miércoles, 28 de septiembre de 2016

En defensa de Moreno Castillo

   Leí ayer un artículo titulado El lamento de los necios, el cual ciertamente me produjo una gran sorpresa, dado que en él se lanzan sobre Ricardo Moreno Castillo una serie de descalificaciones que no le corresponden en absoluto. El artículo es una reseña de La conjura de los ignorantes y su autor se llama Juan José Romera López. Puesto que lo he enlazado y es bastante largo, no lo voy a analizar de forma minuciosa, sino que voy a hacer sobre él unas consideraciones de carácter general.
    A lo largo de todo el texto, el señor Romera no solo ataca las propuestas de Moreno Castillo y las refuta o intenta refutarlas, cosa a la que tiene todo el derecho, sino que además utiliza contra su propia persona un tono muy hostil, el cual se concreta en un agrio sarcasmo y en no pocas descalificaciones, algunas de ellas, muy ofensivas, cosa esta ya que no resulta ni apropiada ni admisible. Desde el mismísimo título del artículo podríamos deducir que Moreno Castillo es necio, tiene mala fe, no entiende lo que lee o es un reaccionario. Si para reseñar un libro recurrimos a insultar a su autor, nos desacreditamos a nosotros mismos y a lo que decimos.
   Ya en las primeras líneas, el autor hace explícita la principal acusación que lanza sobre Moreno Castillo: la de que para él, "la pedagogía es una suerte de pseudociencia, vacía de contenido y conjurada en pervertir la educación a nivel global". Conozco a Moreno Castillo desde hace bastantes años y he leído sus libros, así que no puedo negar su aversión hacia la pedagogía y los pedagogos, pero ya me parece más discutible el matiz siniestro, fanático y obsesivo que, de la lectura del artículo del señor Romera, podría deducirse que envuelve a esa aversión. Moreno Castillo es una persona sencilla, amable y jovial: no es de ningún modo un personaje inclinado a esas pasiones siniestras. Y tampoco sus escritos encierran esa ferocidad. Si tuviera que valorar su posición hacia la pedagogía, me parece la de un profesor normal que un buen día, harto de ver que demasiadas cosas fallaban en la enseñanza desde la implantación de la LOGSE, se rebeló contra muchos de los principios en que se sostenía esta ley, los cuales eran y son defendidos por sectores -de esto él no tiene la culpa- que se definen como pedagógicos o innovadores. Citaré algunos de esos principios, solo unos cuantos, por no aburrir: se puede aprender jugando y sin esforzarse, el profesor está en el mismo nivel que el alumno y debería ser su coleguilla, los contenidos no son importantes en la educación, la memoria es prescindible y hasta perjudicial...  Solo estas cuatro cosas (y hay unas cuantas más) han hecho un enorme daño a la enseñanza. Y, disguste a quien disguste, llevan el sello de la LOGSE, del pedagogismo y de los que se presentan como innovadores, lo que no se puede pretender es que ahora miremos para otro lado. Esta es la esencia de la aversión que siente Moreno Castillo hacia la pedagogía. No hace falta decir que yo estoy de acuerdo con él, y muchísimos profesores lo están también, como se demuestra por la excelente acogida que tuvo desde el principio el Manifiesto antipedagógico, a pesar incluso de los precarios medios con que se difundió. Es así de simple, razonable y contundente, no tiene nada que ver con las elucubraciones del señor Romera.  
    Por todo ello, me parece una gran extralimitación descalificar a Ricardo Moreno como lo ha hecho Juan José Romera: está claro que ni es un necio, ni es un conspiranoico obsesivo, ni tiene mala fe contra nadie, ni es un reaccionario. Yo no he visto nada de eso en sus escritos, y algo me dice que no soy el único. Lo he podido comprobar también personalmente, pues somos amigos y coincidimos con cierta frecuencia: es un tipo normal, tirando a encantador. Y, por supuesto, entiende muy bien lo que lee, esta última imputación ya no sé de dónde podrá haberla sacado el señor Romera. Bueno, ni esta ni las demás, la verdad es que no se entienden ni la deforme caricatura que hace de Moreno Castillo ni la saña con que lo trata.
     Inevitablemente, he sentido curiosidad por saber quién es Juan José Romera López. Buscado en Internet, he encontrado esta entrevista que le hacen en "La Opinión de Málaga", con lo que he podido averiguar, entre otras cosas, que es profesor de instituto y que ha escrito un libro titulado Retrato canalla del malestar docente. Leo la entrevista y encuentro en ella cosas con las que estoy de acuerdo, como cuando sostiene que la queja sobre la bajada de los niveles es absurda, porque siempre ha existido, o cuando afirma rotundamente que "el profesor nunca puede ser amigo de su alumno": comparto al cien por cien lo que dice acerca de eso.
    Hay, sin embargo, otras cosas sobre de las cuales no puedo decir lo mismo. Está en primer lugar su opinión en torno a la violencia escolar: aun reconociendo que existe, afirma que hay que quitarle dramatismo y a continuación viene más o menos a sostener que esa violencia es lógica, a causa de la gran cantidad de alumnos que se escolarizan hoy en día. No me parece sostenible: a la violencia hay que darle la importancia que se merece: él mismo, como docente, debería saber muy bien que ese "quitarle dramatismo"  ha sido precisamente una de las aberraciones que han traído la impunidad, el confusionismo acerca de cuándo la violencia es condenable y cuándo no y, a última hora, su aumento. Tampoco veo por qué el que haya cien o cien mil alumnos escolarizados tenga que hacernos más o menos comprensible la violencia: a la violencia no debe concedérsele nunca el menor respiro ni comprensión.
    Dice en otro momento, cuando habla de los problemas del ejercicio de la docencia, que el profesor lo que tiene que hacer es adaptarse: ¿quién no lo hace? Quiero señalar, sin embargo, que me gustaría creer  que su concepto de adaptación no incluye el mimetizarse con los problemas y plegarse ante ellos, cosa que nunca debería hacer un profesor. Recomienda a continuación "cambiar el método docente, porque hay que reconocer que, a veces, nuestras clases son muy aburridas". ¿Las de todos? Las mías le aseguro que no lo son y así sucede con miles de profesores. ¿Por qué receta tajantemente cambiar el método? ¿Acaso conoce los de todos, acaso está seguro de que ese es siempre el problema? Por lo demás, yo pienso como Moreno Castillo: que a menudo tenemos que enseñar cosas que no son divertidas, y en ese momento tendremos que anteponer las enseñanzas a la diversión, la cual no aparece en los programas, al contrario que los contenidos, y estos son sagrados, al igual que los programas, seamos profesionales serios.
   Por último, y dejándome en el tintero alguna cosilla, quiero referirme a una serie de consejos que da cuando se le pregunta sobre PISA. Recomienda abandonar unos modelos que no funcionan, entre los que cita el aprendizaje memorístico, la clase tradicional y los contenidos. ¿Por qué no funcionan? ¿Porque lo dice él? ¿Porque nos han estado machacando con ello durante décadas esos sectores a los que tan justamente critica Moreno Castillo? Llevo más de treinta años contando con la memoria y los contenidos y puedo decir bien alto que me han funcionado y he recibido el reconocimiento de muchos alumnos y padres, alumnos que me han dicho: "Con usted aprendí mucho", padres que me han dicho: "Mi hijo dice que es usted el mejor profesor". Y esto es verdad, no lo cuento por tirarme faroles, lo cuento porque me parece un argumento en favor de la memoria y los contenidos infinitamente más sólido que el vacío que suelen aducir quienes los critican. En cuanto a la clase tradicional, ¿qué es eso? Yo en mis clases incorporo elementos como: respeto, orden, trabajo, clima apropiado, transmisión y ejercitación de los conocimientos, jerarquías claras, participación, exigencia de estudio... ¿Es eso la clase tradicional? Pues me apunto a ella, me ha dado, en una carrera de más de tres décadas que se acerca ya a su final, unos excelentes resultados, y a mis alumnos, también, a los que han querido, claro, a los que han respondido con lo que debe poner el alumno: respeto, estudio, trabajo, participación, interés, atención...: esas tonterías "tradicionales" que, por cierto, aparte de ser de sentido común, están en muchas leyes, por algo será. Y no soy ni el único que se apunta a estas cosas ni el único al que le han dado unos excelentes resultados en eso de conseguir que sus alumnos aprendan, que es de lo que se trata.
   Me dejo, ya lo he dicho, algunas cosas, tampoco me quiero alargar demasiado, y creo que con esto hay ya suficiente. De las cosas con las que manifiesto desacuerdo, puede deducirse cuál es la visión de la educación que tiene el señor Romera. Es muy dueño de mantenerla, con sus errores y sus aciertos, que los tendrá, como los tenemos todos. A lo que no le da derecho es a tratar a Ricardo Moreno Castillo como lo ha tratado en su artículo. 

lunes, 26 de septiembre de 2016

Sobre la indigna gestión de Lucía Figar

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   Como ya sabéis, saltó hace unos días a los medios de comunicación la noticia de que, según un informe de la Guardia Civil, Lucía Figar desvió fondos públicos para desprestigiar a los profesores durante los conflictos de  2011. Quiero con este artículo sola y brevemente recordar una cosa: en el contexto de los conflictos de aquel año, cuando se destapó todo el pastel de la crisis y el choriceo generalizado, tanto los funcionarios como los profesores recibimos nuestra ración de abuso e injusticia bajo la forma de severos recortes. Como se nos ocurrió protestar, desde el lado de los dirigente políticos, se lanzó una feroz campaña de desprestigio contra ambos colectivos. Concretamente desde el PP madrileño, que es el que ahora nos ocupa, os recuerdo las malintencionadas intoxicaciones de Esperanza Aguirre, los insultos desvergonzados de Granados (que nos llamó obscenos, ese señor tan limpio) y alguna que otra indecencia más de las muchas que nos cayeron. El brutal torrente de calumnias produjo un linchamiento mediático y social del que aquí os dejo una muestra. Por aquellos días, yo solía meterme en los foros periodísticos que abundaban sobre el candente tema: ¡no os imagináis las mentiras, los insultos, los ultrajes que arrojaba sobre nosotros un nutrido rebaño de trolls escudados siempre en el anonimato! Siempre estuve convencido de que, aparte de los inevitables resentidos y energúmenos, aquella mara contaba con un buen número de elementos organizados por alguien políticamente interesado, y ahora esta noticia parece venir a confirmar mis sospechas. 
    Lucía Figar era la consejera de Educación de Madrid cuando a la escuela y a los profesores se nos arrebataron sustanciales cantidades económicas; de la política educativa del PP y de la suya en particular, pocos se atreverían a discutir que ha partido un despiadado intento de hundir la enseñanza pública madrileña, que la ha empeorado sensiblemente, sobre todo, en la disposición de medios; Lucía Figar concibió sus políticas de forma arbitraria para favorecer a los sectores próximos a sus intereses; Lucía Figar puede acabar resultando autora de la utilización de fondos públicos para atacar al profesorado, es  decir, al personal que dependía de ella: ¿es posible una gestión más lamentable?
    Para mayor información sobre este tema, podéis ver este artículo de mi amigo José Almeida.

viernes, 23 de septiembre de 2016

¡A la hoguera con los deberes!

   Decididamente, confluyendo a velocidad de cohete por sendas como la superficialidad, la ignorancia, la frivolidad, la irresponsabilidad, la irreflexividad y el seguidismo, los españoles hemos decidido despeñarnos en masa por el barranco de la estupidez. Cualquiera que en esta nación enarbole un estandarte insensato que prometa Jaujas, prebendas o beatitudes, aunque a poco que se rasque tales Jaujas, prebendas y beatitudes aparezcan como inviables, injustas o perjudiciales, tiene asegurado el seguimiento de las masas y el aplauso de los medios de masas, que llevan ya tanto tiempo afanados en promocionar las iniciativas más entontecedoras que uno ya empieza a sospechar -y hablo completamente en serio- que estamos atrapados en una colosal operación de alienación de la ciudadanía, fíjense en las palabritas que me veo obligado a rescatar del ostracismo. 
       En los últimos años, España ha sufrido males colectivos como: una corrupción generalizada entre sus dirigentes políticos (en complicidad con poderosos sectores económicos), el ver como muchos de ellos robaban literalmente a manos llenas, una crisis económica que nos llevó a cotas de más de seis millones de parados, una crisis bancaria debida a la rapiña de los sectores financieros, una destrucción de un sistema de cajas de ahorros que había durado dos siglos y que ha sido expoliado por una turba de gestores "democráticos", un rescate bancario de 100.000 millones de euros que estamos pagando entre todos, un funcionamiento de la justicia cada vez más deficiente, unos recortes brutales en servicios públicos, unos recortes considerables en libertades cívicas, una reforma laboral que ha adelgazado al máximo los derechos de los trabajadores, un preocupante agotamiento del sistema político, una permanente amenaza secesionista... No digo que no haya habido reacciones en contra de todo esto, pero ¿de verdad podemos presumir de haber dado a tamaños desmanes una respuesta ciudadana a la altura de su magnitud? Naturalmente que no, ¿por qué? Muy sencillo: porque estábamos reservando nuestras energías contra el verdadero enemigo de nuestra convivencia, el cáncer que ha destruido el país: LOS DEBERES
      Hoy ha saltado a los medios de comunicación una noticia de esas que producen una seria preocupación, ya que la CEAPA propone nada menos que la insumisión ante los deberes, ahí queda eso. A propósito de este asunto, veníamos ya aguantando groseras manipulaciones o desafortunadas trivializaciones, pero resulta en verdad descorazonador el ver que, sin debate ni reflexión, sin la menor consulta a quienes digo yo que algo tendrían que haber manifestado acerca de esto, o sea, los profesores, al menos dos consejerías autonómicas, la de Cantabria y la de Madrid, se hayan mostrado receptivas a esta moda. Las administraciones no pueden actuar de manera frívola, no pueden permitirse, como las tiendas, llenar los escaparates de pantalones verdes si con ello siguen el gusto del público: no se gobierna con clientelismo barato, sino con conocimiento, responsabilidad y reflexión, o así debería hacerse. En estas circunstancias, si ya los propios gobernantes se han retratado acerca de este asunto, ¿qué más da que una confederación de padres se haya lanzado también al ruedo del disparate? Pues da mucho, porque además el apoyo mediático ha sido tan potente que no va a ser fácil desmentir la serie de incongruencias que se están derramando en torno a este asunto: una vez más, a la escuela le tocará lidiar con la confusión vertida por otros: el que cualquier abogado de secano pueda pontificar sobre educación tiene estas cargas.
      Y el pontificado esta vez lo ha ejercido don José Luis Pazos, presidente de CEAPA, y respaldado además  por un ministerio, cosa gravísima,  porque una institución así no puede pronunciarse en un asunto como este solo por los datos de una encuesta, menos aún, si esta presenta la endeblez de la esgrimida por el señor Pazos. La muestra en la que se basa no permite extrapolar conclusiones de alcance general y el preguntar cosas como las que parece que se han preguntado en esa encuesta no tiene más remedio que dar un resultado sesgado: ¿qué se entiende por "demasiados deberes", quién tiene la vara de medir?¿Qué tipo de respuesta puedes esperar si preguntas si a tu hijo le perjudicó no llevar los deberes o si quiere un niño pasar más tiempo con sus padres? No le veo ninguna credibilidad, por no hablar de otra cosa: ¿son los deberes los únicos "culpables" de que los hijos y los padres pasen poco tiempo juntos? ¿Qué hay de la videoconsola, de las actividades deportivas, de las actividades lúdicas y del smartphone? ¿Ha hecho CEAPA encuestas sobre eso?   
      Que el señor Pazos y su organización se echen al monte y lancen a la escuela amenazas como esas de promover el negarse a hacer los deberes y respaldarlo con papelitos es, sencillamente, el descrédito para esa organización y su líder; que detrás de esta pantomima haya habido un ministerio corrobora que España no está en manos de los mejores gobernantes; que se haya declarado una rebelión explícita y con esos convocantes precisamente contra el trabajo escolar, es decir, contra algo que, a la postre, va en beneficio de la educación de los niños, deja una imagen paupérrima de nuestra sociedad. Los deberes son inexcusables para una buena educación, aunque es verdad que el profesor debe administrarlos con conocimiento y prudencia -eso llevo yo haciéndolo y viéndolo hacer toda la vida-, pero es, insisto, en manos de los profesores donde debe quedar esa administración, no de las algaradas apaches y las amenazas de la CEAPA. Suprimir los deberes o dejar que los mangonearan los padres sería un duro golpe para la enseñanza -si es que queremos una buena enseñanza- y, en concreto para la primaria, sería letal. Toda la vida hemos hecho todos deberes, y ahora no se hacen más que antes: ¿no estará ocurriendo que, como ahora hay muchos que ya no valoran tanto eso de la cultura, se esté magnificando interesadamente el tiempo que se les dedica? Voy a hacer una demostración.
      Todos los años, al empezar el curso, para hacer ver a mis alumnos que tienen tiempo para todo, incluido estudiar, les hago en la pizarra esta operación: multiplico 7 por 24, y me salen las 168 horas que tiene una semana. Empiezo entonces a restar: dormir, 56 horas; instituto, 30; desplazamientos al instituto, 5; comidas, 14; deportes y actividades, 6; colaboración en casa, 2. Estas cifras -generosas-, por poner un ejemplo. Sumamos y nos salen 113 horas, las cuales, restadas a las 168, arrojan un resultado de 55, es decir, una media de casi ocho horas diarias para jugar, los amigos, los papás... y el estudio. A ver si va a resultar que los deberes no son tan fieros como los pintan algunos.    

domingo, 18 de septiembre de 2016

Una gratificante sorpresa

   El pasado día 16, publicaba "El País" un artículo titulado La excusa del pacto educativo, el cual me resultó sorprendente por defender unos puntos de vista diametralmente opuestos a los que en materia de enseñanza suele mantener este medio. Su autor se llama Benito Arruñada y es catedrático de Organización y empresas en la Universidad Pompeu Fabra. En los últimos años, estamos acostumbrados a que personas relacionadas con el mundo de la economía emitan advertencias, análisis o propuestas sobre la educación en España, y en su inmensa mayoría lo hacen defendiendo posturas de esas que se autoproclaman "innovadoras", o sea, con mucho learning by doing, mucho experimento no contrastado, mucha pirotecnia de metodologías milagro, pero el señor Arruñada, no predica nada de eso, sino que sostiene que el pacto educativo ese que ha de venir a salvarnos de todos los males no va a aportar grandes beneficios, debido principalmente a las siguientes razones:
   -El pacto será un producto que se adapte a las demandas de la ciudadanía, que ve en la educación más un bien de disfrute que una inversión, lo que implica que suministrará autocomplacientes aprobados fáciles de conseguir, pero vacíos (lo que hay ahora, vamos) y no sólidos conocimientos de esos que hay que ganarse con esfuerzo pero que sirven de fundamento a posteriores éxitos laborales.
   -Nuestros jóvenes están ya muy acostumbrados a la falta de esfuerzo y exigencia que durante décadas les han servido servilmente (valga la redundancia) unos padres, una escuela y una sociedad que los han acostumbrado a tener todos los caprichos, a ser adulados, a que se les jaleasen como maravillosos logros mediocres, a mimarles, a no exigirles sacrificio, a no tolerar la crítica, a no ejercer la autocrítica, a no valorar la excelencia y a que no se les exigiera, a hacerles creer que tienen derecho a todo lo que se les ocurra solo por desearlo, a no someterse a normas...: va a ser muy difícil romper esta inercia en jóvenes y adultos. 
    -Los indicios que se perciben como adelanto de la filosofía del famoso pacto apuntan en la dirección del punto anterior, valga como ejemplo el cada vez más extendido disparate de la condena de los deberes, que incluso se ha colado en propuestas oficiales, como las de Cantabria y Madrid.
    Todos estos elementos, a mi juicio, componen un análisis muy lúcido del actual estado de nuestra educación, tan lúcido como poco lisonjero, y justifican el pesimismo del señor Arruñada en torno a las perspectivas del pacto educativo, pero os recomiendo que leáis su artículo, ya que contiene puntos y matices que me he dejado en el tintero por no extenderme demasiado.    

miércoles, 14 de septiembre de 2016

La transformación educativa que se proyecta en Madrid

   Queridos amigos, si sois docentes y trabajáis en Madrid, os recomiendo que leáis este artículo, porque de lo que habla no es de divagaciones o extravagancias de iluminados, sino de un documento al que se acaba de dar publicidad por parte del Gobierno comunitario y que dice cosas que van a afectar de manera muy real a la educación madrileña. Este documento se llama ACUERDO POR LA TRANSFORMACIÓN EDUCATIVA y es la plasmación de lo que el Gobierno del PP planea para la educación madrileña de cara a los próximos años. Se presenta bajo la forma de un borrador propuesto a la sociedad y a la comunidad educativa, pero, no nos engañemos, porque está tan elaborado y tan en la línea de gran parte de los bulos-estrella con los que se nos viene bombardeando últimamente que, a poco que nos descuidemos y en el plazo de un suspiro, lo que hoy se califica como borrador lo acabaremos viendo como propuesta definitiva y después como ley. Para los que sintáis la curiosidad que sensatamente deberíais sentir, voy a dejar dos útiles enlaces. El primero lleva al documento completo y me ha llegado a través de CCOO, mientras que el segundo lleva a un extracto (hecho por ANPE) de las medidas de ese mismo documento, helos aquí:
   Cada uno tiene su utilidad: mientras que el de CCOO sirve para darnos una idea exacta no solo de las medidas que pretende implantar el PP sino de  otras cosas como el marco, la inspiración y los inspiradores o la trayectoria del documento, el de ANPE, que es mucho más breve (16 páginas), permite ir más directamente a las cosas concretas que quienes están detrás de la propuesta quieren hacer.
   Os confieso que aún no he mirado esto a fondo, pero lo pienso hacer, pues, de hecho, ya me he fotocopiado el documento de ANPE, porque en papel se puede revisar mejor y se pueden hacer anotaciones al margen. No voy a negar que este documento, que presenta 93 medidas (a las que llama "actuaciones"), pueda tener cosas buenas, pero ya en un vistazo somero he visto algunas que inquietan mucho, vayan algunos ejemplos:
   -El objetivo 5.1 persigue "racionalizar el calendario escolar y los tiempos escolares", lo que el PP piensa hacer a través de la actuación 40: "adelantar al final de cada curso las pruebas extraordinarias a los alumnos con materias pendientes de la ESO y Bachillerato, precedido de una fase de refuerzo y recuperación que les permita recuperar dichas materias". Dicho en román paladino, esto significa: poner los exámenes de septiembre en julio y dar en junio (y puede que en julio) clases de recuperación, lo que implicaría, además de cargarse (¡por fin!) las vacaciones de verano, aumentar el número de días lectivos, es decir, disparate sobre disparate. ¿Tenía o no razón el guachimán con sus sospechas expresadas aquí, aquí y aquí? Y es que, así como nuestros políticos ya han perdido todo recato a la hora de hacer populismo, nuestros medios de comunicación, en lo de hacer propaganda de los planes de los que mandan, se parecen cada vez más a la prensa del Movimiento.
   -La actuación 41 pretende "promover que los centros educativos, en el marco de su autonomía, informen a las familias del plan de trabajo y planificación anual de los deberes y tareas escolares, haciendo compatible la conciliación con otro tipo de actividades". Esto es una estupidez tan colosal como inviable, que únicamente representará una carga burocrática más para los profesores, aparte de un mayor sometimiento a los padres con vocación de inquisidores, y todo para satisfacer la cruzada contra los deberes llevada a cabo por doña Eva Bailén, a quien anteayer mismo vi pontificar nada menos que en el telediario de la Uno: ya ha sido elevada al Olimpo de los expertos. Proponía, pasmaos, que los deberes los decidiesen entre padres y profesores, como se deciden entre los viajeros y el piloto las rutas de los aviones. La actuación 41 representa que hoy se gobierna a capricho de las firmas de internet, de las pataletas de quienes meten las narices en lo que desconocen y de la cada vez mayor desconfianza en el profesorado. Una muestra de superficialidad y clientelismo tan pavorosa pone muy en evidencia a esta propuesta del PP madrileño.
    -Lo referido a la convivencia se trata en el objetivo 7, el cual se concretará en nueve actuaciones, cinco de las cuales se refieren al acoso y una a la violencia de género y la homofobia. Nada que objetar en cuanto a esto, pero sí en cuanto a la vaguedad y falta de compromiso en lo referido a la conflictividad del día a día, esa que no es tan dramática (aunque a veces, sí), pero que constituye el grueso de los problemas de la convivencia y la disciplina en la escuela de hoy. El documento se va por las ramas hablando de observatorios y de internet, sin pararse a pensar que los problemas donde se producen es en las aulas, en los pasillos y en los patios reales: ¿tan pronto le ha cogido respeto la señora Cifuentes al tabú de la disciplina, palabra que tanto disgusta a expertos y pedagogos? Pues con vaguedades no va a resolver nada: ¿a qué se refiere la actuación 47 con eso de "fomentar la resolución pacífica de conflictos", a que se va a rehuir el castigar a los que se porten mal? Pues eso se hizo durante mucho tiempo y se sigue haciendo en bastantes centros, y no sirve para resolver los problemas, sino para agravarlos, que se anden con cuidado los patrocinadores de este documento, porque este es un asunto crucial.
    -Lo relativo al profesorado se trata sobre todo en las actuaciones 56 a 70, quince nada menos, pero con menos sustancia que el caldo del dómine Cabra, echadles un vistazo y veréis. En lo relativo a formación, un buen detalle sería derogar la injusticia y felonía que cometió Aguirre con pasar de 100 a 250 las horas necesarias para perfeccionar un sexenio, pero no parece que haya intención de ello. Deberían tenernos un poco más de respeto, ningunearnos queriendo aparentar que nos tratan maravillosamente es tomarnos por bobos. Tampoco se dice nada de reducción de ratios o de volver a las 18 horas lectivas, cosas ambas que beneficiarían a alumnos y profesores: menos coba y más mejoras reales.
           Encuentro, en suma, que se trata de un documento muy decepcionante, demasiado atento a caer bien en superficialidades demagógicas como lo de los deberes o con medidas drásticas como lo referido a julio, que está destinado a granjearse el aplauso grosero de la gente irreflexiva, pero que es un "acto de justicia" destinado a cercenar las impopulares vacaciones de los docentes (porque está claro que se trata de eso) sin pararse a pensar que no hace sino empeorar algo que no necesita cambiar y va a perjudicar también a los alumnos y a bastantes familias. En cosas problemáticas, cosas de esas en las que hace falta mojarse, la propuesta escurre el bulto, y voy a decir unas cuantas: el buenismo o inconcreción en materia de disciplina, la omisión del asunto del fracaso escolar, el no plantear un debate acerca del insatisfactorio sistema actual o sobre los currículos, que está llenos de fisuras, el no pronunciarse acerca del acoso al que están siendo hoy sometidas las humanidades... En la línea de la ideología educativa dominante en los últimos treinta años, parece dar por óptimas las recetitas del pedagogismo, sin ver los muchos males que han creado; se apunta a la moda del innovar por innovar, que tanta morralla ha traído a la escuela, da pasos agigantados en el sentido de aumentar la sumisión ante los padres, se refiere al bilingüismo como si fuera un programa venturoso, cuando tiene un buen puñado de problemas... Es un documento que habla de transformación, pero no puede haber transformación sin debate y no hay debate cuando se pretende ignorar los problemas o las discrepancias de fondo.
    Las páginas de CCOO y ANPE que presentan los documentos animan a los profesores a mandar sus aportaciones a las propuestas; creo que deberíamos hacerlo, tal vez así consigamos evitar algún que otro desastre. 

domingo, 11 de septiembre de 2016

Astracanada institucional en Barcelona

   Vean esta imagen, que es una prueba de que "El Mundo", a pesar de los pesares, es un gran medio de comunicación, pues una regla de oro de los grandes medios de comunicación es tener el colmillo muy retorcido y un buen depósito de mala leche:
   Patético, ¿no? Ahí tienen al primer ciudadano de Cataluña, rodeado de figurantes sacados de un carnaval de barrio, en una foto que ilustra la noticia de un acto en el cual ese señor, que ostenta un cargo de altísima responsabilidad dentro de las jerarquías políticas españolas, ha lanzado una nueva amenaza de segregación de Cataluña, que habría de perpetrarse por las santas narices del separatismo. Siguiendo su estrategia de jugar a la confusión, destinada a despistar al adversario y, sobre todo, a salvarse las espaldas -o esas partes de la anatomía donde pierden su digno nombre- ante previsibles consecuencias legales de sus actos -porque, que no se engañen: aunque pretendan aparentar prepotencia, todos sabemos que estos enanos de la venta del separatismo tienen muchísimo miedo-, Puigdemont ha lanzado su provocación de forma sesgada, declarando que espera estar en funciones para la próxima Diada, porque ya Cataluña se encontrará en el tránsito entre la postautonomía y la preindependencia: galimatías, cortinas de humo, gilipolleces...: en definitiva, cautela temblona, una prueba palmaria de que ni él mismo se cree las mentiras venenosas que va sembrando. 
   Vuelvo a la foto: lo que nos quiere decir "El Mundo" -y sin duda que lo ha conseguido- es que las instituciones no pueden ridiculizarse ni arrastrarse, porque quien lo hace ridiculiza a la propia institución y a lo que representa, cosas ambas gravísimas, de manera que hoy, Puigdemont, presidente de la Generalitat, al prestarse a la bufonada de esa foto, no solo se ha puesto en ridículo él (a fin de cuentas, eso es cosa suya), sino también a la Generalitat y a Cataluña, lo cual es imperdonable. No sé si el señor Puigdemont tiene sentido de la dignidad propia, pero su cargo sí que la tiene, y mucha: ¿qué hace el presidente de Cataluña rodeado de ese Dick Turpin cutre de la espingarda y todos esos tipos de los pelucones que parecen sacados de un espectáculo de drag queens? ¿Qué pinta una alta magistratura institucional en semejante mascarada? Este señor debería tenerles más respeto a Cataluña y a los catalanes.    

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Praxis educativa. 20: acoso y derribo a las vacaciones de verano

   Parece ser que los medios de comunicación, y muy particularmente "El País" (o sea, ahora les toca a los sedicentes "progresistas") y más particularmente aún una periodista llamada Pilar Álvarez, la tienen tomada con las vacaciones de verano. Abrieron el fuego en junio, dándole cancha a todo bombo al consejero cántabro de educación y su tramposa propuesta de nuevo calendario, cuyas lagunas desmenucé en un artículo, poco después ampliado con otro; continuaron con pequeños picoteos y, hoy mismo, la señora Álvarez vuelve a la carga en un artículo que, al menos en la edición digital de primera hora de su medio, ocupaba un espacio privilegiado en la primera página, podéis verlo aquí. La verdad es que este asunto, aparte de echar ya un ligero tufillo de empeño por parte de alguien en defender algún inconfesable interés particular disfrazándolo de mejora, innovación, adaptación a Europa y demás monsergas manipuladas, ya empieza a aburrir, así que, aunque no puedo por menos que insistir porque me veo que nos cuelan un gol demagógico, trataré de ser breve.
   1.- El artículo dice que en Europa se hace un descanso en noviembre, cosa que no se hace en España: tomado en su conjunto, esto es falso. Como puede verse ya en el primer mapa que muestra el propio artículo, en realidad, hay dos Europas, que, a grandes rasgos, podríamos definir como la fría y la cálida, y cada una de ellas sigue un comportamiento particular muy condicionado por el clima. En lo referido al parón de noviembre, es la fría la que lo aplica, pero en algunos países con muy pocos días, mientras que, por otra parte, intentar dar la idea de que el primer trimestre de la educación española es algo así como la travesía del desierto es un engaño, pues en el hay tres festividades muy señaladas (el Pilar, Todos los Santos y la Constitución), las cuales a menudo representan puentes y acumulan un buen número de días de asueto, valga el ejemplo de este año, que nos deja entre las tres un saldo de 6 días festivos, que se elevan a diez con el puente de cuatro que hay entre octubre y noviembre y el de los mismos días que hay en diciembre.
   2.- No somos una excepción en Europa para las vacaciones estivales, ya que la Europa cálida (ver el segundo mapa) tiende a prolongados periodos vacacionales en verano, lo cual se cae por su propio peso: hace falta no tener mucha idea de lo que se dice o lo que se hace y ser además bastante déspota para meter a los chicos en clase en nuestros meses de julio y agosto, pero, en Valencia, ya ven, se está haciendo y en Cantabria, burla burlando, me temo que se va a hacer también y con todas las alabanzas de "El País" y la señora Álvarez. Las vacaciones de verano son una cosa connatural a nuestro clima, por eso se han hecho toda la vida, nada se ganará con cargárselas, como parecen pretender algunos. Estos días estamos de exámenes y de reuniones y de entrevistas con padres y alumnos: la gente suda a chorros dentro del instituto, y eso que es septiembre, ¿qué sería realizar cualquier actividad en julio? Invito a la señora Álvarez a comprobarlo en su propia piel.
   3.- Dejémonos de demagogia con la escuela, por favor. La campaña contra las vacaciones de verano obedece solo a la demagógica finalidad de complacer a un sector cerril (y minoritario) de la opinión española, el cual arde de indignación por las larguísimas vacaciones de los profesores. Primero: son las que son por razones del servicio que se presta, no por hacernos a nosotros más felices. Segundo: como se dice en el propio artículo, los profesores españoles somos de los que más días al año trabajamos, así que nadie debe escandalizarse. Les pediría a los medios y a los políticos que no nos tomen como rehenes de sus demagógicos cálculos; le pediría a la señora Álvarez que deje de echarle flores al consejero cántabro, ya que su plan es una auténtica chapuza oportunista que él, en su despachito con aire acondicionado, no va a padecer; les pediría a los sindicatos que fuesen expeditivos y claros en la defensa de los periodos vacacionales, ya que no son ese chollo corporativo que pintan los charlatanes de barra de bar, sino unos lapsos de descanso perfectamente adecuados al desempeño de la tarea educativa, nadie tiene nada de que avergonzarse. Resulta bastante penoso comprobar la complicidad que en este asunto han demostrado los sindicatos en Valencia o en Cantabria, o la tibieza con que los consultados en el artículo de "El País" se pronuncian acerca de las vacaciones estivales: ¿será porque, en realidad, a esos negociadores y portavoces sindicales les da un poco lo mismo lo que ocurra en las aulas, ya que ellos las han abandonado? No convirtamos esas aulas en saunas de tortura para alumnos y profesores por el capricho o el cálculo de cuatro aprovechados.
   Una última observación: no estoy defendiendo mi avío personal, ya que, por mucha prisa que se diera la coalición de expertos, trepas y vivales, no tendrían tiempo a implantar este disparate antes de que me jubile; estoy, simplemente, intentando evitar que se apalee a la escuela con un desafuero más.