miércoles, 19 de diciembre de 2018

Una bestia salvaje y asesina

   Después de conocerse hace pocos días la terrible noticia de la muerte de Laura Luelmo, ayer se detuvo al que parecía principal sospechoso de su asesinato, Bernardo Montoya, quien hoy ha confesado que, efectivamente, era el autor del crimen. En su confesión, afirma que golpeó a Laura con el capó de su coche, que intentó violarla pero no pudo y que estaba viva cuando la abandonó en el campo. Esa confesión lo retrata como un perfecto canalla, pero, aun así, como se advierte al final del artículo que he enlazado, es sin duda un ejemplo más de la mezcla de verdades y mentiras con que los violadores y asesinos intentan maquillar sus auténticos actos para esquivar las acusaciones más graves. Lo que ha hecho con Laura Luelmo deja pocas dudas de que Bernardo Montoya es un criminal repugnante, pero estos días han aparecido en los medios de comunicación algunos de sus antecedentes, que señalan hasta qué punto lo era ya desde hace mucho. Os dejo dos enlaces:
     -2000. Asesina con extrema violencia a una mujer en Cortegana. Podéis verlo aquí
    -2008. Estando con un permiso penitenciario, intenta violar a una joven. Es una historia que da otra clara muestra de su natural violento. Podéis leerla aquí.  
   El pasado 6 de enero, publiqué en este blog un artículo titulado Sobre penas inhumanas y tratos crueles, en el que tomaba posición frente a los que se oponían a la instauración de la prisión permanente revisable argumentando que nuestra constitución prohíbe las penas inhumanas y los tratos crueles. Venía yo a decir que es un triste sarcasmo hablar de los derechos humanos para defender a criminales de esta talla: cada vez que por respeto a sus derechos humanos se suelta a uno, alguien pierde los suyos a manos de ese respetable ciudadano, y dejaba allí un breve ejemplario de monstruos con un historial espeluznante. No ha pasado ni un año de aquel artículo, que se escribió cuando hacía nada que habían pillado a Enrique Abuín, el asesino de Diana Quer, y salta a las portadas el señor Montoya. El precio que pagamos por sentirnos muy humanitarios y muy progresistas siendo benévolos con sujetos como estos es demasiado alto, por lo que creo que, cada vez que se atrapa a uno, la sociedad tiene el deber de encerrarlo para proteger a esas personas inocentes sobre las que sin duda caerá en cuanto pise la calle.  

2 comentarios:

  1. Pero eso sería reconocer que el mal anida en la irreductible naturaleza humana, ay!.... Creo que leí demasiado a Voltaire en mi juventud. Bueno, también leí demasiado a Fromm, Neill y otros así sin que me sea imposible sonrojarme...

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    1. Y también reconocer (volviendo con Voltaire) que, no siendo este el mejor de los mundos posibles, no se puede legislar como si lo fuera. La respuesta de Sánchez hoy a Casado (eso de que la prisión permanente revisable está en vigor y no ha evitado a muerte de Laura Luelmo) ha sido un alarde de cinismo. Primero, porque hará lo de siempre: criticar una de esas leyes tan horribles que ponen los otros y hieren su sensibilidad, pero no tocarla porque la realidad la hace necesaria. Segundo, porque todos sabemos que ni esa medida ni ninguna otra evitan los asesinatos, sino que para lo único que sirve es para que los monstruos concretos a los que se atrape y se encierre de por vida ya no maten más, lo cual no es poco. Tercero, porque, dado el historial de este sujeto y el tiempo que lleva la norma en vigor, no hubo ocasión de aplicársela. Con un presidente del Gobierno tan manipulador poco bueno se puede esperar.

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