miércoles, 28 de noviembre de 2018

Las fantasias de los expertos educativos. 2: ¿suspender para ganar prestigio?

   Uno de los rasgos más característicos de gran parte de los que se presentan como expertos en educación es su gigantesca desfachatez, pues hace falta poseerla para declararse expertos en educación y a renglón seguido presentar un discurso que demuestra sin duda alguna su absoluta ignorancia sobre el tema. Es algo que produce perplejidad incluso a quienes los tenemos ya muy calados, la perplejidad que experimenté al leer la entrevista que se le hacía en "El País" a D. Lucas Gortázar el pasado 23 de noviembre. Empezaré señalando que, entre las cosas que dijo, hay una en la que estoy plenamente de acuerdo con él: la necesidad de modificar y aligerar los programas en nuestra educación, pero no voy a entrar en este terreno, entre otras cosas, porque requeriría mucho espacio y se sale un poco de los propósitos de este artículo.
    Viendo el historial con el que se presenta al Sr. Gortázar, enseguida se capta que, como algunos otros de los expertos en educación de nuestros días, en realidad es especialista en temas bancarios, por lo que, lo mismo que con los otros, me pregunto quién le habrá dado vela en este entierro, sobre todo, para decir lo que dice. Empezaré por el titular del artículo:
Hay profesores que suspenden a sus alumnos porque creen que les da prestigio
    ¡Toma ya! Quiero agradecerles al señor Gortázar y a "El País" (aunque en este medio no me extraña, dada la dulzura con que el grupo PRISA suele tratar a los docentes) este revolcón de salida y en letras bien grandes: en efecto, habrá profesores así, pero colocarlo como titular es una manera subliminal de sugerir que son quizás demasiados. Puesto que el titular es la carta de presentación de la noticia, este les está diciendo a los lectores: "Miren aquí, que vamos a poner en su sitio a estos vanidosos que suspenden solo para darse lustre". Bueno, tampoco es la primera vez que uno ve titulares tendenciosos y frívolos, pero, a quienes conocemos el paño, quien proclama una cosa así nos está diciendo que habla sin saber, o, mejor aún: que disparata.
    Dice más adelante el Sr. Gortázar que "las escuelas no reflejan la diversidad social de la población". No sé qué exigirá este experto para considerar que una escuela refleja tal realidad, pero me temo que debe de poner el listón muy alto, porque todas las que he conocido mostraban una gran variedad en cuanto a niveles culturales y económicos, en cuanto a procedencias sociales, en cuanto a inquietudes ideológicas o religiosas y hasta en lo relativo a países de procedencia. Francamente, no me explico de dónde puede salir tan rotunda afirmación.
    Entra también en el asunto de las repeticiones de curso y, casualmente, está en una línea bastante coincidente con la del Gobierno, ¡qué cosa más curiosa en alguien a quien proyecta "El País"! Atribuye el alto porcentaje que según algunos se produce en Secundaria a ese ímpetu predador que él ha descubierto en los institutos, y lo hace con este razonamiento: "Si no, ¿cómo se explica que la tasa de repetición en Primaria sea del 3% y en Secundaria del 10%? ¿Los niños se vuelven menos listos de un año para otro?" Quizás sean estas palabras la parte del artículo que más ponen en evidencia que este experto en educación no es digno de tal título. Cualquiera que conozca de verdad lo que ocurre hoy en la enseñanza sabe que el problema (reconocido por los propios profesores de Primaria) es justamente el contrario del que él señala con su ironía fallida: que en Primaria se repite bastante menos de lo que se debiera, porque, al ser un nivel donde la presión sobre el aprobado es muy fuerte, la triste realidad es que son más de los que a todos nos gustaría los alumnos a los que se va pasando aunque no sepan lo que debieran saber. Y, por supuesto, sin repetir. ¿Sabe el señor Gortázar la cantidad de niños que llegan a 1º de ESO e incluso a 2º leyendo malamente (la inmensa mayoría, con su Primaria aprobada)? Luego hay que calificarlos, pero, naturalmente, eso se hará en función de los conocimientos demostrados, los cuales a menudo se resienten de esa deficiencia lectora. Es un problema complejísimo que va más allá de la Primaria y la ESO y que haría preciso hablar de nuestro sistema educativo y de ciertas realidades paralelas que afectan mucho a la enseñanza de hoy, señaladamente, la presión sobre la nota y la resistencia al estudio de muchos de nuestros escolares, y estoy llamando estudio a algo tan elemental como leer.
    Llegamos tras esto al asunto relacionado con el titular. Dice el Sr. Gortázar: "Hay un número importante de docentes que deciden de antemano que un 70% de estudiantes aprobará y un 30%, no."  Primero: esto es FALSO. Segundo: ¿de dónde se lo saca? Aunque fuera cierto, la proposición es tan descabellada que no puede existir un medio estadístico ni de otra índole que pudiera suministrar tal dato, porque ¿quién iba a ser tan cínico o tan estúpido de reconocerlo?, luego el entrevistado solo ha podido sacárselo de su caletre, con lo que demuestra una severa falta de rigor y de respeto al profesorado y a los lectores, la cual le descalifica. Tercero: ¿no han pensado ni él ni el medio en que lo dice que una afirmación tan desmesurada constituye una grave ofensa para el colectivo docente? Qué tonterías digo: al colectivo docente hoy lo usual es tratarlo como a un trapo.
    Añade a continuación: "Es un fenómeno cultural, creen que suspender mucho les da prestigio. Las familias tienen la visión de que repetir es bueno: no te has esforzado, te lo mereces". ¿Pero de qué tebeo, cómic o manga se ha sacado este señor su visión de la escuela? En primer lugar: no hay mayor satisfacción para un profesor que poner un aprobado, lo digo después de 34 años poniendo aprobados y suspensos, no me va a explicar el señor Gortázar ni nadie el efecto que me producía cada cosa, y puedo asegurar además que en esto somos todos los profesores iguales, salvo algún "rarito", que los habrá, claro, pero muy muy escasos. En segundo lugar, ¿qué bobada es esa de que haya profesores que suspendan para ganar prestigio? ¿En qué cabeza cabe un disparate así? ¿Cómo se atreve este "experto" a afirmar que un 30% del profesorado cae en semejante grado de estupidez y arbitrariedad? Ya que no nos conoce, debería al menos abstenerse de lanzar acusaciones tan graves. Tal y como está hoy lo de suspender, cada suspenso que pones lo que representa es una potencial fuente de problemas,  así que todos medimos muy bien cuando los ponemos, por eso y porque somos profesionales y por tanto intentamos ser justos. Para acabar: el 99'999% de las familias intentan por todos los medios que sus hijos no repitan, aunque solo sea por el hecho de que los que no quieren repetir ni atados son los chicos, eso que dice el Sr. Gortázar es otra invención, haría bien metiéndose a novelista.
     Y el cáliz de su sapiencia de experto lo apura  hasta la última línea, donde afirma: "Ahora cualquiera puede ser director y nadie quiere serlo". Nuevo disparate, en ambas cláusulas: director solo puede ser quien la Administración decida, que hace ya mucho tiempo que se blindó los mecanismos para elegir a los candidatos más sumisos, y, en cuanto a eso de que nadie quiere serlo...: solo alguien que no conoce la enseñanza ni por el forro puede ignorar la afición al cargo y a las mejoras salariales que lleva aparejadas que padecen la inmensa mayoría de los directores actuales.
     

2 comentarios:

  1. La diferencia entre Dios y un experto, es que Dios sabe que no es un experto...

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    1. Para el experto es otra: que Dios está sentado a su diestra y un escalón por debajo.

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