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-2028. ¿Cómo será la Tercera República? -LA ESCUELA INSUSTANCIAL. Sobre la urgente necesidad de derogar la LOMLOE. -EL CAZADOR EMBOSCADO. Novela. ¿Es posible reinsertar a un violador asesino? -EL VIENTO DEL OLVIDO. Una historia real sobre dos asesinados en la retaguardia republicana. -JUNTA FINAL. Un relato breve que disecciona el mercadeo de las juntas de evaluación (ACCESO GRATUITO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA). -CRÓNICAS DE LAS TINIEBLAS. Tres novelas breves de terror. -LO QUE ESTAMOS CONSTRUYENDO. Conflictividad, vaciado de contenidos y otros males de la enseñanza actual. -EL MOLINO DE LA BARBOLLA. Novela juvenil. Una historia de terror en un marco rural. -LA REPÚBLICA MEJOR. Para que no olvidemos a los cientos de jóvenes a los que destrozó la mili. -EL ÁNGULO OSCURO. Novela juvenil. Dos chicos investigan la muerte de una compañera de instituto. PULSANDO LAS CUBIERTAS (en la columna de la derecha), se accede a información más amplia. Si os interesan, mandadme un correo a esta dirección:
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domingo, 9 de agosto de 2026

La(s) guerra(s) ha(n) empezado ya y los españoles seguimos tomándolo a risa

     Hay en Así habló Zaratustra un pasaje en el que Nietzsche se permite parodiar a unos hombres de un futuro que él supone tan aburridos y vacíos como el mundo que se han construido y los presenta guiñándose los ojos unos a otros mientras se dicen con orgullo: "¡Hemos alcanzado la felicidad!", con lo que se solazan en una perezosa autosatisfacción. En las últimas décadas me he acordado de este episodio cada vez que los españoles nos hemos quedado de brazos cruzados y sin mover un dedo ante graves amenazas o ataques, convencidos de que eran cosillas sin importancia que no podían alterar el mejor de los mundos posibles, es decir, nuestra perfecta democracia (😁😁), que estaba blindada contra esas pequeñeces. Casi siempre, nuestra inacción lanar la provocaban ciertas voces que minimizaban los peligros o nos susurraban que era mejor no responder a provocaciones, voces procedentes de la política y de sus medios afines y que, para engañarnos y paralizarnos, disfrazaban de sabia prudencia su cobardía, su incompetencia y la defensa de sus intereses inconfesables. Quien conozca la larga trayectoria de atropellos  del separatismo que durante años quedaron sin atajar, sin condena y sin réplica sabrá muy bien a qué me refiero. Creo que el momento actual se ajusta mucho a lo que acabo de explicar, porque estamos siendo sacudidos por tres guerras y seguimos tan contentos, como si la cosa no fuera con nosotros. Esas guerras son la guerra contra la democracia, la guerra de los separatistas y la guerra de Mohamed VI.

    Por empezar con esta última, yo tengo la convicción de que el permanente hostigamiento a España constituye uno de los planes prioritarios de la política del tiránico monarca marroquí, que lo está ejecutando desde su acceso al trono y lo ha intensificado a partir de la llegada de Pedro Sánchez al poder, con una brutal aceleración desde que, el 19 mayo de 2021, sus servicios secretos se apoderaron de enormes cantidades de datos del teléfono móvil del sátrapa español, y accedieron también a los aparatos de los ministros Grande Marlasca, Planas y Robles. A partir de entonces, la complacencia de nuestro gobierno con los caprichos maroquíes ha resultado tan absoluta y vergonzosa que la inmensa mayoría de los españoles estamos convencidos de que ello se debe a que el régimen magrebí sabe cosas muy comprometedoras de Pedro Sánchez, con las que le chantajea, le somete y consigue suculentos regalos. Así, las ayudas económicas de España a Marruecos son de un volumen desmesurado, más aún cuando  este país nos las paga con ingratitud y permanentes hostigamientos y abusos. Está por otra parte el episodio del giro favorable a Marruecos en el asunto del Sáhara, que nuestro penoso presidente del Gobierno ejecutó traicionando las consolidadas posturas del Reino de España y sin someterlo a las consultas y consensos que hubieran sido pertinentes, con el colofón de los humillantes modos, recuerden, aquella sonrojante cartita en la que Sánchez se arrastró como una babosa y envolvió en ello a su propio país. Y la permanente actividad de las mafias marroquíes de la droga en nuestras costas, con el inexplicable abandono de nuestro Gobierno en lo referido a vigilancia, medios y apoyos a los cuerpos policiales. Y las pretensiones marroquíes sobre las aguas canarias. Y el actual navajeo de cara al mundial de fútbol de 2030, para el que nos quieren birlar la final, actitud muy inmunda si se tiene en cuenta que entraron en la organización de ese campeonato porque España los metió. Y el problema de los inmigrantes marroquíes, entre los que nos llega una nada despreciable cantidad de indeseables: okupas, yihadistas, ladrones, asesinos, violadores..., indeseables que Mohamed VI se quita de encima y, a decir de algunos, a la vez reconvierte en una quinta columna muy belicosa, afín a él y hostil a España que nos ha incrustado en nuestras calles y ciudades. Y un sinfín de agravios de menor envergadura, antes de llegar al mayor de los ataques: la reciente invasión de Ceuta por parte de 72.000 marroquíes, que, digan lo que digan ellos y el servil gobierno español, estuvo organizada por el régimen alauita. Esta flagrante agresión viene precedida de años y años de actos de acoso a Ceuta y Melilla, entre los que destaca el grave episodio de mayo de 2021, y es una verdadera declaración de guerra, la proclamación a voz en cuello de que Marruecos va muy en serio a por esas dos ciudades españolas. Y, sin embargo, nuestro Gobierno -que las desprotege con una dejación criminal- y sus lacayos mediáticos llevan ya varios días presentando la invasión -palabra que han proscrito- como una crisis humanitaria en la que España lo que tiene que hacer es tener penita, ser caritativa y facilitarles pan, agua, ayuditas públicas, vivienda social gratis y cama con compañía a esos pobres postergados, o sea, revolcándose en el papanatismo del que hablaba en el primer párrafo. 

    Muy ingenuo, muy buenista, muy cabrón o muy traidor hay que ser para no admitir que la actitud de Marruecos con España es tan hostil que cae de lleno en lo bélico. El régimen marroquí se regocija en humillarnos, esquilmarnos y atacarnos, utilizando para ello cualquier instrumento que se ponga a su alcance, incluidas las personas, sus propios súbditos. Tomemos, por ejemplo, el muy delicado caso de los menas. Siempre me ha llamado la atención una cosa: ¿cómo es posible que Marruecos no reclame a los menores de su nacionalidad que acaban aquí? Resulta inconcebible y a la vez una buena muestra de lo monstruosos que son el régimen de aquel mágico reino y, al menos en parte, su sociedad. Si un menor español apareciese desamparado en cualquier país extranjero, su familia y nuestras autoridades moverían cielo y tierra para repatriarlo a la mayor brevedad y con los mayores cuidados. ¿Y qué pasaría si cayese por aquí un "mena" francés, portugués, italiano, o británico, por mencionar países que nos quedan próximos, al igual que Marruecos? La respuesta en estos casos sería la misma que he referido en el español. Vamos a dejarnos de hipocresías y de ñoñeces: la miseria económica no justifica que un estado y una familia dejen a su suerte a sus menores que se van a otros países; esgrimir este "argumento" es caer de propina en la miseria moral, una picaresca repugnante usando a seres vulnerables como moneda de cambio lucro, y reconocer de manera implícita nuestra iniquidad humana y nuestro fracaso como nación: en eso está cayendo Marruecos cuando no reclama, como debiera, a sus menas, por no hablar de otra aberración, esta, achacable a la negligencia de la Administración y los sucesivos gobiernos de España: la de admitir como menores a tipos que no lo son, bastantes de los cuales llegan aquí a cometer delitos, algunos, gravísimos. En este contexto, hace un par de días, resultó -como suele- patéticamente graciosa la portavoz del Gobierno, Elma Saiz, cuando reclamó la solidaridad de las comunidades autónomas españolas para ocuparse de los menores que se habían colado en la invasión de Ceuta: ¿no le hubiera resultado más fácil y sensato reclamar la de su país de procedencia, que estaba al ladito, ese Marruecos según el Gobierno tan colaborador? No estará de más señalar aquí la despiadada frialdad, el inhumano desprecio de ese país tiránico hacia los suyos: no ha levantado ni una miserable choza para recibir a los que retornaban, se ha desentendido por completo de sus menores, ha llegado incluso al aberrante límite de abandonar en el mar a los cadáveres de esos marroquíes que han perdido la vida por caer en la demencial trampa que montó la cuadrilla de canallas que gobiernan allí. Este es el país que nos tiene declarada una guerra apenas encubierta, que en los ominosos años de Sánchez ha acelerado. ¿Cree alguien que renunciará por las buenas a esos planes? ¿Nos lo vamos a ganar con buen rollito, a un país cuyo rey es tan malvado que es capaz de ponerte la bandera del revés en una visita amistosa? ¿Qué país tiene como vecino a otro que le invade el territorio, le birla información de sus altas autoridades o le hace una jugada como la del mundial de 2030? No sé si habrá muchos pero, desde luego, eso es una actitud traicionera y hostil, no entiendo como Sánchez y Marlasca van diciendo que Marruecos colabora con lealtad con nosotros, no entiendo como ellos y sus medios a sueldo pretenden que los españoles no veamos la amenaza de un país que nos humilla por placer y nos maltrata constantemente. O espabilamos, o nos fríen, y el gobierno colaboracionista que nos zarandea hoy no va a espabilar.

    En cuanto a la guerra de los separatistas, es también una contienda que esas lastimosas criaturas llevan décadas librando contra España, si nos fijamos en la fase que nos ocupa hoy, claro, es decir, la declarada contra la democracia constitucional del 78, porque, en realidad, el rencor demencial de esta gente llevamos siglos padeciéndolo. Hay una cosa que nunca debemos perder de vista si queremos entender bien la naturaleza del nacionalismo: su guerra es más feroz cuando España se halla en periodos democráticos, cosa que se ve muy clara cuando hablamos de ETA, organización que se fundó en 1958 y mató a 854 personas: 44 durante el franquismo y 810 durante la democracia y la Transición. No hay, pues, objeción posible: aunque durante algún tiempo nos confundieron y arteramente mantuvieron el engaño, la lucha criminal de la separatista ETA no era contra la dictadura, sino contra España, y a la democracia la martirizó con saña mayor y desde el primer momento, pues ya en 1976 mató a 16 personas (aparte de otras desgracias humanas y daños que ocasionara). Y la repugnante razón, que retrata a los etarras como unos bichos con patas de naturaleza vomitiva, es esta: que, convencidos de que la democracia era más débil que el franquismo, esperaban doblegarla multiplicando su crueldad. Quiero precisar que el nacionalismo no asesino, a la luz de lo que sabemos y vemos hoy, también estuvo en guerra contra la democracia desde el primer segundo: ni el PNV ni CiU ni ERC han sido jamás leales a la Constitución de 1978, sino que han estado siempre en guerra contra España, en algunos periodos, larvada, y en otros, como el actual, abierta. Por todo ello, recalco: el separatismo lleva en guerra contra España los cincuenta y un años que llevamos de democracia (más muchísimos anteriores, que no son objeto de este artículo), guerra que en el caso de ETA fue literalmente a muerte.

    La única diferencia hoy, además de que ya no existe una ETA asesina (pero yo pienso que sí hay una ETA ¿política?), es que, coincidiendo con la entrada en el siglo XXI, con hitos iniciales como el plan Ibarreche (2002), el disparate del Estatut de Zapatero (2006) y el esperpéntico referéndum de Artur Mas (un ciclo iniciado en 2012), el separatismo se ha internado en un proceso de aceleración de sus pretensiones y de intensificación de su agresividad, es decir de endurecimiento de su guerra, que ha alcanzado en el momento actual una virulencia alarmante. Los síntomas de esto son conocidísimos: el golpe separatista de 2017, la escalada verbal, chantajista y extractiva del viscoso PNV (ese Esteban, ese Ortúzar, ese Pradales... ¡puajjjj!), el desborde en las amenazas, la chulería y los proyectos de Otegui, que ya está levantando otro muro frentista, el cada vez más acusado renacer de la violencia de signo separatista (1) y, por último, la muy alarmante adhesión del PSOE a su bloque, de la que serían buenas muestras la decidida colaboración del PSE con la política de liberación de etarras en las vascongadas -conducida por una consejera socialista- y el no menos decidido liderazgo de la agenda separatista que en Cataluña ha asumido el fúnebre Salvador Illa (2), ese Mortadelo sin gracia. El separatismo está hoy en día envalentonado -basta con ver la chulería y descaro con que proceden en sus acciones violentas, porque hace falta estar muy convencido para obrar así- y dispuesto a, una de dos: fragmentar España en un destructivo puzzle de repúblicas independientes -de iure o, al menos, de facto-, o mantener una ficción de país unido, pero con una independencia y dominio absolutos en sus territorios, acompañados de una vinculación a la patria común en un capítulo: el de la pasta, con el guion que ya conocemos: que los demás les demos la nuestra a ellos porque se sienten muy ofendiditos y perjudicados en sus derechos históricos, lo cual es en realidad lo que lleva años ocurriendo y quizás resulte peor que la independencia pura. Un factor realmente catastrófico de la situación actual es que haya ampliado su base y su fuerza gracias a la traición del PSOE, que ha abrazado con firmeza sus proyectos, basta con ver lo que está ocurriendo en las vascongadas y Cataluña, lo que redunda en una terrible consecuencia: que a la guerra del separatismo va a resultar durísmo hacerle frente, porque esta bellaquería socialista lo ha fortalecido enormemente. Pero no librarla significaría rendirse, lo que equivaldría a desaparecer como nación. Han conseguido además atraerse inconcebibles aliados/tontos útiles, como los defensores del bable en Asturias y de otros dialectos en otras zonas de España. Aunque al final siempre están por debajo el poder y el cochino dinero, en esta guerra es crucial el frente cultural, especialmente, en dos terrenos, el educativo y el lingüístico, en los que los abusos y contrafueros separatistas son tan numerosos y graves que dejan una meridiana muestra de sus torcidas intenciones.

    Llegamos por fin a la tercera guerra, la declarada contra la democracia. Se acordarán del 15-M y de aquel grito de "¡Sí se puede!", ¿verdad? Pues ese fue el manantial de la actual etapa de esa guerra, pero no podemos quedarnos en esto, porque sería pretender que solo la libra el ejército podemita, cosa que dista mucho de la realidad, pues en la guerra contra las libertades se mezclan múltiples factores y agentes, lo que la hace muy compleja. Está, en primer lugar, algo ya mencionado, su confluencia con la guerra del separatismo, ya que esta, aunque va dirigida contra la nación, lleva implícita e inseparable otra contra la democracia, como vimos en lo referido a ETA, pero sucede también con el prusés de 2017 o el de 2012, o con el pisoteo de los derechos lingüísticos de los hispanohablantes allá donde exista presencia del separatismo. En realidad, históricamente, los rrrevolucionarios y los separatistas se han llevado siempre muy bien, pues comparten una querencia antisistema, solo hay que ver lo bien que se entienden Arnaldo Otegui y Pablo Iglesias. En segundo lugar, está la ampliación a las demás banderolas de la izquierda: en cuanto el 15-M dio el toque de clarín, allá que se agregaron todos: además de lo que luego fue Podemos, se unieron IU, los cien mil partidos comunistas, el sindicalismo de clase, los activistas LGTBI, las feministas rabiosas, los animalistas, el ecologismo adanista, los siempre sospechosos grupúsculos antisistema...: un explosivo combinado de wokismo, anarquismo casposo y comunismo, una demencial macedonia que se refleja en las estrambóticas y volátiles coaliciones que después han edificado: Unidos Podemos, Unidas Podemos, Sumar... El denominador común es el aborrecimiento visceral de la democracia, a la que demonizan bajo diversos nombres: capitalismo, neocapitalismo, fascismo, franquismo (para esta gente, España sigue siendo franquista), patriarcado, nazismo..., cosa que no es trivial, porque esas etiquetas odiosas les permiten satanizar a sus adversarios y justificar la violencia que ejercen contra ellos, que no es irrelevante (véanse los enlaces cuarto, quinto y octavo de la nota 1, aunque en la prensa hay ya mucha información sobre este asunto), lo que ha desembocado hoy en que estas facciones sean ya un peligroso enemigo de la democracia. No se puede hablar de ellas sin destacar a Podemos, no solo por ser un hervidero de conocidos radicales en este sentido, sino por ser el partido de Pablo Iglesias, que durante mucho tiempo fue el gran aglutinante de este odio, el forjador de numerosas estrategias destinadas a poner en jaque a lo que él llama el régimen del 78 -cosa que hace con la peor intención, pues es de los que sostienen que seguimos viviendo en el franquismo- y el hombre que puso el mayor empeño en que el ariete separatista y el izquierdista unieran fuerzas.

    Si Pablo Iglesias, con su saña antisistema, no ha sido el gran líder del actual asalto izquierdista a la democracia, ha sido porque ese papel se lo ha arrebatado Pedro Sánchez (3), con quien entramos en el tercer factor que complica la composición del actual frente contra las libertades: la inclusión en él del PSOE. Pedro Sánchez, con sus políticas, la corrupción de su partido y de su entorno (y, en el sentido político, también la suya, porque "cositas" como sus acuerdos y servidumbres con el separatismo o sus mentiras durante la pandemia, entre otras muchas, son corrupción del más alto grado), sus pactos y sus mentiras, ha sido el gran salto cualitativo, el torpedo más dañino lanzado contra la democracia española, que hoy está gracias a él en gravísimo peligro. Lleva camino de destruirla, guiado por la más absoluta disposición y pertrechado con la mentira, un depravado instrumento que maneja como arma de destrucción masiva, tanto desde su boca como desde las de sus colaboradores políticos o sus siervos mediáticos, que constituyen una legión muy bien engrasada con el dinero de todos (es UNA AUTÉNTICA VERGÜENZA de aires coreanos lo que estamos viendo hoy en la televisión pública, una parrilla de peones del poder dedicada a hacer propaganda a su favor, difundir sus mentiras y machacar a quienes él señala). Hoy en España el Parlamento ha sido postergado, se hostiga a los jueces, se abusa del poder con decisiones descabelladas como los indultos y amnistías a los golpistas, se favorece a quienes han delinquido y se protege a la horda de chorizos corruptos que proliferan en torno al PSOE y el Gobierno a una velocidad meteórica. Y, por si esto fuera poco, cunde la sospecha de que el Gobierno está preparando un pucherazo para 2027 a través de la manipulación tramposa del censo, aunque algunos estamos convencidos de que ya lo dio en 2023. Estas cosas están ya tan extendidas que afloran de forma escandalosa, pero, sorprendentemente, muchos españoles no las ven o no las quieren ver e incluso apoyan a su responsable, bien que esta ceguera cuenta con el inestimable apoyo de los esbirros mediáticos de Sánchez, tanto públicos como privados. Pero la verdad y los hechos son tozudos: la democracia española hace frente hoy a la seria amenaza de quienes le hacen la guerra, y entre ellos, para asombro y escándalo, destaca el actual presidente del Gobierno.

    Pero este personaje aún va mucho más allá de todo esto, porque representa algo así como la superguerra, el punto clave por el que pasan todas. Si nos fijamos, él y su partido han sido mencionados y tienen decisiva participación en las tres guerras sobre las que he reflexionado aquí: la de la antidemocracia, la del separatismo y la de Mohamed VI. Si España está hoy en una situación límite en todos esos frentes, ha sido siempre por su decisiva participación: es él quien se humilla ante Mohamed VI y le hace concesiones escandalosas, es él quien indulta a golpistas separatistas o pacta con los herederos del terrorismo y les da todo, es él quien preside el Gobierno de la ley sisí, de la coalición con la ultraizquierda, del acoso a los jueces, de la televisión que apesta a sectarismo o de la corrupción con las mascarillas, con Plus Ultra, con la joyas, con la SEPI, con Servinabar, con el hermano, con la parienta... Sánchez es el corazón de una guerra feroz contra España de al menos tres frentes, una guerra que está en marcha y muy avanzada. Puede que muchos españoles le voten y no vean estas verdades como puños, pero lo cierto es que ni hemos descubierto la felicidad, ni estamos en el mejor de los mundos posibles ni nuestra democracia está sana y bien protegida, sino más bien todo lo contrario.


1. Quien quiera buscar ejemplos concretos de la renacida violencia nacionalista los va a encontrar por decenas en los medios. El mismo desarrollo del prusés entre 2016 y 2017 -y 2019, cuando se celebró el juicio- es una guía antológica de la violencia política, así que tiene gracia que la defensa de los acusados y sus amiguetes, en su día, se volcase de una forma obsesiva en sostener que no existió tal violencia. Os dejo aquí algunos artículos míos en los que abordé el tema de la violencia nacionalista. Contra Inés Arrimadas: Arrimadas. En la escuela: represión escolar. Alsasua: enseñanzas. A cantazo limpio: eso mismo. Pequeña antología: de hace ocho años. Mundial: atacaos de frustración. Vito Quiles: ojo con Navarra. Vuelta ciclista: no hace ni un año. Tengo mucho más, pero creo que esto basta. Y lo que hay en realidad es cien veces más, resulta muy alarmante. Y, mientras estaba elaborando este artículo, me encuentro con esta noticia: informe de Europol.

2. El peligro de Illa es que es un lobo -y muy feroz- con piel de cordero. Os dejo solo las dos cositas más recientes que he escrito sobre él: Illa 1, Illa 2.

3. Pulse aquí para ver una selección de lo que escribí sobre él hasta 2024. Después aún he escrito más cosas, porque este malvado es inagotable.

sábado, 1 de agosto de 2026

Pedro Sánchez debería ser inhabilitado (II)

     El 15 de diciembre de 2022, publiqué aquí un artículo que se titulaba Pedro Sánchez debería ser inhabilitado. Hoy, menos de cuatro años después, me ratifico en esa afirmación, en la que el Puto Amo se ha volcado en darme la razón añadiendo a los de entonces abundantes y descomunales motivos para sostenerla. Los más recientes están aún palpitando y son superconocidos, pero lo que me ha impulsado definitivamente a publicar este artículo es el siguiente vídeo, que el propio Pedro Sánchez ha colgado en su cuenta de Instagram:

Las cancioncillas de Sánchez mientras Ceuta es víctima de una invasión

    En efecto: ha vuelto a reírse de todos los españoles, a llamarnos gilipollas (esto tampoco es la primera vez que lo digo) en la cara: estando el país como está, el tipo no ha tenido mejor ocurrencia que retomar sus vacaciones blindándose en La Mareta y obsequiarnos con un vídeo con tres cancioncitas, y aun tengo la sospecha de que ha decretado para sí mismo una protección más sólida que la birria humillante que el muy giliboyas ha dispuesto para Ceuta, una ciudad que acaba de sufrir la invasión de 50.000 peones de Mohamed VI: INEFABLE.

    En solo dos meses, entre otras cosas de menor fuste, hemos visto a Pedro Sánchez defender al ya despelotado Zapatero; no decir palabra ante la condena de su hermano; sostener que, a pesar del derrumbe que padece su régimen corrupto y apestoso, no convoca elecciones por nuestro bien; hacer frente a una ola de incendios devastadores dejándose caer por algunos pueblos afectados, soltando la parida esa de que lo que se necesita es un pacto contra el cambio climático y largándose echando virutas en su helicóptero, pero, eso sí, dejando a sus esbirros el trabajo sucio de zarandear e insultar a Isabel Díaz Ayuso, y, como colofón, naufragar en la tremenda traca de la alarmante invasión de Ceuta, un evento que hubiera merecido un estado de excepción y la movilización fulminante del ejército (para expulsar sin contemplaciones a los invasores, claro, no para darles abrazos y marcarlos con la mirada), pero que el gobierno español ha afrontado con una pasividad que ha hecho a muchos decir y/o escribir esta palabra: TRAIDORES.

    No es lo de Ceuta -un asunto que aún colea- un problema para tomárselo a risa ni con la tranquilidad cómplice con que lo han afrontado Pedro Sánchez y su equipo. Debieron proteger la ciudad norteafricana no solo en el momento de producirse la invasión y después, sino incluso antes, más aún cuando ya hay testimonios muy creíbles de que habían sido avisados con bastante antelación de que algo grave estaban tramando los marroquíes, pero no hicieron nada, incomprensible y gravísima dejación de la que espero que algún día rindan cuentas, y ya el colmo fue el timorato posicionamiento ante Marruecos, país al que Sánchez ni acusó ni pidió explicaciones ¡e incluso llegó a agradecer su colaboración! A los dos minutos de ver las imágenes en directo de los invasores entrando en Ceuta (de lo que hacían, de sus caras, de lo que decían...) cualquiera podía entender claramente que estaban ejecutando un plan preconcebido, un plan para decenas de miles de personas que solo pudo poner en marcha el gobierno marroquí, y, por si esto fuera poco, han circulado vídeos como este que podréis ver pulsando aquí: ¿cómo pudo Sánchez tener la bajeza y la cobardía de agradecerles nada?

    Los españoles estamos muy mosqueados con la pringosa sumisión de Sánchez y su Gobierno ante la tiránica monarquía alauita. Si les afectase exclusivamente a ellos, daría lo mismo, pero no es el caso: las humillaciones de Sánchez alcanzan a España entera y las cesiones y concesiones que hace las hace sobre nuestros derechos, nuestra libertad, nuestra seguridad y nuestra nación, que se lo pregunten a los ceutíes, así que no puede permitírselas, son una traición. La incompetencia de Sánchez, sus negligencias, sus chaladuras, sus arbitrariedades y su dudosa limpieza hace ya tiempo que sobrepasaron lo tolerable. Aparte de que está claro que es un malvado, yo tengo serias dudas de que este individuo esté bien de la cabeza, por eso sostengo que debería ser inhabilitado cuanto antes. No podemos seguir en manos de un personaje tan siniestro como este.

lunes, 27 de julio de 2026

Incendios, cambio climático y enjuagues del Puto Amo

     Soy uno más de los millones de españoles que están afligidos por la brutal ola de incendios forestales que nos están azotando este verano. Según se nos informa en este artículo de "El País", en lo que va de año, se han quemado en España nada menos que 208.286 hectáreas, un dato estremecedor, que se convierte en trágico si se tiene en cuenta que, aparte de los daños materiales, ha habido que lamentar desgracias personales e incluso pérdida de vidas humanas. Además de catastróficos, los incendios forestales son una amenaza constante, pues no hay año que no nos azoten.  Entre las diversas y complejas causas que los provocan, están los efectos que el cambio climático está teniendo sobre su evolución y el modo en que se producen, pero este fenómeno es solo uno más de los factores, de manera que no es muy razonable lo que está haciendo estos días el Puto Amo (1): descender en cualquiera de las zonas que han tenido la desgracia de ser afectadas por un incendio, soltarse un discursete en el que apela a un gran pacto sobre el cambio climático como si esa fuera la solución mágica de la catástrofe y largarse echando virutas, antes de que empiecen a aterrizarle en la nariz tomates y pepinos podridos.

    Esta propuesta, en primer lugar, no vale por lo ya dicho antes: el cambio climático es solo uno de los factores que influyen sobre los incendios, así que hay que hilar más fino, pero existe además una segunda razón: que uno de los grandes problemas a la hora de hacer frente al cambio climático es que el progresismo lo ha secuestrado ya y lo ha convertido en una de sus banderas, de modo que, cuando hablan de él, debemos tener muy claro que presuponen que todos tenemos que aceptar sus enfoques, sus políticas y hasta los disparates de la religión climática, con lo que hacen inviable ese pacto del que habla Sánchez, quien entiende que él mismo, Teresa Ribera y otros secuaces suyos son los profetas de la salvación del planeta y los demás (en especial, PP y Vox) son terraplanistas, negacionistas del cambio climático y otros lindos calificativos, ya sabemos todos cómo "pacta" y "dialoga" hoy la izquierda. 

    De acuerdo con sus planteamientos fanáticos, los incendios forestales son más y peores a medida que el tiempo pasa, a causa de la emergencia climática. ¿Es esto cierto o es una falsedad milenarista con la que nos aterran todos los años por estas fechas? Me he tomado la molestia de irme a una página llamada Postfire, en la que, entre otras cosas, hay unas tablas que indican la superficie que se quema cada año en España en los incendios forestales, he mirado los registros que van desde 1961 hasta hoy y he encontrado algunas cositas interesantes, sobre todo, una: que es absolutamente falso que cada año que pasa los incendios sean peores y se queme en España más superficie forestal. Voy a dejaros algunos datos curiosos que me avalan. Es verdad que en 2025 se quemaron 391.089 hectáreas y en 2022, 263.218, pero resulta que en 2024 se redujeron a 47.711. ¿Y sabéis cuál fue el segundo mejor año de todos los que he examinado? 2018, en el que solo ardieron 26.994 hectáreas, cosa que interpreto como que Dios, en su infinita misericordia, entendió que ese año los españoles ya habíamos tenido bastante desastre con el ascenso de Pedro Sánchez al poder. Lo normal es que se sucedan años digamos que benignos con otros malos o muy malos, pero sin que exista o yo haya captado secuencia regular ninguna, salvo esta: de 1974 para atrás, jamás se alcanzaron las cien mil hectáreas quemadas. Para finalizar, os diré que los años peores fueron aquellos en que se superaron las 400.000 hectáreas quemadas y fueron los siguientes: 1978 (424.958 hectáreas), 1985 (484.475 hectáreas), 1989 (407.122 hectáreas) y 1994 (437.603 hectáreas). 

    Saque cada cual sus conclusiones, pero yo desde luego veo muy claro que esta tabla que os he enlazado desmonta categóricamente los planteamientos del ecologismo y el Puto Amo sobre los incendios forestales: no es solo el cambio climático. Sostener que sí que lo es resulta tan científico (¡cómo está manoseando el P. A. esta palabra!) como lo sería decir que el talismán contra los incendios forestales era Francisco Franco, a la vista de que, hasta dos años antes de su muerte, las hectáreas quemadas nunca superaban las cien mil. De todos modos, quizás sería sensato tomar muy en cuenta esa secuencia de trece años seguidos sin superar las cien mil  hectáreas, porque sí que podría ser significativa, y más, considerando que el país disponía entonces de unos medios materiales mucho más precarios. Se me ocurre a botepronto una idea: ¿y si tenía que ver con que la gobernación del país no se veía entorpecida por la existencia de grotescas administraciones autonómicas? En aquella época seguro que no había delegados del gobierno gilipollas ni ministras abyectas ni putos amos indecentes que racaneasen a la hora de volcarse contra las catástrofes: todos teníamos muy claro que las que ocurrían en España nos afectaban a todos, o sea, que eran nacionales, aunque hubiesen ocurrido en Vigo y tú fueses de Almodóvar del Campo.

    Y estoy seguro de que tampoco es culpable de los incendios de hoy la señora Díaz Ayuso, aunque solo sea por el hecho de que en 1978, año en que ardieron en España 424.958 hectáreas, ella era una recién nacida, así que son completamente injustas las dentelladas que le ha lanzado la jauría -política y mediática- del Puto Amo. Debería sujetarla con mano más firme, si no por decencia, al menos, por conveniencia, porque los madrileños no vamos a perdonar que cierto cafre nos haya regateado medios de auxilio en un momento como este tan terrible que atravesamos, ya se lo haremos pagar en su momento a Pedrito y sus perritos. España ya está bastante incendiada, así que no dice mucho en favor de sus gobernantes que vengan ellos mismos a calentar los ánimos. 


1. El Puto Amo, por si no lo sabían, es Pedro Sánchez, como nos desveló hace tiempo uno de sus más señalados putos siervos.

viernes, 24 de julio de 2026

Sol naranja y olor a leña, llueven laminillas de ceniza...

  A la hora en que escribo -seis de la tarde-, debería caer aquí en Tres Cantos un sol justiciero que me obligaría a tener los toldos echados y las ventanas cerradas, y sin embargo, las tengo abiertas por los dos lados de la casa y corre así una agradable corriente que me refresca, algo realmente inaudito a estas alturas del año. Ese aire es aquí fresco gracias a unas nubes que tapan el sol, pero esas nubes son en realidad el humo de unos espantosos incendios que arden unos kilómetros al suroeste, allá por La Adrada, Navas del Rey, San Martín de Valdeiglesias, Burgohondo, Pelayos de la Presa, Aldea del Fresno...; ese aire amable de aquí es allí el viento diabólico que está avivando esos espantosos incendios, de los que solo espero una cosa: que sean extinguidos lo antes posible. Es el deseo que me inspiraría cualquier incendio forestal (o cualquier incendio a secas), pero cien veces más en el caso de este, porque tendría que escribir un artículo muy muy muy largo, más bien un libro, para contar lo que personal, familiar y emocionalmente me vincula con aquellos maravillosos parajes.

    Es brutal la magnitud de esta catástrofe y, por si lo que acabo de contaros del viento y las "nubes" no es lo suficientemente explícito, os daré algún dato más. A eso de la una y media de la tarde, venía por la carretera de Burgos, y ya a la altura de La Cabrera o quizás desde antes podía verse a nuestra derecha una extensa zona de tenue nubosidad que era en realidad humo de los incendios. Cuando hemos llegado a Colmenar Viejo, ya teníamos encima una extraña neblina y, en los cristales y las carrocerías de los coches que llevábamos por delante, el sol se reflejaba como un disco naranja tan raro que, en un primer momento, he creído que eran focos o balizas, cualquier extravagancia de esas que se inventa Tráfico, pero no: era el sol, que, en un mediodía de julio, hubiera debido ser un resplandor blanco de esos que te obligan a ponerte las gafas ahumadas. En torno a las dos y media, al llegar a casa y salir del coche, ya ha sido (aún lo es ahora, más de cuatro horas después) una mezcla de sensaciones indescriptibles: caía una lluvia de finas partículas de ceniza, la luz solar que se reflejaba en el suelo y nos envolvía tenía el tono anaranjado de un crepúsculo y el aire olía a leña ardiendo en una chimenea, un olor que me ha transportado a muchos años atrás, porque era el mismo que se me metía por la nariz cuando, de pequeño, llegaba al pueblo de mi abuela, con todas las chimeneas echando su penachito de humo.

    Una precisión: entre Tres Cantos y Navas del Rey, el más cercano de los pueblos amenazados por las llamas, hay una distancia en línea recta de 51'7 kilómetros. Termino de escribir y se me ocurre mirar por la ventana. Lo que veo es un sol pequeño y rojo, una especie de luna diurna de color rubí, aunque tampoco podría precisarlo mucho, porque resulta imposible fijar la vista en él más de un segundo.

lunes, 20 de julio de 2026

España gana el mundial de fútbol de 2026

     Como es posible que algunos sepáis, España acaba de proclamarse campeona del mundial de fútbol de 2026, ese extraño engendro trisédico disputado en Canada, Estados Unidos y México. Suelo evitar el fútbol como tema de mis artículos, pero en algunas ocasiones (y esta es una de ellas) encuentro elementos que me animan a saltarme esta restricción. Procedo a entrar en materia.


1. En primer lugar, felicitemos a la campeona

    Y muy merecido se lo tiene, porque la selección española ha sido de largo la que mejor ha jugado en el mundial. Salvo el empate inicial con Cabo Verde, ha ganado todos los partidos superando y dominando con claridad a sus rivales con un juego vistoso y efectivo. Ha dado además muestras de gran temple y fortaleza mental y ha encajado solo un gol. Ha sabido vencer a rivales de diversos perfiles, desde la ultraviolenta Uruguay (1 - 0) a la virtuosa Francia -(2 - 0), la que más se nos ha acercado en cuanto a calidad y buen fútbol-, coronando la epopeya con una brillante victoria sobre Argentina, con un 1 - 0 que debió en realidad ser un 2 - 0, porque el árbitro anuló en el minuto 95 un gol de Nico Williams por una falta sobre Otamendi en la que lo que hubo en realidad fue una extraordinaria escena montada por el jugador argentino, a quien sin duda, cuando se retire del balompié, le aguarda una prometedora carrera en el teatro. El gol que nos dio la victoria lo marcó Ferrán Torres en la segunda parte de la prórroga.  

    Con este triunfo, a la selección española le queda un palmarés muy coqueto. Hemos ganado dos mundiales, este y el de Sudáfrica en 2010, donde derrotamos en la final a los holandeses por 1 - 0, supongo que recordaréis aquel iniestazo. En cuanto a la eurocopa, somos los que más tenemos, pues la hemos ganado nada menos que cuatro veces: en 1964 (España), cuando vencimos en la final a la URSS por 2 - 1, con aquel mítico gol de Marcelino; en 2008 (Austria y Suiza), en que ganamos la final a Alemania por 1 - 0; en 2012 (Ucrania y Polonia), con aquella memorable final en que pasamos por encima de los italianos con un 4 - 0, que bien hubiera podido ser un 16 - 0, porque los barrimos, ¡qué gozada!, y en 2024 (Alemania), en que ganamos la final a Inglaterra por 2 - 1. Debemos valorar también las tres platas (Amberes 1920, Sidney 2000 y Tokio 2020) y los dos oros (Barcelona 1992 y París 2024) cosechados en las olimpiadas.


2. Argentina, la merecida subcampeona (o a lo mejor ni eso)

    He dicho antes que en la final hemos obtenido una brillante victoria. Alguno podrá objetar que, con 1 - 0 y en la prórroga, tampoco hay para hablar de brillos ni resplandores, pero quienes hayan visto el partido pensarán lo mismo que yo, porque lo hemos dominado de cabo a rabo, hemos rematado a puerta mucho más (ellos no han tirado entre los tres palos ni una sola vez), hemos desplegado un juego vistoso y -lo he de repetir- nos han anulado un gol legal, que, de haber subido al marcador, habría supuesto paradójicamente también un resultado de 1 - 0, pues se consiguió en el minuto final del tiempo reglamentario. Y SOBRE TODO: nos hemos impuesto a un rival que, para variar, ha abusado de lo que mejor sabe practicar: el antifútbol, con juego subteráneo, patadas, golpes y su extenso muestrario de trampas y marrullerías antideportivas, que han coronado autorretratándose con un muy mal perder, conducta en la que han roto moldes, y tampoco es que tengan muy buen ganar, recordemos esta grosería de Messi tras su victoria en la final de Qatar en 2022. Jugar contra Argentina es jugar contra un rival sin el menor respeto a las reglas ni a la limpieza, así que se disfruta aún más la victoria. De hecho, su andadura a lo largo del mundial, que empezó con una tarjeta roja perdonada a Messi en el primer partido (contra Congo), ha estado jalonada de escándalos y fundadísimas acusaciones de favor arbitral. Pero, incluso con eso, ni son invencibles ni Messi es ya otra cosa que una estrella en el ocaso. Quede este colofón: futbolísticamente, Argentina no valía ni la cuarta parte de lo que una propaganda machacona nos ha vendido y demasiados ingenuos han comprado, esto ha aflorado en la final.


3. La alarmante violencia de los cavernícolas separatistas

    Sabíamos que, si ganaba el mundial España, iba a haber un gran derrotado: el separatismo, al que su odio visceral ¡contra su propia nación! le lleva siempre a desear lo peor para España, pero, con toda sinceridad, jamás habría imaginado que iban a llegar a los extremos a los que han llegado esta misma noche. Esto va muy en serio: el odio envenenado del separatismo nos va a conducir por senderos muy amargos, ya ocurrió durante la primera y -más aún- la segunda repúblicas y sabemos los extremos de violencia y asesinato a que en las últimas décadas llegó una banda separatista vasca llamada ETA, cuyos herederos son hoy aliados del repugnante gobierno de corruptos que nos tiraniza. 

    Tras el mundial de 2010, se divulgó la noticia de que unos monitores separatistas vascos les habían prohibido a los niños de un campamento de verano ver la final y después les habían contado la mentira de que España había perdido. Parece una minucia, pero no lo es, porque hace falta estar muy podrido para descargar tu odio demencial sobre unos niños, aunque ya sabemos cómo trata el nacionalismo a los niños (pulsar aquí y aquí). Esta vez, siguiendo su ya vieja costumbre, se han dedicado a obstaculizar o prohibir la colocación de pantallas en las calles, o a declarar abierta o veladamente su deseo de que España perdiera, véase a los señores Pradales o Esteban. Esto, aunque no lo es, podría pasar por un manojo de reacciones ridículas en las que los separatistas demuestran su patológica enanez mental y moral, pero alcanza mayor gravedad cuando se relaciona con otros frutos que ha producido: una serie de comportamientos violentos contra los portadores de la camiseta de España (C1, C2) y otras cosas peores aún (aquí os dejo algunas muestras: M1, M2, M3). Violencia grave y con exhibición de armas: los cavernícolas del separatismo están llegado a unos desmanes muy alarmantes que hay que detener, porque sabemos las cosas que son capaces de hacer. 

    Una de las asignaturas en que ha fracasado la democracia española ha sido la de impedir los excesos de los separatistas, y con el actual gobierno, que los mima, estamos viendo que esto se ha puesto peor aún, porque están cada vez más engallados. Creo que deberíamos empezar a tomarnos muy en serio cortarles las alas a estos criminales gallitos, pero de una manera radical y eficaz, porque quedan muy pocas dudas de lo que, si pueden, van a hacer con la democracia y la paz y la continuidad de la nación. Con gentuza que reacciona violentamente contra un hecho tan inocente como ver partidos de fútbol o vomita su cólera agresiva si vencen los equipos de esa España que odian, sería suicida mirar para otro lado o quedarnos con las manos en los bolsillos mientras queman y apalean. De cualquier forma, ¡qué felices nos ha hecho a los españoles sanos este gran triunfo de España! Y también tiene su puntito de satisfacción morbosa el comprobar que ha amargado, y mucho, a una horda de locos que nos odian sin motivo.

lunes, 13 de julio de 2026

La educación en Cataluña

     Con el título de este mismo artículo, ha publicado Sociedad Civil Catalana un colosal informe (1) que explora de forma seria y minuciosa la ciénaga sobre la que versa, buceando en ella a lo largo y a lo ancho y desde la superficie hasta el lodoso fondo. El autor del concienzudo análisis es José Manuel Lacasa, a quien felicito por su extraordinario trabajo, el cual consta de dos extensos volúmenes más un resumen ejecutivo que presenta sintetizadas las líneas principales y las conclusiones. 

    El detonante de un proyecto como este solo puede ser la asombrosa aberración que lleva décadas produciéndose en Cataluña: el hecho de que, en una región española, se proscriba de la enseñanza al español, lengua oficial del país y materna para millones de catalanes. A los impulsores de la iniciativa, radicales enemigos de este atropello, les genera además una duda: ¿estará por añadidura esta discriminación perjudicando formativamente a los alumnos castellanohablantes que estudian a la fuerza en catalán? ¿Estarán, por culpa de este abuso, recibiendo una educación de peor calidad? Me consta que el principal móvil de la investigación es responder a estas preguntas, pero, como es tan exhaustiva, acaba haciendo honor a su título y abarcando todos los aspectos de la educación en Cataluña: la discriminación en los derechos lingüísticos, la discriminación en la calidad de las enseñanzas, los horizontes de titulación y profesionales hacia los que proyecta (recomiendo echar un vistazo a unas tablas que encontraréis en las páginas 462 y 483 del tomo segundo), el bajo nivel general del sistema educativo catalán (inscrito en el catastrófico marco logsiano español), el papel de los profesores, la convivencia, la repetición de curso, la atención a los alumnos con necesidades especiales...: el resultado es una revisión integral.

    Me resulta imposible hacer una recensión de un trabajo tan amplio y polifacético, así que voy a proceder a reproducir algunos fragmentos textuales que considero que son un buen reflejo de sus objetivos, sus hallazgos y su valor. Se encuentran entre las páginas 53 y 56 del segundo tomo y dicen lo siguiente:

    Volviendo a nuestro tema, las diferencias de rendimiento entre castellanohablantes y catalanohablantes en Cataluña, quizás lo que más sorprenda sea el desinterés de la administración educativa por este tema. Los datos de PISA dejan claro que el problema existe, y por tanto es una variable educativa que se ha de introducir en cualquier estudio sobre el rendimiento de los alumnos en Cataluña, aunque sólo sea (si es que así se demuestra) para descartarla como factor [...].

    Quizás vaya siendo hora de que, cuando se analicen las diferencias educativas entre castellanohablantes y catalanohablantes en Cataluña, se refieran éstas al rendimiento, al fracaso escolar, al abandono o cualquier otra, como el nivel de conocimiento del español de los alumnos catalanes, además de resaltar lo que no se puede afirmar (2), quizás se debería dar un paso más y preguntarse por qué nunca hay datos sobre las relaciones entre educación y lengua hablada en casa en Cataluña, porque hace ya 20 años que sabemos que el problema existe. Quizás va siendo hora, si no de invertir la carga de la prueba, de ser conscientes de que hay una responsabilidad institucional en que exista esa falta de datos, y de que es un objetivo político el que no haya datos sobre estos temas. Las únicas cifras que tenemos cercanas al final de la escolarización obligatoria, las de PISA, se pueden encontrar en la tabla 1.12. A pesar de las variaciones propias de cada edición y en cada escala, las diferencias son significativas y sustantivas en todos los casos. Las diferencias en Lectura son de aproximadamente 26 puntos de media si tomamos en cuenta todas las ediciones, de 32 en Matemáticas y de 29 en Ciencias, todas ellas a favor de los catalanohablantes. En Lectura, el mínimo es de 18,5 puntos en 2009, mientras que el máximo llega a 34 puntos en 2015. En Matemáticas, la brecha está entre los 24,8 puntos de 2018 y los 41 de 2006. En Ciencias, la diferencia oscila entre los 25,7 puntos en 2003 y los 35,4 en 2015. Para hacerse una idea de la magnitud de las diferencias, basta considerar que las últimas investigaciones establecen que una diferencia de 20 puntos equivale a un curso y medio.

    Creo que el mensaje es claro y demoledor (naturalmente, para los impresentables que tiranizan a Cataluña y para los corruptos que, pudiendo y debiendo cortarles las alas, les dejan hacer): en Cataluña, a los hispanohablantes, se les somete al consumo de una enseñanza basura. Estos son los extremos de democracia, justicia e igualdad a que la España de las autonomías ha llegado en 2026. Hay que dar las gracias a José Manuel Lacasa y Sociedad Civil Catalana por su esclarecedor informe.


1. El elocuente título completo del informe es La educación en Cataluña: un modelo de fracaso, discriminación e injusticia social. Podéis acceder a él pulsando AQUÍ. 

2. Esta nota se corresponde con la 23 en el texto original, que nos remite a esta aclaración: El artículo aparecido en Newtral sobre el tema es prototípico: tanto el “no hay datos” sin plantearse por qué no los hay, como en la curiosa tendencia a considerar que si no hay datos para afirmar una cosa, es que se puede afirmar la contraria. El artículo puede encontrarse aquí: https://www.newtral.es/castellanohablantes-catalanohablantes-cataluna-fracaso escolar/20210222/. Me he tomado la molestia de pulsar ese enlace en el texto original y, al entrar en Newtral, me encuentro con un aviso que me informa de que ahí no hay nada.

jueves, 18 de junio de 2026

La selectividad de las Vascongadas se columpia con el examen de vasco

     Hace ya unos días, hizo explosión en la PAU de la comunidad vasca una bomba lingüística que dejó 1.778 heridos de gravedad (¡casi el 15% de los presentados a la selectividad en las Vascongadas!), pues esos fueron exactamente los alumnos que recibieron calificaciones bajísimas (muchas de ellas, un cero puro y duro) en el examen de la sacrosanta lengua autóctona de aquella región. Al parecer, la mayoría de los damnificados cursaban sus estudios en la modalidad llamada A de las... no sé cuántas existentes en esa comunidad autónoma (1), modalidad en la que la lengua vehicular es el español: sospecho que ese fue el pecado que originó tal levítica venganza, el haber dado la espalda a la divina lengua de Sabino Arana. Lo del tufillo vengativo es algo más que una broma, porque, dada la concentración de ceros en unos grupos muy concretos (todos bajo la responsabilidad del tribunal número 11 de la facultad de Sarriko) y la existencia de notas bajísimas puestas a personas con un nivel alto de lengua vasca (B2 o hasta C1), hay razones muy fundadas para sospechar que andan detrás de este abuso uno o varios talibanes del euskera que han decidido ajusticiar a quien no lo bordase, o sea, han utilizado el euskera como arma de destrucción masiva.

    Pero, ante tamaño despropósito, también ha sido masivas las reclamaciones presentadas y descomunal el cabreo, ya que algunos manifiestan ya su intención de acudir a los tribunales (a los de verdad, no los universitarios) si el atropello se consuma, lo cual ha forzado al rector de la Universidad del País Vasco a pronunciarse, cosa que ha hecho de la forma esperable: mediante una homilia plagada de evasivas, de la que los medios han destacado estas palabras: "Son hipótesis que, evidentemente, no dependen de nosotros, dependen de otras vías y otros cauces. Si se producen y cuando se produzcan, podremos pronunciarnos". Es muy lógico que hayan llamado la atención, pues son muy típicas del lenguaje político vasco, tan impregnado de peneuvismo: un mensaje ambiguo del que no debe descartarse que oculte una amenaza.

    Hace unos meses, di cuenta aquí de otro patinazo vinculado con la selectividad, en este caso, la de Madrid. No era ni de lejos un asunto tan grave como este de las Vascongadas, ni abusivo, ni susceptible de acabar en un juzgado, pero se le parecía en una cosa: giraba en torno a la intolerable invasión de las ínfulas separatistas en el ámbito educativo, que han contaminado con sus aberrantes delirios lingüísticos. Las lenguas cooficiales de España, o sea, el catalán, el gallego y el vasco, malamente superarán entre todas los doce millones de hablantes, o a lo mejor incluso ni llegan, pero, dado que los separatistas las usan -insisto- como armas de destrucción masiva, son chiquitas, pero matonas, y desmesuradamente problemáticas, y toda la culpa la tiene un marco legal al que se le fue la mano con las cortesías, les concedió más importancia de la que tienen y abrió la puerta a los abusos que los nacionalistas han perpetrado y siguen perpetrando en Cataluña, Baleares, Valencia, Vascongadas, Navarra y Galicia.

    El degradante episodio del que habla este artículo, en un país razonable, no habría tenido ni tan siquiera ocasión de ocurrir. Solo en un país de locos como ha llegado a ser España es posible que un idioma como el vasco, que tiene rango de lengua regional y, en el mejor de los casos, solo lo hablan un tercio de los 2'4 millones de los habitantes de la comunidad, figure entre las asignaturas obligatorias en selectividad para alumnos que no lo eligieron como vehicular. En todo caso, tendría su lógica que lo fuera para quienes lo eligiesen como primera lengua, allá ellos, pero para los demás, no, porque, de verdad, seamos honestos: ¿a dónde te lleva el vasco hoy en día, qué horizontes te abre, incluso sin salir de su propio entorno lingüístico? Y, aunque sus perspectivas fueran más risueñas, ¿qué derecho tienen el PNV, los batasunos o el PSE a imponérselo a nadie? NINGUNO. ¿No es una barbaridad, un auténtico atropello, que para los vascos a los que no les interesa sea imposible eludir el peaje que representa? SIN LA MENOR DUDA. Esta claro que, al igual que el catalán o el gallego, los separatistas lo imponen bajo coacción porque les sirve a ellos como instrumento de dominio, como arma aferrada en sus manos y esgrimida contra la sociedad que quieren controlar y la nación -la española, claro, aquí no hay otra- a la que quieren chantajear, pero eso ni es razonable ni es democrático. A quien no me crea, le basta con reflexionar sobre lo que les ha ocurrido en la selectividad a esos 1.778 estudiantes apaleados, a los cuales se les ha lanzado este mensaje: o aprendes quieras o no ese vasco que es simplemente la lengua cooficial de tu región y apenas vale para nada, o te jodemos la vida, empezando por tu historial académico y cuando a lo mejor ni has cumplido los dieciocho años. ¿Puede estar más clara la extorsión? ¿Puede ser más aberrante? Pues en estas estamos.


1.- Conozco muy vagamente el laberinto educativo al que se somete en las Vascongadas a los estudiantes con el fin de privilegiar la ultraminoritaria y moribunda lengua vasca, y -os pido disculpas- no estoy por la labor de perder el tiempo profundizando para aportar datos que, en realidad, escaparían a lo esencial: que el problema consiste en la imposición aberrante y totalitaria de la lengua que los separatistas idolatran, aunque muchos ni la hablan. Si queréis algo más de información, podeís encontrarla en El diario Vasco y El Independiente.