jueves, 25 de agosto de 2016

Praxis educativa. 19: educación en valores

   Uno de los temazos favoritos de la revolución permanente del pedagogismo es el de la educación en valores, cuestión a la que conceden enorme importancia, en coherencia con sus dogmas. Si, de acuerdo con estos, la odiosa escuela tradicional es un truño obsesionado con la transmisión de conocimientos (¡puaj!), es decir, de escoria meramente intelectual, una propuesta educativa que mole (por ejemplo y sin ir más lejos: la suya), en buena lógica, tendrá que ofrecer un producto diametralmente opuesto a tal aberración, y ahí es donde aparecen los valores, porque son formadores, emocionales y todo eso. Esto de lo emocional, junto con el feliz hallazgo de la felicidad, es la formulación últimamente más reiterada en la guerra que la escuela moderna (etiqueta que se alumbró allá por 1900) mantiene contra esa antigualla de los programas y los contenidos: ¿a quién se le ocurre pretender que los alumnos vayan a los centros a aprender matemáticas, geografía, música o química? A lo que tienen que ir es a ser felices y a enriquecer su emocionalidad, y para esto resultan muy útil herramienta los valores. 
   La educación en valores se asocia con las que un día se llamaron áreas transversales, o sea, esas que se tienen que mezclar en pequeñas dosis y como quien no quiere la cosa en todas las apolilladas asignaturas de toda la vida (matemáticas, geografía, música, química...), para que así el alumno se vaya impregnando de valores casi sin darse cuenta. En la LOGSE se especificaban estas: educación para la paz, educación ambiental, educación del consumidor, educación vial, educación para la igualdad de oportunidades entre sexos, educación para la salud, educación en la sexualidad, educación cívica y moral y temas propios de cada comunidad autónoma. Esta última perla, en Wikipedia, que es de donde he sacado la lista (no las recordaba todas), es explicada con un ejemplo que considero impagable: "p.e.: Cultura andaluza en el caso de Andalucía". Pues sí, señor, por ahí iban (y siguen yendo) los tiros con esto de las transversales: una serie de áreas formativas en general bastante sensatas planteadas de una forma insensata. ¿Por qué digo lo de insensata? Porque es absurdo embutirlas por obligación y porque están demasiado abiertas a la manipulación sectaria: ¡qué no se habrá hecho so capa de esos "temas propios de cada comunidad autónoma" y algunos otros! 
   Pero el problema de esta fórmula del pedagogismo es más sutil y a la vez de más profundo calado, tan profundo que puede decirse que en este importante terreno de la transmisión de valores nuestro sistema educativo también está fracasando, y lo está haciendo por uno de sus principales defectos: su incoherencia y falta de firmeza, procedente del buen rollito de los pedagogistas. Por muy razonables y bienintencionados que sean los valores que se predican, se quedan en papel mojado si la sociedad, la institución, la autoridad o la persona que los emite no es coherente en su protección y en la exigencia de su cumplimiento. Y ni nuestros centros educativos ni nuestra sociedad -convendremos todos- son hoy en día un modelo en la exigencia del cumplimiento de deberes, lo que da lugar a una lamentable paradoja: el catecismo se lo sabe todo el mundo de carrerilla, pero lo incumple todo aquel al que le apetece sin que ello tenga la menor consecuencia. ¿De qué sirve soltar palomitas en el patio el Día de la Paz o hacer ejercicios con textos la mar de coeducativos o cívicos si luego se deja pasar como si nada a un alumno que dinamita una clase o a otro que intimida a una profesora? Decir que de nada sería un análisis optimista, porque en realidad eso sirve para algo peor que para nada: sirve para maleducar, para reforzar en los inclinados al energumenismo  la convicción de que pueden hacer lo que les dé la gana, de que los famosos "valores" son un cuento chino. Y esto es muy grave, porque hace daño en la escuela, pero también en el ámbito general de la sociedad, ya que esos energúmenos salen a la calle y a la convivencia diaria portando esos vicios que la escuela debería haberles curado o, al menos, pulido. Una España paleta, casposa y un tanto cavernícola la estoy viendo estos días reflejada en cierto vandalismo festivo que aparece a diario en los medios o en la actitud bastante cerril de ciertos políticos que parecen razonar con el único criterio del "aquí estoy yo" y ello me induce a formularme una inquietante pregunta: ¿serán estas conductas el fruto de una educación en valores mal enfocada en la escuela durante los años en que estas personas pasaron por ella? Por supuesto, la escuela no tiene la culpa de que cinco bestias violen a una niña en un portal, de que nuestras fiestas suministren cada vez más escenas que parecen sacadas de una película de salvajes o de que un manojo de gobernantes o aspirantes a serlo parezcan persuadidos de que para ellos las leyes no cuentan, pero a uno siempre le queda espacio para preguntarse hasta qué punto su gremio no puede afinar más en orden a erradicar estas cosas. 
   Educar es ya de por sí un valor y no está de más recordar que uno de los mejores libros que se han escrito sobre educación se titula, precisamente, "El valor de educar". Concedo mucha importancia a cosas como la paz, el medio ambiente o la igualdad entre los sexos, pero, sinceramente, creo que la primera lección que deben dar un profesor, un centro o un sistema educativo es la de la coherencia, la firmeza, el cumplimiento de los deberes y la exigencia de que se cumplan (con lo que, de paso, suelen ayudar a proteger derechos). Si no fallásemos en esto, y siento decir que pienso que ahora fallamos más de lo que debiéramos, ya tendríamos prácticamente cumplido el programa de educación en valores.  

sábado, 20 de agosto de 2016

Las cosas que cabrean a los independentistas

   Leo en "El País" un artículo sobre la situación que se está dando en Lérida al haberse alcanzado un pacto de gobierno municipal entre el PSC y Ciudadanos. Por lo visto, los partidos independentistas están cabreadísimos por las traiciones que está perpetrando el actual alcalde, Ángel Ros (PSC), desde que rige ese acuerdo, las cuales consisten en cosas como:
   -Poner los textos de la señalización de tráfico en castellano y catalán (antes eran solo en catalán). 
  -No permitir las esteladas (banderas, os recuerdo, de partido, no de instituciones ni de divisiones administrativas o geográficas oficiales) en lugares públicos.
    -Impedir que Lérida forme parte de la Asociación de Municipios Independentistas, ese canallesco invento (uno más) con que los separatistas quieren imponer su sello particular, faccioso y perturbador de la convivencia a instituciones que son de toda la sociedad.
   -Que los carteles del Ayuntamiento, sus comunicaciones y sus correos electrónicos oficiales sean bilingües (antes eran solo en catalán). 
   Por estos pecados, los de CiU, ERC y las CUP están que trinan contra el PSC y el señor Ros, a quienes acusan del sacrilegio de pretender que Lérida sea bilingüe. En un alarde de cinismo y lucidez al alcance solo de alguien de su formación, un tal Francesc Gabarrell, concejal de las CUP, afirma que en Lérida nunca había habido problemas lingüísticos: elemental, querido Watson: ¿quién ha sido el bonito en los últimos lustros que se ha atrevido siquiera a suspirar contra los abusos del catalanismo impuestos bajo amenaza? La historia de esta indignidad es de sobra conocida, por eso es muy de aplaudir el posicionamiento que están tomando ahora Ciudadanos, Barcelona con la Selección o Societat Civil Catalana. Un ejemplo sin salir de Lérida: con solo su firmeza en este caso, Ciudadanos ha conseguido que el señor Ros, que por lo visto pertenecía al sector más catalanista del PSC, se haya puesto  a la tarea de estas medidas de respeto a las dos lenguas existentes en aquella sociedad bilngüe, tan justas como de sentido común. Este milagro es obra del temple de Ciudadanos más el temor del señor Ros a quedarse sin el sillón de alcalde, lo que da idea de lo que se esconde en realidad bajo el "independentismo" de algunos y hace que me pregunte algo que me he preguntado muchas veces: ¿habría llegado el separatismo catalán tan lejos como ha llegado si, desde los gobiernos centrales, el PP y el PSOE no se hubieran pasado treinta años o más dejándole cometer abuso tras abuso? Una mezcla de frivolidad, ambición, corrupción, irresponsabilidad, ceguera y pusilanimidad nos ha traído hasta donde estamos. Ojalá ejemplos como el que estamos viendo en Lérida representen el camino que se empiece a seguir de aquí en adelante, que no es otro que el de la justicia y el respeto de los derechos de todos.  

miércoles, 10 de agosto de 2016

Deberían contar con los docentes

   Aunque ya sé que habrá quien piense que soy un ser sin entrañas, puedo aseguraros que soy un sentimental, por eso, cuando esta mañana he visto en "El País" una pequeña columna encabezada con la frase que da título a este artículo, se me han saltado las lágrimas. ¡Por fin en los medios se reconoce la desatención a que se nos tiene sometidos a los docentes!  ¡Por fin nos concede su comprensión "El País", que tantas veces nos ha mirado con gesto hosco y suspicaz! Lamentablemente, cuando he visto que la columnilla estaba inscrita en un artículo que tiene este titular: "El 87% de los profesores considera que la LOMCE no mejora la educación", he entendido de qué iba y se me han secado las lágrimas de manera fulminante: "El País" cree que deberían contar con los docentes, sí, pero cuando piensan (o una encuesta manejada por "El País" dice que piensan) lo que a este medio le conviene. Cuando no es así, a "El País", como a la totalidad de los medios, lo que piensen los docentes acerca de la educación le trae sin cuidado, y esto no tengo que argumentarlo mucho, basta con ver cómo se nos silencia de manera apabullante frente a las voces de "expertos" de nula o dudosa solvencia cuyo atractivo reside, por lo general, en venir armados de propuestas, protestas o innovaciones que van de lo discutible a lo descabellado, porque a nuestros medios les encandila más la espectacular pirotecnia de este colectivo que el discurso realista de los profesores reales, tales como Alberto Royo o Moreno Castillo, a quienes escuchan con disgusto y para que no se diga.
   Por lo demás, la veraniega andanada de "El País" adolece, como siempre que habla de la LOMCE, de este mal: no la critica por ser una mala ley (yo también pienso que lo es, pero hay que matizar), sino por particulares diferencias políticas, y así no hay manera. Empezamos ya desde el titular, que esconde una tremenda manipulación, porque seguramente será cierto que muchísimos profesores pensamos que la LOMCE no mejora la educación, pero queda oculto el contexto amplio que de verdad le interesa a este medio: la contraposición de la LOMCE con el sistema que él defiende y ha defendido siempre, el conjunto LOGSE-LOE que es bastante desastroso y que debe ser cambiado. Y esto es un hecho cierto: la LOMCE no mejorará lo que hay (o sí, no nos metamos a profetas), pero lo que hay, o sea, la LOE, es muy malo y, curiosamente, a "El País" nunca ha parecido disgustarle. Pero deberían estar  más tranquilos en este medio con la horrible LOMCE, ya que, como ellos saben muy bien, en realidad es la LOE que a ellos tanto les gusta con algunos añadidos y modificaciones que ha hecho el PP.
   Y entre estos añadidos hay algunos que yo considero buenos, como el intento que representa la LOMCE de poner algún freno a los abusos lingüísticos de los nacionalistas; que esto tampoco agrade a "El País" es algo que nunca llegaré a entender. También me gusta lo de las reválidas (como les gusta a muchos profesores, el propio artículo de "El País" matiza este aspecto), porque supongo que tendrán que representar el fin del aprobado regalado: con ellas en el sistema, todos tendremos ya que dar el programa completo y exigir que se aprenda, ya nadie se va a jugar su prestigio aprobando a los chicos con cuatro bobaditas si en el horizonte está una prueba que al final podrá ponerte en evidencia. Por esto, creo que, como colectivo, no nos deja en buen lugar que, a la pregunta: "¿La incorporación de las evaluaciones externas  (reválidas) que realiza la LOMCE es adecuada?", responda que no un 80'7% de los encuestados, si bien puede verse que la pregunta está formulada de manera muy ladina, ya que está abierta a que respondan NO tanto quienes rechazan las reválidas como quienes tan solo rechazan la forma de incorporarlas. Y es que el artículo, como hemos visto para esto de las reválidas y vimos antes para lo de la mejora que pudiera o no suponer la LOMCE, es un monumento a la manipulación. La encuesta en que se basa tiene cinco preguntas; veamos lo que ocurre con las tres restantes. 
   -¿La LOMCE contribuye a mejorar la inclusión educativa? Responden que no un 86'3%. Respetando las opiniones de cada cual, creo que aquí la manipulación se encuentra en el concepto de inclusión. Los defensores del sistema LOGSE han abusado de términos como marginación o exclusión; para ellos, todo aquello que representase sacar a un alumno de ese insensato café para todos que es la ESO ya era discriminatorio (cosas, por ejemplo, como pretender que un alumno, en lugar de ir a diversificación, fuera a formación profesional básica): el manejo de un concepto tan inadecuado de estos términos ha dejado esta cuestión muy desenfocada.  
    -¿Se necesitaba esta nueva ley (LOMCE)? Responden que no un 79'6%. Por razones que ya he explicado antes, para que esta pregunta, así formulada, no constituyese una manipulación debería haber ido complementada con otra que indagase sobre la necesidad de cambiar la actual legislación educativa, sin hacer mención de hacerlo con la LOMCE en concreto.
    -¿La LOMCE ha sido elaborada con la participación del profesorado? Responden que no un 92'6% de los encuestados. He dejado para el final la sonrojante manipulación a la que alude el título de este artículo. Ante ese 92'6%, por supuesto, el lector se ve conducido a pensar: claro, deberían contar con los docentes. Y también: ¡qué mal han hecho la LOMCE estos del PP, sin contar con los docentes!  Pero los que ya llevamos algún tiempo en este oficio decimos, sí, de acuerdo, pero... ¿cuándo se ha contado con los docentes? ¿Se contó para la LOGSE? Algunos dirán que sí, porque se hizo mucha propaganda de ello, pero los que vivimos su gestación sabemos que esto es una flagrante mentira: se contó con los sindicatos, que, como sabemos ahora aunque entonces todavía muchos ignorábamos, no nos representan (mira qué bien me ha venido la frasecita).  ¿Se contó para la LOE? ¿Se ha contado para el bilingüismo? ¿Se cuenta con nosotros para dar nuestra visión sobre asuntos de evaluación o de conflictividad en los centros? ¿Se contó en Valencia para quitar las vacaciones en julio o en Madrid para pasar de 100 a 250 las horas necesarias para las mejoras salariales por formación permanente? Por supuesto que no: con los docentes no se ha contado nunca a la hora de gestionar la educación, ¿a qué viene ahora "El País" con esto de que deberían contar con los docentes? ¿Tendrá que ver con que en septiembre, con el comienzo del nuevo curso, la educación va a ser uno de los campos donde se va a librar la batalla política? ¿Querrán contar con nosotros -como han hecho tantas veces- como peones de brega en huelgas y manifestaciones? Pronto lo veremos.      

martes, 2 de agosto de 2016

Alcaldada separatista

    Parece ser que al separatismo catalán no le gusta la organización Barcelona con la Selección, ese grupo que se fundó con el subversivo propósito de ver a la selección española en su propio país, razón por la que algunos adalides del nacionalismo llegaron a emprenderla a palos con ellos. Desde el primer momento, recibió las zancadillas del Ayuntamiento de todos los barceloneses, que de manera tan insólita como sectaria le negó la posibilidad de instalar pantallas gigantes (cosa que se hace en todo el mundo... libre) para ver los partidos, abuso que se perpetró a través de un rosario de cínicos pretextos y que nos desvela que doña Ada Colau ha llegado a la conclusión de que la calle es suya. Como al final esta organización recurrió a una estratagema para poner una pantalla en la plaza de Cataluña, la respuesta del Ayuntamiento ha sido multarles con 3.300 euros. Toda la historieta se cuenta aquí:
    Ahora bien, siguiendo una sana conducta ciudadana, esta organización no está dispuesta a encajar pasivamente los abusos, de manera que ha abierto una cuenta para recibir la solidaridad de quienes quieran ayudarles a hacer frente a este atropello disfrazado de mantenimiento del orden público. Vuestro amigo el guachimán ya ha colaborado. La cuenta es esta:
0081 0105 16 0002178421
    De todos modos, si queréis más información sobre la organización y sobre los donativos, aquí tenéis la página de Barcelona con la Selección:
    Sin duda, por su alcance, este es un episodio menor, pero, si uno intenta explicarse sus causas, puede sacar conclusiones bastante desalentadoras. Muy retorcido tienes que ser para intentar que alguien no pueda ni ver un partido de fútbol, mucho tienes que odiarle. Y muy poco democráticas tienen que ser tus convicciones para valerte de tu condición de cargo público para prohibir algo tan inocente. En el País Vasco llegaron a suceder cosas parecidas, cargas de la ertxaina contra un puñado de aficionados que celebraban en la calle una victoria de la selección, o aquello de mentirles a unos niños de un campamento sobre el resultado de la final del Mundial de 2010.  A la vista de este tipo de cosas, ¿quién podrá negar que el separatismo está podrido por dentro? En la noticia de "El Mundo", se lee que Barcelona con la Selección advierte que seguirá pidiendo la instalación de pantallas, pero lo hace ya en tono desafiante. La señora Colau nos va a llevar al punto de crear crispación hasta para los partidos de fútbol, ¡qué gran talla de dirigente!

sábado, 30 de julio de 2016

Dos fanáticas y un cómplice

   Después de que Carmen Forcadell permitiera que se tramitase una resolución para abrir la puerta a que Cataluña se independice (o, mejor dicho, para que se abriera la puerta a que Cataluña se independizase, porque todos estos proyectos hay que situarlos en el terreno de la hipótesis muy hipotética) y de que el Gobierno nacional pusiera en marcha las lógicas medidas contra los desafueros de la presidenta del Parlamento catalán, empecinada en no entender que su poder no es ilimitado y está sujeta al cumplimiento de las leyes de su país, sale a escena Neus Munté, la vicepresidenta de la Generalitat, con "argumentos" como estos:
   El Gobierno español nuevamente amenaza, pero desde el Gobierno de Cataluña no nos moveremos de nuestro camino, profundamente democrático, avalado por los votos de los ciudadanos que se pronunciaron a favor de la hoja de ruta, que continúa intacta.
   Afirma también Munté que sería inaudito proceder contra una presidenta de Parlamento como es Forcadell por haber permitido un debate "plenamente normal" en la cámara catalana. Debería entender esta señora que es verdad que es plenamente normal que los parlamentos debatan, pero no es legítimo en absoluto que se debata en el catalán un plan de secesión, pero ya sé que es difícil que entienda nada una persona que, al igual que Forcadell, se ha blindado en su discurso y parece estar persuadida de que no hay más legitimidad que la que este marca. ¿Qué dice mientras tanto la máxima autoridad autonómica catalana, o sea, el presidente Puigdemont? Pues, al parecer, su silencio de desaparecido se ha quebrado solo por una vía tan sólida como su cuenta de Twitter, en la que ha dicho esto:
   Todo mi apoyo y complicidad a la presidenta del Parlament. La democracia no está en funciones.
   ¿Tendremos que entender que Puigdemont no es el jefe, sino el cómplice? ¿Y se comunica a través de Twitter ante una situación tan delicada? Este es el personaje que preside Cataluña.
   Está claro que quienes ahora gobiernan allí han adoptado, una vez más, la lógica revolucionaria (¿será por influjo de las CUP?), o sea, la de no entender más imperio ni legitimidad que el de sus propios sacrosantos objetivos, nada de leyes, fidelidades, coherencias ni corduras. Puro fanatismo autista que cada vez da más miedo. Sugería una vez Arcadi Espada que Cataluña podría acabar siendo el 23-F de Felipe VI y hay quienes parecen estar empeñados en que así sea. 

miércoles, 27 de julio de 2016

Alfaguara se columpia

   Me entero casualmente mientras veo la televisión del jaleo que se ha montado en torno a un libro que se titula 75 consejos para sobrevivir en el colegio, cuya autora es María Frisa y que ha sido publicado por Alfaguara. El libro está dirigido a niñas de doce años y, como se desprende de su título, consiste en una serie de consejos para afrontar la vida escolar, formulados en clave humorística. La polémica ha surgido porque algunos sectores de opinión, a la vista del sentido concreto de ciertos consejos, acusan al libro de fomentar el machismo y el acoso (¿por qué todos los medios dicen "bullying"?) y están pidiendo la retirada del libro. Yo diría que la cosa va bastante más lejos, pero, si queréis ver información más extensa, pulsad aquí para consultar el "El País" o aquí para ver lo que dice diarioya.es, que profundiza bastante más; por mi parte, voy a dejaros una pequeña muestra de lo que la señora Frisa con su particular humor recomienda a las escolares de 12 años:
   -Cosas básicas para mantener entretenida a tu madre: deja los calcetines y bragas sucias tiradas por el suelo. No ayudes en nada; tú tan ricamente en el sofá.
   -Escucha lo que hablan tus padres cuando creen que no escuchas.
   -No te engañes: nunca, jamás, un profesor da algo bueno a cambio de nada.
   -Esfuérzate en caerle bien al más popular.
   -Que tu mejor amigo sea mucho, mucho más tonto que tú.
   -Mucho cuidado con los buenos sentimientos. AHÓGALOS si hace falta.
   -MIENTE, MIENTE, MIENTE.
   Esto último, visto medio de refilón en la pantalla, es lo que sencillamente me ha escandalizado y me ha animado a escribir este artículo: ¿cómo se puede recomendar algo así (y con insistencia y en mayúsculas) a personas en edad escolar? Echadle también un vistacillo a una hojita con el encabezamiento LO QUE HACEMOS EN EL RECREO del artículo de "El País", aunque yo os recomendaría la lectura de los dos.
   La editorial Alfaguara ha anunciado que no retirará el libro, ya que debe entenderse como una ficción, excusa burda que sorprende procediendo de una editorial de la solera de Alfaguara, ya que está claro que esto no es una historia y por lo tanto no puede situarse en el terreno de lo ficticio o lo real; esto lo que es es una especie de libro de autoayuda formulado en una clave de humor bastante desafortunada y que arroja como resultado una especie de manual de cinismo precoz, muy penoso, por cierto. 
   Alguien en el reportaje televisivo que he visto sostenía que el libro debía entenderse en una clave irónica, pero yo creo que es una ironía muy mal enfocada y, desde luego, completamente fuera de lugar si se dirige a un público infantil. Lo esencial, como en todo mensaje, está en el resultado, en lo que aporta, y, llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿educa esto? Me temo que no. ¿Divierte tal vez? No mucho, la verdad. ¿Da pistas desaconsejables? Yo diría que unas cuantas. No ha estado muy fina la editorial Alfaguara con la publicación de este libro.    

jueves, 21 de julio de 2016

Contra los Sanfermines

   Con todos mis respetos para los pamploneses, habré de decir que lo de los Sanfermines ya es de un color castaño oscuro casi negro, y no precisamente desde la última edición, sino que ya llevamos unos cuantos años asistiendo a una situación un tanto kafkiana. 
   Está, en primer lugar, lo de los encierros. Los festejos con participación inexcusable de chotuno, tales como corridas, encierros, suelta de vaquillas, embolados, toros de fuego..., entrañan una inevitable dosis de peligro y están y han estado siempre en el centro de una polémica entre defensores y detractores, cada bando con su batería de razones. En el actual estado de esta cuestión, si ha recibido duras críticas un espectáculo como el Toro de la Vega, o si son tan denostadas las corridas que hasta hemos visto, por ejemplo, que las prohibían en tan importante región de España como es Cataluña, no me explico de ningún modo cómo los encierros de San Fermín no solo  escapan de estas críticas, sino que incluso parecen gozar de alborozadas simpatías en amplios sectores, hasta entre los "progres", que son por lo general inclinados al antitaurinismo. ¿Es más atávico el espectáculo de la multitud que corre por los campos de Tordesillas detrás de un toro que el de la multitud que corre por las calles de Pamplona delante de una docena? ¿Sí? ¿Por qué? No creo que la muerte del toro de Tordesillas resulte más dramática o incivilizada que las de los muchos corredores que la han encontrado en Pamplona,  o que las decenas de heridas o lesiones de diversa gravedad que cada año arrojan los Sanfermines. Si brutal resulta el acoso vallisoletano, no lo es menos la desbandada pamplonesa o las frecuentes y peligrosas montonadas que a menudo se forman, por no hablar del colosal monumento a la estupidez humana que constituye el tener como diversión el jugarse la vida corriendo un par de minutos delante de una manada de astados y en unas circunstancias que añaden peligro y azares a la carrera. Es insensato "per se", y ya resulta el delirio cuando algunos de los suicidas son "mozos" de cincuenta, cincuenta y cinco y hasta setenta años. Y todo esto es un festejo permitido y celebrado, en el que, si acaso, se han implantado limitaciones como el prohibir que participen menores o borrachos, o unas normas de comportamiento que se imponen a base de contundencia policial o varazos de los pastores, habría que hablar también de esto. 
   Está, en segundo lugar, la bacanal. Los Sanfermines se han convertido en unos festejos sin límites para la diversión y así se perciben ya mundialmente, y aún más, diré, aunque no guste, que esta es la imagen que se ha querido vender, la de escenas con camisetas empapadas en vino, alegre multitud apiñada y -así habrá de reconocerse- alguna otra cosa que al final ha hecho mucho daño, me refiero muy en especial a esas fotos de bellos pechos femeninos asediados por bosques de manos arracimadas a su alrededor. Pero todo este exceso festivo está ya fuera de control, como sabe cualquiera que haya estado en los Sanfermines y haya visto la masificación, el hacinamiento, la suciedad, gente durmiendo en coches... Y luego está esa obligación que muchos se autoimponen de ir borracho las 24 horas del día, cosa muy problemática que trae consecuencias como los comportamientos no siempre adecuados de la gente beoda, los accidentes por andar o meterse en estado de ebriedad en sitios poco aconsejables (esos caídos desde la muralla) o las agresiones sexuales. Vamos con ellas.
   Están, en tercer lugar, las mencionadas agresiones sexuales. Se han convertido ya en el pan nuestro de cada año (podéis buscar en internet, se informa de muchísimos casos) y es cierto que la sociedad, una serie de organizaciones y las autoridades las rechazan y las combaten, pero no es menos cierto que, con respecto a estas últimas, hay bastante cinismo e incongruencia en fomentar que aquello se convierta en una ciudad sin ley y luego establecer planes contra determinados delitos que se disparan precisamente por esa anarquía. Este es un problema realmente grave, porque las agresiones sexuales no son ninguna broma. Personalmente, además, pienso que, entre determinados sectores de la opinión de todo el mundo, los Sanfermines, Pamplona y un poquito también el conjunto de España estamos viendo nuestra imagen deteriorada por este asunto. Echadle un vistazo, por ejemplo, a esta noticia que acabo de leer en "El Confidencial": un beodo intenta propasarse con una turista norteamericana, el novio de la chica le da un puñetazo al beodo y este cae produciéndose graves lesiones: resultado para el novio: cárcel y 150.000 euros de multa. Es verdad que el agresor sufrió graves lesiones, pero también lo es que quien le dio el puñetazo no se lo dio para producírselas, sino para que dejase en paz a su novia, cosa que él había demostrado que no estaba dispuesto a hacer por las buenas. En la mentalidad yanki (y confieso que también en la mía), esta sentencia no es ni razonable ni justa, pues nos deja como un país en el que, si, en una ciudad enloquecida y ebria, ves a un borracho molestando a tu novia, lo mejor que puedes hacer es aguantarte. 
   Están, por último, los medios de comunicación españoles. Le dan una cobertura excesiva a esta fiesta. Particularmente lo de los encierros, no lo entiendo. Los mismos medios que han hecho cosas tan razonables como posicionarse contra el Toro de la Vega o los cavernícolas que celebraron la muerte de Víctor Barrio, se vuelcan todos los días con los encierros, los relatan con pelos y señales, con focalizaciones, con repeticiones, con entrevistas hasta al último mono y con un lenguaje épico y floreado. Son un espectáculo que está muy lejos de merecerse todos esos privilegios, por las razones que he expuesto más arriba. Naturalmente, eso se hace por razones comerciales, porque se sabe que en todo el mundo esas imágenes serán un señuelo que atraiga a más turistas. A mí esta conducta, personalmente, me parece un fraude.
   Todos sabemos que las fiestas nos alegran la vida y que normalmente en ellas se produce algún que otro exceso; todos sabemos que el dinerito que nos aporta el turismo nos viene muy bien aquí en España, pero todos deberíamos saber también que es conveniente tener claros unos límites, y tal vez en los Sanfermines se estén rebasando peligrosamente. Deberían tener cuidado los pamploneses, porque la muerte de éxito también existe; deberían tener presentes los ejemplos de Lloret o de Magaluf.