jueves, 5 de octubre de 2017

Aún podría dimitir

Resultado de imagen de carles puigdemont
   El personaje que sucedió a Artur Mas en la presidencia de la Generalidad y que ostenta la difícil hazaña de haberle superado en ineptitud, chifladura y, quizás, falta de principios protagonizó ayer una esperpéntica escenificación del parto de la montaña. Iba a desvelar el día en que anunciaría al mundo la independencia de Cataluña desde el balcón de la plaza de Sant Jaume, pero, fiel a su trayectoria de recurrir al engaño, al victimismo y a la finta cínica, ha pronunciado un discursete llorón en que se ha dedicado a culpar al rey (como si fuese Felipe VI el que llevase a sus espaldas una pila de desprecios a las leyes) y a hablar de mediaciones y diálogos. Causa estupor esta frase: "Gent que esperava de vostè un altre to i una apel-lació al diàleg i a la concòrdia". ¿Se atreve a hablar de concordia la cabeza visible del movimiento que ha convertido Cataluña en una revuelta permanente y ha pisoteado cien leyes que debía obedecer? ¿Es Puigdemont tan estúpido y tan cínico de dirigirle esas palabras a un jefe de Estado al que el independentismo que él lidera lleva años ultrajando con pitadas y encerronas como la de la manifestación del pasado agosto?
   Algunos tramos del discurso dan la impresión de que a este prusés y a su líder les ha fallado el cálculo: esperaban con sus mentiras y amenazas, más el concurso del coro de  tontos útiles, crear un clima que obligase al Estado a ponerse de rodillas y negociar, pero no les ha salido. Y ahora se dan cuenta de que la han liao parda y se han metido ellos y nos han metido a todos en una situación muy delicada, porque han llegado ya al callejón sin salida de tener que declarar la independencia en virtud de su referéndum grotesco e insostenible. A una elección muy cruda. ¿Por qué no ha anunciado hoy Puigdemont la fecha? Me temo que porque se ha visto ante el abismo y se ha dicho: "Y ahora, ¿qué?" Y ha pensado en la aventura demencial, en el golpe de Estado impresentable que han puesto en marcha y, ante el último paso, se ha preguntado: "¿Qué vendrá después?" Y no se ha atrevido a darlo, lo que quizás represente que no es tan memo y tan fanático como ha demostrado ser hasta ahora, pero digo solo "quizás", porque este personaje no anima al optimismo.
   Naturalmente, ya sabe muy bien que ha perdido, el problema es que parece que está dispuesto a morir matando y además tiene detrás a muchos a los que ya no les puede fallar, pero debería recapacitar, porque el daño que ha hecho hasta ahora puede ser cosa de risa comparado con los que aún pueden venir. No obstante, tampoco es él el único culpable, aunque sea el máximo responsable: ¿qué me decís de esos ultramontanos de la CUP, de esos fanáticos de la ANC con la Forcadell a la cabeza, de esa víbora apellidada Jonqueras, de ese genio de Tardá, de ese envase de rencor reconcentrado de Rufián? ¿A qué lugar se puede ir con esta tropa sino al desastre? 
   Y luego están los del diálogo y la mediación: Iglesias, Podemos, el PNV, la Coláu, esa perla importada llamada Albano Dante Fachín, ETA, la ultraderecha europea...: ¿puede alguien creer que uno solo de estos esconde una buena intención para nada? Y está también La Sexta, cómo no: ayer, a las 20:55, vi a un comentarista de esa cadena referirse a Felipe VI y Puigdemont como dos jefes de Estado frente a frente, lo juro: ¿qué diablos pasa con La Sexta? Será cosa de Roures, supongo. ¡Ah!, se me olvidaba el PSOE, que aún parece obstinarse en lo del diálogo: ¿cómo han podido, aún hasta ayer, Iceta y Sánchez pretender que Rajoy negociase con Puigdemont? ¿Tanto han tardado en entender que este señor lleva ya mucho tiempo deslegitimado? ¡Vaya linces! Otra escuadra hacia la muerte: con compañías como estas, ¿qué otra cosa podía hacer el president, sino estrellarse?  El problema radica en su empeño en que los demás nos estrellemos con él. 
    Antes de suicidarse y arrastrarnos a los demás, le quedaría otra salida: dimitir. Eso seguro que le ahorraría unos cuantos años de cárcel. 
    Mañana será otro día, a ver qué pasa. 

2 comentarios:

  1. Saludos, Pablo. Hoy, escuchando la radio y observando la magnitud creciente de los afectos al diálogo (hay mediadores voluntarios de todos los colores) me preguntaba: ¿dónde estaba esta gente, que ahora padece de incontinencia verbal dialógica, hace tan solo unos días? ¿No será que ya no ven tan claro formar parte del equipo ganador y se empiezan a colocar de perfil? A ver si "dialogando" se libran de las leyes o, al menos, pueden seguir ostentando buenos puestos en la fila.
    Enhorabuena Pablo por tu contundencia y claridad. El enlace al artículo de Roures, muy acertado.

    ResponderEliminar
  2. Gracias de nuevo, Pilar. Y si te pones a comparar el rasgamiento de vestiduras de hoy del grupo Prisa con su insistencia hace cinco años en que Rajoy tenía que dialogar con Mas, ya te dan ganas de ir a tirarles piedras en su sede. El oportunismo y la demagogia de ciertos medios y el PP y el PSOE son muy culpables de esto. Roures y Podemos son peligrosos; aunque me llamen conspiranoico, creo que tienen unas intenciones ocultas muy poco confesables. Un saludo.

    ResponderEliminar