miércoles, 13 de julio de 2011

Hoy voy a nadar contra corriente

   Leo en la prensa la noticia del nuevo enfrentamiento que en escasos días se ha producido entre los vecinos de Lavapiés y unidades policiales. El anterior se produjo cuando un senegalés llamado Aboulay Seyk empezó por colarse en el metro, continuó por dejarse pillar y acabó montando un pollo, con lo que los empleados del metro llamaron a la policía, que detuvo a Aboulay y descubrió entonces que no tenía papeles. Aquí fue cuando se desató el primer Fuenteovejuna de estos días, con la intervención, según dicen, de una multitud compuesta por vecinos y miembros del 15-M que acorraló a la policía y consiguió, al menos en principio, la liberación de Aboulay. El de ayer, si hemos de creer a "un testigo de aspecto subsahariano, Matar" (palabras textuales de "El País", que supongo que un día no explicará qué es eso del aspecto subsahariano), empezó cuando la policía intentó sacar de la plaza a un grupo de africanos, los cuales, mediante mensajes de móviles, atrajeron hacia el lugar a sus amigos y aquello acabó con una concentración de 200 personas acorralando a la policía, lanzando piedras y objetos y gritando cosas como "racistas", "Fuera del barrio" y "Lavapiés no quiere redadas". A pesar del incidente, la policía consiguió su objetivo: detener a uno de los jóvenes del grupo, un senegalés de 26 años al que se perseguía por tráfico de drogas y que ya tenía antecendentes. Por si la ópera -que parece más bien una zarzuela- era poco bufa, por ahi ha aparecido estos días el ínclito don Francisco Granados, secretario general del PP de Madrid, que ha demostrado al mundo sus excelentes dotes de analista político cuando ha interpretado estos incidentes como la demostración de no sé qué conspiraciones que ya están calentitas en el horno para cuando gobierne Rajoy. ¡Mira que si Rajoy no llega a gobernar nunca y se echan a perder las conspiraciones! 
   Queridísimos amigos, en mi condición de guachimán, declaro que:
   -Lo de Aboulay Seyk empezó como una infracción menor, pero él mismo la fue complicando y al final resultó que estaba aquí de manera ilegal, luego la policía no hizo más que cumplir con su deber.
   -Detener a un individuo con antecedentes por tráfico de droga es un acto de defensa de la salud pública digno de todo elogio, aun teniendo el detenido origen senegalés y presumible aspecto subsahariano.
   -Obstruir la acción de la justicia en esta segunda detención fue, además de un delito y por encima de ello, una solemne estupidez. Quienes participaron en ese altercado fueron manipulados como peleles por los avispados que habían convocado por móvil a sus amiguetes. 
   -Hay que tener cuidado con el calificativo de "racista", que a veces se utiliza con fines inconfesables.
   -Hay que tener cuidado con montar algaradas a la más mínima y convertir los barrios en festivas repúblicas libertarias, porque el río revuelto suele acabar degradando la vida de los barrios: preguntadles a los vecinos de Malasaña qué pasó en el suyo a raíz de las alegrías de finales de los setenta.
   -Conviene que tengamos las cabezas en su sitio: el 15-M ha sido solo una sana demostración de compromiso e indignación colectivas, aquí nadie puede erigirse en guardián de la justcia ni comité revolucionario.
   
   Dicho queda, a la espera de la correspondiente lluvia de abucheos, pedruscos, objetos varios y gritos de "facha" y "racista". Los asumo, pero que no nos tomen el pelo: un policía que detiene a un negro (¿qué bobada políticamente correcta, paternalista y, en el fondo, racista de verdad es ese eufemismo del "aspecto subsahariano"?) que trafica con droga no es un racista, es un funcionario que está velando por la seguridad de todos. Yo, a esa policía, sí la quiero en mi barrio; a algunos de esos ingenuos que la hostigan abusando de los derechos que nuestra sociedad les concede, los mandaría yo un añito de vacaciones a cualquiera de esos sitios del mundo donde, ausente una policía eficaz y presentes unas policías corruptas que se alían con los traficantes de droga en lugar de perseguirlos, impera la ley de la selva, a ver cuánto tardaban en salir a la calle gritando: "¡Socorro, policía!". 

2 comentarios:

  1. Maximiliano Bernabé Guerrero13 de julio de 2011, 14:00

    No sólo que no te tiro piedras, sino que te aplaudo. Preocupante es la apología del tercermundismo que vivimos, realizada por tanto onegista de ésos que se van de cooperantes con vacaciones pagadas en una versión perversa del colonialismo. Y preocupantes son las directrices emanadas de nuestros políticos que privan a la Policía de su condición de garante del orden público. ¿Gente que acorrala a tíos de uniforme y armados? Quizá sea porque saben que no van a usar, ya no digo la pistola, sino ni siquiera la porra.
    Un abrazo, Pablo, y feliz verano.

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  2. El asunto, Maximiliano, es que lo de jugar a revolucionarios está muy visto y ya no cuela. No me cansaré de decir que movimientos como DRY o el 15-M tienen razones muy poderosas y representan una saludable cpacidad de respuesta de la sociedad civil a tanto mangoneo como hemos visto en la política española, pero este tipo de movimientos siempre tienen que tener cuidado con una serie de parásitos radicales y folklóricos que acostumbran a adherírseles. Estuve en Sol allá por junio y pude ya ver un buen puñado de chiflados, mangantes, alborotadores y demás fauna que se habían metido allí y que daban la imagen de en qué se había convertido aquello: en una feria sin salidas. Hace dos semanas volví y vi lo mismo: junto a una carpa de gente comprometida que se lo curraba y te informaba en serio de propuestas hechas en serio (las compartieses o no), había otra com media docena de tipos sin camiseta, estirándose al sol, con más porquería encima que el vertedero de Valdemingómez y, para colmo (te lo juro), dedicándose a echarles piropos a las chicas monas que pasaban por allí. Esto es real y a nadie con dos dedos de frente se le va a convencer de que eso es una propuesta de lucha contra la opresión: eso es amor al desorden por el desorden, exactamente lo mismo de quienes se dediquen a evitar la detención de traficantes de droga, por mucho que lo hagan persuadidos de que están erradicando la represión y el racismo del mundo, a otro perro con ese hueso. Vamos a hacer las cosas en serio, que no está el horno para bollos.

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