jueves, 21 de julio de 2016

Contra los Sanfermines

   Con todos mis respetos para los pamploneses, habré de decir que lo de los Sanfermines ya es de un color castaño oscuro casi negro, y no precisamente desde la última edición, sino que ya llevamos unos cuantos años asistiendo a una situación un tanto kafkiana. 
   Está, en primer lugar, lo de los encierros. Los festejos con participación inexcusable de chotuno, tales como corridas, encierros, suelta de vaquillas, embolados, toros de fuego..., entrañan una inevitable dosis de peligro y están y han estado siempre en el centro de una polémica entre defensores y detractores, cada bando con su batería de razones. En el actual estado de esta cuestión, si ha recibido duras críticas un espectáculo como el Toro de la Vega, o si son tan denostadas las corridas que hasta hemos visto, por ejemplo, que las prohibían en tan importante región de España como es Cataluña, no me explico de ningún modo cómo los encierros de San Fermín no solo  escapan de estas críticas, sino que incluso parecen gozar de alborozadas simpatías en amplios sectores, hasta entre los "progres", que son por lo general inclinados al antitaurinismo. ¿Es más atávico el espectáculo de la multitud que corre por los campos de Tordesillas detrás de un toro que el de la multitud que corre por las calles de Pamplona delante de una docena? ¿Sí? ¿Por qué? No creo que la muerte del toro de Tordesillas resulte más dramática o incivilizada que las de los muchos corredores que la han encontrado en Pamplona,  o que las decenas de heridas o lesiones de diversa gravedad que cada año arrojan los Sanfermines. Si brutal resulta el acoso vallisoletano, no lo es menos la desbandada pamplonesa o las frecuentes y peligrosas montonadas que a menudo se forman, por no hablar del colosal monumento a la estupidez humana que constituye el tener como diversión el jugarse la vida corriendo un par de minutos delante de una manada de astados y en unas circunstancias que añaden peligro y azares a la carrera. Es insensato "per se", y ya resulta el delirio cuando algunos de los suicidas son "mozos" de cincuenta, cincuenta y cinco y hasta setenta años. Y todo esto es un festejo permitido y celebrado, en el que, si acaso, se han implantado limitaciones como el prohibir que participen menores o borrachos, o unas normas de comportamiento que se imponen a base de contundencia policial o varazos de los pastores, habría que hablar también de esto. 
   Está, en segundo lugar, la bacanal. Los Sanfermines se han convertido en unos festejos sin límites para la diversión y así se perciben ya mundialmente, y aún más, diré, aunque no guste, que esta es la imagen que se ha querido vender, la de escenas con camisetas empapadas en vino, alegre multitud apiñada y -así habrá de reconocerse- alguna otra cosa que al final ha hecho mucho daño, me refiero muy en especial a esas fotos de bellos pechos femeninos asediados por bosques de manos arracimadas a su alrededor. Pero todo este exceso festivo está ya fuera de control, como sabe cualquiera que haya estado en los Sanfermines y haya visto la masificación, el hacinamiento, la suciedad, gente durmiendo en coches... Y luego está esa obligación que muchos se autoimponen de ir borracho las 24 horas del día, cosa muy problemática que trae consecuencias como los comportamientos no siempre adecuados de la gente beoda, los accidentes por andar o meterse en estado de ebriedad en sitios poco aconsejables (esos caídos desde la muralla) o las agresiones sexuales. Vamos con ellas.
   Están, en tercer lugar, las mencionadas agresiones sexuales. Se han convertido ya en el pan nuestro de cada año (podéis buscar en internet, se informa de muchísimos casos) y es cierto que la sociedad, una serie de organizaciones y las autoridades las rechazan y las combaten, pero no es menos cierto que, con respecto a estas últimas, hay bastante cinismo e incongruencia en fomentar que aquello se convierta en una ciudad sin ley y luego establecer planes contra determinados delitos que se disparan precisamente por esa anarquía. Este es un problema realmente grave, porque las agresiones sexuales no son ninguna broma. Personalmente, además, pienso que, entre determinados sectores de la opinión de todo el mundo, los Sanfermines, Pamplona y un poquito también el conjunto de España estamos viendo nuestra imagen deteriorada por este asunto. Echadle un vistazo, por ejemplo, a esta noticia que acabo de leer en "El Confidencial": un beodo intenta propasarse con una turista norteamericana, el novio de la chica le da un puñetazo al beodo y este cae produciéndose graves lesiones: resultado para el novio: cárcel y 150.000 euros de multa. Es verdad que el agresor sufrió graves lesiones, pero también lo es que quien le dio el puñetazo no se lo dio para producírselas, sino para que dejase en paz a su novia, cosa que él había demostrado que no estaba dispuesto a hacer por las buenas. En la mentalidad yanki (y confieso que también en la mía), esta sentencia no es ni razonable ni justa, pues nos deja como un país en el que, si, en una ciudad enloquecida y ebria, ves a un borracho molestando a tu novia, lo mejor que puedes hacer es aguantarte. 
   Están, por último, los medios de comunicación españoles. Le dan una cobertura excesiva a esta fiesta. Particularmente lo de los encierros, no lo entiendo. Los mismos medios que han hecho cosas tan razonables como posicionarse contra el Toro de la Vega o los cavernícolas que celebraron la muerte de Víctor Barrio, se vuelcan todos los días con los encierros, los relatan con pelos y señales, con focalizaciones, con repeticiones, con entrevistas hasta al último mono y con un lenguaje épico y floreado. Son un espectáculo que está muy lejos de merecerse todos esos privilegios, por las razones que he expuesto más arriba. Naturalmente, eso se hace por razones comerciales, porque se sabe que en todo el mundo esas imágenes serán un señuelo que atraiga a más turistas. A mí esta conducta, personalmente, me parece un fraude.
   Todos sabemos que las fiestas nos alegran la vida y que normalmente en ellas se produce algún que otro exceso; todos sabemos que el dinerito que nos aporta el turismo nos viene muy bien aquí en España, pero todos deberíamos saber también que es conveniente tener claros unos límites, y tal vez en los Sanfermines se estén rebasando peligrosamente. Deberían tener cuidado los pamploneses, porque la muerte de éxito también existe; deberían tener presentes los ejemplos de Lloret o de Magaluf. 

14 comentarios:

  1. Hola, amigo Pablo. ¿Cómo estás? Disculpa que tarde tanto en pasarme por tu blog. Ahora me toca actualizarme leyendo tus magníficos artículos.
    Estoy de acuerdo en todo lo que aquí dices, como de costumbre. Voy a añadir un par de cosas cuyo tono y contenido no te sorprenderán viniendo de mí. Bueno, el primer apunte no tiene misterio. Yo creo que llegará un día en que se nos acabarán a todos las alegrías en relación con la Sanidad que hasta hoy disfrutamos. Cuando los recursos escaseen (ya escasean), tal vez sería justo preguntarse si los que se juegan la vida a lo tonto y por gusto merecen ser atendidos por los servicios de la Seguridad Social. Porque a mí, francamente, me repatea tener que contribuir con mi dinero a sanarle los huesos a un gilipollas que se pone delante de una manada de toros porque le da la gana. Del toreo no hablo porque me parece muy otra cosa. Cierto es que me desagrada el maltrato al animal y cierto que también me desagrada el maltrato que los animalistas más cerriles infligen a la inteligencia. Dejemos al torero aparte. Me refiero en este caso a los corneados en los famosos encierros. Sí, ya sé que este argumento que aquí presento sentaría un precedente de muy compleja solución. Muchos interrogantes se abrirían al instante. ¿Debemos negarles cobertura gratuita (estatal) a quienes fuman como carreteros, a los que beben como cosacos, a los que hacen escalada libre, a los que hacen el tonto con la moto...? Bueno, la verdad es que el problema de las adicciones al alcohol y al tabaco todavía es más complicado si tenemos en cuenta que el mismo estado (y la misma sociedad) las han fomentado. Puedo entender que muchas personas adictas a estas drogas las siguen tomando en contra de su voluntad. Pero lo de los Sanfermines es otra cosa (o ir a lo loco por la carretera). Ahí no hay adicción, no hay nada que el sentido común no pueda controlar. En fin, queden estas palabras como un mero desahogo. No voy a proponer nada inviable, pero sí reitero que me parece algo cercano a una injusticia que pueda llegar el día que falten recursos (médicos o de otro tipo) para los justos por culpa de atender a tantos pecadores y tantos descerebrados.

    La otra cosa que quería decir viene a ser un arreón a la corrección política. Como ya me conoces, podrás imaginar por dónde voy. Estoy hasta la misma coronilla del feminismo. Para mí es una de las armas de destrucción masiva más mortíferas que sufrimos hoy. A quien le disguste lo que voy a decir, siempre puede recurrir al infalible "argumento" de marras: tacharme de machista.
    1) Empiezo: a los tipos que violan o se propasan en los Sanfermines (o donde sea) debe caerles todo el peso de la ley (peso que no debería incluir, por cierto, el que supone ser violado en las cárceles por otros reclusos, crimen este sobre el que se hace la vista gorda). Poco hay que añadir a esto. El tipo que quiso propasarse con esa chica recibió su merecido. Es injusto que la víctima no se pueda defender o no pueda ser defendida por terceros.

    2) Es un insulto a la inteligencia que los feministas medios de confusión califiquen de "agresiones sexuales machistas" muchos de los tocamientos de que DISFRUTAN las chicas encaramadas a los hombros de sus amigos o compañeros. A todas luces son tocamientos consentidos. Son ellas las que se destapan las tetas y ellas las que se inclinan hacia la muchedumbre en busca de calor humano (o de mano). Si eso es una agresión sexual, que venga Dios y lo vea. Por tanto, muchos, pero muchos de los actos que las gilipollas de las feministas tachan de "agresiones machistas" no lo son. Y si lo son, entonces haremos bien en considerar a las mujeres seres menores de edad que no saben lo que hacen.

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    Antonio Gallego Raus













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    1. 3) No digo con esto que esté justificado el manoseo. A mí todo esto me parece escándalo público. Hay menores que ven ese lamentable espectáculo. Pero díganse las cosas como la verdad exige. Destaparse los senos en público NO es un derecho de la mujer, como no es derecho de un hombre descubrir sus genitales. Si el hombre que se los destapa en público y con evidentes muestras de buscar guerra, recibe un sobe de parte de alguna mujer, que luego no venga alegando que él tiene derecho a mostrar su pene sin recibir el consiguiente sobe. Y la mujer que hace lo propio, ídem. Si de mí dependiera, multaría al exhibicionista y al que le mete mano, pero con más cantidad al primero, pues es él quien empieza haciendo mal las cosas y quien provoca (sí, provoca) otro acto censurable (el tocamiento). Pero como aquí hemos llegado al extremo ridículo de dejar completamente impune a la mujer (especialmente a la mujer) que provoca sexualmente a los hombres, resulta que toda la culpa se la carga el tipejo que entiende correctamente la provocación. Esto es tan absurdo como lo sería dejar impune a una persona que insultara a otra gratuitamente y cargar toda la culpa sobre el insultado en caso de que este agrediese físicamente al ofensor. Y es cierto que si el ofendido agrede en demasía al ofensor, la justicia deberá imponerle alguna pena, cierto. Pero ¿y el ofensor, y el provocador? ¿Es justo que él se vaya de rositas?
      Sí, ya sé que aquí muchos dirán que estoy justificando las violaciones de mujeres que van por la calle casi como Dios las trajo al mundo. Pues no: ninguna mujer merecerá ser violada por tan cosa, pero eso no significa que ella tenga derecho a exhibir ciertas partes de su cuerpo. Son dos cosas diferentes. Violar es mucho más grave que exhibir el cuerpo de manera escandalosa, por supuesto, pero eso no quita para que la exhibición escandalosa también sea merecedora de castigo o sanción (y da igual el sexo del que exhibe en demasía). ¿Estoy pidiendo algo más de pudor en nuestras mujeres? Sí, por supuesto. Incluso pidiendo que se aprueben leyes que censuren ciertas modas en el vestir, porque me parece a mí que eso de ir viendo tangas, bragas, calzoncillos, nalgas y pezones por la calle no es de recibo en una sociedad civilizada. Si en esto parezco un rancio censor, no es algo que me importe. Algún límite habrá que establecer, digo yo. Y si todo límite es malo en este sentido, demos por bueno el nudismo público en calles y plazas.
      Supongo que soy el primero en reclamar un poco de menos cortedad en las faldas. Lo curioso es que hoy lo escandaloso es pedir algo de pudor.

      Un abrazo.
      Antonio Gallego Raus

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  2. Hola, Antonio, me alegro mucho de tenerte otra vez por aquí animando el patio. Entro en materia.
    -En lo que dices de negar el tratamiento médico gratuito a quien voluntariamente se envuelve en un episodio tan peligroso como es un encierro, no creas que eres el único que se ha planteado cosas parecidas, ahí van dos ejemplos: la sanidad británica no opera por segunda vez a los fumadores que han sido operados de males causados por el tabaco y luego no lo han dejado; ante los casos de rescate a montañeros que no respetaron las medidas preventivas más elementales o demostraron imprudencia, ya hay quienes defienden que se les debería exigir el pago de esos rescates que, además de resultar caros, implican a menudo riesgo para las vidas de sus rescatadores. A mí tampoco me parecería descabellado que, en una situación de precariedad, se llegasen a tomar esas medidas que tú dices, cosa que, de ocurrir, me temo que ejercería sobre encierros y demás ceremonias un efecto parecido al del carné por puntos en el tráfico, podría muy bien resultar el fin de estos festejos, porque quizás los haría inviables para los ayuntamientos y, paradójicamente, también para los aficionados, pues, con un riesgo de menor envergadura, pero de mayor probabilidad, seguro que haría que muchos se lo pensasen. Estoy de acuerdo contigo en dejar aparte al toreo: el toreo es una actividad profesional donde el torero se juega la vida asumiendo muy bien su responsabilidad y sabiendo muy bien dónde se mete.
    -Poco que decir acerca de los violadores: deben ser duramente castigados, y el caso del borracho que recibió el puñetazo: fue el quien empezó haciendo lo que no debía, todas las consecuencias deberían correr a su cargo.
    -Luego está el delicado y poliédrico asunto de los manoseos. A cualquier mujer sensata que no le apeteciera ser manoseada por una multitud, no se le ocurriría enseñar el pecho en medio de una horda de borrachos. Este jueguecito imprudente se inició hace años como de broma por algunas jóvenes y nadie puede negar que fiesteros, autoridades y demás lo recibieron con una sonrisa por aquello de lo lúdico y bla, bla, pero pronto algunas de las atrevidas jovencitas que lo practicaban y la peña en general empezaron a darse cuenta de que tenía un lado malo. No apruebo que se manosee a una mujer sin su consentimiento, como me parece inadmisible eso que hacen algunos de culpabilizar a una mujer violada si resulta que iba ligera de ropa, entre otras cosas, porque los violadores no se mueven por razones de atuendo, sino por su propia barbarie, pero, sinceramente, desnudarse el torso en las circunstancia en que algunas lo hacen en los Sanfermines y luego quejarse si las manosean los que andan por ahí me parece una terrible incongruencia. No me extrañaría que, dado lo que está ocurriendo, las autoridades pamplonesas acabasen prohibiendo el topless en las fiestas, prohibición que muy probablemente esté ya en vigor en la normativa general, pues en muchas ciudades hay ordenanzas que prohiben circular en ciertas condiciones impúdicas, por ejemplo, son ya muchas las localidades playeras que prohiben circular sin camiseta fuera de las playas, lo cual ha terminado siendo lógico, porque la tendencia a no saber estar de un buen número de ciudadanos nos ha hecho entender que eso de la decencia y el decoro no eran manías de beatas. Un abrazo.

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    1. Exacto, no eran manías de beatas. Yo creo evidente que hay que diferenciar cada caso. En esas fiestas hay chicas que muestran los pechos a la multitud porque les da la gana, y cuando son manoseadas no muestran ningún signo de desagrado ni rechazan los solícitos dedos de la rijosa masa. En este caso yo pienso que debería multarse a las chicas y a ellos por escándalo público. Otra cosa y otro caso es cuando la chica es desvestida y manoseada en contra de su voluntad. Aquí debería imponerse un castigo a los infractores por dos motivos: escándalo público y (más grave) abuso sexual.
      Lo que yo quería subrayar (y tú has entendido sin problemas) es que no tiene ningún sentido calificar de agresiones machistas a los actos de tocamiento incitados y consentidos por las mismas chicas. Porque, obviamente, suena a chiste y a desvarío eso de denunciar como tales aquellos tocamientos consentidos que se producen en una situación de borrachera general, drogadicción masiva, desenfreno palpable (nunca mejor dicho) y ambiente ostensiblemente orgiástico. En esa situación, en esa, insisto, es irrisible ponerse más serio que un estoque y sacar a relucir la cantinela del machismo, las agresiones sexuales, etc.
      Si visitas algunos vídeos en Youtube que hablan de estas cosas, podrás encontrar más de uno en que no pocas de las mujeres que los comentan insisten en diferenciar claramente entre unos y otros casos: los tocamientos buscados o permitidos y los no buscados ni permitidos. Porque, de hecho, si no se hacen estas básicas distinciones y todo se mete en el mismo saco, cometemos errores de bulto y exhibimos una torpeza conceptual tan notable como la de confundir brisa con huracán.
      Y a mí lo que me molesta especialmente (y es sobre todo lo que deseaba denunciar) es que los medios de difusión incurran con tanta frivolidad en tan mostrencas torpezas conceptuales por motivos, me temo, interesados y de fidelidad a la sacrosanta corrección política.
      Decía Camile Paglia que si vas a la ciudad y te dejas el coche con las puertas abiertas de par en par, luego no te quejes de que te hayan robado. Si lo haces es que eres más tonto que Pichote el de la Villa. Porque, oye, está claro que tú tendrás todo el derecho del mundo a dejar abierto tu coche donde te plazca, y es evidente que el ladrón deberá pagar por robarte, pero también es evidente que nadie que no quiera ser robado se deja las puertas del coche abiertas en plena calle. Análogamente -seguía Paglia- las mujeres deberían saber que ciertas conductas anejan serios peligros, de manera que lo más sensato sería evitarlas a toda costa. La aplicación aquí es clara: si no quieres que te manoseen las tetas, no te metas en medio de una fiesta rebosante de borrachos.
      Aquí siempre surge la típica réplica airada de la feminista: pero es que ella tiene derecho a ir como quiera. Sí, y yo a dejar el coche abierto en la calle, pero...

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      A.G.R.

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  3. Hasta la fecha, todo el mundo con dos dedos de frente entendía que esta vida es imperfecta y que en cualquier parte del globo se cuecen habas. Entendía que el mundo no es perfecto y que hay cosas que no se pueden cambiar de la noche a la mañana ni erradicar ciertos males con una barita mágica. Hay que tratar de perfeccionar el mundo... en la medida de lo posible. Pero como no siempre es posible ni en el grado que uno desearía, lo más prudente es tratar de adaptarse uno al mundo. Pero hete aquí que la cosa cambia con las feministas. El feminismo quiere imponer una cláusula aparte, pues fíjate en los siguiente: mientras a nadie se le ocurre el disparate de pretender enseñar a los cacos a no robarte cuando te dejas el coche con las puertas y ventanillas abiertas, en cambio, las feministas pretenden "enseñar" a los hombres (a todos, porque para ellas todos somos potenciales violadores) a no violar nunca a las mujeres. Pero, por desgracia, pese a mis alegatos a favor de mi derecho a dejar abierto el coche, los cacos seguirán actuando. Y, por desgracia, pese a los alegatos feministas sobre derecho de las mujeres a vestir como deseen o a mezclarse entre borrachos, los violadores seguirán actuando.
    Entendámonos: el hombre honrado no se siente “provocado” a robar si ve un coche con las puertas abiertas. El hombre honrado no se siente “provocado” a manosear o violar a una chica borracha, vestida con minifalda o que muestra sus pechos en una fiesta desmadrada. No, el hombre honrado no. Pero no todos los hombres son honrados. Los hay que son cacos y los hay que son violadores. ¿Quién puede evitar eso? Por tanto, al igual que se puede decir tranquilamente a alguien y sin temor a que te malinterprete “no provoques a los cacos dejando el coche con las ventanillas abiertas”, también se debería poder decir “nena, no provoques a los violadores o abusadores con bailes obscenos o conductas similares; por mucho derecho que tú tengas a bailar obscenamente delante de todo el mundo, eso no evitará que alguien desee abusar de ti”.
    Toda persona sensata sabe que debe adaptar su conducta a un mundo imperfecto, pero las feministas pretenden que ese mundo imperfecto se adapte a los deseos de las mujeres. Esto es tan pueril y tan rabiosamente egoísta que su sola consideración me produce náuseas. Es una prueba más de que el feminismo actual no pretende otra cosa que un trato deferente para las mujeres, un trato especial. Igualdad no: jamás. Porque, si la quisieran, le dirían a las chicas que se previnieran de posibles abusadores, que se adaptaran al mundo en este sentido como todo dueño de un coche se adapta a él de la manera ya explicada.
    A esta manera de pensar subyace una mentalidad infantil que deja a la mujer que la acepta en una situación de inferioridad mental respecto del varón. En un mundo lleno de peligros, hemos de aprender a ser responsables de nuestros actos. Hemos de aprender a no “provocar” a los malos. ¿Qué debería hacer el padre cuando el hijo le cuenta que unos cacos le han robado el coche tras dejar abiertas sus ventanillas en medio de la ciudad?

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  4. ¿Lo ha de compadecer o, más bien, arrimarle un par de hostias y ponerlo de gilipollas? Bueno, no sé si hostias, pero una reprimenda sí que se merece por no comportarse con el debido cuidado y sentido de la responsabilidad. Sabiendo cómo es el mundo, podemos decir que ese hijo es responsable de la desgracia de haber sido víctima de un robo. Análogamente, una chica que exhibe sus encantos en medio de borrachos, también es responsable de lo que pueda sucederle. El juez no la culpará de nada: ella es la víctima. Pero tal vez sus padres deberían reprenderla por gilipollas. Y también, en realidad, debería el juez reprenderla.
    Pero hemos llegado a un punto de desquiciamiento en que todo el mundo comprenderá la reprimenda del padre o el juez al chaval víctima de un robo como el descrito arriba, pero casi nadie parece comprender ni justificar la reprimenda a la chica que se mezcla con borrachos desconocidos y les muestra el culo o las tetas. ¡Ah, no, eso es tanto como culpabilizar a la víctima! Pues no, no es eso. No es culparla ni del robo ni del abuso: es recordarse que uno debe hacerse responsable de sus actos en un mundo sumamente imperfecto.
    Por último. No sé si sabrás, Pablo, que eso de culpar a la mujer de ser violada cuando luce escotes o piernas, no es una práctica exclusiva contra las mujeres. Podría remitirte artículos donde se cuenta que los hombres que son violados por otros hombres, suelen ser abandonados por sus mujeres y acusados de haber provocado la violación. Así de mezquinos somos los seres humanos, hombres y mujeres.

    Perdona el rollo, Pablo, pero es que parece una cuestión importante que debe ser discutida cuanto sea necesario.
    A.G. R.

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  5. Antonio, hay dos responsabilidades que tú diferencias muy bien: la de buscársela con un comportamiento imprudente y la de ser culpable. Lo ejemplificas muy bien con lo del coche, y yo lo voy a trasladar a un planteamiento clásico: una mujer en minifalda camina sola a las dos de la noche por unas calles solitarias y peligrosas. Yo desaconsejaría a cualquier mujer que lo hiciera, aun reconociendo su absoluto derecho a hacerlo, pero sucede que algunos, si en unas circunstancias así, esa mujer resulta violada, considerarían que sería culpable por habérselo buscado, lo cual es sencillamente un disparate. Las feministas, tú y yo estamos de acuerdo en que el único culpable es el violador, y la inmensa mayoría de las mujeres, incluidas muchas feministas, estarán de acuerdo contigo y conmigo en que, aun no siendo culpable, esa mujer corrió riesgos, pero aquí ya concurren otros factores. Frente a un violador, las mujeres corren riesgos en cualquier situación: de noche, de día, en minifalda o tapadas de los pies a la cabeza. Cualquier mujer sabe que, por el hecho de ser mujer, los lugares solitarios o las horas nocturnas, aunque sea en zonas normales de una ciudad, comportan riesgo, por eso la mayoría toman medidas o andan alerta. Tampoco importa mucho el comportamiento, porque millares de mujeres (y hombres) que han sido víctimas de violaciones no habían tenido la menor conducta provocativa. En las violaciones el factor esencial es la vileza del violador, pero, ciertamente, hay ciertas circunstancias que les son favorables (soledad, oscuridad, subir a coches de desconocidos) y que deben conocerse y evitar en lo posible o afrontar con precauciones.
    De todos modos, el asunto de las chicas que voluntariamente se desnudan del todo o en parte en los Sanfermines es muy distinto, porque está muy condicionado por la situación, que es una situación anormal, esa masa en su mayoría beoda que las rodea. Y, ante los manoseos, pueden darse, básicamente, dos casos: la que los acepta y la que no. Por principio, creo que son muy dueñas de enseñar lo que les dé la gana, aunque a mí no me parezca recomendable lo que hacen, por mil razones de sentido común, pero, desde luego, dada la situación, me parece más coherente la que los acepta que la que no; a esta última, en una situación así, habría toda la razón del mundo para decirle que, si no quería que la manoseasen, debía haber empezado por no quitarse la ropa, aun reconociendo que también en este caso tendría derecho a exigir que no la tocasen. Que haya feministas radicales que sostengan que no, que es lógico que esa chica se extrañe o se ofenda por los manoseos, es solo una prueba de que a veces los derechos los llevamos a extremos irracionales.

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    1. No creo necesario aclarar que el tipo que viola a una mujer con minifalda merece el mismo castigo que el que viola a una mujer tapada de pies a cabeza. Ninguna justicia en sus cabales hará distinciones en este punto. Pero dicho esto, para mí sí es evidente que ciertas conductas de las mujeres multiplican las probabilidades de sufrir un acoso sexual o una violación. Las chicas que se destapan en fiestas beodas (no sé si las hay sobrias en algún lado), corren muchos más riesgos que las que no lo hacen. Aquí hay un factor importante a tener en cuenta: los hombres (¡y las mujeres!) se excitan sexualmente más viendo a mujeres desnudas o semidesnudas que a mujeres vestidas decentemente. Las mujeres violadas no solo encuentran a su violador en calles oscuras: también pueden ser violadas en fiestas universitarias donde corren el alcohol y todo tipo de drogas. Sin duda, la chica que baila en minifalda y con grandes escotes y haciendo movimientos muy insinuantes está mandando mensajes al personal masculino que más de uno los puede entender como una invitación al sexo. Ayer mismo vi un vídeo en que un chaval, en los Sanfermines, encaramado en un saliente de una pared se bajaba los calzoncillos y dejaba al aire sus genitales. Si alguna concurrente entendiese esa repugnante conducta como una invitación a tener sexo con él, yo difícilmente se lo reprocharía. Y si alguna le echase mano al paquete, yo lo vería como una consecuencia directa de la conducta del muchacho. Luego él podrá hacerse o no el espantado o indignado por el manoseo y exigir no ser tocado, pero a costa de hacer el ridículo. Su conducta es, cuando menos, objetivamente equívoca y debe atenerse a la posibilidad de que una interpretación legítima de su destape sea que está haciendo una invitación sexual rabiosamente descarada a los allí presentes. Y lo que vale para los tíos, vale para las tías.
      Abundando en lo de las conductas de riesgo, yo diría que es evidente que los hombres o las mujeres que se exhiben lascivamente (porque esa es otra: todos podemos distinguir entre destapes neutrales (artísticos, por ejemplo) o destapes lascivos) sí están corriendo riesgos sexuales. Ten en cuenta, Pablo, que también mucha gente dice que si el caco te quiere robar te acabará robando, incluso aunque tengas tu casa conectada a una alarma, perros guardianes y otros métodos de seguridad antirrobo. Y es cierto. Si el caco se empeña, es muy probable que no te valga ni la caridad. Sí, bueno, pero entonces, ¿le damos facilidades? ¿Desconectamos las alarmas, quitamos los pestillos, abrimos las puertas y ventanas de la casa? Hombre, yo creo que eso sería como una “invitación” para los amigos de lo ajeno y como tal lo interpretarían ellos. Las mujeres (o los hombres) pueden sufrir una violación con independencia de si su conducta es o no peligrosa, pero mi opinión sigue siendo que sí hay conductas riesgosas y que estas aumentan las probabilidades de que los desaprensivos actúen.

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    2. No ha de importarme decir que la semidesnudez, las minifaldas y los escotes son excitantes reclamos PARA los pervertidos de este mundo y, por tanto conductas riesgosas, y toda niña o jovencita debería saberlo. Pero como el feminismo se empeña en negar la realidad y se reafirma tozudamente en el derecho de las mujeres a ir vestidas como les dé la gana, a las niñas y las jovencitas nadie o casi nadie les enseña la verdad del asunto, de suerte que, a lo largo de su vida, correrán más peligros sexuales que si fuera debidamente aleccionadas. También a mí me asiste el derecho de llevar una camiseta que lleve estampada una leyenda antinazi, pero ni por asomo se me ocurrirá pasearme con ella por una calle que sepa infestada de jóvenes neonazis. Y yo ya sé que el problema no está en mi camiseta, ya sé que lo justo será erradicar con la ideología nazi… sí, pero entre tanto haré bien en no provocar a sus cachorros por la cuenta que me trae.
      En fin, tocado y hasta sobado ha quedado ya todo esto de los tocamientos. Retomo, por último, los que se producen en los Sanfermines y reitero mi desacuerdo acerca de que las mujeres tengan derecho a mostrar sus pechos en público. Hasta donde sé, también la ley se pronuncia en contra. Si estamos de acuerdo en que es asqueroso y punible que un tío en gabardina vaya enseñando lascivamente sus genitales por la calle, también lo estaremos en que la misma consideración merece la pública exhibición lasciva e indecorosa de senos, por más que el excitadísimo gentío la aplauda y los ojos de un servidor la agradezca. Como dirían los clásicos, hay deseos que no son pertinentes en según qué circunstancias.

      Antonio

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    3. Creo que en el asunto de las exhibiciones sanfermineras ya habíamos llegado a un acuerdo, básicamente, que enseñar la anatomía en público está fuera de lugar (tanto los pechos de las señoras como los genitales de los caballeros), que no sería extraño que las autoridades acabasen usando esas cámaras suyas para penalizarlo y que, en todo caso, en la actual situación, la que muestra el pecho en medio de la juerga y luego se pone remilgada está cayendo en una abierta incongruencia, aun con todo su derecho a pedir que no la toquen. No lo veo igual en el caso de una persona que en una discoteca se ponga a bailar de forma un tanto lasciva o en el de la chica que lleva minifalda, porque es evidente que está haciendo cosas tan normales como una invitación al baile o a la seducción, una mera expresión corporal, una exhibición de su anatomía hasta unos límites aceptados o una elección indumentaria. El hombre que aborde a la mujer de la discoteca a lo más que puede sentirse invitado es a iniciar un acercamiento que luego las cosas dirán cómo termina, de ningún modo puede pensar "con esta vale todo". Aquí sí que no cabe duda de que la mujer tiene derecho a iniciar esa apelación sin que ninguno desbarre, por tanto, todo peligro de que alguien se propase o no digamos de que se sienta con derecho a violar procede, exclusivamente, de la mente equivocada o enferma de ese alguien. No admitir esto sería entender que los bailes deberían organizarse como los de las parroquias de los años 50, cosa que es un disparate, y que tampoco vale, porque entonces se violaba igual o más. Lo mismo sucede con lo de las minifaldas: en lugares como Afganistán, Pakistán o Egipto (donde los ataques a las mujeres en las calles son cosa habitual), o incluso en la España cazurra de hace 50 años (no nos hagamos los perfectos), la mujer que no va tapada hasta las cejas es una indecente que merece, no ya ser violada, sino incluso (ha salido un caso hace nada) ser ejecutada por razones de honor por alguien de su familia. Nosotros ya no estamos ahí; las mujeres tienen derecho a vestirse como quieran y nuevamente te diré que pienso que la mujer que va en minifalda y es atacada no debe ser considerada culpable de nada en absoluto: no es ella quien creó una ocasión de riesgo, el riesgo social andante es el energúmeno que la ataca. Antonio: hablando solo de España, son muchas las mujeres que son abordadas groseramente, manoseadas, atacadas o violadas y en muchísimos casos (seguramente, la inmensa mayoría) ni se contonearon ni llevaban minifalda, lo que demuestra que no son esos los motivos que desencadenan la violencia sexual, sino que hay que buscarlos en las mentes de los energúmenos que cometen los ataques. Leyendo casos concretos de este tipo de actos, te das cuenta de que sus autores suelen ser unos sujetos con un largo catálogo de porquerías y vilezas en la cabeza, pero la inmensa mayoría, por no decir todos, coinciden en una cosa: en un desprecio absoluto y una cosificación brutal hacia las mujeres, que les hace verlas como unos objetos que están ahí para satisfacer sus bajezas. Buena parte de ellos actúan movidos, antes que por una pulsión sexual, por el instinto de sentirse poderosos y absolutos dominadores de sus víctimas. Actuarían como actúan independientemente de lo que hagan estas o como vistan. Fíjate, por ejemplo, en esos tres países que he nombrado antes: ahí las mujeres van tapadas de pies a cabeza y no andan por la calle a las tres de la noche y, sin embargo, los ataques sexuales son más abundantes que aquí. Creo que esto es muy significativo.

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    4. Bueno, Pablo, como te veo muy convencido de la tesis de la violación por motivos misóginos, machistas y prepotentes, creo razonable dejarlo aquí. Más que nada porque, conociéndome, sé que me pondría muy pesado y prolijo: no tengo el sagrado don de la síntesis cuando escribo y voy provocando jaquecas terribles al personal.
      Solo diré que la tesis de la violación misógina (voy a llamarle así) ha traído graves consecuencias a las mismas mujeres como posibles víctimas de violación. ¿Por qué? Porque la errada psicología dominante ha negado durante decenios el denso trasfondo biológico y evolutivo de la violación (de la mayoría de los casos de violación), centrándose, en consecuencia, en lo educativo. Pero el problema ha sido un fracaso descomunal de todos los programas (re)educativos aplicados a la población de violadores de mujeres.
      La cuestión de los Sanfermines, que era uno de los objetivos de tu entrada, ya está discutida, así que, salvo que tengas un expreso deseo de alargar el debate sobre la violación, (tema que yo, confianzudo, he introducido de rondón), me retiro a mis aposentos.
      En cualquier caso, siempre es un placer hablar contigo, haya o no discrepancias.

      Antonio

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    5. Antonio, violadores por motivos misóginos los hay, como los hay por razones de dominio, por razones meramente sexuales, o tipos normales que, en situaciones normales, por haber bebido o por cualquier otro motivo, cometen una violación. Supongo que la casuística dará para muchos tipos, en cuyos perfiles se mezclen factores biológicos, psicológicos, educativos, sociales, familiares, personales, ocasionales..., pero no creo que el que la víctima lleve minifalda o baile libidinosamente pueda tomarse como un factor esencial, aunque todos sabemos que ha habido violadores que han tomado como víctima a la chica con la que ligaron en la discoteca, pero el asunto es que ninguna de ellas estaba realizando una llamada a la violación; si el violador la cometió, fue por su propia iniciativa, la culpa fue suya, somos millones los hombres que no violaríamos a una chica por llevar minifalda o por bailar así o asá. Esto yo creo que son hechos, cualquiera puede verlos. Un abrazo.

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    6. Mi querido Pablo,
      Con la siguiente analogía me despido hasta la próxima:
      Cuando tú te vas de vacaciones, cierras con pestillo la puerta de tu casa. ¿Por qué? ¿Acaso si no la cerraras estarías haciendo una llamada al robo? ¿Verdad que no? ¿Estás justificando el robo? Si alguien entra y desvalija la casa, la desvalijó por propia iniciativa, la culpa fue suya, somos millones los hombres que no desvalijaríamos una casa con el dueño ausente. Esto yo creo que son hechos, cualquiera puede verlos.
      La cuestión, Pablo, es que no estamos hablando de si tú tienes derecho o no tienes derecho a dejarte la casa abierta, Ni se trata de si la chica tiene o no derecho a llevar minifalda. Se trata simplemente de que en este mundo hay ladrones y hay violadores y, por tanto, lo más sensato es prevenirse de ellos.
      Ni la minifalda ni el baile descocado son una llamada a la violación para la mayoría de los hombres. Lo malo es que sí lo pueden ser para los violadores. Tú puedes pensar que no, pero tú mismo admites que las chicas van de corto para llamar la atención y ligar. Y para mí tengo por verdad que también a los violadores de facto o en potencia les puede llamar la atención… y hasta excitar. Tú estás en tu derecho de dejarte la casa abierta y la chica de ponerse minifalda y bailar obscena ante cientos de desconocidos beodos. Ahora “solo” falta que todo el mundo respete esos derechos que ambos tenéis.

      Un abrazo.

      Antonio

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  6. Antonio, la ocasión es un importante factor criminógeno, así que, en efecto, en una casa abierta podría entrar y robar hasta uno que no fuera un ladrón, porque se han allanado los obstáculos más elementales, pero una mujer con minifalda (por cierto, yo no he dicho que las chicas vayan de corto para llamar la atención y ligar) o bailando sugerentemente no son una ocasión, son una persona que se viste de una determinada manera que es solo una más de las maneras normales de vestir aunque vaya más destapada u otra persona que hace en una discoteca algo esperable en una discoteca. Son cosas normales que no representan el factor de ocasionalidad que representa una puerta abierta: la ecuación puerta abierta = ocasión de robar / chica con minifalda = ocasión de violar no es sostenible, como no es sostenible que un hombre en sus cabales se sienta provocado por minifaldas o bailes; por lo que se refiere al violador, lo va a ser con minifaldas o con maxifaldas, cosa que está probadísima por la experiencia: ciertamente, los ha habido que violaban a chicas con minifalda, pero también los ha habido que violaban a ancianas: la causa real no era la minifalda o la ancianidad, la causa real era la voluntad de violar de algún desequilibrado. Pensar que un energúmeno que violó a una chica que llevaba minifalda no se hubiera sentido incitado y por tanto no la hubiera violado de haber ido ella vestida con recato es una ingenuidad un tanto perversa, porque tiene un cierto ingrediente de culpabilización de la víctima.

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