En el año 2024, a la vista de la trayectoria por la que entre el PSOE, la podemia y el nacionalismo estaban conduciendo a España, que transitaba por el camino de la destrucción del sistema democrático de 1978 y hacia la implantación de una república bananera, me hice un día esta pregunta: ¿cómo será la tercera república española? En síntesis, me salió esta respuesta: plurinacional, despótica, ruinosa, enloquecida y revuelta, es decir, lo único que podría traer la confluencia de los proyectos sanchista, comunista y separatista: un sindiós calamitoso. Dando un paso más, me propuse retratarla en un libro y el resultado fue 2028, una distopía que publiqué en noviembre de 2024, sobre la que podréis obtener más información pulsando aquí, y cuya portada es esta, que conocéis muy bien, pues figura desde hace tiempo en la columna derecha del blog:
Lo que yo no podía imaginar entonces era que, un par de años después, el mismísimo Iván Redondo iba a confirmar mis cálculos de manera incontrovertible. Este personaje, reputado en general como un sagaz estratega (aunque a algunos nos parece un simple oportunista sin principios, como confirmaría el hecho de que es además asesor y amigo de Pedro Sánchez), acaba de escribir un libro titulado El manual, que por lo visto contiene la formulación de la propuesta de futuro que su autor tiene pensada para España: cargarse el actual marco constitucional y sutituirlo por otro en el que nuestro país sería un Estado plurinacional. Esta debería ser la apuesta del PSOE para las próximas elecciones de 2027 y vendría aderezada con otro ingrediente: un referéndum sobre nuestro actual marco legal, con el pretexto de que ya está obsoleto. A nadie se le escapa que eso no podría hacerse sin derribar la monarquía e implantar una república; no sé si el ladino Redondo se atreverá a decirlo alto y claro, pero va implícito y es inexcusable, pues su España plurinacional no es compatible con la monarquía y, en realidad, dejaría incluso de ser España. Al parecer, Redondo sugiere que ese referéndum se celebre en 2028, por ser el cincuentenario de nuestra constitución; que señale precisamente esa fecha para intentar cargársela es uno más de los ultrajantes sarcasmos con que acostumbran a jugar ciertos infames que prosperan hoy.
En mi novela, las cosas suceden de manera más cruda: ni referéndum ni gaitas, nada de disimulos ni maquillajes, porque la república se implanta por las bravas en una revuelta impulsada desde el poder para frenar el descontento con la corrupción y la ruina, y las consecuencias inmediatas son la defenestración del rey, el exilio para él y para miles de españoles y la proclamación de un régimen guiñolesco y tiránico autodenominado República Federal Hispánica, un caos que representa el hundimiento de la nación. No es, no obstante, una oscura distopía, porque el apartado político lo planteo en clave humorística y esperpéntica, y es en realidad el marco en que se desenvuelve una historia detectivesca que sí es mucho más dramática. Uniendo la trama política y la detectivesca, sale el retrato de la España republicana y plurinacional de 2028, una España grotesca y nada deseble. Ya ha tenido unos cuantos lectores (menos de los que me gustaría, seré sincero) y a bastantes les ha hecho mucha gracia, pero a otros (en general, progresistas o incluso sanchistas) les ha puesto de muy mala leche. No sabían que, cuando la escribí, uno de mis móviles fue esta pregunta: ¿qué tal llevaría lo que hoy se llama progresismo el ser objeto de parodias? Puedo asegurar que muy mal, lo cual es indicio de que la actual izquierda ha adquirido esa rigidez avinagrada tan típica del autoritarismo. No quiero ni pensar lo que pasará si algún día la lee un separatista.
1.- La primera noticia acerca de esta delirante conspiración contra la democracia y la nación española maquillada como propuesta de futuro la tuve a través de una columna de Ignacio Camacho, y después he leído también un artículo de José Rosiñol y otro de Rosa Cullell. Los tres me parecen muy recomendables.
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