sábado, 24 de marzo de 2012

Unas reflexiones sobre educación

   Viendo la ficha biográfica de José Ignacio Wert, compruebo que entre sus muchísimos méritos figura el de haber sido durante siete años profesor universitario, pero, no sé por qué, se me ocurre que no ha sido este el que más ha pesado para nombrarlo ministro de Educación. Pilarista, especialista en sondeos de opinión, hombre muy ligado al BBVA, relacionado también con el mundo de las consultorías... ¿Irá la cosa más bien por ahí? Ha sido muy comentada también su condición de extertuliano de la SER, lo que se interpreta como una prueba de que el ministro, a pesar de ser conservador y del PP, no es mal visto en sectores progresistas. En cualquier caso, por su perfil y por sus primeros pronunciamientos en materia educativa, el señor Wert da la impresión de no tener mucha idea de lo que pasa en la educación española y de no estar de verdad preocupado por sus auténticos problemas, exactamente igual que sus amigos del grupo PRISA. Esto a mí no me extraña, porque tengo comprobado desde hace mucho tiempo que, en lo referido a la enseñanza, todos los sectores políticos e informativos que mandan en este país son iguales y se ajustan de forma milimétrica a este patrón: la conocen de un modo superficial, no le conceden apenas importancia (aunque intenten aparentar lo contrario) y solo les interesa para manipularla en beneficio propio. 
  Puesto que -para variar- el mundo educativo anda últimamente algo revuelto y un nuevo Gobierno ha venido a animarlo aún más con sus planes, quisiera dejar algunas reflexiones sobre él. 
   1.- Los conciertos en educación deben desaparecer. No tiene sentido en un país democrático que se dedique dinero público a sostener negocios particulares, como ocurre en España con los centros concertados. Cuando además vemos que se producen abusos como la libertad que se les da para seleccionar a los alumnos o quitarse de encima a los que no les gustan, la vista gorda que se hace para dejarles percibir complementos indebidos, la preferencia a la hora de abrir nuevos centros que se les está dando en Madrid y Valencia o la aberrante política fiscal que se está llevando en Madrid para favorecerlos, entonces de lo que hay que hablar ya es de quebranto de las leyes por parte de los gobernantes, cosa bastante seria.
   2.- La educación debería ser una competencia estatal. Pocas personas informadas y que no oculten intereses muy particularistas o tal vez inconfesables se opondrán a esto hoy en día en España, y más con la tendencia cada vez mayor a hacer política de taifas que se está dando entre las comunidades autónomas.
   3.- La Educación Primaria debe reformularse. Todos los expertos (psicólogos, pedagogos, sociólogos y profesores) saben que es en la primaria (si no se ha hecho en la infantil) donde deben detectarse los problemas de aprendizaje de los alumnos, porque lo que se detecte después ya tiene muy difícil solución, por lo tanto, los esfuerzos en este sentido en primaria deben ser los mayores posibles. De todos modos, cuando hablo de reformulación, me refiero sobre todo al hecho de que esta etapa debería volver a los límites que tenía antes de la LOGSE: los catorce años. Lo que hoy es el primer ciclo de ESO debería volver a ser parte de la Primaria, porque a todas luces se ha visto que esta modificación logsiana fue un error. En esto os habla alguien que lo ha vivido en primera fila y puede deciros que entre los antiguos 7º y 8º de EGB y los actuales 1º y 2º de ESO media un abismo claramente desfavorable a lo que tenemos hoy, aun con todos los problemas que tenía la extinta EGB.
   4.- El Bachillerato de tres años no se lo cree ni el propio Wert. Dejar el 3º de ESO ahí danzando y decir que los tres cursos posteriores van a ser el Bachillerato no es crear un bachillerato de tres años, es hacer una chapuza. El Bachillerato debería tener dos ciclos y cuatro años, ¿cómo? Empezándolo al acabar la primaria, que es como han sido siempre los bachilleratos. Quienes aprobasen la Primaria (que debería durar, repito, hasta los catorce) tendrían opción de elegir entre el Bachillerato y la FP. Ambas etapas tendrían un primer ciclo o ciclo elemental (hasta los dieciséis, y que tendría su correspondiente título) y un segundo ciclo o ciclo superior, que sería el que daría el título de Bachillerato o de FP Superior. Esto daría un Bachillerato de cuatro años y una FP de, al menos, cuatro también, según se estableciera. Eliminando el demencial café para todos que ha supuesto la LOGSE, se podría hacer. En cuanto a los alumnos que no aprobasen la primaria, deberían pasar a una tercera rama de características parecidas a la Diversificación Curricular o los PCPI. Este sistema debería completarse con una red de pasarelas flexible y justa, para que todos los que quisieran cambiar de vía tuvieran el modo de hacerlo.
   5.- Se debería proteger al profesor. Pero de verdad; no tienen sentido las políticas como la de la Comunidad de Madrid, donde se convierte a los profesores en autoridad y luego salen la Presidenta la Consejera y otros cargos desprestigiándolos, o, cuando hay algún conflicto con algún padre, la inspección trata al profesor como un presunto culpable.    
  6.- Lengua y Literatura deben volver a ser asignaturas separadas. Esta puede parecer una petición muy particular, pero lo es solo relativamente. Llevamos más de veinte años intentando el imposible de dar en el horario de una dos asignaturas a la vez, lo cual ha repercutido al final en el empobrecimiento de un área que siempre se ha considerado esencial, ante la desesperación y la impotencia de los profesores. Creánme: en esta situación, es tremendamente injusto cargar contra nuestros jóvenes si luego no saben diferenciar a Cervantes de Lope de Vega. Esto no son bromas, porque luego a nuestros gobernantes se les llena la boca con la Cultura, los Centenarios y... esas cosas que tanto les gusta manipular en beneficio propio. 

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