lunes, 31 de diciembre de 2018

Parecidos delirantes razonables

    Mire bien estas dos imágenes:



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                 Personaje número 1                                             Personaje número 2
    Se trata de dos conocidísimos personajes de indiscutible parecido físico, pero luego se diferencian en muchas cosas. ¿Quiere comprobar la profundidad de sus conocimientos acerca de estas celebridades? Rellene el siguiente test gentileza del guachimán:
Diferencia
Personaje
Su jefe es tan tonto como él, pero al menos es una persona sensata.

Su jefe es tan tonto como él, pero, a la hora de cometer disparates, la cosa no está tan clara: se dan de guantazos por ver quién lo hace más gordo.

Es un tipo divertido que ha hecho reír a millones de personas.

Es un cenizo que dan ganas de bostezar con solo verlo.

Es un personaje universal valorado en países de todo el mundo.

Es un tipo siniestro cuyos actos pueden acabar teniendo resultados catastróficos.

De vez en cuando se le ocurre alguna trastada, pero en general es un personaje bienintencionado.

De vez en cuando, dice alguna verdad.

Parece ser que ha viajado algo, pero nunca ha dejado de ser un cateto convencido de que su aldea es el Paraíso, lo más de lo más.

Difícilmente encontraremos algo más envenenado que sus intenciones.

De vez en cuando, dice alguna mentira, mentirijilla más bien.

Es un tipo catastrófico, pero los efectos de sus catástrofes duran, todo lo más, hasta la siguiente viñeta.

   ¿Le ha resultado muy difícil? Supongo que no. ¡Feliz 2019!

martes, 25 de diciembre de 2018

De la broma al esperpento

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Pedro Sánchez y Joaquín Torra hablando de sus cosas
 El 31 de diciembre pasado, escribí mi último artículo de 2017, que titulé Encuentro histórico entre Puigdemont y Rajoy y consistió en una noticia falsa que me inventé, en la cual "informaba" sobre una falsa entrevista entre ambos políticos, sujeta a unas pautas falsas supuestamente impuestas por Cocomocho.
    Si me hubieran dicho entonces que un año después iba a poder escribir un artículo sobre un encuentro parecido a ese -es decir, celebrado entre un presidente del Gobierno español y otro de la Generalidad y con unos planteamientos disparatados-, pero verdadero, no me lo habría creído. Pero así fue: sucedió el pasado 20 de diciembre, como todos sabéis, con la reunión entre Torra y Sánchez cuyo resultado fue un comunicado conjunto posterior, os recuerdo el texto, que es muy breve. Los Gobiernos dirigidos por ambos mandatarios señalan que:
    
Coinciden en la existencia de un conflicto sobre el futuro de Cataluña. A pesar de que mantienen diferencias notables sobre su origen, naturaleza o sus vías de resolución, comparten, por encima de todo, su apuesta por un diálogo efectivo que vehicule una propuesta política que cuente con un amplio apoyo en la sociedad catalana.
Por ello, y con el objetivo de garantizar una solución, deben seguir potenciándose los espacios de diálogo que permitan atender las necesidades de la sociedad y avanzar en una respuesta democrática a las demandas de la ciudadanía de Cataluña, en el marco de la seguridad jurídica.
La vía del diálogo requerirá del esfuerzo de todas las instituciones, de los actores políticos y de la ciudadanía. Ambos gobiernos se comprometen a trabajar para hacerlo posible.
    El soporte humorístico de mi artículo del año pasado consistía en montar una noticia absurda sustentada en un disparate: que Rajoy había cedido a unas prepotentes condiciones que por entonces le había puesto Puigdemont y le había acabado concediendo una entrevista, una negociación y hasta la independencia de Cataluña. No es que Rajoy fuera maravilloso, porque cometió muchos errores, pero en este asunto del desafío separatista, al menos, jamás habría caído en cesiones tan vergonzosas como las que le ha regalado Sánchez a Torra. Entregas tan humillantes que en Rajoy -y en cualquier gobernante mínimamente sensato- nos habrían parecido un chiste absurdo e imposible, Pedro Sánchez las ha hecho efectivas, voy a enumerar unas cuantas:
   -En primer lugar, mientras que Rajoy se negó a conceder estatus de interlocutor a un Puigdemont que se había puesto en contra de la legalidad, Sánchez sí se lo ha dado, porque esta reunión entre Torra y él es en realidad una propuesta de Cocomocho (amo del capataz Torra) que Moncloa aceptó y se fraguó con los celestineos de Pablo Iglesias.
   -En segundo lugar, está el propio ceremonial: llámesele cumbre, reunión o cita a ciegas, el hecho es que el encuentro se produjo. Nuevamente el presidente del Gobierno español dio legitimidad a un personaje (en este caso, Torra) que por sus actos, palabras, políticas e intenciones declaradas se señala como un enemigo de la democracia y de ese país que Pedro Sánchez preside.
   -En tercer lugar, está el comunicado que tenéis unas líneas más arriba, que ha sido comentado por muchísimos analistas, los cuales (salvo los vergonzosamente cegados por la parcialidad) han advertido que tanto su lenguaje como sus vaporosas propuestas son una calculada declaración favorable a los planes del separatismo. Os entresaco algunos de los puntos que más se han señalado: la no mención de la Constitución, su sustitución por un ambiguo "en el marco de la seguridad jurídica", la velada alusión en el último párrafo a que esas instituciones refractarias (el rey, la judicatura...) acabarán teniendo que someterse al enjuague que se acuerde en su día, la posible interpretación del primer párrafo como una alusión a un referéndum pactado, la identificación -con ese "demandas de la ciudadanía de Cataluña"- entre los deseos del separatismo y los de todos los catalanes, el uso torcido de la palabra "conflicto", eufemismo heredado del lenguaje oblicuo del PNV en los tiempos de ETA, etc.
   -En cuarto lugar, están los contenidos de la reunión: mientras que el Gobierno de la nación los ha ocultado tras una cortina de vaguedades, Torra ha salido galleando y diciendo que habló de autodeterminación irrenunciable, de presos políticos, de que no descarta ninguna vía... mientras Sánchez tomaba notas. No he visto por ahí ningún desmentido. ¿Sánchez qué dijo? ¿Solo tomó notas o hizo algo más? ¿Por qué no se levantó? Y todavía hoy nos desvela el conspirador desquiciado que manda en Cataluña que le dio a Sánchez un documento que proponía una mediación internacional "entre España y Cataluña". Ya sabemos lo que ha hecho Sánchez: el ridículo, por eso no se ha atrevido a decir ni una sola palabra de lo que sucedió en la reunión.  
   Queda claro, pues, que estamos peor que hace un año: cosas que entonces parecían barbaridades que en el mejor de los casos daban para un chiste, hoy se han llevado a cabo con toda naturalidad. El presidente español de hoy dialoga con alguien que, ante sus propias narices, se presenta con un lazo amarillo y dice que persigue la independencia de Cataluña por cualquier medio: ¿esto es un avance? Cuentan que Marx dijo que la historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa; en España, donde siempre hemos sido muy partidarios de la guasa, lo hacemos de otra manera: primero como broma y después como esperpento. Veremos cómo acabamos con tanta charlotada.  

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Una bestia salvaje y asesina

   Después de conocerse hace pocos días la terrible noticia de la muerte de Laura Luelmo, ayer se detuvo al que parecía principal sospechoso de su asesinato, Bernardo Montoya, quien hoy ha confesado que, efectivamente, era el autor del crimen. En su confesión, afirma que golpeó a Laura con el capó de su coche, que intentó violarla pero no pudo y que estaba viva cuando la abandonó en el campo. Esa confesión lo retrata como un perfecto canalla, pero, aun así, como se advierte al final del artículo que he enlazado, es sin duda un ejemplo más de la mezcla de verdades y mentiras con que los violadores y asesinos intentan maquillar sus auténticos actos para esquivar las acusaciones más graves. Lo que ha hecho con Laura Luelmo deja pocas dudas de que Bernardo Montoya es un criminal repugnante, pero estos días han aparecido en los medios de comunicación algunos de sus antecedentes, que señalan hasta qué punto lo era ya desde hace mucho. Os dejo dos enlaces:
     -2000. Asesina con extrema violencia a una mujer en Cortegana. Podéis verlo aquí
    -2008. Estando con un permiso penitenciario, intenta violar a una joven. Es una historia que da otra clara muestra de su natural violento. Podéis leerla aquí.  
   El pasado 6 de enero, publiqué en este blog un artículo titulado Sobre penas inhumanas y tratos crueles, en el que tomaba posición frente a los que se oponían a la instauración de la prisión permanente revisable argumentando que nuestra constitución prohíbe las penas inhumanas y los tratos crueles. Venía yo a decir que es un triste sarcasmo hablar de los derechos humanos para defender a criminales de esta talla: cada vez que por respeto a sus derechos humanos se suelta a uno, alguien pierde los suyos a manos de ese respetable ciudadano, y dejaba allí un breve ejemplario de monstruos con un historial espeluznante. No ha pasado ni un año de aquel artículo, que se escribió cuando hacía nada que habían pillado a Enrique Abuín, el asesino de Diana Quer, y salta a las portadas el señor Montoya. El precio que pagamos por sentirnos muy humanitarios y muy progresistas siendo benévolos con sujetos como estos es demasiado alto, por lo que creo que, cada vez que se atrapa a uno, la sociedad tiene el deber de encerrarlo para proteger a esas personas inocentes sobre las que sin duda caerá en cuanto pise la calle.  

domingo, 16 de diciembre de 2018

Lapidación televisiva

   Hoy ha muerto en Sevilla a la edad de setenta años el cantante Chiquetete. Como es habitual cuando fallece un artista famoso, se han publicado gran cantidad de noticias sobre su figura y su creación, que podréis consultar en caso de estar interesados. Por lo que a mí respecta, lo recuerdo sobre todo por el que creo que fue su mayor éxito: Volveré, una canción del año 1983. 
    Si me he decidido a escribir este artículo, es por algo que me ha parecido francamente repulsivo: el tratamiento que ha dado a esta noticia el telediario de las tres de la primera cadena de Televisión Española. La han incluido entre las destacadas en la cabecera del noticiario, dando cuenta de estos hechos: el fallecimiento del personaje, su edad y el que en cierto momento de su vida estuvo envuelto en alguna denuncia por maltrato. Me he quedado un tanto desazonado y confuso ante estas dudas: ¿qué pretendía exactamente el importantísimo medio televisivo: informar sobre la muerte de Chiquetete y lamentarla o denigrar su figura? ¿Chiquetete fue famoso -y, por tanto, merecedor de que se le recordase en su última hora- por ser cantante o por esas denuncias de maltrato? ¿El doloroso momento de la muerte de un personaje popular es el adecuado para airear sus facetas más desafortunadas? Y, en caso afirmativo, ¿era necesario decirlo ya desde los titulares? Y por último: ¿tan graves fueron los hechos de que se le acusaba? He buscado en internet y lo más extenso que he encontrado ha sido un artículo de ABC del que se puede deducir que hubo maltrato, en efecto, pero no sabemos hasta qué extremos de gravedad, y también resultan relevantes las réplicas del acusado y el hecho de que quien le acusó -Raquel Bollo, su exmujer- arrastrase el asunto por esos programas televisivos tan edificantes que se ocupan de estas cosas.
    Los hechos, además, se remontan a una presunta agresión del 31 de diciembre de 2002, es decir de hace 16 años. Creo que estamos en condiciones de afirmar que, nada menos que en el día de su fallecimiento, Chiquetete ha sido sometido de una manera absolutamente miserable a la pena de telediario, pena que, a juzgar por la escasa consistencia de las acusaciones y el tiempo transcurrido, no contempla indulgencia ni prescripción. Televisión Española ha mostrado hoy nula profesionalidad, nulo respeto, nulo sentido de la proporción y nula objetividad.   
   La pregunta es: ¿en nombre de qué? Supongo que habrá muchas posibles respuestas, de las que yo me decido por una. La inmensa mayoría de los españoles sentimos auténtica repulsión por el maltrato, lo condenamos y apoyamos a sus víctimas, pero solo unos sectores minoritarios y de un feminismo radicalizado y hasta fanático han caído en excesos tales como un maniqueísmo para el que las mujeres son siempre buenas y los hombres siempre malos o las condenas eternas y desproporcionadas como la que parece haberle tocado a Chiquetete. Y de todos es sabido que ciertas altas personalidades que hoy nos gobiernan militan en un feminismo un tanto pasado de vueltas. Y de todos es sabido también que atravesamos una época en que los telediarios de la televisión pública son muy complacientes con quienes nos gobiernan. 
    Estoy convencido de que las mujeres en general y el feminismo no radicalizado son muy conscientes de que el ultrafeminismo que hoy abunda resta simpatizantes a la irrenunciable causa de la defensa de los derechos de la mujer.   

lunes, 3 de diciembre de 2018

395.114 xenófobos y partidarios de la violencia contra las mujeres

    A las 0:27 horas del 3 de diciembre de 2018, momento en el que empiezo a redactar este artículo, con un 99'76 de los votos escrutados, los 109 escaños del Parlamento andaluz tras las elecciones de ayer se reparten así: PSOE: 33; PP: 26; Ciudadanos:21; Podemos y sus aliados: 17; Vox: 12. El PSOE ha ganado, pues, la contienda, pero las probabilidades de que sea desalojado del poder son muy altas. Después de 36 años ocupándolo en Andalucía y teniendo en cuenta asuntos como el de los ERE o el de los cursos de FAFFE, no podemos decir que esto sea para cortarse las venas, sino más bien que sería muy deseable. 
    Me propongo en este artículo solamente hacer unas breves consideraciones muy generales, que empezaré con las reacciones del PSOE tras los resultados. En su primera comparecencia, Susana Díaz se ha centrado de manera obsesiva en tocar a rebato contra la extrema derecha  (la he visto por  televisión y he perdido la cuenta de las veces que ha pronunciado las palabras "extrema derecha"). Según su análisis, la llegada de Vox al Parlamento andaluz representa un grave peligro, que debería obligar a que todas las demás fuerzas se unieran en un frente para conjurarlo, y los partidos que desoigan su advertencia caerán en una grave irresponsabilidad. Me ha dejado la señora Díaz con una seria incógnita: ¿quién debería presidir esa coalición salvadora? ¿Ella? Es un dato crucial, y Susana Díaz lo ha omitido, lo cual no dice mucho a su favor, como tampoco la retratan muy bien salir tras unas elecciones agitando el argumento del miedo, postularse de una manera tan ladina  y no haber hecho ni una alusión a que alguna culpa tendrá su partido en la pérdida de más de 400.000 votos en comparación con las anteriores elecciones. Con todo, lo peor que ha hecho en esa comparecencia ha sido calificar a Vox de partido xenófobo y que justifica la violencia contra las mujeres. ¿Se ha dado cuenta Susana Díaz de la gravedad de tales acusaciones? ¿Tiene los sólidos argumentos que hacen falta para sostener imputaciones como esas? Y sobre todo: a Vox le han votado 395.114 andaluces: ¿es consciente la todavía presidenta andaluza de la ofensa que ha lanzado sobre todos ellos solo porque no le han gustado los resultados de las elecciones? No ha estado a la altura de su cargo, creo que será muy positivo que lo acabe perdiendo. Unos minutos después, he visto fugazmente al ministro-cuñao valorando las elecciones: insistía con su estilazo de siempre en amenazarnos con los peligros de la extrema derecha, no hará falta que os diga que ha sido el momento en que me he decidido a apagar la televisión.  
     Pero no han sido las únicas voces de la izquierda en acudir al tremendismo alarmista para justificar su fracaso en estas elecciones, porque ahí ha estado también Pablo Iglesias, que ha empezado su intervención con estas palabras: "En nombre de Unidos Podemos: alarma antifascista". Sublime, cuando el señor Iglesias pierde el sentido del ridículo, lo pierde a lo grande, pero ni su intervención ni las de otros miembros de su formación pueden tomarse con tranquilidad, porque han sido poco menos que una llamada a las trincheras, lo que refuerza las serias dudas que tengo desde hace tiempo acerca del talante democrático de Podemos: si los resultados electorales no les gustan, a la revuelta. La izquierda española lleva ya décadas encaramada en una superioridad moral tan autoproclamada como dudosa. Como están en posesión de la verdad y del bien, se sienten exentos de argumentar nada y con el permanente derecho a deslegitimar de un plumazo todo lo que no se someta a sus mandamientos. El sello que ratifica los certificados de buena conducta democrática o los sambenitos de facha estará siempre en manos de alguien muy progre y/o muy de izquierdas, personajes a los que las meras siglas de sus partidos los legitiman, gente tan fuera de toda sospecha como Susana Díaz, Gabriel Rufián o Pablo Iglesias. Ciertamente, Vox haría muy bien en marcar distancias con personajes como el húngaro Orbán, pero llevo algún tiempo observándolo y puedo sostener que no hay razón para acusar a este partido de fascista o de las cosas de las que se le suele acusar: sus afirmaciones en defensa de la Constitución son constantes; su ideario no se sale de los límites democráticos, aunque haya muchos a los que disguste, como ocurre con todos; sus dudas contra la Ley contra la Violencia de Género son absolutamente legítimas (y las compartimos muchos), lo antidemocrático es más bien la condena del derecho a dudar que se esgrime desde ciertos sectores supuestamente progresistas; su defensa de la bandera, de la lengua española, de la unidad de España y del rey tampoco los señalan como fascistas, sino que nuevamente es al contrario: los indiscutiblemente totalitarios son esos separatistas que les condenan por ello. Quien no me crea, que se tome la molestia de ver a Javier Ortega Smith en TV3.
    Y es que el gran problema de España hoy se llama separatismo, se está hinchando día tras día en el País Vasco, Navarra, Valencia y Baleares y está en pie de guerra en Cataluña. Y lo que sorprende de la izquierda es que sea tan necia no solo de no verlo o de no querer verlo, sino de no darse cuenta de que es la azada con la que ella misma está cavando su propia fosa. En lugar de decir sandeces sobre el fascismo, el PSOE y Podemos deberían haber hecho algo tan sencillo como mirar con serenidad los resultados de hoy y darse cuenta de que los dos únicos partidos que han subido, ¡y de qué manera!, han sido Ciudadanos (290.643 votos) y Vox (376.692 votos), es decir, las dos formaciones que de manera más contundente se han posicionado contra el totalitarismo separatista. ¿Dónde está la famosa autocrítica de la izquierda? ¿Con qué derecho se pone estupenda contra la extrema derecha Susana Díaz después de décadas de corrupción del PSOE andaluz y de los enjuagues de su partido con lo peorcito del separatismo? ¿Quién es Pablo Iglesias para llamar fascista a nadie después de haberse pronunciado a favor del derecho a decidir y de haber ido a confesarse con Oriol Junqueras? No son los fachas de las películas que ellos mismos se montan los que les han dado un buen escarmiento, ha sido la ciudadanía a la vista de su cinismo, de sus contradicciones y de sus impresentables amistades.
    He leído por ahí que estos resultados alejan la posibilidad de unas elecciones generales a corto plazo. Es posible, pero solo si quien tiene la potestad de convocarlas actúa en clave de conveniencia particular (la cual reconozco que no le es ajena) y no en clave de la conveniencia de la nación y de la sociedad española. Si atendiese a esta, no podría caberle la menor duda de lo que acabo de decir: que sus políticas y sus aliados están siendo seriamente perjudiciales para todos, que lo serán más cuanto más se prolongue la actual situación y que la ciudadanía no respalda la pasividad ni los guiños con el separatismo, que va muy en serio y está dispuesto a despedazar España, no hay ninguna razón para restar importancia a las cosas que salen a diario en los medios. Las elecciones andaluzas creo que han dejado pocas dudas de esto y responder pataleando y acusando a los demás de fachas es tan patético como inútil.