miércoles, 6 de julio de 2016

Praxis educativa. 18: julio y septiembre en el punto de mira

   Para muchos legisladores y pedagogos -y para buena parte de la sociedad-, los alumnos no van a los institutos a aprender, sino a estar, es decir, conciben los centros como guarderías, unas guarderías un tanto particulares en las que se pretende mantener la función educativa, cierto, pero esta se halla cada vez más amenazada por agentes como el vaciado de los programas, la pérdida de autoridad del profesor o la presión sobre el aprobado. De esta última, que considero uno de los mayores males de nuestra enseñanza en la actualidad, he hablado mucho aquí y lamento decir que es un cáncer que se encuentra fuerte y creciente. Cuando en 1983 entré en la enseñanza, lo hice como profesor de EGB y ya entonces en ese nivel eran muchos los profesores que, bien porque comulgaran con las bolas del pedagogismo o bien porque habían sucumbido a la presión de padres y alumnos, aprobaban a todos: a los que lo merecían y a los que no. Entonces ese mal aún no existía en los institutos, pero, con la implantación de la LOGSE allá por 1992, entró en ellos y se ha ido extendiendo poco a poco. Creo que ya he mencionado alguna vez aquí la anécdota de un compañero al que en una reunión le oí decir que estaba harto de convertir los unos, unos, unos en cincos, cincos, cincos; más de una vez os he hablado de cómo nosotros mismos nos traicionamos y traicionamos a nuestras sagradas obligaciones aprobando a quien no debe; creo, sin embargo, que nunca os he hablado de la mezcla de perplejidad y desaliento que sufro en muchas juntas finales cuando veo que en junio soy yo el único que suspende a alumnos que no saben ni escribir y de los que el resto de los profesores se han pasado el curso quejándose. ¿Por qué se hacen estas cosas? Diría que al menos el noventa por ciento de los que las hacen las hacen pura y simplemente por miedo, por quitarse de encima hipotéticos líos. Y esta conducta cada vez se manifiesta en procedimientos más penosos. Os doy dos ejemplos. Uno: este año, han sido bastantes las veces en las que he visto como algún profesor convertía un cuatro que estaba en el acta en un cinco  así porque sí, sin más explicación. Dos: en una junta a la que asistí, una compañera dijo que iba a aprobar a un alumno porque era ella la única que lo suspendía, pero, entonces, alguien le hizo notar que también lo había suspendido yo y ya no lo aprobó. 
   Algo así solo se puede hacer por miedo, por temor a que ese alumno y sus padres, al ver que solo lo suspendía ella, fueran a presionarla. Este temor no es infundado, porque la costumbre de reclamar por reclamar está cada vez más extendida y se ejerce con más desvergüenza, ya que son cada vez más las familias que acuden a los centros directamente a presionar fundamentándose en tergiversaciones o embustes puros y duros, elaborados unas veces por los padres y otras veces por los hijos, voy a dar datos personales: de los trece padres con los que he hablado en este curso, ocho se ajustaban a este patrón. Los profesores, cada vez más, estamos siendo los paganos de los problemas familiares, ya que la mecánica de estas protestas suele ser la siguiente: un alumno ve que va a suspender y, como último recurso, suelta en su casa el cuento de que la culpa es del profesor, cosa que en muchos casos deben de hacer cargando a fondo las tintas, a juzgar por cómo me han venido algunos padres. Entonces esos padres, bien por ingenuidad, bien por ser rehenes de unos hijos caprichosos a los que no han sabido encauzar, o bien incluso por tener la conciencia de no atender a sus hijos todo lo que debieran y ver en esto la oportunidad de limpiar su imagen, acuden a protestar. El niño elabora un embuste y el padre se embarca en él, a veces, haciéndose cómplice. El guión podrá ser el que sea, pero un profesor que se precie solo puede hacer una cosa: negarse a ceder ante las reclamaciones infundadas. Cada vez que un profesor cede, se debilita él y debilita al colectivo; cada vez que un profesor cede, defrauda a esos buenos alumnos que se han ganado con esfuerzo lo que el jeta ha conseguido mediante coacciones; cada vez que un profesor cede, erosiona su credibilidad personal y la del sistema educativo: es mucho lo que nos jugamos aquí y siento decir que debemos de estar perdiéndolo, a juzgar por como se extienden las reclamaciones viciosas. 
   Supongo que algunos os estaréis preguntando: ¿y esto que tiene que ver con julio y con septiembre? Pues mucho. Vuelvo a lo del principio, lo de la escuela guardería: si cada vez es más fácil aprobar, si el alumno lo va a conseguir haga lo que haga, la función educativa de los institutos tendrá cada vez menos importancia y cada vez derivaremos más hacia meras guarderías de adolescentes. Aunque sé que va a disgustar a un montón de almas puras, voy a decir una cosa: la existencia del suspenso es lo que da sentido a la institución educativa; a la inmensa mayoría de los alumnos -y a un elevado porcentaje de los padres- lo que les interesa es el aprobado, no el aprendizaje, de manera que, si lo van a conseguir tanto si se esfuerzan como si no, el resultado será el que ya estamos viendo: que cada vez serán más los alumnos que se apunten al no estudio y al zanganeo. Y en estas coordenadas, nuestras escuelas y nuestras enseñanzas irán perdiendo cada vez más valor y los alumnos irán recibiendo un producto educativo  cada vez más execrable. De hecho, el incremento de las presiones sobre el profesor se manifiesta cada vez más en junio, ya que esos alumnos que no aceptan sus responsabilidades por nada del mundo piensan que tienen una oportunidad en septiembre, eso de septiembre hay que cargárselo, queda muy feo en el programa: tienen que aprobarles en junio por lo civil o por lo criminal. A ti, lector responsable, y a mí, esto nos preocupa, pero, al demagogo que en los centros solo ve unas edificaciones donde tener estabulados a los alumnos, le trae absolutamente sin cuidado. A ese demagogo solo le importan cosas que disfraza de "demandas familiares", una de ellas, el aprobado general, aunque sea un aprobado basura. Y aquí es donde conviene recordar una cosa: que, cuando se implantó la LOGSE, sus artífices, que pertenecían todos a este colectivo de demagogos, se cargaron la convocatoria de septiembre, porque eso era, claro, un vestigio de ese pasado educativo obsesionado con los contenidos, o sea, con enseñar. Ya nos vamos aclarando: al que no le importan demasiado las enseñanzas, eso de la convocatoria de septiembre tampoco le es especialmente simpático, justo igual que a los alumnos tramposos. 
   Entra aquí otra "demanda familiar", expresión que últimamente está teniendo mucha fortuna entre los demagogos del ámbito educativo: la necesidad de tener a los niños metidos en los centros el mayor tiempo posible, necesidad que enlaza con una de las más antiguas quejas de la cola de la pescadería, a las cuales los demagogos son muy sensibles: la excesiva duración de las vacaciones de los maestros. Así pues, llegamos a esta conclusión: hay que recortar las vacaciones de verano, por lo que hay que alargar el curso durante el mes de julio o parte de él, como ya se está haciendo en Valencia y se quiere hacer en Cantabria. ¿Y cuál ha sido uno de los pretextos esgrimidos en ambas comunidades para entrar a saco en el mes de julio? Justamente: adelantar a ese mes los exámenes de septiembre, cosa que no me cansaré de decir que es un error, porque hacer esa convocatoria a muy pocos días del final del curso es someter al alumno a una saturación de estudio, mientras que realizarla en septiembre tiene muchas ventajas: se evita esa saturación, se da al alumno más tiempo para estudiar, planificarse e incluso descansar, se permite que organice de forma individual su trabajo y se responsabilice de arreglar lo que ha estropeado... 
   Por lo que acabo de decir, está claro que la convocatoria de septiembre está muy bien donde está; cambiar las cosas por cambiarlas, como hacen los demagogos y los sedicentes innovadores, no tiene ningún sentido y a menudo perjudica. Otra ventaja de septiembre, relacionada con su distancia temporal con el fin del curso, os la voy a ilustrar con un ejemplo real. En uno de los años en que los logseros tenían suprimida esa convocatoria, estuve en un instituto donde un alumno muy brillante cayó enfermo en abril. La enfermedad era grave, así que se perdió el último trimestre y suspendió el curso. Hubiera podido aprobarlo en septiembre, cuando ya estaba curado, pero como habían suprimido esa convocatoria, tuvo que repetir. Por cosas como esta, a la chita callando y aprovechando que la efímera LOCE había repuesto la convocatoria de septiembre, los socialistas la recuperaron en la LOE. Así actúan los políticos y los pedagogos (algunos de ellos, políticos también) que les asesoran: por conveniencia y oportunismo. Ahora, aprovechando que el Pisuerga de su demagogia pasa por Valladolides tales como el tener a los niños más tiempo en la guardería-instituto y el dar gusto a esos cuatro que, sin conocimiento de causa, la tienen tomada con las vacaciones de los profesores, se han lanzado como lobos sobre las vacaciones de verano y se quieren llevar a rastras a la inocente y muy útil convocatoria de septiembre. 
   Digamos NO, y digámoslo no solo porque es, una vez más, un plan hecho a la medida de los intereses de sus impulsores, o porque más les valdría a estos impedir que los ataques que recibe la escuela perjudicasen al nivel de sus enseñanzas, sino, sobre todo, por una razón en la que creo de verdad y voy a exponer, aunque me llamen manipulador quienes no me conozcan. Dicha razón es esta: los veranos en España, tan calurosos, son absolutamente inapropiados para tener a los chicos en los institutos; para los chicos, los veranos tienen que ser la época del disfrute y la diversión: que no se la birle ningún avispado en provecho propio. Del 15 de junio al 15 de septiembre, quienes hayan aprobado, que gocen del merecido premio de unas vacaciones de verano, esa maravilla que es en las edades tempranas el ocio veraniego; a quienes hayan suspendido, dejémosles que con la ayuda de sus familias se organicen el estudio, que asuman que son ellos mismos quienes tienen que resolverse sus problemas, pero que al mismo tiempo disfruten, porque van a poder hacerlo, ya que tres meses, en efecto, dan para mucho. Y, en cuanto a los profesores, que tenemos unas vacaciones no de tres meses, sino de dos, pues qué le vamos a hacer, todos los oficios tienen sus formas y sus ventajas e inconvenientes. Que nadie sufra por eso: nuestro trabajo es el que es y se hace cuando se hace, y nosotros, como todo el mundo, lo hacemos lo mejor que podemos, es una estupidez empeñarse en torcer la naturaleza de las cosas. ¿En la Valencia hundida por el déficit y la corrupción era el principal problema la duración de las vacaciones escolares? ¿Se ha resuelto algo con cargarse el mes de julio? ¿Convencen a alguien las vaguedades que ha dicho el consejero cántabro para sostener lo insostenible, las cuales creo haber desmontado en el artículo que he enlazado más arriba? Más les valdría a algunos gestionar bien sus responsabilidades, en lugar de dedicarse a elevar demagógicas cortinas de humo.      

2 comentarios:

  1. Aquí hay una profesora que todavía su instituto no ha cerrado el curso. Nos queda el último claustro, que nos convocarán, supongo, esta semana. El día 1 de julio tuvimos las evaluaciones de "septiembre" de ESO y 1º de bachillerato.
    con las 20 horas lectivas y el aumento de alumnos por aula ya es completamente imposible hacer ningún extra de formación verdadera, no cursos chupiguay que no sirven para nada, durante el curso. con este calendario es también imposible matricularse en ningún curso o actividad de verano que valga la pena.
    El viernes, una persona a la que se le supone cultura y educación, un médico, dijo delante de mí, verdaderas aberraciones sobre "el demasiado tiempo que los alumnos están sin clase en verano" y estar completamente de acuerdo con el calendario que se va a implantar en Cantabria..., estamos casi todos los días rozando lo 40ºC. cuando le dije que el calor hacía imposible el trabajo en ela ula me dice ¿y en A´frica, qué? Al parecer en los países africanos tienen un avanzadísimo sistema de enseñanza. Cuando alguien se me pone en ese plan le doy toda la razón, no hay manera de dialogar lo más mínimo, el profesor es un felpudo donde toda la sociedad puede pisotear su basura y sacudirle una buena tunda. Bueno, una cosa sí deije: más barato que el aire acondicionado es que se compren catres de tijera y los profesores nos quedemos ya a dormir y vivir perpetuamente en el instituto.
    Ellos van a ganar, es una batalla perdida.

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  2. Hesperetusa, ese señor médico, como suelen hacer muchos que se meten a opinar sobre educación, no tenía ni puñetera idea del tema. La realidad europea y la africana son absolutamente distintas en todo, incluyendo la enseñanza. Si quiere compararse en esto con ellos, también podría hacerlo en democracia, nivel de vida, corrupción, comunicaciones... y sanidad. Luego, hablábamos. La gente larga de lo que no sabe porque largar es gratis. Por lo demás, como tantas otras cosas, las vacaciones tendremos que determinarlas antes que nada según nuestra situación; después, si de fuera viene alguna idea aprovechable, aplíquese o no según convenga. De acuerdo con estos criterios, en los dos artículos que llevo dedicados a este asunto, creo haber aportado razones abundantes y de peso para defender las vacaciones como están y las convocatorias de septiembre. Y digo una vez más esto, para quienes salgan manipulando el elemento de los rendimientos: en España hay alumnos que rinden mucho y alumnos que rinden muy poco, y todos tienen las mismas vacaciones, quizás, a ese señor que habló contigo y a otros les convendría reflexionar sobre esto. Y también, sobre esto otro: al alumno que ha hecho bien su trabajo de septiembre a junio, ¿por qué hay que seguir teniéndolo estudiando? Que lo haga si quiere, pero dejémosle dueño de su tiempo. Y el que no lo ha hecho bien, que espabile en el verano. Los que rabian porque creen que los chicos tienen muchas vacaciones suelen pertenecer a alguno de estos colectivos:
    -Personas que ven los centros educativos como guarderías.
    -Personas un poquito amargadas a las que les fastidia que los chicos disfruten.
    -Personas que han olvidado su juventud y creen que todos han de hacerlo todo con mentalidad adulta, de estos hay muchos en nuestro oficio. Una vez, en una reunión de un mes de junio, alguien propuso que les pusiéramos deberes a todos, tanto suspensos como aprobados, aduciendo que no tenían por qué parar, que, a fin de cuentas, un ministro no deja de trabajar en verano. Le dije que, si comparaba a un niño con un ministro, era que no tenía las cosas muy claras. Como habrás adivinado, se trataba de una de esas personas que están obsesionadas con el trabajo.
    -Pescadores de río revuelto que quieren medrar políticamente.
    También hay gente que no tiene intenciones inconfesables cuando opina que las vacaciones de verano son muy largas, pero son los menos y es con los únicos con los que se puede establecer un diálogo sano.

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