viernes, 5 de diciembre de 2014

No entiendo al PSOE

PASATIEMPOS
   ¿Serías capaz de encontrar alguna diferencia entre estos dos políticos absolutamente iguales? El guachimán tampoco, así que no te molestes en ir a mirar las soluciones.
    El pasado mes de octubre, se publicó un estudio del CIS que daba algunos datos interesantes, entre los que se destacó el de la estimación de voto: 22'5% para Podemos, 23'9% para el PSOE y 27'5% para el PP. En lo referido al voto directo, el reparto quedaba así: 17'6 para Podemos, 14'3 para el PSOE y 11'3 para el PP. Ejerciendo como es habitual mi derecho a equivocarme, considero que estos datos a quien sin duda deberían haber preocupado más es al PSOE. Por lo que se refiere al PP, a pesar del desgaste de gobernar, de la corrupción y de los errores y abusos de grueso calibre que ha cometido, aunque pierde mucho, no puede en absoluto decirse que quede mal parado en el cotejo con su rival directo y aspirante (supuesto) a gobernar: el PSOE. En cuanto a Podemos, poco que comentar: sigue en esa estela de ascenso, tan sorprendente en una fuerza neonata. En cambio, el PSOE, después del serio revés de las últimas generales y a pesar de estar en la oposición, sigue en unas perspectivas estadísticas bastante penosas. En circunstancias normales, debería estar creciendo, debería estar recogiendo los frutos del desgaste del partido gobernante, y sin embargo lo único que recoge son las cáscaras hueras de su propio fracaso, del que parece incapaz de despegar.
   Si yo fuera del PSOE, estaría algo más que inquieto, porque no solo son las encuestas (que, al fin y al cabo, no son infalibles), sino que son también cosas quizás más significativas, como los juicios poco entusiastas que suscita en ciudadanos y observadores políticos, la sensación de falta de empuje, de unidad y de confianza que transmite y, sobre todo, lo poco convincentes que son algunos de los mensajes que manifiesta en asuntos que son esenciales en un partido del que se espera que esté dispuesto a gobernar la nación y a hacerlo sin maltratar a la ciudadanía del modo en que lo está haciendo el PP. 
   Me centraré solo en algunas cosas. En primer lugar, está el asunto de la corrupción. Dadas la gravedad de este problema, la cantidad de casos que involucran al PSOE y la envergadura de algunos de ellos, este partido, para recuperar algo de la credibilidad perdida, debería haberlo afrontado con contundencia, poniendo sobre el tapete medidas claras como reformas en la ley electoral y en la de partidos encaminadas a proteger la limpieza, y procediendo a una auténtica depuración de elementos corruptos. Después de lo que ha habido y del naufragio del zapaterismo, el PSOE debería haber procedido a algo parecido a una refundación: ¿ha hecho algo que se le parezca? ¿Recuerda alguien una propuesta del PSOE que vaya de forma clara y directa contra la corrupción?  No extraña que esté tan acomplejado y agresivo con Podemos, que, por este flanco, le puede sacar muchos votos. 
   Está después la falta de claridad en los mensajes sobre política económica. Hace unos días, Pedro Sánchez habló de revisar el Estatuto de los Trabajadores para amoldarlo al siglo XXI, pero ¿en qué sentido? Lo único que dijo es que ya tiene a un equipo trabajando en ello, pero importa mucho saber qué entiende el PSOE por amoldar las leyes laborales al siglo XXI, habida cuenta de que esas palabras Sánchez las pronunció en el foro de un diario económico, Cinco Días, acompañadas de cosas como un rechazo inequívoco a la jornada de 35 horas y una firme apuesta por mantener la jubilación hasta los 67 años. Muy poco social parece eso, muy poco tranquilizador en alguien que se dice socialista. Lo de las 35 horas, a la vista del horizonte laboral que se adivina, merecería como mínimo ser tenido en cuenta y lo de la jubilación a los 67, fue, sencillamente, una de las más patéticas capitulaciones de Rodríguez Zapatero en sus desastrosas medidas de 2010, que estaban claramente destinadas más a contentar a Merkel y al gran capital que a buscar ningún alivio económico: es y era insostenible que, en un país con un paro galopante, pueda ser beneficioso alargar la edad de jubilación. Y más aún: resulta ahora que en la propia Alemania se está dando marcha atrás en esa política. ¿Ese va a ser el rumbo social del PSOE, empecinarse en lo más antisocial que hizo Zapatero? Así sí que van a mejorar en las encuestas... y en las elecciones.
   Está por último el asunto de la organización territorial, otro de los patinazos que ocasionaron el cataclismo del PSOE en la era de Zapatero. Uno de los grandes problemas que afrontamos en la actualidad es la provocación independentista, un asunto muy serio que no admite frivolidades ni ambigüedades. Sabemos muy bien lo que quieren Mas, Junqueras o la ANC; sabemos muy bien lo que quieren Ciutadans, el PP o Societat Civil Catalana. Rajoy dijo hace unos días: "Nunca tendréis que elegir entre ser catalanes o ser españoles". Eso es claro y a mí me suena muy bien, ante palabras así, no puede decirse que el Gobierno no tenga propuestas: las tiene, aunque a algunos no les gusten. ¿Qué ofrece el PSOE? Un torpe alineamiento con los que claman por el diálogo con los maximalistas del 9-N, un empantanamiento en su extraño maridaje con el PSC (¿de dónde se han sacado a Iceta? ¿A dónde piensan llegar con alguien así?) y ese empeño en la reforma de la Constitución, pero sin poner sobre la mesa un plan claro y detallado que concrete lo que quiere cambiar: eso es pura superficialidad, pecado ya viejo del PSOE en este asunto que le va a granjear muchos votos a opciones como el PP, Ciudadanos o UPyD.
   Han pasado ya tres años desde 2011, tenemos ahí mismo un año con dos procesos electorales y el PSOE continúa en tinieblas. Debió hacer una seria autocrítica y una profunda remodelación a partir del 21 de noviembre de 2011, y sin embargo ahí está: ha tirado por la borda tres años. Es el mismo PSOE hundido que dejó Zapatero, resulta incomprensible esa inmovilidad suicida.

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