El horrendo suceso tuvo lugar el pasado sábado a las once de la mañana en la localidad barcelonesa de Esplugas de Llobregat. En plena calle, a la luz del día. Los hechos fueron de una atroz simplicidad: la chica paseaba por la misma zona en la que un loco asesino circulaba por la calle portando un gran cuchillo y mostrando una actitud de amenazante y provocadora chulería. Cuando vio a su víctima, se lanzó a por ella y la mató a puñaladas. Acerca de la imagen de este asesino cobarde y sanguinario, puedo dejaros dos versiones, una pixelada de "El País" (pulsad aquí) y otra sin pixelar de ok.diario (podréis verla aquí). Ese es el asesino que ha cometido un crimen tan espantoso, una bestia piojosa que avergüenza a la especie humana.
Las noticias que he consultado hasta este momento dan muy poca información acerca de la víctima, por quien ya lo único que podemos hacer es desear que descanse en paz. Un crimen como este es un suceso de extrema gravedad, primero, por la pérdida de una vida inocente; segundo, por la brutal crueldad con que ha sido sacrificada y tercero, por las circunstancias en que se ha producido, pues horroriza pensar que en pleno centro de una localidad civilizada como Esplugas y a las once de la mañana a una persona puedan arrebatarle la la vida, aunque todos sabemos que, dada la imprevisibilidad de los locos, en ningún sitio se está del todo a salvo de ser atacado por alguno como el que ha matado a esa infortunada joven.
Lo que no podemos perder de vista ante un episodio así, de tan tremenda gravedad, es qué cosas son las importantes, y no hay que dar en este caso muchas vueltas: un asesino ha matado a una persona inocente, es decir, se ha cometido un crimen con un autor y una víctima. Digo esta perogrullada porque, en España, el enrarecido clima político y la disputa levantada por el delicado asunto de los crímenes cometidos por extranjeros han llevado a algunos a poner el foco donde no era pertinente. Ha sucedido en muchos casos y este ha sido uno más. Al imponer de forma interesada que en las noticias se omita un dato tan relevante como la nacionalidad de los autores de los delitos, quienes gobiernan han cometido un error que ha tenido, entre otras lamentables consecuencias, el resultado de que quienes están en contra de esa censura a menudo concedan a dicho dato una importancia mayor de la que tiene, o bien se ocupen de él antes de lo que corresponde, como ha ocurrido en este artículo de ok.diario, que se queja del oscurantismo en torno a la nacionalidad del asesino de Esplugas de manera precipitada. Comparto con el medio el interés por esa información, porque lo tiene, ya que podría arrojar luz sobre los móviles del crimen que tal vez agrandasen su ya de por sí descomunal espanto, pero creo que debería haber esperado a que se concluyese el tratamiento de la principal noticia, el asesinato, para luego abrir otras ramificaciones derivadas, que sin duda van a tener que ver con cosas como el terrorismo yihadista, las políticas que quizás lo favorezcan o la antidemocrática censura de datos imprescindibles.
Dentro de este lamentable contexto, tampoco ha estado muy afortunado el Ayuntamiento de Esplugas, que ha expresado su "preocupación por un crimen que afecta a la convivencia y a la seguridad ciudadana". ¿A qué viene eso de la conviviencia? Me temo que al consistorio espluguense le ha traicionado el tema tabú y nos ha querido decir con rodeos esto otro: que nadie les vaya a echa la culpa a los islamistas, ¿eh?, que aún no se sabe. Lo digo porque también se ha despachado con esto otro: "Por respeto a la investigación en curso, se pide prudencia y responsabilidad, y evitar la difusión de informaciones no contrastadas". ¡Cuánto paño caliente! Un demente acaba de asesinar a una joven en sus calles y al Ayuntamiento de Esplugas lo que le preocupa es que nadie vaya a cabrearse con quien a ellos les incomoda o a decir inconveniencias que pudieran herir la frágil y solidaria piel del PSC, partido gobernante en aquella localidad. Y aún más: el alcalde se refirió a la víctima como "la vecina de nuestra ciudad que ha muerto de forma violenta". ¡Qué encomiable pulcritud!, porque haber dicho, por ejemplo, "la chica a la que un loco asesino ha apuñalado y degollado", quién sabe, a lo mejor habría terminado acarreándole una denuncia por injurias del transeúnte de su ciudad que casualmente llevaba un cuchillo y tuvo cierta implicación en el suceso. Con tanto remilgo y corrección política, el Ayuntamiento de Esplugas ha arrinconado a la víctima de un despiadado asesinato. Lo dicho: hay que tener claro lo que de verdad importa.
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