jueves, 29 de octubre de 2009

Hasta que los 18 nos separen

Acabo de enterarme de la propuesta de Ángel Gabilondo de alargar la obligatoriedad de la enseñanza hasta los dieciocho años, la cual, dicho sea de paso, me da la impresión de que ha sido lanzada bajo la modalidad "globo-sonda", mal asunto, porque ello me hace pensar que, en un momento en el que el propio Gobierno presentó en sociedad la idea de un pacto escolar, él mismo no tiene las ideas muy claras.
Y si son todas como ésta de dejar a los chicos en los centros escolares hasta los dieciocho años por obligación, entiendo que no lo tengan claro. A mí, personalmente, me parece que no sería muy beneficiosa, pero me voy a explicar. En primer lugar, está claro que hoy en día a nadie se le presentan dificultades para continuar en el sistema educativo hasta los 18 años, con lo que en realidad esta medida ya está instaurada de facto, pues, a esa edad, el que no sigue aún en la ESO repitiendo cursos (que los hay), está en la FP, en el bachillerato o haciendo un programa de cualificación (antes Garantía Social), con lo que concluimos que el que no continúa escolarizado no es porque no puede, sino porque no quiere y, de hecho, son muchísimos los que se quedan. ¿Qué se ganaría, entonces, con hacer obligatoria la permanencia en los centros hasta los 18? En primer lugar, me figuro que Gabilondo habrá pensado que esto conllevaría automáticamente que la edad mínima laboral también debería situarse en ese límite, pues, de lo contrario, tendríamos ahí una colisión legal que yo no entiendo, pero además, hecho este inciso, creo que hay que tomarse muy en serio el asunto de las personas que no quieren estar en los centros educativos: ¿cómo serían tratadas? ¿Cuál sería la oferta escolar de una educación hasta los 18? Desde luego, como profesor en activo, yo ya afirmo que la actual no vale: si con el sistema LOE no hay respuestas muy válidas para los objetores escolares de 15 y 16 años, no quiero ni pensar lo que sería con muchachos de 17 y 18 encerrados en los institutos por la fuerza de la ley. Estudiemos bien el asunto antes de poner en marcha un disparate más, miremos lo que la sociedad demanda a los centros, aumentemos la inversión y la diversidad de la oferta: cambiemos radicalmente un sistema que, de todos modos, habría que cambiar, porque está demostrado que ha sido un fracaso. Y, en cuanto a este plan de hoy (cuál será el de mañana?), mucho ojo: sería una aberración encerrar a los alumnos en los centros hasta los 18 sin ser capaces de darles lo que necesitan y quieren.

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