sábado, 3 de diciembre de 2016

Praxis educativa. 21: nuevos criterios de calificación

   Como parece claro que está en marcha el proceso para alcanzar un gran pacto sobre la educación, he decidido aportar mi granito de arena a tan crucial iniciativa. Visto, además, que esta tiene ya trazado un esbozo de hoja de ruta bajo la forma de los quince puntos anunciados por el ministro Íñigo Méndez de Vigo, como quiero ser realmente útil, voy a proponer una serie de ideas exclusivamente prácticas en un capítulo importantísimo, acerca del cual, en la tabla del señor Méndez, no aparecen referencias, al menos, explícitas: el de la evaluación.
   Aunque, bien mirado, hablar de evaluación sería hablar de valoración de aprendizajes y aquí lo que a la gente le importa no es lo que los alumnos aprendan, sino las notas que saquen, o sea, la calificación. Y como el clientelismo ante los padres hace tiempo que se ha adueñado de la escuela, los menos remilgados acuden ya a presionar por el aprobado sin el menor pudor, pues que el alumno lo merezca o no es algo que no cuenta: en los últimos años, con más frecuencia de la que me hubiera gustado, me he visto frente a padres que, aun delante de exámenes desastrosos, se quedaban con gesto de disconformidad, o padres que me discutían la idoneídad de las preguntas, los contenidos o la forma de corregir. Situaciones como estas me han acarreado algunas discusiones fuertes y algún que otro conflicto, uno de ellos, muy grave. 
    En este marco, creado por una doctrina complaciente que durante años han ido segregando las corrientes pedagógicas más fashion y la propia administración educativa, si queremos estar en la onda, forzoso será que nos dejemos de evaluación, pasemos a hablar directamente de calificación, enunciemos los criterios por los que de verdad se está rigiendo y, finalmente, nos ajustemos a ellos. A esos criterios el guachimán les viene siguiendo la pista desde hace tiempo. Aquí los tenéis:
    1.- Derecho fundamental a protestar. La Santísima Iglesia de la Pedagogía, ciertos padres en posesión del diploma de Abogao de Secano, la Confederación de Asociaciones de Expertos de Cola de la Pescadería y otras acreditadas fuentes de jurisprudencia educativa sostienen que es no solo un derecho, sino incluso un deber. La práctica docente también apunta en esa dirección: en los últimos años, se está haciendo cada vez más usual a la hora de entregar exámenes ya corregidos que los alumnos suspensos pasen por alto si sus respuestas están bien o mal y te sometan a un bombardeo de protestas disparatadas, por la obviedad de sus fallos. Decenas de veces he tenido alumnos que me han preguntado por qué estaba mal una respuesta cuando ya se lo había dejado claramente explícito en el propio examen; más de una vez alguno, con gesto de fastidio, me ha preguntado: "¿Había no se escribe con "v"?", o burrada semejante, habida cuenta, además, de que era su profesor de lengua el que le había corregido el error: no les ha importado, tan empecinados han estado en negarse a admitir que se les suspendiera un examen que traían mal preparado que no se han parado a pensar en lo ridículo y prepotente de su pregunta. El ejemplario de protestas sin fundamento podría ocupar páginas y páginas. Este vicio procede de un mal bastante extendido: muchos padres endiosan a sus hijos, les dicen sí a todo y acaban convirtiéndolos en pequeños monstruos de soberbia que creen que todo les está permitido y tienen cerradas a cal y canto las puertas a la menor corrección. Esto tiene unas consecuencias bastante desastrosas, y no solo para la escuela. Ni que decir tiene que el derecho a protestar por este tipo de "injusticias" alcanza también a los padres.
   Criterio inferido del apartado 1: será mejor que apruebes a todo el mundo, de lo contrario, te freirán a protestas. 
    2.- Derecho inalienable a no reconocer nunca. En el ámbito de las protestas por las calificaciones de los exámenes, es frecuente encontrar alumnos que, cuando les explicas dónde estaba el fallo que han cometido, se obstinen en no verlo. En estos casos, suelo acabar invitándoles a que vengan durante el recreo a mi departamento para que se lo explique con tranquilidad, y he de decir que son poquísimos los que acuden, porque la mayoría de las veces, en realidad, saben muy bien que habían respondido mal. Una variante de este derecho se da en las situaciones de conflicto, o sea, en esas situaciones en las que te ves obligado a llamar la atención a un alumno por su mal comportamiento y, antes que admitir que estaba haciendo algo mal y obedecerte sin más, ese alumno se inventa unos malos modales de tu parte para agarrarse a un cínico: "Dígamelo de buenas maneras"; en otras palabras: no es que él se haya portado mal, es que el profesor le ha faltado al respeto. Para mayor ironía, no es inusual que esta exigencia de buenas maneras venga formulada de muy malas maneras.
   Criterio inferido del apartado 2: será mejor que apruebes a todo el mundo y no llames nunca la atención a nadie, pues lo que pasa es que o has calificado como mal algo que estaba bien, o has ofendido a un pobrecillo que no estaba haciendo nada.
    3.- Despenalización de la mentira y la manipulación. En el ámbito de las motivaciones alegadas contra los suspensos en los exámenes o las conductas indebidas, cada vez oigo con mayor frecuencia entre el profesorado quejas contra la abierta utilización de la mentira. Soy un maniático de la puntualidad y el primero en practicarla; por otra parte, jamás pongo en un examen nada que no haya sido tratado y explicado en clase, y además, con reiteración. Pues bien, alguna vez me he encontrado quejas del tipo: "Llegaste tarde y por eso no dio tiempo", o "Eso no se explicó en clase", aunque reconozco que han sido muy muy infrecuentes. Donde la mentira hace estragos es en casa: buena parte de los conflictos que he tenido con padres han procedido de mentiras que sus hijos les han contado sobre lo que yo hacía y... los padres las han creído y han venido predispuestos contra mí sin preguntar. De nuevo la ultraprotección de los hijos resulta desastrosa. Una variante de la mentira es la inasistencia a exámenes por enfermedades falsas, recurso cada vez más utilizado, lo que nos ha llevado a muchos a no creer más que en justificantes de médicos, hospitales o cualquier institución externa, nunca de la familia, ya que son cada vez más los padres que se prestan a colaborar con sus hijos en esto.
    Criterio inferido del apartado 3: cuando un alumno se queje de que su suspenso se debe a algo que tú hiciste, apruébale aunque estés seguro de que no lo hiciste. Si un alumno falta a un examen por enfermedad, apruébale directamente, no seas tan inhumano de encima suspender o ponerle el examen a alguien a quien le dolía la tripa.   
    4.- Principio de la relatividad funcional. Lo que el profesor y/o los libros digan no tiene por qué ser la única verdad. Si un alumno sostiene que La Celestina la escribió Gonzalo de Berceo, ¿por qué no va a ser así? Él tiene derecho a pensarlo y tú no tienes derecho a suspenderle por eso, ¿o es que estabas allí para ver quién escribió el libro? Cada cual tiene su opinión de las cosas y debe respetarse por encima de todo, como consagra la Constitución.
    Criterio inferido del apartado 4: cualquier cosa que diga o escriba un alumno debe ser considerada desde múltiples perspectivas, miles, quizás. No te molestes en analizarlo desde todas y apruébale directamente, porque seguro que habrá alguna desde la cual tenga razón.
    5.- Principio de presunción de culpabilidad del profesor. Aunque en algunas comunidades existen leyes que consideran que la palabra del profesor, por principio, debe prevalecer ante la del alumno, este disparate entra en abierta contradicción con una enseñanza moderna, democrática, libre, progresista e innovadora, como se desprende del solo hecho de que las comunidades que lo tienen son las más fachas. Si el pacto educativo quiere avanzar de verdad hacia una enseñanza integrada en el siglo XXI, deberá incluir normas que establezcan de forma explícita la presunción de culpabilidad por parte del profesor.
    Criterio inferido del apartado 5: debes suspender a todo el mundo, esperar al inevitable escándalo que eso producirá y, cuando merecidamente te echen la culpa, poner sobresaliente a todos. Otra cosa que puedes hacer es declararte de antemano culpable de lo que sea y poner el sobresaliente directamente  (la formulación de este criterio está pendiente de consenso entre los expertos).   
    6.- Cláusula de "tenía que intentarlo". En ocasiones (escasísimas) he tenido alumnos a los que he pillado intentando copiar. Otras veces, he recibido solicitudes de revisión de exámenes por parte de alumnos que tenían un 1 o un 2, las cuales no han prosperado. En ambos casos, ante la tentativa fallida, la disculpa más frecuente por parte del alumno ha sido decir después: "Tenía que intentarlo, profe".
    Criterio inferido del apartado 6: Cuando un alumno se acoja a la cláusula de "tenía que intentarlo", recibirá automáticamente la nota de aprobado precisa para superar el periodo evaluado.
    7.- Ley de prioridad de los tantos por ciento. Ocurre en ocasiones que hay grupos que jamás estudian para un examen y se dan por ello casos de que alguna clase suspenda en su totalidad uno, varios o todos los que se les ponen y que incluso parte de sus alumnos los entreguen en blanco nada más recibirlos del profesor. Muy a menudo (por no decir siempre), los componentes de estos grupos son conscientes de que a los profesores les da miedo suspender a un porcentaje demasiado alto de sus alumnos (véase también el apartado 5), con lo que practican una falta de estudio generalizada, en espera de que sea el profesor quien habilite fórmulas para aprobarles sin tener que hacer nada.
    Criterio inferido del apartado 7: aprueba directamente a todos tus alumnos mediante el procedimiento de poner pruebas facilísimas y evitarás enojosos problemas de porcentajes.
    8.- Ley de la igualdad docente universal. Muy relacionada con el apartado 4, esta ley está destinada a consagrar de manera definitiva el derecho que tienen -y ejercen- algunos padres que, cuando van a protestar ante un profesor -generalmente, sin tener el menor conocimiento de la materia que este imparte-, deciden poner en duda sus correcciones y valoraciones, la oportunidad de las pruebas que ha puesto y hasta sus conocimientos sobre la materia o, preferentemente, su solvencia didáctica, amparándose en el conocido hecho de que los profesores de instituto sabrán mucho de sus asignaturas, pero no saben enseñarlas.
    Criterio inferido del apartado 8: dado que, en efecto, tienes que reconocer que, como han demostrado multitud de expertos y pedagogos, tu capacidad para enseñar esa asignatura que das es muy limitada (véase además el apartado 5), lo más justo y sensato que puedes hacer es no suspender jamás a nadie.
    9.- Ley del inalienable derecho a denunciar. En última instancia, España no deja de ser el país de la Inquisición y, si uno puede reclamar por lo que sea y sin tener que dar argumentos muy sólidos, las cosas no son muy distintas cuando se trata de denunciar ante escalones superiores: cualquiera puede entrar en el despacho de un jefe de estudios, un director o un inspector, contar lo que le parezca y poner con ello en marcha un proceso de averiguaciones. Sean o no fundadas sus demandas, el denunciante queda al margen de toda consecuencia, pero, para el que se ve metido en ellas, las tribulaciones pueden llegar a ser de intensidad muy diversa, y casos de denuncias sin razón no han faltado.
    Criterio inferido del apartado 9: joder, ¿es que aún te lo tenemos que decir más claro? ¡Aprueba a todo el mundo ya y déjate de complicaciones!
             Supongo que en su momento se creará la debida rueda de comisiones para establecer los contenidos del acuerdo educativo; espero que esta modesta aportación mía en lo que toca al asunto de la calificación pueda resultarles útil. No creo estar exagerando si afirmo que incluir estos criterios en la futura ley acordada y experimentar un subidón en PISA va a ser todo uno.

21 comentarios:

  1. Muy bueno. Ando corrigiendo precisamente ahora, y ya ando preocupado de lo que pasará cuando vean las notas -porque sus respuestas en ls exámenes es lo de menos-. El día que me obliguen a cambiar una nota, apruebo a todos. Por cierto, en Andalucía se justifica la falta al examen solo con la firma de los padres. Al menos así lo comunicó por escrito un inspector en mi anterior centro, por lo que pienso que debe ser general.

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    1. Hola, Cosme. Veo que las comunidades son distintas, pero las guerras son la mismas. El asunto ese de la justificación de inasistencia a exámenes es delicado, porque, como bien sabrás, es el coladero que han elegido muchísimos jetas. Para mí, lo que más importa es esto: si tragas, estás transmitiendo a los que no hacen trampas el mensaje de que, bueno, que no importa, que si se lo saben montar... Horrible. Por aquí por Madrid no tengo noticia de ninguna iniciativa como esa que tú dices del escrito de un inspector. Los que nos negamos a admitir la simple justificación paterna nos defendemos pidiendo a nuestros oponentes que nos enseñen una normativa que obligue a lo contrario. Un saludo.

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  2. Excelente artículo. El curso que viene incluyo estos criterios en la programación y seguro que nadie réplica. Total, no creo que se los lean....Ánimo Guachimán que ya solo nos queda la ironía y no cejar en la protesta.

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  3. ¿Ironía? ¡Pero si lo decía en serio! Un saludo, Anais.

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    1. ¡Lo sabía!

      Estupenda la entrada, Pablo. Un abrazo.

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    2. ¡Joder, cómo me cazáis, soy un desastre! Un abrazo, eniguey (¿se escribe así? Es que yo no hice bilinguimmo).

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    3. Sí, solo te ha faltado la diéresis.

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  4. Es como para echarse a temblar.¿Podrá el sistema sobrevivir si continúa asi, si nos vemos obligados a continuar en esta línea?

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  5. El sistema son las leyes, las aberraciones, los aciertos, los padres, los alumnos, los profesores... Se han hecho muchas barbaridades ahora y siempre, y siempre, a pesar de todo, ha habido gente dispuesta a enseñar y gente dispuesta a aprender. Algunos señalamos los problemas porque son lo que nos preocupa, Anais, pero te aseguro que, si cuento los padres que me han felicitado por llevar una línea de seriedad y exigencia, son bastantes más que los que han venido a tirárseme a la yugular, lo que pasa es que la gente seria es discreta y no se hace notar tanto. Trabajamos para todos, para los que saben y quieren recoger los frutos y para los que no; luego, cada cual sacará el provecho que le corresponda. Y al final, los que hacemos las cosas con sensatez debemos de ser bastantes, porque, a pesar de todo, esto no se cae. Acabo de oír los resultados del último informe PISA y no solo parece que mejoramos, sino que, además, en algunas comunidades estamos a muy buen nivel. Esto solo se explica por una cosa: hay muchos profesores que enseñan y muchísimos alumnos que aprenden.

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  6. Como bien dices guachimán, hay alumnos que quieren aprender y profesores que están dispuestos a enseñar, pero a veces es desalentador ver lo poco que se apoya a quienes exigen conocimientos y rigor. En fin seguiremos firmes en nuestros principios hasta que las presiones de la administración, de los padres y de los alumnos nos obliguen a doblegarnos.

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  7. Acerca de lo de la falta de apoyo, no puedo estar más de acuerdo contigo, Anais. Luego fastidia aún más lo que estamos comentando en este artículo: que parezca que encima se les pone alfombra roja a los gandules, a los tramposos y a los más conflictivos. En efecto, tendremos que seguir firmes -a menudo, toca poner la cara, aunque sepas que te la van a partir-, cosa que, de todos modos, también da muchas satisfacciones.

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  8. Tengo verdadero interés por saber qué pensáis de esta iniciativa. (Por aquello de qué la vocación nunca se pierde aunque haga años que no ejerzo)

    https://www.change.org/p/sr-d-i%C3%B1igo-m%C3%A9ndez-de-por-un-pacto-educativo-que-escuche-a-los-docentes?recruiter=99212215&utm_source=share_petition&utm_medium=copylink

    Saludos

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    1. Hola, Molina. Mirando la bandeja de spam, he visto este comentario tuyo que el sistema ha mandado ahí directamente, seguramente, porque tiene (a su juicio) demasiados enlaces. No conozco la propuesta y he seleccionado los enlaces y no me llevan a ninguna página.

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  9. La Junta vuelve a encontrar la solución. Si funciona el aplace del final, verás el último Proyecto. Es para aumentar de nuevo el número de titulados en ESO y en Bachillerato -de conocimiento parece que no podemos mejorar-. Lo curioso es que las fotos y el diseño es de Primaria, pero las instituciones solo van destinadas a ESO y Bachillerato: mi impresión es que nos quieren a todos maestros, que no suspenden a nadie, no hacen repetir y sus clases son súper divertidas y motivadoras siempre. Un saludo, y a seguir con el blog, que desde el fin de Deseducativod y YO EL INDIVIDUO algunos andamos un poco huérfanos.
    https://www.dropbox.com/s/23tsqxm6ezxghsk/1480436957736PlanExitoEducativo.pdf?dl=0

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  10. Perdón por el auto corrector: instrucciones, que no instituciones.

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  11. Es que lo que os ha tocado padecer en Andalucía lleva plus, Cosme. si estás de humor, echa un vistazo a estos enlaces y verás en qué trinchera se sitúa la Junta:
    Pedagogía Blanca:
    http://www.pedagogiablanca.net/
    Empieza por Educar:
    http://programaexe.org/
    Ashoka:
    http://www.ashoka.es/campanas/presentacion-escuelas-changemaker-abril-2016/
    Ya meramente desde el capítulo de la estética, se ve poca diferencia entre el proyecto público de un gobierno autonómico y el más crudo sectarismo educativo, mal asunto. Por cierto, que el blog de Nacho Camino (Yo soy el individuo), sigue funcionando, lo que pasa es que cuelga artículos de higos a brevas. Un saludo.

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    1. He visitado las páginas que me has dicho: qué horror. Por otra parte, está claro el negocio que supone la educación para la multitud de avispados sin escrúpulos que existen. Lo malo es la cantidad de gente -algunos de manera inocente, otros con todo tipo de intereses- que les sigue el juego. Miedo me da todo esto.
      Con lo lógico que es pensar que los profesores enseñan y los alumnos (¡alumni los llaman en uno de esos sitios!) aprenden. En fin. A ver en qué va quedando todo esto, aunque soy un escéptico pesimista por agotamiento.
      Un saludo.

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    2. Lo del pesimismo por agotamiento lo entiendo y lo comparto, Cosme. Nuestra enseñanza está lastrada por un buen montón de mentiras destinadas a encubrir los fracasos más rotundos o a vender falsas soluciones que dan buenos réditos (en dinero, poder o prestigio) a unos cuantos. Encubrimiento de las miserias y mercantilización: tampoco extraña tanto que lo peor del servicio público (sus gestores) y lo peor de los negocios privados (los que más se maquillan) hayan acabado convergiendo.

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