jueves, 7 de diciembre de 2017

Una niña a la que se le ven las bragas, un niño al que se le ve el culo, un señor con lo suyo colgando y una señora a la que se le ve "to"

   Leo en "El País" la noticia de que el Metropolitan de Nueva York ha rechazado una petición de retirar de sus salas una pintura porque aparece en ella una niña a la que se le ven las bragas. Se trata de un cuadro titulado Teresa soñando, el cual fue pintado por Balthus en 1938, aquí lo tenéis:

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Teresa soñando
    Me viene a la cabeza una reflexión: puestos a hablar de cosas que aparecen en los cuadros, es innegable que en ellos se pueden ver muchas: paisajes, reyes, santos, tormentas, dioses, batallas navales, batallas terrestres, autos de fe, caras de personajes famosos o anónimos, caballos, pájaros vivos, pájaros muertos, manzanas, rayas y círculos, girasoles, payasos o niños a los que se les ve el culo, como este que pintó Murillo en su obra Cuatro figuras en un escalón, obra que ha dado pie a interpretaciones de todo tipo, desde las inocentes a las sórdidas:

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Cuatro figuras en un escalón
   Y ya dentro del ámbito de las cosas que escandalizan a los puritanos, también el arte nos ha dejado imágenes de sujetos que exhibían todos sus atributos copulativos, aquí tenemos una, la escultura de Javier Marín titulada Hombre de pie:
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Hombre de pie
   ¿Y qué decir de las señoras? ¿Cuantísimas a las que se les ve "to" habrá producido el arte a lo largo de los siglos? Han sido miles, sin duda, dejo aquí a una de las más famosas, obra de nuestro  genial Francisco de Goya:

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La maja desnuda
   Que la corrección política es la reencarnación actual de la Inquisición es algo que vengo diciendo desde hace ya años y todos sabemos que la Inquisición, como todas las máquinas de represión y censura que en el mundo han sido, tenía una dramática tendencia a ver en cosas inocentes, o bellas, o simples retratos de la realidad, o expansiones del espíritu creador (la más insuperable grandeza humana) una sordidez, un pecado y una porquería que solo estaban en las mentes enfermas de los inquisidores. Un ejemplo muy transparente: ¿qué era más escandaloso, aquellos besos de las películas que cortaban los censores de la época franquista o el que estas personas pudieran ver en ellos pecado alguno? Echemos un vistazo a la motivación que esgrime la vecina de Nueva York que presentó la petición de retirada del cuadro de Balthus (que iba respaldada por 8.700 firmas, cuidadín): según ella, "el Met está, tal vez sin intención, respaldando el voyerismo y la cosificación de los niños". Denota el propósito de ser refinadamente hipócrita, pero, seguramente sin intención, no ha podido salirle una retórica más burda: ¿qué es eso de "tal vez sin intención"? El Met tendría todo el derecho a sentirse ofendido por esa formulación dubitativa, pues induce a pensar que esta señora deja un resquicio a sospechar que el Met haya querido a conciencia respaldar el voyerismo y la cosificación de los niños, niños a los que, muy al contrario, es ella quien ha querido manipular. Allá donde el pintor quiso reflejar luminosidad, placidez, pureza e inocencia, cierta vecina de Nueva York y otros 8.700 puritanos en lo que se han fijado es en unas bragas: ¿dónde están el voyerismo y la indecencia?   


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