viernes, 29 de octubre de 2010

Eyes wide shut - I

Este artículo se publicó en Mi blog difunto el 16 - II -2009


Hola a todos y disculpas por llevar tanto tiempo sin molestaros con mis bobadas. Alguien a cuyos consejos presto mucha atención me recomendó que entrara en las páginas de Santiago Segurola y así lo he hecho hoy mismo, con lo que he tenido ocasión de leer una ronda de preguntas hechas por sus seguidores a este famoso comentarista deportivo, al que también se le planteaban cuestiones de música o de cine. En una de estas, le preguntaban por Stanley Kubrick y él respondía que sus películas le producían un efecto desigual: mientras que pedía disculpas por decir que 2001, una odisea en el espacio le parecía soporífera, alababa Senderos de gloria y Barry Lyndon, mientras que, acerca de Eyes wide shut, se manifestaba con un poco claro "Se me cae". Kubrick está entre mis directores favoritos y diré que comparto el juicio negativo de Segurola acerca de la adormilante y pretenciosa 2001, pero no estoy de acuerdo con él acerca de Barry Lyndon, que, además de poseer esos defectos, es larguísima. Lo que pasa con los genios como Kubrick es que, hasta en las cosas que hacen mal, nos dejan grandes aciertos, y así, por ejemplo, 2001 fue en su día una película muy innovadora en temas y técnicas y Barry Lyndon tiene la gran virtud del preciosismo en los cuidadísimos y bien elegidos escenarios, gran virtud cuyo abuso redunda en la pesadez que hunde esta película. También es de destacar en Barry Lyndon la extraordinaria banda sonora, pero esto no es nada nuevo en una película de las de la segunda época de Kubrick, en todas las cuales es fabulosa la selección musical. Quiero llamar la atención sobre una cosa en la que coincido plenamente con Segurola: su admiración por Senderos de gloria, que es a mi juicio una película fuera de serie, por su sencillez argumental, su sobria realización, su expresivo blanco y negro y la cruda firmeza con que retrata y denuncia a los militares corruptos de su historia. En 88 minutos se puede hacer una gran película; otra genial película muy breve y en blanco y negro hecha por Kubrick es Atraco perfecto; ambas me parecen imprescindibles.

¿Y qué pasa con Eyes wide shut? A mí, desde luego, no "se me cae", pero antes de entrar en ella quiero hacer algunas precisiones. A Kubrick le gustaba adaptar obras literarias, como se demuestra por el hecho de que, al menos y que yo sepa, lo sean Barry Lyndon, 2001, Lolita, La naranja mecánica, El resplandor y la propia Eyes wide shut. La obra en la que se basa esta película es la novela breve titulada Relato soñado, de Arthur Schnitzler (1862 - 1931), un prestigioso escritor vienés que la escribió en 1926. Schnitzler fue muy admirado por Sigmund Freud y, entre las características que se atribuyen a su obra están el interés por el erotismo y la muerte, la profundización psicológica y la presentación del instinto sexual como un poderoso motor de los actos humanos. Documentándome, he descubierto que una de sus obras teatrales, La ronda, resultó escandalosa en su época por su atrevimiento sexual y que esta obra fue llevada al cine en 1950 con el título de La ronde por Max Ophüls. Recordaba haber visto esta película; a la memoria me venía una melancólica historia de historias amorosas encadenadas. Si buscan en Internet, encontrarán lo que yo he encontrado: un fascinante vídeo del comienzo de la película, una escena en la que un elegante caballero de aire mundano y un tanto perverso, divaga en torno al amor, sale de paseo y se encuentra con una bellísima y jovencísima Simone Signoret... Ahí terminan los sugestivos cuatro minutos del vídeo, y sí, esa era la película que yo había visto. Del amor, de la muerte, de los anhelos, de la atracción sexual, de sutiles pasiones humanas... de eso tratan las obras de Schnitzler, de eso trata Eyes wide shut. Veámoslo en el siguiente artículo.

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