sábado, 28 de junio de 2014

La insuficiente natalidad española



   El presente artículo lo pubiqué el pasado mes de marzo en el número 3 de la revista El ballet de las palabras. Como hace unos días el asunto ha estado de actualidad, ya que han salido los datos de 2013 (que son peores que los ya malos de 2012), lo incluyo ahora aquí. Una vez más, el guachimán y su amiga Patry se adelantan a los grandes medios, más ricos, pero menos eficaces.
                                                                                 
            A finales del pasado mes de enero, produjo eco y también disgusto un documento del Ministerio de Justicia que sostenía que la ley del aborto propuesta por Ruiz Gallardón tendría un impacto positivo en la economía española, entre otras cosas, porque incrementaría la natalidad (1). A pocos convenció esa afirmación, pero, al menos creo que tuvo un aspecto positivo, el de que una instancia gubernamental reconociera, siquiera de forma implícita, que la baja natalidad es un problema en la España de hoy. Yo soy de los que piensan que es además uno de los más importantes, a pesar de que no suela aparecer en esas encuestas sobre percepción de problemas por parte de la ciudadanía y de que los estudios y estadísticas sobre población suelen orillarlo con pretextos diversos. Así, es cierto que se suele reconocer que la población se va envejeciendo cada vez más, haciendo hincapié en asuntos como la esperanza de vida, la dependencia o las pensiones, pero nunca se entra muy a fondo en una causa tan crucial de ese envejecimiento como es la baja natalidad. Otras veces (esto, hace unos años, cuando se podía decir) se minimizaba esa baja natalidad diciendo que era paliada en parte por el índice mayor de natalidad que presentaba la población inmigrante, pasando por alto el hecho de que mucha de esta no tenía como proyecto definitivo el establecerse en nuestro país.
            En el año 2012 nacieron en España 454.648 niños, lo que representa una tasa de natalidad (número de nacidos por cada 1.000 habitantes) del 9’7 por mil y un índice de fecundidad (número medio de hijos por mujer) del 1’32. España, pues, está muy lejos del 2’1, que es considerado el índice de reemplazo, lo que no nos garantiza una pirámide de población estable. Si vemos la tabla (2) que acompaña a estos datos, comprobaremos que el último año en que cumplimos ese índice de reemplazo fue 1980 y que desde entonces, con altibajos, tanto la natalidad como la fecundidad no han parado de disminuir. Otra cosa que se observa es que los niveles más bajos se alcanzaron en el periodo 1995-99, cinco años en que el último de ambos indicadores nunca alcanzó la cifra de 1’2. Durante los años 60 y 70, España era un país de natalidad más bien alta, como puede comprobarse también echando un vistazo a la tabla. Se solía decir que, en este factor, teníamos un comportamiento de país subdesarrollado o en vías de desarrollo. Ciertamente, parece que el despegue económico nos ha puesto en la línea del entorno de Europa, un continente que en su conjunto acusa el problema del envejecimiento. Si vemos la tabla continental (3), observaremos que ocupamos una posición media. De los países más fuertes, nos superan el Reino Unido o Francia, pero están por debajo de nosotros Italia y Alemania, país este último donde la natalidad es preocupantemente baja. Pero el problema no deja de ser un problema porque lo padezcan también los países de nuestro entorno.
            Un artículo de estas características no permite profundizar demasiado, por lo que, a la hora de reflexionar sobre las causas de este problema, apenas voy a poder hacer algo más que enumerarlas. La cuestión ya es vieja, pues recuerdo que, hace ya muchos años, en una reunión de amigos –todos de cuarenta para arriba y con hijos- hablábamos de ella y había básicamente dos bandos: los que sostenían que los jóvenes no querían tener hijos porque su hedonismo les llevaba a rechazar la carga que representan y los que creían que no era que no quisieran tenerlos, sino que no podían, atemorizados básicamente por dos factores: la precariedad laboral y el excesivo precio de las viviendas. Esto sucedía a mediados de los 90: ¿qué hubiéramos dicho ahora? En todo caso, se echaba en falta alguien que hubiera defendido una síntesis de las dos posturas, pero, entiéndase, éramos todos españoles.
            Pero no cabe duda de que los dos factores operaban. Es un hecho probado que el desarrollo económico abre amplias posibilidades de emancipación y disfrute personal y de proyección profesional, para las cuales los hijos suelen representar un obstáculo. En las sociedades desarrolladas, por lo general, los hijos no se tienen si no se quiere, y muchos no los tienen por conveniencia personal, sea hedonista o de cualquier otra índole. Pero, aun así, centrándonos en España, quedarían aún millones de personas que sí desearían tener hijos o no les importaría tenerlos. Y a mediados de los 90, desde luego, a muchas les era imposible por factores ajenos a su voluntad, y hoy, en 2014, las cosas en este terreno han evolucionado hacia muchísimo peor: la precariedad laboral, sobre todo para los jóvenes, es espantosa; los precios de la vivienda siguen imponiendo respeto; el dejar de pagar una hipoteca puede hundirte la vida (¿para cuándo la dación en pago?); las compensaciones por hijo son más bien insuficientes; el ser mujer, el quedarse embarazada o la sola posibilidad de ello siguen (todos lo sabemos) siendo factores con peso a la hora de que no te contraten o te despidan; lo de la conciliación entre la vida familiar y laboral va pareciendo cada vez más una leyenda… Si escarbase un poco, seguro que podría encontrar algún motivo más, pero creo que con estos, por su cantidad y su envergadura, ya es suficiente para hacerse esta pregunta: ¿para cuántas parejas el tener un hijo puede representar meterse en una arriesgada aventura?  
            Se me podrá argumentar, y con mucha razón, que, si uno desea realmente tener hijos, también debe estar dispuesto a afrontar alguna posibilidad de riesgo, porque a la vida no podemos pedirle garantías de que todo nos vaya a salir bien al cien por cien, pero, mirando cómo lo teníamos los jóvenes de aquellos años 80 en que empezó a bajar la natalidad y cómo lo tienen los de hoy, aun siendo el país más rico y con mejores servicios en algunos aspectos, entiendo que se retraigan: en los años ochenta, si te comprabas una casa y a los dos meses perdías el trabajo, la catástrofe no era tan grande para tu economía como lo puede ser ahora; en los años ochenta, te independizabas entre los veinticinco y los treinta años y no eran tantas como ahora las personas que con esa edad o más aún vivían con sus padres ni las que, después de independizarse, se veían obligadas a volver a casa de sus padres por culpa del paro o de una hipoteca. Una cosa esta clara: hay que pensárselo antes de tener hijos en estas condiciones.   
            Pero el caso es que, aunque se me llame antiguo, he de decir que es bueno tenerlos, no parece que sea muy necesario argumentar a favor de la perpetuación de la especie. Y, por si este pequeño motivo no bastara, están otros, como la realización personal que para muchos representa el hecho de tener hijos, lo que alegran la vida y las calles los niños o –esto, para los más preocupados por la economía- que a la larga para un país y una sociedad el envejecimiento es un pésimo negocio: ¡qué caro y qué inviable acabaría resultando un país de viejos ocupándose de cuidar a viejísimos! Vamos camino de ello, a no ser que como sociedad consigamos alcanzar e incluso superar ese 2’1 de índice de fecundidad, al que, si llaman de reemplazo, será por algo. Cualquier gobierno realmente preocupado por un resurgir en todos los sentidos, debería tomarse muy en serio el diseñar políticas a favor de la natalidad: ¿ha oído alguien a algún partido pronunciarse en serio a este respecto?

12 comentarios:

  1. Una conclusión de ahora mismo del Foro Económico de Galicia: “Galicia solo frenaría su declive con 20.000 mujeres inmigrantes al año”.
    http://www.lavozdegalicia.es/noticia/galicia/2014/06/27/galicia-solo-frenaria-declive-20000-mujeres-inmigrantes-ano/0003_201406G27P12993.htm#.U60UC6pjgOY.twitter
    Y mis respuestas en Twitter:
    - ¡El titular tiene tela! Supuestamente mujeres jóvenes y fértiles, pero ¿para emparejar con quién?
    https://twitter.com/xoselbrea/status/482467129296687104
    - Frenar la emigración es una clave, favorecer la natalidad otra. Difícil con nuestro panorama económico... y las pocas ideas.
    https://twitter.com/xoselbrea/status/482467836955471873

    Y es que además de no favorecer la natalidad (aquí todo es bla, bla, bla…), se olvidan tanto de conservar la población actual como de atraer a los jóvenes (cualificados/preparados) que se han ido en busca de mejores horizontes. La mortalidad ya supera a la natalidad, lo mismo que los parados/inactivos a los trabajadores/activos, y por encima los mejor preparados se van. Entonces, Pablo, ante la progresiva despoblación de Hispania, sólo cabe centrarse en estos objetivos: favorecer la natalidad, procurar que los jóvenes no se vayan y atraer a los trabajadores que ya se han ido, mediante las medidas económicas y sociales pertinentes. Bueno, cabría una segunda opción, pero mucho más drástica: abrir las puertas y dejarse invadir… a ser posible por mentes mejor pensantes.

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  2. Las políticas que se han hecho en España en los al menos últimos treinta años han sido cortoplacistas, demagógicas o interesadas (para el partido que las practicase y su red clientelar), lo cual excluye verdaderas políticas de impulso demográfico, que inevitablemente deberían incluir cosas tan espinosas y/o poco vistosas como una protección laboral de las mujeres embarazadas, una verdadera conciliación de la vida laboral y familiar, unas sustanciales ayudas por hijo, unas buenas ayudas familiares, un enfriamiento de los precios de la vivienda... Esas cosas no molan: mira las sandeces demagógicas a las que se dedicó Zapatero o los hachazos neocapitalistas a que se está dedicando el PP. En los años 60 y principios de los 70, fue fam a que Suecia se acercaba al crecimiento demográfico cero; conscientes del peligro que esto suponía, los suecos adoptaron políticas que invirtieron esta tendencia. No sé si en España somos capaces de tamaña responsabilidad política y ciudadana.

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    1. Suecia logró aumentar la natalidad sin disminuir el derecho de la mujer al trabajo.
      http://elpais.com/diario/1988/11/22/sociedad/596156411_850215.html
      Nosotros no fuimos capaces de hace algo semejante en la época de bonanza. Y ahora, en esta crisis de largo túnel, me temo que habrá que aplicar otras medidas, siguiendo aquello de "a grandes males..."

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  3. ¿No fuimos capaces o ni nos lo planteamos? Quienes mandaban estaban muy atentos a recalificaciones y demás. Ha llovido mucho... barro.

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  4. Es muy triste todo esto pero muy comprensible. Hay que echarle muchas narices a esto de tener niños hoy en día conforme está el panorama: te independizas muy cerca de las 40 primaveras y con un presente y un futuro bastante turbios.

    A mí misma, la jornada reducida me costó el puesto de trabajo. La elección era: trabajo o niños. Y es que nos comparamos mucho con países de nuestro entorno que en el fondo no tienen nada que ver con nuestro modo de ver, sentir y actuar. Porque digo yo ¿alguien se ha parado a pensar qué mentalidad tenemos los españoles y particularmente los empresarios españoles? ¿Tenemos conciencia de pueblo, de sociedad unida, de futuro? Pues eso. Así andamos: extinguiéndonos.

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  5. Sí que es verdad que las políticas y medidas en favor de todos y del futuro de todos se notan poco, aunque seguro que se hacen más de lo que vemos, si no, estaríamos peor de lo que estamos. De todos modos, el sectarismo y los intereses de grupo están contaminando demasiado la vida política española (mira las políticas privatizadoras del PP) y seguro que esto está perjudicando a las políticas de natalidad.

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  6. Mi marido y yo pertenecemos a esa generación que tenía veintitantos en los años 90. La mayoría de nuestras amistades, primos, etc. tienen entre 35 y 45 años. Apenas hay gente que tenga críos. La mayoría estamos muy ocupados intentando conseguir un trabajo estable. Muchos estamos en el paro a pesar de tener formación más que suficiente (dos licenciaturas, licenciatura+máster, FPII+diplomatura, etc.) y jamás hemos tenido un empleo con perspectiva a más de un año vista. Algunos han opositado y aguantado años de listas de sustituciones e interinajes para hacer puntos y luego volver a opositar y conseguir la plaza. Son los únicos que mal que bien salen adelante, porque tienen un empleo fijo aunque el sueldo sea escaso (licenciado con plaza de auxiliar administrativo). Que conste que no tengo nada contra los funcionarios, en mi familia hay muchos y sé que lo de vivir del cuento es una leyenda negra sin fundamento. No obstante, el problema radica en que el número de plazas de empleo público es bastante menor al de desempleados/gente con trabajos precarios, es decir, alguien habrá de vivir de su trabajo en la empresa privada y esto, a día de hoy, parece una utopía entre nuestros conocidos. Obviamente, esto no es un dato estadístico ni objetivo, pero somos unos cuantos que llevamos ahorrando y estrechándonos el cinturón desde siempre (no cine, no teatro, no restaurantes, no comprar libros ni nada que sea comida o ropa de repuesto) y no nos podemos permitir tener hijos. Y en casa ya hemos cumplido los 40...

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    1. Aurora, estás pintando cabalmente un retrato real del modelo teórico que yo he descrito en el artículo. Yo nací en 1957 y me compré mi primer piso en 1981. Era una birria de ¡19 metros cuadrados!, sí, pero estaba en pleno centro de Madrid y tenía de todo y me costó 500.000 pesetas, es decir, 50.000 pesetas más que mi sueldo de un año de entonces, que, aclaro, era de los muy birriosos, justamente el SMI. Diez años después, ¿qué persona se compraba un piso, aunque fuera una mierda, con esas equivalencias? Nadie. Y, para ciertos sectores, particularmente, los culturales, las opciones de trabajo ya eran peores, si bien en otros, salvos en periodos de crisis, había muchas y con sueldos a veces demenciales. Ya a los que estabais en torno a la treintena por los 90, las cosas se os habían puesto difíciles, sobre todo, por la vivienda, pero es que después han ido empeorando y ahora, mira lo que hay, incluso para gente que anda por los 40 o más, porque se han unido la precariedad general de los empleos y los sueldos insultantes, que están como están: la crisis está machacando a la gente de 40 para abajo particularmente, y lo peor es que las perspectivas son muy negras. Afecta a todo, no solo a la natalidad. ¿Cuál es la solución? No sé cuál será, pero seguro que no es fácil ni versallesca. Nos están jodiendo la vida una élite de ladrones.

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  7. Mira Pablo: ahora nacen pocos niños, pero lloran con motivo...

    http://partedeconfirmacion.blogspot.com.es/2014/07/el-apgar-cotiza-al-alza.html

    Y no llores con el chiste, ríe que es bueno para las coronarias.

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  8. A lo ejor también nos tendrían que aplicar el Apgar a los adultos.

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    1. Con el test seguro que en Hispania se detectaría una alto porcentaje de pálidos/apáticos, bradicárdicos/lentos, hiporrefléxicos/atontados, hipotónicos/pusilánimes e hipopneicos/boquiabiertos. O sea, que no reaccionan de ninguna manera, aunque les den por todas partes.

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