Ha producido una muy lógica perplejidad mezclada con rechazo y alarma (lo último, solo en quienes no estaban alarmados ya de antes) una intervención de Pedro Sánchez el pasado miércoles en el Congreso en la que equiparaba como países a una nación, España, con una de sus regiones, Cataluña.
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Decía que esta penúltima coz de Sánchez solo ha podido alarmar a los que no estuvieran alarmados ya de antes, pero los veteranos ya somos incontables, y aun voy más lejos: a quien a estas alturas, después de tantos abusos, disparates y atropellos como hemos visto cometer a Pedro Sánchez, todavía no esté alarmado con él, debebemos felicitarle, pues sin duda ha alcanzado esa máxima imperturbabilidad conocida como ataraxia. Por el contrario, a esos a los que nos tiene condenados a un permanente estado de alarma, si algo no hace es sorprendernos, pues sabemos muy bien que es capaz de cualquier extralimitación, y ya, si de lo que hablamos es de su connivencia con el nacionalismo, no hay lugar para el asombro al menos desde que alcanzó el poder en 2018, ya que el líder de los socialistas está gobernando en proclamada complicidad con ellos desde entonces, de tal modo que es lícito afirmar que la España de hoy es la España nacional-socialista, ¡cómo ilusiona haber llegado a tal momentazo histórico! Procedo a desgranar algunos de los datos en que me baso.
1.- Totalitarismo. El totalitarismo es un rasgo esencial e inseparable del modelo nacional-socialista, así que en la España que se ha alineado con él tampoco podía faltar. Pedro Sánchez (o sea, la parte socialista de nuestra particular versión) lo ejerce de forma aplastante, empezando por su persecución a la separación de poderes. En lo referido al legislativo, es un declarado enemigo de la alternancia y el pluralismo, como ha demostrado con numerosos pronunciamientos que hacen pensar en su propósito de perpetuarse en el poder. Por otra parte, su concepción de la política adolece de un maniqueísmo feroz y beligerante, que tiene señalado a un enemigo (que denomina con cansina reiteración "la derecha y la ultraderecha") al que excluye, persigue y ataca sin piedad, pues buena parte de su estrategia política y de su ideario (😂😂😂😂) consiste en demonizar (casi siempre, con calumnias y embustes de toda laya) a ese enemigo para presentarse él como su providencial antídoto. Su desprecio al Parlamento se ha demostrado también en otras gruesas ofensas, como poner a su frente a personajes de la calaña de Armengol o Gómez de Celis, legislar a golpe de decreto, la permanente trampa del decreto ómnibus, o, ya desde el inicio de la primera legislatura, en 2018, aquel vergonzoso ninguneo que supuso la mesa de partidos con las formaciones catalanas. En cuanto al nulo respeto al poder judicial, hace falta decir poco, pero es contundente: Pumpido, García Ortiz, polémica ley Bolaños, obstrucciones y remoloneos con los jueces de mil casos (Koldo, Begoña, hermanísimo, Adamuz...), etc. Como buen totalitario, Pedro Sánchez hace lo que le da la gana y no respeta nada, incluida la ley, de lo que hay múltiples ejemplos, entre los que destacan las veces que se la saltó (y muy gravemente) durante la pandemia. Tampoco se necesitan muchas palabras para calificar el brutal totalitarismo de los nacionalistas. En la comunidad vasca, bastaría con mencionar el trágico historial de ETA, pero no olvidemos que allí al que no se somete al dogal separatista, todavía se le excluye, se le apalea o se le echa. Exactamente lo mismo ocurre en Cataluña, otro agujero de pensamiento único.
2.- España plurinacional. El nacional-socialismo español aspira a convertir la patria en una república plurinacional. Si alguien ignora el objetivo/chantaje de la independencia por parte de los separtismos catalán, vasco y algún otro de menor poderío -pero de igual fanatismo y estupidez-, tiene que esmerarse en su conocimiento del mundo. En cuanto a Sánchez, no por ridícula e impostada su apuesta por esta locura es menos explícita y -me temo- firme, porque aquella delatora memez de la nación de naciones es de septiembre de 2017, nada menos, o sea, que viene de lejos y se manifestó en una situación muy delicada, ¡bonito momento fue a elegir!
3.- Complicidad política. Es total, aunque haya tenido algún irrelevante altibajo, entre ambas patas del nacional-socialismo español, pues, como sus intereses coinciden, enseguida se entienden. Todo lo que se dice en este artículo serviría de ejemplo, pero dejo uno más: el odio visceral a Isabel Díaz Ayuso.
4.- Las lenguas. El capítulo de las lenguas es crucial para los nacionalistas y Pedro Sánchez les ha sido muy fiel en todas sus exigencias, pero nunca debe olvidarse que en esto solo se diferencia de sus antecesores por una mera cuestión de grado. Para los separatistas, sus lengüetas son un símbolo de su superioridad y distinción, una antena para captar privilegios y un garrote para apalear a quien no sea uno de ellos. Sánchez les ha permitido imponer sus abusos, fue quien en 2023 implantó su uso en el Congreso (en el Senado las metió zapatero en 2010) y no ha tenido ningún pudor en hacer el ridículo insistiendo en que el catalán, el gallego y el vasco fueran oficiales en la UE.
5.- Violencia. El nacional-socialismo es esencialmente violento y en su versión española también cumple este requisito. Al nacionalismo vasco le corresponde el estigma de tener en su seno a la banda criminal ETA, de horrendo historial de violencia y asesinato, pero, aunque esa organización desapareció, en el norte nunca se ha extinguido del todo la violencia nacionalista, como demuestran el repugnante caso de Alsasua, el reciente de la Universidad de Navarra y otros menos sonados, cuyos receptores han sido sobre todo Ciudadanos y Vox. También en Cataluña han sido estos partidos víctimas de la violencia separatista, que se lo pregunten a Inés Arrimadas, Juan Carlos Girauta y algunos más, aunque no han sido ni mucho menos los únicos, porque antes, durante y después del prusés el separatismo catalán ha volcado allí una considerable violencia, que preocupa mucho y a muchos, entre los que no parece encontrarse la parte socialista de nuestro nacional-socialismo. Y nunca olvidemos que en la historia reciente del nacional-catalanismo figura Terra Lliure, un grupo terrorista que carga con algún asesinato. El socialismo suele ser comprensivo con la violencia separatista, y también con la de los ultraizquierdistas, unos señores de brillante inteligencia muy eficaces en hacerle al nacional-socialismo esa parte del trabajo sucio.
6.- El pacto de los 21 puntos. Para que se vea hasta qué extremos de sumisión ha llegado Sánchez con sus socios separatistas, es útil recordar aquel esperpento que montó con ellos firmando con Quim Torra un vergonzoso pacto de 21 puntos, que hasta incluía el concurso de un mediador entre Cataluña y España. Hoy esto ya es una más de las chacotas olvidadas de Sánchez, pero insisto en lo significativo que resulta como indicio de la sima de podredumbre que representa el nacional-socialismo español.
7.- Indultos. No menos lo son los humillantes indultos que el Gobierno sanchista dio a unos golpistas que habían atentado contra la unidad de la nación. Mucho antes estuvo aquello del "No te preocupes".
8.- Amnistía. Más de lo mismo, pero corregido y aumentado, porque el concepto de amnistía representa legitimar las posturas de los golpistas. En otros países esto sería una traición, pero en el marco nacional-socialista español lo toma en consideración el Tribunal Constitucional.
9.- Privilegios fiscales para Cataluña. Para la comunidad vasca y Navarra no hacen falta, porque ya los tienen desde hace décadas. Este abuso, que supone un desprecio más para las regiones que no se ponen en pie de guerra, ha recibido el firme rechazo de las demás comunidades, creo que hasta los vascos han tenido el cinismo de hacerlo. La nada sospechosa Funcas desenmascara la maniobra con seriedad y contundencia.
10.- Illa. Salvador Illa es el paradigma del nacional-socialismo español, porque, al igul que su PSC, es a la vez nacionalista y socialista. Su labor de zapa se ha visto muy favorecida por haber llegado a la presidencia de la Generalidad y desde ella trabajará con ahínco en favor del programa máximo del separatismo (privilegios fiscales, tiranía del catalán, desobediencia a las leyes comunes...). Illa es la prueba viviente de que no existen esas falsarias mil caras (de las más moderadas a las más radicales) del nacionalismo: todas llevan la camiseta del separatismo, a la vista o escondida.
11.- Servilismo, trato exquisito. Paso a un breve pero no necesariamente trivial capítulo dedicado al nacionalismo vasco en particular. A la tradicional habilidad del viperino PNV para sacar tajadas, Sánchez ha unido un régimen particular de adjudicación de regalitos, tales como un palacete en París que no era ni suyo ni de los pérfidos jeltzales, sino de España. Entraría aquí el reconocimiento de independencia de la federación vasca de pelota frente a la española, un despropósito que no por pequeño deja de serlo y que espero que algún día se anule. También cabría esa astracanada de intentar colar en la UE la lengua vasca, una reliquia sin futuro ni proyección que se agota en sí misma, pero que el retorcido nacionalismo está imponiendo por las bravas a los pobres escolares de las comunidades vasca y navarra.
12.- Gobierno en coalición. Y no perdamos de vista que las Vascongadas, desde 2024, son gobernadas en coalición por el PNV y el PSE, lo que los hace correponsables de toda decisión. Aquí se integraría la demencial política penitenciaria vasca (una competencia que les cedió Sánchez, ya estamos viendo para qué, aunque muchos lo advirtieron y se les desoyó, como era esperable), que está sacando a la calle o concediendo privilegios a los presos etarras. La consejera vasca de Justicia y gestora de esta aberración es la socialista María Jesús San José López.
13.- Connivencia con Bildu, liberación de etarras. Pero a quien más satisface esta medida (lo que no quiere decir que disguste a PNV y PSE) es a Bildu, partido heredero de la banda terrorista ETA. Con Bildu el PSOE se lleva muy bien. En el Congreso solo les falta besarse y en Navarra pactaron para que el PSOE de allí gobernase en la comunidad autónoma y Bildu, en Pamplona.
Sin duda, podría decirse mucho más, pero ya con lo poco que os dejo el artículo ha quedado más extenso de lo que me hubiera gustado. En todo caso, sirve muy bien a su finalidad: demostrar que España está hoy en manos del nacional-socialismo, para que nadie se extrañe de que a Pedro Sánchez España y Cataluña le parezcan dos países y no lo que son en realidad: un país y una región. La complicidad entre los componentes del engendro nacional-socialista es perfecta y ello redunda en que nuestra nación vaya hoy como va, es decir, muy mal. La vía por la que nos llevan es catastrófica, nos arrastran hacia destinos entre los que no hay ni uno bueno y, en caso de que logremos un día desactivar esta conspiración, nadie nos librará de su legado, que por fuerza será muy destructivo.
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