En el momento en que empiezo a escribir, hace ya cuatro días del trágico accidente ferroviario acaecido en Adamuz, que nos ha dejado al menos 43 muertos y más de un centenar de heridos, para quienes no podemos sino expresar nuestra mayor consideración. Las causas del accidente todavía se están estudiando y la mejor información periodística que he encontrado sobre el asunto es este artículo de "El Mundo", que nos explica que se barajan ahora principalmente dos posibilidades: una rotura de 30 centímetros en un raíl o el desprendimiento de una gran pieza del tren Iryo implicado en el siniestro. Esto deberá dilucidarse, pero, sea cual sea la causa, Óscar Puente, ese gran energúmeno y gran incompetente que dirige el Ministerio de Transportes, debería irse, porque su ¿gestión? esta descalificada al menos por dos grandes manchas. Primera: la catarata de advertencias sobre el mal estado de las infraestructuras ferroviarias que se le hicieron antes del accidente que él desoyó o respondió con alguna de sus coces; segunda: que no puede seguir siendo ministro un sujeto que parece que está más pendiente de las redes sociales que de su trabajo. De ambas cosas os será fácil encontrar mil testimonios, pero os dejaré esta noticia que desvela el brutal aumento de la accidentalidad ferroviaria desde 2018, así que a Sánchez también le toca una buena porción de responsabilidad. Hay una tercera razón que envuelve al PSOE, a Sánchez y a sus gobiernos: que las tramas corruptas de Koldo, Ábalos y compañía anduvieron sobrevolando, entre otros, sobre los tramos en que se ha producido el accidente. Un motivo de peso para echar a patadas a Sánchez y su banda.
Volviendo sobre Óscar Puente, insisto en lo ya dicho: era intolerable padecer como ministro a un personaje que por lo que más "brillaba" era por su continua beligerancia en las redes, ejercida con ínfulas tabernarias, pero, después de un accidente cono el de Adamuz, además de intolerable, resulta indecente. Sabemos todos que ni él va a dimitir ni Pedro Sánchez, ese modelo de decencia, le va a cesar, por lo que se me hace del todo incomprensible es que todavía hoy, 22 de enero, el PP y Vox aún no le hayan exigido con toda contundencia que se vaya. Para más abundamiento, resulta patético el historial de este cínico, vean este esclarecedor vídeo de un mitin que dio creo que a finales de 2025, en el que tiene la desfachatez de afirmar del PP que son capaces de cargarse con su incompetencia el progreso que su partido ha conseguido para el país en los últimos siete años. Si entonces resultaba vomitivo, hoy ya es desolador, pero ahora lo más significativo en este vídeo es que arremete en él contra Mazón diciendo que las víctimas de la dana no tenían por qué pasar por el trago de aguantar su presencia: hoy resulta que todo ese linchamiento que la izquierda, Puente incluido, orquestó contra Mazón le aterra que se vuelva contra él, cuya presencia, de cualquier modo, hace mucho que nos tenían que haber ahorrado a los españoles. Por si algún malintencionado quiere malinterpretarme, aclararé que creo que Mazón tendrá que dar las oportunas explicaciones por sus responsabilidades en la dana, pero eso de ningún modo le hacía acreedor del linchamiento al que se le sometió, por no hablar de que también del lado del Gobierno central habrá quien tenga que responder por negligencias en aquella catástrofe.
Concluyo con Óscar Puente. Como es incapaz de apearse de su soberbia y su sectarismo, ha dado desde el principio repulsivas muestra de insensibilidad ante la tragedia de Adamuz. Empezó con aquella extravagancia del "accidente tremendamente extraño" nada más conocerse la noticia (¿qué quiso decir? ¿Le andaría por la cabeza que lo había hecho la ultraderecha para fastidiarle a él? Hay precedentes); después se empecinó en no llamar a las cosas por su nombre y usó las palabras "contratiempo muy grande" para referirse a una tragedia con más de cuarenta muertos, en unas declaraciones, por cierto, en las que este socialista parece no aceptar del todo el derecho a la huelga, cosa que cínicamente disfraza como defensa del interés general, cuando se ve claro que lo que le da pavor son los catastróficos efectos que este asunto está teniendo sobre su imagen y la de su lamentable Gobierno, lo cual se destapa por completo en el tercer documento que os voy a dejar, en el que pierde un poquitín los papeles demostrando que parece que tampoco acepta del todo que los medios de comunicación hagan su trabajo, ¡y lo hace nada menos que ante Javier Ruiz, distinguido miembro de la fiel infantería! ¿Se habría impacientado tanto con este señor si se hubiese estado despachando sobre Abascal o sobre Ayuso? Todos sabemos que, encantado, le habría animado a seguir con una sonrisa de oreja a oreja. Pero ya no es así; ahora, el tío que se ha pasado años lanzando estocadas ante los medios o en las redes como si fuera un troll en lugar de un ministro, se ha hecho un incondicional de la resposabilidad y la consideración: GROTESCO. Que se large de una vez, está frito, se lo restregó por la jeta Miguel Bosé en cinco certeras palabras: ¡Ya no tienes perdón, chaval!
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