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-2028. ¿Cómo será la Tercera República? -LA ESCUELA INSUSTANCIAL. Sobre la urgente necesidad de derogar la LOMLOE. -EL CAZADOR EMBOSCADO. Novela. ¿Es posible reinsertar a un violador asesino? -EL VIENTO DEL OLVIDO. Una historia real sobre dos asesinados en la retaguardia republicana. -JUNTA FINAL. Un relato breve que disecciona el mercadeo de las juntas de evaluación (ACCESO GRATUITO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA). -CRÓNICAS DE LAS TINIEBLAS. Tres novelas breves de terror. -LO QUE ESTAMOS CONSTRUYENDO. Conflictividad, vaciado de contenidos y otros males de la enseñanza actual. -EL MOLINO DE LA BARBOLLA. Novela juvenil. Una historia de terror en un marco rural. -LA REPÚBLICA MEJOR. Para que no olvidemos a los cientos de jóvenes a los que destrozó la mili. -EL ÁNGULO OSCURO. Novela juvenil. Dos chicos investigan la muerte de una compañera de instituto. PULSANDO LAS CUBIERTAS (en la columna de la derecha), se accede a información más amplia. Si os interesan, mandadme un correo a esta dirección:
repmejor@gmail.com

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lunes, 27 de julio de 2026

Incendios, cambio climático y enjuagues del Puto Amo

     Soy uno más de los millones de españoles que están afligidos por la brutal ola de incendios forestales que nos están azotando este verano. Según se nos informa en este artículo de "El País", en lo que va de año, se han quemado en España nada menos que 208.286 hectáreas, un dato estremecedor, que se convierte en trágico si se tiene en cuenta que, aparte de los daños materiales, ha habido que lamentar desgracias personales e incluso pérdida de vidas humanas. Además de catastróficos, los incendios forestales son una amenaza constante, pues no hay año que no nos azoten.  Entre las diversas y complejas causas que los provocan, están los efectos que el cambio climático está teniendo sobre su evolución y el modo en que se producen, pero este fenómeno es solo uno más de los factores, de manera que no es muy razonable lo que está haciendo estos días el Puto Amo (1): descender en cualquiera de las zonas que han tenido la desgracia de ser afectadas por un incendio, soltarse un discursete en el que apela a un gran pacto sobre el cambio climático como si esa fuera la solución mágica de la catástrofe y largarse echando virutas, antes de que empiecen a aterrizarle en la nariz tomates y pepinos podridos.

    Esta propuesta, en primer lugar, no vale por lo ya dicho antes: el cambio climático es solo uno de los factores que influyen sobre los incendios, así que hay que hilar más fino, pero existe además una segunda razón: que uno de los grandes problemas a la hora de hacer frente al cambio climático es que el progresismo lo ha secuestrado ya y lo ha convertido en una de sus banderas, de modo que, cuando hablan de él, debemos tener muy claro que presuponen que todos tenemos que aceptar sus enfoques, sus políticas y hasta los disparates de la religión climática, con lo que hacen inviable ese pacto del que habla Sánchez, quien entiende que él mismo, Teresa Ribera y otros secuaces suyos son los profetas de la salvación del planeta y los demás (en especial, PP y Vox) son terraplanistas, negacionistas del cambio climático y otros lindos calificativos, ya sabemos todos cómo "pacta" y "dialoga" hoy la izquierda. 

    De acuerdo con sus planteamientos fanáticos, los incendios forestales son más y peores a medida que el tiempo pasa, a causa de la emergencia climática. ¿Es esto cierto o es una falsedad milenarista con la que nos aterran todos los años por estas fechas? Me he tomado la molestia de irme a una página llamada Postfire, en la que, entre otras cosas, hay unas tablas que indican la superficie que se quema cada año en España en los incendios forestales, he mirado los registros que van desde 1961 hasta hoy y he encontrado algunas cositas interesantes, sobre todo, una: que es absolutamente falso que cada año que pasa los incendios sean peores y se queme en España más superficie forestal. Voy a dejaros algunos datos curiosos que me avalan. Es verdad que en 2025 se quemaron 391.089 hectáreas y en 2022, 263.218, pero resulta que en 2024 se redujeron a 47.711. ¿Y sabéis cuál fue el segundo mejor año de todos los que he examinado? 2018, en el que solo ardieron 26.994 hectáreas, cosa que interpreto como que Dios, en su infinita misericordia, entendió que ese año los españoles ya habíamos tenido bastante desastre con el ascenso de Pedro Sánchez al poder. Lo normal es que se sucedan años digamos que benignos con otros malos o muy malos, pero sin que exista o yo haya captado secuencia regular ninguna, salvo esta: de 1974 para atrás, jamás se alcanzaron las cien mil hectáreas quemadas. Para finalizar, os diré que los años peores fueron aquellos en que se superaron las 400.000 hectáreas quemadas y fueron los siguientes: 1978 (424.958 hectáreas), 1985 (484.475 hectáreas), 1989 (407.122 hectáreas) y 1994 (437.603 hectáreas). 

    Saque cada cual sus conclusiones, pero yo desde luego veo muy claro que esta tabla que os he enlazado desmonta categóricamente los planteamientos del ecologismo y el Puto Amo sobre los incendios forestales: no es solo el cambio climático. Sostener que sí que lo es resulta tan científico (¡cómo está manoseando el P. A. esta palabra!) como lo sería decir que el talismán contra los incendios forestales era Francisco Franco, a la vista de que, hasta dos años antes de su muerte, las hectáreas quemadas nunca superaban las cien mil. De todos modos, quizás sería sensato tomar muy en cuenta esa secuencia de trece años seguidos sin superar las cien mil  hectáreas, porque sí que podría ser significativa, y más, considerando que el país disponía entonces de unos medios materiales mucho más precarios. Se me ocurre a botepronto una idea: ¿y si tenía que ver con que la gobernación del país no se veía entorpecida por la existencia de grotescas administraciones autonómicas? En aquella época seguro que no había delegados del gobierno gilipollas ni ministras abyectas ni putos amos indecentes que racaneasen a la hora de volcarse contra las catástrofes: todos teníamos muy claro que las que ocurrían en España nos afectaban a todos, o sea, que eran nacionales, aunque hubiesen ocurrido en Vigo y tú fueses de Almodóvar del Campo.

    Y estoy seguro de que tampoco es culpable de los incendios de hoy la señora Díaz Ayuso, aunque solo sea por el hecho de que en 1978, año en que ardieron en España 424.958 hectáreas, ella era una recién nacida, así que son completamente injustas las dentelladas que le ha lanzado la jauría -política y mediática- del Puto Amo. Debería sujetarla con mano más firme, si no por decencia, al menos, por conveniencia, porque los madrileños no vamos a perdonar que cierto cafre nos haya regateado medios de auxilio en un momento como este tan terrible que atravesamos, ya se lo haremos pagar en su momento a Pedrito y sus perritos. España ya está bastante incendiada, así que no dice mucho en favor de sus gobernantes que vengan ellos mismos a calentar los ánimos. 


1. El Puto Amo, por si no lo sabían, es Pedro Sánchez, como nos desveló hace tiempo uno de sus más señalados putos siervos.

viernes, 24 de julio de 2026

Sol naranja y olor a leña, llueven laminillas de ceniza...

  A la hora en que escribo -seis de la tarde-, debería caer aquí en Tres Cantos un sol justiciero que me obligaría a tener los toldos echados y las ventanas cerradas, y sin embargo, las tengo abiertas por los dos lados de la casa y corre así una agradable corriente que me refresca, algo realmente inaudito a estas alturas del año. Ese aire es aquí fresco gracias a unas nubes que tapan el sol, pero esas nubes son en realidad el humo de unos espantosos incendios que arden unos kilómetros al suroeste, allá por La Adrada, Navas del Rey, San Martín de Valdeiglesias, Burgohondo, Pelayos de la Presa, Aldea del Fresno...; ese aire amable de aquí es allí el viento diabólico que está avivando esos espantosos incendios, de los que solo espero una cosa: que sean extinguidos lo antes posible. Es el deseo que me inspiraría cualquier incendio forestal (o cualquier incendio a secas), pero cien veces más en el caso de este, porque tendría que escribir un artículo muy muy muy largo, más bien un libro, para contar lo que personal, familiar y emocionalmente me vincula con aquellos maravillosos parajes.

    Es brutal la magnitud de esta catástrofe y, por si lo que acabo de contaros del viento y las "nubes" no es lo suficientemente explícito, os daré algún dato más. A eso de la una y media de la tarde, venía por la carretera de Burgos, y ya a la altura de La Cabrera o quizás desde antes podía verse a nuestra derecha una extensa zona de tenue nubosidad que era en realidad humo de los incendios. Cuando hemos llegado a Colmenar Viejo, ya teníamos encima una extraña neblina y, en los cristales y las carrocerías de los coches que llevábamos por delante, el sol se reflejaba como un disco naranja tan raro que, en un primer momento, he creído que eran focos o balizas, cualquier extravagancia de esas que se inventa Tráfico, pero no: era el sol, que, en un mediodía de julio, hubiera debido ser un resplandor blanco de esos que te obligan a ponerte las gafas ahumadas. En torno a las dos y media, al llegar a casa y salir del coche, ya ha sido (aún lo es ahora, más de cuatro horas después) una mezcla de sensaciones indescriptibles: caía una lluvia de finas partículas de ceniza, la luz solar que se reflejaba en el suelo y nos envolvía tenía el tono anaranjado de un crepúsculo y el aire olía a leña ardiendo en una chimenea, un olor que me ha transportado a muchos años atrás, porque era el mismo que se me metía por la nariz cuando, de pequeño, llegaba al pueblo de mi abuela, con todas las chimeneas echando su penachito de humo.

    Una precisión: entre Tres Cantos y Navas del Rey, el más cercano de los pueblos amenazados por las llamas, hay una distancia en línea recta de 51'7 kilómetros. Termino de escribir y se me ocurre mirar por la ventana. Lo que veo es un sol pequeño y rojo, una especie de luna diurna de color rubí, aunque tampoco podría precisarlo mucho, porque resulta imposible fijar la vista en él más de un segundo.

lunes, 20 de julio de 2026

España gana el mundial de fútbol de 2026

     Como es posible que algunos sepáis, España acaba de proclamarse campeona del mundial de fútbol de 2026, ese extraño engendro trisédico disputado en Canada, Estados Unidos y México. Suelo evitar el fútbol como tema de mis artículos, pero en algunas ocasiones (y esta es una de ellas) encuentro elementos que me animan a saltarme esta restricción. Procedo a entrar en materia.


1. En primer lugar, felicitemos a la campeona

    Y muy merecido se lo tiene, porque la selección española ha sido de largo la que mejor ha jugado en el mundial. Salvo el empate inicial con Cabo Verde, ha ganado todos los partidos superando y dominando con claridad a sus rivales con un juego vistoso y efectivo. Ha dado además muestras de gran temple y fortaleza mental y ha encajado solo un gol. Ha sabido vencer a rivales de diversos perfiles, desde la ultraviolenta Uruguay (1 - 0) a la virtuosa Francia -(2 - 0), la que más se nos ha acercado en cuanto a calidad y buen fútbol-, coronando la epopeya con una brillante victoria sobre Argentina, con un 1 - 0 que debió en realidad ser un 2 - 0, porque el árbitro anuló al principio de la prórroga un gol de Nico Williams por una falta sobre Otamendi en la que lo que hubo en realidad fue una extraordinaria escena montada por el jugador argentino, a quien sin duda, cuando se retire del balompié, le aguarda una prometedora carrera en el teatro. El gol que nos dio la victoria lo marcó Ferrán Torres en la segunda parte de la prórroga.  

    Con este triunfo, a la selección española le queda un palmarés muy coqueto. Hemos ganado dos mundiales, este y el de Sudáfrica en 2010, donde derrotamos en la final a los holandeses por 1 - 0, supongo que recordaréis aquel iniestazo. En cuanto a la eurocopa, somos los que más tenemos, pues la hemos ganado nada menos que cuatro veces: en 1964 (España), cuando vencimos en la final a la URSS por 2 - 1, con aquel mítico gol de Marcelino; en 2008 (Austria y Suiza), en que ganamos la final a Alemania por 1 - 0; en 2012 (Ucrania y Polonia), con aquella memorable final en que pasamos por encima de los italianos con un 4 - 0, que bien hubiera podido ser un 16 - 0, porque los barrimos, ¡qué gozada!, y en 2024 (Alemania), en que ganamos la final a Inglaterra por 2 - 1. Debemos valorar también las tres platas (Amberes 1920, Sidney 2000 y Tokio 2020) y los dos oros (Barcelona 1992 y París 2024) cosechados en las olimpiadas.


2. Argentina, la merecida subcampeona (o a lo mejor ni eso)

    He dicho antes que en la final hemos obtenido una brillante victoria. Alguno podrá objetar que, con 1 - 0 y en la prórroga, tampoco hay para hablar de brillos ni resplandores, pero quienes hayan visto el partido pensarán lo mismo que yo, porque lo hemos dominado de cabo a rabo, hemos rematado a puerta mucho más (ellos no han tirado entre los tres palos ni una sola vez), hemos desplegado un juego vistoso y -lo he de repetir- nos han anulado un gol legal en el minuto 6 de la prórroga, que, de haber subido al marcador, habría supuesto un resultado final de 2 - 0. Y SOBRE TODO: nos hemos impuesto a un rival que, para variar, ha abusado de lo que mejor sabe practicar: el antifútbol, con juego subteráneo, patadas, golpes y su extenso muestrario de trampas y marrullerías antideportivas, que han coronado autorretratándose con un muy mal perder, conducta en la que han roto moldes, y tampoco es que tengan muy buen ganar, recordemos esta grosería de Messi tras su victoria en la final de Qatar en 2022. Jugar contra Argentina es jugar contra un rival sin el menor respeto a las reglas ni a la limpieza, así que se disfruta aún más la victoria. De hecho, su andadura a lo largo del mundial, que empezó con una tarjeta roja perdonada a Messi en el primer partido (contra Congo), ha estado jalonada de escándalos y fundadísimas acusaciones de favor arbitral: sin ir más lejos, para ganarles la final por un gol a cero, les hemos tenido que meter tres (también habría que decir lo suyo sobre la anulación del último, pero no me voy a meter en jardines). Pero, incluso con eso, ni son invencibles ni Messi es ya otra cosa que una estrella en el ocaso. Quede este colofón: futbolísticamente, Argentina no valía ni la cuarta parte de lo que una propaganda machacona nos ha vendido y demasiados ingenuos han comprado, esto ha aflorado en la final.


3. La alarmante violencia de los cavernícolas separatistas

    Sabíamos que, si ganaba el mundial España, iba a haber un gran derrotado: el separatismo, al que su odio visceral ¡contra su propia nación! le lleva siempre a desear lo peor para España, pero, con toda sinceridad, jamás habría imaginado que iban a llegar a los extremos a los que han llegado esta misma noche. Esto va muy en serio: el odio envenenado del separatismo nos va a conducir por senderos muy amargos, ya ocurrió durante la primera y -más aún- la segunda repúblicas y sabemos los extremos de violencia y asesinato a que en las últimas décadas llegó una banda separatista vasca llamada ETA, cuyos herederos son hoy aliados del repugnante gobierno de corruptos que nos tiraniza. 

    Tras el mundial de 2010, se divulgó la noticia de que unos monitores separatistas vascos les habían prohibido a los niños de un campamento de verano ver la final y después les habían contado la mentira de que España había perdido. Parece una minucia, pero no lo es, porque hace falta estar muy podrido para descargar tu odio demencial sobre unos niños, aunque ya sabemos cómo trata el nacionalismo a los niños (pulsar aquí y aquí). Esta vez, siguiendo su ya vieja costumbre, se han dedicado a obstaculizar o prohibir la colocación de pantallas en las calles, o a declarar abierta o veladamente su deseo de que España perdiera, véase a los señores Pradales o Esteban. Esto, aunque no lo es, podría pasar por un manojo de reacciones ridículas en las que los separatistas demuestran su patológica enanez mental y moral, pero alcanza mayor gravedad cuando se relaciona con otros frutos que ha producido: una serie de comportamientos violentos contra los portadores de la camiseta de España (C1, C2) y otras cosas peores aún (aquí os dejo algunas muestras: M1, M2, M3). Violencia grave y con exhibición de armas: los cavernícolas del separatismo están llegado a unos desmanes muy alarmantes que hay que detener, porque sabemos las cosas que son capaces de hacer. 

    Una de las asignaturas en que ha fracasado la democracia española ha sido la de impedir los excesos de los separatistas, y con el actual gobierno, que los mima, estamos viendo que esto se ha puesto peor aún, porque están cada vez más engallados. Creo que deberíamos empezar a tomarnos muy en serio cortarles las alas a estos criminales gallitos, pero de una manera radical y eficaz, porque quedan muy pocas dudas de lo que, si pueden, van a hacer con la democracia y la paz y la continuidad de la nación. Con gentuza que reacciona violentamente contra un hecho tan inocente como ver partidos de fútbol o vomita su cólera agresiva si vencen los equipos de esa España que odian, sería suicida mirar para otro lado o quedarnos con las manos en los bolsillos mientras queman y apalean. De cualquier forma, ¡qué felices nos ha hecho a los españoles sanos este gran triunfo de España! Y también tiene su puntito de satisfacción morbosa el comprobar que ha amargado, y mucho, a una horda de locos que nos odian sin motivo.

lunes, 13 de julio de 2026

La educación en Cataluña

     Con el título de este mismo artículo, ha publicado Sociedad Civil Catalana un colosal informe (1) que explora de forma seria y minuciosa la ciénaga sobre la que versa, buceando en ella a lo largo y a lo ancho y desde la superficie hasta el lodoso fondo. El autor del concienzudo análisis es José Manuel Lacasa, a quien felicito por su extraordinario trabajo, el cual consta de dos extensos volúmenes más un resumen ejecutivo que presenta sintetizadas las líneas principales y las conclusiones. 

    El detonante de un proyecto como este solo puede ser la asombrosa aberración que lleva décadas produciéndose en Cataluña: el hecho de que, en una región española, se proscriba de la enseñanza al español, lengua oficial del país y materna para millones de catalanes. A los impulsores de la iniciativa, radicales enemigos de este atropello, les genera además una duda: ¿estará por añadidura esta discriminación perjudicando formativamente a los alumnos castellanohablantes que estudian a la fuerza en catalán? ¿Estarán, por culpa de este abuso, recibiendo una educación de peor calidad? Me consta que el principal móvil de la investigación es responder a estas preguntas, pero, como es tan exhaustiva, acaba haciendo honor a su título y abarcando todos los aspectos de la educación en Cataluña: la discriminación en los derechos lingüísticos, la discriminación en la calidad de las enseñanzas, los horizontes de titulación y profesionales hacia los que proyecta (recomiendo echar un vistazo a unas tablas que encontraréis en las páginas 462 y 483 del tomo segundo), el bajo nivel general del sistema educativo catalán (inscrito en el catastrófico marco logsiano español), el papel de los profesores, la convivencia, la repetición de curso, la atención a los alumnos con necesidades especiales...: el resultado es una revisión integral.

    Me resulta imposible hacer una recensión de un trabajo tan amplio y polifacético, así que voy a proceder a reproducir algunos fragmentos textuales que considero que son un buen reflejo de sus objetivos, sus hallazgos y su valor. Se encuentran entre las páginas 53 y 56 del segundo tomo y dicen lo siguiente:

    Volviendo a nuestro tema, las diferencias de rendimiento entre castellanohablantes y catalanohablantes en Cataluña, quizás lo que más sorprenda sea el desinterés de la administración educativa por este tema. Los datos de PISA dejan claro que el problema existe, y por tanto es una variable educativa que se ha de introducir en cualquier estudio sobre el rendimiento de los alumnos en Cataluña, aunque sólo sea (si es que así se demuestra) para descartarla como factor [...].

    Quizás vaya siendo hora de que, cuando se analicen las diferencias educativas entre castellanohablantes y catalanohablantes en Cataluña, se refieran éstas al rendimiento, al fracaso escolar, al abandono o cualquier otra, como el nivel de conocimiento del español de los alumnos catalanes, además de resaltar lo que no se puede afirmar (2), quizás se debería dar un paso más y preguntarse por qué nunca hay datos sobre las relaciones entre educación y lengua hablada en casa en Cataluña, porque hace ya 20 años que sabemos que el problema existe. Quizás va siendo hora, si no de invertir la carga de la prueba, de ser conscientes de que hay una responsabilidad institucional en que exista esa falta de datos, y de que es un objetivo político el que no haya datos sobre estos temas. Las únicas cifras que tenemos cercanas al final de la escolarización obligatoria, las de PISA, se pueden encontrar en la tabla 1.12. A pesar de las variaciones propias de cada edición y en cada escala, las diferencias son significativas y sustantivas en todos los casos. Las diferencias en Lectura son de aproximadamente 26 puntos de media si tomamos en cuenta todas las ediciones, de 32 en Matemáticas y de 29 en Ciencias, todas ellas a favor de los catalanohablantes. En Lectura, el mínimo es de 18,5 puntos en 2009, mientras que el máximo llega a 34 puntos en 2015. En Matemáticas, la brecha está entre los 24,8 puntos de 2018 y los 41 de 2006. En Ciencias, la diferencia oscila entre los 25,7 puntos en 2003 y los 35,4 en 2015. Para hacerse una idea de la magnitud de las diferencias, basta considerar que las últimas investigaciones establecen que una diferencia de 20 puntos equivale a un curso y medio.

    Creo que el mensaje es claro y demoledor (naturalmente, para los impresentables que tiranizan a Cataluña y para los corruptos que, pudiendo y debiendo cortarles las alas, les dejan hacer): en Cataluña, a los hispanohablantes, se les somete al consumo de una enseñanza basura. Estos son los extremos de democracia, justicia e igualdad a que la España de las autonomías ha llegado en 2026. Hay que dar las gracias a José Manuel Lacasa y Sociedad Civil Catalana por su esclarecedor informe.


1. El elocuente título completo del informe es La educación en Cataluña: un modelo de fracaso, discriminación e injusticia social. Podéis acceder a él pulsando AQUÍ. 

2. Esta nota se corresponde con la 23 en el texto original, que nos remite a esta aclaración: El artículo aparecido en Newtral sobre el tema es prototípico: tanto el “no hay datos” sin plantearse por qué no los hay, como en la curiosa tendencia a considerar que si no hay datos para afirmar una cosa, es que se puede afirmar la contraria. El artículo puede encontrarse aquí: https://www.newtral.es/castellanohablantes-catalanohablantes-cataluna-fracaso escolar/20210222/. Me he tomado la molestia de pulsar ese enlace en el texto original y, al entrar en Newtral, me encuentro con un aviso que me informa de que ahí no hay nada.