viernes, 27 de abril de 2012

El planeta de los padres

   Hace un par de días, me llegó a uno de mis correos, no entiendo muy bien cómo ni por qué, la publicidad de este proyecto:

   Si pincháis y accedéis a la página, podréis ver que se trata de una entidad que se dedica a dar cursos en línea por el módico precio de 100 euros, en los cuales se enseña a los padres a ser padres. Puesto que cada curso está dirigido a una banda de edad de un año (entre 1 y 15), el negocio no parece mal pensado. Detrás de él están la editorial Planeta y una hasta ahora para mí desconocida fundación Universidad de Padres. El responsable de todo parece ser José Antonio Marina, a quien podéis ver en este vídeo promocional que tiene también enlace en la misma página. Parece que el estilo Punset se va imponiendo, un indicativo más de que en el mundo actual la venta de humo es rentable.
   Vais a decir, lo sé, que soy un antiguo, pero este vídeo me parece una ñoñería. Viene además con unas explicaciones con iconos que parecen pensadas para idiotas, cosa que no extraña en un proyecto que parte de la base de que a las personas hay que enseñarles en melifluos cursillos algo que por definición solo pueden aprender por sí mismas con el trato, el compromiso y la atención diarias: a educar a sus hijos. También se hace patente que la superficialidad e infantilismo del power point empiezan a dejar huella, pero a ver quién es el bonito que les encuentra pegas a las sacrosantas nuevas tecnologías.
   Como educador, me echo las manos a la cabeza cada vez que tropiezo con una de estas mistificaciones en las que el sentido comercial de la modernidad convierte en negocio hábilmente maquillado un producto pseudoeducativo; y parecen no tener límite, porque ya han convertido incluso a los padres en material educable: cualquier cosa antes que afrontar eso que se llama responsabilidad, muy posmoderno. Finalizo con un enlace a un videoclip que en la misma página se presenta como entrañable e ideal para compartir entre padres e hijos, para que entendáis mejor a qué me refiero cuando utilizo expresiones como "melifluo", "pseudoeducativo" o "pensado para idiotas". No entiendo, además a qué lumbrera se le ha ocurrido seleccionar como educativo un vídeo en el que se hacen las estúpidas imprudencias al volante que se permiten el conductor del descapotable y el "entrañable" peluche que le acompaña. Una última pregunta: ¿cuánto tardará el proyecto Superpadres en intentar meter el cucharón en los centros escolares? Sobre todo, en Madrid, naturalmente.




6 comentarios:

  1. Hola Guachimán:
    Al parecer este tipo de negocios surgen de aquella vieja idea de que para todas las profesiones hay que prepararse pero a la más importante, es decir, la de padres, se llega sin instrucción. No dudes que Planeta publique el manual universal del funcionamiento de los niños (por etapas como los cursos), porque los niños llegan sin manual de instrucciones.
    En México la escuela para padres (por televisión y materiales impresos de apoyo), manejada desde la presidencia, por la esposa del anterior presidente se embolsó cantidades enormes de dinero explotando esta idea. El creacionismo, el machismo y el determinismo están presentes en este "revolucionario" concepto. Qué horror.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. María Eugenia, para bien o para mal, los países de habla hispana estamos hermanados (me gusta esta palabra, aunque esté un poco resobada) por la lengua, la cultura, la historia, la mentalidad y un montón de cosas buenas, pero también lo estamos, lógicamente, para unos cuantos horrores. Sin ir más lejos, me da la impresión de que las editoriales que estén detrás de negocios tan burdos como estos serán las mismas aquí y allí. Sucribo tu sarcasmo acerca de los niños sin manual de instrucciones, que está de hecho detrás de mi crítica a esta memez de los superpadres: ser padres es una labor personal e intransferible, que se ejerce a base de dedicación, desvelos, cariño, atención... pero la de cada cual con sus propios hijos; pretender reducir esto a un manual de recetitas de psicólogo (para ganarse unos cuartos por vender bobadas), es una aberración. Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La maternidad-paternidad por más que les pese a estos beatos es un hecho biológico que no van a poder controlar. Nos guste o no, la mayoría, si no todas, las familias son disfuncionales, siempre hay un miembro de ellas haciendo la puñeta a los otros en mayor o menor grado. La gente tiene hijos porque vienen, en muchos casos sin haberlos esperado y buscado, y ahí están, y hacen lo que pueden o lo que no…
      Pero estos vendedores de crecepelo o aceite de serpiente no dudan en meter su garra donde pueden e intentar hacer negocio con ello, negocio envuelto de altruismo y beneficio para la sociedad.
      Es como querer tener una sociedad sin conflicto…, algo absolutamente imposible…, excepto para ellos.

      Eliminar
  3. Se tiene que imponer la racionalidad, Hesperetusa. Tendremos que rescatar del baúl del olvido e incluso de la impopularidad conceptos como sentido común y bien común. Hablar claro y directo y hacer las cosas con la sencillez y el compromiso que les corresponde: el profesor enseñar, el hijo/alumno aprender y obedecer y el padre llevar las riendas de la relación familiar, y todos ellos haciendo lo suyo con los esfuerzos que les correspondan pero también con un respeto a su figura y al desempeño de su labor. Cuando esto suceda, cuando ningún cantamañanas pueda venir a pedirle cuentas a un padre por obligar a un hijo a cumplir unas normas razonables o a un profesor por exigir a un alumno que estudie, es decir, cuando nos quitemos de encima las perversas e inquisitoriales secuelas de la pedagogía moderna, tales como la inmunidad/impunidad que han dado a los hijos y la confusión que han sembrado entre padres y profesores, entonces todos estos avispados negociantes que han medrado en torno al pedagogismo -sospechosamente vinculados a grandes editoriales- tendrán que buscarse otro embeleco.

    ResponderEliminar
  4. Llevas razón, guachimán: todo eso no es más que humo. Recordarás que yo ya dediqué algún artículo a todo esto. Cuando leí el libro de Marina "La recuperación de la autoridad", me quedé decepcionado con la solución que ofrecía el autor: leerle un cuento al crío sobre la necesidad de cumplir con nuestros deberes ciudadanos. Y todo arreglado. Pero no: algunos sabemos que la autoridad se recupera ejerciéndola, no con cuentos (chinos). Son muchos los padres que andan confundidos y acomplejados, incapaces de comportarse con un mínimo de autoridad ante el hijo. Eso debería cambiar, desde luego. Pero no cambiará tirando más leña al fuego, que es lo que hace Marina.

    Postdata: a ver si hallo tiempo y te escribo al correo).

    Un abrazo.

    Raus

    ResponderEliminar
  5. Desde luego, Raus, a poca gente he visto mantener ideas más acertadas acerca del ejercicio de la paternidad que las que pueden leerse en tus artículos y comentarios (quien esté interesado, que busque en Deseducativos, pero que se dé prisa, porque no sé lo que va a durar esa página en la red). Y las bases son claras y sencillas: responsabilidad, sentido común y compromiso. No haga usted el idiota ni permita que lo hagan sus hijos. Respételos y hágase respetar a base de seriedad, coherencia, dedicación y cariño. A los hijos los educan los padres, no peluches azules ni psicólogos on-line, como parecen poroponer estos señores de los Superpadres: dejémonos de engaños y de autoengaños. Lo mismo te digo en cuanto a lo de encontrar un huequecillo para charlar, Antonio. Un abrazo.

    ResponderEliminar