Libros que he publicado

-2028. ¿Cómo será la Tercera República? -LA ESCUELA INSUSTANCIAL. Sobre la urgente necesidad de derogar la LOMLOE. -EL CAZADOR EMBOSCADO. Novela. ¿Es posible reinsertar a un violador asesino? -EL VIENTO DEL OLVIDO. Una historia real sobre dos asesinados en la retaguardia republicana. -JUNTA FINAL. Un relato breve que disecciona el mercadeo de las juntas de evaluación (ACCESO GRATUITO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA). -CRÓNICAS DE LAS TINIEBLAS. Tres novelas breves de terror. -LO QUE ESTAMOS CONSTRUYENDO. Conflictividad, vaciado de contenidos y otros males de la enseñanza actual. -EL MOLINO DE LA BARBOLLA. Novela juvenil. Una historia de terror en un marco rural. -LA REPÚBLICA MEJOR. Para que no olvidemos a los cientos de jóvenes a los que destrozó la mili. -EL ÁNGULO OSCURO. Novela juvenil. Dos chicos investigan la muerte de una compañera de instituto. PULSANDO LAS CUBIERTAS (en la columna de la derecha), se accede a información más amplia. Si os interesan, mandadme un correo a esta dirección:
repmejor@gmail.com

Tenéis información de los precios aquí:
Mostrando entradas con la etiqueta Salud. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Salud. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de febrero de 2021

Un repulsivo editorial de "El País" sobre la Ley Trans

  Tan solo quince días después de mi artículo sobre la disparatada ley trans que pretende colarnos el ala radical del Gobierno, leo un editorial de "El País" que confirma la sospecha que allí expresé: que el debate va a ser duro. De su lectura se desprende que a este medio las líneas generales de la propuesta le parecen maravillosas, sobre todo, la esencial, que es precisamente la más insostenible, la más polémica y la que hará que esta ley nunca llegue a entrar en vigor: el asunto de la autodeterminación, ya sabéis, esa barbaridad de que para cambiar de sexo sea suficiente con que uno vaya al registro y lo diga. "El País" tiene todo el derecho del mundo a mantener esta postura, que argumenta con una serie de razones las más de las veces vagas o inexactas que no voy a discutir, pero lo que no puede hacer es caer una vez más en ese vicio tan del gusto de este periódico: la descalificación de los que no piensan igual, que se concreta en la siguiente frase:

    El debate tiene un fuerte componente ideológico y raíces sociales y generacionales que van mucho más allá de todo eso, con argumentos liberales que se alinean con la posición de Podemos, y otros reaccionarios que, paradójicamente, apoyarían la del PSOE.

    Haciendo una vez más uso de la potestad que un día Dios concedió a este medio de extender credenciales de buenos y malos, de progres y fachas o de liberales y reaccionarios, con solo estas tres líneas, deja el asunto zanjado: póngase usted del lado de lo que dice Podemos -o sea, de la Ley Trans-, pues, de no hacerlo, será usted un reaccionario. ¡Qué fácil es arreglar el mundo cuando se está en posesión de la verdad! Ahora bien, lo que el PSOE, Carmen Calvo (por una vez, estoy de acuerdo con ella) y me temo que millones de ciudadanos sostenemos es que sería un disparate promulgar una norma en que cada cual pudiera establecer su sexo según su mera percepción subjetiva, despreciando lo que su naturaleza anatómica determinase, así que se me ocurre una pregunta para el editorialista del "El País": ¿desde cuando son reaccionarias la lógica, la sensatez y la objetividad?

    "El País" se toma la libertad de afirmar que "en términos generales, la autodeterminación representa un avance para quienes tengan una visión progresista y liberal de la sociedad" y parece imaginar con una apreciación tan frívola que con eso queda demostrada la excelencia de la autodeterminación, pero está claro que no demuestra nada, porque quedan un montón de preguntas en el aire: ¿por qué razones objetivas la autodeterminación representa un avance? ¿Por qué saben ellos que todos los progresistas y liberales así lo creen? ¿Por qué tendría que bastar para que la autodeterminación fuese beneficiosa el que les gustase a los progresistas y liberales? ¿Es que los progresistas y liberales no se equivocan nunca? Como ya señalé en mi anterior artículo, la ley propuesta es una orgía de disparates y un establecimiento de privilegios para los trans (al contrario de lo que sostiene "El País") y quien piense que no es así debería presentar razones objetivas de peso, no una santificación basada en que la ley va a gustarles mucho a los progresistas y los liberales: esto no es cuestión de gustos, sino de regular normas sociales que afectan a todos, y no solo al feminismo, a los trans y a los progresistas.

    Pero el problema es que "El País" desde el principio ha apostado fuerte y alegremente por todo lo que parezca  santificación de las propuestas trans, sin pararse a pensar ni un momento en que algunas pueden ser muy desaconsejables. Si hacéis memoria, hace ya más de dos años, en julio de 2019, publicó en su suplemento dominical un reportaje titulado Yo soy Cora, que habla de un niño que quería ser niña y, con el apoyo de sus padres, realizó el tránsito. Empieza con estas palabras: 

    Una noche de 2014, en su cama, antes de dormir, le dijo a su madre: "De mayor quiero ser una niña". Tenía tres años. Le gustaba usar vestidos y jugar con muñecas. Pero Cora aún no era Cora.

    Unas líneas más adelante, después de exponer todo el proceso, encontramos estas otras:

    El 16 de noviembre de 2016, Ana Valenzuela despertó a su hija con palabras nuevas: "Buenos días, princesa". Esa mañana iba por primera vez a la escuela siendo Cora. 

    Ana Valenzuela es la madre de Cora. ¿Con tres años ya se tienen las ideas tan claras y suficientes elementos de juicio para un asunto tan grave?  ¿Con cinco o seis años hay una base lo suficientemente sólida como para fundamentar el cambio de niño a niña? A mí me parece rotundamente que no y por eso soy de los que están en contra de la ligereza con que algunos como "El País" o los impulsores de la Ley Trans parecen enfocar el encaje de los menores en esta cuestión, diga lo que diga el Tribunal Constitucional. Terminaré con una última cita del reportaje, unas palabras que proceden de una experta:

    La identidad de género "no viene determinada por el conjunto de informaciones cromosómicas, órganos genitales, capacidades reproductivas o características secundarias", sino que responde a la más humana y universal de las preguntas: ¿Quién soy yo?". 

    No sé si compartiréis estos planteamientos, que no hará falta que os diga que a mí me parecen un disparate pseudofilosófico que puede acarrear las consecuencias monstruosas que ya se están viendo, pero, en todo caso, os animo a leer la historia, porque me parece sumamente esclarecedora.  

sábado, 3 de octubre de 2020

Madrid, una comunidad estigmatizada

     Si no llevásemos meses con el PSOE y Podemos embarcados en una feroz campaña de acoso y derribo contra el Gobierno madrileño; si no llevase semanas viendo a diario que la primera página de "El País" incluía en cabecera una noticia a grandes titulares hablando de la desastrosa situación sanitaria de Madrid; si no hubiera contemplado, allá por mayo y junio, el chalaneo miserable en que el Gobierno nacional convirtió el final del estado de alarma, con arbitrariedades para contentar a las comunidades de siempre; si no recordara que en abril, cuando el Gobierno de Sánchez ostentaba el mando de la política sanitaria de toda la nación, la Generalidad de Cataluña, sin recibir el menor reproche, impidió la construcción de un hospital de campaña en Sabadell, podría tener un resquicio de duda acerca de que el cierre de Madrid llevado a cabo por el Gobierno central tiene razones sanitarias y no políticas. 

     ¡Qué ganas había de meterle mano a Madrid! ¡Qué locos están en el PSOE y el fabuloso mundo de la podemia por crear una imagen de caos en esta comunidad que les permita derribar al gobierno y ocuparlo ellos! Y bien que la señora Ayuso, a la que ni defiendo ni considero más eficiente que sus adversarios, se lo está poniendo en bandeja con su torpeza. Pero está claro que las razones han sido distintas a las esgrimidas y además inconfesables, lo que no extraña viniendo de un gobierno de Sánchez. Aparte de lo dicho en el párrafo anterior, las motivaciones del Gobierno de todos los españoles se hacen increíbles por otros datos, como estos: es inexplicable tal giro de ciento ochenta grados a pocos días de la escenita en que Sánchez y Ayuso anunciaron que iban a colaborar; no parece que lo que se ha implantado hasta ahora, desde el punto de vista sanitario, sea muy distinto de lo que ya había, y, sobre todo la cara de Salvador Illa: el día que anunció la decisión, era patética: despeinado, con una rara mezcla de aflicción e ira y sin apenas atreverse a levantar la mirada: inseguridad, falta de convicción... Repito: patético. En la grave situación sanitaria que atravesamos, me he abstenido de hacer valoraciones sobre el ministro de Sanidad, consciente de que debe de ser un palo ocupar un ministerio de algo de lo que no tienes ni idea porque, total, con las competencias transferidas, ahí ibas estar haciendo pajaritas y que a los dos días se te venga encima una catástrofe como la del coronavirus. ¡Por favor, si yo me metí aquí para que hubiera  en el Gobierno otro amiguete de los separatistas! Son los gajes de la política cínica de la actualidad y de nuestro INSOSTENIBLE Estado de las autonomías. Lo pasó mal en la primeras semanas, cometiendo fallo tras fallo, viendo la nulidad de su cargo, recibiendo diarios aluviones de críticas... Pero, en su situación de entonces, era inexcusable ser comprensivos con él. Pero ya no. Visto que la emergencia sanitaria se iba a extender por algún tiempo, Illa debió dimitir nada más levantarse el estado de alarma, con el fin de que su jefe -contando con que hubiera tenido un rapto de sensatez- hubiese puesto en su lugar a alguien con conocimiento profundo de la sanidad. Esta es otra razón para no creer en la limpieza de lo que Sánchez acaba de hacer en Madrid: ¿qué credibilidad tiene la preocupación por la sanidad de un presidente que sigue manteniendo a Illa? Si a Illa, un incompetente manifiesto, lo sigue teniendo en un puesto tan delicado por la razón política de que es del PSC, ¿por qué habríamos de tragarnos los españoles que el señor Sánchez ha intervenido en Madrid por razones sanitarias y no políticas? (1)

     Madrid ha sido estigmatizada y eso acabará trayendo consecuencias. Empezó todo con aquella estúpida caza de brujas de las primeras semanas, cuando de todas partes se quejaban de esos madrileños que se escapaban a sus segundas residencias, una torpeza importante y una auténtica satanización, primero, porque a segundas residencias escapó gente de todas partes; segundo, porque el pecado de unos cuantos nos lo colgaron a todos los madrileños, que somos muchos millones, con la frívola complicidad de los medios de comunicación de mayor alcance. El madrileño se convirtió en un apestado por unos conductos propios de la Edad Media. Después vino ya la muy meditada operación política, con intervenciones tan memorables como las de Rafael Simancas y su terrible demonización de Madrid. Cuando lo vi, me dije: ¡Y pensar que este señor pudo haber sido presidente de la comunidad!

     Pero la cosa sigue; de hecho, si me he decidido a escribir este artículo es porque hoy he visto en La Sexta un reportaje que rayaba a los altos niveles de manipulación de esta cadena. Comparaba Madrid con otra grandes capitales del mundo, con el fin de dejarla en evidencia ante el mayor rigor de las medidas de las demás y, una vez más, demostrar que está tan mal porque es pecadora y culpable. Ahora bien, Madrid ha tomado unas medidas en la línea de las tomadas en toda España, de modo que la comparación, lógicamente, habría que haberla hecho entre países, no entre capitales: Madrid es una ciudad que está muy mal en coherencia con que España es un país que está muy mal. Reflexiono sobre estas cosas y luego veo a cierto individuo poniendo carita de bueno y diciendo que en la lucha contra la pandemia hay que dejar de lado las diferencias políticas y me dan ganas de vomitar. 

     Lo que nos importa a todos es que la epidemia acabe cuanto antes y, desde luego, sería ideal que quienes deben luchar contra ella apartasen sus intereses particulares. Ahora bien, quiero dejar una reflexión: lo normal cuando un lugar es especialmente azotado por una catástrofe es que todos a su alrededor se compadezcan de él, le den ánimos e intenten ayudarle, así que me llena de perplejidad lo que ha ocurrido con Madrid: ante el hecho de que hayamos sido los más duramente castigados por la pandemia, la reacción ha sido criminalizarnos. Esto lo han hecho algunos miserables anónimos, medios de comunicación perrunos y partidos políticos. A estos últimos, los esperamos en las elecciones. A lo mejor consiguen cargarse a Ayuso, pero eso de que entonces subirán ellos puede que no esté tan claro. 


1.- Unas horas después de escribir estas líneas, me encuentro en "El País" un artículo cuyo titular empieza con esta frase tan esclarecedora: El pulso político que terminó con el cierre de Madrid, un relato inefable en el que, involuntariamente, el no menos inefable Carlos E. Cué y otros dos periodistas dejan retratado a Salvador Illa.

lunes, 24 de agosto de 2020

Fernando Simón y los "influencers"

   Cuando hace apenas unos días vi por televisión a Fernando Simón, portavoz del Ministerio de Sanidad en la lucha contra la pandemia por coronavirus, pidiendo ayuda a los "influencers" para difundir entre la población las cosas que se debían hacer en esta lucha, me quedé tieso por el asombro. La lucha contra la pandemia es un asunto tremendamente serio que afecta a toda la sociedad, así que, en un país bien organizado y avanzado, a los ciudadanos lo que se nos debe pedir es una actuación responsable y un cumplimiento de las indicaciones o normas que procedan de las autoridades competentes, en este caso, sanitarias. Por otro lado, en un país al que se le supongan las antedichas condiciones, deberían ser esas autoridades y no otras instancias quienes tomasen bajo su cargo y responsabilidad toda acción efectiva dirigida a la superación de la crisis.
    A esas autoridades no les corresponderá ese delicado papel así porque sí, o por causas espontáneas e inconsistentes, sino por las muy sólidas razones por las que en las sociedades avanzadas se alcanzan los puestos de responsabilidad colectiva, y recalco esta palabra, responsabilidad, porque está en la esencia del desempeño de toda función pública y es la clave que señala de manera inequívoca que el llamamiento del señor Simón fue un lamentable disparate. Todo aquel que desempeña una función pública lo hace en virtud de una fundamentada idoneidad para ese desempeño y sometido a una responsabilidad por lo que haga o deje de hacer. Pongo ejemplos: el policía, el médico, el profesor, el bombero, el administrativo ministerial, el técnico de hacienda o el socorrista, para llegar a esos puestos, habrán tenido que demostrar su capacitación mediante la superación de pruebas y/o la presentación de títulos o méritos adecuados, pero la cosa no se quedará ahí, porque, además, cualquiera de esos profesionales que desempeñe sus funciones de forma negligente o ineficaz tendrá que rendir cuentas por ello.
    Por tanto, las preguntas son estas: ¿cuáles son los méritos demostrados por los "influencers" para ejercer como guías de la conducta ciudadana ante la pandemia? ¿Qué mecanismos ha utilizado el señor Simón para constatarlos? ¿Cuáles son los cauces que fijarán sus responsabilidades en caso de que cometan algún error? Me temo que la sola formulación de estas preguntas basta para evidenciar que el peregrino llamamiento de Fernando Simón fue una completa frivolidad, lo cual resulta inadmisible, pues ni su puesto ni la situación que atravesamos son aptos para frivolidades. Tendríamos razones los ciudadanos para sentirnos ofendidos por un coordinador gubernamental que parece presuponer que somos unos descerebrados que, ante tan delicado asunto, vamos a seguir los consejos de personas cuya notoriedad procede de tener seguidores en internet y no de sus conocimientos médicos; tendrían razones para molestarse los "influencers" ante el intento del señor Simón de arrastrarlos en su demagogia.
     Porque, en  realidad, se trata de demagogia y no de un interés real por aportar mejoras a la lucha contra la pandemia. Esta escenita tiene todo el aroma de una ocurrencia efectista más ideada por Iván Redondo y permitida por Pedro Sánchez, Illa o quien controle a Simón. Ahora toca poner el foco sobre los jóvenes, porque a alguien hay que culpar del alarmante ascenso de contagios que estamos padeciendo en las últimas semanas, de ahí vendrían la machaconería con que se está hablando de fiestas y discotecas, esta delirante comedia de los "influencers" (como si el pobrecito Illa no tuviera otro recurso para parar el incremento de casos) o la aberrante manipulación que he visto hace solo unas horas: el telediario de la 1 abriéndose con esta noticia: ¡200 jóvenes sin mascarilla en una fiesta de Torremolinos! ¡Estos c _ br _ n _ _  de jóvenes nos la van a liar parda! Ninguna responsabilidad de Simón, ni de Illa y su ministerio, ni de Sánchez, que ya ha decidido descargarlo  todo sobre las comunidades autónomas. Pero si uno se toma la simple molestia de ver cuántos brotes hay ahora mismo en España, resulta que tenemos activos 1.126: ¿son todos obra de jóvenes sin mascarillas montando fiestorros? Otra cosa sobre la que llamo la atención: ¿por qué no abren mañana un telediario con los millones de jóvenes que sí llevan mascarilla y se portan con la responsabilidad que parece faltarles a ciertos responsables (?) políticos e informativos?
    Sinceramente, no me cambiaría por Fernando Simón, porque está sometido a una presión y unas críticas que deben de ser muy difíciles de soportar y tal vez sea esto lo que le empuje a cometer los patinazos que está cometiendo últimamente, cada vez más y más absurdos. Aunque ahora todos le critican, muchos de los que lo hacen le alababan hasta hace solo unos meses. Pienso que la equivocación de su vida fue aquello que dijo de que, si su hijo le preguntase si podía ir a la manifestación del 8-M, él le respondería que hiciera lo que quisiera, una frase que muy poco después se demostró insostenible y que le ha pasado la tremenda factura de cargarse su prestigio. No tengo nada personal contra él, pero pienso que hoy lo mejor para todos sería que dimitiese o que sus superiores lo relevasen. 

viernes, 27 de marzo de 2020

Las cifras de China: o gran esperanza o gran mentira

   Hoy ha vuelto a crecer el número de fallecidos en un solo día por coronavirus en España. Hemos alcanzado la cifra de 769. Casi a diario, echo un vistazo a los cuadros y gráficos de la evolución de la enfermedad y esta mañana, al mirar el que publicaba El Español (también hay uno en la noticia de El Confidencial que os he enlazado antes, y aquí tenéis un buen mapa mundial), he pensado de nuevo algo que me está dando vueltas en la cabeza en los últimos días y que os explicaré con este cuadro:
País
Infectados
Fallecidos
(con % sobre el total)
Curados
(con % sobre el total)
Total
542.417
24.354 (4’49%)
124.164 (22’89%)
China
81.894
3.296 (4’02%)
74.720 (90’87%)
Italia
80.539
8.215 (10’20%)
10.361 (12’86%)
E.E.U.U.
85.749
1.304 (1’52%)
1.868 (2’17%)
España
64.059
4.858 (7’58%)
9.357 (14’60%)
Irán
29.406
2.234 (7’59%)
10.457 (35’56%)
Alemania
43.646
262 (0’60%)
5.673 (12’99%)
Corea Sur
9.332
139 (1’49%)
4.528 (48’52%)
   Ya sé que en este cuadro no se tienen en cuenta muchos factores importantes, como el total de población de cada país, el total real de infectados en cada uno de  ellos (desconocido en general), el tiempo que llevan luchando contra la epidemia o la virulencia con que se declaró, por citar algunos de los más señalados, pero me voy a permitir alguna reflexión. Como puede verse, hay algunos países, como Alemania o, más aún, Corea del Sur (que incluso ha tenido éxito al contener la propagación de la infección) que deberían servirnos como ejemplo, tanto por el bajo índice de mortalidad (1) como por el alto porcentaje de recuperaciones, pero, si nos fijamos en los datos de España, aunque podemos ya empezar a congratularnos de un porcentaje de recuperaciones bastante significativo, dados los altísimos índices de infección y de mortalidad, creo que los modelos deberíamos buscarlos en los países que ya hayan pasado por una situación crítica y ahora estén mejor que nosotros. Si admitimos esto, nuestros ojos deben dirigirse hacia Irán y hacia China. Irán empezó con un régimen de contagio alarmante, que, si la memoria no me falla, alcanzó al principio una mortalidad superior incluso a la de Italia, pero después, tras un periodo en que hemos dejado de oír hablar de este país, reaparece con una cifra de contagiados muy inferior y unas cifras y porcentajes de fallecidos y recuperados muy halagüeñas. En cuanto a China, sorprende (por lo menos, a mí) que el país foco de la epidemia y con un respetabilísimo número de habitantes se haya quedado en poco más de ochenta mil infectados. Si miramos el número y porcentaje de fallecidos (más aún, unido al hecho de que hace días que está prácticamente estancado) y las espectaculares cifras de recuperados, tendremos que concluir que sus registros son jubilosos y que los chinos pueden afirmar que han superado la epidemia. 
    No voy a ocultar que a mí, por algunos factores que ya he señalado, las cifras de China me producen dudas, pero, si mis dudas son infundadas y esas cifras (o las de Irán) no son una gran mentira, entonces constituyen una gran esperanza, por lo que creo que en España deberíamos preguntarnos qué han hecho en esos dos países que empezaron peor que nosotros y ahora están mejor para seguir su ejemplo. 

1. Aunque en este dato los alemanes, alejándose de toda ejemplaridad, parecen estar dando cifras más bajas de las reales.