miércoles, 17 de agosto de 2011

Trivializar las instituciones

   A través del blog Discursiones (tenéis también enlace en la columna de la derecha), me entero de que la consejería de educación de Madrid ha tenido la insólita y desafortunada idea de colgar en su fachada unos cuantos carteles con mensajes de ideología católica relacionados con la visita de Benedicto XVI. Esta acción ha desatado lógicas y variadas protestas; a mi juicio, lo que la hace inadmisible es esto: las instituciones estatales (y la sede de la consejería es un edificio perteneciente al escalón autonómico de nuestra organización estatal) están obligadas a ser, por encima de todo, serias e imparciales. El balcón de un edificio estatal no puede frivolizarse con pancartitas ni demostrar preferencias de ningún signo, ya sean políticas, filosóficas, religiosas, culturales, taurinas o deportivas: no es posible que un edificio estatal muestre inclinaciones particulares en ninguna parcela de la vida. Es importante lo de la imparcialidad, pero yo creo que lo es más e insisto en ello lo de la seriedad: quienes han colgado esas pancartas en la fachada de la consejería, dejándola con un aspecto similar al de una corrala con la ropa tendida, le han hecho un flaco favor al respeto que esa institución merece y debe inspirar.
   La respuesta de la consejería, por tanto, denota una alarmante carencia de fundamentos democráticos, ya que revela el desconocimiento de esos elementales principios de imparcialidad y seriedad, cosa imperdonable en los cargos políticos. Alega la consejería que no es ella quien ha colgado los carteles, sino que simplemente ha dado permiso a los organizadores de la visita, más otra serie de tonterías tan sonrojantes como banales sobre la hospitalidad madrileña. Todavía peor: estos argumentos son de una ingenuidad pueril, representan descargar sobre otros las responsabilidades propias, como hacen los niños pillados en falta. ¿No ha sido Lucía Figar capaz de darse cuenta del vergonzoso aspecto verbenero que esas pancartas dan a la sede de la consejería? ¿No ha sido capaz de pensar que por Madrid pasan muchos dirigentes estatales? ¿Qué hará si un día viene aquí Raúl Castro, colgar retratos del Che Guevara en la fachada de la consejería en cuanto alguien se lo proponga? Será cosa digna de verse. La visita del papa ha producido un extraño efecto en los gobernantes españoles en general y los madrileños en particular: están alterados, se dan de bofetadas por demostrar lo felices que están con el evento, hasta el punto de que buena parte de ellos se están poniendo en evidencia. Entre tanto, yo insisto en algo que ya he dicho otras veces: Lucía Figar debe dimitir, pues ya ha dejado suficientemente claro que no está capacitada para el puesto que ocupa.

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