domingo, 8 de junio de 2014

Cacao español

   Hace un par de años, salió publicada en este blog y en "El País" una reflexión mía en la que me preguntaba si los monarcas, como seres humanos que son, no deberían ejercer el derecho a jubilarse. A la vista de esta capacidad de anticipación de los acontecimientos históricos, espero, hombres de poca fe, que en adelante prestéis más atención a las previsiones de vuestro amigo el guachimán. Echando una ojeada a la situación española  de los últimos años, aparece como un monumental cacao, cacao que se ha ido incrementando desde las elecciones europeas y que es previsible que se agudizará a medida que se acerquen las locales y generales de 2015, de las cuales solo Dios sabe cuáles serán los resultados y los resultados de los resultados, que tal vez acaben siendo lo realmente importante. Las perspectivas que se abren hoy en día son tan inciertas que deberían preocupar y es esta la razón fundamental que, a mi juicio, ha motivado la abdicación de Juan Carlos I. Aquí puede pasar cualquier cosa, aunque algunos estén empeñados en no querer enterarse, y la Casa Real, dando una vez más muestras de que no participa de la ceguera, frivolidad y ensimismamiento de la clase política, parece haberse dado cuenta de que la situación es seria y de que entre esas cosas que podrían pasar hay algunas muy graves, por lo que ha decidido anticiparse y adoptar las medidas oportunas para afrontar esa deriva en la posición más sólida posible.
   Harían falta muchas páginas para describir ese cacao, que, por lo demás, cualquiera puede percibir, a poco atento que esté a las cosas, de manera que me limitaré a presentaros algunas pinceladas que considero significativas tal y como yo lo veo. Si me dejo guiar por las estadísticas, seguramente no obtendré la verdad absoluta, pero sí una herramienta que me va a ayudar mucho a construir este artículo. Según los datos de la última encuesta del CIS conocida, la mayor preocupación de los españoles sigue siendo el paro, que inquieta a un 80'6% de los ciudadanos, mientras que la tercera es la situación económica, con un 28'6%. Si tenemos en cuenta los datos de la EPA del pasado abril, que arroja un porcentaje del 25'93% de desempleados y una cifra de 5.933.300 parados, me parece que poco más hay que decir (no obstante, pulsad el enlace y mirad las cifras en detalle, que también tienen lo suyo): la economía española está alarmantemente mal, con las terribles consecuencias sociales de todos conocidas que esto acarrea. Frente a ello, los mensajes del Gobierno, el PP y sus aliados económicos transmiten a veces un optimismo excesivo y demagógico, más destinado a tapar la realidad que a infundir ánimos, como pretenden hacernos creer. El PP sabe que este es un tremendo nubarrón que se cierne sobre su continuidad en el poder, por eso trata de ocultarlo como sea. Por otra parte, un reciente informe nos desvela que el fraude fiscal anual alcanza los 40.000 millones de euros y que hay 144.000 millones de euros españoles en paraísos fiscales, y no desdeñemos lo relativo al fraude a la Seguridad Social. Tenemos, pues, un importante cacao económico, que se agrava por el hecho de que el Gobierno y los grandes poderes económicos (entre los que no me olvido de la banca) están dispuestos a dejarlo caer exclusivamente sobre las espaldas de los ciudadanos. ¿Cómo piensan resolver esto?
   Volviendo a la encuesta del CIS, refleja que un 36'2 % de los ciudadanos están preocupados por la corrupción, cosa lógica y en la que sería ya cansino insistir, pero es que no puede dejar de preocupar por varias razones muy graves: está muy extendida, afecta a demasiados partidos y sectores (empezando por el propio partido gobernante), la respuesta de los afectados es de una alarmante indiferencia (casos como Gürtel, Bárcenas o los ERE deberían haber producido auténticos cataclismos en las formaciones afectadas, pero aquí  no pasa nada) y hay una inquietante sensación de que el final va a ser la impunidad: ¿qué va a pasar con Fabra? ¿Qué va a pasar con Blasco? ¿Por qué el fiscal no ha recurrido la vergonzosa sentencia de Caixa Penedés? ¿Por qué Blesa está en la calle y Elpidio Silva en la picota? ¿Es que aquí la casta político-económica tiene impunidad y puede hacer lo que quiera, que no va a pisar la cárcel? Perdón por haber usado la palabra casta, que ahora parece que es cosa de populistas. Está claro que tenemos un importante cacao de corrupción, que a su vez está implicando un cacao en la justicia, la cual, con ejemplos como los que cito, no puede aspirar a la confianza de los ciudadanos. Todo esto es gravísimo, por la corrupción en sí, porque no se resuelve y porque no hay democracia sin una justicia eficaz y creíble. ¿Cómo vamos a resolver esto?  
   La encuesta señala también que los políticos preocupan a un 25'6% de los ciudadanos, cosa también lógica solo por lo visto hasta aquí. Sin duda, el mayor cacao que tenemos ahora es el cacao político. ¿Dónde va un país gobernado por un partido afectado por una sospecha más que seria de financiación irregular? En las recientes elecciones europeas, el PP ha perdido, en comparación con las elecciones generales de 2011, 6.756.330 votos, mientras que el PSOE ha perdido 3.377.556, pero que nadie se engañe, porque partía de unos resultados miserables. ¿Dónde va el país con los dos partidos hegemónicos desprestigiados por su ineptitud y la corrupción y sometidos a un descalabro de votos? ¿Caminamos hacia un cambio de régimen? ¿Hacia un balance de fuerzas diametralmente opuesto a lo que hemos tenido hasta ahora y que nos ha traído a esta ruina? La irrupción de Podemos, con sus 1.245.948 votos, ha puesto muy nerviosas a todas las fuerzas asentadas, desde UPyD hasta el PP, porque, ciertamente, su comienzo ha sido espectacular y, de confirmarse la progresión, podría literalmente cargarse el bipartidismo; podría ser un factor que impulsase (entre otros) una nueva transición hacia... ¿qué? Desde luego, si fuese hacia lo que se puede leer en su programa, sería hacia algo muy distinto de esto que tenemos ahora, de ahí el nerviosismo en el statu quo, pero conviene no anticiparse, entre otras cosas, porque, de cara a unas generales, tal vez ese programa a Podemos no le haga crecer, sino al contrario, ya que lo que tenemos ahora no es todo malo, ni mucho menos. Tendremos que seguir con atención a este partido, aunque solo sea por el hecho de haber sacado de sus casillas a los responsables de los mayores males que nos aquejan hoy. Está luego el cacao del PSOE: ¿en qué acabará el proceso en que ha entrado este importantísimo partido? ¿Seguirá hundido en el zapaterismo? ¿Seguirá cautivo del PSC? ¿Seguirá en manos de los políticos de aparato? ¿Se empecinará en huidas hacia delante como esa del federalismo? Porque otro buen grano de este cacao es el delirio nacionalista, del que también he hablado ya mucho aquí. ¿Qué os parece la última de Francesc Homs, esa grosería del negocio familiar, más aún cuando él tiene un partido lleno de corruptos? Y el público le rió la gracia; a mí, por el contrario, hace tiempo que me preocupan las payasadas de este pirómano imbécil. ¿Quién puede haber hecho portavoz de un gobierno a semejante bufón, que más que voces porta rebuznos? ¡Ah, claro!, ha sido Artur Mas, que finalmente dice que acudirá a la coronación por respeto institucional, parece ser que hasta ahora no se había enterado de que él es un cargo institucional, y no un perroflauta. Así se explica, menos mal que en Cataluña empiezan a organizarse las voces que están claramente en contra de sus delirios, me estoy refiriendo a la plataforma Societat Civil Catalana, y esperemos que cojan fuerza, porque el excluyente proyecto de los catalanistas ha reavivado el siniestro y luctuoso indepedentismo vasco; hoy se ha formado una cadena en la que, por cierto, había gente de CCOO y del PSOE: lo dicho, cacao político, por no hablar del cacao mental de algunos, que también cuenta, y lo dejo aquí, que ya me estoy alargando mucho.
   Esta es, en fin, una breve sinopsis del cacao español que se encuentra Felipe de Borbón tras la abdicación de su padre, con lo que se ha añadido el cacao monarquía / república. A raíz del anuncio de Juan Carlos, el debate ha saltado a los medios de comunicación, a las conversaciones particulares, a los foros políticos y a las calles, en muchas de las cuales se han producido manifestaciones pidiendo un referéndum por la forma de estado. Respeto el derecho a ser republicano y a pedir estas consultas, pero creo sinceramente que ese referéndum ni es necesario ni es oportuno, por no hablar del hecho de que, seguramente, los republicanos estarían promoviendo un referéndum para que se lo ganasen los monárquicos. Y todo eso... ¿para qué? El país tiene hoy retos y problemas mucho más urgentes que resolver, creo haber mencionado algunos de los más importantes, recalco: solo algunos. Por el contrario, ¿puede alguien sostener que todos esos males son culpa de la monarquía? Difícilmente; lo más que se ha señalado en los análisis de estos días es que el rey, después de haber sido clave para la implantación de un régimen que mejoró sensiblemente el país, en los últimos años ha estado dormido ante todo lo que sucedía. Algunos podrán hablar de Urdangarín o del elefante de Botswana, pero hasta estos casos, en parte, hablan en favor de la corona, porque ¿qué partido ha tratado a sus corruptos como el rey ha tratado a Urdangarín?  ¿Y quién en la política española, donde se han hecho cosas mucho peores, ha pedido perdón como hizo Juan Carlos por el asunto de la cacería? E insisto en algo ya dicho: cuando la situación lo ha requerido, ha abdicado: ¿cuántos han sido los políticos españoles que se han aferrado obcecadamente al puesto? La conclusión es, una vez más, favorable a la institución monarquica, que ha tenido conductas de las que algunos políticos (que son los verdaderos gobernantes y los verdaderos responsables de males como la corrupción o la crisis) deberían haber tomado ejemplo.
   Así pues, pienso que el debate en torno a la monarquía no tiene sentido en la actualidad; no digo que sea maravillosa, pero ha funcionado razonablemente y, en ocasiones, muy bien. De todos modos, Felipe VI no podrá dormirse, porque su situación no será la de un rey consolidado. En el momento actual, todos esos problemas de los que he hablado están sin resolver y millones de ciudadanos estamos pendientes para ver en qué quedan. Las elecciones de 2015 van a ser importantísimas y de ellas podría salir una nueva transición, término que ya empieza a no ser extraño; a Felipe VI podría tocarle un papel muy parecido al que en los años 70 le tocó a su padre: el de ser el conductor de un proceso que nos sacase de una situación muy indeseada hacia otra que generase ilusión y en la que el país mejorase realmente. Después de 2015, tendremos que saber, por ejemplo, si el futuro laboral de los españoles va a estar amenazado por las leyes del PP; si los derechos que se nos han quitado se nos van a devolver; si los corruptos pagarán por sus delitos; si la justicia va a ser igual para todos; si esto va a parecerse en un estado de bienestar; si salimos de este pozo de paro; si cuatro iluminados ambiciosos hacen trozos España o no; si los banqueros van a seguir mangoneando en nuestras vidas y van a seguir siendo intocables; si el territorio nacional va a seguir siendo ante todo potenciales solares para que se forren con un neoladrillazo unos chorizos muy bien organizados; si se implanta la dación en pago; si se hace una ley electoral equilibrada; si va a existir alguna casta de impunes...
   Naturalmente, Felipe VI será Felipe VI, no Ricardo Corazón de León, por lo que esas cosas no las va a tener que hacer él solito, ni mucho menos, tendremos que apencar todos (también la falta de compromiso de los españoles ha tenido su cuota de culpa en lo que está pasando), pero a él le va a tocar un papel esencial y complicado (huelga decir que lo sabe): el de hacer de guía. Yo pienso, repito, que quizás estemos en puertas de un periodo muy parecido a aquellos años 70, y ojalá sea así, porque fueron ilusionantes y fértiles. En caso contrario, en caso de que después de las elecciones de 2015 esto siga instalado en la inaceptable situación de hoy y de que en lugar de ilusión aquí se genere frustración, entonces sí que pienso que la monarquía podría empezar a peligrar, porque ya sería muy difícil de aceptar que, en el paquete de corrupción, paro, injusticia, pérdida de derechos, empobrecimiento o ataques a lo público que estamos padeciendo, viniera también un monarca que no trajera nada nuevo ni nada bueno; la gente podría ya preguntarse con razón: ¿para esto queremos un rey?
  
   

8 comentarios:

  1. Magnífica radiografía, señor Guachimán, de la situación actual de esta piel de toro llena de pulgas. Ha dado en el clavo, no sólo en el análisis, sino también en el diagnóstico, en las perspectivas y en las recetas. Debería usted haber sido médico o algo parecido. Enhorabuena y un saludo.

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  2. Gracias, Manuel. Suerte para la salud del mundo que no me he metido a médico, de todos modos, y me he quedado en los diagnósticos políticos. Un abrazo.

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  3. Aunque soy de los que se sentiría más cómodo sin monarquía, no puedo dejar de admitir que, como muy bien has expuesto, no es (o no debería ser) el asunto a resolver ahora mismo. Yo al debate sí le veo sentido. Lo que no le veo es urgencia.

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    1. Es lo que pienso, Alberto. Ahora bien, como digo en el artículo, Felipe tiene que empezar ya a actuar y para después de las elecciones tiene que estar muy claro si está dispuesto a convivir con la cloaca o a limpiarla a fondo, porque, a partir de ese momento, sí que puede empezar a ser serio el debate sobre la forma de estado si él no ofrece una propuesta aceptable. A mí me da la impresión de que no piensa quedarse de brazos cruzados, ya veremos.

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  4. ¿Qué hace un republicano como tú, Pablo, en una monarquía como ésta? ;)

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    1. Pepe, te digo algo complementario a lo que le digo a Alberto: si la monarquía va a estar obligada a presentar una oferta que interese y enganche, a los partidarios de la república les va a pasar lo mismo: ¿qué república proponen, qué grupos y qué personas la avalan? Y ellos lo van a tener más difícil, porque su opción sería presentar algo para quitar lo que ya hay. Si no hay una propuesta seria, fiorme y muy respaldada, sencillamente, lo que va a pasar es que no va a haber no ya referéndum, sino ni siquiera un debate que pase de las tertulias de los medios.

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  5. ¡¡Uff!! Desde luego la situación además de complicada a mí me resulta interesantísima; creo que estamos en un período histórico de lo más convulso (no solo en España) y veremos por dónde somos capaces de salir (si es que somos capaces) o si nos enredamos más. Yo pienso como Alberto, la verdad. Además, me gustaría saber a qué tanta encuesta para saber lo que nos preocupa a los ciudadanos, porque por el caso que hacen y el empeño que ponen en aliviarnos, parece que a la vista de los resultados nuestros señores políticos piensen: "Ah, vale, pues muy bien, cuánto lo siento", fin de la cita, o algo así. Y desde luego pedir república como quien pide un helado, no vale; vale pensar, dialogar, diseñar y después ver si sale algo serio y en condiciones que presentar, si no...

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    1. Desde luego, hay que implicarse, Vega: ir a manifestaciones, participar en foros y campañaz, afiliarse a partidos incluso, lo que sea. El mejor ejemplo de esto es Podemos, que, aparte de la ventaja de tener un líder que salía mucho en la televisión, ha contado con unas bases sociales bastante numerosas y muy activas, las cuales, por cierto, es posible que se estén empezando a agitar, como podéis leer aquí: http://politica.elpais.com/politica/2014/06/09/actualidad/1402295920_514605.html
      Enb cuanto a lo de las encuestas, supongo que serán como siempre: interesadas.

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