miércoles, 27 de octubre de 2010

¿Y quién es Isak Andic? ¿Y qué es el IEF?

   A este guachimán le parece que la crisis tiene siquiera una ventaja: cada día nos depara una nueva lección acerca de la condición humana, nada proclive a la piedad cuando las cosas vienen mal dadas. Cuando el justo y modélico gobierno del señor Zapatero decidió rebajar el sueldo a los funcionarios un 5%, se produjo una fuerte oleada de aprobación procedente de diversos sectores, que (sin pararse a considerar si la medida era justa o no) estallaron en una amplia gama de reacciones, las cuales iban desde el aplauso furibundo hasta la petición de nuestras cabezas. Desde un fantoche llamado Salvador Sostres hasta el periódico El Mundo o la propia Esperanza Aguirre se manifestaron en ese sentido, y es que hay quienes llevan su credo ultraliberal hasta el odio encarnizado a todo lo que lleve el apellido "público".  
   Entre las más groseras de esas críticas, como pude ver en foros y periódicos, se produjo un no despreciable número procedente de personas que se identificaban como empresarios autónomos. Muchos de ellos, a menudo en términos nada reproducibles, sostenían literalmente que había que echar a todos los funcionarios a la calle, ya que eran una sangría para las arcas públicas. Teniendo en cuenta que el fraude fiscal registra uno de sus mayores capítulos en lo que estos sectores de autónomos y pequeñas empresas dejan de aportar al IVA,  no cabe duda de que las posturas de estos personajes, que eran casi siempre anónimos, aparte de agresivas, insolidarias e  injustas, resultaban extremadamente cínicas, más aún si se tiene en cuenta que, por aquellos días, reclamaban y creo que consiguieron ciertas descargas económicas. Es curioso: a la hora de repartir descargas económicas, a los asalariados, que somos los que más aportamos a las arcas públicas, nunca nos llegan.
   Lo que parece claro es que la crisis ha sacado de la sombra a los enemigos que tenemos los funcionarios, muchos de los cuales se sitúan entre los llamados emprendedores, así que no es extraño que, hoy, el señor Isak Andic, presidente de Mango, se haya despachado hablando de lo que no sabe y solicitando para los funcionarios una inestabilidad laboral al parecer muy querida por sectores empresariales pero a la vez muy desaconsejada por razones de buena administración de lo público. 
¿Quién es Isak Andic? Es, ya lo he dicho, el presidente de Mango y la segunda mayor fortuna de España, con una vaoración de unos 3.534 millones de euros, y eso, al parecer tirando por lo bajo. Nótese, pues, que él solito tiene más de la mitad de lo que el gobierno esperaba ahorrarse con la bajada del sueldo de los funcionarios. Empezó muy jovencito, vendiendo allá por 1973 camisetas a 900 pesetas de las de entonces, que no eran pocas. Ese precio era el doble de lo que a él le habían costado, y hay que reconocer que el jovencito ha seguido en la línea, porque en la actualidad tiene diez SICAVs (ya sabemos lo injusto que es este procedimiento de tributación) que canalizan un patrimonio de 570'6 millones de euros. Es además el presidente del Instituto de Empresa Familiar (IEF) plataforma desde la cual lanzó su funcionarial propuesta. ¿Y qué es el IEF? Pues es al parecer una organización filantrópica que agrupa a 120 de las más importantes empresas del país. Y puede que esté aquí la clave de por qué al señor Andic le dio por meterse en harina con los funcionarios, veréis. Otras de sus propuestas como máximo representante del IEF son las siguientes: exención fiscal para la inversión de beneficios, ampliación de la edad de jubiliación, cálculo de la pensión sobre la vida laboral completa, ayudas fiscales por la contratación a jóvenes mediante una exención a la cotización a la seguridad social durante dos años, bajada del tipo del impuesto de sociedades... y, al mismo tiempo, que el gobierno ajuste al máximo sus gatos para reducir el déficit.
¿Veis qué sencillo? Lo que quiere el educado señor Andic es exatamente lo mismo que vienen pidiendo desde hace tiempo las patronales y lo que reclamaban los energúmenos que aullaban en los foros: que se saquen pelas de los lomos de los trabajadores, de sus puestos de trabajo, de sus sueldos, de sus pensiones... para transformarlas en ayudas a los empresarios. Y entre esos trabajadores, por supuesto, estamos los funcionarios y no nos íbamos a escapar. No hay nada personal, es solo una cuestión de pasta. Las crisis, ya os lo decía, sacan a flote lo peorcito de la condición humana, y esta de ahora, al paso que vamos, va a acabar resucitando al espectro aquel de la lucha de clases.

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