sábado, 2 de diciembre de 2017

La guerra sucia del independentismo catalán. 1: la justificación del odio

   Si algo caracteriza a los nacionalismos que torturan a la democracia española es la pertinacia en sus mentiras y conspiraciones, a lo que les ayuda mucho la debilidad de mecanismos de autoprotección que tiene nuestro sistema: en ningún país democrático se hubiera tardado tanto como se tardó aquí en actuar con firmeza contra las organizaciones del entorno etarra que sostenían a la banda armada; en ningún país democrático se habrían permitido las décadas de abusos que llevan aquí cometiendo los nacionalistas; en ningún país democrático se hubiera permitido la gestación a plena luz del día de un golpe de estado como se ha permitido aquí el atentado contra la convivencia y la democracia que han edificado y siguen construyendo Mas, Puigdemont y sus esbirros subvencionados. 
  Porque el golpe de estado sigue en marcha, por la misma razón que acabo de enunciar: la asombrosa permisividad que nuestras leyes y responsables políticos conceden a estos golpistas que se han propuesto romper el país y sumirlo en la discordia, permisividad que se convierte en abierta, repulsiva y estúpida complicidad cuando hablamos de Podemos y de ciertos sectores del PSOE. Este desafío separatista algunos lo miramos con gran alarma y yo me atrevo ya a decir abiertamente algo que durante mucho tiempo he dicho solo en privado: que, si se dieran las circunstancias (factor imprevisible y que no está sujeto al control de nadie), esto podría acabar en una guerra civil, porque el odio y el fanatismo irracional que están demostrando algunos líderes y sectores del independentismo transmiten síntomas indiscutibles de no ir a agotarse jamás y de no conocer barreras.
   Otro elemento muy inquietante es la posesión de la verdad, no tanto por sí misma sino porque es el combustible del que se están sirviendo los golpistas para arrogarse el derecho a atropellar todo lo que se les ponga por delante, a burlar la legitimidad y las leyes, a hacer su santa voluntad y a estar a tal fin facultados para todo tipo de desafuero: instalados en la legitimidad que se han autoconcedido con su discurso autista y el supuesto mandato democrático de la aberrante bufonada que se produjo el 1 de octubre de 2017, ellos pueden amenazar, mentir clamorosamente, malversar, ofender, o agredir, y aún se permiten el lujo de acusar a los demás de sus propios pecados, entre los que destacan el ser golpistas y totalitarios. Voy a dejar aquí dos ejemplos de esta autolegitimación para cualquier cosa:
   -Ante la declaración de Junqueras y otros consejeros acatando el 155, Artur Mas ha declarado que entiende que se trate de una estrategia de defensa judicial y que los encarcelados digan lo que tengan que decir para salir de la cárcel y hacer campaña. En otras palabras: que es perfectamente válido mentir para presentarse a unas elecciones cuyo marco legal no se respeta. Artur Mas es el gran envenenador de la convivencia española de los últimos años, pero se comprende que siga envenenándola con esta arrogancia, a la vista de que todas las enormidades que hace se le permiten.
   -Rafael Ribó, el equivalente autonómico catalán al defensor del pueblo, se ha permitido cuestionar a la Junta Electoral Central de las elecciones del próximo día 21 por decisiones como no permitir que las fuentes se pongan en amarillo en homenaje a los consejeros golpistas destituidos o que TV3 llame a esta panda de farsantes "gobierno en el exilio", como si no fuesen más que un manojo de alborotadores que no tuvieron ni la entereza de quedarse a sostener lo que preconizaban. Después de semejante alarde de sectarismo, este señor tiene incluso la desvergüenza de exigir a la Junta neutralidad informativa. Sobre este sujeto, un maestro del parasitismo político, de la parcialidad independentista y del transfuguismo que lleva 20 años pegándose la gran vida a base de ¿ejercer? cargos tan superfluos como este de Síndic de Greuges, dejo aquí dos significativos enlaces:
   Estamos ante una tremenda amenaza ejercida por una banda de conspiradores de todos conocidos. No creen ni en la democracia ni el la decencia y siguen dispuestos a reventar el país.  Bueno sería atender a la advertencia de Inés Arrimadas: si obtienen el poder, van a volver a hacer lo que hicieron antes de perderlo.

4 comentarios:

  1. ...pues no muda su suerte quien lo hace de lugar, y no de vida y costumbres...

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    1. Elemental, Paco, a ver si vamos a saber nosotros más que todo un clásico como Quevedo (quien, como sabes, era un gran conocedor de la política de su tiempo). Y ya en en su época andábamos con estas bromas, recordemos estos versos del "Padre Nuestro glosado":
      En Navarra y Aragón
      no hay quien tribute ya un real;
      Cataluña y Portugal
      son de la misma opinión;
      sólo Castilla y León
      y el noble reino andaluz
      llevan a cuestas la cruz.
      Católica majestad,
      ten de nosotros piedad,
      pues no te sirven los otros
      así como nosotros.
      Parece que el lío viene de lejos, no tenemos remedio. Aunque se discute si es o no de Quevedo, os dejo un enlace a esta composición completa, que tiene cierta gracia:
      http://perso.wanadoo.es/pcolmenero/2bachhis/texthis/doc11-padrenuestro.pdf

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  2. Por venir de lejos no hemos de desfallecer, nos merecemos un país de ciudadanos libres e iguales, y sí, extendiendo a todos el fuero de la denostada Castilla: " nadie es mas que nadie"... Esta crisis ha de ser la ocasión.

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    1. Eso es indiscutible, ahora bien, mírate este artículo que publica hoy Rosa Díez en "El Español":
      https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20171201/266343367_12.html
      Si va encaminada (que espero que no, o no del todo), quienes pueden sacar adelante eso de aprovechar la ocasión ya están empezando a dejarla escapar.

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