miércoles, 7 de noviembre de 2018

La evaluación de los profesores

    Ha saltado estos días a los medios la cuestión de la evaluación de los profesores como principal ingrediente de esa renovación de la enseñanza que los partidos políticos llevan lustros prometiendo. La ministra de educación, Isable Celaá, se ha expresado sobre el asunto como si fuera una cosa nueva o suya, lo cual no es así en ninguno de los dos casos, pues viene de lejísimos, de mucho antes incluso de que lo predicara el señor Marina allá por 2015, y en la actualidad se lo está soplando Marchesi en un documento del que la ministra lo toma todo. Creo necesarias algunas observaciones en torno a este asunto y me parece pertinente señalar que no las hago por miedo a las evaluaciones profesionales, primero, porque ya estoy jubilado; segundo, porque, estando en activo, me sometí a una sin el menor problema. 
    Todo este asunto de la evaluación del profesorado estaría muy bien si fuese una propuesta sincera, es decir, si se sostuviera en las razonables motivaciones con que se presenta, pero sucede que está fundamentado en realidad en una serie de motivaciones ocultas y en grandes tergiversaciones. La principal de las grandes motivaciones ocultas es que, desde hace ya muchos años, cuando se proponen cambios en torno al profesorado, se hace porque veladamente se le culpabiliza de los males que aquejan hoy a nuestra enseñanza, para enmascarar con ello la verdadera causa: el insostenible sistema educativo emanado de la LOGSE, que es el que la lleva hundiendo ya unos lustros, y también, ¡oh, casualidad!, el que defienden el PSOE creador de la LOGSE, los demás partidos por las razones que sea y la legión de expertos que han medrado durante décadas en torno al catastrófico modelo educativo que sustentaba esa ley. Ya es coincidencia que esta "novedad" de la evaluación se esté impulsando ahora que gobierna el PSOE desde un foro llamado Educar para el siglo XXI y en el que encontramos ponentes tan apolillados como Marchesi, Fernández Enguita, Marina o Miguel Soler, o sea, los Von Siempre, los novedosos de plantilla, ¡si tendrían que estar más jubilados que yo! Llevan años mareando de forma inmisericorde con unas propuestas irreales, rutinarias y burocráticas y encima las están vendiendo como superinnovadoras e infalibles. Y, por si fuera poco, llevan ya todo ese tiempo demostrando también que no tienen el menor inconveniente en apalear a los profesores: tiene delito que ahora sean ellos precisamente los impulsores de esta comedia de la evaluación y, para más inri, en algún momento se quieran hacer pasar por defensores del profesorado. 
    Entrando en el terreno de las tergiversaciones, algunas de las principales son estas: que los profesores no están sometidos a control (lo refuto aquí); que la formación de los profesores es deficiente (lo refuto aquí y en mi libro Lo que estamos construyendo); que el principal mal de la educación sean los profesores, cosa que refuto en ese mismo libro y en multitud de artículos, pero que se refuta solita a poco que se conozca bien la situación de la enseñanza actual: los males verdaderos son otros: la conflictividad, el aprobado regalado, la cruzada contra los contenidos, la descentralización de las competencias...
     Está claro, pues, que se trata de una ofensiva política, apoyada, para variar, en un fuerte despliegue mediático. Haría bien la ministra en ahorrarse frases desafortunadas como esa de evitar que lleguen a las aulas personas que acaban en ellas por los avatares de la vida, porque huele demasiado a acusación implícita a todo el colectivo y porque habrán sido millones las personas que han llegado por avatares de la vida a trabajos que luego han desempeñado espléndidamente; o esa otra que hace referencia a la carencia de procedimientos de evaluación de los profesores, entre otras cosas, porque a lo mejor resulta que la docencia es de las que más los tienen, incluidas esas entradas de inspectores en las aulas. Otro capítulo de la campaña mediática lo representa el aterrizaje del director de la OCDE, Paulo Santiago, para decir que "las oposiciones no sirven para asegurar una buena docencia", o sea, ¡precisamente!, lo que piensan los políticos y los expertos. Habría que preguntarle si la LOGSE, la LOE y la LOMCE servían para asegurar una buena docencia, pero es que la entrevista que le hace "El País" a este señor es de una torpeza abisal, empezando por que se ve claro que no es una entrevista, sino un cuestionario previo dirigido a ensalzar la política que ahora le interesa al Gobierno, aunque, aun así, el señor Santiago desliza algunas cosas interesantes.
    Terminaré con una precisión. La evaluación del profesorado no es mala en sí misma, pero en España, hoy en día, sería muy perjudicial, por el hecho de que, tanto por los vicios del sistema como por unas prácticas también viciadas y unos tópicos antiprofesorales muy arraigados, en nuestro país hay demasiada tendencia a la caza del profesor, véase mi artículo sobre la inspección. En estas condiciones, y dado que casos de actuaciones represivas contra el profesorado no escasean, estaría más que justificado el temor de que el procedimiento acabase convirtiéndose en un recurso para tapar las más que graves vergüenzas del sistema atribuyéndoselas a la supuesta ineptitud de los profesores. De hecho, es lo que se está haciendo hasta ahora, casualmente, a través de propuestas de los "expertos" y de planes como el actual. Por otra parte, yo a la señora Celaá no la veo en situación de marcarse planes a muy largo plazo y que requieren consensos muy amplios, qué queréis que os diga. ¿Quieren evaluar al profesorado? Háganlo, pero bien, y no olviden por el camino ocuparse de los verdaderos problemas de nuestra enseñanza. 

8 comentarios:

  1. Bravo, Pablo. Bien dicho. Y una pregunta que se me ocurre. ¿Y quién evaluará al evaluador? El evaluador que lo evalúe...Ay,los expertos. Qué lacra.
    Saludos de Pilar.

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    1. Es que esta es una cuestión muy delicada y en la que hay mucho en juego, como sabes muy bien, Pilar. El fondo de la cuestión no va a ser solo la verificación periódica del buen tono profesional de los profesores -cosa que, diga lo que diga la ministra, se hace en bien pocas profesiones-, sino el control ideológico en el sentido de las concepciones didácticas, lo cual ya se quiere hacer a través de másteres y programaciones, pero no es suficiente. El gran obstáculo para la aplicación de las ensoñaciones de los pedagogos han sido la incredulidad y la resistencia de los profesores, que no se han tragado el camelo de sus metodologías: ¿qué nos creemos que van a imponer ahora con esas evaluaciones periódicas? Está claro: la sumisión a las doctrinas innovadoras, y no lo digo por decir, sino porque esta canción de las evaluaciones es siempre una de las piezas de las últimas propuestas: los delirios más recientes de Marchesi o Fernández Enguita, el MIR profesoral del PSOE, el libro blanco de Marina... En esa línea van a estar esos evaluadores que, tal y como tú sospechas, van a estar exentos de control. Un saludo muy cordial.

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  2. Qué esperar de gente así, que no sea PNNoso?

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    1. Además es que el PSOE va a tomar la imprudente medida de hacer cambios con los pocos (y malos) apoyos que tiene. Consenso educativo amplio en una propuesta sensata no vamos a tener jamás.

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  3. Buenos días, Guachimán. Saludos desde Hungría, donde llevo dos años dando clase. Enseñar en otro país es muy interesante (no sé si tuviste la ocasión de hacerlo), porque te ayuda a ver que las cosas pueden ser MUY diferentes a las que conoces de tu propio país. Mi opinión respecto al asunto de la evaluación del profesorado es simple: Sin evaluaciones objetivas del alumnado es imposible establecer evaluaciones objetivas del profesorado. Evaluaciones subjetivas sí son posibles, claro, pero miedo me dan... Saludos cordiales.

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    1. Hola, Weno, bienvenido otra vez por aquí. Aunque nunca he trabajado fuera de España, sé, por lo que me contáis algunos amigos, que el trabajo en el exterior aporta nuevas perspectivas muy interesantes. Coincido contigo en que la evaluación de calidad -que inexcusablemente debe ser objetiva- debe serlo de punta a punta del sistema, y en la enseñanza española, si algo falla es precisamente la evaluación, que está, por intereses políticos, acribillada de coladeros para la subjetividad, presiones, trampas, vericuetos y un feroz condicionamiento hacia el aprobado general, de ahí que esto de la valoración de los profesores inspire la mayor de las desconfianzas, ya que hay síntomas muy claros de que se quiere utilizar como instrumento intimidatorio para hacer pasar por el aro al profesorado remiso. He estado escarbando y he encontrado este artículo mío, ya de 2011:
      https://papabloblog.blogspot.com/2011/06/la-propuesta-del-mec-para-modificar-la.html
      En él analizo una escandalosa propuesta de la época zapateril, en la que se incluían extremos tan aberrantes como que, en uno de los tribunales que debían conceder o no la condición funcionarial, participasen representantes del consejo escolar del correspondiente instituto. No son conspiranoias mías: es que el PSOE y el pedagogismo siguen con su labor de zapa, como se probaría también con su idea actual de poder aprobar el Bachillerato con una suspensa. Un saludo muy cordial.

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  4. Acabo de leer tu artículo de 2011. Por desgracia, creo que bastante acertado. Y las cosas no han cambiado mucho desde entonces, si es que no están peor... Si tengo tiempo algún día te contaré algunas impresiones de mi experiencia aquí en Hungría, por darte otro punto de vista. Saludos!

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    1. Estaré encantado de leerlo. En cuanto a lo del artículo de 2011, responde a una estrategia implacable: desde hace ya mucho tiempo, está claro que la mayoría de los profesores rechazan las patrañas logsianas, por lo que los políticos y la conferencia pedagogial han utilizado diversos medios para imponérselas, tales como los másteres, los cursos o los apartados burocráticos de las pruebas de la oposición. Este suculento bocado de la evaluación interna llevan acariciándolo mucho tiempo, porque sería utilísimo para imponer el control doctrinal. Siempre que han salido propuestas que involucraban novedades en la formación, la selección o la evaluación permanente, cargaban el acento en asuntos como metodologías innovadoras, nuevas tecnologías, lo emocional…: es decir, su rollo, y no solo eso, sino que lo referido a la capacitación del profesor sobre las distintas materias suelen dejarlo claramente en un plano secundario. El proyecto de 2011 era tremendo en esta sobrecarga, pero no perdamos de vista que es de la época de Zapatero, y está claro que Sánchez está dispuesto a profundizar los peores horrores de ZP. Un saludo.

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