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sábado, 10 de octubre de 2020

Los tres cerditos


    Me aburro tan soberanamente que he decidido hacer un artículo, aunque sea para hablar de las gili_ _ _ _ _ _ _ _ de unos gili_ _ _ _ _ _, bien que además malvados hasta la médula, tan malvados que... Pero vayamos a la nueva versión de los tres cerditos. 
    Érase una vez, en una próspera región llamada Butifarria de un próspero país llamado Jamonia, que existía un gobernador llamado Cerdito I. Una tarde, después de comer, Cerdito I se zumbó dos botellas de un licor muy rico que se llamaba ratafía y pilló un pedo que se quedó dormido y entonces soñó que iba a construir una nación de la que él sería el rey. Cerdito I, después de muchos esfuerzos, convirtió Butifarria en nación, salió al balcón de su palacio y dijo:
     -¡A partir de ahora, somos una nación y yo seré el rey!
     ¡Pobre Cerdito I! Sin darse cuenta, había construido una nación de paja que, en cuanto vino un vientecillo, se la llevó abajo. Después llegó la justicia del verdadero rey a pedirle cuentas por lo que se había gastado y Cerdito I tuvo que salir de palacio. Al poco tiempo, se hizo gobernador de Butifarria otro cerdito, llamado Cerdito II. Una noche, después de cenar, Cerdito II se zumbó dos botellas de un licor muy rico que se llamaba ratafía y pilló un pedo que se quedó dormido y entonces soñó que iba a construir una nación de la que él sería el rey. Cerdito II, después de muchos esfuerzos, convirtió Butifarria en nación, salió al balcón de su palacio y dijo:
     -¡A partir de ahora, somos una nación y yo seré el rey!
     Pero le pasó lo mismo que a Cerdito I: sin darse cuenta, construyó una nación de paja que salió volando por un estornudo y Cerdito II, que había sido muy malo, escapó de Jamonia escondido en un cesto de sandías.  Cuando se fue, hicieron gobernador de Butifarria a Cerdito III. Una mañana, cuando no eran aún ni las once, Cerdito III se había zumbado ya dos botellas de un licor muy rico que se llamaba ratafía y pilló un pedo que se quedó dormido y entonces soñó que iba a construir una nación de la que él sería el rey. Cerdito III, después de muchos esfuerzos, convirtió Butifarria en nación, salió al balcón de su palacio y dijo:
     -¡A partir de ahora, somos una nación y yo seré el rey!
     ¡Pobre Cerdito III! Como era más tonto que Cerdito I y Cerdito II, se creyó que la paja que les había sobrado serviría para construir la nación, pero, lo mismo que las anteriores, salió volando por un airecillo. Al día siguiente, los consejeros de la justicia real lo sacaron de palacio cogido de una oreja. 
      Ahora los tres cerditos han quedado convertidos en unos tocinos amargados que no hacen más que gruñir contra Jamonia. Cerdito II vive en un reino lejano, desde donde no para de decir que Jamonia es un país horrible y que no va a parar hasta hacer que se hunda. Cerdito I y Cerdito III siguen viviendo en Butifarria, a costa de los tres sacos de bellotas que les manda cada mes el gobierno regional, pagados con los impuestos de todos los jamoñoles, y eso que ellos hacen todo lo posible por fastidiarles. Y en cuanto a Butifarria, no solo no ha cumplido aquel sueño beodo de convertirse en una nación, sino que ahora está muchísimo peor que antes de que Cerdito I la arrastrase a sus chifladuras.
     Cuentan que hace unos días se los vio a los tres juntos en el país vecino, Coñaquia, gruñendo insultos y amenazas contra Jamonia, pero que, a los cinco minutos, cuando vieron que nadie les hacía caso, se fueron a un monte cercano a ver si encontraban alguna trufa. 
            Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

4 comentarios:

  1. Falta un final sádico o vengativo del cuento de los tres cerditos. Es el relato de lo que pasaría el día de San Martín. Porque si es cierto que a todo puerco, marrano, cochino, cerdo o como se llame a ese animal le termina llegando su día, algunos estamos ya impacientes de comprobar cómo y cuándo se preparará esa acción de justicia poética que coloque a esos cerdos en el lugar de la historia que les corresponde, para el que han hecho sobrados méritos.

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    1. Por supuesto. Ninguno de estos cerditos ha pagado los daños tremendos que ha provocado, y Jamonia nunca podrá pasar por un reino serio mientras eso no suceda. Luego está papá cerdote, pero ese es otro cuento.

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  2. Papá cerdote ha dicho "Ara no toca". Y cuando el Molt Honorable President (MHP), también conocido como el mayor hijo de puta manda callar con esa sentencia, impone la censura. Y lo de Papá Cerdote me temo que no es cuento, sino una novela-río como las de Ignacio Agustí, un río con aguas turbias y hediondas que ha contaminado toda Catalonia hasta convertirla en un fétido lodazal de aguas tóxicas y venenosas que costará mucho sanear.

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    1. ¡Qué curioso! En esa Catalonia de la que hablas pasa lo mismo que en Butifarria. Papa Cerdote, su piara y los tres cerditos no deberían estar tan confiados en su derecho a pernada sobre los butifarranes y en la proverbial indulgencia de Jamonia, porque eso cualquier día puede cambiar y entonces saldrá aquello de que a todos los cerdos les llega su San Martín.

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