sábado, 21 de mayo de 2016

Hizo muy bien Concepción Dancausa

   Cuando escribo este artículo, la Justicia española ha decidido anular la prohibición de exhibir banderas esteladas que la delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dancausa, había impuesto para la final de la copa del rey que se celebrará mañana en el Vicente Calderón. Lo ha decretado un juez y todos lo aceptamos, punto pelota, pero quiero decir alto y claro que creo que Concepción Dancausa hizo muy bien en meterle el dedo en el ojo a la estelada y sus estelados, a los que deseo de todo corazón que un día acaben bien -pero bien, bien- estrellados. Paso a exponer mis razones:
   1.- Contrariamente a lo que de manera cínica ha sonado por ahí, la estelada, como toda bandera, no es un mero trapo, sino que es un símbolo. ¿Y qué es lo que simboliza? Todos sabemos que simboliza al independentismo catalán, la repugnante propuesta política que, junto con el independentismo vasco, ha sembrado más muerte, división, discordia y odio que ninguna otra en la España democrática, ahí van algunos ejemplos: los muertos de ETA, los muertos de Terra Lliure, la violencia y los estragos de los batasunos, el miedo impuesto a las sociedades vasca y catalana por el radicalismo nacionalista, la inmersión lingüística y su consiguiente persecución del castellano, la manipulación informativa, la deriva de fondos hacia ilegítimos planes de segregación, la constante amenaza al Estado, los planes de segregación (equivalentes a intentos de golpes de Estado) llevados adelante con acciones ilegales... Y añadan a esto el tres por ciento catalán, los graves casos de corrupción como el de la familia Pujol y la red clientelar en que el PNV tiene envuelto al País Vasco, digo esto último para los ingenuos que aún se creen eso de que las propuestas segregacionistas son una ética e indignada reacción contra la corrupción: de eso, de ná: también hay corrupción en los partidos nacionalistas, aparte de esas otras cosas más gordas. Y como no hay duda de que la estelada representa todo esto, mi aplauso para Dancausa.
   2.- Pocas cosas hay más viles que el cinismo con que los nacionalistas ensucian los grandes ideales, tales como la justicia, la igualdad, los derechos y la libertad. Lo que con voz engolada reclaman para sí mismos, cuando tienen el poder, se lo arrebatan con la mayor zafiedad a los demás, véase, entre otras mil cosas, lo que está ocurriendo con la educación, lo de la rotulación de comercios o lo que cuento en mi artículo Tres escenas catalanienes, y véase, sobre todo, el respeto que guardan hacia los símbolos de los demás estos cacareantes reclamadores de respeto hacia sus propios símbolos: ¿cuántos ayuntamientos de Cataluña o el País Vasco tienen marginada a la bandera española? ¿En cuántos actos del fascismo independentista se han quemado banderas españolas? ¿Qué hay de las cavernícolas pitadas al himno español perpetradas por estos totalitarios? Y me reafirmo en lo de totalitarios, porque hace falta serlo para pisotear de ese modo la sensibilidad ajena mientras con tantos remilgos se reivindica la propia.   
Resultado de imagen de bandera española quemada
   3.- Como la experiencia ha demostrado una y un millón de veces, contra los energúmenos envalentonados, lejos del cobarde remedo de diálogo y demás paños calientes hipócritas, lo único que vale es la firmeza. Para demostrar esto, me basta con un ejemplo, bien que un poco triste: ¿cuánto daño hizo ETA en los años ochenta, época en la que, rizando el rizo de los derechos, parecía que había que dialogar con asesinos y se permitía y hasta estaba en el Parlamento un partido como Herri Batasuna, que no ocultaba que era soporte de la banda criminal? ¿Cuánto tardaron en volverse las tornas cuando se giró hacia una política de firmeza? ¿Cuánto tardó en desaparecer ETA tras la ilegalización de Batasuna, medida que, recuérdese, las voces dialogantes de siempre vaticinaban que iba a acarrear un empeoramiento de la situación? ¿Cuánto duraron las ínfulas independentistas de Ibarreche -que parecía que se iba a comer el mundo- después de que se le diera el merecido revolcón a su oligofrénico plan? Esta es la única política que vale con esta gente; cuando Dancausa les ha dicho que sus patochadas ya no hacen gracia y que los símbolos de la confrontación no van a ser tratados con simpatía, ha hecho algo que debería haberse hecho hace ya mucho.
              Así pues, felicito a Dancausa, vaya desde aquí mi aplauso para ella.  Y lamento profundamente el vil oportunismo del PSOE y Podemos, que se han apresurado a pedir dimisiones por el hecho de que el juez haya revocado su orden contra las esteladas. ¿Dimitir solo por eso una delegada del Gobierno? Parece de risa. Ver hoy a Batet y a Errejón alegrándose, con tal de hostigar un poquitín al PP, del sí a la estelada como si la bandera del segregacionismo más siniestro fuese la suya propia da una vez más idea de la frivolidad de nuestros políticos. En Podemos, que ha perdido el norte y todos los puntos cardinales con la cuestión territorial, era de esperar, pero en el PSOE... ¿Todavía no se ha parado el PSOE a analizar por qué cayó hasta los 110 escaños en 2011 y hasta los 90 en 2015? Pues, a lo mejor, entre otras cosas, es por lo poco que tranquiliza en lo referente a la cuestión territorial. Da un poquito de pena el PSOE, la verdad, y lleva ya demasiado tiempo dándola. Por lo demás, he visto pedir dimisiones, pero, que yo sepa, ni Podemos ni el PSOE se han pronunciado sobre las amenazas a Dancausa; si de verdad no han dicho nada, me parece inconcebible.  
                        Y aquí va la última: ¿y si mañana los ofendidos reclamadores de respeto hacia la estelada se quitan una vez más la careta y empiezan a silbar contra el himno nacional como los energúmenos que son? ¿Qué dirán los que adujeron que no había para tanto, que la estelada es un trapo? ¿Que el himno son unos ruidos y los silbidos no importan? Capaces serán, ya dijo Einstein que la estupidez humana no tiene límites. ¿Y qué dirán los que piden la dimisión de Dancausa, que la culpa es suya, porque les ha provocado? Capaces serán también, cosas así se decían en los años duros cuando los batasunos hacían alguna de las suyas, y no es broma. Capaces serán, sí, ya dijo Einstein que... Por cierto, ¿dijo algo Einstein acerca de la demagogia?   

sábado, 14 de mayo de 2016

"Escuela": cada vez suenan más Moreno Castillo y Alberto Royo

   Como sabéis muy bien, el puñado de últimos de Filipinas que nos hemos empeñado en que enseñar consiste en algo tan rebuscado como transmitir conocimientos, en que en los programas lo que importa son los contenidos, en que en las aulas deben imperar el orden y el respeto y en que el profesor es la autoridad de la clase y debe portarse como tal, llevamos ya bastantes años siendo una minoría cada vez más exigua y condenada a clamar en el desierto. 
   Ahora bien, sucede que, como en el viejo cuento, por muy frondoso, colosal y vistoso que sea el árbol de la Mentira y por muy enterrada que se halle recluida la Verdad, esta acaba asomando más tarde o más temprano y haciendo que se derrumben los andamiajes de su oponente. Y la verdad, en la educación española, es que el rey hace tiempo que anda desnudo (hoy toca Don Juan Manuel: en el actual estado de cosas, tampoco extraña que haya que recurrir tanto a un moralista) y que la chillona hojarasca de innovaciones, pedagogismos y concesiones a la laxitud no sirve ni para taparle la tetilla izquierda (¡y dale con los clásicos!). 
   Dos de los más conspicuos zapadores de los anclajes del árbol de los embustes educativos son Ricardo Moreno Castillo y Alberto Royo. Como sabéis, el último libro de Ricardo lo presentó Jon Juaristi y el que acaba de escribir Alberto lo prologó Antonio Muñoz Molina. Si teníamos poco con el respaldo que representa la solidez de estos dos importantes intelectuales, hoy publica "El País" una columna titulada Escuela, cuyo autor es Fernando Savater, en la cual el filósofo (al que ya le debemos su impagable "El valor de educar"), en las pocas palabras que bastan para ello, elogia y recomienda "Contra la nueva educación" y "La conjura de los ignorantes", por la sencilla razón de ser lo que son: dos libros que defienden el orden en el aula y el magisterio de los profesores, o sea, lo que deben ser los pilares de la enseñanza. Gracias de nuevo, don Fernando. 

viernes, 13 de mayo de 2016

Sobre la Asamblea de Madrid y los deberes

   Ayer por la tarde, cuando leía que la Asamblea de Madrid había aprobado una proposición no de ley en la que instaba al Gobierno de la comunidad a regular los deberes escolares, no daba crédito a lo que veía. Parece ser que los señores de Ciudadanos (autores de la proposición) están convencidos de que los escolares madrileños hacen demasiados deberes y por tanto estos deben limitarse; parece ser que los del PSOE y Podemos piensan lo mismo, ya que les apoyan, y, por último, deberíamos pensar que esta feria a los del PP les trae sin cuidado, pues se abstuvieron. 
   Uno de los problemas que padece España es que nuestros políticos tienen muy poca seriedad. A menudo vemos como eluden abordar, por pereza o por conveniencia, temas que son de verdadera importancia para la sociedad pero que resultan arduos o ellos sospechan que les pueden restar votos, mientras que, en cambio, están dispuestos a afrontar mil dificultades cuando barruntan un provecho particular (bien sea personal o de partido), o a poner en marcha sin pararse a reflexionar un segundo el quilombo más disparatado si ellos intuyen que les va a granjear votos y simpatías, incluso aunque con el paso del tiempo ese quilombo se demuestre inútil o hasta perjudicial, como está sucediendo en el campo de la enseñanza con el bilingüismo (aunque los gobernantes madrileños quieran ignorar los datos que lo demuestran). Parémonos a pensar un  momento en esta catástrofe mantenida contra viento y marea: ¿cuáles fueron los estudios que lo avalaron? Si es que hay alguno, debe reputarse como falso o, a estas alturas, desmentido por la realidad. ¿Cuál era la necesidad real que lo demandaba? Ninguna, porque la esgrimida incompetencia de los españoles en idiomas, aparte de discutible y matizable, en  todo caso, no justificaría un despropósito como el programa bilingüe. 
   En estas mismas inconsistentes coordenadas me temo que se ha movido la actual iniciativa de Ciudadanos jaleada por PSOE y Podemos: ¿en qué motivaciones se han fundado para ponerla en marcha? No le den muchas vueltas, porque, además, las conocen tan bien como yo: sin duda alguna, en la cruzada contra los deberes que hace algún tiempo emprendió doña Eva Bailén. Hay que decirlo bien alto: la demagogia de Ciudadanos y sus ocasionales aliados les ha llevado a solicitar medidas sobre un tema en el que lo ignoran todo basándose simplemente en una campaña en internet y guiados por un penoso afán de cazar votos fáciles mediante el truco de fingir una sensibilidad de la que carecen, pues se han lanzado a la piscina, repito, desconociendo el tema por completo. Sobre la iniciativa en sí ha sacado ya una nota de rechazo el sindicato ANPE (donde algo sabrán de deberes) y, en cuanto a la iniciativa de la señora Bailén, la analicé en dos artículos, donde creo que demostré muy bien que tiene escasos fundamentos y es muy manipuladora y poco veraz. Aquí los tenéis:
   Desconozco la situación personal de esta señora y sus hijos, pero me temo que ha cometido el exceso de elevar a general un problema que era particular suyo y me ratifico en afearle sus inexactitudes y el innegable tufo de resentimiento contra los profesores que despide su vídeo. ¿Existe realmente un problema generalizado con los deberes? Miren ustedes: les habla alguien que, con todos mis respetos, de ese asunto cree saber más que doña Eva Bailén y los diputados solicitantes, pues lo ha contemplado como padre y lo maneja y ha reflexionado mucho sobre él como profesor y con los datos reales que esta condición le aporta. No se puede decir que exista tal problema general. De toda la vida, los estudiantes y escolares han tenido que sacrificar parte de su tiempo en la realización de deberes y tareas, y eso es un tributo que deberán seguir pagando, pues son un elemento esencial de su formación y aprendizaje: he dicho esencial, o sea, imprescindible, a no ser que no nos importe que esa formación se empobrezca. Si esta es la elección de la señora Bailén, que la aplique a sus hijos y nos deje en paz a los demás; si es la de los diputados autonómicos, ellos ya tienen que actuar con más responsabilidad, porque regulan la vida pública, así que les pediría que se informasen bien antes de actuar. De lo que sé que ha ocurrido desde siempre, de lo que he visto como padre y de mi experiencia profesional, saco que, al final, el sacrificio que representan en conjunto los deberes, además de merecer la pena por lo mucho que aportan, en general, tampoco es excesivo ni dramático, porque en el conjunto de la vida escolar no es para tanto, los que a veces se hacen de más se compensan con los que a veces se hacen de menos (los cuales ignora olímpicamente la señora Bailén) y, a fin de cuentas, tampoco podemos pedir que nuestros niños y jóvenes estén exentos de obligaciones. Por último, les pediría a la señora Bailén y a sus señorías que no se pongan catastróficos ni nos quieran liar: mirando las cosas en conjunto y con serenidad, todos sabemos muy bien que nuestros niños y jóvenes disponen de tiempo libre más que suficiente. 
   Porque, además, hay otra cuestión. Demostrando una vez más su ignorancia sobre el tema, los diputados proponen que se tomen medidas de coordinación para que se racionalicen los deberes (señalo de paso que este es uno de los elementos que desenmascaran que su petición se basa en la muy particular cruzada de la señora Bailén, porque esta "solución" se maneja en la noticia que le dedicó "El País"), cosa que solo tendría sentido en Secundaria y que, como cualquiera que conozca esta etapa sabe muy bien, sería inviable. O a lo mejor sería viable, pero reduciendo los deberes a la nada, cosa que, bien mirado, a lo mejor hasta aplaudirían unos políticos completamente legos que, en su mayoría, ven con buenos ojos la reducción de los contenidos que ya se está perpetrando. Pero no se trata de eso y el problema es complejo, ya que concurren en él múltiples factores: la diferencia de etapas, el diferente número de profesores que se tienen en cada una de ellas, la diferencia de profesores (unos piden mucho, otros poco, otros -como hago yo- procuran que los chicos hagan parte de los deberes en clase, otros no piden nada...), la diferencia de cursos, la diferencia de asignaturas, la diferencia de centros, la diferencia de orientaciones de estos, la diferencia de familias (algunas son favorables a que se pongan muchos deberes), la diferencia de épocas del curso... ¿Cómo "coordinamos" esto? No se puede, porque en esta vida no todo es posible, piensen lo que piensen algunos voluntaristas un tanto inmaduros, así que les pediría a la señora Bailén, a los diputados de Ciudadanos y a otros aficionados a "arreglar" lo que desconocen que no nos propongan soluciones, pues estoy tan seguro de que las encontrarían como de que serían catastróficas. 
   Los más atentos habréis visto que me he dejado (lo he hecho aposta) el factor principal, ese del que los amigos de descubrir la escuela ideal suelen olvidarse: el alumno, al cual, cuando quieren y les conviene, esos mismos idealistas suelen calificar demagógicamente como el centro del proceso educativo y cosas así. En efecto: lo es, pero para lo bueno y para lo malo, para recibir y para dar, para que le ayudemos y para esforzarse. Y de esto, créanme, también sé un poco, porque llevo más de treinta años viendo a mis alumnos trabajar. Una cosa graciosa: a veces, cuando sé que he puesto mucho trabajo, organizo la clase para que les queden 20 o 30 minutos para ir adelantando y, como resulta que cada uno es como es y trabaja como trabaja y se concentra como se concentra, tengo constatado esto: que, al salir de esas clases, algunos tienen esos ejercicios terminados o casi, mientras que otros han hecho apenas cuatro líneas, y eso, pinchándoles. Este factor es crucial y, aunque se disgusten en la Asamblea de Madrid, el principal responsable de "coordinarlo" es cada alumno, vamos a dejarnos de demagogias buenistas. Y aún añado más: cuando los alumnos salen del centro, su tiempo es suyo y se lo organizan como quieren, pero también como les indican sus padres. ¿También va a "coordinar" esto la Asamblea de Madrid? Pues, siendo honestos y coherentes, debería, ya que también cuenta -y mucho- en el asunto que nos traemos entre manos. Y todos sabemos que los chicos, además de sus deberes, tienen sus amigos, sus actividades deportivas, sus actividades culturales, su ocio, su televisión, sus videoconsolas, su smartphone... Lo que percibimos desde la escuela y a veces nos cuentan algunos padres es que muchos chicos tienden a hipertrofiar el tiempo que dedican a una parte de estos intereses, por ejemplo: a pasarse la tarde con los videojuegos o a no descolgarse del smartphone, con el consiguiente detrimento para los demás y, en ocasiones, para los rendimientos escolares. Sé muy bien que, distribuyendo bien las 168 horas que tiene una semana, da tiempo de sobra para todo, para el deber y para el placer, para estudiar con rendimientos óptimos y para no por ello dejar de pasárselo muy bien, pero hay que organizarse con inteligencia y seriedad, como les aconsejo a mis alumnos y en su día les aconsejé a mis hijos. Y funciona, lo he visto con mis propios ojos, pero es para ello inexcusable estar dispuesto a sacrificarse un poquito. 
   Tirar contra la escuela es muy fácil, pero nefasto a la larga para la sociedad, así que no está bien que los diputados de la Asamblea de Madrid se apunten a este pim pam pum; también a ellos les pediría seriedad e inteligencia. Si quieren ayudar a la enseñanza, aquí tienen un listado de problemas que la aquejan de verdad, problemas de fondo: que se dejen de vistosos aspavientos sobre naderías y les hinquen el diente a estos, que, como son difíciles y de envergadura, les servirán para demostrarse y demostrarnos que están donde están para hacer que las cosas mejoren.        

miércoles, 11 de mayo de 2016

Poder canijo: cuando el nombre lo dice todo

   Había visto ya en artículos de algunos de esos sospechosos habituales de los que tengo el poco tino de rodearme, tales como Albert Secades o Alberto Royo, referencias más bien críticas a Poder Canijo, que es al  parecer una nueva gymkana de esas que el pedagogismo monta cada vez con más frivolidad y proliferación en torno a la escuela, como si no estuviera lo suficientemente tundida y no afrontara un buen número de serios problemas, los más importantes de los cuales he enumerado en más de una ocasión, como esta de hace seis meses, bastante prolija. Sucedió no obstante que esta vez los Albertos se han decantado por una ironía un tanto elusiva, así que me puse a bucear en internet y he llegado a algunos artículos interesantes. Os mencionaré en primer lugar este de Jordi Martí, colega al que desconocía, pero que comparte mis temores de que este tipo de sainetes estén convirtiendo (o hayan convertido ya) a la escuela en un circo. No pueden ser más elocuentes en este sentido la imagen que incluye en su artículo y estas palabras: "Eso sí, procuremos no caer en la incoherencia de defender un modelo u otro porque nos caiga más o menos bien el personaje ya que, entonces, lo único que estaremos consiguiendo es que, algunos con muy buen sentido, se cachondeen de nosotros." Sensatísima preocupación, Jordi: la dignidad de los profesores. Hay que defenderla, por lo que a nosotros nos toca y por el hecho indiscutible de que, con una enseñanza convertida en circo y unos profesores reducidos a payasos, lo que les demos a nuestros educandos va a ser un producto un tanto patético.
   ¿Qué va a ser exactamente Poder Canijo? ¿Una especie de Master Chef, qué sé yo, un Master Teacher o una bobada de similar envergadura? Pues que tengan cuidado; yo, que no soy precisamente un admirador de Master Chef y contemplo con perplejidad la saturación de programas de cocina en nuestros medios, nunca he visto más de tres minutos de ninguno de ellos, pero sí me he tenido que tragar bastantes anuncios y me llama mucho la atención la grosería y la falta de respeto con que los "conductores" de Master Chef tratan a los concursantes, la facilidad con que los humillan ante millones de espectadores. Cada vez entiendo menos este país, os lo juro: como profesor, bastantes veces he tenido que pararles los pies a alumnos o padres energúmenos que venían a tratarme como un trapo, y, sabiendo como cualquiera sabe que el ascenso de esa zafiedad se está convirtiendo en un problema para la convivencia de nuestro país, la principal cadena televisiva de España la fomenta presentando como modelos a unos señores que se permiten tratar a sus concursantes peor que al trapo de limpiar los pucheros. Y recalco lo de los modelos, porque esos señores son admirados y se han convertido en tales: ¿es así como queremos que sean nuestros ciudadanos? ¿O quizás lo que se quiere fomentar es la increíble sumisión con que los concursantes aceptan el trato vejatorio? A lo mejor es esto, y entonces, preocupa. Pero, volviendo a Poder Canijo, sería demencial que su modelo fuera Master Chef. ¿Lo será? No lo creo: que los cocineros zarandeen a los pinches parece ser que está bien visto, pero de  los profesores, por fortuna, lo que se espera es que tratemos a nuestros alumnos con exquisito respeto, e incluso algunos van más lejos y lo que hacen es zarandear al profesor. Aunque, ¿quién sabe?, si gana audiencias...
   Lo que se dice por ahí es que el modelo va a ser Operación Triunfo. Esto me lo creo más y, si es así, ya no me cabe la menor duda de que la frivolidad de nuestros medios comunicativos toca la estratosfera, porque seleccionar cantantes en un concurso es algo perfectamente lógico, ya que los concursos son espectáculo y los cantantes pertenecen al mundo del espectáculo, pero... ¿habrán creído estos señores que la enseñanza se puede reducir a espectáculo? ¿Estarán de verdad dispuestos a convertirla en un circo, como se teme Jordi Martí? Los veo capaces, y me inquieta, porque la enseñanza es un oficio muy serio, porque implica a toda la sociedad, a cientos de miles de profesores y millones de alumnos y porque no se puede desligar del esfuerzo constante, a largo plazo y a menudo, gris, cosa, me temo, poco compatible con el espectáculo. ¿Qué filigranas y estupideces -de gusto innovador pedagogista, por supuesto- se verán obligados o tentados a hacer los participantes en Poder Canijo para dar espectáculo?  ¿Qué simpáticos numeritos vacíos se sacarán de la manga pretendiendo hacerlos pasar por verdadera enseñanza? ¿Seguro que luego no tendremos en los centros una avalancha de padres y niños mentecatos exigiendo que "enseñemos" como en la televisión? Porque una cosa está clara: la práctica docente (ejem) que se vean compelidos a hacer quienes participen en esta aventura tendrá que ser guay, salerosa y divertidísima, ¿de qué otra manera coneguirán si no contentar al "poder canijo"? Lo que no se va a permitir, naturalmente, es que el "canijo" se aburra. Y es que el nombre de este proyecto da muchas pistas... y muchas ganas de echarse a correr. Termino con una pregunta: ¿de verdad no hay un solo foco de poder -político, informativo, económico- en este país dispuesto a entender que la enseñanza hay que tomársela en serio? Descuiden, que los resultados los veremos tarde o temprano.   

domingo, 8 de mayo de 2016

Alardear de ser putas, libres o bolleras: escalada de contradicciones

   Que una niñería como aquella de Rita Maestre y su moderado destape en la capilla de la Complutense haya llegado donde está llegando, da idea de que, en contra de lo que muchos ilusos habíamos imaginado, España transita por los raíles de la modernidad y la democracia más bien a trancas y barrancas. Último capítulo: leo en "El Confidencial" que, ante el el recurso de los defensores de Rita Maestre a la condena de 4.320 euros de multa por su participación en la protesta, la fiscal del caso ha respondido con un escrito cuyos términos han levantado una muy comprensible polvareda, ya que responde con frases como la que más ha se ha repetido, esta:
    Es obvio que las señoritas están en su derecho a alardear de ser putas, libres, bolleras o lo que quieran ser, pero esa conducta realizada en el altar, espacio sagrado para los católicos al encontrarse allí el Sagrario, lugar donde según sus creencias se encuentra su Dios, implica un ánimo evidente de ofender, y por ello apreciamos el elemento subjetivo del tipo del artículo 524 del Código Penal.
    Insisto en lo que ya dije en mi artículo Que la metan en la cárcel: a mi modo de ver, la protesta de Rita Maestre y sus acompañantes se produjo en unos términos muy inapropiados por su grosería y por ciertas actuaciones. No es cierto (como parece ser que ellas sostienen) que fuera una protesta pacífica, ahí están las imágenes para desmentirlo ante todo aquel que no sea ciego o muy reacio a ver la realidad, y, poniéndome en el lugar de quienes recibieron su zafia "visita", tengo muy claro que, de haber recibido yo una igual en mi casa o, yo qué sé, en una reunión de mi departamento, no la habría tolerado. En su favor hay que decir que su violencia tuvo más de gamberril que de peligrosa y, que, aun actuando de forma indebida, lo hicieron contra algo también inadmisible: la existencia de la capilla de la Complutense, que es un centro educativo tan público como cualquiera de los colegios e institutos en que he trabajado: no entiendo, pues, cómo nos parecería una barbaridad que hubiera una capilla, por ejemplo, en el IES "Rosa Chacel" de Colmenar Viejo o en el CEIP  "Juan Gris" de Vallecas y sin embargo permanecemos tan frescos ante la pervivencia de esa anomalía de la Complutense. Vuelvo a lo dicho sobre la España menos democrática y moderna de lo que pensamos: a la Iglesia española le está costando mucho desprenderse de ciertos privilegios propios de aquel estado confesional que se supone que España ya no es, como a nuestros gobernantes -que son quienes deberían hacerlo- les está costando mucho retirárselos.
    Por tanto, Rita Maestre cayó en una contradicción: tenía razón, pero eligió una forma inadecuada para expresarlo. Exactamente lo mismo, creo, le ha ocurrido ahora a la fiscal del caso. Cuando hace unos días vi la noticia, me eché las manos a la cabeza, porque las palabras de la fiscal me parecieron un absoluto despropósito, pero hoy, cuando he leído el artículo más detenidamente para hacer esta entrada, tengo que reconocer que el despropósito es relativo. Lo que hace la fiscal es reafirmarse en valorar como inadecuados los actos de Maestre, y lo hace por unas razones que comparto, porque son prácticamente las mismas que he expuesto más arriba. Explica muy bien cuándo y por qué puede o no ser delictivo u ofensivo el quitarse un sujetador, le sugiere a la acusada que es un poco cínica en sus argumentos, pues esas palabras de "puta", "bollera" y demás son reproducción literal de lo que ella y sus acompañantes llevaban escrito sobre la piel. Al menos yo, en todo esto no veo nada malo, incluso para estar en el escrito de un fiscal. El problema está en la frase que he citado arriba. Si os he de decir lo que pienso, la ironía esa de "las señoritas están en su derecho de alardear de ser putas, libres o bolleras", me parecería muy bien y admisible en una charla particular (¡faltaría más!), o hasta en una clase universitaria donde la fiscal explicase los porqués de su petición, o incluso en una respuesta verbal en la vista oral del juicio, pero... en un escrito como fiscal, aunque sea una simple solicitud de confirmación de condena, creo que esa ironía supone dar rienda suelta a la subjetividad de manera inadecuada, porque perjudica a la necesaria formalidad del escrito de una autoridad y porque arroja sobre ella una sombra de parcialidad.
   La valoración que acabo de hacer la hago como filólogo, profesor de lengua y hablante con su propia sensibilidad sobre la adecuación del discurso a la situación, y es, por supuesto, discutible, pero creo que, en lo referido a la necesaria formalidad de los escritos de un fiscal, sería difícilmente discutible. Otra cosa es lo de la sombra de parcialidad. En la propia noticia de "El Confidencial", en las últimas líneas, se citan unas palabras de Rita Maestre que apuntan en ese sentido, y yo he oído en mi entorno descalificaciones hacia la fiscal sustentadas en que, a la vista de sus palabras, parece haber actuado movida por personales posturas ideológicas. Así pensé yo mismo en un primer momento, pero quiero señalar que, después de repasar el artículo, tengo mis dudas y me parece más bien, por sus razonamientos, que el malestar personal que la fiscal deja traslucir procede, más que de haberse sentido ofendida como cristiana (no sé si lo es o no), de una indignación intelectual, es decir, de la procedente de verse teniendo que rebatir argumentos y pretensiones que considera a todas luces insostenibles. Sea lo que sea, a la hora de escribir, debió optar por el lenguaje frío y sin marcas de subjetividad. Y sea lo que sea, también -y no quiero dejar de recalcarlo-, me parece peor la existencia de la capilla de la Complutense que el que, un buen día, a Rita y sus amigas se les ocurriera ir allí a quitarse cada cual las prendas que se quitase y a alardear de ser putas, libres, bolleras o lo que buenamente quieran ser. 

lunes, 2 de mayo de 2016

Luis Gonzalo Segura en "Olvida tu equipaje"

   Radio Utopía es lo que su propio nombre indica: una emisora de radio llevada por un grupo de personas que, evidentemente sin ánimo de lucro, han elegido el ámbito de las ondas para divulgar la cultura y la información, pero sin temor a informar de lo que no gusta a quienes mandan aquí o de llegar a la cultura que, aun siendo tan digna como cualquier otra, no goza de la atención de los grandes canales de divulgación. 
    Utopías, ya digo. Por si os interesa, su dirección en la red es www.radioutopia.es  y su frecuencia es la 107.3 de la FM.
    Uno de los programas de esta cadena se llama Olvida tu equipaje. Es un programa de reportajes de actualidad que se emite en directo los viernes de 19:00 a 20:30.  El pasado 29 de enero, le hicieron una entrevista a Luis Gonzalo Segura, ya sabéis, el teniente que ha denunciado gravísimas irregularidades en el Ejército español, a través de los medios de comunicación y de dos novelas, "Un paso al frente" y "Código rojo". De este exmilitar ya os he hablado aquí, en el artículo que titulé No es solo Zaida Cantera, pero hoy he descubierto que tiene un blog. Os pondría, como suelo hacer, el enlace, pero sucede que, cuando he intentado entrar, el antivirus me ha bloqueado el acceso, inquietante, ¿no? Inquieta también que instituciones y grandes partidos estén dando la espalda a un hombre que está llamando la atención sobre hechos muy graves. Si queréis escuchar la entrevista que le hacen en Olvida tu equipaje, pulsad este enlace:
    Es larga (dura ochenta minutos), pero os aseguro que dice cosas muy interesantes. 

domingo, 17 de abril de 2016

Puesto ya el pie en el estribo: 400 años sin Cervantes

   Estoy recopilando información para una actividad en el instituto que girará en torno al prólogo de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, última obra de las escritas por Cervantes (salió a la luz en 1617, con él ya muerto), y, además de este interesante artículo, encuentro esta pequeña noticia en la que Andrés Trapiello pone por las nubes el texto con que Cervantes encabezó su obra póstuma. Me alegra coincidir con Trapiello, pues soy de los que piensan que las dos páginas que constituyen el prólogo del Persiles son las mejores y más emocionantes de las que escribió el genial autor del Quijote.  Podéis leerlas aquí:
   El día 21 de abril, en la entrega de premios del concurso literario de mi instituto, comenzaremos leyéndolo, ya que viene muy a propósito en un acto que aprovecharemos para rendir homenaje a Cervantes en el 400 aniversario de su muerte. Y viene a propósito porque su autor nos relata en él una anécdota tal vez real en la que nos habla de muchas cosas: de un rutinario viaje de retorno a Madrid, de un "estudiante pardal" que, por el camino, se les une a él y a sus amigos en ese viaje, de la reverencial admiración de ese estudiante cuando descubre que en ese grupillo al que se ha agregado va don Miguel de Cervantes, del presentimiento que este tenía de su ya próxima muerte... Tan certero es en esto, que sitúa el fin de sus días a lo más tardar en el cercano domingo, y la muerte, quizás por no dejarle mentir, se le presentó el sábado.
   Este prólogo debió de ser lo penúltimo que escribió Cervantes, pues lo último fue sin duda la dedicatoria de ese mismo libro al conde de Lemos, en la que dice: "Ayer me dieron la Extremaunción, y hoy escribo esta", justo después de haber dejado testimonio de que su buen humor le acompañó hasta el fin escribiendo estos versos, ligera modificación de una famosa copla:
                                                         Puesto ya el pie en el estribo,
                                                         con las ansias de la muerte,
                                                         gran señor, esta te escribo.
   ¿Acaso no sería suficiente todo esto para que la lectura del prólogo del Persiles (y hasta de la dedicatoria) ocasionara una vibrante emoción? Yo, desde luego, jamás he podido evitar que me la produjera. Tal vez sea porque, con ser mucho, lo que he expuesto hasta aquí no es todo, sino que hay aún un factor más, sin duda, el más grandioso: lo que más brilla en ese prólogo no es lo que se nos cuenta, sino cómo se nos cuenta. Cervantes, un genio consagrado ya por la admiración de muchos, habla de sí mismo despojándose de toda soberbia y llamando "baratijas" a todos los elogios que acaba de dedicarle el estudiante, muestra un humor fino y bondadoso, se refiere a su muerte que sabe inevitable con un estoicismo elegante e irónico, aunque sus palabras finales (¿podía ser de otro modo?) se empañen de tristeza, tristeza que contrapesa con otras de contento y regocijo. Alguien podrá decir que son tópicos, tópicos viejos, que se percibe ahí el de la falsa modestia, preceptuado ya por los retóricos medievales, pero ¿de verdad fue falsa alguna vez la modestia de Cervantes? ¿De verdad necesitaba para nada falsificar la modestia alguien que demostraba saber a la perfección que su muerte era cuestión de días? No parece que sea el caso de Cervantes, con lo que la mayor virtud del prólogo del Persiles es sin duda la autenticidad de su voz, que consigue el milagro de que casi, con sus palabras sencillas y sentidas, podamos ver a nuestro lado a Miguel de Cervantes hablándonos de tú a tú, despidiéndose cálidamente de nosotros como un amigo.