miércoles, 4 de octubre de 2017

O con el golpe o con la Constitución: se acabó el postureo

   Cinco minutos de mensaje del jefe del Estado han sido suficientes para dejar las cosas muy claras: como no podía ser de otra forma, las instituciones estatales van a situarse del lado de la ley, y no hará falta que os recuerde que la ley en esta España democrática -la que representa indiscutiblemente, como han señalado muchas voces dignas de crédito, la mejor época de nuestra historia- emana de la Constitución. La Constitución establece un marco legal que de ninguna manera permitía los atropellos antidemocráticos que el nacionalismo catalán lleva cometiendo durante décadas y que han culminado con la verdadera orgia totalitaria de los últimos meses.
   Se acabaron, pues, los penosos miramientos que durante demasiado tiempo se han tenido con el fascismo nacionalista, miramientos que han resultado tan dañinos como muchos veníamos señalando desde hace años. A lo que ahora se hace frente es a un golpe de Estado, y hay que ser consecuentes; tantos años de cataplasmas y titubeos han llevado a demasiados a una especie de síndrome de Estocolmo, solo de este modo me explico que muchas mentes lúcidas se hayan dejado contagiar por los hipócritas lloriqueos de los golpistas ante la actuación policial del pasado día uno, que fue incluso tímida, si se tiene en cuenta que esos festivos votantes querían nada menos que romper el país. ¿Violencia policial? Que le pregunten a Ester Quintana por la violencia policial y la moderación de los mozos de escuadra. Tan estúpidos como para dejarnos embaucar por los plañidos de los responsables de aquella carga de 2012 en que la dejaron sin un ojo no podemos ser.
   Las reacciones ante el discurso de Felipe VI han sido las esperables: están muy claras las que eran a favor, por lo que solo daré algunas pinceladas acerca de otras.
   En primer lugar, hablaré del PNV, partido cuya hipocresía es un eficacísimo emético. El verdadero problema de la España democrática ha sido y es el nacionalismo, no las fábulas que puedan tener en la cabeza los señores Ortuzar y Urkullu, a quienes les recomiendo que lean "Patria": lleva 40 años produciendo zozobra, es insaciable e insolidario, ha producido dolor, división y fractura social, es probadamente totalitario y segregacionista, está hoy en día detrás de un golpe de Estado y, por último, la organización nacionalista ETA, esa que tanta comprensión suscita en el PNV, es responsable de más de 800 muertes. Que el PNV esté contrariado con lo que ha dicho Felipe VI es una razón más para ponerse del lado del rey. El nacionalismo lleva la marca de Caín.
   En lo que dicen Pablo Iglesias y Podemos no hará falta que me detenga mucho: detrás de esas bobadas altisonantes que podéis leer en "La Vanguardia" (que, curiosamente, las resalta mucho), no se esconde más que lo de siempre en este partido: el intento de desestabilizar el país, propósito para el cual no tiene inconvenientes en apoyar al golpismo o a la aberración que haga falta. Podemos huele a podrido desde hace ya mucho.
   Y mucho también me preocupa el PSOE: que Pedro Sánchez eche en falta en el discurso del rey las menciones al diálogo representa que o este señor no se entera o es un arribista carente del menor escrúpulo, porque ese diálogo hoy en día habría que mantenerlo con el golpista Puigdemont y su partida: ¿es eso lo que quiere el aspirante a gobernar España llamado Pedro Sánchez? Pues espero que jamás pase de aspirante; por suerte para su partido, Susana Díaz ha tenido más sensatez y mejor visión del grave momento en que nos hallamos y se ha puesto del lado de la legalidad sin ambigüedades.
    Ese momento es el de la amenaza de un golpe de Estado y fractura del país, cosas gravísimas. Voy a decir por primera vez en público algo que hasta ahora solo he dicho en privado, con el resultado de que me decían que deliraba: esto puede acabar en guerra civil. De hecho, la retórica de los nacionalistas es claramente guerracivilista desde hace mucho tiempo: el guachimán ya lo señaló hace cinco años, no me explico cómo nunca se le ha dado importancia a este detalle.
    Lo dicho: ya no es momento de postureos.

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