Libros que he publicado

-2028. ¿Cómo será la Tercera República? -LA ESCUELA INSUSTANCIAL. Sobre la urgente necesidad de derogar la LOMLOE. -EL CAZADOR EMBOSCADO. Novela. ¿Es posible reinsertar a un violador asesino? -EL VIENTO DEL OLVIDO. Una historia real sobre dos asesinados en la retaguardia republicana. -JUNTA FINAL. Un relato breve que disecciona el mercadeo de las juntas de evaluación (ACCESO GRATUITO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA). -CRÓNICAS DE LAS TINIEBLAS. Tres novelas breves de terror. -LO QUE ESTAMOS CONSTRUYENDO. Conflictividad, vaciado de contenidos y otros males de la enseñanza actual. -EL MOLINO DE LA BARBOLLA. Novela juvenil. Una historia de terror en un marco rural. -LA REPÚBLICA MEJOR. Para que no olvidemos a los cientos de jóvenes a los que destrozó la mili. -EL ÁNGULO OSCURO. Novela juvenil. Dos chicos investigan la muerte de una compañera de instituto. PULSANDO LAS CUBIERTAS (en la columna de la derecha), se accede a información más amplia. Si os interesan, mandadme un correo a esta dirección:
repmejor@gmail.com

Tenéis información de los precios aquí:
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viernes, 15 de mayo de 2026

2028: ¿acabarán convirtiéndome en profeta entre Pedro Sánchez e Iván Redondo?

     En el año 2024, a la vista de la trayectoria por la que entre el PSOE, la podemia y el nacionalismo estaban conduciendo a España, que transitaba por el camino de la destrucción del sistema democrático de 1978 y hacia la implantación de una república bananera, me hice un día esta pregunta: ¿cómo será la tercera república española? En síntesis, me salió esta respuesta: plurinacional, despótica, ruinosa, enloquecida y revuelta, es decir, lo único que podría traer la confluencia de los proyectos sanchista, comunista y separatista: un sindiós calamitoso. Dando un paso más, me propuse retratarla en un libro y el resultado fue 2028, una distopía que publiqué en noviembre de 2024, sobre la que podréis obtener más información pulsando aquí, y cuya portada es esta, que conocéis muy bien, pues figura desde hace tiempo en la columna derecha del blog:



    Lo que yo no podía imaginar entonces era que, un par de años después, el mismísimo Iván Redondo iba a confirmar mis cálculos de manera incontrovertible. Este personaje, reputado en general como un sagaz estratega (aunque a algunos nos parece un simple oportunista sin principios, como confirmaría el hecho de que es además asesor y amigo de Pedro Sánchez), acaba de escribir un libro titulado El manual, que por lo visto contiene la formulación de la propuesta de futuro que su autor tiene pensada para España: cargarse el actual marco constitucional y sutituirlo por otro en el que nuestro país sería un Estado plurinacional. Esta debería ser la apuesta del PSOE para las próximas elecciones de 2027 y vendría aderezada con otro ingrediente: un referéndum sobre nuestro actual marco legal, con el pretexto de que ya está obsoleto. A nadie se le escapa que eso no podría hacerse sin derribar la monarquía e implantar una república; no sé si el ladino Redondo se atreverá a decirlo alto y claro, pero va implícito y es inexcusable, pues su España plurinacional no es compatible con la monarquía y, en realidad, dejaría incluso de ser España. Al parecer, Redondo sugiere que ese referéndum se celebre en 2028, por ser el cincuentenario de nuestra constitución; que señale precisamente esa fecha para intentar cargársela es uno más de los ultrajantes sarcasmos con que acostumbran a jugar ciertos infames que prosperan hoy.

    En mi novela, las cosas suceden de manera más cruda: ni referéndum ni gaitas, nada de disimulos ni maquillajes, porque la república se implanta por las bravas en una revuelta impulsada desde el poder para frenar el descontento con la corrupción y la ruina, y las consecuencias inmediatas son la defenestración del rey, el exilio para él y para miles de españoles y la proclamación de un régimen guiñolesco y tiránico autodenominado República Federal Hispánica, un caos que representa el hundimiento de la nación. No es, no obstante, una oscura distopía, porque el apartado político lo planteo en clave humorística y esperpéntica, y es en realidad el marco en que se desenvuelve una historia detectivesca que sí es mucho más dramática. Uniendo la trama política y la detectivesca, sale el retrato de la España republicana y plurinacional de 2028, una España grotesca y nada deseble. Ya ha tenido unos cuantos lectores (menos de los que me gustaría, seré sincero) y a bastantes les ha hecho mucha gracia, pero a otros (en general, progresistas o incluso sanchistas) les ha puesto de muy mala leche. No sabían que, cuando la escribí, uno de mis móviles fue esta pregunta: ¿qué tal llevaría lo que hoy se llama progresismo el ser objeto de parodias? Puedo asegurar que muy mal, lo cual es indicio de que la actual izquierda ha adquirido esa rigidez avinagrada tan típica del autoritarismo. No quiero ni pensar lo que pasará si algún día la lee un separatista. 


1.- La primera noticia acerca de esta delirante conspiración contra la democracia y la nación española maquillada como propuesta de futuro la tuve a través de una columna de Ignacio Camacho, y después he leído también un artículo de José Rosiñol y otro de Rosa Cullell. Los tres me parecen muy recomendables. 

     

lunes, 16 de febrero de 2026

La república mejor: edición en Amazon

     La primera vez que tomé la decisión de escribir un libro fue hace más de cuarenta años, cuando, después de terminar la mili, me hice el propósito de contar lo que era aquello. Tras un buen puñado de años sin tiempo para hacerlo o sin sentirme capaz, escribí una primera novela -que titulé, acabo de recordarlo, El día de la Asunción- que resultó un intento fallido. Todavía estaba yo muy verde para construir una novela, pero además y por encima de eso, al leer aquella, me di cuenta de que carecía de fuerza, sobre todo, por una razón: porque, para captar la verdadera esencia del servicio militar obligatorio, el fondo que hacía de la mili una imposición incompatible con el respeto a los derechos de las personas -y me refiero a los más sagrados: la vida, la libertad, la dignidad-, no bastaba con quedarse -como hice en aquella primeriza novelita- en lo que era aquello, sino que había que ir más allá, escarbar y escarbar hasta el estrato de lo que podía llegar a ser aquello. Y entonces sacarlo a la luz, naturalmente.

    Las putaditas de los sargentos o los capitanes, las guardias, los panzazos, los arrestos o el rancho eran algo deplorable, es verdad, pero, si nos quedábamos en eso, la cosa no pasaba de sainete, de colección de chascarrillos para aburrir a la familia o montarte unas pseudocríticas historias de la puta mili, ya fuera en tebeo, película o serie.  

    Pero la idea que a mí me guiaba era otra, porque sabía que muchos soldados en la mili habían sido víctimas de humillaciones horribles, habían padecido un espantoso calvario, habían sufrido graves accidentes o, lo peor de lo peor, habían perdido la vida. Pensando en esos soldados, me embarqué en el empeño de conocer sus historias y me pasé cinco años escarbando y escarbando para sacarlas a la luz. El fruto fue La república mejor (1), un libro que publiqué por primera vez en 2009, un libro del que me enorgullezco y que va encabezado por esta dedicatoria:

A LOS SOLDADOS DESCONOCIDOS QUE NO TIENEN SITIO EN NINGÚN MONUMENTO

    Y es que a esos soldados se lo debíamos, porque para ellos la mili llegó todo lo lejos que podía llegar y pagaron un alto precio. Algún homenaje tenían que tener, no podíamos dejarlos en un triste olvido, habría sido una completa indignidad.

    Y, como sigo en ese empeño, estando ya casi agotada aquella edición de 2009, he decidido hacer ahora una segunda en Amazon, por burlar al olvido y por probar nuevos alcances. Aquí tenéis los enlaces:

Tapa blanda (precio: 18 euros)

La república mejor (versión en papel)

Ebook (precio: 4 euros)

La república mejor (versión para libro electrónico)

    Ahora que se ha puesto de moda coger el mosquetón del abuelo y soltar sandeces acerca de la reimplantación de la mili (¡hasta con fines educativos!, han llegado a decir algunos), quizás viene bien un libro que la pinta -eso me han dicho unos cuantos- más parecida a lo que de verdad fue que esas tristes parodias que he mencionado más arriba. Este ha sido uno más de los engaños de la izquierda, tan antimiltar ella: trivializar, escamotear el juicio a que debería haber sido sometido el servicio militar obligatorio, aunque aclararé que ni yo soy antimilitar ni el libro lo es: es una denuncia de los abusos en un ámbito que los propiciaba y que merecidamente ha pasado a la historia.


1. Para mayor información, podéis ver este artículo o lo que incorporo en la columna de la derecha del blog acerca de la edición de 2009.


lunes, 26 de enero de 2026

David Uclés y Samantha Hudson rivalizan en gili**llez sectaria

     En la política de hoy, la izquierda está siendo muy hábil a la hora de sacar tajada de la guerra cultural, con reclamos tan temibles como el demencial paquete woke (religión climática, explotación de la supuesta amenaza racista, imposición de los excesos del sectarismo LGTBI+...) o ese espantajo de la amenaza ultraderechista que Pedro Sánchez ha fabricado para presentarse como guardián de la democracia, cuando en realidad se la está cargando. En cuestión de pocos días, han acaecido dos eventos que me servirían para ejemplificar esto que digo, pero también otra cosa que pienso: que esa parte del mundo cultural en que la izquierda es hegemónica -la más combativa y exhibicionista- es de una pobreza y una frivolidad penosas

   El primero del que voy a hablar está protagonizado por Samantha Hudson. Si tuviese que salvar mi vida en un apuro diciendo cuatro palabras sobre los premios "Feroz", estaría irremisiblemente abocado a perecer, así que no tenía ni idea de que se entregaron hace poquísimo en una desenfadada gala que fue la mar de cool, ni de que los ganó... ¡ya se me ha olvidado! En realidad, si me he enterado de tan venturoso sarao, ha sido porque casualmente, pasando páginas en internet, me he encontrado con la colosal intervención de Samantha Hudson cuando le tocó entregar uno de los premios, que podréis ver pulsando aquí. Si os habéis animado a tragaros esos tres gloriosos minutitos, os habrá golpeado desde el primer segundo la bofetada de artificiosidad y sobreactuación, y naturalmente os habréis tronchado con la gracia y originalidad de los chistes: en efecto, Samantha Hudson actúa muy mal, como suele ocurrir con las personas aquejadas del narcisismo que se le sale por los poros, y no dice más que tonterías insulsas, pero no tiene miedo al ridículo, al contrario, porque esas tonterías son a la vez topicazos sectarios del agrado del ultraizquierdismo y la secta LGTBIQ+, destinados a hacer las delicias de gente como Irene Montero o Urtasun, que están ahí y son precisamente los que la han puesto ahí por su beligerancia transexual. Este es el gran problema de nuestro cine de hoy: que es tan parcial y sectario como aquellas bochornosas comedias de tías en bragas del tardofranquismo, solo que ahora con sesgo izquierdista, como parece ser la audiencia de la Samanthita, a juzgar por cómo levita de risa ante un discurso tan soso que da vergüenza ajena y de una pobreza intelectual lacerante. No hablemos ya de lo que he visto por ahí en la prensa amiga (que nada tiene que envidiarle a los Alcázares o los Arribas de ya hace al menos sesenta años), que llama "ácido discurso" o "monólogo demoledor" a una ristra de tópicos resobados, patosos y sin gracia.

    La segunda perla nos la ha dejado David Uclés, el escritor de los cabellos emboinados -un señor que, por cierto, también ejerce de homosexual militante-, y ha sido un detallín que me figuro que él se habrá imaginado que le retrata como un heroico izquierdista, pero en realidad le delata como un sectario un poco memo: descolgarse de un acto cultural al enterarse de que también estaban invitados José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros, coz que ha redondeado argumentando que Aznar es la persona que más daño físico ha hecho al pueblo español recientemente, lo cual le deja como un troglodita, un fanático enmascarado bajo la piel del corderito de Norit y un ignorante político de tomo y lomo. 

    Pero, aparte de esta incidencia menor, creo necesario extenderme algo más en torno a David Uclés, un personaje del que será tan ilustrativa su biografía como este discurso merecidamente célebre y merecidamente calificado de necio, por su moralina, su egocentrismo (¡cómo admira David Uclés a David Uclés!, es conmovedor) y su cursilería, aunque un poquito también porque hace pensar que no debe de quitarse la boina ni para ducharse. Aun siendo todo esto malo, no es lo peor, porque se extralimita todavía más con su grosería, su cinismo y su falta de respeto. Mirad la biografía de este caballero y ya me diréis si no hace falta ser cínico para sostener, con todo lo que ha vendido y todo lo que le han premiado, que no está en condiciones de comprarse una vivienda. Este cinismo lleva además aparejada una repulsiva falta de respeto hacia aquellos a los que de verdad les es imposible acceder a la vivienda debido a las terroríficas condiciones que gravitan hoy sobre este bien esencial que hemos convertido en superlujoso. 

    Por último, es de nuevo muy irrespetuoso y además intolerablemente grosero con Isabel Díaz Ayuso, esto es sin duda lo peor del discursete, que Uclés, en un alarde de cobardía y de malos modos que apestan a desnortada pedagogía logsiana, aprovecha para atacar a la señora Ayuso, que estaba en el acto invitada en su calidad de presidenta madrileña y para ser quien entregara el premio a ese cafre de Uclés, pues hace falta serlo, y mucho, para atacar desde el púlpito de premiado a alguien que no va a poder replicarle ni defenderse, no solo por el formato del acto, sino porque hacerlo representaría cargárselo, cosa de la que son capaces los cafres como David Uclés, pero no las señoras como la presidenta madrileña. Si repasamos el discurso, veremos otros rasgos con que en solo 3:22 minutos se autorretrata este individuo: mala baba, porque enumera una serie de vicios y malas prácticas políticas que ímplicita o explícitamente atribuye a la señora Ayuso, las más de las veces, de forma injusta; petulancia, porque se permite dar lecciones de política sin tener ni puta idea y a quien ha demostrado saber mil veces más que él; inmadurez, por mil cosas dichas hasta aquí y porque parece presuponer que vivir en Madrid y en el piso soñado es un derecho: no, David, la vida no es una carta a los Reyes Magos; hipocresía, y a toneladas, porque intenta aparentar que es buenísimo y dulcísimo al mismo tiempo que apuñala a Ayuso de forma despiada. 

    Y ya se corona con las últimas palabras: después del vil ataque, todavía se despide diciéndole a Ayuso que le gustaría conocerla y que espera que su artero chaparrón de injurias pueda hacerle reflexionar: ¿se puede ser más capullo, prepotente y vanidoso? ¿Qué espera, que el día menos pensado Ayuso le invite a cenar en el Ritz? ¿Se imaginará este petimetre que su exhibición de estupidez y patanería le hace carismático y sirve para algo más que colgarla junto al inodoro?

    Esto son solo dos botones de muestra de lo que es hoy eso que se llama "el mundo de la cultura", pero que en realidad no es más que la feria de los que, dentro del ámbito cultural de la izquierda, dan saltitos de bufón lisonjero contando los chistes que saben que le gustan al amo para currarse su rinconcito al sol. ¿A dónde conduce esto? A una cultura oficial, dominada por un capillita de favorecidos, con los míseros resultados que ello conlleva, que aquí en España están muy a la vista. 

domingo, 14 de diciembre de 2025

Relectura de "Tiempo de silencio"

     Empieza fuerte Tiempo de silencio. Recuerdo que la primera vez que la leí -con dieciocho años y en segundo curso de Filología-, ya desde el comienzo ni me enteraba de por dónde me venían, con ese bombardeo de cosas inconexas y diversas cuyo único denominador común es el foco del narrador-protagonista, que a la vez relata hechos en primera o  tercera persona (Sonaba el teléfono y he oído el timbre.), introduce los diálogos usando comillas en lugar de guiones, pero unas veces con verba dicendi (He dicho: "Amador") y otras sin ellos ("¿Por qué se ríe, Amador? ¿De qué se ríe usted?"), o sirviéndose, como hace a continuación, del estilo indirecto libre (Sí, ya sé, ya, Se acabaron los ratones.). También aparece por ahí algo que no sé si será monólogo interior o hablar consigo mismo, como cuando, después de un nuevo vistazo por el microscopio, el personaje constata para sus adentros: "Claro, cancerosa". Y no falta la revelación de las reflexiones que lo que ocurre le suscita, el fluir de la conciencia, como en ese irónico ¿Quién podrá nunca aspirar otra vez al galardón nórdico, a la sonrisa del rey alto, a la dignificación, al buen pasar del sabio que en la península seca, espera que fructifiquen los cerebros y los ríos?, producto de la penuria que al protagonista, un joven investigador médico, le acarrea su lastimosa carencia de medios. Para los que hayáis leído la novela, excuso decir que todo este arsenal lo he sacado de la primera página, y ya antes de voltearla, en aquella primavera de 1976 en que calculo que lo hice cuando era un estudiante, sospeché que me estaba enfrentando a un buen reto.

    Y acerté: Tiempo de silencio, con sus doscientas cuarenta páginas amazacotadas (hablo de la 10ª edición, publicada por Seix Barral en 1974) y su elaboradísimo estilo, es una novela difícil y que exige mucha concentración al lector, pero es necesario recalcar que también tuvo que representar un reto para el escritor, un reto sin duda colosal, por su compleja estructura, la variedad de sus registros estilísticos y léxicos, su rico vocabulario y la a menudo intrincada sintaxis. Luis Martín Santos debió de ser un hombre de gran talento. Nació en 1924, y con veintitrés años era doctor en Medicina, con veintisiete dirigía el Sanatorio Psiquiátrico de San Sebastián y con treinta y ocho, en 1962, publicaba Tiempo de silencio: no es fácil conseguir tanto en tan poco tiempo, así que, aparte de la tragedia personal, su muerte en accidente de tráfico en 1964 representó una gran pérdida para la literatura española. Hay que reparar además en las fechas y las intenciones artísticas. Cuando se publicó, esta novela tuvo algo de revolucionaria para la narrativa española, porque era muy diferente a lo visto hasta entonces y sus procedimientos abrían caminos en gran parte nuevos y desconocidos. Esto fue otro reto vencido por su autor, que sin duda era muy consciente de la necesidad de renovación en nuestro lenguaje literario de entonces y lanzó su propia propuesta: Tiempo de silencio, pero esto no le salió de chiripa, sino que lo hizo de forma plenamente consciente, ahí está esa frase, ese mil veces citado "Hay que leer el Ulysses". No obstante, agarrémonos a la frasecita con precaución, porque está pueste en boca de Pedro, el protagonista, en una situación en la que por esa boca ya ha circulado bastante ginebra y él se permite unos "jueguecillos estéticos" para hacerse el enterado ante una jovencita guapa, interesada por la literatura y que ha leído a Proust. Hay ahí mucha ironía -uno de los recursos más presentes en la novela-, la suficiente como para que resulte temerario eso tan repetido de que Tiempo de silencio va tras las huellas de Ulises.   

    Porque, además, es verdad que la abundancia de referentes culturales o el construir la novela en torno a una especie de paseo por su microcosmos próximo está en ambas obras, pero eso, para empezar, no es privativo de ellas y, por otra parte, la intención de ambos paseos es muy distinta, por no hablar de otra semejanza: las referencias clásicas, las que más directamente enlazan con el mito homérico, que para Joyce son fundamentales, mientras que Martín Santos las coloca sobre todo en boca de Matías (amigo de Pedro), un buen muchacho y de una cultura -clásica en especial- admirable, pero también un redomado botarate, lo que interpreto como una punzante ironía de Martín Santos hacia el irlandés. Por dejar atrás esta cuestión, otra de las grandes diferencias entre ambas obras es que Ulises no saben muy bien lo que quiere decir ni lo que cuenta ni sus propios admiradores (lo que, a mi juicio, es su mayor defecto, si bien he de reconocer que para muchos es parte de lo que la convierte en una cumbre de la litertura universal), mientras que Tiempo de silencio puede interpretarse muy bien, lo que no significa ni de lejos que sea una obra simple, monolítica o unívoca, como facilmente puede desprenderse de todo lo que he dicho hasta aquí: muy al contrario, es bastante compleja.

    ¿Y qué nos cuenta Tiempo de silencio? El viaje homérico de Pedro, su protagonista, empieza por culpa de esas carencias de las que hablaba al principio: se ha quedado sin ratoncitos para sus investigaciones y no tiene presupuesto para más, pero ahí surge Amador, un subalterno apicarado de la institución en la que trabaja que le dice que un tal Muecas (uno que trabajó eventualmente en ese sitio) los cría Dios sabe cómo en su chabola (la acción transcurre en 1949). Joven e ingenuo como es, Pedro tiene la ocurrencia de irse a ver al Muecas para comprarle ratones, lo que constituye un error mucho más grande de lo que estáis imaginando quienes no hayáis leído la novela. Sobre el mundo cimentado en está columna vertebral, se van engarzando otros de los ambientes en los que Pedro se mueve, y con esta agregación construye Martín Santos el mosaico con que nos presenta la variopinta vida del Madrid de la época, con rincones resplandecientes y tenebrosos, tristes y alegres, sórdidos y dignos, pero con demasiada miseria y mediocridad envolviéndolo todo. Podríamos pensar que el título apunta hacia esto, y no estaríamos del todo equivocados, pero, para orientarnos mejor, finalizaré con una cita sacada de las páginas finales:

    La bomba no mata con el ruido sino con la radiación alfa que es (en sí) silenciosa, o con los rayos de deutones, o con los rayos gamma o con los rayos cósmicos, todos los cuales son más silenciosos que un garrotazo. También castran como los rayos X, pero yo, ya, total, para qué. Es un tiempo de silencio. La mejor máquina eficaz es la que no hace ruido. Va traqueteando y no es un avión supersónico, de los que van por la estratosfera, en los que se hace un castillo de naipes sin vibraciones a veinte mil metros de altura. Por aquí abajo nos arrastramos y nos vamos yendo hacia el sitio donde tenemos que ponernos silenciosamente a esperar silenciosamente que los años vayan pasando y que silenciosamente nos vayamos hacia donde se van todas las florecillas del mundo.

     

    

sábado, 17 de mayo de 2025

Eduardo Mendoza, galardonado con el Princesa de Asturias 2025

     Aunque pasando como de puntillas, hace dos o tres días los medios de comunicación nos han informado de que el escritor barcelonés Eduardo Mendoza ha sido señalado como el ganador del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2025, cosa que me satisface, porque es un autor que personalmente me cae muy bien y sus libros me gustan mucho. Su producción (podéis verla aquí) es muy extensa, pero las cuatro cositas que voy a decir en este artículo, naturalmente, tomarán como base las obras que yo he leído, que son unas cuantas (y tengo por aquí algunas más a las que quizás ahora me anime a hincarles el diente).

    Es una verdad indiscutible que el rasgo más característico de Mendoza es el humor, y pura y esencialmente humorísticos son los libros protagonizados por ese catastrófico personaje que se dio a conocer con El misterio de la cripta embrujada (1978), serie de la que, además de esta novela, he leído también El laberinto de las aceitunas y El enredo de la bolsa y la vida. También leí, en 1991 y sin perderme ni una, las entregas de Sin noticias de Gurb que fue publicando "El País" (años después me compré el libro, claro). Son obras de una comicidad absoluta y que me han proporcionado muy buenos ratos y me han hecho soltar muchas carcajadas, cosas por las que le estaré siempre agradecido al señor Mendoza, cuya maestría en el humor es tan poderosa que no se le escapa ninguno de sus recursos: la ironía, la fina alusión, la caricatura, el esperpento, la parodia, la satira, el humor negro, lo absurdo (creo que Sin noticias de Gurb podría optar al título de campeón mundial de este tipo de humor), el disparate, el juego de palabras o el humor de batacazo. Es, por ejemplo, un maestro en la creación de nombres con retranca, como el de Aurelio Li Gratacós, el dueño de un restaurante chino barcelonés, hijo de un chino y una catalana, o el de Mercedes Negrer, una progre de El misterio de la cripta embrujada que presume de ser una tía muy liberada y de haberse acostado con todos los negros que componen la plantilla de Industrias Lácteas Mamasa (aunque al final resulta ser una pobre reprimida que no se come una rosca).

    Estos dos nombres bastarían para darnos la pista de una de las motivaciones más fuertes de las que parten los libros y el humor de Eduardo Mendoza: la sátira social o de costumbres. El misterio de la cripta embrujada es una sátira de las memeces y las contradicciones de la sociedad española (en especial, la catalana) de la Transición y Sin noticias de Gurb retrata y despelleja el enloquecimiento de esa misma vida, con un acento muy especial sobre lo que afectaba a las expectativas creadas por el año olímpico que se avecinaba. En esos retratos paródicos (en estas y en las demás novelas), el simpático humor de nuestro novelista es bastante despiadado y no se detiene a la hora de pintar la suciedad, la estupidez, la miseria física y moral o los vicios, con el resultado de que el cuadro resulta un tanto solanesco algunas veces y otras, un tanto quevediano. ¿Y Cervantino? Pues también; pensando ahora, por ejemplo, en Mercedes Negrer o en cualquier otro de los personajes más inocentes de los centenares que desfilan por los libros de Mendoza, se me ocurre que a menudo su autor los trata con una ironía piadosa que, sin perder en absoluto la gracia, se acerca a la del genio de Alcalá de Henares.

    Trasladándonos a los libros de Eduardo Mendoza escritos en otros registros que podríamos suponer más serios, es decir, a novelas como La verdad sobre el caso Savolta, La ciudad de los prodigios o Riña de gatos, tengo que decir que también en ellas está presente el humor, aunque, por supuesto, sin ser dominante, como ocurre con las otras. De estas tres, la que más lo utiliza es La verdad sobre el caso Savolta, de 1975, primera obra que publicó el autor y, a mi juicio, lo mejor que ha escrito, y ya tiene mérito que haya conseguido engastarle sin que chirríen retazos humorísticos, porque es una historia bastante terrible, con una parte ambientada en la sombría época del pistolerismo patronal de principios del siglo XX y otra en la Guerra Civil, en la que la vida zarandea a personajes de destinos muy tristes la mayoría de ellos y, sin embargo, Mendoza se las arregla para ponerle a ese infeliz de Pajarito de Soto ese nombre tan burlón (no será el único), o para presentar a los dos brutales forzudos que explotan a María Coral como unos imbéciles esperpénticos. En estas novelas, Mendoza se acredita como un excelente creador de historias y de episodios y no dejaré de recomendar La verdad sobre el caso Savolta, porque ahí construye una muy lograda, en la que encontraremos dramatismo, amor, tragedia, humor, ambición (y ambiciones), justicia (al menos, poética), nobleza...

    En definitiva, que debemos congratularnos porque se le haya concedido el premio Princesa de Asturias, pues lo merece. No quiero cerrar este artículo sin hacer mención de una rareza que se me escapa un poco. Hace algunos años, buceando por la biblioteca, encontré un libro suyo que desconocía, una colección de relatos largos que se titulaba Tres vidas de santos, un libro paradójico en el que se empieza por advertirnos que los protagonistas de esas hagiografías no serían canonizados por ninguna iglesia, pero, no obstante y de forma inexplicable, algo o mucho tienen de santos. Al terminar de leerlo, tuve que convenir en que así era, aunque no sabría decir por qué. Es un libro desconcertante en el que percibí una melancolía que no había notado en ningún otro de este autor, salvo quizás en La verdad sobre el caso Salvolta, aunque ahí está más diluida. Me resultó muy sugestivo. 

    

domingo, 11 de mayo de 2025

Doce libritos que recomiendo

     Repasando los libros que he leído en los últimos dos años, se me ha ocurrido que a lo mejor merecía la pena permitirme un jueguecillo, consistente en hacer una pequeña relación (de extensión arbitraria, he decidido que fuera de doce, pero podrían haber sido diez, o quince) de títulos que recomendaría seleccionados de entre todos ellos. Las razones para estar o no en la lista han sido diversas, desde parecerme ociosa la inclusión de alguno habida cuenta del arrollador éxito del que goza en este momento (tal ha sido el caso del excelente El infinito en un junco, de Irene Vallejo) hasta excluir otros por haber sido ya objeto de análisis particular en algún artículo del blog. Organizaré la lista por orden alfabético de los nombres de los autores. 

    1. Arthur Miller: Las brujas de Salem. Entre 1692 y 1693, en la localidad norteamericana de Salem, con el estúpido detonante de un juego de niñas (cuya actuación en los hechos fue perversa) que pronto fue envenenado por la superstición, los odios larvados y la fatuidad de un puñado de jueces y clérigos ignorantes, se produjo una demencial tragedia que acabó con la muerte de veinte reos que vieron con horror cómo se les condenaba por crímenes imposibles sin que hubiera modo de evitarlo. Si impresionante es esta historia, no menos lo es la magistral obra teatral en que Arthur Miller la llevó a las tablas. Insuperable tensión dramática.

    2. Dubravka Ugresic: Zorro. Esta es una obra difícil de catalogar, pero me arriesgaré a decir que es un relato autoficcional en el que su autora (fallecida en 2023) mezcla tramos que bien podrían ser diarios con apariencia de novela con otros que podrían ser ficción o ficciones con apariencia de diario. Es un libro en el que abunda la reflexión, amarga en general, sobre temas tales como la naturaleza de la creación literaria, el desarraigo del exiliado y sus miserias, el lado gris de la vida del artista, la indecente corrupción de los traficantes de la política y, sobre todo, el trágico dolor de la guerra. Leído por un español de hoy, la inmunda bellaquería de esos desalmados que acabaron provocando la guerra de los Balcanes lleva inevitablemente a pensar en cierta gentuza que padecemos por aquí.

    3. Emmanuel Carrere: V13. Se trata de un libro muy conocido, la recopilación de las crónicas periodísticas que su autor hizo del juicio por los atentados perpetrados en París el 13 de noviembre de 2015, que causaron 90 muertos y centenares de heridos. La fina perspicacia de Carrere pone ante nuestros ojos diversos asuntos de gran interés, tales como el horror de la matanza, el dolor de los familiares, la indefensión de los ciudadanos y sociedades objeto del ataque, las dificultades procesales, las consecuencias penales y la patata caliente de las comunidades islámicas en Europa. Su retrato de la mezcla de brutalidad, perversidad, estupidez, fanatismo, miseria e inconsciencia de los autores del atentado es magistral. 

    4. Enrique Jardiel Poncela: Eloísa está debajo de un almendro. Yo creo que esta obra la vi representada en aquel mítico Estudio 1 de la televisión de los años 60, así que entenderéis que no recordara nada de ella, porque, por H o por B, ni volví a verla ni la leí, hasta el año pasado. Como sabréis los muchos de vosotros que la conozcáis, esta genial comedia da para unas buenas risas, más cuanto más avanza la obra. Humor en estado puro y, en general, bastante absurdo.

    5. Jon Juaristi: El bucle melancólico. Libro que releí el verano pasado y muy recomendable para todo aquel que quiera conocer la verdadera naturaleza del nacionalismo vasco en sus hechos y personalidades, una lamentable parada de monstruos compuesta de fanáticos, palurdos casposos, cínicos refinados o de brocha gorda, ventajistas, peseteros y, lo peor de todo, asesinos. El autor -dejando aparte su magistral estilo y su ácida ironía- los retrata muy bien porque son sus paisanos y los conoce a fondo, e incluso a buena parte de ellos los trató personalmente.

    6. Jorge Ibargüengoitia: Las muertas. Una novela que desconocía (como a su autor) y que pillé un día casualmente brujuleando por la biblioteca, y he de decir que constituyó una agradable sorpresa, agradable no por la historia, que es cruel, violenta, trágica y sórdida (y basada en hechos reales, para acabarlo de redondear), sino por la excelente presentación literaria. Ibargüengoitia tiene un estilo sobrio y de un distaciamiento descarnado, que recuerda mucho al de Rulfo.

    7. José Manuel Caballero Bonald: Examen de ingenios. El gran aliciente de este libro, aparte de estar escrito con el excelente estilo esperable en su autor, es que constituye una galería de personajes notables del mundo de la cultura y la literatura, galería muy amplia (de más de cuatrocientas páginas), pues, dada la extensa biografía del autor (1926 - 2021), aparecen en él desde Juan Ramón Jiménez hasta figuras del siglo XXI. El panorama, por tanto, es rico y extenso. Es de agradecer además que Caballero se deje la hipocresía en el fondo de un baúl y se permita, llegado el caso, contar hechos o emitir juicios poco agradables: 464 páginas de almíbar se le habrían atragantado a cualquiera.

    8. Juan Ruiz de Alarcón: La verdad sospechosa. No me gusta perder de vista a los clásicos, así que a menudo leo o releo a alguno. Si en algo eran maestros los mejores dramaturgos de nuestros Siglos de Oro, era en la elaboración de enredos. Los de esta obra nos proporcionan escenas realmente graciosas, que, unidas a las disparatadas trolas que se va inventando el protagonista a cada paso para huir de los callejones sin salida en que se mete con las anteriores, dan como resultado una comedia muy divertida.

    9. Mario Vargas Llosa: La civilización del espectáculo. En este interesante ensayo, reflexiona Vargas Llosa sobre la cultura y el espectáculo y su relación con la ética ciudadana y la política. Para que entendáis mejor en qué registro se mueve, voy a dejaros una cita un pelín larga, sacada del capítulo quinto (página 144 de la reimpresión de 2020, Alfaguara):

    Comencé a escribir estas líneas en momentos en que, en la dictadura cubana, un disidente, Orlando Zapata, se había dejado morir después de ochenta y cinco días de huelga de hambre protestando por la situación de los presos políticos en la isla, y otro, Guillermo Fariñas, agonizaba después de varias semanas de privación de alimentos. En esos días leí en la prensa española insultos contra ellos de un actor y un cantante, ambos famosos, que, repitiendo las consignas de la dictadura caribeña, los llamaban "delincuentes". Ninguno de ellos veía la diferencia entre Cuba y España en materia de represión política y falta de libertad. ¿Cómo explicar semejantes actitudes? ¿Fanatismo? ¿Ignorancia? ¿Simple estupidez? No. Frivolidad. Los bufones y los cómicos, convertidos en maîtres a penser -directores de conciencia- de la sociedad contemporánea, opinan como lo que son: ¿qué hay de raro en eso? Sus opiniones parecen responder a supuestas ideas progresistas pero, en verdad, repiten un guión esnobista de izquierda: agitar el cotarro, dar que hablar

    10. Roland Topor: El quimérico inquilino. Una espeluznante y originalísima novela de terror que incluye bastantes elementos absurdos o surrealistas y que resulta tanto más terrorífica por el hecho de estar muy presente en ella el humor, un humor, ni que decir tiene, más negro que el carbón, voy más lejos aún: si alguien no tiene claro lo que es el humor negro, que se lea este libro y se le disiparán las dudas. No es muy largo, andará en torno a las ciento cincuenta páginas. 

    11. Sara Stridsberg: La Antártida del amor. La historia que cuenta este libro es la de una joven toxicómana y prostituta que cae en manos de un psicópata que la asesina cruelmente. La voz narradora es la de la propia víctima, que cuenta estos hechos envueltos en su infortunada existencia como si lo viera todo desde el más allá. El resultado es un relato tremedamente triste, melancólico y de tonos apagados. Estos rasgos, unidos al lirismo, la narración morosa y la recurrencia, son muy propios de Stridsberg, una interesante escritora sueca de personalísimo estilo, de la que he leído también La facultad de sueños, una novelación de la vida de Valerie Solanas, la chifladita que en 1968 casi mata a tiros a Andy Warhol.

    12. Taina Tervonen: Las sepultureras. Taina Tervonen es una documentalista de la televisión finlandesa que fue a Bosnia a hacer un reportaje sobre la búsqueda de cadáveres de personas que fueron vícitmas de la terrible limpieza étnica llevada a cabo por los serbios en aquel país durante la guerra de los Balcanes. Sobre el terreno, conoció a una forense y a una investigadora implicadas en esa dramática labor y el reportaje consistió en un seguimiento de su trabajo. Tuvo también una réplica en libro, este que os presento. Es bastante impresionante, muy duro, aunque lo iluminan algo las tres mujeres y la encomiable tarea que, cada una en su oficio, llevan a cabo.

domingo, 20 de abril de 2025

Nos dejó Vargas Llosa

    Hace justamente una semana abandonó este mundo miserable Mario Vargas Llosa, uno de los más grandes escritores de la literatura hispanoamericana y de la lengua española del siglo XX -y con expansión al XXI-, un autor que, por la extensión y excelencia de su obra, presenta méritos muy poderosos para perdurar en el Olimpo de los clásicos. Soy una más de las millones de personas en el mundo que hemos admirado la obra de este coloso y, en mi caso concreto, la impresión se produjo especialmente por sus posturas políticas, por sus artículos y por sus libros, así que basaré este pequeño homenaje en estos tres soportes.

    En lo referido a sus posturas políticas, conozco solo por referencias sus comienzos izquierdistas y de apoyo a la revolución cubana, pero en cambio he tenido noticias  más directas de su posicionamiento favorable a la democracia pluralista, esa que hace que vivir en París sea tan distinto de sobrevivir en La Habana o en Kabul. Recuerdo un episodio realmente singular que ocurrió creo que a finales de los 90, que consistió en un mano a mano entre Felipe González y Vargas Llosa, el cual se celebró en la Casa de Las Américas ante los ojos de 250 o 300 privilegiados, uno de ellos, vuestro amigo el guachimán. Aquellos dos insignes personajes debatieron sobre todo de política y resultó curioso y aleccionador ver cómo el astuto González, en una época en la que él y su partido estaban muy desprestigiados por la mala gestión y la corrupción, se imponía dialécticamente con su demagogia izquierdista a un Vargas Llosa que bastante tuvo con poder colocarle alguna estocada crítica. Y es que, por muy sólido que sea su bagaje teórico, un intelectual nunca superará a un político en su propio terreno, cosa de la que Vargas tuvo una experiencia personal aún más elocuente cuando optó a la presidencia de Perú y perdió ante un pajarraco llamado Alberto Fujimori (y aún hay algunos que dicen que el pueblo nunca se equivoca). Y si honorable fue este lance de la vida del gran escritor en la política peruana, tanto o más lo han sido sus alineamientos de los últimos años en la española, muy especialmente, su frontal oposición al separatismo, de la que siempre se ha destacado su memorable discurso de 2017 en una manifestación contra el prusés. Esto es algo por lo que los españoles deberíamos estarle eternamente agradecidos.

    Muy relacionados con sus convicciones políticas estuvieron sus artículos de prensa, pues en ellos, tomando como chispa de inspiración tanto un hecho trivial como un gran acontecimiento, exponía Vargas Llosa sus reflexiones acerca de los más diversos campos de la vida y la actividad humana, pero muy frecuentemente elegía asuntos relacionados con la convivencia, la ciudadanía, la justicia, la política, el derecho o la ética. Es ocioso señalar que sus artículos siempre seducían por el primoroso estilo literario y que jamás leí uno en que ni la anécdota que relataba ni las reflexiones que a él le inspiraban carecieran de interés: antes bien, he de declarar que esos artículos eran una alta escuela de los temas que he mencionado. Me estoy refiriendo a los que publicó durante años en "El País" en una tribuna dominical que se titulaba Piedra de Toque, una serie que se inició en 1990. Siempre me acuerdo de uno que se titulaba El oscuro vidriero, que contaba la historia de un cristalero inglés -creo- que un día comprobó que todos sus proveedores de materia prima le cobraban un mismo y abusivo precio, por lo que se quejó ante las autoridades de defensa de la competencia de su país, destapó con ello el pacto oculto e ilegítimo que tenían acordado los fabricantes y lo echó por tierra. Quería demostrarnos el escritor que, para que haya democracia real (económica en este caso) deben existir y funcionar leyes que impidan los abusos de los fuertes y que permitan a los débiles recurrir a ellas, y creo que este ejemplo es muy ilustrativo de su modo de pensar.

    Vargas Llosa escribió muchos libros y confieso que yo no los he leído todos, pero sí bastantes. Ha habido alguno que otro que no me ha gustado, pero ha habido muchos que sí, e iré aún más lejos y diré que entre estos hay unos cuantos que encuentro extraordinarios. Uno de ellos es el muy aclamado La verdad de las mentiras, una interesantísima y enriquecedora reflexión sobre la narración, la ficción, la literatura, el hecho de escribir y de leer, "cosillas" así. Su faceta de crítico o estudioso literario la descubrí hace muchos años, cuando, siendo estudiante de Filología, me tocó leer Tirant lo Blanc, y descubrí en la encomiable edición de Alianza un estudio inicial de Vargas Llosa que era -es- un estupendo aunque breve tratado de teoría literaria. Yendo al género en el que sobresalió, es decir, la novela, recuerdo que en el año 2000, cuando llevaba ya bastante tiempo sin leerle, me compré sin demasiada fe (fruto de la excesiva promoción que se le había hecho) La fiesta del chivo, y me encontré con una novela fabulosa. Enmarca ese relato en la República Dominicana del general Rafael Trujillo, lo que le da pie para poner en solfa al dictador y su mundo y manejar sus recursos para la ambientación histórica, que son muy brillantes, pero quiero aclarar que no debemos con esto entender que ni esa ni las otras novelas en las que los utiliza sean novelas históricas, porque en ellas esos recursos son solo un elemento auxiliar. Algo parecido ocurre con Conversación en la Catedral y La guerra del Fin del Mundo: lo que ocurre en ellas está inscrito y presentado en una concreta circunstancia histórica, pero lo que le interesa al autor y de lo que habla es otra cosa. Citaré para terminar La ciudad y los perros, de 1962, que fue su primera novela, y este es un hecho que nunca debe pasarse por alto. Le tengo un especial cariño a este libro, cuya historia me atrapó con mucha fuerza, ya que lo leí cuando hacía poco que había terminado mi servicio militar, así que los padecimientos de los cadetes del Leoncio Prado me recordaban bastante a algunos que yo había sufrido o de los que tenía noticia, por lo que me dije que algún día escribiría un libro como ese. Años después, me tomé en serio esa promesa y me puse manos a la obra: releí La ciudad y los perros, leí algunos otros libros e informes, me zambullí en las hemerotecas para buscar casos reales, consulté a mis amigos de la Organización del Defensor del Soldado... Y de ahí salió La república mejor. Naturalmente, no es La ciudad y los perros, pero a mí me sirve para ver en Vargas Llosa a mi maestro, además del genial escritor del que gustosamente he leído tantísimas páginas de esas magníficas obras que le servirán para estar para siempre entre nosotros. 

martes, 25 de marzo de 2025

El odio

    Ha producido una muy comprensible polémica la reciente publicación de El odio, un libro escrito por Luisgé Martín acerca de José Bretón, el hombre que en 2011 asesinó a sus hijos Ruth, de seis años, y José, de dos, y luego quemó sus cadáveres en una tremenda pira. La polémica, creo entender, se ha suscitado sobre todo por el hecho de que el libro se basa en testimonios obtenidos por el autor en entrevistas realizadas con el propio Bretón, y ha sido muy agitada, pues ha incluido una petición de paralización de la publicación realizada por Ruth Ortiz, la madre de los niños, petición que en un principio tuvo éxito, pero que luego ha sido revocada por un juez. En cualquier caso, la agitación prosigue, como prueba el hecho de que, hoy mismo, cuando he intentado buscar información sobre el libro en las librerías que lo venden en internet, la tenían suspendida, cosa que ocurría también en la página de la editorial que lo publica, Anagrama, en la que sin embargo sí se podía acceder a un comunicado sobre el espinoso asunto, en el cual se establecen paralelismos entre El odio y otras obras literarias, entre ellas, A sangre fría, de Truman Capote.

    Escritor homosexual escribe sobre horrible criminal real: esta es la similitud que se impone a bocajarro entre Capote y Luisgé Martín, pero, sinceramente, creo que no deberíamos enredarnos con el Capote, sino venir a nuestra propia situación de hoy. Todavía está muy presente el horrible asesinato de Ruth y José a manos de su desnaturalizado padre; el dolor de familiares y allegados por la aparición de este libro habría sido previsible, pero Ruth Ortiz lo ha hecho incuestionable al pronunciarse rotundamente contra él e intentar que no se publicase; José Bretón es un monstruo, una mancha humana: creo que, solo con esto, se hace difícilmente sostenible la publicación de El odio. Para colmo, he visto por ahí que el asesino lo ha utilizado para pedir perdón, y no sé si será verdad o no, porque no pienso leer el libro, pero, en todo caso, siendo como es un tremendo manipulador (su exesposa se ha encargado de recordárnoslo), era muy alto el riesgo de que se la jugase al intrépido documentalista y aprovechase la ocasión en beneficio propio. Aproximarse a los monstruos es peligroso, así que conviene meditar bien antes de hacerlo.

lunes, 25 de noviembre de 2024

2028: ¿cómo será la Tercera República?

     Tras el fin de la dictadura franquista, nuestro país se convirtió en una monarquía parlamentaria, tal y como se estipula en el artículo 1.3 de la Constitución. Nadie puede discutir (porque los hechos son tozudos) que el régimen constitucional de 1978 ha sido el periodo más largo de paz y prosperidad de nuestra historia, y también el más democrático. No obstante, muchos no lo ven así e incluso hay entre estos ciertas corrientes ultraizquierdistas y separatistas para las que la monarquía representa la continuación del franquismo y/o la opresión de la malvada y odiosa España, por lo que aspiran a la implantación de una república.

    Estos grupos y quienes los mueven me inspiran una gran desconfianza, así que, cada vez que reivindican la república o atacan a la monarquía, me formulo con inquietud estas preguntas: ¿qué república nos traerían estos? ¿Cómo sería la Tercera República española? He reflexionado mucho sobre ello e incluso he llegado a escribir una novela, en la que mezclo intriga, humor y política, esta que os presento hoy, que se titula 2028 y está situada en ese no muy lejano futuro. Aquí tenéis los enlaces para informaros sobre la extensión, el contenido, los precios...: 

-Edición en papel (12 euros): 2028 (tapa blanda).

-Edición para libro electrónico (4 euros): 2028 (ebook).

    Y aquí tenéis la cubierta:



    El protagonista y narrador es un detective que va un poquito por libre. Empieza diciéndonos que, unos años atrás, estalló una severa crisis que llevó al país a la ruina y destruyó millares de empresas, una de ellas, la suya, una gran agencia en la que ganaba mucho dinero, por lo que él ha venido a menos y se ve obligado a trabajar por su cuenta y aceptar todos los casos que le caigan, lo mismo el robo de una moto que el asesinato de un chico de dieciocho años en un parque. Nos relata las andanzas a las que sus investigaciones le llevan por Madrid y Barcelona, en el esperpéntico marco de la República Federal Hispánica, que ha iniciado el proceso para convertirse en un Estado plurinacional. Las cosas andan bastante revueltas y los ánimos muy caldeados, como podremos ver.

Artículos en páginas de internet

En Medicina y Melodía: 2028, simplemente.


martes, 10 de octubre de 2023

Rosalía de Castro

     Leí hace poco La sombra de Rosalía, un interesante libro de José Manuel Brea que presenta la biografía de Rosalía de Castro (1837 - 1885) trenzada en dos perspectivas, una externa y objetiva y una subjetiva desde la óptica de la propia poetisa. El haber accedido a una profundización en la difícil trayectoria vital de Rosalía, su gran importancia poética y su rico, complejo y a menudo atormentado universo espiritual, me animó a releer la obra que representa la cumbre de su producción poética, En las orillas del Sar, un poemario que se publicó por primera vez en 1884, aunque tuvo una complicada andadura editorial, que incluye una edición de 1909 hecha por Manuel Murguía, viudo de Rosalía de Castro, que se permitió algunas libertades textuales desaprobadas por la crítica posterior. 

    Todos sabemos que Rosalía es hoy considerada una autora de gran importancia, tanto para la poesía gallega como para la poesía española. A esta última, junto con Gustavo Adolfo Bécquer, aportó una crucial renovación, en una época -último cuarto del siglo XIX-, en la que empezaba a dar síntomas de agotamiento, mediocridad y artificiosidad. De ese bache nos sacó la nueva mirada que trajeron estos dos poetas de vida breve y destino trágico, con su indagación sin prejuicios en la propia subjetividad y sus conflictos, su refinada melancolía y su diversidad métrica, que les condujo a hallazgos rítmicos tan felices como innovadores (para ver hasta dónde se pudo llegar con esto, pulse aquí). 

    Los versos iniciales de El rayo que no cesa (Un carnivoro cuchillo / de ala dulce y homicida /sostiene un vuelo y un brillo / alrededor de mi vida), que sin duda fueron ciertos para el propio Miguel Hernández, podrían servir también para Bécquer y Rosalía: los tres murieron jóvenes, los tres vieron de un modo u otro la tragedia en sus vidas y, en la poesía y en las existencias de los tres, la muerte tuvo una importante presencia. En lo referido a Rosalía, junto a hechos tan tremendos como el fallecimiento de dos de sus hijos, encontramos otros menos dramáticos, como el haber dedicado unos versos al cementerio de Adina, en Iria Flavia, en el cual finalmente ella misma sería enterrada. Aquí os dejo un par de estrofas de esa composición:

                                                                    O simiterio de Adina

                                                                n'hai duda que é encantador

                                                                cos seus olivos escuros

                                                                de vella recordazón.

                                                                    Co seu chan de herbas e frores

                                                                lindas, cal n'outras dou Dios,

                                                                cos seus olivos escuros

                                                                que nel se sentan ó sol.

        Como siempre que escribo algún artículo sobre poetas, voy a terminar incluyendo alguna de sus composiciones, que en este caso procedrán de En las orillas del Sar, libro de amplias y variadas inquietudes en el que podemos encontrar temas como el amor, la alegría, la patria gallega, los paisajes soleados o brumosos, la historia, la justicia social, los sentimientos religiosos y, por supuesto, la muerte y la trascendencia. Voy a dejaros dos poemas que se encuentran juntos en la obra, los que llevan los números 82 y 83. El primero, en el que brilla de forma patente la musicalidad de los versos de Rosalía, describe con registros lúgubres el momento de la despedida, el entierro:

                                                                    En la altura los cuervos graznaban, 

                                                                los deudos gemían en torno del muerto,

                                                                y las ondas airadas mezclaban

                                                                sus bramidos al triste concierto.

                                                                    Algo había de irónico y rudo

                                                                en los ecos de tal sinfonía;

                                                                algo negro, fantástico y mudo

                                                                que del alma las cuerdas hería.

                                                                    Bien pronto cesaron los fúnebres cantos,

                                                                esparciose la turba curiosa,

                                                                acabaron gemidos y llantos

                                                                y dejaron al muerto en la fosa.

                                                                    Tan solo a lo lejos, rasgando la bruma,

                                                                del negro estandarte las orlas flotaron,

                                                                como flota en el aire la pluma

                                                                que al ave nocturna los vientos robaron.


    El segundo, a través de un contraste entre las horas dulces y las amargas expresado en dos estrofas contrapuestas, concluye en una interpretación muy pesimista de lo que es la vida:

                                                                    Ansia que ardiente crece,

                                                                vertiginoso vuelo

                                                                tras de algo que nos llama

                                                                con murmurar incierto,

                                                                sorpresas celestiales,

                                                                dichas que nos asombran:

                                                          así cuando buscamos lo escondido,

                                                          así comienzan del amor las horas.

                                                                    Inaplacable angustia,

                                                                hondo dolor del alma,

                                                                recuerdo que no muere,

                                                                deseo que no acaba,

                                                                vigilia de la noche, 

                                                                torpe sueño del día

                                                       es lo que queda del placer gustado,

                                                      es el fruto podrido de la vida.

                                                                

jueves, 19 de enero de 2023

El cazador emboscado (¿qué se puede hacer con los delincuentes sexuales?)

    Gracias a la conocida como Ley Sisí (1), hoy está muy de actualidad esa pregunta que figura en el título de esta entrada: ¿qué se puede hacer con los delincuentes sexuales? Resulta  vergonzoso que la respuesta sea rebajarles los años de condena o adelantar su salida de prisión, como está sucediendo hoy en España, y la aberración se hace aún más repulsiva cuando los autores del desastre, en lugar de remediarlo de inmediato, llevan ya más de cuatro meses permitiendo que la sangría continúe, con lo que en este momento son ya 199 los violadores y fauna similar beneficiados, pero pensemos que dentro de media hora podrán ser 200, o 210, quién sabe, y dentro de un mes, trescientos. O más (2).
      Sobre lo que se puede hacer con los violadores, acabo de publicar en Amazon una novela que se titula El cazador emboscado. Esta es la cubierta: 



    Seguro que alguno estará preguntándose a qué diablos viene ahí esa linda mariposa, pero tiene su explicación, os lo aseguro. Aquí os dejo los enlaces para el acceso a la compra, por si os interesa:
Versión en papel (tapa blanda, 12 €)
Versión en libro electrónico (4 €) 
    Como podéis imaginar, este libro no lo he escrito a toda velocidad en los cuatro meses que lleva en vigor la Ley Sisí, sino que es el fruto de una elaboración más meditada y bastante compleja, cuyo punto de partida debemos situar en torno a las fechas en que, hace cinco años, el PNV presentó una propuesta para derogar la figura de la prisión permanente revisable. Alegaba el piadoso partido jeltzale que esta era una condena desproporcionada y que la Constitución prohíbe penas inhumanas y tratos crueles, y probablemente recordéis que se desató una fuerte polémica (3). 
    A raíz de esa polémica, que vino a caer sobre el propósito que yo tenía hacía ya tiempo de escribir una novela sobre delincuentes sexuales -tipos humanos a los que aborrezco de manera particular-, me pregunté por primera vez ya como si tuviese que ser yo quien respondiera qué se podría hacer con ellos: atraparlos, juzgarlos, condenarlos, encarcelarlos, someterlos a tratamiento (si ellos quieren), reinsertarlos, liberarlos, tenerlos encerrados para siempre... La cuestión es que la mayoría, más tarde o más temprano, salen de nuevo a la calle, y entonces... ¿qué?
    La novela tiene cuatro partes. En la primera, una joven es violada y asesinada en un parque, pero el asesino es atrapado poco después y encarcelado. En las tres restantes, lo vemos en un programa de reinserción, tras el cual obtiene la libertad condicional. Y entonces... ¿qué? ¿Qué hay en realidad dentro de su mente? ¿Cuáles son sus planes? ¿Está de verdad rehabilitado o sigue siendo un monstruo asesino de instintos incontrolables? ¿Que pasa cuando un hombre que ha violado y matado a mujeres sale de la cárcel? ¿Cuál es su destino? El cazador emboscado indaga en esas incógnitas. 


1. Aquí está el texto de la que en realidad se llama Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual: 
2. ¿Qué han hecho el Gobierno y los partidos que lo componen, es decir, el PSOE y Podemos para solucionar tan escarnecedor problema? Tres cosas: echar la culpa a los jueces (para general asombro), hacer chistes o decir a mujeres amenazadas por sus agresores estupideces humillantes. Nada más, ante una situación tan alarmante, dado el peligroso carácter de los delincuentes sexuales.
3. La polémica pivotó sobre el contraargumento de que, para inhumanos y crueles, los actos de los candidatos a ser condenados a prisión permanente revisable, bastantes de los cuales eran y son delincuentes sexuales. Escribí entonces un artículo que titulé, precisamente, Sobre penas inhumanas y tratos crueles.