domingo, 7 de febrero de 2016

Una medida imprescindible para acabar con la corrupción

   Leyendo un tanto aburrido la prensa digital, llego por casualidad a esta petición de change.org que ya es de hace algunos meses:
   Como podéis ver si os decidís a leerla, lleva incluido un enlace a este interesante documental que también os enlazo yo aquí:
    Estamos a un mes y medio de las últimas elecciones y encallados en el embrollo para componer una mayoría capaz de gobernar que todos conocéis; cada una de las cuatro grandes formaciones tiene en esta partida su propio talón de Aquiles, y el del PP es la corrupción: por si no teníamos aún vivito y coleando el asunto Gürtel y en la memoria unos cuantos más, ahora va y estalla lo de la operación Taula, que no es nuevo ni sorprendente, y me temo que en Valencia no va a ser lo último. Pero no solo es por esto por lo que la corrupción es la pesadilla del PP, sino porque este partido es el que está mostrándose más tibio en su condena de esta lacra, para explicar por qué bastan tres palabras: "Luis, sé fuerte". Lo que percibimos los ciudadanos acerca de la corrupción es que es demasiada y que ha habido demasiada impunidad, aunque, en honor a la verdad, esta se hace cada vez menor, si bien persiste la sospecha de que la vaya a sustitiuir un sucedáneo más discreto: las condenas leves. Esta impunidad se ha debido a que, durante muchos años, los corruptos han manejado los hilos del país tan a su antojo que podían robar alegremente, incluso a la vista de todos. Y aquí es donde entran las personas que los han denunciado. Gran parte de los asuntos que se han descubierto habrían quedado ocultos si no se hubiera interpuesto una persona que estaba allí mientras se cometían -un interventor, un empleado, un funcionario- y decidió dar la voz de alarma en vez de callarse, cosa que, por cierto, a su alrededor hicieron muchos. Y mientras los ladrones robaban y los que callaban se iban tranquilamente a su casas, a esos que valerosa y cívicamente denunciaban, les empezaban a llover problemas provocados por los propios ladrones, que para esto tenían la misma impunidad que para robar y por las mismas causas. 
   Y los problemas podían llegar a ser muy serios: aislamiento, despido, amenazas, depresiones, ruina de la vida familiar, querellas, años de paro, empobrecimiento... Si queréis ver casos concretos, los hay en la misma petición de change.org y en esta página: 
    Inmaculada Gálvez, Maite Carol, Ana Garrido, Fernando Urruticoetxea, Itziar González, Ana Varela, Antoni Diéguez y otros muchos ciudadanos de a pie son personas que tuvieron  el valor de no cerrar los ojos y lo pagaron así de caro. Triste paradoja que los que merecerían los honores, la protección y la admiración hayan sido los que se han llevado los palos, la persecución y el aislamiento. Triste paradoja y triste país: ni valdremos gran cosa ni saldremos de la corrupción mientras esto persista: si denunciar la corrupción es más arriesgado que practicarla, las perspectivas no son muy alentadoras. Por eso está bien la iniciativa de change.org y por eso es inexcusable que una medida así se lleve a cabo. A este respecto y volviendo a lo que decía antes acerca del PP, resulta muy significativo el hecho de que, cuando esta petición se puso en marcha, Pablo Herreros, su impulsor, recibió respuestas favorables de Alberto Garzón, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. Preocupa que se eche de menos la de Mariano Rajoy, como podéis ver en el enlace. Ya sabemos qué partido es muy dudoso que mueva un dedo en esta dirección. 
   En el mundo anglosajón nos llevan en este asunto alguna ventaja, e incluso tienen acuñado un término para estos ciudadanos ejemplares que destapan asuntos de corrupción o abuso: whistleblowers. Traducido de una manera tan literal en exceso como esclarecedora, esta palabra significaría "los que soplan el silbato", como hacían los policías de las viejas películas inglesas para señalar por dónde andaban mientras perseguían a algún maleante. Alguna vez la he visto desafortunadamente traducida como "soplones", vocablo carcelario y peyorativo que lanza un estigma de condena sobre el que está haciendo las cosas bien, lo que sería ya lo único que les faltaría a esas personas que, en cualquier parte del mundo, sufren muy a menudo  el acoso y las represalias de la gentuza cuyos chanchullos descubren, como ya hemos visto, con consecuencias a veces muy graves. Tampoco tenemos que rompernos la cabeza: el término "denunciantes" les va muy bien, a falta de otro tan expresivo como "whistleblowers". He leído por ahí que estos gozan de una particular protección en Estados Unidos, país en el que hasta tienen una asociación, con esta página: NWC. En el mismo encabezamiento podéis leer su lema: Honesty without fear, o sea, Honradez sin miedo. ¡Cuánta grandeza de principios en solo tres palabras! Deberían marcarnos la ruta. 

miércoles, 3 de febrero de 2016

"Contra la nueva educación": Alberto Royo publica un libro

   Y aquí lo tenéis:

   Estará a la venta a partir del día 15 de febrero y, como veis, viene con excelentes avales: prólogo de Antonio Muñoz Molina y presentación en la Casa del Libro (en Barcelona, una pena no poder estar, porque seguro que va a ser un acto muy interesante) a cargo de Gregorio Luri.
   El título y el autor arrojan muy buenas perspectivas sobre este libro. De Alberto, todos sabemos lo bien que escribe (y el que no lo sepa, aquí tiene para comprobarlo un enlace a su blog: Profesor Atticus) y lo muy comprometido que está en la lucha por una educación digna y de calidad y contra toda esa legión de ignorantes, farsantes, fundamentalistas de no sé qué pedagogías o simples aprovechados que pretenden imponer su credo y/o sacar partido implantando en la educación  extravagancias de funestos y variopintos pelajes. De lo que sin duda podemos esperar por el título del libro, ha de ser este una seria denuncia de esta legión, que Alberto tiene muy estudiada y que tanto daño ha hecho ya a la educación.
   Es muy necesario que no puedan hacer más, por lo que resulta muy valioso un libro que los desenmascare. Adelante y mucha suerte, Alberto, estoy deseando leer tu libro.

martes, 2 de febrero de 2016

Como una puñalada

   A estas horas enciendo el ordenador y me encuentro una noticia que me golpea como una coz de mula: se ha declarado un incendio en la zona vieja de Pontevedra. En la noticia se incluye esta impresionante imagen:

   Dantesco. Se habla de que no hay víctimas humanas y espero que esto se confirme. Si me tengo que guiar por esta foto que me produce escalofríos, ya solo los daños materiales van a ser terribles, no ya por el valor económico que puedan alcanzar, sino por un valor histórico y artístico que quizás sea irrecuperable. Si no me equivoco, ese rincón que está envuelto en llamas pertenece a la plaza de la Herrería, así que -los que conozcáis Pontevedra sabréis que no miento- lo que está ardiendo es uno de los espacios urbanos más hermosos de nuestro país. Si La Moda Ideal, esa tienda de la que habla la noticia, es la que yo recuerdo, se ha convertido en cenizas una verdadera reliquia, uno de esos establecimientos frente a los que te parabas y podías pensar nostálgica y románticamente que ante sus mostradores habían pasado generaciones que vivieron la moda fin de siglo, el Modernismo, la primera Guerra Mundial y la segunda, la Generación del 98 (no sería fantasear el decir que Valle-Inclán pudo comprar ahí), la Generación del 27, las campañas de África, la República, la guerra del 36, el franquismo, la terrible posguerra, el retorno de la democracia y tantas otras cosas... hasta hoy.
   Pero nada es eterno, y la perduración de esa tienda hasta esta noche no ha sido lo  normal, sino todo lo contrario.
   Espero que los daños a la bellísima e inigualable zona vieja de Pontevedra se reduzcan al mínimo; solo la plaza de la Herrería, con sus arcadas, sus árboles, sus fachadas de piedra, los Franciscanos -iglesia que, por cierto, también tuvo un incendio hace unos años- y la vecindad de la Peregrina, es ya una verdadera joya, con lo que huelga decir que el conjunto de la ciudad vieja ya no podrá ser sino un tesoro.
   Como una puñalada ha sido para mí ver esta noticia; pasé seis meses en Pontevedra durante el servicio militar; bajé muchas tardes por la callejuela que hay junto a ese edificio en llamas, yo solo, o con mis amigos, o -en las ocasiones más afortunadas-, con mi novia, camino de la animación que reinaba en el casco viejo. No quisiera pensar en la desaparición siquiera de uno solo de sus rincones, ligados en mi memoria a los recuerdos de la juventud, que la nostalgia siempre colorea en dorado.
   Con los años se hace uno cada vez más sentimental, es tontería intentar ocultarlo. 

miércoles, 27 de enero de 2016

Se acabó el fraude fiscal

   No han hecho más que llegar los vientos de necesaria racionalización de este país, que en los últimos años parecía la fonda del Sopapo con todo dios haciendo lo que le daba la gana, para que desde instancias oficiales se empezase a demostrar que quienes mandan merecen toda nuestra confianza y pueden seguir mandando cuatro años más. Y, para demostrarlo, no creáis que se han andado con chiquitas, sino que han cogido directamente por los cuernos a un torancano que tenía desde hace ya tiempo muy cabreada a la ciudadanía: el del fraude fiscal. Aquí tenemos dos ejemplos de verdadero fuste:
   1. Los desafueros de una jubilada. Dice llamarse Maruja y es de Ossa de Montiel, ya solo con esto bastaría para tener a un buen puñado de inspectores de Hacienda muy al tanto de los enjuagues de esta maestra jubilada de 73 años. Aunque ahora anda por los medios poniendo carita de  no haber roto un plato en su vida, la realidad es muy distinta: en el año 2009, cuando ya estaba jubilada, pretextando la sustitución de una profesora de manualidades, se embolsó más de mil euros dando clases por las que percibía hasta 70 euros semanales. Por suerte, Hacienda ha trincado a esta vil defraudadora y la ha "premiado" con una merecidísima sanción de 24.000 euros. Tomen nota las demás grandes fortunas que se hayan planteado seguir esta vía: ahora Hacienda actúa.
   2. Los autores jubilados. Otra panda de bribones.  Escudándose en pamplinas como que son autores de creaciones artísticas, estos bandoleros siguen escribiendo, pintando, componiendo... aun después de haberse jubilado. ¡Pues no señor! ¿Está usted jubilado? Pues, hala, a echar pan a los patos o a cuidar a los nietos, se acabaron las sonatinas y la novelitas. Un portavoz de Hacienda lo ha dejado bien claro: "Con la antigua normativa, se nos escaparon tipos como un tal Andrés Segovia, Gonzalo Torrente Ballester y otros de parecido pelaje. Hubo un tiempo en que esto no ocurría; por ejemplo, en el siglo XVII, se sabe que Cervantes, en sus últimos años, tenía que ganarse la vida como machacante en una timba, pero estaba jubilado, ¿no? Tampoco era justo que siguiese embolsándose cuartos indebidamente por lo que escribía. Por desgracia, en el siglo XX, una serie de normas desafortunadas dejaron la puerta abierta a una intolerable picaresca, pero, con la normativa antifraude de 2012, vamos a meter en el saco a todos estos pajarracos".
   Suerte que está el PP en el gobierno para pillar a los indeseables que han hundido al país en la ruina.
  

miércoles, 13 de enero de 2016

Normalización lingüística: obviedades para el establecimiento de un programa mínimo

   Una de las ventajas que tenemos los viejos es que, perdida la necesidad de agradar y obtenido de este mundo pecador todo lo que estaba dispuesto a darnos, nos desprendemos de hipócritas inhibiciones y recuperamos aquella sana virtud infantil de llamar a las cosas por su nombre y decir sinceramente lo que pensamos. Aunque en la infancia sea por ingenuidad y en la senectud sea por escepticismo, parece ser que ambas concurren en eso de ser fieles a la verdad: en esto, como en muchas otras cosas -no todas placenteras- la vida se cierra como un círculo. En lo que se refiere a los viejos, como ya no nos importa demasiado el juicio ajeno, lo hacemos aun arriesgándonos a todo tipo de vituperios. Acogiéndome a este derecho no escrito pero me temo que tremendamente consolidado, me voy a permitir explicitar una serie de obviedades acerca de la relación entre lengua(s) y enseñanza en España:
   1.- Que el artículo 3.1 de la Constitución dice: El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla
   2.-  Que el artículo 3.2 de la Constitución dice: Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos
    3.- Que del inglés, el francés, el alemán, el chino, el árabe, el suahili, el tagalo, el zuñí, etc., no se dice nada. Bueno, qué queréis que le haga, es que es así, y parece bastante lógico.
    4.- Que, en las comunidades en que el castellano sea la única lengua oficial, lo sensato y razonable, como sucede en todos los países del mundo donde no se padece la desgracia de estar sometidos a una colonización lingüística, es que la enseñanza se lleve a cabo en lengua española, salvo para Inglés, Francés, Alemán...: o sea, para las asignaturas que consistan en la enseñanza de lenguas extranjeras.
    5.- Que en prácticamente toda España se están imponiendo hoy en la enseñanza regular, por la fuerza del ordeno y mando,  unos programas bilingües fraudulentos cuyo único sostén es la conveniencia de las élites políticas. Estos programas distan mucho de ser inocuos y en algunas comunidades -como Valencia y Baleares-, arrastrados por la demencial guerra declarada por las lenguas cooficiales, se ha llegado al esperpéntico extremo de establecer programas trilingües.  
    6.- Que no solo tenemos la suerte de que España no padezca una colonización lingüística, sino que además el español es una lengua de gran riqueza cultural y literaria y una de las más extendidas y demandadas en el mundo: según estimaciones de 2015, su número de hablantes es hoy de 559 millones, 468 de ellos, con competencia nativa.   
  7.- Que, en todas las comunidades donde los partidos nacionalistas o ultranacionalistas o ultraidentitarios imponen su agresiva y despótica presencia, llevamos años contemplando como, bajo eufemismos de diverso pelaje, se intenta arrinconar a la lengua española (la natural de España, la de Cervantes, la de los 559 millones de hablantes) en el ámbito educativo e incluso en otros de carácter más general. En el caso concreto de Cataluña, de lo que se debe hablar no es de intento de arrinconar, sino directamente de persecución y plan de eliminación puro y duro: quien discuta esto, solo puede hacerlo por uso de anteojeras, ignorancia supina o indigno interés. Las comunidades envueltas en esta turbia política son: Cataluña, País Vasco, Galicia, Valencia, Baleares y Navarra (?).
   8.- A la vista de esta situación no ya anómala sino demencial y puesto que parece que se avecinan tiempos de grandes pactos para reorientar este país hacia unos cauces de cordura, vuestro amigo el guachimán propone el siguiente Programa no ya mínimo sino minimalista para una verdadera normalización lingüística:   
   Punto primero.- En las comunidades en que la única lengua oficial sea el castellano, será esta la  lengua vehicular (como se dice ahora). Los programas bilingües serán suprimidos. Para la muy conveniente, razonable y benéfica potenciación del aprendizaje de las lenguas extranjeras, se recurrirá a otras medidas más equilibradas, tales como el dejar que los centros puedan enseñarlas sin presiones ni coacciones y con un nivel de exigencia apropiado. Solo con esto y con lo que hoy en día y según sus intereses nuestros jóvenes adquieren en viajes, internet, visionado de películas y televisión en sus lenguas de origen, etc., he visto con mis propios ojos cómo se puede muy bien aprender lenguas extranjeras sin arrinconar la propia y sin perjudicar a los niños en la adquisición temprana de esta. Seamos serios: millones de españoles hemos llegado a hablar lenguas extranjeras sin haber pasado por pseudoprogramas bilingües; la razón de que en la actualidad, con los medios y los buenos profesores de que disponemos, muchos niños no las aprendan no es la carencia de esas mistificaciones.
   Punto segundo.- En las comunidades con lenguas cooficiales, además de suprimirse los programas bilingües y otras aberraciones como el trilingüismo, el pentalingüismo o los silbos gomeros, puesto que hay dos lenguas oficiales, se establecerán simplemente dos ofertas: una con el castellano como vehicular más una asignatura que sea Catalán, Vasco o Gallego y otra con la lengua cooficial como vehicular más una asignatura que sea Castellano. Esto, en términos racionales y dejándonos de manipulaciones, es el modelo más sencillo, más viable, menos conflictivo (a no ser que uno tenga propósitos inconfesables) y más lógico de organizar la enseñanza en comunidades bilingües. Y no sería necesario crear centros para una y otra lengua: organizándolo bien (y aquí tenemos técnicos y funcionarios muy capacitados para hacerlo), todos los centros o parte de ellos, según las necesidades, podrían ofrecer ambos modelos. Y se acabarían los problemas y se respetarían democráticamente los derechos de todos: cada cual estudiaría en la lengua oficial en su comunidad que decidiera. Nunca entenderé por qué esto no se hizo así desde el principio, o, mejor dicho, sí que lo entiendo, y la explicación que encuentro no deja muy bien parado al respeto a los derechos de los ciudadanos en este país.
   Este, en fin, es mi Programa no ya mínimo sino minimalista para una verdadera normalización lingüística; ahora, que me llamen facha, segregador, imbécil, ignorante, simplista o lo que quieran: total, como soy ya un viejo, no me va a importar. Eso sí: quienes no estén de acuerdo, que me hagan al menos la merced de explicarme su alternativa, por aquello del contraste de pareceres. 
   ¡Ah!, y lo último y por supuestísimo: con las debidas adaptaciones para hacer viables las ofertas en lenguas cooficiales, las competencias en educación deberían ser devueltas al Estado

domingo, 10 de enero de 2016

¿Hacia una nueva mayoría absoluta del PP?

   Después de tres meses de vaivenes pueriles, de tener a Cataluña sin gobierno y de someterla al ridículo más espantoso ante los ojos del mundo entero,  las fuerzas del independentismo catalán han alcanzado a ultimísima hora el acuerdo que impedirá la celebración de nuevas elecciones, las cuales habrían representado para su proyecto tan inviable como ilegítimo un mazazo tan fuerte como el de las del pasado 27 de septiembre, que dejó pocas dudas acerca de la derrota de sus planteamientos segregacionistas. Como todos sabemos, esto último ellos se han negado obstinadamente a verlo, con un ensimismamiento fanático e irresponsable que les ha llevado a persistir en esos planes para los que -parecen pensar- todavía hay esperanzas si no se celebran nuevas elecciones. Que el acuerdo para eludirlas es una tabla de salvación a la que se agarran a la desesperada queda patente en hechos como la renuncia de Mas o el texto de ese mismo acuerdo, que no merece tal nombre, pues es literalmente un compromiso de la CUP a entrar en el redil de Junts pel Sí, redactado en unos términos a ratos bastante humillantes. Su lectura atenta refuerza la tesis de que la CUP es en realidad un submarino del independentismo para crear confusión y robar votos en sectores con un perfil social, económico y cultural a los que su propuesta, en realidad, nada bueno tiene que ofrecer. Sacrificios tan grandes solo se explican por temores y/o intereses también muy grandes. 
   Yendo a lo concreto, el resultado de este esperpento al que el mundo, España y una Cataluña desorientada y desgobernada desde hace mucho han asistido perplejos es el siguiente: un acuerdo inequívoco de insistir en la demencial empresa de la independencia y la elevación a candidato a la presidencia de un personaje con tan tenebrosos augurios como Carles Puigdemont. Ya llevo tiempo diciendo esto: la espiral de insensatez a que los independentistas han llevado a Cataluña me produce auténtico miedo, miedo que se agranda al ver el talante provocador, irresponsable y agresivo que exhiben la mayoría de sus líderes, demostrado constantemente en hechos, posturas y palabras.
   Pero si la locura se ha asentado en Cataluña, no tiene por qué haberlo hecho en el conjunto de España. En estos días, estamos contemplando las maniobras previas a la constitución  del gobierno que habrá de salir de las últimas elecciones. A mi modo de ver, se perfilan dos posiciones: la constructiva y con apelación a un gran consenso en el que se aborden soluciones a los principales problemas del país (entre ellos, la seria amenaza separatista) y la de quienes exploran salidas pretendidamente rupturistas y de carácter parcial. En el primer grupo están el PP y Ciudadanos, y esto no son especulaciones mías, sino que se avala por sus repetidos llamamientos; en el segundo, están Pedro Sánchez con su frente no sé muy bien si progresista o izquierdista y Pablo Iglesias con su para mí inesperado -y me temo que suicida- empeño en la celebración de una consulta en Cataluña. No sé si Sánchez considerará progresistas a grupos como el PNV, Ezquerra o CDC, pero me temo que tendría que hacer filigranas para demostrarlo; no sé qué espejismo estará llevando a Pablo Iglesias a creer que una formación nacida del 15-M tiene que anteponer esa pretensión elitista y segregacionista de la consulta, pero algo me dice que le va a restar muchos apoyos. 
   La actual situación hace que me parezca muy razonable la formación de un amplio consenso frente a los problemas importantes y las amenazas graves, y esa bandera, hoy por hoy, quienes la están alzando son Mariano Rajoy y Albert Rivera; quienes no atiendan a su llamada a rebato puede que cometan un gran error, error que, si terminamos llegando a unas elecciones anticipadas, me temo que pagarán muy caro. ¿Acabaremos viendo que entre Mas, Puigdemont, la CUP, Pedro y Pablo le dan al PP una nueva mayoría absoluta?

martes, 29 de diciembre de 2015

Caso Sergi Guardiola: por si quedaban dudas acerca de la catadura del independentismo

   Supongo que todos estaréis enterados del asunto Sergi Guardiola, el joven jugador al que el Barcelona C. F. rescindió contrato fulminantemente y pocas horas después de haberlo fichado, al enterarse de que, en octubre de 2013, o sea, hace más de dos años y cuando el chaval tenía 22, dejo escritas las siguientes blasfemias:
   Puta Cataluña.
   Hala Madrid.
   Además de la lejanía en el tiempo, tan grave ultraje se plasmó, como sabéis,  en uno de esos intercambios de tuits entre amigos en los que la gente escribe sin inhibiciones las cosas que se le ocurren cuando está -o cree estar- entre los suyos, por lo que se toma la libertad de hablar en serio, en broma o como le dé la gana, y tampoco debe echarse en saco roto que este muchacho, como millones de personas en el mundo, dos años antes de fichar por el Barça, no le debía la menor fidelidad, pero, aun en el supuesto de que se la hubiera debido, ¿tan graves son esas palabras, inscritas en un contexto indiscutiblemente jocoso, como para que el Barcelona haya actuado de forma tan desmesurada? A mí me parece que no, pero es evidente que en Can Barça se toman muy en serio el sacrosanto nombre de Cataluña y la saña contra el Madrid, que, por lo visto en este asunto, es requisito indispensable y con retroactividad para lucir la camiseta blaugrana.  
   Dichas estas cosas, recordaré que yo soy del Barça de toda la vida, incluso desde aquellos tiempos en que  perdíamos hasta el apellido. Y también soy catalán y español, por lo que este asunto, a pesar de que no deja de ser menor, para mí (que soy de esos catalanes y españoles que se indignan por la división, el miedo, la confusión y, ya últimamente, hasta el esperpento en que el independentismo ha sumido a Cataluña y que se abochornan del secuestro a que este totalitarismo ha sometido al F. C. Barcelona), tiene un trasfondo muy inquietante. ¿Por qué? Primero, porque demuestra la intolerancia que reina en este gran club, reflejo inevitable de la del independentismo que lo tiene en un puño; segundo, porque, al recordar ahora la cantidad de veces en que el himno, la bandera y hasta el jefe del Estado españoles han sido sometidos a ultrajantes pitadas por parte del hooliganismo futbolero-catalanista -ante el silencio circunspecto de los sucesivos presidentes de la entidad y hasta, en cierta memorable ocasión, la estúpida sonrisa de un tal Artur Mas-, me pregunto esto: si a una pequeñez como la de Sergi Guardiola el club le ha dado tanta importancia, ¿no habrá que concluir que, medidas por su rasero, las pitadas de que hablo fueron una ofensa colosal?
   En conclusión, viendo lo desproporcionada que es la veneración de los nacioanlistas hacia sus símbolos, podemos ver lo brutal que es su carácter excluyente y el desprecio que deben de sentir hacia sus adversarios. Y me hago esta pregunta: visto lo de Sergi Guardiola, ¿qué le pasaría en esa pretendida Cataluña independiente al que un día osara silbar al himno y a la bandera? Que nos lo digan el presidente del Barcelona, Raúl Romeva, Carmen Forcadell o Neus Munté, que van por ahí dando lecciones de democracia.