miércoles, 28 de septiembre de 2016

En defensa de Moreno Castillo

   Leí ayer un artículo titulado El lamento de los necios, el cual ciertamente me produjo una gran sorpresa, dado que en él se lanzan sobre Ricardo Moreno Castillo una serie de descalificaciones que no le corresponden en absoluto. El artículo es una reseña de La conjura de los ignorantes y su autor se llama Juan José Romera López. Puesto que lo he enlazado y es bastante largo, no lo voy a analizar de forma minuciosa, sino que voy a hacer sobre él unas consideraciones de carácter general.
    A lo largo de todo el texto, el señor Romera no solo ataca las propuestas de Moreno Castillo y las refuta o intenta refutarlas, cosa a la que tiene todo el derecho, sino que además utiliza contra su propia persona un tono muy hostil, el cual se concreta en un agrio sarcasmo y en no pocas descalificaciones, algunas de ellas, muy ofensivas, cosa esta ya que no resulta ni apropiada ni admisible. Desde el mismísimo título del artículo podríamos deducir que Moreno Castillo es necio, tiene mala fe, no entiende lo que lee o es un reaccionario. Si para reseñar un libro recurrimos a insultar a su autor, nos desacreditamos a nosotros mismos y a lo que decimos.
   Ya en las primeras líneas, el autor hace explícita la principal acusación que lanza sobre Moreno Castillo: la de que para él, "la pedagogía es una suerte de pseudociencia, vacía de contenido y conjurada en pervertir la educación a nivel global". Conozco a Moreno Castillo desde hace bastantes años y he leído sus libros, así que no puedo negar su aversión hacia la pedagogía y los pedagogos, pero ya me parece más discutible el matiz siniestro, fanático y obsesivo que, de la lectura del artículo del señor Romera, podría deducirse que envuelve a esa aversión. Moreno Castillo es una persona sencilla, amable y jovial: no es de ningún modo un personaje inclinado a esas pasiones siniestras. Y tampoco sus escritos encierran esa ferocidad. Si tuviera que valorar su posición hacia la pedagogía, me parece la de un profesor normal que un buen día, harto de ver que demasiadas cosas fallaban en la enseñanza desde la implantación de la LOGSE, se rebeló contra muchos de los principios en que se sostenía esta ley, los cuales eran y son defendidos por sectores -de esto él no tiene la culpa- que se definen como pedagógicos o innovadores. Citaré algunos de esos principios, solo unos cuantos, por no aburrir: se puede aprender jugando y sin esforzarse, el profesor está en el mismo nivel que el alumno y debería ser su coleguilla, los contenidos no son importantes en la educación, la memoria es prescindible y hasta perjudicial...  Solo estas cuatro cosas (y hay unas cuantas más) han hecho un enorme daño a la enseñanza. Y, disguste a quien disguste, llevan el sello de la LOGSE, del pedagogismo y de los que se presentan como innovadores, lo que no se puede pretender es que ahora miremos para otro lado. Esta es la esencia de la aversión que siente Moreno Castillo hacia la pedagogía. No hace falta decir que yo estoy de acuerdo con él, y muchísimos profesores lo están también, como se demuestra por la excelente acogida que tuvo desde el principio el Manifiesto antipedagógico, a pesar incluso de los precarios medios con que se difundió. Es así de simple, razonable y contundente, no tiene nada que ver con las elucubraciones del señor Romera.  
    Por todo ello, me parece una gran extralimitación descalificar a Ricardo Moreno como lo ha hecho Juan José Romera: está claro que ni es un necio, ni es un conspiranoico obsesivo, ni tiene mala fe contra nadie, ni es un reaccionario. Yo no he visto nada de eso en sus escritos, y algo me dice que no soy el único. Lo he podido comprobar también personalmente, pues somos amigos y coincidimos con cierta frecuencia: es un tipo normal, tirando a encantador. Y, por supuesto, entiende muy bien lo que lee, esta última imputación ya no sé de dónde podrá haberla sacado el señor Romera. Bueno, ni esta ni las demás, la verdad es que no se entienden ni la deforme caricatura que hace de Moreno Castillo ni la saña con que lo trata.
     Inevitablemente, he sentido curiosidad por saber quién es Juan José Romera López. Buscado en Internet, he encontrado esta entrevista que le hacen en "La Opinión de Málaga", con lo que he podido averiguar, entre otras cosas, que es profesor de instituto y que ha escrito un libro titulado Retrato canalla del malestar docente. Leo la entrevista y encuentro en ella cosas con las que estoy de acuerdo, como cuando sostiene que la queja sobre la bajada de los niveles es absurda, porque siempre ha existido, o cuando afirma rotundamente que "el profesor nunca puede ser amigo de su alumno": comparto al cien por cien lo que dice acerca de eso.
    Hay, sin embargo, otras cosas sobre de las cuales no puedo decir lo mismo. Está en primer lugar su opinión en torno a la violencia escolar: aun reconociendo que existe, afirma que hay que quitarle dramatismo y a continuación viene más o menos a sostener que esa violencia es lógica, a causa de la gran cantidad de alumnos que se escolarizan hoy en día. No me parece sostenible: a la violencia hay que darle la importancia que se merece: él mismo, como docente, debería saber muy bien que ese "quitarle dramatismo"  ha sido precisamente una de las aberraciones que han traído la impunidad, el confusionismo acerca de cuándo la violencia es condenable y cuándo no y, a última hora, su aumento. Tampoco veo por qué el que haya cien o cien mil alumnos escolarizados tenga que hacernos más o menos comprensible la violencia: a la violencia no debe concedérsele nunca el menor respiro ni comprensión.
    Dice en otro momento, cuando habla de los problemas del ejercicio de la docencia, que el profesor lo que tiene que hacer es adaptarse: ¿quién no lo hace? Quiero señalar, sin embargo, que me gustaría creer  que su concepto de adaptación no incluye el mimetizarse con los problemas y plegarse ante ellos, cosa que nunca debería hacer un profesor. Recomienda a continuación "cambiar el método docente, porque hay que reconocer que, a veces, nuestras clases son muy aburridas". ¿Las de todos? Las mías le aseguro que no lo son y así sucede con miles de profesores. ¿Por qué receta tajantemente cambiar el método? ¿Acaso conoce los de todos, acaso está seguro de que ese es siempre el problema? Por lo demás, yo pienso como Moreno Castillo: que a menudo tenemos que enseñar cosas que no son divertidas, y en ese momento tendremos que anteponer las enseñanzas a la diversión, la cual no aparece en los programas, al contrario que los contenidos, y estos son sagrados, al igual que los programas, seamos profesionales serios.
   Por último, y dejándome en el tintero alguna cosilla, quiero referirme a una serie de consejos que da cuando se le pregunta sobre PISA. Recomienda abandonar unos modelos que no funcionan, entre los que cita el aprendizaje memorístico, la clase tradicional y los contenidos. ¿Por qué no funcionan? ¿Porque lo dice él? ¿Porque nos han estado machacando con ello durante décadas esos sectores a los que tan justamente critica Moreno Castillo? Llevo más de treinta años contando con la memoria y los contenidos y puedo decir bien alto que me han funcionado y he recibido el reconocimiento de muchos alumnos y padres, alumnos que me han dicho: "Con usted aprendí mucho", padres que me han dicho: "Mi hijo dice que es usted el mejor profesor". Y esto es verdad, no lo cuento por tirarme faroles, lo cuento porque me parece un argumento en favor de la memoria y los contenidos infinitamente más sólido que el vacío que suelen aducir quienes los critican. En cuanto a la clase tradicional, ¿qué es eso? Yo en mis clases incorporo elementos como: respeto, orden, trabajo, clima apropiado, transmisión y ejercitación de los conocimientos, jerarquías claras, participación, exigencia de estudio... ¿Es eso la clase tradicional? Pues me apunto a ella, me ha dado, en una carrera de más de tres décadas que se acerca ya a su final, unos excelentes resultados, y a mis alumnos, también, a los que han querido, claro, a los que han respondido con lo que debe poner el alumno: respeto, estudio, trabajo, participación, interés, atención...: esas tonterías "tradicionales" que, por cierto, aparte de ser de sentido común, están en muchas leyes, por algo será. Y no soy ni el único que se apunta a estas cosas ni el único al que le han dado unos excelentes resultados en eso de conseguir que sus alumnos aprendan, que es de lo que se trata.
   Me dejo, ya lo he dicho, algunas cosas, tampoco me quiero alargar demasiado, y creo que con esto hay ya suficiente. De las cosas con las que manifiesto desacuerdo, puede deducirse cuál es la visión de la educación que tiene el señor Romera. Es muy dueño de mantenerla, con sus errores y sus aciertos, que los tendrá, como los tenemos todos. A lo que no le da derecho es a tratar a Ricardo Moreno Castillo como lo ha tratado en su artículo. 

6 comentarios:

  1. Querido Pablo: Vivimos en una auténtica dictadura neopedagógica. Aquí no se puede opinar en contra de la línea hegemónica sin recibir insultos o amenazas (por experiencia propia lo digo). Lo más curioso es que son los buenistas educativos los más rabiosos cuando se revuelven ante la divergencia. Como sabes, el dogma es incuestionable. Ocurre igual cuando uno osa objetar algo a los defensores de la educación emocional o la empatía. la reacción es de una agresividad que sorprende por incoherente. Suelo hablar de lo antipáticos que son los empáticos. En fin, has hecho una noble defensa de Ricardo, que no la necesita pero seguro que la agradecerá. Y desde aquí mi afecto y admiración también hacia su labor. Y otro abrazo a ti, amigo.

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  2. Desde luego, por ningún motivo se merece Ricardo ese trato, aunque ya sabemos que el que se alzase contra los absurdos de ese sistema "buenista" molestó por su acierto y por su buena acogida. Él mismo se ha quejado en más de una ocasión de cómo fue ascendiendo la virulencia de los ataques. Estoy absolutamente de acuerdo contigo en que quien no predica con el ejemplo se descalifica y en esto yo también tengo muchas experiencias personales de lo venenosos y arteros que pueden llegar a ser los apóstoles del buen rollo, a los que he visto cargar incluso contra alumnos que no les fueran sumisos (porque otra de sus virtudes es el despotismo). Tendrían que saber muchos la clase de lobos que habitan debajo de ciertas pieles de cordero. Es tan significativo como espeluznante. Un abrazo.

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  3. Ricardo Moreno ha apuntado en sus libros lo reacios que son a la crítica los seguidores de la secta.Una vez más lo demuestran. El problema quizás estriba en qué no han aprendido a argumentar o lo han olvidado y solo conocen la descalificación como método. En fin,¿dónde dejarán su empatía e inteligencia emocional cada vez que agarran una pluma? Tanto martillearnos con la esfera de lo emocional y ellos son los primeros en pisotearla. Ánimo y muchas, muchas gracias por existir y persistir

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  4. Gracias por todo, Anais. Y no eres la primera (como habrás visto) que incide en la incoherencia entre las bondades que predica el pedagogismo y las que practica. Esta es una de sus fisuras más grandes, o quizás la mayor, saquemos conclusiones. Un saludo.

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  5. Por supuesto que Ricardo Moreno no merece un ataque personal tan feroz como el que le inflige el profesor Romera, a todas luces desmedido e injusto. El lamento de los necios ya tiene unas comentarios negativos en la página en la que se instaló, por lo que al menos hay varias voces.
    Los de la LOGSE han mandado tanto y de forma tan prepotente que han tratado al disidente como en los peores regímenes dictatoriales. No muy congruente con ese buenismo del que habláis en vuestros comentarios y con ese pretendido espíritu crítico y abierto que de boquilla decían los defensores de la reforma educativa que inspiraban sus iniciativas.

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    1. No quiero aburrirte, Mariano, que ya te he contado mil veces las diez mil historias concretas que constituyen mi experiencia de la intolerancia, el carácter inquisitorial, la hipocresía o el despotismo de estos buenistas. La virulencia con que Romera se despacha con Ricardo es solo un ejemplo más.

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