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lunes, 26 de enero de 2026

David Uclés y Samantha Hudson rivalizan en gili**llez sectaria

     En la política de hoy, la izquierda está siendo muy hábil a la hora de sacar tajada de la guerra cultural, con reclamos tan temibles como el demencial paquete woke (religión climática, explotación de la supuesta amenaza racista, imposición de los excesos del sectarismo LGTBI+...) o ese espantajo de la amenaza ultraderechista que Pedro Sánchez ha fabricado para presentarse como guardián de la democracia, cuando en realidad se la está cargando. En cuestión de pocos días, han acaecido dos eventos que me servirían para ejemplificar esto que digo, pero también otra cosa que pienso: que esa parte del mundo cultural en que la izquierda es hegemónica -la más combativa y exhibicionista- es de una pobreza y una frivolidad penosas

   El primero del que voy a hablar está protagonizado por Samantha Hudson. Si tuviese que salvar mi vida en un apuro diciendo cuatro palabras sobre los premios "Feroz", estaría irremisiblemente abocado a perecer, así que no tenía ni idea de que se entregaron hace poquísimo en una desenfadada gala que fue la mar de cool, ni de que los ganó... ¡ya se me ha olvidado! En realidad, si me he enterado de tan venturoso evento, ha sido porque casualmente, pasando páginas en internet, me he encontrado con la colosal intervención de Samantha Hudson cuando le tocó entregar uno de los premios, que podréis ver pulsando aquí. Si os habéis animado a tragaros esos tres gloriosos minutitos, os habrá golpeado desde el primer segundo la bofetada de artificiosidad y sobreactuación, y naturalmente os habréis tronchado con la gracia y originalidad de los chistes: en efecto, Samantha Hudson actúa muy mal, como suele ocurrir con las personas aquejadas del narcisismo que se le sale por los poros, y no dice más que tonterías insulsas, pero no tiene miedo al ridículo, al contrario, porque esas tonterías son a la vez topicazos sectarios del agrado del ultraizquierdismo y la secta LGTBIQ+, destinadas a hacer las delicias de gente como Irene Montero o Urtasun, que están ahí y son precisamente los que la han puesto ahí por su beligerancia transexual. Este es el gran problema de nuestro cine de hoy: que es tan parcial y sectario como aquellas bochornosas comedias de tías en bragas del tardofranquismo, solo que ahora con sesgo izquierdista, como parece ser la audiencia de la Samanthita, a juzgar por cómo levita de risa ante un discurso tan soso que da vergüenza ajena y de una pobreza intelectual lacerante. No hablemos ya de lo que he visto por ahí en la prensa amiga (que nada tiene que envidiarle a los Alcázares o los Arribas de ya hace al menos sesenta años), que llama "ácido discurso" o "monólogo demoledor" a una ristra de tópicos resobados, patosos y sin gracia.

    La segunda perla nos la ha dejado David Uclés, el escritor de los cabellos emboinados -un señor que, por cierto, también ejerce de homosexual militante-, y ha sido un detallín que me figuro que él se habrá imaginado que le retrata como un heroico izquierdista, pero en realidad le delata como un sectario un poco memo: descolgarse de un acto cultural al enterarse de que también estaban invitados José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros, coz que ha redondeado argumentando que Aznar es la persona que más daño físico ha hecho al pueblo español recientemente, lo cual le deja como un cafre, un fanático enmascarado bajo la piel del corderito de Norit y un ignorante político de tomo y lomo. 

    Pero, aparte de esta incidencia menor, creo necesario extenderme algo más en torno a David Uclés, un personaje del que será tan ilustrativa su biografía como este discurso merecidamente célebre y merecidamente calificado de necio, por su moralina, su egocentrismo (¡cómo admira David Uclés a David Uclés!, es conmovedor) y su cursilería, aunque un poquito también porque hace pensar que no debe de quitrse la boina ni para ducharse. Aun siendo todo esto malo, no es lo peor, porque se extralimita todavía más con su grosería, su cinismo y su falta de respeto. Mirad la biografía de este caballero y ya me diréis si no hace falta ser cínico para sostener, con todo lo que ha vendido y todo lo que le han premiado, que no está en condiciones de comprarse una vivienda. Este cinismo lleva además aparejada una repulsiva falta de respeto hacia aquellos a los que de verdad les es imposible acceder a la vivienda debido a las terroríficas condiciones que gravitan hoy sobre este bien esencial que hemos convertido en superlujoso. 

    Por último, es de nuevo muy irrespetuoso y además intolerablemente grosero con Isabel Díaz Ayuso, esto es sin duda lo peor del discursete, que Uclés, en un alarde de cobardía y de malos modos que apestan a desnortada pedagogía logsiana, aprovecha para atacar a la señora Ayuso, que estaba en el acto invitada en su calidad de presidenta madrileña y para ser quien entregara el premio a ese cafre de Uclés, pues hace falta serlo, y mucho, para atacar desde el púlpito de premiado a alguien que no va a poder replicarle ni defenderse, no solo por el formato del acto, sino porque hacerlo representaría cargárselo, cosa de la que son capaces los cafres como David Uclés, pero no las señoras como la presidenta madrileña. Si repasamos el discurso, veremos otros rasgos con que en solo 3:22 minutos se autorretrata este individuo: mala baba, porque enumera una serie de vicios y malas prácticas políticas que ímplicita o explícitamente atribuye a la señora Ayuso, las más de las veces, de forma injusta; petulancia, porque se permite dar lecciones de política sin tener ni puta idea y a quien ha demostrado saber mil veces más que él; inmadurez, por mil cosas dichas hasta aquí y porque parece presuponer que vivir en Madrid y en el piso soñado es un derecho: no David, la vida no es una carta a los Reyes Magos; hipocresía, y a toneladas, porque intenta aparentar que es buenísimo y dulcísimo al mismo tiempo que apuñala a Ayuso de forma despiada. 

    Y ya se corona con las últimas palabras: después del vil ataque, se despide diciéndole a Ayuso que le gustaría conocerla y que espera que su artero chaparrón de injurias pueda hacerle reflexionar: ¿se puede ser más imbécil, prepotente y ególatra? ¿Se imaginará este infeliz que su exhibición de estupidez y patanería le granjea simpatías y sirve para algo más que colgarla junto al inodoro?

    Esto son solo dos botones de muestra de lo que es hoy eso que se llama "el mundo de la cultura", pero que en realidad no es más que la feria de los que, dentro del ámbito cultural de la izquierda, dan saltitos de bufón lisonjero contando los chistes que le gustan al amo para currarse su rinconcito al sol. ¿A dónde conduce esto? A una cultura dominada por un capillita oficial y favorecida, con los resultados que ello conlleva. 

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