martes, 18 de septiembre de 2018

Donde estén los planes de Batet, que se quite la tesis de Sánchez

   Con el jaleo de la tesis doctoral de Pedro Sánchez -sobre la que se ha escrito mucho y yo recomiendo estos dos artículos: Usted no es una persona decente (de Arcadi Espada) y Antropología (de Jon Juaristi)-, pasó casi desapercibida una entrevista que el domingo 16 le hicieron en "El País" a doña Merichel Batet, la cual se encabezaba con este titular:
        Si esto no es presionar y demonizar al poder judicial, que venga Dios y lo vea. La entrevista es una operación de propaganda que solo puedo calificar con una palabra: sucia, y que cuenta con la complicidad del propio medio, el cual rema en la misma dirección que la entrevistada, como deja bochornosamente claro el entrevistador, Carlos Elordi Cué, ya desde la primera pregunta, que reproduzco a continuación:
        Parecía que el independentismo estaba dividido, débil, pero en la Diada volvió a llenar las calles de Barcelona reclamando independencia. ¿Ese movimiento es imparable?
        Ahí queda eso, para regocijo del separatismo y para abrirles la puerta de par en par a las propuestas cómplices y entreguistas de la señora Batet y su Gobierno. Creo que deberíais leer la entrevista completa, pero, para los que no tengáis tiempo, dejo aquí algunas de las cosas más notables que dice la ministra de... no sé muy bien de qué es ministra la entrevistada.
        -Percibo voluntad de diálogo (en el Gobierno catalán). Parece que la interlocutora de ese Gobierno tan "dialogante" no se ha enterado de lo que está impulsando en las calles de toda Cataluña, desconocimiento que resulta muy grave.
      -Sobre presos podíamos hacer una cosa y la hicimos, que fue trasladarlos. Ahora están en cárceles catalanas, cuya competencia es de la Generalitat. Esto es vender como un logro lo que es en realidad una claudicación vergonzosa.
        -Hay que hacer un referéndum sobre un acuerdo. El solo hecho de convocar un referéndum constituiría una importante victoria para los golpistas y no estará de más recordar que, hasta hace bien poco, la señora Batet era partidaria de eso que los separatistas llaman derecho a decidir, lo que hace que resulte inquietante que ocupe hoy el cargo que ocupa.
       -El señor Torra es president de la Generalitat. Es una institución democrática con la que tenemos que ser capaces de entendernos. La legitimación de un totalitario  como Torra que estas palabras representan no resulta un desliz sin importancia. Torra, además, no desperdicia una sola ocasión de ofender a España, a su sistema político, a los símbolos de todos, a los españoles y al rey. ¿De qué lado están la señora Batet y el Gobierno?
          -Se le pregunta si es partidaria de indultar a los políticos presos y responde: Soy partidaria de no hacer futuribles. No me quiero poner en ese escenario. Yo me ocupo de cuestiones sobre las que puedo hacer cosas. Si no se ha limitado a responder que no, entiendo que es partidaria de indultar a esos procesados, que lo están por querer dinamitar el país; la verborrea elusiva ya engaña a muy pocos, entre los que no me incluyo.
     Creo que lo que dice la señora Batet, la ministra que se ocupa de dirigir ese disparate de las negociaciones con los totalitarios, es alarmante, porque revela que los planes del Gobierno ante el golpismo separatista consisten simplemente en ponerse de rodillas. A mí por lo menos, esto me preocupa mucho más que el asunto de la tesis, que no va a servir para echar a Sánchez de donde está para mal de todos ni añade nada nuevo sobre lo que ya sabíamos que podíamos esperar de él. 

domingo, 16 de septiembre de 2018

Una guía sobre medicina y otra sobre música

   Los que leéis este blog sabéis que en la columna de favoritos de la derecha tengo enlazado desde hace mucho uno que se titula Medicina y Melodía, cuyo autor es José Manuel Brea Feijoo. José Manuel y yo somos amigos desde hace casi cuarenta años, pues coincidimos haciendo el servicio militar en Pontevedra. Entonces él era un joven médico y, entre las cosas que teníamos en común, estaba la afición a la música. Con el paso del tiempo, naturalmente, su trayectoria profesional se amplió y enriqueció y, en lo referido a la música, sus conocimientos se profundizaron hasta el punto de que aquella condición de aficionado quedó atrás y pasó a convertirse en un experto que ha colaborado en publicaciones, páginas de internet y programas radiofónicos. De esa doble pasión por la medicina y la música, nació hace muchos años ese blog en que tan interesantes cosas nos cuenta y ahora ha dado como fruto las dos guías de las que os voy a hablar en este artículo. 
   La primera de ellas se titula Guía de humanidades médicas. En más de una ocasión, habremos visto en los artículos de Medicina y Melodía esta frase de Edmund Pellegrino: "La medicina es la más humana de las ciencias y la más científica de las humanidades". Está también como cita liminar al principio del libro y da perfecta cuenta tanto de las inquietudes del autor como de la línea maestra de su contenido: presentar los campos de coincidencia entre estas dos importantes esferas de la actividad humana, campos que no son escasos ni intrascendentes. De manera ágil y amena, José Manuel Brea nos explica los conceptos esenciales en torno a temas como la bioética médica, el derecho sanitario o la eutanasia como problema médico, nos transmite un interesante caudal de reflexiones bajo el título común de "aforismos médicos" o nos da a conocer lo más importante de las biografías de grandes figuras que pertenecieron al mundo de la medicina, pero al mismo tiempo cuidaron una rica producción humanística, tales como Gregorio Marañón o Santiago Ramón y Cajal, entre otros.  
   La segunda se titula Sonoridades clásicas y representa un utilísimo compendio de una serie de conocimientos básicos sobre la música, especialmente, la clásica: formas musicales, elementos fundamentales, historia, periodos principales o figuras más importantes y sus obras. Es ameno e instructivo y su lectura resulta agradable. 
   Desde aquí felicito a mi amigo José Manuel -al que ahora que me despido me permitiré la informalidad de llamarle Pepe- por la publicación de ambos libros.  

lunes, 10 de septiembre de 2018

Móviles en las aulas: ni Delibes, ni Celaá, ni "ná de ná"

   Después de estar hace unos días a punto de sufrir un ataque cardiaco por el precedente ataque de risa que me produjo la ministra de Educación con su anuncio de que el Gobierno estudiaba la posibilidad de prohibir los móviles en las aulas, hoy han estado a punto de salírseme los ojos de sus albacetes, digo de sus cuencas, cuando he leído una columna de "El Mundo" titulada Estudiar a otra Delibes, en la que su autora, Berta González, presentaba a la que fuera viceconsejera de Educación de Lucía Figar entre 2007 y 2015 como el modelo a seguir en materia de legislación educativa. ¿En qué se fundamenta? En un hecho innegable: que la señora Delibes impulsó en la comunidad de Madrid una normativa que ya en 2007 prohibía el uso de los móviles en las aulas. Pero este mérito debe ser analizado más a fondo, porque a menudo sucede que detrás de unos hechos innegables vienen otros hechos también innegables que los anulan, los invalidan o los pervierten, y así ha ocurrido en este caso, vayamos por partes.
   En lo tocante al anuncio de la señora Celaá, me voy a extender poco, ya que hay poco que decir en materia educativa cuando se habla del PSOE, el partido que es con diferencia el que más daño le ha hecho a la enseñanza española, especialmente (pero no solo), por la catastrófica LOGSE y el discurso contrario al conocimiento, el esfuerzo, la cultura, el respeto y el juego limpio que esa ley impuso en ella como marco referencial y de corrección política. Que ahora el PSOE venga diciendo que a lo mejor prohíbe los móviles para disminuir la adicción digital de los estudiantes cuando hace no tanto, con el nefasto Zapatero, impulsó una demencial invasión de ordenadores y tabletas en las aulas, es algo que produce repugnancia, pero el Gobierno no se queda ahí en su escalofriante frivolidad, sino que reconoce que estudia esa medida siguiendo el ejemplo de Francia. Uno podría preguntarse: ¿y qué narices importa Francia? La enseñanza francesa tiene sus circunstancias y nosotros tenemos las nuestras, y son estas las que el Gobierno debería conocer y tomar como motivación de sus actuaciones: si se decidiera a hacerlo, vería que además de los móviles hay otras cosas que se deberían eliminar de la enseñanza, tales como la indisciplina, la grosería o la falta de estudio. A este Gobierno infantil que padecemos podría decírsele aquello que nos decían nuestras madres cuando éramos niños: ¿y si Macron se tira a un pozo vosotros y vosotras os tiráis a un pozo?
    Tampoco habrá mucho que decir en torno al almibarado artículo de doña Berta González, que apostaría algo a que de vez en cuando merienda con Alicia Delibes. El Decreto 15/2007 de la Comunidad de Madrid es, en efecto, una excelente norma para la defensa del orden y la buena convivencia en los centros educativos y en algún artículo de este blog se lo agradecí a doña Esperanza Aguirre, como aprovecho ahora para agradecérselo a las señoras Figar y Delibes. Voy más lejos: cuando se implantó, el equipo directivo del centro en que yo estaba entonces, que era tan progre que no podía soportar la existencia de una norma tan facha, tan sancionadora de los gamberros y tan del PP, tuvo la progresista ocurrencia de intentar hurtar al profesorado la información sobre esta medida a la que la ley le obligaba, lo cual me forzó a impugnarles el claustro más vergonzoso al que he asistido en mi vida, una cosa bolivariana, lo menciono en Lo que estamos construyendo, ese librito del que acabaré comiéndome con patatas un buen montón de ejemplares. ¿Cuál es el problema, entonces? Uno muy típico en nuestra España querida: que esa estupenda norma los encargados de aplicarla se la pasan por el c _ _ _. Así lo hicieron en ese centro y en otro en el que estuve después: durante los diez años que van de 2007 a 2017, sus equipos directivos, ante constantes y numerosos actos de gamberrismo, indisciplina y, muy especialmente, falta de respeto a los profesores, se inhibieron en la aplicación de la norma sancionadora, aplicaron paños calientes en defensa de los infractores y dejaron a los perjudicados en la absoluta desprotección. Lo he visto y lo he padecido en múltiples ocasiones concretas, ante alumnos cavernícolas y padres más cavernícolas aún, y no solo eso, sino que no han sido pocas las ocasiones en las que he visto a directores y jefes de estudios no ya "ser comprensivos" con los energúmenos, sino ponerse abiertamente de su lado. En cuanto al tema concreto de los móviles, recuerdo una anécdota realmente chusca en un claustro de inicio de curso, hará tres o cuatro años: un jefe de estudios dijo que tendríamos que "aprender a convivir con ellos". Los profesores nos quedamos con cara de idiotas, hasta que alguien le pidió que aclarase lo que quería decir, pero no voy a castigaros con la "aclaración". Doy por supuesto que todos sabréis muy bien que estas cosas pasan y han pasado en muchos centros de Madrid, y no solo en los míos.
   ¿Y la inspección qué hacía? Me da la risa amarga. ¿Y la Administración? Ídem, y si alguien duda de su abandono en este terreno, que consulte los múltiples estudios que hay, las denuncias ante los sindicatos o incluso ante la propia Administración, pero ya señalo otro secreto a voces: que, en el caso de los profesores, estas últimas serán muchas menos de las que debieran, pues han estado restringidas por el hecho de que los despachos les inspiraban más miedo que confianza, también hablo de ello en mi librito. Este es, en conclusión, el inconveniente que descalifica a Alicia Delibes como referente en materia de disciplina escolar: su discurso era impecable, pero ha sido sistemáticamente traicionado por la Administración en la que ella misma ha ocupado un altísimo cargo durante ocho años. No basta con predicar, hay además que dar trigo, así que el articulito de doña Berta González es pura inconsistencia.
    En conclusión, cuando desde cualquier instancia política española se me habla de controlar el mal comportamiento en los centros, no me creo ya ni una sola palabra: ni Delibes, ni Celaá, ni "ná de ná"; el actual sistema educativo y sus valedores no me inspiran la menor confianza y solo empezaré a prestar atención a quien haga algo (HAGA, no diga) que vaya en la línea de fomentar el trabajo, el respeto, el estudio, el esfuerzo y el recompensar a cada cual según sus méritos.    

domingo, 9 de septiembre de 2018

Un mindundi

   Aun en el supuesto de que Pablo Casado no hubiera incurrido en ninguna irregularidad con el famoso asunto de su máster en Derecho Autonómico y Local (está bastante bien explicado en este artículo), parece bastante claro que le va a representar un pesado lastre en su carrera política, por motivos tan contundentes como estos: le ha llevado a estar investigado en los tribunales; es el mismo esperpéntico máster que desató la caída de Cristina Cifuentes; es, por tanto, un máster bajo la sombra de la sospecha y que pone a Casado en relación muy directa con personajes tan oscuros como el exrector Fernando Suárez o Enrique Álvarez Conde (director de ese pseudomáster) y, por último y lo más grave, es sin la menor duda un máster fraudulento, un simulacro de mérito educativo por el que se pagaba un título sin haber aprendido ni haberse cualificado nada, lo que representa que Casado, de manera consciente, ha incluido en su ejecutoria una falsedad. Sabemos que, inexplicablemente, España sigue siendo un país que perdona estas cosas a sus políticos, pero también sabemos que ahora les pasan alguna factura, siquiera mínima.
   Aunque de momento para Casado parece que no es muy alta, a juzgar por su victoria en las primarias del PP. Cuando, a pesar del asunto del máster, se presentó a la carrera por el liderazgo de su partido, me pareció que era muy temerario, estaba huyendo hacia delante o las dos cosas y dudé de que tuviera la menor opción de ganar; cuando, con todo y con eso, ganó, entendí que se había beneficiado de que el equilibrio entre sus dos rivales -cualquiera de ellas, de una talla infinitamente mayor que la suya- había imposibilitado que ninguna de las dos se impusiera sobre la otra y había terminado beneficiándole a él; no obstante, me pareció que el PP había cometido un error colectivo un tanto inexplicable a la vista de lo que había, error colectivo que tampoco sorprendía si se miraba hacia lo ocurrido en las filas del PSOE con Pedro Sánchez, a quien Casado se parece en que es también un profesional de la política con más deméritos que méritos: estos son los perfiles que se están imponiendo en nuestros tiempos, habremos de aceptarlo. 
   ¿Qué ha hecho Pablo Casado hasta ahora? Básicamente, hablar: decir lo que no le gusta o sí le gusta, exigir cosas al Gobierno y presentar las líneas maestras de las políticas que algún día, si ese día llega, aplicará. Es lo normal cuando se está en la oposición, pero desde hace algún tiempo se ha dedicado a hacer algo que me parece inaceptable: atacar a Ciudadanos por su participación activa en batallas como la retirada de lazos amarillos en Cataluña. El pasado 18 de agosto, se pronunció contra ello diciendo que "El PP no va a ir a las calles de Cataluña a generar crispación" y ayer mismo, en una Junta Nacional de su partido con unas ausencias que deberían preocuparle, insistió en esa misma idea, esta vez de forma más indirecta, comparando lo de hoy en Cataluña con lo de antaño en el País Vasco, y dejando una frase que merece la pena reproducir:
   No da igual cómo recuperemos los espacios públicos […], tenemos que hacerlo a través de las instituciones. No habríamos ganado nada entrando en las herriko tabernas para enfrentarnos a ellos.
   Que Casado haya  dicho que los que quitan lazos amarillos generan crispación es una bajeza de gran calibre, porque representa que es capaz de cualquier cosa con tal de descalificar a quien cree que le va a quitar votos. La crispación no la generan quienes quitan lazos amarillos, sino quienes los ponen (y hacen además otras cosas mucho peores, como debería saber el señor Casado), esos separatistas a quienes él da munición con declaraciones así. Es una triste ironía, por otra parte, eso de que el PP no vaya a ir a las calles de Cataluña a generar crispación, porque la realidad es que el PP a Cataluña no va a ir ni a eso ni a nada, ya que en aquella región está prácticamente barrido, y quizás sea porque ha estado muchos años pasivo ante los abusos que se cometían allí, y por eso ahora les está sobrepasando un partido que, como Ciudadanos, ha decidido no quedarse callado ni de brazos cruzados. 
   Luego está la frasecita relativa al País Vasco, que hace pensar que quizás Pablo Casado no tenga mucha idea de lo que ocurrió allí durante los trágicos años del terrorismo, ya que con ella defiende sin duda la pasividad ciudadana, cuando precisamente esa pasividad se está señalando desde hace mucho como uno de los factores que favorecieron a ETA, a Herri Batasuna y a todos sus cómplices, ya fueran movedores de árboles o recogedores de nueces. Antes de hacer esa frasecita y esa desafortunada exageración de las herriko tabernas, debería haber pensado en el colectivo Basta Ya o en María San Gil (que es de su partido), o haberse dado un paseo por las hemerotecas, o haber leído Patria. El callarse la ciudadanía y dejar las cosas en manos de las instituciones durante años no ayudó nada, aparte de que fue una lacra, entre otras cosas, porque las instituciones, en el País Vasco y más aún en Cataluña, con más frecuencia de la razonable fueron muy poco diligentes o mostraron una pasividad cómplice. Después de haber visto durante décadas como los gobiernos del PP y del PSOE dejaban hacer en asuntos como la inmersión lingüística, la rotulación de establecimientos, la manipulación informativa, el destierro de gente que estorbaba al nacionalismo, el adoctrinamiento educativo, desafíos como los de 2014 y 2017 o el hostigamiento a los no nacionalistas, demuestra un enorme cinismo (porque ignorancia no es) el señor Casado cuando condena a quienes quitan lazos amarillos o dice esa bobada de que los espacios públicos se recuperan a través de las instituciones. Y lo dice, para colmo, en un acto en el que reclama la aplicación del 155 con una dureza que su partido evitó. El de 2017 fue lo que fue porque lo decretó el timorato Rajoy cercado por un PSOE acomplejado y calculador; cuando se aplique en 2018 -que habrá que aplicarlo más pronto que tarde, a lo mejor dentro de tres días- ya veremos lo que sale, con Sánchez y Casado a los mandos y Podemos en la vicepresidencia virtual. 
   El máster y su currículum hacían de Pablo Casado un político que generaba desconfianza, pero este postureo de los lacitos y de pedir a los demás dureza mientras él se limita a mirar lo retrata como un mindundi de la política.

jueves, 30 de agosto de 2018

Aplausos para Arcadi Espada y Troqueliano

   Empezaré con Arcadi Espada. A través de un brillante artículo de Cayetana Álvarez de Toledo titulado Nada más que hacer, me enteré de que, en un encuentro radiofónico entre el señor Espada y Albert Rivera, al reconocer este que no había quitado ningún lazo amarillo, el escritor le hizo ver la incongruencia que existía en ser el líder de la formación que llama a quitar esos lazos y no haber quitado ni uno. Tenía toda la razón Arcadi Espada, sobre todo si se piensa en la gravedad de la guerra en que está inscrita esta rebelión contra los lazos y en que es una acción que el totalitario Torra ha convertido en clandestina y peligrosa, no en vano los que la llevan a cabo ocultan su identidad. Esto ha movido a Rivera a ponerse las pilas y hoy, acompañado de Inés Arrimadas, ha quitado públicamente unos cuantos lazos. ¿Qué se gana con esto? Mucho, porque la guerra de los lazos tiene una fuerte dimensión simbólica y el hecho de que ese símbolo, personalizado en dos políticos con tanta aceptación, haya aparecido hoy en todos los medios escritos y televisivos lo ha sacado de ese medio anonimato de la lucha clandestina y nocturna y lo ha hecho visible para millones de personas de España y el mundo entero que lo desconocían. Se daba por hecho que esto no iba a gustar al independentismo, pero no estaba claro que fuera a desagradar en otros sectores, como el PSC (véase aquí la equidistancia de Jaume Collboni) o la izquierdísima (véase aquí cómo da la noticia eldiario.es). Es bueno que algunos se vayan retratando. ¡Ah!, por cierto: el artículo de la señora Álvarez de Toledo me parece brillante sobre todo por una cosa: califica a Iceta de "gran burro de Troya de la democracia". No puede estar más acertada.
   Por todo esto, ¡UN FUERTE APLAUSO PARA ARCADI ESPADA!
   Vamos ahora con Troqueliano, o, para ser exactos, @troqueliano, personaje del que solo sé dos cosas: que es profesor de francés y que ha sido quien ha pillado a Puigdemont en su enésima canallada: la de manipular en la traducción las palabras del juez Llarena sobre las que ha basado su querella en Bélgica. Esta historia ya es bien conocida: lo que ha hecho el equipo del ¿Honorable? fugado en un maletero ha sido transformar una condicional en una afirmación categórica, para convertir en punibles unas palabras de Llarena, pero esto está mejor explicado en este enlace: traducción falseada. En él puede no solo verse el proceso de manipulación en el vertido de una lengua a otra, sino también el valioso juicio de Troqueliano, quien, como experto en la materia, dictamina que un error así no puede ser involuntario, sino que de hecho es más fácil traducir bien esas palabras que enredarse en la manipulación presentada por el equipo del Hombre del Maletero. El hallazgo de Troqueliano, este sagaz ciudadano anónimo, es importantísimo, por las siguientes razones:
   -Pone de manifiesto que en la vida hay que estar muy atentos. No sé exactamente a quién corresponde esto en el entorno del juez Llarena, pero es evidente que alguien en ese ámbito tenía que haber descubierto esta trampa sin tener que llegar a la afortunada y diligente intervención de Troqueliano: si él no hubiera estado ahí, Pigdemont nos habría dado a los españoles una nueva puñalada impregnada de su odio demencial. Está visto que con los independentistas no se puede bajar la guardia ni un segundo, porque te colocan la manzana agusanada al menor descuido.
    -El intento de echar m_ _ _ _ _ sobre España que representaba esta querella se ha frustrado,  y no solo eso, sino que se ha vuelto contra su firmante: ahora ya hay el mundo más gente que sabe que Pigdemont es un embustero miserable y sus propuestas son un miserable montón de embustes.
    -La cosa puede tener una deriva mayor, porque, si realmente hubiera justicia en el mundo, puesto que esta jugada encaja dentro del delito tipificado de la estafa procesal, al ¿Honorable? debería abrírsele un nuevo frente en los tribunales.
         Por todo esto, ¡UN FUERTE APLAUSO PARA TROQUELIANO!
            Está claro que muchas veces se dan pasos importantes gracias a personas con coraje que se deciden a actuar por su cuenta, riesgo y responsabilidad.

sábado, 25 de agosto de 2018

¿Y por qué feminista?

   Hoy se ha reunido en Quintos de Mora el Gobierno para empezar a diseñar la agenda política de cara al curso que muy pronto se iniciará. Entre las pautas que se han adelantado, destaca un anuncio difundido por el propio Pedro Sánchez en Twitter, esa pista de patinaje de nuestros tiempos en la que tantos batacazos acostumbran a darse los políticos actuales: que el Gobierno trabajará "por un país más justo y solidario, igualitario feminista". No tengo la menor objeción al propósito de vivir en un país más justo, solidario e igualitario, porque la justicia, la igualdad y la solidaridad son aspiraciones humanas cuyo valor positivo es universal, lo que las haría beneficiosas y deseables para comunidades de cualquier época, lugar y circunstancia social, política, económica o cultural, incluso, paradójicamente, para aquellas que no las practicasen o las rechazasen. Sin embargo, el cuarto invitado a esta frase, el adjetivo "feminista", desentona por completo en la serie, ya que carece de la universalidad de los otros tres, pues el feminismo es una corriente ideológica, una opción filosófico-política particular con la que se puede estar de acuerdo o en desacuerdo, y no solo eso, sino que -ni la propia Carmen Calvo me lo podría discutir- junto a propuestas, concreciones y actuaciones muy loables, ha tenido en su historia otras muy desafortunadas.
   Así pues, debería hilar más fino Pedro Sánchez, porque desde su cargo está muy bien que intente reforzar en el país valores generales como la justicia, la solidaridad y la igualdad, pero puede ser un error el querer imponernos a todos opciones particulares, como es el caso del feminismo.
   Por muchas virtudes que tenga el feminismo o le quieran atribuir sus entusiastas -entre los que parece contarse nuestro presidente-, su inequívoco carácter partidario lo invalida automáticamente para una propuesta de carácter integrador, como deben ser las de los gobiernos democráticos. Conocidas las personales inclinaciones del ya expresidente Mariano Rajoy, ¿qué hubiéramos pensado si un día se hubiera despachado con un tuit anunciando que iba a trabajar "por un país más justo, solidario, igualitario y madridista"? No lo habríamos entendido muy bien, a pesar del excelso palmarés del Real Madrid. Pero, ya en serio: donde acabo de poner madridista y Sánchez ha puesto feminista, pongan ustedes, por ejemplo, derechista, progresista, comunista, socialista, papista, abortista, antiabortista, animalista, taurino, cristiano, musulmán, ateo, budista, vegano, puritano, nihilista, neoliberal, ácrata o creacionista. ¿Lo han visto, verdad? Se puede ir tranquilamente por el mundo -o, al menos, por los países más tolerantes- siendo cualquiera de esas cosas y, de hecho, muchas de ellas tienen millones de adeptos, pero serían inaceptables colocadas donde les he pedido. Exactamente lo mismo pasa con feminista. Insisto en que Pedro Sánchez debería medir bien sus declaraciones y, mejor todavía, sus  proyectos.  

jueves, 16 de agosto de 2018

El penúltimo hachazo del Torra al Estado autonómico

  Leo en "El País" un artículo que cuenta que el Torra ha recolocado en nuevos chollos a 90 de los personajes que fueron desalojados de sus puestos cuando se aplicó el artículo 155 en Cataluña. La escalada de provocación del actual caudillo del nazionalismo catalán no solo no cede, sino que se incrementa con un acto tan burdo como conceder sueldos sacados del erario público español a personas implicadas en un golpe de Estado contra la democracia española. Con ser esto ya lo más grave, no perdáis de vista la letra pequeña de la operación, que la hace aún más bochornosa, os dejo aquí algunas pinceladas: Luis Puig y Merichell Serret, exconsejeros hoy fugados en Bélgica, han sido premiados con cargos remunerados con sueldos de más de 80.000 euros anuales (la señora Serret, además, será la delegada del Gobierno catalán ante la UE, cargo que, si ya era de por sí poco sostenible, pasa a ser esperpéntico al ser ocupado por una golpista); un tal Alexis Serra, se va embolsar 73.000 euracos anuales por hacer de Coordinador para el Impulso de la Reforma Horaria; excepto el pobrecito infeliz de Aleix Clarió, que cobrará solo 54.019 euros por hacer de asesor en comunicación digital, todos los demás agraciados por esta entrada a saco en los presupuestos para colocar a esbirros golpistas cobrarán más de 60.000 euros, pero la mayoría percibirán entre los 75.000 y los 85.000. ¡Ah!, y esto es solo el principio, porque, en cuanto el Torra se permita el inaudito desplante que ya tiene proyectado de reabrir el Diplocat, la cosa irá a mucho más.  Si queréis ver hasta donde llega por el momento, os sugiero que leáis el artículo completo, que me suscita las siguientes reflexiones:
    -Que, si este fuera un país sensato, ya se estaría preparando un nuevo 155, pero auténtico, es decir, muchísimo más contundente que el anterior, porque no es admisible que estemos pagando puestazos a golpistas para que sigan conspirando. Ya me imagino que Sánchez & Calvo estarán en ello.
     -Que al Torra, lo mismo que se está haciendo ya con el Torrent, se le debería empezar a abrir el camino hacia Estremera cuanto antes.
       -Que el Estado de las Autonomías no va a salir vivo de esta. Hace ya seis años, cuando, ingenuo de mí, creía que este país podía regenerarse, escribí un artículo con profusión de datos sobre la vergüenza de los sueldos de los cargos autonómicos y municipales, mientras que hace solo unos meses hice un breve repaso a la espeluznante hoja de abusos y delitos de los presidentes autonómicos. Solo con lo que se dice en esos artículos, habría suficiente para haber desmantelado hace tiempo el chiringuito autonómico, pero, lejos de hacerlo, la cosa sigue empeorando: el presidente del Gobierno de la nación gana hoy 80.953 euros, y un ministro, 71.424, compárese con las cifras que se están manejando en esta noticia o con los 147.000 euros anuales que le estamos dando al Torra por sembrar el odio en España y pretender romperla. Y esto, para mayor escarnio, en un contexto donde el golpismo separatista se permite seguir abiertamente con sus planes, agredir a los que no comulgan con sus burradas o, como vemos hoy, compensar a sus huestes con el dinero del país que pretenden romper: ¿hay marco de convivencia mínimamente decoroso que aguante esta locura? Y eso, sin contar con lo que pueda pasar mañana. El Estado de la Autonomías, tal y como está concebido hoy, lleva camino de traernos la ruina, la ruptura, la contienda o la unión y superación de todo ello.