Soy uno más de los millones de españoles que están afligidos por la brutal ola de incendios forestales que nos están azotando este verano. Según se nos informa en este artículo de "El País", en lo que va de año, se han quemado en España nada menos que 208.286 hectáreas, un dato estremecedor, que se convierte en trágico si se tiene en cuenta que, aparte de los daños materiales, ha habido que lamentar desgracias personales e incluso pérdida de vidas humanas. Además de catastróficos, los incendios forestales son una amenaza constante, pues no hay año que no nos azoten. Entre las diversas y complejas causas que los provocan, están los efectos que el cambio climático está teniendo sobre su evolución y el modo en que se producen, pero este fenómeno es solo uno más de los factores, de manera que no es muy razonable lo que está haciendo estos días el Puto Amo (1): descender en cualquiera de las zonas que han tenido la desgracia de ser afectadas por un incendio, soltarse un discursete en el que apela a un gran pacto sobre el cambio climático como si esa fuera la solución mágica de la catástrofe y largarse echando virutas, antes de que empiecen a aterrizarle en la nariz tomates y pepinos podridos.
Esta propuesta, en primer lugar, no vale por lo ya dicho antes: el cambio climático es solo uno de los factores que influyen sobre los incendios, así que hay que hilar más fino, pero existe además una segunda razón: que uno de los grandes problemas a la hora de hacer frente al cambio climático es que el progresismo lo ha secuestrado ya y lo ha convertido en una de sus banderas, de modo que, cuando hablan de él, debemos tener muy claro que sobreentienden que todos tenemos que aceptar sus enfoques, sus políticas y hasta los disparates de la religión climática, con lo que hacen inviable ese pacto del que habla Sánchez, quien entiende que él mismo, Teresa Ribera y otros secuaces suyos son los profetas de la salvación del planeta y los demás (en especial, PP y Vox) son terraplanistas, negacionistas del cambio climático y otros lindos calificativos, ya sabemos todos cómo "pacta" y "dialoga" hoy la izquierda.
De acuerdo con sus planteamientos fanáticos, los incendios forestales son más y peores a medida que el tiempo pasa, a causa de la emergencia climática. ¿Es esto cierto o es una falsedad milenarista con la que nos aterran todos los años por estas fechas? Me he tomado la molestia de irme a una página llamada Postfire, en la que, entre otras cosas, hay unas tablas que indican la superficie que se quema cada año en España en los incendios forestales, he mirado los registros que van desde 1961 hasta hoy y he encontrado algunas cositas interesantes, sobre todo, una: que es absolutamente falso que cada año que pasa los incendios sean peores y se queme en España más superficie forestal. Voy a dejaros algunos datos curiosos que me avalan. Es verdad que en 2025 se quemaron 391.089 hectáreas y en 2022, 263.218, pero resulta que en 2024 se redujeron a 47.711. ¿Y sabéis cuál fue el segundo mejor año de todos los que he examinado? 2018, en el que solo ardieron 26.994 hectáreas, cosa que interpreto como que Dios, en su infinita misericordia, entendió que ese año los españoles ya habíamos tenido bastante desastre con el ascenso de Pedro Sánchez al poder. Lo normal es que se sucedan años digamos que benignos con otros malos o muy malos, pero sin que exista o yo haya captado secuencia regular ninguna, salvo esta: de 1974 para atrás, jamás se alcanzaron las cien mil hectáreas quemadas. Para finalizar, os diré que los años peores fueron aquellos en que se superaron las 400.000 hectáreas quemadas y fueron los siguientes: 1978 (424.958 hectáreas), 1985 (484.475 hectáreas), 1989 (407.122 hectáreas) y 1994 (437.603 hectáreas).
Saque cada cual sus conclusiones, pero yo desde luego veo muy claro que esta tabla que os he enlazado desmonta categóricamente los planteamientos del ecologismo y el Puto Amo sobre los incendios forestales: no es solo el cambio climático. Sostener que sí que lo es resulta tan científico (¡cómo está manoseando el P. A. esta palabra!) como lo sería decir que el talismán contra los incendios forestales era Francisco Franco, a la vista de que, hasta dos años antes de su muerte, las hectáreas quemadas nunca superaban las cien mil. De todos modos, quizás sería sensato tomar muy en cuenta esa secuencia de trece años seguidos sin superar las cien mil hectáreas, porque sí que podría ser significativa, y más, teniendo en cuenta que el país disponía entonces de unos medios materiales mucho más precarios. Se me ocurre a botepronto una idea: ¿y si tenía que ver con que la gobernación del país no se veía entorpecida por la existencia de grotescas administraciones autonómicas? En aquella época seguro que no había delegados del gobierno gilipollas ni ministras abyectas ni putos amos indecentes que racaneasen a la hora de volcarse contra las catástrofes: todos teníamos muy claro que las que ocurrían en España nos afectaban a todos, o sea, que eran nacionales, aunque hubiesen ocurrido en Vigo y tú fueses de Almodóvar del Campo.
Y estoy seguro de que tampoco es culpable de los incendios de hoy la señora Díaz Ayuso, aunque solo sea por el hecho de que en 1978, año en que ardieron en España 424.958 hectáreas, ella era una recién nacida, así que son completamente injustas las dentelladas que le ha lanzado la jauría -política y mediática- del Puto Amo. Debería sujetarla con mano más firme, si no por decencia, al menos, por conveniencia, porque los madrileños no vamos a perdonar que cierto cafre nos haya regateado medios de auxilio en un momento como este tan terrible que atravesamos, ya se lo haremos pagar en su momento a Pedrito y sus perritos. España ya está bastante incendiada, así que no dice mucho en favor de sus gobernantes que vengan ellos mismos a calentar los ánimos.
1. El Puto Amo, por si no lo sabían, es Pedro Sánchez, como nos desveló hace tiempo uno de sus más señalados putos siervos.