situaciones adversas como la actual, en las cuales, paradójicamente, se dan las circunstancias para que podamos valorar en su justa medida cosas muy buenas que tenemos normalmente y que solo cuando las perdemos o las vemos en riesgo somos capaces de apreciar como se merecen. Para ello, os voy a recordar tres canciones, aunque sé que son muchas más las que contienen un mensaje optimista, pero no quiero agobiaros y pienso que estas tres son realmente excepcionales. 
         Empezaré con Violeta Parra y su Gracias a la vida:

        A continuación os dejo a Bobby McFerrin con su inconmensurable Don't worry, be happy

       A esta canción le tengo un especial cariño, porque me dio mucho ánimo en momentos muy malos en los que recurrí a ella casi como mi himno personal para mantenerme firme y alegre, así que me consta que funciona ante las adversidades.   
       Termino con una canción y un vídeo de esos que te dejan sin palabras, ved y escuchad a Black cantando Wonderful life

         Ánimo. La vida es bella.

sábado, 14 de marzo de 2020

Medicina, jóvenes y educación: Spiriman da en el clavo

    Esta mañanita, cuando hacía apenas media hora que me había levantado, me ha enseñado mi mujer un vídeo que le llegaba por medio de un primo suyo que vive en Andalucía. Aparecía en él un médico que se despachaba a gusto contra un colectivo de jovenzuelos que le tenían hasta la pxxxx (uso los tachones por no reproducir literalmente las malsonantes palabras del facultativo, por si hieren la sensibilidad de alguno de vosotros) por su egoísmo infantil y caprichoso, que les está haciendo caer en la irresponsabilidad de no entender la gravedad de la actual situación y lo que verdaderamente importa. El vídeo lo he encontrado luego en "El Español" y podéis verlo aquí:
     Os recomiendo que no os lo perdáis. 
   ¡Cuánto le agradezco este vídeo al belicoso médico andaluz! Se lo agradezco no solo por lo más urgente y lo que a él en verdad le interesa, que es el asunto sanitario de la lucha contra el coronavirus, sino también por la faceta educativa de su admonición, que está muy patente. 
     Jesús Candel nos habla de una realidad dramática (cuando no trágica) que nos está apremiando en este momento y de cómo la actitud frívola de algunos jóvenes, con sus risitas y su eterno cachondeo y sus móviles y su instagram, está entorpeciendo la encomiable labor de los guardianes de la salud pública (médicos, asistentes sanitarios, celadores, limpiadores...) en la tremenda guerra que están librando, por lo cual les pide que hagan por una vez un esfuerzo para dejarse po _ _ _ das y enterarse de cosas serias. Que entiendan, al menos en esta situación, que no son el centro del universo, que sus caprichos pueden ser irrelevantes y que satisfacerlos tal vez no sea una prioridad inaplazable.
     ¡Cómo le aplaudo! ¡Cómo me solidarizo con su indignación y apruebo sus palabras, incluido el "refinado" vocabulario, que no puede ser más adecuado a la situación y a los destinatarios a los que va dirigido! Voy a ser leal y voy a señalar explícitamente mi particular interés: las palabras de Spiriman yo las he escuchado como educador, más concretamente, como un profesor que se ha pasado décadas luchando contra la impertinencia de los jóvenes  despóticos, haciendo lo posible por corregirla y señalando que nuestro sistema educativo actual, tan "comprensivo", tan "dialogante", tan "contrario al castigo y la represión", en lo referido a sus conductas, es un completo fracaso, porque no solo no las corrige, sino que además la potencia. Mientras veía la irritación y la perplejidad de este médico ante la idiotez y la grosería de jóvenes que a lo mejor tienen ya 24 o 25 años y están siendo incapaces de entender lo que pasa, pensaba: ¡pues claro, doctor, son como son porque unos pocos serán así toda la vida y el resto hubieran podido mejorar si en la escuela no nos hubieran puesto mil obstáculos cuando intentábamos ayudarles a madurar!
     Quiero acabar este artículo con una puntualización: conozco muy bien a nuestros jóvenes y sé perfectamente que la mayoría no son unos descerebrados, de manera que aquí me estoy refiriendo solo a los que sí lo son (una parte de los cuales han logrado poner de los nervios a Spiriman, que no parece una persona fácil de impresionar), con la convicción y el pesar de que, si el sistema educativo y ciertos tópicos buenistas muy arraigados en nuestra sociedad no nos lo hubieran impedido, en la escuela habríamos conseguido hacer de ellos unos adultos sensatos.     

jueves, 12 de marzo de 2020

El sindicato de estudiantes no es "los estudiantes"

     ¿Cuándo nos daremos cuenta de la importancia de la precisión verbal?  ¿Cuándo serán los medios de comunicación -precisamente quienes más celosos tendrían que ser con el uso apropiado del lenguaje- conscientes de que sus frivolizaciones y perezosas vaguedades son responsables de males tan graves como la confusión y la desinformación, es decir, justo lo que ellos deberían combatir? Como diría el simpático e irreverente lobo de la revista Hermano Lobo:
Resultado de imagen de hermano lobo aullando
¡Uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!
    Leo en el diario El Español este titular:
Los estudiantes piden suspender la Selectividad
 por el coronavirus y que solo cuente el Bachillerato
   Inmediatamente, mi ceja adquiere un arqueo zapateril y entro como un rayo en la noticia para confirmar lo que me temía: que este medio está atribuyendo al inmenso colectivo de los estudiantes lo que es tan solo una más de las andanadas del Sindicato de Estudiantes, o sea, es como si El Español nos hubiera dicho que Comisiones Obreras son los obreros, así no hay forma de aclararse.
     ¿Cuántas veces habrá que decirlo? ¡Cuidado!: ni el PNV son los vascos, sino solo un partido muy oportunista y muy votado allí, ni cuando ERC o TV3 piden la independencia la están pidiendo los catalanes, sino solo un partido separatista y una televisión de chupópteros. Pues lo mismo pasa con esto: que, por su inveterada demagogia y oportunismo, el Sindicato de Estudiantes no haya tenido escrúpulos en tirarse a la piscina reclamando la suspensión de la Selectividad no significa que eso sea una petición de los estudiantes, aunque solo sea por estas razones: este colectivo es muy extenso y su voz es muy difícil de aglutinar; aún es prontísimo para saber qué medidas convienen por la incidencia del coronavirus y, sobre todo y muy especialmente, el Sindicato de Estudiantes es un sobredimensionado tigre de papel cuyo inmenso poder de hacer ruido está a años luz de su implantación y representatividad entre los estudiantes: es una gavilla de señores y señoras que debieron abandonar los institutos hace siglos y que solo se representan a sí mismos, aunque, eso sí, están más capacitados para armar bulla que un millar de cotorras metidas en una iglesia. 
     Debería El Español tener más cuidado con dar eco a quien no se lo merece. 
    Terminaré este artículo con unas precisiones acerca del Sindicato de Estudiantes que ya he puesto en otros artículos. ¿Que por qué lo hago? Porque, durante los siete lustros que me pasé como profesor, pude comprobar lo perniciosas que son sus campañas para la actividad docente, los centros y esos estudiante a los que pretende representar. Ahí van:
  -Primero. Esta organización es una falsificación ya desde sus fundamentos. En primer lugar, al no ser el estudio una actividad profesional, no ha lugar a la existencia de sindicato de estudiantes alguno. En segundo lugar, este sindicato manipula y agita mucho en el mundo de los institutos de secundaria, cuyos alumnos son en su mayoría menores de edad, por lo que deberían estar fuera de las movilizaciones y acciones propias de una organización como este pseudosindicato, tanto las sindicales que predica como las políticas que en realidad practica. En tercer lugar, debería llamarse Sindicato de los Estudiantes que No Estudian, porque, como se ha demostrado en repetidas ocasiones, los personajes que lo lideran, o no están cursando ningún tipo de estudio, o están matriculados en centros a los que no acuden y en carreras que no terminan. Sobre esto podréis encontrar mucha información en internet.
   -Segundo. Unido a lo último que he dicho, está el grotesco asunto de la edad: al frente de las movilizaciones que convoca esta organización, están personas que superan muy de largo las edades adecuadas a esos estudios que deberían realizar: gente que supera los treinta años o los roza, veinteañeros al frente de una huelga de institutos... No son estudiantes, son gente a la que se ha pasado el arroz muy de largo y que se dedica a crear conflicto en ese mundo educativo al que no pertenecen.
    -Tercero. Es un sindicato sin bases ni afiliados: los escasísimos verdaderos estudiantes que a veces dicen pertenecer a él son en general colaboradores ocasionales. Bien es cierto, no obstante, que en esto difieren cada vez menos de los verdaderos sindicatos.
    -Cuarto. Las reivindicaciones que promueven o a las que se adhieren son falsos conflictos educativos, en los que esta organización actúa como fuerza de agitación en la calle a beneficio de otros intereses, que son en realidad políticos: así ocurrió con las famosas broncas en las que se hizo célebre Jon Manteca, o en la guerra contra la LOMCE, o en la de los deberes, o en este asunto de la educación sexual de hoy.
    -Quinto. Y es que este falso sindicato que vive del engaño de atribuirse una identidad que no le corresponde es un peón de las fuerzas políticas de la izquierda y del progresismo educativo, la fuerza de choque con la que estos sectores intentan legitimar sus filias o sus fobias creando la apariencia de que están respaldadas por los estudiantes. Acerca de esto, os dejo unos cuantos enlaces de gustos diversos:
    -Wikipedia.
    -Sexto. Representa un enorme cinismo llamar a la huelga a los menores de edad: como comprobé decenas de veces, cuando mis alumnos respaldaban las huelgas del Sindicato de Estudiantes, lo hacían para tomarse uno o varios días de asueto: así me lo confesaban cuando les preguntaba y, por supuesto, no tenían la más remota idea de las tablas reivindicativas por las que "se movilizaban". En estas condiciones, es también un enorme cinismo alardear luego de las cifras de seguimiento de las huelgas.
    -Séptimo. Y, por encima de todo, es una gran irresponsabilidad y una indecencia manipular a los menores como marionetas.  Esta irresponsabilidad y esta indecencia, lo mismo que el cinismo del apartado anterior, son extensivas a las organizaciones políticas o de otra índole que a su vez manipulan al Sindicato de Estudiantes.