UN POCO DE HISTORIA: PRELUDIO PARA LOS LECTORES QUE TENGAN TIEMPO
Una de las cruces de ser funcionario es que su imagen tópica es indefectiblemente negativa y está asociada a lacras como la rutina, la holgazanería, la mediocridad o la incompetencia. Supongo que en España la raíz más lejana de esto se encuentra en Vuelva usted mañana, artículo de Mariano José de Larra merecidamente célebre, como tantos de los suyos, pero no es ocioso recordar que Larra murió en 1837, por lo que la España atrasada, casposa, tiránica, conformista y polvorienta que criticó aquel impenitente patriota con la esperanza de mejorarla fue, básicamente, la de Fernando VII y María Cristina. También sería útil releer el emblemático artículo, porque, si lo hacemos, descubriremos que la procrastinación perezosa que en él retrataba Larra no afectaba solo a los funcionarios, sino a toda la sociedad española, desde el oficial ministerial hasta el sastre o el genealogista, alcanzando también al propio Fígaro, pirueta "autocrítica" -por algo este señor es considerado uno de los grandes de nuestra literatura- con la que al final Larra viene a decirnos esto: que la molicie generalizada acaba engullendo incluso a sus enemigos declarados.
Si avanzamos unas décadas en nuestro siglo XIX, tan felizmente regado de colosos literarios, llegamos a Galdós, en cuya obra abunda un tipo que ha dado lugar a una acuñación lingüística, el funcionario galdosiano, ejemplar literario calcado de la realidad a la perfección -faltaría más en don Benito-, que nos presenta a un personaje que acude a la oficina cuando le da la gana, se pasa allí un par de horitas leyendo plácidamente el periódico y luego enfila para su casa, que los garbanzos ya le estarán esperando. Esos cesantes crónicos del turnismo de finales del XIX, prototipos del funcionario incompetente, parásito y odioso, tienen su contrapartida en la figura de Ramón Villaamil, el protagonista de Miau, un funcionario que es todo lo opuesto y cuyo trágico final nos indica la pesimista idea que Pérez Galdós tenía de la Administración española de su época.
Con esta estampa bicentanaria a cuestas, el funcionario entra con muy mal pie en la percepción colectiva, está claro: ¿cómo hacer ver a la gente que esto es un tópico tan infundado como que los españoles somos todos toreros o los chinos son todos iguales? Complicada tarea.
En el año 1999 me compré un coche. Una tarde fui con mi hijo -que tenía once años- a verlo y el vendedor nos llevó a dar una vuelta con uno igual para probarlo. La radio iba encendida y no recuerdo muy bien de qué iba la cosa, pero el caso es que estaban entrevistando a alguien que era funcionario y, por algo que dijo, nuestro amable comercial comentó:
-Ganará un sueldecillo de 250.000 pesetas.
Mi hijo, que conocía mi condición de funcionario, me miró. Cuando salimos del concesionario, me preguntó:
-Papá, ¿tú cuánto ganas?
-250.000 pesetas.
Prudente como era el chaval, se quedó callado, así que me tocó adivinarle los pensamientos.
-Sí, hijo, es un poco gilipollas, pero no es mal muchacho y nos deja el coche a muy buen precio.
Tres o cuatro años después, hablando un día con un compañero de instituto, me contó que estaba hasta las narices de su cuñado (juro que no estoy inventando), porque no hacía más que cachondearse de él por lo poco que ganaba con tanta carrera y tanto bla, bla, bla.
Pasó un poquito el tiempo y en 2008 empezó a manifestarse la crisis que Zapatero aún negaba pero que a partir de 2010 ya se hizo incontestable y tuvo siquiera el mérito de sacarlo a él del gobierno. Mucha gente perdió su empleo; muchos que tenían una cualificación mediocre que, favorecida por el ladrillazo, les había llevado a ingresos que ni en sus mejores sueños habrían imaginado, perdieron repentinamente esos eldorados laborales; bastantes españoles -unos por mala suerte, pero también algunos por malos calculadores- se quedaron dramáticamente colgados de la brocha con unas hipotecas de espanto a medio pagar; los canallas de la banca que se las habían colocado les colgaron el muerto de forma inmisericorde y los llevaron a la ruina; esos mismos canallas, que se habían hecho de oro en connivencia con la hornada de políticos más corrupta de nuesta democracia, quedaron bajo el foco como los artífices de la ruina del país (Bankia, el derrumbe de las cajas, las tarjetas black, los blindajes de los ejecutivos, las preferentes, el rescate a la banca..., ¿os acordáis?, no hace tanto); el concesionario donde me compré el coche en 1999 cerró; miles de agencias inmobiliarias fueron por el mismo camino; el cuñado de mi compañero, que tenía un Jaguar y era tan imbécil que, con casi cincuenta años, tenía una colección de camisetas de fútbol de esas que valen tres euros y te venden por sesenta, se quedó en la ruina, ¡lástima no haber estudiado un poco, así a lo mejor habría leído la fábula de la cigarra y la hormiga! Etcétera.
¿Qué ocurrió entonces con esos pringados de funcionarios que ganaban "sueldecillos" de 250.000 pesetas o eran ridículos infelices que habían quemado su juventud sacándose estúpidas carreras que desembocaban en ingresos de 💩? Pues, sencillamente, que, de ser los gilipollas de la película, los inútiles y los risibles perdedores, nos convertimos en el paradigma de la perversión, los parásitos y los responsables del desastre, mejor dicho, no nos convertimos, sino que nos convirtieron los políticos, que buscaron con ello asignarnos el papel de chivo expiatorio de sus desmanes, su incompetencia, su irresponsabilidad y sus corrupción. Auxiliados por los medios, esa artillería pesada mercenaria que casualmente está siempre del lado del que manda, literalmente nos crucificaron, lo sé muy bien porque entonces me batí el cobre en foros de muchos periódicos y ni os imagináis la basura y el encono que me encontré allí, ya fuera de cosecha propia de algunos miserables o ya azuzados por los propios medios o por figuras políticas de todo el supuesto espectro español, y digo "supuesto" porque entonces vi más claro que nunca que en realidad eran todos lo mismo: corrupción, parasitismo e incompetencia. En la nota 1 os dejo enlaces a algunos artículos míos de aquella época.
FONDO DE LA CUESTIÓN
Dejo de hacer historia y voy al grano. Creo que no soy el único que barrunta la explosión de una crisis parecida a la de 2007, por una serie de síntomas políticos, económicos y hasta bélicos en los que no voy a entrar porque son patentes. De hecho, algunos diréis con razón que YA estamos en crisis, porque, desde la inflación o la delicada situación de la vivienda hasta la guerra de Ucrania, pasando por la paradisiaca coyuntura política española, aquí todo son señales alarmantes, pero a eso es a lo que me refiero, a que da la sensación de que lo peor aún no ha llegado y de que cualquier día se produce un estallido que dejará la crisis de 2010 a la altura de Aquí no hay quien viva. En esta situación de precrisis, un síntoma inequívoco es que algunos ya van señalando "culpables" y, exactamente igual que hace diez años, el colectivo funcionarial va a estar entre los elegidos. Los indicios están siendo los mismos: ese comentario que los señala como parásitos inútiles, ese artículo que los acusa de representar una carga... Publica hoy Jesús Cacho -que no es nuevo en esto- en Vozpópuli un artículo titulado Unos presupuestos indecentes, que dice estas cosas:
Vivimos en una injusta sociedad dual formada por dos grupos de personas: el constituido por "Empresarios y trabajadores sometidos a la competencia, cuyos ingresos dependen de lo que producen y de lo que los ciudadanos deciden libre y voluntariamente adquirir y pagar por ello", y el formado por "Políticos, empresarios y amigos del Gobierno, empleados públicos y liberados sindicales cuyos sueldos y privilegios -decididos por los políticos- son pagados obligatoriamente por los ciudadanos del primer grupo". El Gobierno Sánchez se ha dedicado plena y conscientemene a exacerbar esa maligna dualidad.
Si escribo este artículo no es por don Jesús Cacho (excelente periodista que cuando se pone ultraliberal tiene estos desbarres nada edificantes), sino porque, como ya habréis entendido, me conozco esta retórica y me da pavor, porque sé que articulitos como este son las primeras gotas de lo que acaba siendo una caza de brujas antifuncionarial como la que he descrito, calamitosa en todos los sentidos imaginables. La vomitiva y odiosa fobia al funcionario, insisto en ello, no fue ninguna broma, porque tuvo rasgos que recordaban a la segregación, repito lo que he dicho más arriba de que se azuzó a la opinión pública contra nosotros -yo estaba entonces en activo- cargándonos cosas gravísimas de las que no solo no éramos culpables, sino que además éramos tan víctimas como el que más; en ese contexto, se dijeron de nosotros cosas tremendas, y no solo en los foros, sino que conozco gente a la que se las dijeron cara a cara. A un amigo mío, saliendo un día de una manifestación con una de esas camisetas verdes en favor de la enseñanza pública, se le acercó un energúmeno y así sin más le llamó hijo de puta, en presencia de sus hijos pequeños, que le acompañaban. A nadie le cabe la menor duda de que episodios así se debieron al señalamiento al que nos habían sometido políticos catastróficos como Zapatero, Aguirre y otros de su cuerda, bastante antiejemplar. ¿Le gustaría al señor Cacho pasar por un trago así?
Entiendo que no, así que le pediría seriedad. En la España actual, somos muchos los que estamos que trinamos contra Sánchez, así que está muy feo que mezcle a los empleados públicos en sus planes con esa frase final de la cita de más arriba, tan ambigua. Nada de ambiguo tiene, en cambio, lo que la precede, una división de la sociedad tan maniquea como simplista que debería avergonzar a un profesional de su categoría: esos buenos que pagan y esos malos que los parasitan. Es verdad que en las sociedades existen gobernantes corruptos y amiguetes o chorizos que se arriman a ellos para vampirizar el dinero público, pero es una vileza meter en este saco a los empleados públicos, porque este honesto colectivo se gana la vida de manera muy digna con su trabajo y su servicio a la sociedad, como en decenas de ocasiones les tuve que recordar hace unos años a unos cuantos patanes, ¿va a ponerse un periodista de la categoría de Jesús Cacho a la altura de tan penosa fauna? Y no es verdad que les paguen solo esos angélicos ciudadanos del primer grupo de la pueril división que se monta, pues sus sueldos salen de los ingresos estatales, una caja que tiene bastantes más entradas -entre ellas, los impuestos de los propios empleados públicos-, como debería saber alguien que se atreve a escribir en la prensa artículos sobre economía.
Los empleados públicos, además, también producen cosas, no son los mangantes ni los zánganos improductivos que se colige del artículo de don Jesús. En una sociedad avanzada como la nuestra, producen de forma exclusiva esos servicios que nos convierten pecisamente en eso, en países en los que da gusto vivir: la organización y funcionamiento de Estados civilizados, y no de esos Estados fallidos de los que a menudo abomina el señor Cacho, la construcción de obras públicas, la atención médica, la seguridad ciudadana, la defensa nacional, la justicia, la educación... ¿Qué 💩 de país sería este si no hubiera un sólido sector público sacándolo adelante? ¿Por qué hace don Jesús demagogia barata con cosas tan serias? Por tanto, pagar a los que producen esos importantes bienes es un dignísimo gasto, no un dispendio vergonzante, como parecen pensar él o la señora Gomendio, de ingrato recuerdo para la enseñanza. Piense, además, estas dos cosas: primera, que, en un país como Dios manda, ciertos servicios, tales como la justicia, la defensa o la policía, solo pueden estar en manos del sector público; segunda, esta paradoja: imagine, por ejemplo, un médico que ejerce la medicina privada y otro que trabaja en la pública: a la luz de su frase, el primero sería uno de esos divinales ciudadanos que nos dan de comer a todos, mientras que el segundo sería un privilegiado improductivo que le explota. ¿No le parece que algo falla? ¿Tan idiotas nos cree como para venirnos con ese camelo? No estamos en 1837 ni en 1880, señor Cacho, años que además, como ya he dicho, tampoco se puedan explicar con simpleza, sino en 2022, y ahora el sector público español goza de una merecida buena fama.
Este artículo es una llamada de atención para los ciudadanos sensatos y, muy particularmente, para los que sean empleados públicos; si finalmente se desata una crisis, como ya pasó hace algunos años, van a arreciar este tipo de ataques miserables contra el sector público, os lo aviso desde este momento. Mi experiencia me enseña además que son muy del gusto predador de la derecha más neoliberal, ala del PP con cuyos planteamientos a menudo coincide el Señor Cacho, así que me pregunto si este es el programa que nos van a vender y si con esta moto piensan ganarle a Sánchez. Mal camino, porque en España los empleados públicos son más de dos millones y los ciudadanos que creen en la conveniencia de un sólido sector público que los ampare, muchísimos más, ¡menuda sangría de votos!
1. La caza al funcionario en la crisis de 2008. Rebuscando en aquellos años, veo que las cosas habrían cambiado muy poco si no hubiera sido por el órdago separatista, o sea, que hemos empeorado bastante, quién lo hubiera imaginado.
-Los privilegiados son otros: La garita del guachimán: Los privilegiados son otros (papabloblog.blogspot.com).
-Aguirre y las camisetas verdes: La garita del guachimán: Ahondando en la estupidez... y en la indignidad (papabloblog.blogspot.com).
-Beteta: enlaces perdidos La garita del guachimán: Otro listillo que va de genio a costa de los funcionarios (papabloblog.blogspot.com) y cafelines La garita del guachimán: El Índice Cafelín (papabloblog.blogspot.com).
-Indecentes, de Ernesto Ekáizer, una excelente disección de la crisis de 2010. Las medidas draconianas de la UE con Zapatero las redactó MAFO. INDECENTES | ERNESTO EKAIZER | Casa del Libro.
-Queridos funcionarios. Antológico. La puñalada de un esbirro y el paradigma de la lapidación que se vendió: Queridos funcionarios | Guantánamo | Blogs | elmundo.es.
-Francisco Granados, el que nos llamó obscenos: La garita del guachimán: Como muchos sospechábamos, el obsceno era él (papabloblog.blogspot.com).
-Leña al funcionario: La garita del guachimán: Leña al funcionario (para variar) (papabloblog.blogspot.com).
-Aguirre y la infamia de las 20 horas: Aguirre, a los docentes: "La mayoría de los madrileños trabaja más de 20 horas" | Universidades | EL PAÍS (elpais.com).
-Montserrat Gomendio y el "desvío" de fondos: La garita del guachimán: Gomendio ataca de nuevo (papabloblog.blogspot.com).