jueves, 8 de marzo de 2012

Manipulaciones repugnantes de la derecha rampante

   Razones diversas me impiden dedicarle mucho tiempo a este blog, por lo que no voy a tener más remedio que ser telegráfico en los artículos que introduzca. De todos modos, en los asuntos a que se refiere este que ahora leéis, estaréis todos sobradamente informados.
   Manipulación repugnante número 1: las movilizaciones sindicales del 11 de marzo. Nadie puede negar que los sindicatos han sido muy torpes al elegir este día para convocar su protesta contra la reforma laboral, pero, reconocido esto, más bochornosa aún ha sido la manipulación de las víctimas que han hecho el PP y sus palmeros: todo el mundo sabe que lo que a ellos les irrita es la contestación a sus políticas, así que resulta repulsiva esa sacralización hipócrita e interesada de las víctimas con la que anatemizan a los sindicatos. Cualquier día puede ser apropiado para ejercer los derechos ciudadanos que últimamente molestan tanto, que no ejerzan de inquisidores amparándose en justificaciones espurias. Por otra parte, si Esperanza Aguirre está tan preocupada por las víctimas del 11-M, ¿por qué la Comunidad de Madrid le negó hace unos años ayudas económicas a la asociación que preside Pilar Manjón?
   Manipulación repugnante número 2: el aborto y los despidos de embarazadas. Si surrealistas fueron las afirmaciones de Alberto Ruiz Gallardón relacionando el aborto con una violencia de género estructural contra las mujeres, sencillamente aberrante ha sido el intento de explicarlas diciendo que lo que hace que algunas mujeres aborten es la presión sobre la conservación del puesto de trabajo. Esta tergiversación se enfanga hasta la coronilla en lo repulsivo: una de las más lacerantes discriminaciones que sufren desde hace mucho las mujeres en España es la persecución, por parte de muchas empresas y a golpe de despido brutal e ilícito, de toda trabajadora que se quede embarazada. Todo gobierno que desee sinceramente aplicar políticas de no discriminación y de fomento de la natalidad (ambas imprescindibles), lo que debería hacer es castigar con rigor a los empresarios que cayeran en estas prácticas. No parece que ningún partido gobernante en los ni se sabe escalones de poder político que padecemos en España se haya esmerado en esta tarea. 

2 comentarios:

  1. Sí, les escuece que empecemos a movilizarnos, acostumbrados como estaban a que pudieran ocultar algunas manifestaciones y a manipular al pueblo. La pregunta es: ¿despertará definitivamente el pueblo o se tapará, como siempre, los ojos para luego culpar al empedrado?

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  2. Yo personalmente me siento pesimista, Patricia. Las organizaciones que podrían ejercer un liderazgo han perdido mucha credibilidad, porque llevan años más pendientes de sus intereses particulares que de permanecer fieles a unos principios democráticos, y, sin un liderago sólido y creíble, no hay nada que hacer. Un ejemplo bien fácil: ¿en qué ha quedado la marea verde?

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