lunes, 24 de septiembre de 2018

¿Ministro de Fomento o "cuñao"?

   Sé perfectamente que en todos los partidos existe un personaje que ejerce el papel de malo, o sea, que es el que se encarga de lanzar los ataques y críticas más duros, las palabras menos amables y las alusiones a asuntos más intocables, así que no voy a rasgarme las vestiduras porque el actual Gobierno cuente también con esta figura, cuyo ejercicio ha recaído en don José Luis Ábalos. Entre los rasgos que en general debe poseer el "poli malo" se encuentran el tener arrestos y temple, no tener pelos en la lengua, tener una cierta audacia y mala uva, estar bien informado (sobre todo, de los puntos flacos del adversario) y gozar de cuanta más capacidad dialéctica, mejor. Luego existen otros que  son ya los que diferencian a los fuera de serie, me refiero a virtudes tales como la finura, la inteligencia, la cultura, la ironía y la extremada rapidez de reflejos. Personalmente, creo que en nuestra democracia no ha habido un "malo" más brillante que Alfonso Guerra, que me parece que será difícil de superar. Los "malos" tienen que tener cuidado también con ciertos rasgos que los pueden hacer odiosos incluso para los ciudadanos de su misma ideología, ya que esto a veces se vuelve en contra de su partido; así, tienen que tener cuidado con los excesos con la grosería, la bilis o la mentira. También les perjudica el estar permanentemente desencajados y con cara de odio, como ocurría con Álvarez Cascos o Neus Munté. 
    ¿Cuál sería el perfil de Ábalos como "poli malo"? No estoy en condiciones de negarle o atribuirle inteligencia, pero, desde luego, no le veo por ningún lado ninguno de los otros rasgos que he enumerado como propios de los fuera de serie: no demuestra tener unos reflejos particularmente rápidos, ni ser culto ni muy afortunado en la ironía. Ya lo de la finura... Creo que su rasgo más característico sería el cuñadismo,  como se aprecia muy bien en este vídeo:
José Luis Ábalos en Barcelona el pasado día 23
   Sin duda, para dirigirse a sus compañeros de partido en un mitin dominguero, el señor Ábalos optó por el recurso de la campechanía, pero se le fue la mano y, en lugar de hablarles como un ministro enrollado, les habló como un cuñao a la hora del café y la copa. Y este rasgo parece que es habitual en él, recuérdese cómo afrontó el conflicto de los taxistas, con qué alegre desparpajo se lo quiso quitar de encima despachándoselo a las comunidades autónomas.
   Un ministro no puede ejercer el cuñadismo, ni aun en los mítines. Quedan bastante penosos ese tono de barra de bar, esas hipérboles desafortunadas, ese final en el que se trabuca con las frasecitas sobre los cielos, de auténtica vergüenza ajena. Pero muchísimo peores fueron las cosas que dijo, fueron gravísimas y llegaron mucho más allá de lo que se ve en el vídeo, que no es que sea poco. Es una monstruosidad decir todo eso de que es el Estado el que se ha independizado de Cataluña, de que el Gobierno anterior no dialogó (omitiendo que las condiciones que pusieron Mas o Puigdemont eran inadmisibles) o de que los ministros no podían pisar Cataluña como si la culpa fuera de ellos. Supongo que querría halagarles los oídos a los separatistas con quienes negocia su Gobierno, o a Batet, o a Iceta, y seguro que lo consiguió, pero me parece que al alto precio de hacerles un flaco favor a España y a su ciudadanía. Es una estupidez y un insulto a la inteligencia de los españoles esa bobada que se soltó de que el apoyo de Cunillera a un indulto a los golpistas es un acto de humanidad; es una canallada el que lo defendiera hablando con desprecio de quienes criticaron semejante exceso, ahí estuvo muy "cuñao".
    Esos "cuñaos" que todo lo saben, todo lo arreglan en diez minutos y a los que nadie les tose, a la segunda copa de Veterano o de Chinchón, se remangan y no es raro que se líen a desbarrar ensalzando a canallas, defendiendo disparates o tomando por idiotas a los miembros de su familia, que les escucharán o fingirán escucharles, les mandarán a la m _ _ _ _ _ o discutirán con ellos, pero no importa, porque son cosas menores que se quedan en casa y al día siguiente ya nadie las recuerda. Pero un ministro no puede ir de "cuñao"; un ministro no puede decir frases del tipo "Y estos responden con una iniciativa para que estos reos no sean indultados", porque queda como un lerdo, un bravucón de plazoleta; un ministro no puede tomar por idiota a su audiencia, que es toda la nación; un ministro no puede pretender hacernos comulgar con ruedas de molino: todo eso, para los "cuñaos". Se da además la circunstancia de que, si analizamos las cosas que dijo ayer el "cuñao" Ábalos, son para poner los pelos de punta, porque revelan que su Gobierno se esta pasando con armas y bagajes a las pretensiones de los golpistas, mirad solo esa defensa de los indultos, por los que, además de Cunillera y Ábalos, parecen estar Batet, Carmen Calvo y... ya veremos lo que tarda en destaparse Pedro Sánchez.
    Con esos proyectos y sus maneras de "cuñao", preocupa que el señor Ábalos esté de ministro y no de tertulia en cualquier bar de su pueblo.
    

martes, 18 de septiembre de 2018

Donde estén los planes de Batet, que se quite la tesis de Sánchez

   Con el jaleo de la tesis doctoral de Pedro Sánchez -sobre la que se ha escrito mucho y yo recomiendo estos dos artículos: Usted no es una persona decente (de Arcadi Espada) y Antropología (de Jon Juaristi)-, pasó casi desapercibida una entrevista que el domingo 16 le hicieron en "El País" a doña Merichel Batet, la cual se encabezaba con este titular:
        Si esto no es presionar y demonizar al poder judicial, que venga Dios y lo vea. La entrevista es una operación de propaganda que solo puedo calificar con una palabra: sucia, y que cuenta con la complicidad del propio medio, el cual rema en la misma dirección que la entrevistada, como deja bochornosamente claro el entrevistador, Carlos Elordi Cué, ya desde la primera pregunta, que reproduzco a continuación:
        Parecía que el independentismo estaba dividido, débil, pero en la Diada volvió a llenar las calles de Barcelona reclamando independencia. ¿Ese movimiento es imparable?
        Ahí queda eso, para regocijo del separatismo y para abrirles la puerta de par en par a las propuestas cómplices y entreguistas de la señora Batet y su Gobierno. Creo que deberíais leer la entrevista completa, pero, para los que no tengáis tiempo, dejo aquí algunas de las cosas más notables que dice la ministra de... no sé muy bien de qué es ministra la entrevistada.
        -Percibo voluntad de diálogo (en el Gobierno catalán). Parece que la interlocutora de ese Gobierno tan "dialogante" no se ha enterado de lo que está impulsando en las calles de toda Cataluña, desconocimiento que resulta muy grave.
      -Sobre presos podíamos hacer una cosa y la hicimos, que fue trasladarlos. Ahora están en cárceles catalanas, cuya competencia es de la Generalitat. Esto es vender como un logro lo que es en realidad una claudicación vergonzosa.
        -Hay que hacer un referéndum sobre un acuerdo. El solo hecho de convocar un referéndum constituiría una importante victoria para los golpistas y no estará de más recordar que, hasta hace bien poco, la señora Batet era partidaria de eso que los separatistas llaman derecho a decidir, lo que hace que resulte inquietante que ocupe hoy el cargo que ocupa.
       -El señor Torra es president de la Generalitat. Es una institución democrática con la que tenemos que ser capaces de entendernos. La legitimación de un totalitario  como Torra que estas palabras representan no resulta un desliz sin importancia. Torra, además, no desperdicia una sola ocasión de ofender a España, a su sistema político, a los símbolos de todos, a los españoles y al rey. ¿De qué lado están la señora Batet y el Gobierno?
          -Se le pregunta si es partidaria de indultar a los políticos presos y responde: Soy partidaria de no hacer futuribles. No me quiero poner en ese escenario. Yo me ocupo de cuestiones sobre las que puedo hacer cosas. Si no se ha limitado a responder que no, entiendo que es partidaria de indultar a esos procesados, que lo están por querer dinamitar el país; la verborrea elusiva ya engaña a muy pocos, entre los que no me incluyo.
     Creo que lo que dice la señora Batet, la ministra que se ocupa de dirigir ese disparate de las negociaciones con los totalitarios, es alarmante, porque revela que los planes del Gobierno ante el golpismo separatista consisten simplemente en ponerse de rodillas. A mí por lo menos, esto me preocupa mucho más que el asunto de la tesis, que no va a servir para echar a Sánchez de donde está para mal de todos ni añade nada nuevo sobre lo que ya sabíamos que podíamos esperar de él. 

domingo, 16 de septiembre de 2018

Una guía sobre medicina y otra sobre música

   Los que leéis este blog sabéis que en la columna de favoritos de la derecha tengo enlazado desde hace mucho uno que se titula Medicina y Melodía, cuyo autor es José Manuel Brea Feijoo. José Manuel y yo somos amigos desde hace casi cuarenta años, pues coincidimos haciendo el servicio militar en Pontevedra. Entonces él era un joven médico y, entre las cosas que teníamos en común, estaba la afición a la música. Con el paso del tiempo, naturalmente, su trayectoria profesional se amplió y enriqueció y, en lo referido a la música, sus conocimientos se profundizaron hasta el punto de que aquella condición de aficionado quedó atrás y pasó a convertirse en un experto que ha colaborado en publicaciones, páginas de internet y programas radiofónicos. De esa doble pasión por la medicina y la música, nació hace muchos años ese blog en que tan interesantes cosas nos cuenta y ahora ha dado como fruto las dos guías de las que os voy a hablar en este artículo. 
   La primera de ellas se titula Guía de humanidades médicas. En más de una ocasión, habremos visto en los artículos de Medicina y Melodía esta frase de Edmund Pellegrino: "La medicina es la más humana de las ciencias y la más científica de las humanidades". Está también como cita liminar al principio del libro y da perfecta cuenta tanto de las inquietudes del autor como de la línea maestra de su contenido: presentar los campos de coincidencia entre estas dos importantes esferas de la actividad humana, campos que no son escasos ni intrascendentes. De manera ágil y amena, José Manuel Brea nos explica los conceptos esenciales en torno a temas como la bioética médica, el derecho sanitario o la eutanasia como problema médico, nos transmite un interesante caudal de reflexiones bajo el título común de "aforismos médicos" o nos da a conocer lo más importante de las biografías de grandes figuras que pertenecieron al mundo de la medicina, pero al mismo tiempo cuidaron una rica producción humanística, tales como Gregorio Marañón o Santiago Ramón y Cajal, entre otros.  
   La segunda se titula Sonoridades clásicas y representa un utilísimo compendio de una serie de conocimientos básicos sobre la música, especialmente, la clásica: formas musicales, elementos fundamentales, historia, periodos principales o figuras más importantes y sus obras. Es ameno e instructivo y su lectura resulta agradable. 
   Desde aquí felicito a mi amigo José Manuel -al que ahora que me despido me permitiré la informalidad de llamarle Pepe- por la publicación de ambos libros.  

lunes, 10 de septiembre de 2018

Móviles en las aulas: ni Delibes, ni Celaá, ni "ná de ná"

   Después de estar hace unos días a punto de sufrir un ataque cardiaco por el precedente ataque de risa que me produjo la ministra de Educación con su anuncio de que el Gobierno estudiaba la posibilidad de prohibir los móviles en las aulas, hoy han estado a punto de salírseme los ojos de sus albacetes, digo de sus cuencas, cuando he leído una columna de "El Mundo" titulada Estudiar a otra Delibes, en la que su autora, Berta González, presentaba a la que fuera viceconsejera de Educación de Lucía Figar entre 2007 y 2015 como el modelo a seguir en materia de legislación educativa. ¿En qué se fundamenta? En un hecho innegable: que la señora Delibes impulsó en la comunidad de Madrid una normativa que ya en 2007 prohibía el uso de los móviles en las aulas. Pero este mérito debe ser analizado más a fondo, porque a menudo sucede que detrás de unos hechos innegables vienen otros hechos también innegables que los anulan, los invalidan o los pervierten, y así ha ocurrido en este caso, vayamos por partes.
   En lo tocante al anuncio de la señora Celaá, me voy a extender poco, ya que hay poco que decir en materia educativa cuando se habla del PSOE, el partido que es con diferencia el que más daño le ha hecho a la enseñanza española, especialmente (pero no solo), por la catastrófica LOGSE y el discurso contrario al conocimiento, el esfuerzo, la cultura, el respeto y el juego limpio que esa ley impuso en ella como marco referencial y de corrección política. Que ahora el PSOE venga diciendo que a lo mejor prohíbe los móviles para disminuir la adicción digital de los estudiantes cuando hace no tanto, con el nefasto Zapatero, impulsó una demencial invasión de ordenadores y tabletas en las aulas, es algo que produce repugnancia, pero el Gobierno no se queda ahí en su escalofriante frivolidad, sino que reconoce que estudia esa medida siguiendo el ejemplo de Francia. Uno podría preguntarse: ¿y qué narices importa Francia? La enseñanza francesa tiene sus circunstancias y nosotros tenemos las nuestras, y son estas las que el Gobierno debería conocer y tomar como motivación de sus actuaciones: si se decidiera a hacerlo, vería que además de los móviles hay otras cosas que se deberían eliminar de la enseñanza, tales como la indisciplina, la grosería o la falta de estudio. A este Gobierno infantil que padecemos podría decírsele aquello que nos decían nuestras madres cuando éramos niños: ¿y si Macron se tira a un pozo vosotros y vosotras os tiráis a un pozo?
    Tampoco habrá mucho que decir en torno al almibarado artículo de doña Berta González, que apostaría algo a que de vez en cuando merienda con Alicia Delibes. El Decreto 15/2007 de la Comunidad de Madrid es, en efecto, una excelente norma para la defensa del orden y la buena convivencia en los centros educativos y en algún artículo de este blog se lo agradecí a doña Esperanza Aguirre, como aprovecho ahora para agradecérselo a las señoras Figar y Delibes. Voy más lejos: cuando se implantó, el equipo directivo del centro en que yo estaba entonces, que era tan progre que no podía soportar la existencia de una norma tan facha, tan sancionadora de los gamberros y tan del PP, tuvo la progresista ocurrencia de intentar hurtar al profesorado la información sobre esta medida a la que la ley le obligaba, lo cual me forzó a impugnarles el claustro más vergonzoso al que he asistido en mi vida, una cosa bolivariana, lo menciono en Lo que estamos construyendo, ese librito del que acabaré comiéndome con patatas un buen montón de ejemplares. ¿Cuál es el problema, entonces? Uno muy típico en nuestra España querida: que esa estupenda norma los encargados de aplicarla se la pasan por el c _ _ _. Así lo hicieron en ese centro y en otro en el que estuve después: durante los diez años que van de 2007 a 2017, sus equipos directivos, ante constantes y numerosos actos de gamberrismo, indisciplina y, muy especialmente, falta de respeto a los profesores, se inhibieron en la aplicación de la norma sancionadora, aplicaron paños calientes en defensa de los infractores y dejaron a los perjudicados en la absoluta desprotección. Lo he visto y lo he padecido en múltiples ocasiones concretas, ante alumnos cavernícolas y padres más cavernícolas aún, y no solo eso, sino que no han sido pocas las ocasiones en las que he visto a directores y jefes de estudios no ya "ser comprensivos" con los energúmenos, sino ponerse abiertamente de su lado. En cuanto al tema concreto de los móviles, recuerdo una anécdota realmente chusca en un claustro de inicio de curso, hará tres o cuatro años: un jefe de estudios dijo que tendríamos que "aprender a convivir con ellos". Los profesores nos quedamos con cara de idiotas, hasta que alguien le pidió que aclarase lo que quería decir, pero no voy a castigaros con la "aclaración". Doy por supuesto que todos sabréis muy bien que estas cosas pasan y han pasado en muchos centros de Madrid, y no solo en los míos.
   ¿Y la inspección qué hacía? Me da la risa amarga. ¿Y la Administración? Ídem, y si alguien duda de su abandono en este terreno, que consulte los múltiples estudios que hay, las denuncias ante los sindicatos o incluso ante la propia Administración, pero ya señalo otro secreto a voces: que, en el caso de los profesores, estas últimas serán muchas menos de las que debieran, pues han estado restringidas por el hecho de que los despachos les inspiraban más miedo que confianza, también hablo de ello en mi librito. Este es, en conclusión, el inconveniente que descalifica a Alicia Delibes como referente en materia de disciplina escolar: su discurso era impecable, pero ha sido sistemáticamente traicionado por la Administración en la que ella misma ha ocupado un altísimo cargo durante ocho años. No basta con predicar, hay además que dar trigo, así que el articulito de doña Berta González es pura inconsistencia.
    En conclusión, cuando desde cualquier instancia política española se me habla de controlar el mal comportamiento en los centros, no me creo ya ni una sola palabra: ni Delibes, ni Celaá, ni "ná de ná"; el actual sistema educativo y sus valedores no me inspiran la menor confianza y solo empezaré a prestar atención a quien haga algo (HAGA, no diga) que vaya en la línea de fomentar el trabajo, el respeto, el estudio, el esfuerzo y el recompensar a cada cual según sus méritos.    

domingo, 9 de septiembre de 2018

Un mindundi

   Aun en el supuesto de que Pablo Casado no hubiera incurrido en ninguna irregularidad con el famoso asunto de su máster en Derecho Autonómico y Local (está bastante bien explicado en este artículo), parece bastante claro que le va a representar un pesado lastre en su carrera política, por motivos tan contundentes como estos: le ha llevado a estar investigado en los tribunales; es el mismo esperpéntico máster que desató la caída de Cristina Cifuentes; es, por tanto, un máster bajo la sombra de la sospecha y que pone a Casado en relación muy directa con personajes tan oscuros como el exrector Fernando Suárez o Enrique Álvarez Conde (director de ese pseudomáster) y, por último y lo más grave, es sin la menor duda un máster fraudulento, un simulacro de mérito educativo por el que se pagaba un título sin haber aprendido ni haberse cualificado nada, lo que representa que Casado, de manera consciente, ha incluido en su ejecutoria una falsedad. Sabemos que, inexplicablemente, España sigue siendo un país que perdona estas cosas a sus políticos, pero también sabemos que ahora les pasan alguna factura, siquiera mínima.
   Aunque de momento para Casado parece que no es muy alta, a juzgar por su victoria en las primarias del PP. Cuando, a pesar del asunto del máster, se presentó a la carrera por el liderazgo de su partido, me pareció que era muy temerario, estaba huyendo hacia delante o las dos cosas y dudé de que tuviera la menor opción de ganar; cuando, con todo y con eso, ganó, entendí que se había beneficiado de que el equilibrio entre sus dos rivales -cualquiera de ellas, de una talla infinitamente mayor que la suya- había imposibilitado que ninguna de las dos se impusiera sobre la otra y había terminado beneficiándole a él; no obstante, me pareció que el PP había cometido un error colectivo un tanto inexplicable a la vista de lo que había, error colectivo que tampoco sorprendía si se miraba hacia lo ocurrido en las filas del PSOE con Pedro Sánchez, a quien Casado se parece en que es también un profesional de la política con más deméritos que méritos: estos son los perfiles que se están imponiendo en nuestros tiempos, habremos de aceptarlo. 
   ¿Qué ha hecho Pablo Casado hasta ahora? Básicamente, hablar: decir lo que no le gusta o sí le gusta, exigir cosas al Gobierno y presentar las líneas maestras de las políticas que algún día, si ese día llega, aplicará. Es lo normal cuando se está en la oposición, pero desde hace algún tiempo se ha dedicado a hacer algo que me parece inaceptable: atacar a Ciudadanos por su participación activa en batallas como la retirada de lazos amarillos en Cataluña. El pasado 18 de agosto, se pronunció contra ello diciendo que "El PP no va a ir a las calles de Cataluña a generar crispación" y ayer mismo, en una Junta Nacional de su partido con unas ausencias que deberían preocuparle, insistió en esa misma idea, esta vez de forma más indirecta, comparando lo de hoy en Cataluña con lo de antaño en el País Vasco, y dejando una frase que merece la pena reproducir:
   No da igual cómo recuperemos los espacios públicos […], tenemos que hacerlo a través de las instituciones. No habríamos ganado nada entrando en las herriko tabernas para enfrentarnos a ellos.
   Que Casado haya  dicho que los que quitan lazos amarillos generan crispación es una bajeza de gran calibre, porque representa que es capaz de cualquier cosa con tal de descalificar a quien cree que le va a quitar votos. La crispación no la generan quienes quitan lazos amarillos, sino quienes los ponen (y hacen además otras cosas mucho peores, como debería saber el señor Casado), esos separatistas a quienes él da munición con declaraciones así. Es una triste ironía, por otra parte, eso de que el PP no vaya a ir a las calles de Cataluña a generar crispación, porque la realidad es que el PP a Cataluña no va a ir ni a eso ni a nada, ya que en aquella región está prácticamente barrido, y quizás sea porque ha estado muchos años pasivo ante los abusos que se cometían allí, y por eso ahora les está sobrepasando un partido que, como Ciudadanos, ha decidido no quedarse callado ni de brazos cruzados. 
   Luego está la frasecita relativa al País Vasco, que hace pensar que quizás Pablo Casado no tenga mucha idea de lo que ocurrió allí durante los trágicos años del terrorismo, ya que con ella defiende sin duda la pasividad ciudadana, cuando precisamente esa pasividad se está señalando desde hace mucho como uno de los factores que favorecieron a ETA, a Herri Batasuna y a todos sus cómplices, ya fueran movedores de árboles o recogedores de nueces. Antes de hacer esa frasecita y esa desafortunada exageración de las herriko tabernas, debería haber pensado en el colectivo Basta Ya o en María San Gil (que es de su partido), o haberse dado un paseo por las hemerotecas, o haber leído Patria. El callarse la ciudadanía y dejar las cosas en manos de las instituciones durante años no ayudó nada, aparte de que fue una lacra, entre otras cosas, porque las instituciones, en el País Vasco y más aún en Cataluña, con más frecuencia de la razonable fueron muy poco diligentes o mostraron una pasividad cómplice. Después de haber visto durante décadas como los gobiernos del PP y del PSOE dejaban hacer en asuntos como la inmersión lingüística, la rotulación de establecimientos, la manipulación informativa, el destierro de gente que estorbaba al nacionalismo, el adoctrinamiento educativo, desafíos como los de 2014 y 2017 o el hostigamiento a los no nacionalistas, demuestra un enorme cinismo (porque ignorancia no es) el señor Casado cuando condena a quienes quitan lazos amarillos o dice esa bobada de que los espacios públicos se recuperan a través de las instituciones. Y lo dice, para colmo, en un acto en el que reclama la aplicación del 155 con una dureza que su partido evitó. El de 2017 fue lo que fue porque lo decretó el timorato Rajoy cercado por un PSOE acomplejado y calculador; cuando se aplique en 2018 -que habrá que aplicarlo más pronto que tarde, a lo mejor dentro de tres días- ya veremos lo que sale, con Sánchez y Casado a los mandos y Podemos en la vicepresidencia virtual. 
   El máster y su currículum hacían de Pablo Casado un político que generaba desconfianza, pero este postureo de los lacitos y de pedir a los demás dureza mientras él se limita a mirar lo retrata como un mindundi de la política.