viernes, 2 de octubre de 2009

La prueba de contraste

Hoy aparece en los medios una nueva noticia acerca de José Moreno, un personaje al que juzgo capital para valorar lo que ha pasado en nuestro país en la economía y en la ética política de los últimos 27 años, más o menos, los que lleva la vida de todos los españoles siendo terriblemente condicionada por el abusivo precio de la vivienda. Ni mis conocimientos ni el espacio de un post dan para analizar este asunto en profundidad, pero sé que todos sabéis muy bien cómo este capítulo económico ha pesado y pesa decisivamente en cuestiones tan capitales como el tener hijos, independizarse o embarcarse en proyectos; cómo ha influido en que hablemos de una o dos generaciones de personas que han alargado anormalmente la etapa de la alegre juventud, que, anormalmente alargada, se hace poco a poco menos alegre; cómo ha llegado incluso a envenenar asuntos tan íntimos como el de la separación matrimonial, el cual, a la hora de descender al ineludible y mezquino terreno práctico, con demasiada frecuencia, ha desembocado en la semirruina para aquel de los cónyuges que se veía obligado a abandonar el hogar común. Y ahora, en un rizar el rizo que hace un par de años ni siquiera hubiéramos sospechado, está determinando también que algunos de esos esclavos de hipotecas desmesuradas en que nos hemos convertido gran parte de los españoles se vean literalmente lanzados a la bancarrota y a la calle, al descender drásticamente su poder adquisitivo por culpa de la crisis. Por supuesto, esta tenebrosa moneda ha tenido un reverso resplandeciente: el de los constructores, promotores, especuladores, bancos, intermediarios, ayuntamientos, partidos, políticos corruptos y demás fauna carroñera que ha sustentado su época no ya de oro, sino de platino y diamantes, en los yacimientos situados en las espaldas de todo un país de paganos. ¡Qué yates, qué lujos, qué mansiones, qué vidorras, qué encumbramientos de patanes chorizos y sin escrúpulos, sacado todo del sacrificio diario de millones de personas decentes! De esa sima de mangoneo, ha salido el que nuestra crisis sea la más galopante de Europa: y ahora, ¿qué?; ahora, ¿quién paga?; ahora todos esos, ¿de qué responden, cuál es su contribución al arreglo del problema?
Y aquí es donde entra José Moreno, al que también se conoce como El pocero bueno y El pocero de Fuenlabrada. El motivo por el que vuelve a los titulares es que ha decidido, mediante convenio, contratar a parados para que trabajen en las promociones de vivienda que tiene en marcha. Sería largo entrar en el perfil personal de este empresario, pero todos los que queráis profundizar podéis hacerlo en Internet, y os lo recomiendo, porque ahí veréis, entre otras cosas interesantes, que las razones de lo que paso a contaros sucintamente responden a un compromiso personal de encomiables presupuestos éticos. Como él mismo dice en una entrevista que se le hizo en 2007 en el 20 minutos, las cosas que hace son su forma de cambiar el mundo. Ahí van los datos:
En el año 2007, Moreno puso en marcha una promoción de pisos de unas dimensiones que oscilaban entre los 84 y los 107 metros cuadrados. Se podían obtener pisos de tres habitaciones por 84.000 euros. En esa época, os lo aseguro, el mercado estaba de tal modo que, en cierto barrio extremo de Madrid, te pedían 200.000 euros por un agujero de apenas 45 metros cuadrados. Por suspuesto, la promoción de Moreno registró una saturación de solicitudes. No sé si de esa o de otra promoción, Moreno asegura en una entrevista: "Con lo que nos dieron, se pueden hacer piscinas, zonas para niños... con una media de 14 millones" (84.000 euros, porque nuestro personaje es de esos a los que no se les quita la costumbre de calcular en pesetas). Ítem más: en enero de 2009, lanza una promoción de chalés con 120 metros cuadrados útiles, más 80 de terreno exterior. ¿Precio? Se agarren, oigan: 155.000 euros (unos 26 millones de pesetas). En mi pueblo se vendían entonces chalés de menos espacio por entre 480.000 y 600.000 euros. Y por aquel entonces, cierta promoción de vivienda ¡protegida! en Tres Cantos (mi pueblo) cobraba 150.000 liebros por unos pisos de, como mucho, 65 metros cuadrados. ¿Creerán que este señor es un romántico que vive del aire? Pues el caso es que él mismo nos informa de que, en una promoción de 402 pisos, su ganancia fue del 3'6%, lo que en términos absolutos representó 500.000 euros (80 millones de pesetas), lo que tampoco está mal y no le reprocho: tiene todo el derecho del mundo a beneficiarse de sus negocios y su trabajo.
Naturalmente, a la vista de que este constructor-promotor ha sacado adelante las promociones que ha sacado, a eso precios y sin precipitarse en la ruina, no hará falta que explique por qué titulo este artículo con el nombre de La prueba de contraste. Surgen de forma inevitable una serie de preguntas: ¿por qué, si esto era posible, la construcción y la vivienda han alacanzado en España las demenciales cotas a que hemos llegado? ¿Con qué márgenes de beneficio se habrán movido y lucrado el Pocero Pocero, el que todos conocemos como el Pocero, y los que como él no han entrado en el negocio inmobiliario con el talante de Moreno (es decir, todos menos el propio Moreno)? ¿Qué categoría humana y civil podremos atribuirles, a pesar de sus yates y demás signos de relevancia social? ¿Qué podemos pensar de los muchos políticos importantes que frecuentaron el megalómano yate del Pocero Pocero? ¿Qué podemos pensar de los políticos que encajaron a las mil maravillas en el círculo de relaciones económicas que se forraron con el boom inmobiliario? ¿Hicieron todo lo posible por moderar el alza de los precios? ¿O quizás se integraron en esos círculos para goce y beneficio de sí mismos y de sus partidos (desde el nivel municipal hasta el nacional)? ¿Hicieron todo lo posible nuestros partidos y nuestros gobiernos por frenar la corrupción y la especulación ligadas al negocio inmobiliario? ¿Cuándo se dieron cuenta y decidieron no hacer nada? ¿Hubiera sido posible otra política de vivienda? ¿Hubiera sido posible no machacarnos a todos y no meter en una ratonera a esas dos generaciones de las que hablaba al principio? ¿Cuántos están pringados y hasta dónde? La existencia de un personaje como José Moreno hace que todas estas preguntas tengan la respuesta más pesimista: José Moreno es la prueba de contraste. Un par de preguntas más: ahora que el negocio ha reventado, todos ponen cara de arrepentimiento, pero, ¿qué pasará cuando las cosas vuelvan a ir bien? ¿Van a volver a las andadas? Que Dios nos pille confesados.

2 comentarios:

  1. Pues imagínate a los que ya están asfixiados por su hipoteca, derivada del precio abusivo de la vivienda, con la próxima subida impositiva: agua, luz, basura, teléfono, IBI, etc. Tendrán que mantener un gran equilibrio emocional para no cometer ninguna barbaridad. ¿No lo crees así? Y pensar, querido Pablo, que hemos jurado bandera por la gloria de este país…

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  2. Bueno, Pepe, pero a la salida nos quitaron el cetme y los cargadores. Me figuro que fue porque ya sabían que tarde o temprano llegaríamos a contemplar choriceos como los que hemos visto.

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