lunes, 24 de septiembre de 2012

Dos preguntas metafísicas

   Queridos amigos:
   El Universo es tan ancho y tan largo que, incluso aunque alcanzara la edad de 100 o 200 años, ningún ser humano, aunque se pasase su dilatada existencia viajando en una ultrarrápida nave intergaláctica, sería capaz de acabar de salir del primero de sus infiniiiiiiiiiiiiiiiiiiiitos baldosines. Así pues, nos pongamos como nos pongamos, esta inmensa y constelada casa en la que arrastramos nuestras viles existencias jamás dejará de ser para nosotros un misterio, ya sea el hombre contemplado como individuo, ya como especie. Una de las grandes preguntas que desde los albores de la humanidad (o sea, desde el día aquel de los monos de Kubrick olfateando un monolito) se nos han planteado es la siguiente:
¿EXISTE DIOS?
   Llevamos milenios dándole vueltas y aún no hemos sido capaces de responderla, y ahora va y se nos plantea otra de similar envergadura:
¿EXISTE STEFANIE CLAUDIA MÜLLER?
   Anda circulando estos día por la red un artículo que se presenta con este título: El ignorado artículo publicado en Alemania sobre la situación real de España, el cual se presenta como la autorizada visión de una "corresponsal en Madrid y economista" (sic), o sea, la señora Müller, que expondría la imagen que en Alemania se tiene de España y las razones (subsiguientes a tal imagen) por las que Alemania se fía de España lo mismo que usted y yo nos fiaríamos de un burrero de feria. El artículo no es que sea infumable ni radicalmente embustero, pero plantea un problema no de fondo, sino de autoría: conforme uno va avanzando en su lectura y captando en él rasgos subjetivos de cabreo que serían lógicos en un español pero chirrían en un alemán o alemana, se van haciendo mayores estas interrogantes metafísicas: ¿quién es esta Stefanie Claudia Muller? ¿Existe? En caso afirmativo, ¿de verdad ha escrito ella este artículo? Tales cartesianas dudas no se despejan con la vitola de "corresponsal en Madrid y economista" con que se presenta esta señora, sino que más bien se acrecientan, ya que eso es tan vago como si yo mañana publicara un artículo afirmando que el Quijote lo escribió Santa Teresa y lo firmase como Pablo López Gómez, profesor en Colmenar Viejo y filólogo. No, por favor, hay que ser un poquito más explícitos, sobre todo porque, cuando uno se huele que algo no funciona y pone en Google Stefanie Claudia Müller, se mete en un bucle que le lleva a páginas que remiten a este mismo artículo o poco más, salvo si caemos en Cotizalia, donde dicho artículo aparece con una extraña firma doble de la señora Müller y don Roberto Centeno y, además, con la opción de ser leído en alemán. Tirando de los hilos que me han ofrecido algunos de estos artículos, llego a un blog con esta minuciosa explicación del artículo como una intoxicación obra del señor Centeno, que incluso se habría permitido el lujo de manipular a su conveniencia el original alemán. En este blog, por cierto, se señalan las inclinaciones ultraconservadoras de Müller y de Centeno. Tales inclinaciones son tan legítimas como las que más, aunque, en lo referido al señor Centeno, les pongo un pero: en la actual vorágine que atraviesa España, es muy lícito criticar a nuestra deplorable clase política, y él lo hace incansablemente con artículos de argumentos a menudo irreprochables, pero, cuando uno hace este tipo de análisis, debe dejar muy claro si su trinchera es la de los que creen en la democracia y piensan que en España se nos está hurtando y debemos reponerla o, por el contrario, la de los que no creen en la democracia y piensan que nos hallamos en una ocasión pintiparada para cargarse la poca que hemos llegado a disfrutar. El señor Centeno debería definirse, porque me consta que muchos (incluso de los bien informados) no lo tienen claro.        


4 comentarios:

  1. Me ha llegado en diversas ocasiones el escrito al que te refieres y precisamente por esa falta de seguridad en su autoría me he limitado a eliminarlo o ignorarlo sin más.
    Me alegro que hayas hecho esa labor de información y nos aclares el tema.
    Saludos y gracias Pablo

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  2. Este artículo me ha recordado que, por la experiencia de una amiga que trabaja en un periódico muy conocido en nuestro país, muchas de las firmas de los artículos son totalmente inventados. Un único periodista puede tener múltiples "personalidades". En el caso al que me refiero, obligatoriamente eran identidades masculinas (con la absurda idea de que para el público es de más confianza un hombre que una mujer). Cuidado con la prensa, que nos miente hasta lo más nimio.

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  3. Para saber cuánto miente la prensa, no tiene más que suceder que informe de asuntos en los que estás metido; por ejemplo: ¿cuántos disparates e inexactitudes sobre educación lees al día? Pues así más o menos todo.

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