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martes, 21 de abril de 2026

Milagros Tolón vuelve a brillar por su ausencia

     Me congratulaba hace algo más de dos semanas de la prueba de vida que dio Milagros Tolón el pasado 1 de abril, después de una pérdida de contacto con la Tierra tan larga que nos había llenado a todos de zozobra, aunque aproveché también para afearle a la señora ministra de EDUCACIÓN su prolongado mutismo, cuando en ese ámbito que le ha tocado administrar hay muchos problemas que encarar, mucho que resolver y, por tanto, mucho de lo que informar. Terminaba quejándome de que, para una vez que se materializaba ante nuestros ojos, lo hiciera para emitir una demagógica condena de los cánticos aquellos de "musulmán el que no bote", tan arteramente magnificados por los escuadrones de Frankenstein, y recordaba que ni ella ni ellos emitieron jamás el menor suspiro por los numeroooosos ultrajes con que el separatismo castiga a España, los españoles y sus símbolos.

    No han pasado ni veinte días y las hordas de cabestros del extremismo vasco han venido a confirmar mis ejemplos y, al mismo tiempo, la señora Tolón, que, en su condición de también ministra de Deportes, tan campanuda saltó contra los gritos antimusulmanes de Cornellá, se ha columpiado por su incomparecencia en torno al grave comportamiento de los seguidores de la Real Sociedad en la final de la Copa del  Rey que se celebró el pasado sábado 19 de abril. La cosa ya empezó antes del partido con un cántico coreado por los seguidores donstiarras que tiene este estribillo: "Somos la banda de Anoeta... ETA", que podéis ver aquí, un jueguecito de palabras con el que proclaman su repugnante adhesión a una banda que asesinó a casi 900 personas, entre otros desmanes que todos conocemos. Después ocurrió lo del himno, que sonó así, pero el hecho de que la provocación separatista quedase acallada no quiere decir que no se produjera, como lleva décadas ocurriendo (1). ¿Tiene algo que decir en su calidad de ministra de Deportes la señora Tolón? ¿A qué espera para pronunciarse, para que nos enteremos por fin de si condena estas animaladas o las aplaude? Lo que no puede hacer es quedarse calladita debajo de una piedra, y menos, después de su diligencia para condenar lo de Cornellá.

    Finalizaba yo mi artículo del pasado 4 de abril afirmando que, siendo la señora Tolón ministra de Pedro Sánchez, nada bueno podemos esperar de ella, y ha tardado poco en darme la razón. Es cierto que, en su pasividad cómplice con estos atropellos del separatismo, no se diferencia de ningún gobernante nacional que la haya precedido, pero también es cierto que ella pertence a un gabinete que tiene un ardiente idilio con el separatismo en general y, muy en particular, con el heredero de ETA, y se da la circunstancia de que la final de Sevilla había despertado altas expectativas en esa basca vasca, como puede verse (pulse aquí) en la proclama incendiaria, injuriosa, provocadora y a la vez de un sentimentalismo cursi que nos endilgó su líder, Arnaldo Otegui, qué se puede esperar de una facción dirigida por un exterrorista (si es que se puede ser tal cosa, como muy bien decía ayer Juan Carlos Girauta). 

    ¡Cómo iba la señora Tolón a decir ni mu ante tal pronunciamiento! ¡Arriesgarse a contrariar al aliado más fiel! ¡Menuda cara iba a poner el Puto Amo! Pero haríamos mal en pasar por alto un elemento del que desde hace ya no poco tiempo vienen dándonos cuenta un buen puñado de episodios: el creciente rearme de violencia verbal y física que está llevando a cabo el extremismo nacionalista vasco. Ejemplos, insisto, hay a carretadas, piensen en la Universidad Navarra, piensen en Alsasua..., pero, sin salir de este artículo, tenemos el comportamiento cavernícola de los hinchas de la Real Sociedad y las palabras de Otegui, lean el enlace y verán la beligerancia que transpiran, cosa muy inquietante viniendo de un exterrorista (si es que se puede ser tal cosa). Y aún voy a darles noticia de un pasito más. Un día después de la final de Sevilla, una caravana fue atacada en plena carretera por tres vehículos en los que se sospecha que viajaban radicales vascos. El motivo fue que llevaba una bandera de España y un escudo del Atlético de Madrid. ¿Serán de la Real y/o batasunos esas bestias de la ruta? Yo apostaría a que sí, pero es muy probable que lleguemos a saberlo, porque existen unas buenas imágenes del incidente, aquí las tenéis. Esto tiene muy poca gracia; ¿acabará condenándolo la señora Tolón, tan contraria ella a la violencia en el deporte?

1. En realidad, si esto no se ha cortado ha sido simplemente por falta de voluntad política y por negligencia (e indecencia) de los partidos que han gobernado la nación. Sería muy fácil, porque, como todo el mundo sabe, existe un precedente que obligó a buscar una solución para casos similares y se halló una que funcionó muy bien. ¿Se acuerdan ustedes de las feroces y violentísimas hinchadas ultras de los equipos europeos? ¡Aquellos temibles hooligans británicos!, pero no solo ellos, porque los hubo en equipos de toda Europa, y sin necesidad de que fueran grandes. En cuanto aquella intolerable mezcla de delincuencia, violencia y gamberrismo empezó a asquear tanto que los directivos futboleros (de federaciones y de equipos) vieron que peligraban su prestigio y el negocio, hicieron eso tan sencillo que inexplicablemente habían tardado tanto en hacer: sancionar a los clubes. Equipo cuya hinchada produjera problemas, recibía un correctivo bajo la forma de multa o suspensión, y el problema no tardó en acabar. Hoy las hinchadas siguen creando problemas y es necesario vigilarlas, pero, comparado lo de ahora con lo de los tiempos más brutales, es irrelevante. Si cada vez que, un suponer, la hinchada del Barça, la Real o el Bilbao pitasen al himno o al rey, se hubiese ido aplicando una progresiva represión en multas, cierres de estadios, partidos perdidos y expulsión de competiciones, el problema hoy haría mucho tiempo que no existiría. Si hubiese habido en España una normativa como es debido, el partido se habría jugado, la Real lo habría ganado, el trofeo se lo habrían dado y... A la semana siguiente, bien por actuación de oficio de la RFEF o bien por recurso presentado por el Atlético de Madrid, en virtud del artículo X de la Ley Y de defensa de los símbolos de la nación, la Real habría sido despojada del título y el Atlético de Madrid sería en campeón (aclaro: no soy del Atleti). ¿Por qué habría habido que jugar el partido? Porque, en caso de suspenderlo, las bestias que silbaron habrían incendiado Sevilla.

    Pero no se habría llegado a ello, porque habrían estado muy modositas. Como los hechos demostraron con el asunto de las hinchadas violentas, los clubes tenían mucho que ver con el problema y la solución estaba en sus manos, bastó con apretarles un poco. Si miran el vídeo del momento del himno que he enlazado, se ve claramente que esos hinchas tienen una organización que no sale por dos céntimos. Me dirán que el dinero lo ponen las peñas, pero... ¡no sean ingenuos!, porque la pasta que vale eso me temo que sale de los clubes, como eran los clubes -está demostradísimo- quienes pagaban a las peñas violentas, vayan ustedes a saber por qué. Cierren el Camp Nou, o San Mamés, o Anoeta o cualquier otro corral de gallos separatistas si se desprecian los símbolos de la nación y verán qué pronto se acaba el problema. ¡Ánimo, Milagros, ánimo, Pedro!, os he dado la solución y no os voy a cobrar un céntimo por la idea, ya solo os resta ponerla en práctica.

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