jueves, 7 de diciembre de 2017

Una niña a la que se le ven las bragas, un niño al que se le ve el culo, un señor con lo suyo colgando y una señora a la que se le ve "to"

   Leo en "El País" la noticia de que el Metropolitan de Nueva York ha rechazado una petición de retirar de sus salas una pintura porque aparece en ella una niña a la que se le ven las bragas. Se trata de un cuadro titulado Teresa soñando, el cual fue pintado por Balthus en 1938, aquí lo tenéis:

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Teresa soñando
    Me viene a la cabeza una reflexión: puestos a hablar de cosas que aparecen en los cuadros, es innegable que en ellos se pueden ver muchas: paisajes, reyes, santos, tormentas, dioses, batallas navales, batallas terrestres, autos de fe, caras de personajes famosos o anónimos, caballos, pájaros vivos, pájaros muertos, manzanas, rayas y círculos, girasoles, payasos o niños a los que se les ve el culo, como este que pintó Murillo en su obra Cuatro figuras en un escalón, obra que ha dado pie a interpretaciones de todo tipo, desde la inocentes a las sórdidas:

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Cuatro figuras en un escalón
   Y ya dentro del ámbito de las cosas que escandalizan a los puritanos, también el arte nos ha dejado imágenes de sujetos que exhibían todos sus atributos copulativos, aquí tenemos una, la escultura de Javier Marín titulada Hombre de pie:
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Hombre de pie
   ¿Y qué decir de las señoras? ¿Cuantísimas a las que se les ve "to" habrá producido el arte a lo largo de los siglos? Han sido miles, sin duda, dejo aquí a una de las más famosas, obra de nuestro  genial Francisco de Goya:

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La maja desnuda
   Que la corrección política es la reencarnación actual de la Inquisición es algo que vengo diciendo desde hace ya años y todos sabemos que la Inquisición, como todas las máquinas de represión y censura que en el mundo han sido, tenía una dramática tendencia a ver en cosas inocentes, o bellas, o simples retratos de la realidad, o expansiones del espíritu creador (la más insuperable grandeza humana) una sordidez, un pecado y una porquería que solo estaban en las mentes enfermas de los inquisidores. Un ejemplo muy transparente: ¿qué era más escandaloso, aquellos besos de las películas que cortaban los censores de la época franquista o el que estas personas pudieran ver en ellos pecado alguno? Echemos un vistazo a la motivación que esgrime la vecina de Nueva York que presentó la petición de retirada del cuadro de Balthus (que iba respaldada por 8.700 firmas, cuidadín): según ella, "el Met está, tal vez sin intención, respaldando el voyerismo y la cosificación de los niños". Denota el propósito de ser refinadamente hipócrita, pero, seguramente sin intención, no ha podido salirle una retórica más burda: ¿qué es eso de "tal vez sin intención"? El Met tendría todo el derecho a sentirse ofendido por esa formulación dubitativa, pues induce a pensar que esta señora deja un resquicio a sospechar que el Met haya querido a conciencia respaldar el voyerismo y la cosificación de los niños, niños a los que, muy al contrario, es ella quien ha querido manipular. Allá donde el pintor quiso reflejar luminosidad, placidez, pureza e inocencia, cierta vecina de Nueva York y otros 8.700 puritanos en lo que se han fijado es en unas bragas: ¿dónde están el voyerismo y la indecencia?   


domingo, 3 de diciembre de 2017

La guerra sucia del independentismo catalán. 2: la violencia

   De todos es conocido que una de las grandes virtudes de los nacionalistas es el victimismo y, como ya sabemos, uno de los episodios en que de manera más cínica lo utilizaron fue el día 1 de octubre de 2017, cuando presentaron la actuación policial para detener el referéndum secesionista poco menos que como una matanza, llegando a grotescos extremos (que pronto se descubrieron) como hipertrofiar las cifras de heridos y contusionados, magnificar el alcance de sus traumatismos o contar como víctimas de esa violencia hiperbolizada incluso a personas que sufrieron ataques de ansiedad en sus propias casas. Pero que nadie piense que estas mentiras fueron una manipulación de tono menor y surgida a posteriori, porque debemos recordar que formaba parte del plan -bastante torpe, la verdad- que pretendía usar esa mentida violencia como el detonante de una actuación internacional contra España que abriese el camino al golpe independentista calculado con tanto esmero, premeditación y maquiavelismo como infantilismo y estupidez. Además de esto, no resultó muy difícil encontrar una réplica a los hipócritas lloriqueos antiviolentos de Puigdemont y compañía: bastó con recordarles la actuación de los mozos de escuadra el 14 de noviembre de 2012 o cómo, en junio de ese mismo año, don Artur Mas veía comprensible y legitimado el uso de la fuerza (la fuerza, ¿eh?, no la violencia esa del estado español) que los mozos iban a usar y acabaron usando contra los indignados.  
   Y es que la relación del nacionalismo con la violencia siempre ha estado envuelta en un freudiano cinismo, acuérdense de lo que sucedió en el País Vasco y no pasen de ningún modo por alto ciertas cositas de los autoproclamados no violentos independentistas catalanes, cositas como las quemas de banderas, las pitadas y los hostigamientos, u otras como las agresiones a aficionadas de la selección española o la exclusión. E insisto: esto son solo algunas cositas de las muchas que han hecho. Que, con esta ejecutoria, el 1 de octubre se atrevieran a demonizar a la policía por una actuación más que comedida y que apenas hubiera medios que les recordasen su pasado demuestra lo cínicos que son los separatistas y lo indolente que es la prensa española.
   Se da, en realidad, la circunstancia de que la violencia del independentismo es ya vieja, va en aumento y encierra unos matices cada vez más inquietantes (que incluyen ya riesgos para la vida y alusiones al asesinato), pero, sorprendentemente, ninguna voz de gran audiencia se ha decidido aún a señalar que ya no se puede decir que se trate de hechos aislados. Voy a demostrar lo que digo con algunos ejemplos de sobra conocidos.
    1.- Los carteles amenazando a Albiol, Iceta, Arrimadas y Rabell: pulse aquí
    2.- Una energúmena le desea a Arrimadas una violación múltiple: pulse aquí.
    3.- Otra bestia con obsesiones sexuales le desea algo parecido a Alicia Sánchez Camacho: pulse aquí
     4.- Un malaje que pasa por cómico explica cómo seccionaría y se comería la papada del ministro del Interior. Sobre este prodigio de la humanidad hay que detenerse algo más. Se llama Jair Domínguez y es colaborador de TV3, lo que le señala como alguien muy afecto a la causa soberanista en calidad de paniaguado. ¡Qué triste tener que ganarse la vida diciendo gansadas de este jaez para agradar al que te llena el plato! Pulse aquí
   5.- Muñecos ahorcados. Eso es lo que alguien colgó en un puente sobre una autovía. Llevaban los logos de PP, PSC y C's. ¡Qué grave es esto, cómo recuerda a aquellas fotos con una diana que ponían los batasunos! Pulse aquí. Y también pueden obtenerse interesantes matices aquí, donde podemos ver cómo cuenta la noticia Catalunya Ràdio y entender un poquito mejor el uso que el independentismo ha hecho (y sigue haciendo) de los medios de comunicación.
    6.- Intentan quemar una casa por tener colgada una bandera española. Véalo aquí. Ha sucedido en Balsareny (Barcelona) y los autores del atentado actuaron de madrugada, es decir, cuando los habitantes de la casa dormían: podrían haber muerto si el incendio que se declaró hubiera ido a más.
    Como veis, la veta es grande. La violencia del independentismo catalán, de la que aquí solo registro algunos ejemplos, no es ninguna ensoñación, sino que existe y es de dimensiones  considerables, o más bien, monstruosas, pues su principal manifestación, que es el hostigamiento y la intimidación ejercidos durante décadas contra quienes no eran independentistas para echarlos (miren lo que le pasó a Boadella) o aterrorizarlos (miren lo que les pasa a los jueces y fiscales non gratos), es de una magnitud colosal y, por tanto, fuera del alcance de mis artículos. ¡Y todavía se están permitiendo el lujo de extender la calumnia de que el Estado español practica la violencia!
     A la vista solo de esto, muy pocos podrían dudar de que el proyecto independentista catalán es una amenaza totalitaria gravísima y, de hecho, muchos de los que viven en Cataluña y se han mostrado contrarios a ella han sido tratados allí como se les hubiera tratado en una dictadura, por no hablar de los que ya no viven allí porque esa dictadura ha conseguido exiliarles, pero de verdad, no como al conspirador de Puigdemont, que  es tan solo un cobarde que ha huido para no rendir cuentas, eso lo ha dejado para los más señalados de los tontos a los que engañó.
        Es una cuestión de pura supervivencia acabar con esta situación.

sábado, 2 de diciembre de 2017

La guerra sucia del independentismo catalán. 1: la justificación del odio

   Si algo caracteriza a los nacionalismos que torturan a la democracia española es la pertinacia en sus mentiras y conspiraciones, a lo que les ayuda mucho la debilidad de mecanismos de autoprotección que tiene nuestro sistema: en ningún país democrático se hubiera tardado tanto como se tardó aquí en actuar con firmeza contra las organizaciones del entorno etarra que sostenían a la banda armada; en ningún país democrático se habrían permitido las décadas de abusos que llevan aquí cometiendo los nacionalistas; en ningún país democrático se hubiera permitido la gestación a plena luz del día de un golpe de estado como se ha permitido aquí el atentado contra la convivencia y la democracia que han edificado y siguen construyendo Mas, Puigdemont y sus esbirros subvencionados. 
  Porque el golpe de estado sigue en marcha, por la misma razón que acabo de enunciar: la asombrosa permisividad que nuestras leyes y responsables políticos conceden a estos golpistas que se han propuesto romper el país y sumirlo en la discordia, permisividad que se convierte en abierta, repulsiva y estúpida complicidad cuando hablamos de Podemos y de ciertos sectores del PSOE. Este desafío separatista algunos lo miramos con gran alarma y yo me atrevo ya a decir abiertamente algo que durante mucho tiempo he dicho solo en privado: que, si se dieran las circunstancias (factor imprevisible y que no está sujeto al control de nadie), esto podría acabar en una guerra civil, porque el odio y el fanatismo irracional que están demostrando algunos líderes y sectores del independentismo transmiten síntomas indiscutibles de no ir a agotarse jamás y de no conocer barreras.
   Otro elemento muy inquietante es la posesión de la verdad, no tanto por sí misma sino porque es el combustible del que se están sirviendo los golpistas para arrogarse el derecho a atropellar todo lo que se les ponga por delante, a burlar la legitimidad y las leyes, a hacer su santa voluntad y a estar a tal fin facultados para todo tipo de desafuero: instalados en la legitimidad que se han autoconcedido con su discurso autista y el supuesto mandato democrático de la aberrante bufonada que se produjo el 1 de octubre de 2017, ellos pueden amenazar, mentir clamorosamente, malversar, ofender, o agredir, y aún se permiten el lujo de acusar a los demás de sus propios pecados, entre los que destacan el ser golpistas y totalitarios. Voy a dejar aquí dos ejemplos de esta autolegitimación para cualquier cosa:
   -Ante la declaración de Junqueras y otros consejeros acatando el 155, Artur Mas ha declarado que entiende que se trate de una estrategia de defensa judicial y que los encarcelados digan lo que tengan que decir para salir de la cárcel y hacer campaña. En otras palabras: que es perfectamente válido mentir para presentarse a unas elecciones cuyo marco legal no se respeta. Artur Mas es el gran envenenador de la convivencia española de los últimos años, pero se comprende que siga envenenándola con esta arrogancia, a la vista de que todas las enormidades que hace se le permiten.
   -Rafael Ribó, el equivalente autonómico catalán al defensor del pueblo, se ha permitido cuestionar a la Junta Electoral Central de las elecciones del próximo día 21 por decisiones como no permitir que las fuentes se pongan en amarillo en homenaje a los consejeros golpistas destituidos o que TV3 llame a esta panda de farsantes "gobierno en el exilio", como si no fuesen más que un manojo de alborotadores que no tuvieron ni la entereza de quedarse a sostener lo que preconizaban. Después de semejante alarde de sectarismo, este señor tiene incluso la desvergüenza de exigir a la Junta neutralidad informativa. Sobre este sujeto, un maestro del parasitismo político, de la parcialidad independentista y del transfuguismo que lleva 20 años pegándose la gran vida a base de ¿ejercer? cargos tan superfluos como este de Síndic de Greuges, dejo aquí dos significativos enlaces:
   Estamos ante una tremenda amenaza ejercida por una banda de conspiradores de todos conocidos. No creen ni en la democracia ni el la decencia y siguen dispuestos a reventar el país.  Bueno sería atender a la advertencia de Inés Arrimadas: si obtienen el poder, van a volver a hacer lo que hicieron antes de perderlo.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Sanchiceta

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   ¿De qué se compone la pólvora? De azufre, salitre y carbón, lo aprendíamos de pequeñitos -al menos, en mis tiempos- generalmente en algún tebeo, con advertencia de los letales efectos de este producto. ¿Y la nitroglicerina? Esta se consigue mezclando debidamente ácido nítrico, ácido sulfúrico y glicerina, pero era cosa que ya aprendíamos en clase de Química, porque esto ya eran palabras mayores en lo que a peligrosidad se refiere, tanto por su tremendo potencial explosivo como por su inestabilidad: la nitroglicerina puede pegar un pedo importante al menor meneíllo, como, quien más quien menos, habremos visto todos en alguna película.
    Pues bien, amigos míos, lamento daros una pésima noticia: en el mundo de la pirotecnia política acaba de aparecer una nueva fórmula que deja a la nitroglicerina al nivel de las pompas de chicle: la sanchiceta. Y lo peor es que es muy fácil de conseguir: tómese a Pedro Sánchez como secretario general del PSOE, tómese a Miquel Iceta como sumo pontífice del PSC, únanse sus particulares intereses y ya tenemos una carga de sanchiceta, tan apocalíptica que haría relamerse al mismísimo Kim Jong-un.  
    Cuando, al aplicarse el famoso 155 en Cataluña y en los días previos y posteriores, Pedro Sánchez empezó a poner cara de tipo responsable y a lanzar mensajes cuerdos que hacían pensar en su lealtad a la Constitución, a España y a la estabilidad política, los que a fuerza de desengaños hemos alcanzado un olfato hipersensible a la demagogia, comprendimos sin resquicio para la duda que estaba fingiendo, porque esa pose entraba en abierta contradicción con todo lo que anteriormente había ido revelando acerca de él y de sus intenciones: su propósito de desbancar a Rajoy para alcanzar su puesto a cualquier precio, que le ha empujado a adoptar ciegamente hasta las posturas y políticas más disparatadas; su cerril encastillamiento en disparates como aquel de "No es no"; su incompetencia y su falta de visión política, tan desmesuradas que hacen entender que muy mal tiene que estar el PSOE para tener semejante secretario general; la insensatez aquella de la nación de naciones... Se veía claramente que sus pronunciamientos contra el independentismo eran postizos, que seguramente los había adoptado a regañadientes poco menos que obligado por imposición de los sectores sensatos de su partido, porque él ha dado ya sobradas muestras de ser incapaz de entender por sí solo hasta evidencias como la gravedad del momento político que actualmente atraviesa España. ¿Qué decir de Iceta? El oportunismo, la falsedad, la carencia de principios y la vaciedad personificadas, lo ha retratado a la perfección en frase muy escueta Inés Arrimadas, quien, me figuro que no con placer, debe de conocerlo muy bien: Iceta solo es fiel a sí mismo. 
   Y, para corroborarlo, el propio Iceta nos ha fulminado con las dos primeras andanadas de su propuesta electoral, de las que Sánchez no se ha desmarcado: condonación de parte de la deuda catalana y la creación de una Hacienda particular para aquella comunidad: parece ser que su plan es reconducir la intentona separatista a base de premiar a quienes la respaldaban. Hay, eso sí, un dato en su descargo, y muy importante: mientras existan los privilegiados sistemas fiscales vasco y navarro, a las propuestas como la suya les quedará abierta la puerta a argumentar que buscan el desagravio, no el abuso. Eso hay que replantearlo y solo se me ocurren dos vías: la recentralización o un nuevo pacto fiscal en el que entren todas las autonomías, incluidas esas a las que se les dieron privilegios pensando que con ello se tranquilizaría a los del tiro en la nuca. Nada fue como se pensó, esto hace tiempo que chirría. 

sábado, 18 de noviembre de 2017

Pinocho revisitado: cuando la nariz les crece a los adultos

   Cuando en enero de 2016 El Vaticano, en un alarde de acomodaticio puritanismo, decidió tapar las estatuas desnudas de su colección con el fin de no herir la sensibilidad del presidente iraní, Hasan Rohani, que estaba allí de visita, en nuestro país se levantó una ola de general rechazo por la hipocresía y la falta de entereza del estado papal. Otro aspecto muy criticado fue la traición que se cometía contra el patrimonio cultural: ¿acaso esas excelsas obras de arte no habían sido concebidas y creadas como tales incluyendo entre sus virtudes esa desnudez tan mezquinamente censurada solo por no colisionar con los gustos de un señor un tanto estrecho de ideas? Las obras de arte -¿quién puede dudarlo?- se crean como se crean en el momento en que se crean y se inscriben en la historia de la humanidad tal y como son, y así debe respetarlas, asumirlas, interpretarlas y entenderlas la posteridad: ofendería a la inteligencia, la sensatez, la honestidad, la comprensión hacia nuestro pasado y la sensibilidad artística pretender modificarlas siquiera en un átomo en virtud de los particulares gustos o pareceres de cualquier época. Prueba de lo que digo es que, cuando se ha hecho -porque, por desgracia, más de una vez se ha hecho- nos ha parecido aberrante: aberrantes han sido los irreparables estragos que los talibanes o ISIS han hecho en grandes testimonios del arte antiguo, pero también aberrantes han sido, aunque no alcanzasen tal envergadura, actos como la censura y prohibición que durante siglos sufrió el Lazarillo de Tormes o aquellos grotescos cortes con que los censores franquistas mutilaban los inocentes besos de las películas.
    Sospecho, no obstante, que el gusano de la censura y del desprecio del arte anida en todas las épocas y culturas, incluso en una tan supuestamente liberal como la nuestra, en la cual se materializa bajo los ropajes de esa nueva inquisición llamada corrección política. Y parece que sus dómines la tienen especialmente tomada con los cuentos infantiles, a los cuales algunos se empeñan en mutilar y tergiversar so capa de que son excesivamente crueles o abundan en ellos reprobables conductas que no pueden reproducirse ante nuestros tiernos infantes, pues corremos el riesgo de traumatizarlos. La última andanada nos la obsequia la editorial Cuatro Tuercas, que ha lanzado una colección llamada Érase dos veces, en la que aborda una temible tergiversación -ellos la presentan como una actualización- de algunos de los más famosos cuentos clásicos, con este resultado: el protagonista de La bella y la bestia es un maltratador, El patito feo es una víctima de acoso, La ratita presumida es lesbiana y, por lo que parece, el príncipe de La bella durmiente, cuando la besa al final (sin su consentimiento, argumentan los editores), lo que está cometiendo es un abuso sexual.  
    Escandaliza semejante orgía de bobadas y manipulaciones; independientemente de los innegables horrores que encierran los cuentos clásicos (propios de la época en que fueron producidos), sus mensajes no esconden para nada la sordidez que repulsivamente les encasqueta la editorial Cuatro Tuercas con el fin de reducirlos a su conveniencia: La bella y la bestia es una historia en la que se ensalza el poder del amor, la virtud y la paciencia, mediante las cuales se consigue hacer bondadoso a un ser malvado y violento; en El patito feo no hay acoso, sino exclusión y rechazo, y estos no son el eje principal de la historia, la cual gira en realidad en torno a la idea de que las personas, aunque se encuentren excluidas y perseguidas, deben confiar en las virtudes que es posible que oculten sin sospecharlo y que quizás algún día serán sus poderosas alas; lo del lesbianismo de La ratita presumida es una memez oportunista como un piano y, por último, resulta una auténtica vileza atribuir lascivos móviles sexuales al príncipe de La bella durmiente, el cual lo que hace es besar a la mujer que ama para liberarla de un hechizo y, si la cosa tiene efecto, es porque la ama de verdad (¡y bonita estupidez es esa del no permiso, teniendo en cuenta que ella está con su voluntad anulada!). Estos son los verdaderos mensajes de esos cuentos, que se reducen a lo que se han reducido siempre las moralejas de los relatos infantiles clásicos: el triunfo del bien, faltaría más, a ver si ahora va a resultar que unos actualizadores advenedizos les van a dar lecciones de moral a la tradición centenaria o a los autores clásicos.
    Pero lo que realmente me deja perplejo es el sesgo que se da a Pinocho, en el que se da la vuelta a la tortilla y es a los adultos a quienes les crece la nariz. Ni conozco ni me importa la versión que la editorial Cuatro Tuercas hace de este relato, pero aquí sí que es de rigor reclamar un respeto, no solo porque nos hallamos ante un gigantesco clásico de la literatura infantil universal, sino porque difícilmente se le pueden poner objeciones a la enseñanza moral de Pinocho, que es un resuelto alegato nada menos que contra la mentira y una seria advertencia que ha sido, es y será siempre crucial para niños y adolescentes: cuidado con tus compañías, porque, si las eliges mal, podrán hacerte mucho daño; cuidado con tus actos, porque todos tienen sus consecuencias. Llevo años poniendo este libro como lectura obligatoria a mis alumnos de segundo de ESO, a los que creo que les benefician mucho esos consejos y a los cuales, puedo garantizarlo, les encanta esta historia de ritmo cautivador y plena de aventuras, de fino humor y de fantasía: no frivolicemos con algo de tan alto valor educativo. 
    Si la editorial Cuatro Tuercas quiere escribir cuentos contra el maltrato o el acoso, no seré yo quien le ponga la menor objeción, pero creo que debería tener la sensatez de dejar en paz a los clásicos: que hagan el esfuerzo de inventar ellos sus propias historias, que tengan la honestidad de no explotar los argumentos ajenos y de no falsear su interpretación. Aquí cabemos todos; si quieren sacar a la luz sus ideas, háganlo, pero que dejen en paz las ajenas; está muy mal dar una interpretación torcida del discurso de los clásicos para desacreditarlo y hacer así brillar el propio, eso se llama manipulación ideológica. Por otra parte, los clásicos son imperecederos y es por algo: en el momento actual, no solo es por su calidad literaria o por la vigencia de sus advertencias, sino también porque, al contrario de las ñoñas producciones de la corrección política, no tienen reparos en mostrar el lado malo de la realidad, la violencia, la mentira, el dolor, la muerte, el peligro, pero siempre con el ánimo de resaltar cuáles son los caminos rectos. Siempre será mejor hacerlo sin ocultar una parte de las cosas que uno puede encontrarse por el mundo. 

domingo, 12 de noviembre de 2017

Hit the road, Jack

   Como ya estoy de prusés hasta los..., hoy voy a hablaros de música, y voy a hacerlo con una canción de 1961 que yo conocí algo así como diez años después y que es de esas tan buenas y pegadizas que te enganchan desde el primer momento y ya no las olvidas jamás, me refiero a Hit the road, Jack, ese temazo popularizado por Ray Charles que en realidad es obra de Percy Mayfield, como muy bien se explica en el blog Historias de una canción. Si veis la letra de la canción (aquí en inglés y aquí traducida al español), comprobaréis que la cosa consiste en una escena de pareja de lo más corriente: una mujer está hasta la coronilla de su compañero sentimental y le dice no precisamente con cortesía que desaparezca, a lo que el hombre responde de forma bastante plañidera. Esta es la razón por la cual Hit the road, Jack siempre se interpreta con unas voces femeninas haciendo la parte de jitderoud (o sea, ¡¡¡Lárgate!!!) propiamente dicha y otra masculina interpretando la del apaleado (seguramente, por sus propios méritos) Jack. Voy a poneros tres versiones, empezando, como no podía ser menos, por la del colosal Ray Charles, a cuyos acordes fueron muchas las mañanas que, entre 1971 y 1974, me desperté cuando estaba en la Universidad Laboral de Córdoba. En cuanto pude, me compré el disco, así que tan mala no sería la experiencia. Vamos con Ray:

   ¿Y que me decís de esta orientalizante de Bizimkiler? A mí me parece sencillamente genial.

   Dejo para el final esta de Sweet Sisters, en la que solo aparecen las Furias ofendidas, mientras que el mísero Jack queda omitido por una sonora bofetada que lo expulsa de la escena casi desde el principio, aunque tiene una representación en esos atónitos espectadores masculinos del bar.

   Esto es lo que pasa cuando te portas tan mal como Jack: se cansan de ti y te mandan al cuerno. Hay que reconocer, eso sí, que las chicas de estos vídeos lo hacen con mucho salero.

viernes, 10 de noviembre de 2017

¿Declaración simbólica? ¡Ja, ja, ja ja!

   He aquí una de las mil muestras de prepotencia fanática con que doña Carme Forcadell nos ha estado obsequiando en los últimos años:

  Parece que hoy a esta rrrrrevolucionaria tan tremenda y castigadora, delante del juez, se le han bajado los humos y se ha despachado con esta colosal estupidez: que la declaración de independencia fue solamente simbólica. Me temo que va a tener complicado explicar toda su trayectoria, este "símbolo" y todas las aberraciones segregacionistas que se vieron en él:

Pleno de declaración de la independencia de Cataluña (27 - X - 2017)
    La orgía de abusos e irresponsabilidades que llevaron a esta declaración tiene un precio, como lo tiene esa misma declaración y la catarata de males que ha traído detrás en apenas dos semanas. Esos que como Forcadell han estado cinco años llevando el prusés adelante con insultante arrogancia ahora no quieren pagarlo. Última táctica de ratonil escape: decir con humillante cobardía que todo ha sido una broma o poco menos, un montaje teatral al aire libre. Están empezando a resultar patéticos, pero más patético aún es comprobar el daño que pueden llegar a hacer un puñado de idiotas inconsistentes.